miércoles, 18 de mayo de 2022

MARÍA, MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS

 En el año 1965 su Santidad Pablo VI escribió una carta encíclica con el título Mense Maio, en la que invita a rezar a la Virgen María en el mes de mayo. Dice él que uno de los motivos de su llamada lo constituía la situación internacional, «la cual es más oscura e incierta que nunca, ya que nuevas y graves amenazas ponen en peligro el supremo bien de la paz del mundo».

El Papa habla de cómo la paz no se conseguirá solo por el trabajo y esfuerzo humano, es necesario rezar a Dios y pedirle el don de la paz. «La paz no es solamente un producto nuestro humano, sino que es también, y sobre todo, un don de Dios. La paz desciende del Cielo; y reinará realmente entre los hombres cuando finalmente hayamos merecido que nos la conceda el Señor omnipotente, el cual, juntamente con la felicidad y la suerte de los pueblos, tiene también en sus manos los corazones de los hombres». Nos invita a orar «con constancia y diligencia, como ha hecho siempre la Iglesia desde los primeros tiempos; orando de modo particular con el recurso a la intercesión y a la protección de la Virgen María, que es Reina de la paz». 

Nos sentimos identificados con lo que dice el Papa al contemplar la situación actual del mundo de hoy y con ello debemos sentirnos impulsados a rezar, a orar. No podemos ni debemos cesar en la súplica confiada a Dios, por medio de María. Ella es medianera de todas las gracias. Esta intercesión la vemos al inicio mismo de la Iglesia en Pentecostés, «intercedió para que el Espíritu Santo descendiera sobre la Iglesia naciente, interceda también ahora» (S. Juan Pablo II). La doctrina que sostiene tal título es una verdad enseñada por el Magisterio ordinario universal, que afirma que todas las gracias de conversión y santificación, merecidas por Nuestro Señor a través de su pasión y muerte en la Cruz, han sido confiadas a la Virgen María a fin de que las distribuya a los hombres de buena voluntad. Dice San Bernardo: «Cuando Ella quiera, a quienes Ella quiera, en cuanto Ella quiera». Dios ha querido darnos todo por María y también quiere que lleguemos a Él por Ella. Toda nuestra vida tiene que estar dirigida por María. Dios nos dará sus gracias si nos esforzamos por hacer todo a través de Ella, con Ella, en Ella y para Ella. Ella solo puede ejercer este papel de medianera si lo queremos. Entregarnos a Ella, consagrarnos a Ella, ponernos en sus manos. Así lo expresaba San Maximiliano Kolbe: «instrumentos en sus manos inmaculadas». Si lo hacemos, Ella tomará posesión de todas nuestras facultades y con Ella aplastaremos la cabeza de la serpiente, venceremos todas las herejías y se establecerá el Reino del Sagrado Corazón de Jesús. 

Esta mediación de María no quita nada de la mediación única de Cristo, como nos afirma la constitución dogmática Lumen Gentium: «sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de este, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta» (LG, 60). 

Si Dios mismo hizo de Ella su morada, ¿cómo no vamos nosotros también amarla, a encomendarnos a Ella? Dijo San Maximiliano Kolbe que «Él la creó tan poderosa que basta uno de sus deseos para doblegar enseguida el Corazón infinito de Dios» y que «la Inmaculada es la omnipotente suplicante. Toda conversión y toda santificación son obra de la gracia, y Ella es la mediadora de todas las gracias».

Este mes de mayo es un mes muy propicio para esforzarnos más en recordar las apariciones marianas, meditar en los cuatro dogmas de la Virgen, honrarla como madre nuestra, reflexionar en sus virtudes, vivir una devoción real y verdadera a María y dedicar un tiempo en familia a rezarla. La devoción verdadera a Ella consiste en mirarla y hablar con Ella, demostrarla el cariño haciendo lo que espera de nosotros, confiar plenamente en Ella e imitar sus virtudes. 

La cercanía de la Virgen Santísima como nuestra Madre la hemos contemplado muchas veces en las apariciones en Garabandal. Entre todas las apariciones marianas ciertamente se podría decir que destaca esta por «vivir con Ella». La frecuencia de las apariciones, la cercanía, el tratar las cosas de la cotidianidad con las niñas, miles de muestras de su amor maternal hacia los presentes... todo ello nos habla de un llamamiento a una relación íntima y cercana. Ella se presentó en Garabandal así: «Yo, vuestra Madre». Y también decía: «Miro a mis hijos». Este mes también es un buen momento para volver a leer los relatos, darle gracias y pedirle que tenga también estos detalles con nosotros. Seguro que ya los tiene y que muchas veces no nos damos cuenta de ello, por ello también le pedimos reconocer más claramente su continua presencia y protección. 

Que este mes sea un mes lleno de María.

Dios os bendiga

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