Dios, compasivo y misericordioso, nos ama desde toda la eternidad.
Por: P. Guillermo Inca Pereda | Fuente: Conferencia
Episcopal Peruana
El discernimiento, don precioso del Espíritu
Santo, es clave para el proceso de conversión. ¿Qué
debemos hacer? Preguntaba la gente a Juan. Y, Él les recomendaba cosas
sencillas, al alcance de todos: compartir la ropa y
el alimento; actuar honestamente sin aprovecharse de los demás; optar por los
pobres y marginados. No tan fácil, pero tampoco imposible.
No podemos resignarnos a vivir en la rutina y la
mediocridad, diciendo: “siempre fue así”.
Debemos dejarnos invadir por la novedad del Espíritu Santo que desborda de
amor, sabiduría y esperanza.
Juan, la voz de Cristo la eterna Palabra, nos recuerda
que el Señor está en medio de nosotros. Él es la causa de nuestra alegría. La
liberación de nuestra soberbia, mezquindad y envidia; la victoria sobre la
enfermedad, el mal y la muerte, que nos aturde y entristece.
Dios, compasivo y misericordioso, nos ama desde
toda la eternidad. El es la fuente de nuestra alegría. Como nos recuerda el
Papa Francisco: “Hoy se necesita valentía para
hablar de alegría, ¡se necesita sobre todo fe! El mundo se ve acosado por
muchos problemas, el futuro gravado por incógnitas y temores. Y sin embargo el
cristiano es una persona alegre, y su alegría no es superficial o efímera, sino
profunda y estable, porque es un don del Señor que llena la vida…con su
ternura, su misericordia, su perdón y su amor”.








No hay comentarios:
Publicar un comentario