sábado, 24 de noviembre de 2018

¿POR QUÉ DIOS PROMETE LA VICTORIA A LOS PEQUEÑOS?


Principio del formulario
Yace escondida en la prédica de Jesús que en el Cielo habrá una gran inversión de valores. Lo que es ejemplificado con la frase “los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”. Es como que todo se va a dar vuelta.
Pero su germen ya está aquí, por ejemplo con la inversión de que una marginada como María fue elegida por Dios para ser el ser humano más importante de la historia.
Y Jesús no nació en un palacio digno de un rey sino en una humilde cueva de animales. La biblia está llena de pasajes en que las pequeñas semillas logran grandes cosas. Los despreciables y pequeños son los que logran el triunfo. Por ejemplo pequeños personajes, como San Francisco de Asís, logran algo impensable, como la reforma de la Iglesia en momentos de oscuridad. El pequeño grano de mostaza se hace un árbol inmenso. Y es más, Dios mismo nos pide que nos hagamos pequeños para darnos el triunfo.

LOS ÚLTIMOS Y LOS PRIMEROS
Una de las grandes sorpresas que la predicación de Jesús tiene para el mundo es que promete una inversión radical en el Cielo respecto a lo que sucede en la Tierra.
Ejemplo de esto es Mateo 19: 30 y Marcos 10: 31, donde Jesús expresa que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros, en el reino de los Cielos. En el Magnificat dice que derribó a los poderosos de su trono y levanto a los humildes. Y en la parábola de Lázaro y el hombre rico, Abraham le responde al hombre rico “hijo mío Recuerda que recibiste lo que era bueno durante tu vida mientras que Lázaro recibió lo malo, él ahora es consolado aquí mientras que tú eres atormentado” (Lucas 16: 25).
Jesús entonces enseña que habrá muchas sorpresas en el Cielo.
Porque el sistema de valores del Cielo será muy diferente al sistema de valores de la Tierra. Y veremos que no se trata solamente de la riqueza, sino también de la estimación y el respeto. Aquellos que son considerados mejores en la vida en la Tierra pueden ser mal vistos por Dios. De la misma forma, aquellos que son despreciados en su vida en la Tierra y rechazados por el mundo, serán recompensados por Dios en la otra vida. Esto señala que Dios interpreta las cosas de una manera diferente a la que nosotros interpretamos en el mundo. Y el segundo lugar, que si nosotros queremos la vida eterna junto con Dios, no debemos caer en el error de interpretar las cosas como las interpreta el mundo. Porque si no, el día del juicio, nos vamos a sorprender. Hay muchos pasajes en la Biblia que señalan esta gran inversión de los valores. Mencionaremos los pasajes más paradigmáticos que son la parábola de Jesús y el joven rico, la de Lazaro y Epulón. Y finalmente el Magnificat de María ,donde se muestra una variante, manifestando que el Reino de los Cielos ya está presente en la Tierra revirtiendo algunos casos.

JESÚS Y EL JOVEN RICO
Esta parábola de Jesús y el joven rico se puede encontrar en Mateo 19: 16-30 y en Lucas 18: 18-30.
Al joven se le apersona a Jesús y le pregunta cómo debe hacer para entrar en el Reino de los Cielos. Y Jesús le dice que debe practicar la fe y renunciar a su riqueza dándosela a los pobres. Es entonces que el joven rico toma la decisión equivocada y se aleja, porque es incapaz de renunciar a su riqueza económica terrenal. Esto se complementa con la parábola de los trabajadores de la viña, que se puede encontrar en Mateo 20: 1-16. Ahí vemos que el dueño de la viña aceptó a todos los trabajadores. Y les pagó lo mismo a aquellos que trabajaron una hora como a aquellos que trabajaron todo el día. Pero además, y esto es lo más significativo para lo que estamos tratando, les pagó primero a los que habían venido más tarde o sea a los últimos, y finalizó pagándoles a los que fueron primero a trabajar a la viña. Acá vemos claramente la inversión de los valores y que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos. La interpretación genérica también es que todos los creyentes recibirán la misma recompensa básica, que es la vida eterna. Aunque algunos tendrán el privilegio de ser llamados primeros o sea que serán mejor reconocidos.
De modo que en el Cielo hay distintas recompensas por diferentes servicios.

EL CASO DE LÁZARO Y EPULÓN
En Lucas 16: 19-31 encontramos la parábola de Lázaro y el hombre rico.
Ahí nos presenta dos tipologías de personas en el mundo. Uno es Epulón, el hombre rico, que es invulnerable socialmente en la Tierra. Mientras que Lázaro es vulnerable socialmente y está a los pies de su mesa esperando que el hombre rico le tire migajas, y este se despreocupa. Mientras Epulón estaba vestido con lino fino, el otro estaba cubierto con llagas. Y mientras uno tenía espléndidas cenas, el otro pasaba hambre. Entonces los dos mueren y el hombre rico se encuentra en una zona de tormento, que es el infierno, y ve a Lázaro situado cómodamente al lado de Abraham, o sea en el Cielo. Ante esto el hombre rico le pide a Abraham que envíe a Lázaro con agua para calmar su sed. Abraham no se lo concede, porque Epulón había tenido bondades en la vida y Lázaro había tenido sólo maldades. Y termina finalmente con que Epulón le pide que envíe a Lázaro a alertar a los hermanos para que no caigan en el mismo lugar que él. Y Abraham le contesta que no es el tiempo, porque ya se le han enviado a los profetas y no le hicieron caso.
Esta es una clara parábola que diferencia a los ricos sin compasión de los pobres, de los marginados.
Muestra como el rico no tiene excusa para rebelarse ante lo que está sucediendo luego de muerto, porque sabía que había un pobre mendigo a su puerta y no lo atendió. Y aún luego de muerto sigue con el mismo criterio; considera que los pobres están a su servicio, porque le pide a Abraham que use a Lázaro como sirviente de sus deseos.

EL MAGNIFICAT DE MARÍA
El canto del Magnificat lo podemos encontrar en Lucas 1: 46-55.
Es un canto de alabanza a Dios que realiza la Santísima Virgen, luego de la Anunciación y en casa de su prima Isabel, a quién había ido a visitar porque el Ángel Gabriel le había dicho que estaba embarazada de 3 meses. El canto del Magnificat comienza diciendo “mi alma proclama la grandeza del Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador porque ha visto la humillación de su esclava, desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí”. Aquí se presenta a una de las personas más insignificantes de la sociedad: una mujer, adolescente, pobre, a quién Dios elige para ser madre del Mesías. Esta situación, mirada con ojos humanos, es inconcebible porque implica que un marginal es elegido para ser el centro del plan de salvación de Dios para toda la humanidad.
María no sólo es humilde de condición social, sino humilde en su relación con Dios.
Y está abierta a la llamada de Dios y se pone a su disposición. En la frase “el poderoso ha hecho grandes cosas por mí” estamos viendo la reversión de los valores. Porque Dios encumbró con su brazo poderoso a una humilde mujer que la recordarán todas las generaciones. Y culmina el Magnificat diciendo que Él derribó al gobernante de sus tronos y levanto a los humildes, y que a los hambrientos los llena de cosas buenas y a los ricos los envía vacíos. Lo cual refuerza aún más la inversión, porque no se trata solamente de María, sino que es una inversión de valores general. La que ya está presente en la Tierra y no necesariamente en el único lugar donde funciona es en el Cielo. María no solamente es el ejemplo de obediencia a Dios sino de cómo Dios invierte los valores ascendiendo a los marginados.
Esta es una declaración del juicio de Dios sobre los poderosos y por otro lado sobre los humildes.
Sobre los que están dispuestos a escuchar las palabras de Dios y los que no están dispuestos a hacerlo. Sobre aquellos que no pueden verse dependientes de la misericordia de Dios y aquellos que se acogen a su Providencia. Muestra que la conversión y la aceptación de la Misericordia son las llaves del Reino de Dios. Y que ya está actuando hoy en la Tierra. Que esto no es sólo un privilegio del Cielo.

¿HAY QUE VIVIR UNA VIDA DE POBREZA?
¿Hay algo malo en ser próspero y disfrutar las buenas cosas de la vida? No hay nada malo.
Pero la seguridad de las riquezas terrenas puede cegarnos y volvernos sordos.
Volviéndonos incapaces comprender cuál es el llamado de Dios y cuáles son los valores que Él trata de impulsar en la humanidad. ¿La manera de llegar al Cielo es vivir una vida de pobreza material en la Tierra? El que preguntó a Jesús cómo se llegaría al Cielo no era admitido del Cielo no por sus riquezas, sino porque no aceptó el llamado de Dios a ayudar a los marginados y darles parte de ella. No se trata de ser pobre desde el punto de vista económico para entrar en el Cielo, sino básicamente humilde, o sea pobre de soberbia y orgullo. Lo mismo pasa con el hombre rico no asistió a Lázaro. No fue condenado por ser rico, sino porque no aceptó la responsabilidad moral que tenía respecto a los marginados. No se ocupó si los pobres, que era una enseñanza que venía de Moisés y los profetas. Es por esto que la Iglesia que sigue a Jesucristo no condena la riqueza ni tiene como ideal la pobreza económica per se. Sino que el ideal es la pobreza de soberbia, o sea la humildad de ponerse en manos de Dios. Y en este llamado, obviamente Él hará una redistribución de riqueza económica entre los marginados. La gran inversión significa que los ricos en la Tierra no tendrán necesidad de consuelo en la era venidera, porque lo han tenido ahora.
Pero no significa que Jesús llame a mantener el estatus quo de los pobres, suponiendo que la pobreza es una bendición en la Tierra.
El llamado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento es a cuidar a los desfavorecidos y trabajar activamente para lograr la justicia económica de todos los seres humanos. Por eso el evangelio es una gran promesa para los marginados, porque les muestra que Dios se preocupa profundamente por ellos. No sólo prometiéndoles un cambio radical en el Cielo, sino que también llama a la justicia social dentro de la Tierra. Y el mensaje para los ricos es que la riqueza y el poder son peligrosos espiritualmente; nos vuelven insensibles a los demás y exacerban nuestro orgullo. En definitiva nos hace perder la vida eterna.

¿QUÉ PASA CON NOSOTROS CON LA GRAN INVERSIÓN?
La gran inversión es algo que los humanos no pueden lograr sino que es un trabajo de Dios.
Esto no se soluciona con la revolución social cómo proclama el marxismo y la teología de la liberación. Es Dios que arregla las cosas. Las arregla definitivamente en el Cielo. Pero comienza a arregladas en la Tierra, haciendo llamado a los ricos y pidiendo a los fieles que trabajen en pos de la justicia social. Sólo Dios ve el cuadro completo, por lo tanto la riqueza económica no puede predecir quienes serán más favorecidos en el Cielo e incluso quienes irán al infierno. Pero lo que es claro es que quienes han sufrido más en la Tierra y han tenido menos oportunidades, serán los más privilegiados en el Cielo. Y el mensaje para nosotros es que el sufrimiento que todos tenemos en la Tierra no sólo cesará sino que se revertirá totalmente en el Cielo. En última instancia el sufrimiento en la Tierra no es una pérdida sino una ganancia, por el beneficio que tendremos en la otra vida. La tradición de la iglesia lo ejemplifica con la cruz en la Tierra y la corona en el Cielo. ¿Y en qué situación está cada uno de nosotros? Si lo miramos bien, hay gente que ha sufrido y está sufriendo mucho más que cada uno de nosotros en la Tierra. Lo que nos llena de incertidumbre sobre de qué lado de la raya estamos. ¿Podremos ser contados entre los que tendrán privilegios en el Cielo o no? ¿Dónde estaré cuando suene la trompeta del juicio y se produzca la gran inversión? En la Tierra, todo nos lleva a contagiarnos del ansia de riqueza y poder, pensando que son bendiciones. A tal punto que hay denominaciones cristianas que pregonan la Teología de la Prosperidad. Argumentando que Dios quiere que seamos ricos y que la riqueza material es un signo de la predilección de Dios por nosotros en la Tierra. Esta teología ha hecho ricos en primer lugar a los pastores que la manejan. Sin embargo Dios escribe derecho en renglones torcidos. Y mucha gente muy pobre ha mejorado en su condición social por esta prédica, porque se han esforzado más para salir de su pobreza. Por otro lado hay grupos que interpretaron el Concilio Vaticano II como el llamado a la pobreza material y la glorifican, al punto que satanizan cualquier tipo de avance económico en las personas. Y esto también es una perversión del planteo que hace Jesús en la Biblia. No debemos buscar ni la riqueza ni la pobreza.
Debemos conformarnos con lo que Dios tiene para nosotros, en un marco de esfuerzo por tener una situación económica desahogada.
Y con los ojos permanentemente puestos en ayudar a los más desfavorecidos. No debemos olvidar que Dios se vale de lo pequeño para sus grandes triunfos.

DIOS CONFÍA LA VICTORIA A LOS PEQUEÑOS EN LA TIERRA
La gran inversión de los valores que propugna Dios ya está activa en la tierra porque Dios entrega la victoria a los pequeños.
Hay muchas historias bíblicas en las que utiliza los pequeños restos y la “semilla de mostaza” para lograr la victoria. Por ejemplo leemos en el primer libro de Macabeos capítulo 3 que la lógica de Dios es que las batallas las venzan los pequeños números y no los grandes ejércitos.

“Judas [Macabeo] dijo: “Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos; que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo. Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos. Nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes. Él les quebrantará ante nosotros; no les temáis.””

Y en Jueces 7 vemos un funcionamiento extremo de esta lógica. Yahveh le pide a Gedeón que reduzca el número de su ejército para darle el triunfo sobre los madianitas. Inicialmente el ejército de Gedeón era de 30000 hombres y el de los madianitas de 60000; los madianitas eran el doble que Los Macabeos. Y por tres veces consecutivas Yahveh pide a Gedeón que reduzca el número de sus combatientes. Hasta que llega a 300. Estos 300 ganan la batalla a los madianitas que los superaban en 200 a 1. ¿Y porque es esto? La explicación está en este versículo: “Yahveh dijo a Gedeón: ‘Demasiado numeroso es el pueblo que te acompaña para que ponga yo a Madián en sus manos. No se vaya a enorgullecer Israel de ello a mi costa diciendo: ¡Mi propia mano me ha salvado!'” Es Yahveh el que pone a nuestros enemigos a nuestros pies y no nuestro propio esfuerzo.
Es Él quien elige el camino y los operadores a partir de las pequeñas semillas y lo despreciable para el mundo.
Esto se vio claro cuando la Iglesia pasó momentos de gran oscuridad. Y Dios suscitó pequeños personajes, que en definitiva reformularon y reformaron a la Iglesia. Podemos pensar en San Francisco de Asís, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Catalina de Siena.
Dios ama la pequeñez; en eso se basa la gran reversión de los valores humanos.

Fuentes:
Sergio Fernández, Editor de los Foros de la Virgen María

No hay comentarios: