miércoles, 28 de noviembre de 2018

PODÍAMOS SUPRIMIR LAS OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRTUALES


Lo de dar de comer al hambriento, posada al peregrino y acogida al inmigrante está más visto que lo del 23-F y Tejero. Por eso no voy a hablar más de ello ni falta que hace. Ilustres teólogos, próceres insignes y famosos de todo tipo ya se encargan de hacerlo y exhibirlo.
El problema es que las obras de misericordia, que son la forma concreta de ejercitar el amor al prójimo, son nada más y nada menos que catorce, y mira por dónde resulta que de esas, hay siete, las espirituales, de las que, con la cosa del maldito respeto, no habla nadie, y mira que me parecen las más esenciales. Más aún, si me dejan, hasta diré que cumpliendo las siete espirituales, las corporales es que ni siquiera serían necesarias.
Para empezar, ¿las recordamos? Tomen nota:
Enseñar al que no sabe.
Corregir al que se equivoca.
Dar buen consejo al que lo necesita.
Perdonar las injurias.
Consolar al triste.
Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
Rogar a Dios por los vivos y difuntos.
PIENSEN LO QUE DIGO. OMITIDAS, OLVIDADAS Y, SI ME APURAN, DESPRECIADAS. Vamos una a una:
¿Enseñar al que no sabe? A lo mejor el que no sabe soy yo, quién soy yo para ir dando lecciones…
¿Corregir dicen? Eso es superioridad, orgullo y pensar que yo soy superior al otro. ¿Quién soy yo para corregir a nadie…
¿Dar buen consejo? Ya estamos dando lecciones, ni que nosotros fuéramos mejores, a lo mejor más nos valía callar…
¿Perdonar las injurias? Si hombre, encima se pensarán que somos tontos…
¿Consolar al triste? Eso sí, está bien…
¿Sufrir con paciencia…? De eso nada. Ir por la vida de sufridores es un error. No estamos para sufrir, sino para ser felices y vivir alegres.
¿Rogar a Dios por los vivos y difuntos? No merece la pena. Dios sabe lo que necesitan los vivos y los difuntos están todos en el cielo.
Pues eso, abolidas las obras de misericordia espirituales y lo que se pueda parecer a ellas. Dar de comer al hambriento, un favor si se puede y punto en boca. Ni evangelizar, ni enseñar, ni hablar de Dios, ni hacer la más mínima corrección o el más elemental consejo. Nosotros dar de comer al hambriento y cama al sin techo, pero nada más, ni un consejo, ni una recomendación, ni un proyecto para que vivan de otra manera en lo material ni con una esperanza última en lo espiritual.
A lo mejor estoy exagerando… o a lo mejor no.
Jorge

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