lunes, 19 de noviembre de 2007

OBEDIENCIA DE LOS HIJOS


Mientras permanezcan bajo la patria potestad, los hijos están obligados a obedecer a sus padres en todo lo que éstos puedan lícitamente mandarles. Así lo enseña explícitamente San Pablo: hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que esto es grato al Señor (Col. 3, 20). Todo lo que los Evangelios nos cuentan de la actitud de Jesús con sus padres puede resumirse en estas palabras: les estaba sujeto (Lc. 2, 51). Basta, además, recorrerlos con calma para darnos cuenta de la gran abundancia de ejemplos y de enseñanzas que, acerca de la obediencia, nos da el Señor en la circuncisión, en la presentación en el templo, en la huída a Egipto, en el viaje a Jerusalén..., constante sumisión de Nuestro Señor a su Padre Eterno y a sus padres de la tierra.

La obediencia debida a los padres obliga a cumplir sus órdenes, especialmente en lo referente al cuidado de la propia salvación, y a la organización y orden de la casa. Hay que obedecerlos con prontitud y diligencia, siempre que no sea pecado lo que mandan. La obediencia exige esfuerzo porque es mucho más fácil ser rebelde, haciendo continuamente el propio capricho. Para obedecer hace falta tener un corazón bueno y vencer el egoísmo.

Pecan contra la obediencia debida a los padres:

§ Quienes rechazan formalmente una indicación justa, simplemente por provenir de la autoridad paterna.
§ Los que desobedecen en las cosas referentes al buen gobierno de la casa.
§ Quienes se exponen a cometer pecados graves por no seguir sus órdenes.
§ El que desprecia sus mandatos, cuando prescriben la obediencia a las leyes de Dios.

Hay, sin embargo, dos casos, en los que los hijos pueden sin pecar desobedecer a sus padres:
§ Cuando mandan cosas contrarias a la Ley de Dios: por ejemplo, mentir, omitir la Misa del domingo, asistir a un espectáculo inmoral, etc.
§ En relación a la elección de estado, ya sea oponiéndose al que recta y lícitamente quieran tomar, o ya sea obligándolos a elegir uno determinado. Todos pueden disponer de su vida como les plazca.
Fuente: Encuentra

TESTIMONIO DE UNA HIJA

Hace varios años atrás, una chica que frecuentaba nuestro grupo de oración y que se había convertido aparentemente en un buen instrumento de Dios, estaba conversando con otra muchacha que yo sabía sus antecedentes de lesbiana, y que estaba en proceso de conversión, y sin querer escuché más o menos esta conversación en el micro en que nos dirigíamos a una sanación:

§ “¿Tienes pareja?” – dijo la lesbiana.
§ Si… - respondió la chica.
§ Y… ¿vives con ella?” – replicó la lesbiana.
§ Solo cuando viene mi mamá de viaje, porque ella se encarga de cuidarla cuando yo salgo – dijo la chica.

Parece que se reconocen entre ellas.

En ese momento el Señor me iluminó el y corté la conversación disimuladamente para que no se dieran cuenta que las había escuchado. Decidí investigar si era cierto lo que me había imaginado, porque yo no sabía que la otra era lesbiana… luego de una pequeña investigación, comprobé que era cierto; ella me confesó lo siguiente:

Su madre lo permitía porque le convenía; prácticamente la usaba para sus fines de estadía, alimentación, remedios, etc., mientras estaba en la capital. Su pareja se encargaba de todos los gastos que ella no podía solventar. Ella dormía con su pareja en la misma cama, mientras que la madre dormía en una habitación continua a la suya.

Tuve la oportunidad de conocer el departamento en que vivían; era muy pequeño y todo se escuchaba. Sólo alguien que quiera hacerse el tonto, no podría imaginar que la madre escuchaba lo que se hacía en el dormitorio continuo.

Le pedí a la chica hablar con ambas - con ella y su pareja - y accedieron. Les ofrecí mi ayuda espiritual… sólo la chica del grupo aceptó a medias… la otra no. Me dijo que así había nacido y que no pensaba cambiar, inclusive que no le importaba contagiarse del SIDA.

Luego le pedí a la chica del grupo hablar con su madre… accedió. Le expliqué a la madre que lo que ella estaba haciendo no estaba bien ante los ojos de Dios, y que estaba incentivando la homosexualidad de su hija. La madre pertenecía a un grupo de oración en su provincia, dedicado al rezo del Rosario.

Después de muchas conversaciones, la madre reconoció llorando, que estaba haciendo mal, hasta se arrodilló pidiendo perdón por lo que había estado haciendo con su hija.

La madre murió no hace mucho de cáncer… la chica viajó a su provincia y la dejé de ver por un tiempo. Hace poco me visitó y sólo me dijo: Ya no soy la chica de antes - me dio un beso en la mejilla y se despidió. No he vuelto saber de ella directamente, pero indirectamente sé que está bien… sólo Dios sabe que la quiero mucho.

Sobre la lesbiana de la conversación en el micro, por la que me entere - porque Dios así lo quiso… - sé que todavía anda en sus andanzas… ya no frecuenta el grupo. Creo que sólo fue un instrumento de Dios para poder salvar dos almas… una especie de Judas. Sólo espero que no se ahorque, pida perdón, y que vuelva al camino correcto… sigo orando por ella.

Nota: Los padres deberán ganarse el respeto de sus hijos para que todo esto funcione: aunque a pesar de todo lo malo, en lo posible, los hijos deberán honrar a sus padres por mandato de Dios. Recordemos que los padres son instrumentos de Dios para que los hijos vengan a este mundo sin importar de la forma en que vengan. Dios es el que juzga no nosotros.
José Miguel Pajares Clausen
Noviembre 2007