La Revelación es cristológica, ya que se identifica, en último término, con la encarnación, Cristo es la revelación de Dios.
Por: César Antonio Palomino Castro, CMF | Fuente:
Mercaba.org
La Revelación encuentra su fundamento principal
en la persona de Jesucristo, síntesis del mensaje salvífico de Dios, plenitud y
manifestación máxima de Dios al hombre.
1.-
LA REVELACIÓN DE DIOS EN LA HISTORIA.
1.1
ANTIGUO TESTAMENTO. Dios
se revela en el Antiguo Testamento en los hechos de la historia del pueblo de
Israel. A través de los diversos eventos históricos, Dios, de manera gratuita y
amorosa, se comunica libremente y se da a conocer a la humanidad, manifestando
su plan salvífico y liberador.
Esta autocomunicación de Dios fue siguiendo un
lento proceso lleno de una gran pedagogía con la cual El, en la medida en que
iba revelándose, tenía en cuenta la posibilidad de ser reconocido como Aquel
que, interviniendo en la historia, era el Salvador, el Liberador, el Creador,
el Padre amoroso que llamaba a una vida de comunión con El y de relación justa
y fraterna con los demás.
1.2.-
RASGOS PRINCIPALES DE LA REVELACIÓN DEL AT. La
revelación es esencialmente interpersonal: es la manifestación de Dios al
hombre. Allí, es Yahvé el sujeto y el objeto de esa revelación, ya que es el
Dios que revela y que se revela. A través de ella el hombre es llamado a entrar
en comunicación de vida con Él:
1.
En todo el AT podemos
observar como la manifestación de Dios ha partido de una iniciativa suya. Es Él
quien desea revelarse y darse a conocer. Él
es quien elige, y sella la alianza.
2.
La Palabra escuchada es la
que da unidad a la economía veterotestamentaria. La comunicación de Dios es
principalmente a través de la Palabra, lo que exige al hombre una mayor
atención, e implica el respeto de Dios por la libertad humana.
3.
La palabra trae como
exigencias al hombre la fe y el cumplimiento.
4.
Y el AT está enmarcada en
la esperanza de la salvación que está por venir. Todo acontecimiento alude a
uno posterior.
1.3.- CRISTO, REVELADOR Y REVELACIÓN DEL PADRE
Cristo Jesús es la máxima manifestación del amor
del Padre, el cumplimiento de las promesas divinas y el centro de la historia
de la salvación:
"... la Iglesia busca
que las culturas sean renovadas, elevadas y perfeccionadas por la presencia
activa del Resucitado, centro de la historia y de su Espíritu. (EN 18,
20, 23. GS 58d; 61a)..."
Él es el culmen y la plenitud de la revelación.
En Él, Dios ha puesto en la historia un acontecimiento determinante capaz de
hacerla sensata mediadora de la revelación.
2.-
CRISTO, PLENITUD DE LA REVELACIÓN
De acuerdo, con el dato escriturístico que
obtenemos en el NT: Sinópticos, Hechos, Juan, Pablo
y Hebreos, Cristo no es uno de los mediadores de la revelación de Dios, sino
que es el Mediador absoluto porque es la Palabra del Padre, el Hijo de Dios
hecho hombre (cf. 1 Tim 2,5) que irrumpe en la historia para traer la salvación
(cf. Hb 1, 1-4). En él se ha
revelado definitiva e irrevocablemente la voluntad salvífica universal de Dios
a través de un hecho único e irrepetible: la encarnación del Logos (Palabra) divino:
"Este designio divino,
que en bien de los hombres y para la gloria de la inmensidad de su amor,
concibió el padre en su hijo antes de crear el mundo (Ef 1,9), nos lo ha
revelado conforme al proyecto misterioso que Él tenía de llevar la historia
humana a su plenitud, realizando por medio de Jesucristo la unidad del
universo, tanto lo terrestre como de lo celeste."
En Jesucristo, no solamente esas revelaciones
(hechas por los profetas) se totalizan, sino que la revelación de Dios es
total. De Dios en cuanto él es el principio y el término de la relación
religiosa de la alianza. Si el cometido de los profetas es poner los
acontecimientos de la historia y la situación del hombre bajo la luz del
propósito de Dios, Jesús cumple perfectamente la función profética: Él no manifiesta un elemento del designio de Dios, sino
el Designio total, lo absoluto de la relación de alianza, el
"misterio".
2.1.-
LA ENCARNACIÓN, MISTERIO DE LA PLENITUD REVELADORA
La encarnación da realidad al acontecimiento
revelador por excelencia, porque ella es el encuentro de Dios con el hombre y
del hombre con Dios, con base en la unión que hay entre divinidad y humanidad
en el misterio de Cristo:
"... En Cristo y por
Cristo, Dios Padre se une a los hombres. El Hijo de Dios asume lo humano y lo
creado restablece la comunión entre su Padre y los hombres. El hombre adquiere
una altísima dignidad y Dios irrumpe en la historia humana, vale decir, en el peregrinar
de los hombres hacia la libertad y la fraternidad..."
Él, el Hijo de Dios hecho hombre, es la perfecta
revelación puesto que viene a hablar, a predicar, a enseñar y a atestiguar lo
que ha visto y oído. De esta manera, la encarnación es la vía elegida por Dios
para revelar y revelarse, a través de la cual hace posible a nivel humano el
conocimiento de Dios y de su designio salvífico.
Y llevando al nivel humano la manifestación de
Dios (su propia encarnación), Jesucristo, revela el misterio del Padre. Es
decir, revelando al Padre como misterio, se revela también el misterio propio
del hijo: la revelación es autorrevelación.
En Jesucristo, por lo tanto, llegan a su
absoluto punto culminante tanto la llamada de Dios, como la respuesta del
hombre, al identificarse en la unidad de su persona. En cuanto hombre, Cristo
es la perfecta respuesta humana a la palabra y autocomunicación de Dios. En su
obediencia, Él conduce de nuevo la humanidad hacia la unión con Dios y la hace
partícipe de la vida eterna. En Cristo encontramos la relación de comunión, de
diálogo, de docilidad y de amor que el hombre debe tener para con Dios. Así la
revelación es completa aun desde este punto de vista, porque encuentra en el
hombre el término y la respuesta que hacen plenamente eficaz el designio del
amor de Dios.
2.2.-
CRISTO, SUJETO Y OBJETO DE LA REVELACIÓN
Porque el Verbo de Dios es por sí mismo, desde
la eternidad, la expresión viva y completa del Padre, que posee la misma
naturaleza del Padre, Cristo es el Dios revelante. Él es causa y autor de la
revelación como lo es también el padre y el Espíritu Santo. Él ha sido enviado
por el Padre para comunicar la plenitud de la manifestación divina.
Pero es también el Dios revelado: el Dios
verdadero que anuncia y testimonia de sí mismo, porque es Dios, el Verbo de
Dios. Cristo, entonces, nos hace conocer el misterio de sí mismo. Él, como
Verbo eterno, es la misma verdad que Él anuncia y revela. De igual modo, es
también el medio por el que se revela la Verdad y se comunica la Vida (Jn 14,
5-6), es decir, el mismo es el camino accesible al hombre para conocer la
Verdad y lograr la comunión de vida con Dios. A través de la naturaleza humana
de Jesús, Dios se hace accesible al hombre.
La Revelación es cristológica, ya que se identifica, en último término, con la encarnación, Cristo es la revelación de Dios.








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