Los tesoros escondidos bajo tierra se denominan tapados. Las monedas enterradas, de tiempo en tiempo, emiten gases tomando infinidad de formas, ruidos, apariciones de personas o animales, según la credibilidad de quienes observan.
En Huacho
ha existido diversidad de casas embrujadas. Gente que no las ha podido habitar
de noche. Sentían ruidos extraños. En la cocina derrumbe de platos, movimiento
de batanes. En las habitaciones una mujer de blanco pasaba por el corredor.
Durmiendo le jalaban las sábanas o corría un conejo. Estando las puertas
cerradas desaparecían misteriosamente. En el corral, una pata criando amarillos
patitos, un gato apareciendo repentinamente asustaba a la familia. Sus grandes
ojos crecían más y más hasta espantar a la familia, desde la abuela hasta el
nieto, como aconteció en Torres Paz, en la casa de doña Santos Carreño o en el
Aromito a la señora Delia La Rosa, donde en pleno día apareció un gato y un
hombre en el umbral del cuarto de su hija Delia. No sabiendo ella qué hacer con
el fantasma.
En casas
huertas se encontraron entierros fabulosos. En el paisaje Ricardo palma,
durante la ocupación chilena, este sirvió de cuartel al ejército. Luces
parecían a media noche alarmando a los centinelas, y asustando a los caballos
que huían despavoridos. Los chilenos pensaban que eran huachanos atacándolos.
Este tapado lo sacó don Juan Fumagalli, quien compró esta quinta. Estaba
situado debajo del gran portón que cerraba la entrada.
En la
Quinta Selem donde hoy se encuentra el Club Tennis, dentro de las raíces de un
centenario pino, derribado por las intensas lluvias y fuertes vientos producida
por la yoquia –hoy llamado Fenómeno del Niño del año 1925, la familia judía
Honigman sembrando verduras en esta huerta se convirtió en poseedor de bonos de
grandes industrias textiles en la capital, que más renta aportaba al erario
nacional. Su vida en Huacho siguió modesta, teniendo un negocio de librería y
venta de semillas de verduras para no olvidar la fuente de su fortuna.
En el
óvalo de la entrada la ciudad estuvo ubicado un establo antiguo de españoles
llamado “ERA”. Siendo arrendatario don Ernesto Ausejo Pintado, que después
llegó a ser alcalde de Huacho, en los corrales donde aparecía una bola de fuego
encontró otro gran entierro. De criador de vacas y chanchos, llegó a ser uno de
los hombres más ricos de Huacho.
En
Cocharcas, por donde pasó el Ejército Libertador a la Villa de Huaura, en una
antigua huerta de un español, un industrial de apellido Rodríguez, conocido
como el “llantero”, por tener una
reencauchadora, fundadora del club deportivo Firestone, donde se inició el
famoso cabeceador VALERIANO LÓPEZ, nacido en
Casma, pero criado en Huacho, tuvo la buena fortuna de encontrar un entierro de
monedas españolas. Esto motivó modernizar su industria de la noche a la mañana.
Su hermosa esposa comenzó a vestirse a la última moda con modelos exclusivos,
siendo el vestido, cartera y zapatos del mismo color. Todo este conjunto lo
presentaba semanalmente, compitiendo con Enriqueta Málaga, esposa del
presidente Manuel Prado. Esta señora, con su porte, donaire y elegancia con que
lucía estos vestidos fue nominada la ¡Málaga
huachana!
Camino a
Huaura antes de cruzar el puente, se encuentra la iglesia de Peralvillo,
pequeño templo de la época de la Colonia, al pie de una huaca de piedras, zona
pesada de caminantes nocturnos. Con temor lo hacían a media noche por encontrar
la iglesia abierta bien iluminada y curas haciendo misa.
Don
Manuel Alfaro, construyendo un grifo a lo largo de esta huaca, para don
Eleuterio Meza, dio con nuevo tapado del Tesoro de Lima, llamado del Virrey
Pezuela. El constructor tomó posesión del tesorero cargándolo al puerto donde
vivía. Muriendo poco tiempo después por los gases de las enterradas monedas.
En la
Villa de Huaura, en la hacienda del Ingenio, donde vivó en la época del
virreinato don Manuel del Villar, contador de las arcas reales, casado con la
duquesa de Monteblanco, dueña de esta hacienda, y donde residió el general San
Martín, en la capilla estuvo oculto uno de los más grandes tesoros. A fines del
pasado siglo, tres hermanos Fumagalli encontraron este tesoro que formó parte
del enviado a Huaura por el virrey Pezuela. Los Fumagalli dieron con otro
entierro en una huaca que formaba parte de la huerta del convento de San
Francisco.
En la
hacienda Andahuasi, perteneciente a la hija del general Iglesias, que llegó a
Presidente del Perú, su esposo era un inglés. El gerente don Julio de Rutté, y
el mayordomo se apellidaba Ruiz, un sobrino de éste me contó lo siguiente:
Con dos
yuntas desmontaban una huaca, de pronto el arado de dos manceras se hundió
descubriendo una petaca de cuero de res. El gas que salió fulminó a los dos bueyes
delanteros. Los otros animales y el gañán quedaron atontados. Mi tío me dijo: “Monta un caballo y corre a avisar lo que hemos
encontrado. A don Julio no le digas nada,
cuéntaselo a mister Laque, nombre que le daban al dueño de la hacienda. Le
conté al patrón del hallazgo. En seguida mandó cargar una carreta con una
cuarterola de ron y marchamos al potrero. Cuando llegamos los peones habían
retirado los dos bueyes muertos y sueltos a los atontados. El inglés mandó
echar sobre la petaca todo el ron y luego le prendió fuego. Y como si no
hubiera sucedido nada, mandó a todos a seguir con su trabajo. Días después en
el patio de la hacienda, bien negras por el humo y el barro que se formó al
echarles agua y quemarse la petaca de cuero, calentaron las águilas españolas
tomando sol ante de que viajaran a Inglaterra con Mister Laque. Como premio a
mi tío que encontró el tesoro, por pasar las normas de todo lo que sucedía en
la hacienda pues había primero que avisar al gerente, don Julio de Rutté lo
despidió”.
El inglés
con el fabuloso tesoro olvidó de la hacienda y no volvió más al Perú. El
gerente administrador todos los años remitía a Inglaterra las ganancias. Los
hijos de don Julio de Rutté, crecieron pensando que su padre era el dueño de la
hacienda Andahuasi.
En el
Valle de Supe, en la hacienda “El Molino”, por
efecto del hoy llamado Fenómeno del Niño, de fuertes lluvias en el año de 1891,
don Casimiro Vilela que criaba una piara de chanchos, al escapar estos animales
en busca de tierra seca, oseando en una huaca incaica hallaron una petaca de
cuero de res. Al destrozarla a mordiscos quedaron fulminados por el gas de
amonio que producen las monedas enterradas. Con este tesoro don Casimiro, que
era hijo de esclavo y analfabeto, llegó a comprar en la quebrada de Supe el
fundo “Peñico”, el más rico en producción
por tener agua propia de una vertiente.
En
Carquín bajo, en una casona de españoles, en dos grandes estatuas de soldados
haciendo guardia, encontró otro tesoro.
Este personaje creó una leyenda
en el Valle de Supe de tener pacto con el diablo, al poseer tanta riqueza y
verlo aparecer al mismo tiempo en diversos sitios.
De Alberto Bisso Sánchez
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