He descubierto que para
perder peso hay pequeños trucos que son útiles. Por ejemplo, cenar un par de
wraps. Tienes la sensación de tomar un bocadillo, pero cada torta solo tiene
100 calorías. Con dos wraps y alguna cosilla de postre, uno queda satisfecho. Eso
sí, como ya dije, hay que mirar en youtube cómo se enrrolla el wrap. Parece la
cosa más sencilla del mundo, pero tiene su técnica.
Otro ejemplo de comida que llena
el estómago es la sopa. Una abundante sopa nos sacia, pero casi todo es agua.
Lo lamento decir, pero me gustan mucho las sopas de sobre.
En los últimos tres meses, he
mantenido un descenso de mi peso, moderado, pero constante. Ahora, cuando subo
los seis pisos del hospital hasta la capilla, me siento mucho más ligero. Mi
corazón ya no se pone con las pulsaciones de antes.
Lo mejor de ir viendo que la dieta va dando resultado es que te animas.
Y eso te lleva a esforzarte más. Y de allí viene la ambición. El segundo paso
es la soberbia. Santo Tomás de Aquino enseña que las hijas de la soberbia son
la envidia, los rencores, la venganza, el desprecio, la jactancia y la
vanagloria. Y por un descenso moral mucho más largo, pero continuado, se llega
al robo y al asesinato. Y después uno recapacita y se da cuenta de que todo
comenzó con la pérdida de peso.
P. FORTEA








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