jueves, 19 de noviembre de 2015

TODO LO QUE HACEMOS TIENE REPERCUSIÓN EN LA ETERNIDAD


Preciosas y grandísimas promesas son las que Dios preparó para ti en este tiempo y en la vida eterna. El Señor te enseñará que todo lo que haces en obediencia, de corazón, será indudablemente recompensado.

En Mateo 6:19-21 (TLA) dice: “No traten de amontonar riquezas aquí en la tierra. Esas cosas se echan a perder o son destruidas por la polilla. Además, los ladrones pueden entrar y robarlas. Es mejor que amontonen riquezas en el cielo. Allí nada se echa a perder ni la polilla lo destruye. Tampoco los ladrones pueden entrar y robar. Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón”.

Todo lo que hacemos en esta vida, tiene una repercusión en la eternidad. Las escrituras nos prometen recompensas por las obras que hayamos hecho. Cuando hacemos cosas de corazón, basadas en la obediencia a Dios, se va construyendo algo duradero y eterno para nosotros en nuestra ciudad celestial. Todo lo que hagamos, está conectado con nuestra habitación en el cielo, que día a día se va formando para nosotros. Éstas riquezas se producen cuando obramos de corazón, como para el Señor; cuando le servimos, le adoramos, compartimos su palabra, oramos con sinceridad o sembramos de alguna manera para el reino de Dios. Cuando hacemos el bien, entendiendo que pasaremos más tiempo en aquel lugar que en este, nos transformamos en mejores discípulos del Señor.

Hagamos esta oración:

“Dios Padre, ayúdame a serte fiel y a obrar siempre en obediencia a tu palabra, hazme entender que debo actuar conforme a tu voluntad, para acumular tus preciosas recompensas eternas, te lo pido en el nombre de Jesús. Amén”.

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