domingo, 8 de febrero de 2009

EL SAUCE LLORÓN


Un día de primavera, junto a un curso de agua, apareció una plantita, pronto llamo la atención porque se desarrollaba con gran fuerza. Y no era para menos. Junto al arroyo, lejos de toda molestia, rodeada de paz, humedad y sol... los árboles vecinos la llamaban "la planta alegre".

Meses mas tarde encontró en el curso de agua un espejo, donde no se cansaba de mirarse y de admirarse por sus verdes ramas. Aparentemente tenia todo lo que podía ambicionar y no necesitaba de nadie ni de nada... hasta ignoraba si existían otros árboles.

Durante un día nublado, ya que no se veía reflejada, tuvo una idea. Quiso levantar sus ramas, mirar lejos, como quien anhela nuevos horizontes. Quiso descubrir lo que la rodeaba, pero no fue posible, a pesar de que lo intento varias veces. Sus ramas, como cansadas, seguían acariciando el arroyo.

Pensó en pedir ayuda, pero su orgullo se lo impedía... ¿Quién me ayudaría a mí? Pensaba angustiada. Y un escalofrió de tristeza sacudió su existencia.

La brisa agito una vez más en las aguas, las largas ramas de la "planta alegre" que luego, pausadamente, dejaban caer lagrimas de impotencia porque ya no podía erguirse para apreciar lo que la rodeaba...

Desde entonces ya no suena con mirarse en el espejo del arroyo. Hoy, todos los que la ven la llaman "sauce llorón".

Moraleja: En nuestra vida, a veces, sucede algo parecido. El egoísmo, salpicado de vana gloria, nos impide realizarnos en la comunidad, en la familia y ser uno mismo.

"El hombre ha querido encontrar su reposo a la sombra de si mismo"
"Y el resultado ha sido que sigue sin encontrarlo"

Cuando no descubrimos y no aceptamos el mundo que nos rodea, terminamos lamentando y pateando nuestra propia existencia.

Esta parábola nos invita a abrir el corazón y los brazos en gestos solidarios de bondad y superación.
"Ustedes son la sal de la tierra... Ustedes son la luz del mundo... No se enciende una lámpara para esconderla, sino para colocarla sobre el candelero y así ilumine a todos en la casa"
Mateo 5: 13-15