martes, 27 de marzo de 2018

EL DILUVIO DEL GÉNESIS ESCRITO EN PRIMERA PERSONA: ISRAEL EXPONE ESTE PERGAMINO HALLADO EN QUMRÁN



El Museo de Israel ha expuesto por primera vez uno de los documentos más llamativos de los encontrados en las cuevas del Qumrán en 1947. Se trata de un pergamino, y no de un papiro como otros encontrados en este lugar, que ha dado durante décadas un arduo trabajo a los arqueólogos.

Se trata del conocido como Génesis apócrifo y que tiene como aspecto más llamativo el hecho de que aparece escrito en primera persona.

AÑOS DE CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN

El pergamino estaba conservado hasta ahora en una cámara climatizada. Era con diferencia el documento en peor estado, por eso hasta ahora ha sido imposible mostrarlo, explicaba Adolfo Roitman, conservador y director del Santuario del Libro, tal y como recoge El País.

Este documento está datado en el siglo I antes de Cristo y aparece escrito en arameo. Recoge el capítulo 5 del Génesis, pasaje en el que se habla de Abraham y de Noé.

“Es sin duda una copia muy antigua de un texto original. Los trazos de la escritura están hechos con mucho esmero, sin errores y eso en esa época solo era posible si se tenía delante el documento a copiar”, dice Roitman. En el pergamino, que se puede ver estos días en Jerusalén, se narra el pasaje del fin del diluvio universal.

PEQUEÑAS DIFERENCIAS CON EL GÉNESIS

Existen diferencias entre este documento y el libro del Génesis. En el libro que conocemos se dice que Noé sale del arca con su familia y lo primero que hizo fue erigir un altar y hacer un sacrificio a Dios. Sin embargo, en el pergamino expuesto en Jerusalén cuenta que Noé hizo el sacrificio dentro del arca.

Para este conservador, “desde un punto de vista histórico también tendría sentido porque si estamos hablando de la destrucción que arrasó la tierra, el sacrificio lo habría hecho para asegurarse de purificar el exterior”.

Además, estos fragmentos del Génesis apócrifo no están narrados en tercera persona, sino que es el mismo Noé quien cuenta la historia.

De las 22 columnas que lo componen, las mejor conservadas son las últimas, de la 18 a la 22. “Tiene su lógica porque al permanecer enrollado, los caracteres del final del rollo son los que menos expuestos han estado a la luz y a la humedad”, explica Roitman.


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