lunes, 16 de marzo de 2009

EL MINISTRO BAUTISTA

Tengo un primo que es ministro bautista. En el transcurso de nuestra niñez, sólo nos veíamos un par de veces al año. Ahora, nos vemos menos aún.

Hace algunos años, luego de mucho tiempo sin vernos, de pronto empecé a pensar en él y su familia. Simplemente no podía quitármelos de la mente. Y por alguna razón, me sentía obligado a enviarle un cheque por $100. Lo pensé durante varios días e hice varios viajes inconclusos a la oficina de correos. Finalmente lo envié con una carta diciendo que esperaba no haberle ofendido, pero que creía que el Señor quería que hiciera eso.

Un par de semanas después recibí contestación. Mi primo me decía que nunca dejaba de asombrarle cómo obraba Dios en su vida. Y ahora Dios le había mostrado nuevamente, a través de nosotros, que siempre nos ayudaría en la necesidad. Mi primo dijo que lo único que le preocupaba era que había enviado demasiado dinero. Todo lo que necesitaba eran $97.56.
Lalia Winsett

Mateo 6:26: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

Nota:
Permítanme contarles una breve historia que me sucedió en mi caminar por la Comunidad de Jesús.

Era una época de carestía económica muy fuerte. En esa época yo grababa eventos en video, tenía todo un equipo de grabación y edición. También apoyaba con mis equipos los eventos de la Comunidad. Pero, debido a la mala situación en que atravesábamos, no podía cumplir con mis obligaciones de padre; colegios, seguros, comida, etc.

Faltaba muy poco para perderlo todo, estaba al borde de la quiebra e iba a perder todo. ¿Qué hice? Me fui al Santísimo y le dije:
-SeñorTú sabes que si no me das una manito me quedo sin nada Tú sabes que estoy trabajando para ti y no te estoy cobrando. ¡Ayúdame si quieres que te siga ayudando!”
Hice unas cuantas oraciones de alabanza y agradecimiento, aunque todavía no veía la ayuda de parte de Él, pero estaba confiado en que me ayudaría.

Salí del Santísimo y se me acercó una persona, me dio un sobre y me dijo:
-Creo que esto es para ti
Tomé el sobre, le agradecí y me retiré a mi hogar sin abrirlo.

Legué en mi moto a casa y procedí a abrir el sobre. Había US$ 500. No había nota alguna ni nada que me dijera qué pasaba. Comprendí que Dios me había escuchado y en segundos me envió la ayuda.

Pero eso no acabó ahí. Saqué cuentas, pagué lo que debía y me sobraron US$ 100. Me pregunté para quién sería, porque Dios me estaba dando demás para alguien. Me puse a pensar y llegué a la conclusión que Él me lo haría saber en el momento adecuado.

Pasó una semana y en el nosocomio Larco Herrera (lugar psiquiátrico) donde mi director espiritual era capellán y yo lo asistía en el altar en las Misas de los domingos, me enteré que no habían ido algunos trabajadores a la Comunidad a realizar la limpieza para la Misa de las 12. Entonces me dije: Yo voy a ayudar. Y me dirigí a la Comunidad en mi moto. Cuando llegué me enteré que ya se había solucionado el problema.

Era muy temprano y no sabía qué hacer mientras tanto. Me decidí por ir a visitar a unos amigos que vivían cerca, a quienes había prometido invitarlos a la Comunidad para que conozca.

Llegué y me abrió la abuela con una cara de pocos amigos, luego la hija… igual, y la nieta… la misma historia. Me contaron que mi amigo, el papá de la casa, se había ido de la casa por otra fulana, que debían, luz, agua, teléfono, todos en corte. Los hijos no podían ir al colegio por falta de pago. No tenían que comer y se alimentaban con lo que los vecinos amigos les daban.

Les dije:
-Por qué se preocupan tantoaquí les manda Dios US$ 100 (Ojo: En esa época el dólar estaba fuerte y $ 100 eran mucha plata)
Me preguntaron si estaba loco y mil cosas más. Les dije que no era un préstamo, y que realmente se los enviaba Dios. Eso cubrió sus deudas más importantes y les sobró alguito. Los invité a la Comunidad, la pasamos bien todo el día y luego los embarqué a su casa.
¡Qué preciso es el Señor! Sabe como da y a quien da.

¡Gracias, Señor; por todo lo que haces y has hecho por este pobre pecador que cada día desea acercarse más Ti!
José miguel Pajares Clausen

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