Hay una diferencia entre la bondad pasiva y la bondad activa, lo que es, en mi opinión, la entrega del tiempo y energía de uno en aliviar el sufrimiento y el dolor.
Por: http://catolicosconaccion.com | Fuente:
http://catolicosconaccion.com
“Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor
y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o
efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien
encontramos herido en el camino.” Papa Francisco
“Hay una diferencia entre
la bondad pasiva y la bondad activa, lo que es, en mi opinión, la entrega del
tiempo y energía de uno en aliviar el sufrimiento y el dolor. Supone salir,
buscar y ayudar a aquellos que sufren y están en peligro, y no simplemente
seguir una vida ejemplar, de forma puramente pasiva sin hacer el mal”. La
vida de Sir Nicolas Winton, la persona a la que pertenece la frase recién
planteada, encarniza la esencia de lo que en la misma nos quiere transmitir. El
pasado 1 de julio murió a sus 106 años este filántropo inglés, quien en 1939,
en un acto inspirado por una profunda valentía, justo antes del inicio de la
Segunda Guerra Mundial, salvó a 699 niños judíos de la muerte a manos de la
Alemania Nazi.
En ese entonces, siendo un corredor de bolsa y banquero
a sus 29 años, Nicolas arriesgó su pellejo en vistas de la inminente muerte que
tantas personas estaban por padecer y consiguió alquilar ocho convoyes en los
que llevó a los 699 niños desde Praga hasta Londres; su tarea no quedó ahí,
sino que se dedicó a la tarea de encontrarle a cada uno de los niños familias
adoptivas para asegurar su bienestar. Esta historia de la vida real fue la base
del libro y la película llamadas “Schindler’s
List”, ambas premiadas y reconocidas a nivel mundial.
La razón que inspiró esta acción de solidaridad
a gran escala es, también, la fuerza que puede mover nuestro actuar cristiano
hacia niveles de amor y entrega que ilumine todas las facetas de nuestra vida
en un vertiginoso crecimiento espiritual y hacia grandes esfuerzos por el
bienestar común, que desemboquen en verdaderos cambios positivos en nuestra
sociedad y en la vida de las personas que nos rodean. Esta fuerza es la
denominada servicio, inspirada por, la anteriormente dicha, “bondad activa”.
En un punto de mi experiencia de ser cristiano,
me llegué a sentir estancado en una situación con la que muchos quizá podrán
sentirse identificados: Había luchado por acercarme a una vida ejemplar, mi ser
cristiano se basaba en intentar ser una buena persona, en esforzarme por hacer
las cosas bien, más estaba trabajando para mí mismo; pese a que todo marchaba
bien, me sentía sin avanzar en mi crecimiento cristiano, por lo que empecé a
buscar desesperadamente algo que le diera más sentido, fue aquí donde empecé a
descubrir el servicio a los demás y esto cambió totalmente mi perspectiva de
ser cristiano. En esto pasé de una bondad pasiva a una activa, encontré un
misterio que ha marcado la dirección de mis aspiraciones
Este misterio es básico, y consiste en una ley
casi matemática, que podemos enunciar de la siguiente manera: Mientras más se entrega de sí mismo a los demás, más se
le retribuye a uno mismo; en consecuencia, la felicidad aumenta en proporción
directa con el trabajo que se realiza por los demás. Esto tiene
inclusive un fundamento psicológico, ya que en nuestro cerebro, según estudios
del documental “Happy”, las acciones de
entrega que producen un sentimiento de utilidad para con las personas que nos
rodean representan el 40% de nuestra felicidad, en contraste, por ejemplo, con
la cantidad de dinero y bienes materiales que se poseen, que representan solo
el 10%.
Además de ser esta bondad activa una fuente de
verdadera felicidad, es también el fundamento del amor cristiano. La fe para
que sea auténtica tiene que ser una fe viva, que nos mueva a la acción. Jesús
no solo nos invita, sino que nos exige está acción en Mateo 25, 35-40:
“Porque tuve hambre, y me
disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me
recogisteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la
cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor,
¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de
beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos?
¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el
Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis
hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis”.
Esta bondad activa inspirada en el amor
cristiano es una fuerza de renovación en nuestra sociedad, y el motor para
llevar el Reino de Dios en esta Tierra. En el Padre Nuestro, oración que
rezamos a diario decimos: “Hágase tu voluntad así
en la tierra como en el cielo”. Si en tan solo uno de estos días en que
lo rezamos cumpliéramos a cabalidad lo que decimos, saldríamos directamente a
la calle y talvés, al primer indigente que encontrásemos en nuestro camino lo
invitaríamos a entrar a nuestro coche, tratándolo como si fuese un amigo a
quien encontramos tirado en una acera, le daríamos abrigo, comida, lo
llevaríamos a nuestra casa y le daríamos techo donde dormir.
Hay personas (como Sir Nicolas Winton) que han
expandido los límites de su entrega a estos niveles y han llevado el amor a su
prójimo a condiciones que les han significado poner en peligro su propia
seguridad. Ya sean obras a esta escala u obras que podemos considerar
insignificantes, si nos hacen llevar nuestra bondad de pasiva a activa, tienen
un valor inmenso para Dios, y pueden significar también un cambio inimaginable
para nuestro prójimo.
El reto está en que estos hechos de bondad
activa no sean de carácter esporádico, ni circunstancial, en que seamos CATÓLICOS CON ACCIÓN constante y permanente, no
católicos en acción “en ciertas circunstancias”; la
Doctrina Social de la Iglesia te invita a que está acción sea parte de tu ser,
de tu día a día y, se convierta, en parte de tu actuar. La forma para lograr
esto es la entrega de nuestro tiempo y energía para acciones en función de los
demás, al perseverar en esto, convertiremos esta bondad activa en parte
inherente de nuestra persona, nuestro ser cristiano y nuestra acción no podrán
existir una sin la otra.
Ya sea en movimientos sociales, religiosos, en
la atención a los problemas de tus amigos y familiares, a acciones de gran
escala que den solución a problemas graves de nuestra sociedad o de cualquier
forma en la que te sea posible, esfuérzate por ser ese Católico con Acción,
busca el servicio a los demás con pasión y encontrarás en cada acción un tesoro
invaluable, verás en los ojos de quien sufre a Jesús y en tu trabajo por su
bienestar encontrarás una experiencia de amor auténtico.
Artículo con dedicación especial a todas las
personas que han trabajado para que este gran proyecto de “Católicos con Acción” cumpla este mes de julio de
2015 su tercer aniversario: equipo, seguidores, lectores, y todos los
involucrados. Ha sido gracias a su acción que hoy existe esta gran comunidad
católica, como testimonio vivo de la presencia de Dios en nuestra realidad.








No hay comentarios:
Publicar un comentario