martes, 3 de diciembre de 2019

¿NOS CREEMOS LO QUE REZAMOS EN MISA?


Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme...

Por: Luis Fernando Pérez Bustamante | Fuente: http://infocatolica.com
En no pocas ocasiones participamos de la Misa, yo el primero, sin poner demasiada atención a lo que dice el sacerdote y a lo que respondemos nosotros. Convertimos la mayor fuente de gracia en un ritual cansino, en el que no ponemos toda el alma. Y sin embargo, es la Santa Misa, la liturgia, el lugar donde todos manifestamos la fe que profesamos, tanto a nivel personal como comunitario.

Vayamos por partes. Tras la antífona de entrada, llega el acto penitencial. Dice el sacerdote:
Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Paremos un momento. ¿Somos conscientes de que no celebraremos dignamente la Misa si no reconocemos nuestra condición pecadora? Incluso aunque por gracia estemos libres de pecado mortal, y salvo que acabemos de confesarnos, es seguro que acarreamos pecados veniales que dificultan nuestra plena comunión con Dios. Y si en ese momento concreto no es así, lo será en muchas otras ocasiones.

A los fieles nos toca confesar lo siguiente:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

¿Y bien? ¿eso lo decimos por decir o porque de verdad lo creemos? No decimos “he cometido algún pecadillo sin importancia“, no. Decimos “he pecado MUCHO” de las diferentes formas en que he podido pecar. Sigue:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

No por la culpa de la esposa, los hijos, la familia, los amigos, las circunstancias sociales, personales o lo que sea. No, pecamos por nuestra culpa. Y no cualquier culpa. Es una GRAN culpa. ¿Por qué es una gran culpa? Porque bien sabemos, o deberíamos saber, que:
No os ha sobrevenido ninguna tentación que supere lo humano, y fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas; antes bien, con la tentación, os dará también el modo de poder soportarla con éxito.

1ª Cor 10,13

Por tanto, no hay excusa que valga. No hay culpa ajena. Seguimos diciendo:
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.
Gran cosa, gran gracia es la comunión de los santos. Sí, nos reconocemos pecadores, pero pedimos la intercesión de todos nuestros hermanos en la fe, empezando por nuestra Madre y la corte celestial. Y lo hacemos sabiendo que esa intercesión está fundamentada y tiene su eficace en la única mediación de Jesucristo ante Dios Padre.
Entonces el sacerdote dice:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Y nosotros respondemos:
Amén.

Si hemos pedido perdón de verdad, si hemos pedido la intercesión de los santos, si hemos rogado que Dios nos lleve a la vida eterna, ¿ignorará Dios nuestra petición? Quien envió a su Hijo unigénito para dar su vida por nosotros, ¿nos negará esa vida si de verdad le imploramos el perdón? Pero ha de ser de verdad, no como quien repite la tabla de multiplicar. Y bien sabemos que esa confesión como comunidad no nos exime de la confesión particular ante un sacerdote. Pero lo que como pueblo de Dios confesamos es preludio de nuestra confesión como miembros de ese pueblo y como hijos en el Hijo.

Llega el Kyrie:
Señor ten piedad.
- Señor ten piedad.
Cristo ten piedad.
- Cristo ten piedad.
Señor ten piedad.
- Señor ten piedad.
Recordemos el pasaje del evangelio en el que Cristo ponía como ejemplo a seguir no el del fariseo que presumía de su justicia sino el publicano que reconocía su pecado y pedía piedad al Señor:
Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador».

Luc 18,13

Ese es el espíritu en el que debemos implorar la piedad divina. Nuevamente en la certeza de que Dios oye nuestro clamor.
Cuando en las Misas de los domingos y fiestas de precepto rezamos el gloria, volvemos a pedir piedad.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;
Si reconocemos que Cristo quita el pecado del mundo, ¿no creeremos que es capaz de quitar el pecado de nuestras vidas? Y si no empieza por quitarlo de nuestras vidas, ¿cómo lo va a quitar del mundo? El pecado no se quita solo mediante el perdón, que en realidad lo que hace es anular el pago que merece dicho pecado, sino librando al hombre redimido de estar esclavizado de todo aquello que le aleja de Dios. Ten piedad, Señor, atiende nuestras súplicas Señor y libéranos por el perdón y la santificación del poder del pecado en nuestras almas.

Llega la lectura de la Palabra. Cuando toca la hora de anunciar el evangelio, el sacerdote -o en su caso el diácono- deben pronunciar en voz baja ante el altar las siguientes palabras:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio.
Bien sabe el sacerdote que es pecador como los fieles que asisten a Misa. Por eso pide que Dios purifique su corazón y sus labios. De esa manera reconoce dos cosas: su condición personal y la capacidad del Señor de hacerle digno de anunciar su palabra. Bien haríamos los fieles en rogar en silencio a Dios que purifique nuestros corazones y nuestro oídos para que el evangelio encuentre un campo bien abonado en nuestras almas para así producir buen fruto.

Cuando llega la presentación de las ofrendas antes de la consagración, todos sabemos lo que el sacerdote dice públicamente y nuestra respuesta. Pero es que además, también ocurre lo siguiente.

El sacerdote, inclinado, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Mientras el sacerdote se lava las manos, dice en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

¿Nos damos cuenta que todo gira alrededor de nuestra condición pecadora y la petición de misericordia, perdón y purificación a Dios? Si el sacerdote pide que el Señor acepte nuestro corazón contrito, habremos de estar contritos de verdad, y no meramente de palabra. He ahí nuestro sacrificio, he ahí nuestra alabanza. Porque alaba a Dios el alma que reconoce la necesidad del perdón y la autoridad divina para apiadarse de ella. 

Una vez que hemos hecho todo eso bien, y una vez que proclamamos que Dios es santo, santo, santo, podemos en verdad decir que tenemos nuestro corazón levantado ante el Señor, al cual damos gracias porque es justo y necesario, es nuestro deber y salvación. Y es así como asistimos al milagro de nuestra redención mediante la consagración y la actualización del sacrificio de Cristo en la cruz. Hemos preparado el alma para el perdón, hemos implorado la misericordia y ahora asistimos, por la acción del Espíritu Santo y las palabras del sacerdote que obra en la persona de Cristo, a la ofrenda al Padre de la víctima propiciatoria que nos salva.

Las plegarias eucarísticas, a cual más bella, podrían ser objeto de un post cada una de ellas. Una vez consumado el sacrifico eucarístico, rezamos el padrenuestro, en el que nuevamente pedimos perdón a Dios así como nos mostramos dispuestos a perdonar. Y además, le rogamos que no nos deje caer en la tentación. Es decir, no se trata solo de que nos limpie de pecado pasados sino de que también nos libere de cometer otros en el futuro. Sí, sabemos que mientras estemos en esta vida seguiremos pecando, pero por eso mismo debemos implorar la gracia del Señor para que cada vez pequemos menos.

De hecho, ¿qué, sino eso, es lo que pide a continuación el sacerdote?

Líbranos de todos los males, Señor y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Ayudados por la misericordia de Dios viviremos libres de pecado. ¿Se entiende por qué se equivocan aquellos que pretenden que la misericordia de Dios no tiene como uno de sus mejores frutos la conversión del que la recibe? ¿o acaso lo que dicen los sacerdotes en Misa es un simple desideratum que no se corresponde con la realidad?

Tras adorar todos al Señor atribuyéndole el poder y la gloria, llega el rito de la paz. ¿Y qué vuelve a decir el sacerdote?

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: ‘La paz os dejo, mi paz os doy’, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia. Otra vez imploramos la misericordia divina y apelamos a la fe que Dios nos ha regalado. Y de nuevo volvemos a dirigirnos a aquel que quita el pecado del mundo:
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
No nos engañemos. No habrá paz si previamente no hemos dejado por gracia que el Señor nos libre de los pecados. Ni la habrá en el mundo ni la habrá en nuestras vidas. Es condición indispensable nuestra purificación y santificación para alcazar la verdadera paz con Dios y nuestros hermanos.

A continuación el sacerdote reza en secreto la oración para la comunión:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.
O bien:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permita que me separe de ti.

Si todos los fieles en general estamos llamados a la santidad, ¿qué no decir de los sacerdotes en particular? Observemos, por otra parte, que en esa oración del sacerdote ya se advierte la posibilidad de que la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo sea motivo de condenación en vez de salvación. Ya lo dijo san Pablo:
Así pues, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación.

1ª Cor 11,27-29
No nos acerquemos, pues, a comulgar, estando en pecado mortal. No nos salvaremos. Nos condenaremos aún más.
Llega el el momento de la comunión. El sacerdote dice:
- Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
- Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
No, no somos dignos de recibir a Cristo en nuestra alma, pero Él nos hace dignos. Él nos sana. Él nos hace libres. Él llama a la puerta porque quiere entrar y cenar con nosotros. Él nos ama. Él quiere quedarse con nosotros. Él quiere darnos a sí mismo, el verdadero maná que alimenta nuestro ser.

Lo que ocurre después de comulgar, estimado hermano, es ya cosa entre tú y el Señor.
Paz y bien,

NOVENA A LA VIRGEN DE GUADALUPE


Oraciones para cada día de la novena, la puedes hacer tantas veces desees, de manera especial los días previos a la festividad (3 al 11 de diciembre)

Por: Corazones.org | Fuente: Corazones.org
Puesto de rodillas delante de María Santísima, hecha la Señal de la Cruz, se dice el siguiente:

ACTO DE CONTRICIÓN

"Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en satisfacción de mis pecados, y confío por vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis y me daréis gracia para nunca más pecar. Así lo espero por intercesión de mi Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén. "

Hágase la petición: …

Récese cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de cada día.


PRIMER DÍA

"¡Oh Santísima Señora de Guadalupe! Esa corona con que ciñes tus sagradas sienes publica que eres Reina del Universo. Lo eres, Señora, pues como Hija, como Madre y como Esposa del Altísimo tienes absoluto poder y justísimo derecho sobre todas las criaturas.
Siendo esto así, yo también soy tuyo; también pertenezco a ti por mil títulos; pero no me contento con ser tuyo por tan alta jurisdicción que tienes sobre todos; quiero ser tuyo por otro título más, esto es, por elección de mi voluntad.
Ved que, aquí postrado delante del trono de tu Majestad, te elijo por mi Reina y mi Señora, y con este motivo quiero doblar el señorío y dominio que tienes sobre mí; quiero depender de ti y quiero que los designios que tiene de mí la Providencia divina, pasen por tus manos. Dispón de mí como te agrade; los sucesos y lances de mi vida quiero que todos corran por tu cuenta. Confío en tu benignidad, que todos se enderezarán al bien de mi alma y honra y gloria de aquel Señor que tanto complace al mundo. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


SEGUNDO DÍA

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Qué bien se conoce que eres Abogada nuestra en el tribunal de Dios, pues esas hermosísimas manos que jamás dejan de beneficiarnos las juntas ante el pecho en ademán de quien suplica y ruega, dándonos con esto a ver que desde el trono de gloria como Reina de los Ángeles y hombres haces también oficio de abogada, rogando y procurando a favor nuestro.
¿Con qué afectos de reconocimiento y gratitud podré pagar tanta fineza? Siendo que no hay en todo mi corazón suficiente caudal para pagarlo.
A ti recurro para que me enriquezcas con los dones preciosos de una caridad ardiente y fervorosa, de una humildad profunda y de una obediencia pronta al Señor.
Esfuerza tus súplicas, multiplica tus ruegos, y no ceses de pedir al Todopoderoso me haga suyo y me conceda ir a darte las gracias por el feliz éxito de tu intermediación en la gloria. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


TERCER DÍA

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué puedo creer al verte cercada de los rayos del sol, sino que estás íntimamente unida al Sol de la Divinidad, que no hay en tu casa ninguna cosa que no sea luz, que no sea gracia y que no sea santidad!
¡Qué puedo creer sino que estás anegada en el piélago de las divinas perfecciones y atributos, y que Dios te tiene siempre en su Corazón! Sea para bien, Señora, tan alta felicidad.
Yo, entre tanto, arrebatado del gozo que ello me causa, me presento delante del trono de tu soberanía, suplicándote te dignes enviar uno de tus ardientes rayos hacia mi corazón: ilumina con su luz mi entendimiento; enciende con su luz mi voluntad; haz que acabe yo de persuadirme de que vivo engañado todo el tiempo que no empleo en amarte ti y en amar a mi Dios: haz que acabe de persuadirme que me engaño miserablemente cuando amo alguna cosa que no sea mi Dios y cuando no te amo a Ti por Dios. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


CUARTO DÍA

¡Oh Santísima María de Guadalupe! Si un ángel del cielo tiene por honra tan grande suya estar a tus pies y que en prueba de su gozo abre los brazos y extiende las alas para formar con ellas repisa a tu Majestad, ¿qué deberé yo hacer para manifestar mi veneración a tu persona, no ya la cabeza, ni los brazos, sino mi corazón y mi alma para santificándola con tus divinas plantas se haga trono digno de tu soberanía?
Dígnate, Señora, de admitir este obsequio; no lo desprecies por indigno a tu soberanía, pues el mérito que le falta por mi miseria y pobreza lo recompenso con la buena voluntad y deseo
Entra a registrar mi corazón y verás que no lo mueven otras alas sino las del deseo de ser tuyo y el temor de ofender a tu Hijo divinísimo. Forma trono de mi corazón, y ya no se envilecerá dándole entrada a la culpa y haciéndose esclavo del demonio. Haz que no vivan en él sino Jesús y María. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


QUINTO DÍA

¿Qué correspondía a quien es un cielo por su hermosura, sino uno lleno de estrellas? ¿Con qué podía adornarse una belleza toda celestial, sino con los brillos de unas virtudes tan lúcidas y tan resplandecientes como las tuyas?
Bendita mil veces la mano de aquel Dios que supo unir en ti hermosura tan peregrina con pureza tan realzada, y gala tan brillante y rica con humildad tan apacible. Yo quedo, Señora, absorto de hermosura tan amable, y quisiera que mis ojos se fijaran siempre en ti para que mi corazón no se dejara arrastrar en otro afecto que no sea el amor tuyo.
No podré lograr este deseo si esos resplandecientes astros con que estás adornada no infunden una ardiente y fervorosa caridad, para que ame de todo corazón y con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a Ti, como objeto digno de que lo amemos todos. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


SEXTO DÍA

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! ¡Qué bien dice a tu soberanía ese tapete que la luna forma a tus sagradas plantas! Hollaste con invicta planta las vanidades del mundo, y quedando superior a todo lo creado jamás padeciste el menguante de la más ligera imperfección: antes de tu primer instante estuviste llena de gracia.
Miserable de mí, Señora, que no sabiéndome mantener en los propósitos que hago, no tengo estabilidad en la virtud y sólo soy constante en mis viciosas costumbres.
Duélete de mí, Madre amorosa y tierna; ya que soy como la luna en mi inconstancia, sea como la luna que está a tus pies, esto es, firme siempre en tu devoción y amor, para no padecer los menguantes de la culpa. Haz que esté yo siempre a tus plantas por el amor y la devoción, y ya no temeré los menguantes del pecado sino que procuraré darme de lleno a mis obligaciones, detestando de corazón todo lo que es ofensa de mi Dios. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


SÉPTIMO DÍA

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! Nada, nada veo en perfecciones de que te dotó el Señor a tu alma inocentísima. Ese lienzo grosero y despreciable; ese pobre pero feliz ayate en que se ve estampada tu singular belleza, dan claro a conocer la profundísima humildad que le sirvió de cabeza y fundamento a tu asombrosa santidad.
No te desdeñaste de tomar la pobre tilma de Juan Diego, para que en ella estampase tu rostro, que es encanto de los ángeles, maravilla de los hombres y admiración de todo el universo. Pues, ¿cómo no he de esperar yo de tu benignidad, que la miseria y pobreza de mi alma no sean embarazo para que estampes en ella tu imagen graciosísima?
Yo te ofrezco las telas de mi corazón. Tómalo, Señora, en tus manos y no lo dejes jamás, pues mi deseo es que no se emplee en otra cosa que en amarte y amar a Dios. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


OCTAVO DÍA

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Qué misteriosa y qué acertada estuvo la mano del Artífice Supremo, bordando tu vestido con esa orla de oro finísimo que le sirve de guarnición! Aludió sin duda a aquel finísimo oro de la caridad y del amor de Dios con que fueron enriquecidas tus acciones. Y ¿quién duda, Señora, que esa tu encendida caridad y amor de Dios estuvo siempre acompañada del amor al prójimo y que no, por verte triunfante en la patria celestial, te has olvidado de nosotros?
Abre el seno de tus piedades a quien es tan miserable; dale la mano a quien caído te invoca para levantarse; tráete la gloria de haber encontrado en mí una misericordia proporcionada, más que todas, a tu compasión y misericordia. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


NOVENO DÍA

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! ¿Qué cosa habrá imposible para ti, cuando multiplicando los prodigios, ni la tosquedad ni la grosería del ayate le sirven de embarazo para formar tan primoroso tu retrato, ni la voracidad del tiempo en más de cuatro siglos ha sido capaz de destrozarle ni borrarle?
¡Qué motivo tan fuerte es este para alentar mi confianza y suplicarte que abriendo el seno de tus piedades, acordándote del amplio poder que te dio la Divina Omnipotencia del Señor, para favorecer a los mortales, te dignes estampar en mi alma la imagen del Altísimo que han borrado mis culpas!
No embarco a tu piedad la grosería de mis perversas costumbres, dígnate sólo mirarme, y ya con esto alentaré mis esperanzas; porque yo no puedo creer que si me miras no se conmuevan tus entrañas sobre el miserable de mí. Mi única esperanza, después de Jesús, eres tú, Sagrada Virgen María. Amén.

Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria

lunes, 2 de diciembre de 2019

EL PAPA PIDE MANTENER LA TRADICIÓN DE PONER EL BELÉN DURANTE LA NAVIDAD


Carta Apostólica «Admirabile signum»
El Papa Francisco ha firmado la Carta Apostólica «Admirabile signum» en la que pide que la práctica de poner el Belén en Navidad «nunca se debilite» y que «allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada».
(InfoCatólica) «El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración». Así comienza la Carta Apostólica «Admirabile signum» del papa Francisco, en la que exhorta a mantener la piadosa tradición de poner el Belén en tiempos navideños:
«Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas...»
Tras explicar cómo san Francisco de Asís dio comienzo a esta tradición, el Pontífice señala por qué se ha hecho tan querida para los fieles:
"¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida».
La carta apostólica dedica también un papel importante a los más necesitados:
«Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros».
Francisco indica cuándo el Belén alcanza su verdadero significado:
«El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos».
Y también, la importancia de la llegada de los Reyes Magos:
«Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura».
Por último, escribe el Papa:
«El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María».

LOS SATÁNICOS DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA


Lo de la Universidad Complutense de Madrid sorprende ya a pocos. Un congreso de Satánicos (“¡y de Carabanchel!” como diría el personaje de Santiago Segura en El Día de la Bestia). Como no compartan técnicas para desangrar cabritos, yo ya no sé.
Pero es que me causa menos estupor eso que la reacción de la delegación de pastoral universitaria, que directamente ha cerrado una capilla a cal y canto para impedir a un grupo de alumnos rezar el Rosario mientras tiene lugar dicho congreso.
La capilla de Filosofía está bajo la responsabilidad de don Juan Carlos Guirao Gomáriz, que quizás les suene porque plantó cara a Podemos en un debate. ¿A ese diablo sí y a este no, don Carlos? 
Desde luego la responsabilidad de que se abra o deje de abrir esa capilla reside en última instancia en otro Carlos, que es el cardenal-arzobispo de Madrid, pero lo que me deja atónito son los comentarios a la negativa.
“Se vería como una provocación a los satanistas y dicen querer evitar “situaciones desagradables” por lo que han decidido clausurar el lugar de culto inmediatamente tras la misa de 8 de la mañana que se celebra a diario”. 
Lo de siempre. Ellos pueden provocar, ellos te pueden liar un congreso en una institución pública (sí, tú y yo pagamos la complutense), pero tú y yo no tenemos derecho ni a rezar el Rosario en una capilla porque al capellán de turno se le han hecho los machos un nudo en la garganta. ¡Vergüenza!
Pero con todo, no me lo creo. Una persona que ha demostrado, y además lo ha hecho con caridad, que te puedes enfrentar a un oponente ideológico sin “provocar”, no entiendo que decida de esta manera. Sospecho órdenes de más altas instancias, pero tendría uno más suerte investigando al CNI que ciertos círculos de esta nuestra Iglesia Católica. 
La decisión me parece, desde luego, despreciable. En la tónica, a la que ya nos tienen acostumbrados pero, desde luego, nunca rendidos. La tónica del intentar apaciguar al adversario haciéndose el muerto. Hasta tal punto que ya nos lo creemos, que nos creemos que no pintamos nada en la vida pública, que ellos tienen la plaza.
Y no es así. Muchos millones de españoles son lo que aún van a Misa, sí, pero otros sin ir no están lejos de un ideal de Vida Cristiana que a veces incluso tienen más claro que los más devotos. ¿Por qué defienden un ideal que no comparten? Quizás porque entienden que es el mejor, el que nos hace más libres, el que es sencillamente la Verdad.
Allá cada uno y su conciencia pero nunca se ha ganado una guerra renunciando a presentar batalla. Y no nos equivoquemos: la guerra de las ideas se libra todos los días. Y hoy se ha perdido por deserción.
+Pax et Bonum
Miki V.

LOS FISCALES AUSTRALIANOS PRETENDEN ACABAR CON LA PROTECCIÓN LEGAL DEL SECRETO DE CONFESIÓN EN CASOS DE ABUSOS


Mons. Coleridge advierte que la medida es inútil, contraproducente e injusta
Los fiscales de Australia acordaron el viernes estandarizar el procedimiento legal en todo el país, obligando a los sacerdotes a denunciar el abuso infantil del que tengan conocimiento durante las confesiones, en una medida que podría ampliar el cisma entre la iglesia y el estado australiano.
(Cbc/InfoCatólica) Tanto los fiscales generales federales como los estatales (regionales) abordaron los principios clave de las leyes que dependen de los gobiernos estatales y territoriales, y que buscan implementar las recomendaciones más polémicas de una investigación gubernamental sobre el abuso infantil.
«No se puede apelar al privilegio confesional para evitar la protección del niño o la obligación penal de denunciar las sospechas o el conocimiento de abuso infantil» según un comunicado publicado después de la reunión de abogados.
Además, los sacerdotes no podrían usar el «privilegio confesional» para evitar presentar pruebas contra un tercero en procedimientos penales o civiles.
Aunque la mayoría de los estados ya están aprobando leyes en ese sentido, la posición unificada implementaría un estándar nacional.
El arzobispo Mark Coleridge, presidente de la Conferencia Episcopal australaiana, declaró que aunque la Iglesia Católica apoya que haya una legislación «consistente a nivel nacional» para proteger a los niños, considera que la eliminación de la protección legal para el «sacramental secreto de confesión» es inútil e innecesaria:
«La eliminación de la protección legal (ndr: del secreto de confesión) sería ineficaz, contraproducente e injusta: ineficaz porque los abusadores no buscan la confesión y ciertamente no la buscarán si saben que sus delitos serán denunciados. Contraproducente porque se perdería la rara oportunidad que un sacerdote puede tener de aconsejar a los abusadores que se entreguen y modifiquen su vida; e injusto porque establecería por ley una situación en la que un sacerdote no podría defenderse de un acusación hecha contra él».

ESPAÑA Y SUS DEMONIOS, JOSÉ ANTONIO BIELSA HABLA DE SU DESGARRADOR LIBRO


Aprovechando la aparición de su nuevo libro ESPAÑA Y SUS DEMONIOS, entrevistamos al escritor e historiador José Antonio Bielsa Arbiol. La distribución internacional del libro corre a cargo de Amazon, en cuya plataforma digital puede adquirirse.
LO PRIMERO QUE LLAMA LA ATENCIÓN AL TOMAR ESTE LIBRO ES LA PORTADA…
Con razón. Muestra la mismísima representación del diablo, cuya primera estatua de homenaje se erigió aquí, en España, en un enclave tan característico además como el del madrileño Parque del Retiro. Pocos conocen esto, y como que dicha estatua está ubicada exactamente a 666 metros sobre el nivel del mar. El diablo no sabe de casualidades, por eso escogió España para desarrollar su más siniestro plan de infiltración y demolición.
¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA DE PUBLICARLO?
El impulsor del proyecto fue mi amigo el poeta Javier Giral Palasí, a la sazón autor del prólogo. Desde hacía tiempo tenía pensado publicar un libro misceláneo de estas características, entre contestatarias y disidentes. Fue Giral quien apostó por la idea, permitiéndome utilizar su sello Almater, y posibilitándome así la aparición de mi trabajo más ambicioso.
¿QUÉ NOVEDADES INCORPORA ESTA OBRA CON RESPECTO A OTRAS PARECIDAS SOBRE EL TEMA?
R.: Su absoluta rareza, su entidad reaccionaria en un contexto sobresaturado de libros ad hoc portadores de ideologías de diseño, materialistas y envilecedoras las más, financiadas desde la sombra. Este libro apela a los principios espirituales que han forjado la Tradición occidental, sin desdeñar otras licencias que me he tomado, todo ello encaminado hacia Cristo Alfa y Omega.
ESPAÑA Y SUS DEMONIOS NO ES UNA SEGUNDA PARTE DE SU ANTERIOR ENTREGA SOBRE EL NUEVO ORDEN MUNDIAL, PERO GUARDA UNA CIERTA CONTINUIDAD CON AQUÉLLA…
Exacto. Este libro no es una secuela de Cómo sobrevivir al Nuevo Orden Mundial: Un manual de trinchera, pero sí implica una suerte de contrapunto en clave española de aquél, un anexo expansivo si se quiere destinado a poner la lente de aumento sobre “España” en cuanto idea, unidad territorial, espiritual y de destino. Aquellas personas que se quedaron con ganas de más tras la lectura del previo, podrán apagar con éste su sed de información.
SIN CIRCUNLOQUIOS: ¿TIENE SALVACIÓN ESPAÑA?
Es un hecho innegable que conforme el tiempo avanza, las posibilidades de salvación reales para España disminuyen. Especialmente tras el traumático 24 de octubre pasado, dolorosísimo “Día de la Infamia” para España con la profanación de la tumba del Generalísimo Franco, y pórtico de acceso inequívoco a la Segunda Transición que el Nuevo desorden mundial quiere imponernos para terminar de desmantelar nuestra traicionada Patria. No soy optimista, pero tampoco pierdo la esperanza. El final del mal es un bien, sentenció La Rochefoucauld.
EL LIBRO CONSTA DE DOS PARTES MÁS UNAS ADICIONES. RESÚMANOS UN POCO SU CONTENIDO, PARA QUE EL LECTOR SE HAGA UNA IDEA DEL MISMO.
Sí. La primera parte, la que da título al libro, es una aproximación a España (y su obra), pero muy en especial a los demonios que la circundan, a través de sus más variadas manifestaciones. La segunda parte reúne textos y ensayos críticos sobre historia de la cultura. Unas adiciones perfeccionan y redondean el conjunto, fruto de diez años de trabajo.
LA CRÍTICA AL RÉGIMEN DEL 78 ES IMPLACABLE…
Desde luego: es la causa aparente de todos nuestros actuales males, aunque algunos trasladen estos orígenes a la década de 1960, con el aperturismo, o incluso a los fatídicos días de las Cortes de Cádiz…
EL ENFOQUE DEL LIBRO, AL MENOS EN SU PRIMERA PARTE, ES ABIERTAMENTE ESPAÑOLISTA Y CATÓLICO. UNO DE LOS TEMAS QUE DENUNCIA ES LA APOSTASÍA DE ESPAÑA. EXPLÍQUENOS ESTE FENÓMENO.
Pese la espantosa situación que atravesamos, España sigue siendo el brazo armado de Cristo. Nuestros enemigos internos y externos lo saben, por eso están trabajando muy duro por “fabricar” una novísima generación de indiferentes religiosos, e incluso ateos y cristófobos, me atrevería a decir. Por eso es importante aprehender que el problema de España no es tanto un problema político, económico o social, que también lo es, como teológico, por cuanto y por sobre todo lo es. Esta lectura donosiana que hago, que siempre tendrá su legión de detractores, es la correcta, y ya pueden estrujarse el seso los posibilistas filosóficos en la refutación de mi enfoque: sus argumentos fracasan siempre, porque no miran a las causas últimas.
SU FACETA DE HISTORIADOR DEL ARTE Y CRÍTICO CINEMATOGRÁFICO TAMBIÉN SE VE COLMADA EN UNA BUENA PARTE DEL LIBRO…
El cine, en cuanto vehículo transmisor de ideas y modelos de conducta, como el grueso de la industria cultural en general, ha sido agente siniestro de este plan de infiltración perversa. Mi aproximación a los diversos medios de la cultura y del arte es crítica, pero también analítica, dedicando artículos a diversas problemáticas, del arco que va de la muerte de la novela como género literario a la subcultura del entretenimiento cinematográfico, de horrendos frutos.
EL AUTOR QUE MÁS VECES CITA EN SU LIBRO ES MENÉNDEZ PELAYO. USTED ES UN BUEN CONOCEDOR DE SU OBRA INMENSA. ¿QUÉ NOS PODRÍA DECIR AL RESPECTO?
Desde mi juventud he vivido con los libros de don Marcelino siempre a mano. Sus obras completas, junto a las de Balmes, Donoso Cortés y otros autores, han sido por así decir el pan diario de mi formación intelectual católica y española. Pero han sido estos tres ingenios decimonónicos (a los que ya casi nadie estudia) los que me llevaron de las filosofías grises del error a la Luz de la Verdad, la misma que suministran Platón y San Agustín, Aristóteles y el Aquinate. ¿Comprende ahora el porqué de la insistente presencia del eximio montañés en mi obra?
¿A QUÉ PERFIL DE PÚBLICO VA DESTINADO ESTE LIBRO?
A un público español, patriota y católico preferiblemente, con unas edades comprendidas entre los 9 y 99 años. El resto pueden quedarse en sus tumbonas rumiando el Manifiesto comunista de Marx y Engels o Las 120 jornadas de Sodoma del Marqués de Sade, por no descender a otros “niveles” más bajos.
POR ÚLTIMO, ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA EXPULSAR DE ESPAÑA TODOS LOS DEMONIOS?
Como rubrica el viejo dicho: “a Dios rogando y con el mazo dando”. O expresado según los dictados de la corrección política: fomentando la acción, incentivando la formación y vigorizando la oración. Ya lo dijo el filósofo católico Peter Kreeft: nuestro tiempo vive una crisis de santidad: ¡necesitamos santos! España sólo recuperará el timón de su destino si consigue aunar, como San Ignacio, la Espada y la Cruz. En su proyecto de reconversión nacional y católica reposa el salvoconducto de su pervivencia en el tiempo.
No me gustaría terminar esta entrevista sin felicitarle, Javier, por su formidable epílogo al libro. ¡Gracias!
La distribución internacional del libro corre a cargo de Amazon, en cuya plataforma digital puede adquirirse.
Pinchar aquí:
Javier Navascués Pérez