El P. Jon García Escobar es sacerdote en Valdemoro,
una localidad cercana a Madrid y uno de los principales focos de infección por
coronavirus en España, que actualmente cuenta con 11.178 casos confirmados,
casi dos mil más que hace un día y 500 fallecidos en todo el país.
Este sacerdote envió un audio a través de WhatsApp en donde se le
escuchaba jadeante por la afección respiratoria que implica el coronavirus y en
donde explicaba que se encuentra ingresado en el hospital junto a su madre, que
está gravemente enferma y podría no sobrevivir.
“Como mi madre duerme, puedo deciros que ella está
muy malita: seguramente no salga, en las próximas horas, veremos a ver. Lo que
Dios quiera”, precisa.
En el mensaje el P. Jon anima a los sacerdotes
“a no abandonar las parroquias, a no abandonar nuestros altares. Celebrad la
Misa, los que tenéis la suerte de hacerlo, en el altar de la parroquia. Ahora
sí que podemos decir: por el pueblo, por nuestro pueblo”.
“Incluso empecé a pensar que he perdido la cabeza,
pero cogeos la liturgia, y sentaos en el confesionario donde confesáis a rezar
un rato y mandad absoluciones a tantos que se van a morir sin ella, pero quizá
con actos de arrepentimiento. Que les llegue esa absolución de sus sacerdotes”, asegura.
El sacerdote, con esfuerzo en la voz, explica que “es una hora muy importante para nosotros, porque todo
esto nos enseña que somos unos imbéciles, que nos encanta hacer, no sé, grandes
eventos evangelizadores, tener muchas cosas en nuestras parroquias, sobre todo
si va a llegar el obispo a visitarlas. Pero lo más grande que tenemos en
nuestras parroquias es nuestro sacerdocio, ser sacerdotes. No hacer cosas, sino
ser sacerdotes”.
Y ahora, afirma, “todos tenemos la
oportunidad de hacerlo, incluso yo que estoy en la cama. Pero eso nadie me lo
puede robar: el ofrecer la vida, y el ofrecer la vida sacerdotalmente, por
nuestro pueblo”.
El P. Jon termina su mensaje enviando mucho ánimo y pide que no se
interpreten sus palabras: “No juzgo a nadie ni
corrijo a nadie ni quiero ser causa de ningún tipo de división. Solamente, con
mucho cariño, os animo a vivir esta hora con un corazón muy alto, en lo alto de
vuestros altares, en las parroquias, dejándoos estremecer al veros
solos”.
“Solo Jesucristo en tus manos, y tú y el Padre: y
mientras tanto, todo ese torrente de redención que brota de vuestras manos para
los fieles que os han sido confiados. Que nos son confiados. Un abrazo
grandísimo”, explica.
Redacción ACI Prensa








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