Con las Misas públicas suspendidas en varios
países, los obispos han pedido a los fieles vivir la Misa por Internet y la
comunión espiritual, mientras que a los sacerdotes se les pide celebrar
Eucaristías en privado, lo cual es de suma importancia y vale la pena ser
explicado.
ACI Prensa se comunicó con el P. Leandro Bonnin,
sacerdote de la Arquidiócesis de Paraná (Argentina) que se ha desempeñado por
varios años como profesor de Liturgia, para detallar la importancia de la Misa
privada y saber si es espiritualmente beneficiosa para el católico.
El P. Bonnin dijo que “aunque los fieles no
puedan estar presentes físicamente en el templo en torno al altar, cuando un
sacerdote celebra la Eucaristía en privado todas sus vidas también se unen al
sacrificio de Cristo y es entregada a Dios como hostia, víctima y ofrenda”.
Además, recordó que el primer beneficio es “que
sus vidas, a través del sacrificio eucarístico, se unen al sacrificio de Cristo
y llegan a la presencia del Padre”.
“La Iglesia no cesa de alabar al Padre, no cesa de
ofrecerle al Padre lo más agradable que tiene, que es la entrega, amor,
obediencia de Jesucristo, su hijo eterno hecho hombre. Pero la
Eucaristía es también el sacrificio de la Iglesia, la cual es la
esposa que ofrece al Hijo al Padre y se ofrece a sí misma junto con Cristo”, indicó.
Asimismo, dijo que de algún modo “se puede
decir que en el altar, junto con el sacrificio de Cristo, va toda la vida de
los fieles que se eleva hacia lo alto”.
Un segundo beneficio es que “en cada
Eucaristía, además de adorar y pedir perdón, se intercede”, dijo el P.
Bonnin, y agregó que es entonces “cuando el
sacerdote, sabiendo que está en presencia misma de nuestro Señor Jesús en la
forma del pan y el vino, le pide al Padre que por los méritos de
Cristo escuche las oraciones de toda la Iglesia”.
“En todas las Misas se pide por el Papa, por los
obispos, por todos los hombres de buena voluntad, por todos los fieles y los
difuntos. Entonces, cada celebración tiene en sí misma un poder de intercesión más
elevada que cualquiera de las demás formas devocionales que existe
en la Iglesia”, aseguró el P. Bonnin.
“La Eucaristía tiene una doble realidad, por un
lado es la presencia y la actualización del sacrificio de Cristo, y en segundo
lugar es un banquete con dos mesas: La mesa de la Palabra de Dios, y la mesa
del Cuerpo y de la Sangre del Señor”, recordó
el sacerdote argentino.
En una entrevista
realizada por CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– el P.
James Bradley, profesor de derecho canónico en la Universidad Católica de
América, también explicó que los católicos participan en la comunión de Dios
con la Iglesia cada vez que se celebra la Misa, ya sea que estén físicamente
presentes o no.
“La Misa no es algo que el sacerdote hace como
individuo privado. Lo hace como ministro de la Iglesia, involucrándola. Cada
Misa que se celebra, en cualquier lugar y en cualquier momento, es para todos
los que forman parte de la Iglesia”, comentó.
El P. Bradley recordó “que los ángeles y los
santos están siempre presentes en cada celebración de la Misa” y que “toda la Iglesia está presente en la tierra y presente en
el Cielo”.
“Entonces, en cierto sentido, el sacerdote nunca
está solo cuando está parado en el altar. Siempre está rodeado por las nubes de
testigos”, acotó.
Frente al problema que enfrenta el mundo ante el brote del coronavirus,
el P. Bradley recuerda que “en primer lugar, la
Iglesia siempre quiere cuidar a su rebaño”, y “eso
significa que a veces tiene que hacer cosas que no querría hacer, pero que son
necesarias”.
Aseguró que la suspensión de la Misa celebrada públicamente es “en última instancia, un acto de preocupación” y “bondad por parte del obispo”.
“Está tratando de proteger a su rebaño, y es una
circunstancia extraordinaria. No es ceder, no es una concesión a la sociedad
civil. Es el obispo actuando responsablemente siguiendo el consejo de la
sociedad civil cuando se ofrece, cuando presenta una ley razonable”, concluyó.
POR DIEGO LÓPEZ
MARINA | ACI Prensa








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