El Papa Francisco explicó que “la
resurrección se basa internamente en la fidelidad de Dios que es el Dios de la
vida”, y subrayó las palabras de Jesús en las que recordaba que Dios es
un Dios de vivos y no de muertos.
En la reflexión previa al rezo del Ángelus este domingo 10 de noviembre
en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre profundizó en el
significado de la página evangélica de este domingo en la que “se nos ofrece una estupenda enseñanza de Jesús sobre la
resurrección de los muertos que viene muy bien en este mes de noviembre en el
que rezamos de modo particular por los difuntos”.
En el Evangelio se narra cómo “Jesús es
interpelado por algunos saduceos, los cuales no creían en la resurrección y,
por ello, lo provocan con una pregunta insidiosa”.
Los saduceos “hacen referencia a un caso
paradójico basado en la ley mosaica: ¿de quién sería esposa en la resurrección
una mujer que hubiera tenido siete maridos sucesivos, todos ellos hermanos, los
cuales, uno tras otro, hubieran muerto?”.
“Jesús no cae en la trampa y replica que los
resucitados en el más allá ‘no tienen ni mujer ni marido: de hecho, no pueden
morir más porque son iguales a los ángeles y porque son hijos de la
resurrección, son hijos de Dios’”.
Con su respuesta, “Jesús invita a sus
interlocutores, y también a nosotros, a pensar que esta dimensión terrena en la
que vivimos ahora no es la única, sino que hay otra, no sujeta a la muerte, en
la que se manifestará plenamente que somos hijos de Dios”.
El Papa Francisco destacó que se trata de “un
gran consuelo y da gran esperanza escuchar estas palabras sencillas y claras de
Jesús sobre la vida después de la muerte. Tenemos mucha necesidad de ellas
especialmente en nuestro tiempo, tan rico de conocimientos sobre el universo,
pero tan pobre de sabiduría sobre la vida eterna”.
“Está clara certeza de Jesús sobre la resurrección
se basa internamente en la fidelidad de Dios que es el Dios de la vida. En
efecto, detrás de la pregunta de los saduceos se esconde algo más profundo: no
solo de quién será esposa la mujer viuda de siete maridos, sino, de quién será
su vida”.
La pregunta sobre la resurrección es “una
duda que afecta al hombre de todos los tiempos, y también a nosotros: después
de esta peregrinación terrena, ¿qué será de nuestra vida? ¿Pertenecerá a la
nada, a la muerte?”.
“Jesús responde que la vida pertenece a Dios, el
cual nos ama y se preocupa tanto de nosotros que llega a vincular su nombre al
nuestro: es ‘el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no
es de los muertos, sino de los vivos, porque todos viven para Él’”.
“¡Esa es la sabiduría que ninguna ciencia podrá
nunca ofrece! Aquí se desvela el misterio de la resurrección, porque se desvela
el misterio de la vida: la vida subsiste donde hay vínculos, comunión,
fraternidad. Y es una vida más fuerte que la muerte cuando está construida
sobre relaciones sinceras y vínculos de fidelidad”.
Por el contrario, “no hay vida donde se
tiene la pretensión de pertenecer sólo a sí mismo y vivir como una isla: en
estas actitudes prevalece la muerte. De hecho, la resurrección no es sólo el
hecho de resucitar después de la muerte, sino que es un nuevo género de vida
que podemos experimentar ahora mismo”.
“La vida eterna es nuestro destino, el horizonte de
plenitud definitiva de nuestra historia. Y es esa la vida a la que estamos
llamados a preparar por medio de una elección evangélica”, concluyó el Papa Francisco antes de rezar el Ángelus.
Redacción ACI Prensa








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