miércoles, 31 de mayo de 2017

VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN


FESTIVIDAD 31 DE MAYO

En la Anunciación el ángel había mencionado, como de pasada, un dato no pedido por María, que, a la vez era prueba.

Isabel, pariente ya anciana de María, daría a luz un hijo. María sabe la pena de la esterilidad de su pariente. Sabe su edad. Y se llena de caridad para estar en comunión con aquella que también juega un papel en los planes de Dios. Y, empujada por el Espíritu Santo, se pone en movimiento; quiere visitar y ayudar a Isabel en su alumbramiento; quiere darle muestras de su amor. Está movida por el cariño humano y por la caridad divina.

Y se pone en camino hacia las montañas de Judea. Comienza el caminar de Dios entre los hombre en el seno de su Madre bendita.

El camino es largo, y cuando llega “entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor” (Lc)

Todo es alegría en el encuentro. Alegría, por la visita de la pariente tan querida. Alegría por saberse ayudada en momentos tan esperados, pero nada fáciles. Pero, sobre todo, alegría que nace en el Espíritu Santo y embarga el corazón de Isabel. Alegría también del niño de Isabel que salta de gozo en su seno. Es la alegría del encuentro con Dios. Y es también alegría de María que, no sólo se siente amada, sino que ama como sólo puede amar quién está llena de Dios. Al ver la alegría de Isabel, María abre su alma y manifiesta lo más íntimo de sus sentimientos.

MARÍA EXCLAMÓ:

“Glorifica mi alma al Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador: porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; su misericordia se derrama de generación en generación sobre aquellos que le temen.
Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos.
Acogió a Israel su siervo, recordando su misericordia, según había prometido a nuestros padres, Abraham y su descendencia para siempre” (Lc).

Son palabras de la Escritura que brotan de sus labios como agua de una fuente abundante. Ha meditado mucho y ha entendido con las luces del Espíritu. Cierto que ve su pequeñez, pero ve también que las cosas que se han producido en Ella son grandes: ve la salvación de los hombres, la victoria sobre el pecado y el príncipe de éste mundo que esclaviza a los hombres; ve la satisfacción de todos los deseos de liberación que encierran en el corazón de los hombres, ve el cumplimiento de las promesas de Dios de un modo que supera todas las expectativas. Sabe que en su seno vive el Hijo del Altísimo. Y se llena de toda la alegría que puede soportar un ser humano. Por eso da gloria a Dios por tanto bien.

“María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a casa”. Hasta que nació Juan y recuperó el habla Zacarías convirtiéndose en profeta del Altísimo.


Reproducido con permiso del Autor, Enrique Cases, Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias

EL GRAN AVISO



¿POR QUÉ EL GRAN AVISO SE LLEVARA A CABO?
  • Para demostrar a todos que Dios existe.
  • Para llevar a todos a Jesús y el camino de la verdad.
  • Para diluir el impacto del pecado y del mal en el mundo a través de la conversión.
  • Para ayudarnos a ahorrar antes de que el día del juicio final, dándonos la oportunidad de pedir perdón por los pecados que hemos cometido.
  • Para convertir a los no creyentes que no tendrían ninguna posibilidad de redención sin este gran acto de misericordia.
  • Para fortalecer la fe de los creyentes.
¿QUÉ PASARÁ EN EL GRAN AVISO?
  • Toda persona mayor de 7 años experimentará un encuentro privado místico con Jesucristo, que tendrá una duración de algo más de 15 minutos
  • Es un don de Dios Padre para convertir a la gente a la verdad. Es como el Día del Juicio Final se desarrollará sólo que esta vez no será condenado. En su lugar se le dará la oportunidad de pedir perdón.
  • Dos cometas chocaran en el cielo.
  • La gente creerá que es una catástrofe peor que un terremoto, pero no lo es - es una señal de que Jesús ha venido.
  • El cielo se volverá rojo se verá como un incendio y entonces podrás ver una gran cruz en el cielo para prepararte primero.
  • Los ateos dirán que fue una ilusión global. Los científicos buscaran una explicación lógica, pero no la habrá.
  • Sera espectacular y no nos hará daño, porque se trata de un acto de Amor y Misericordia de Jesús.
  • Nuestros pecados se nos mostraran y esto nos hará sentir tristeza y vergüenza tremenda cuando se nos revelen. Otros quedaran tan enfermos y sorprendidos por la forma en que sus pecados se revelaron que caerán muertos antes de que tengan la oportunidad de pedir perdón.
  • Todo el mundo va a ver el estado de su alma delante de Dios - el bien que han hecho en sus vidas, el dolor que han infligido a los demás y todo lo bueno que ellos no hicieron.
  • Mucha gente va a caer y llorar lágrimas de alivio. Lágrimas de alegría y felicidad. Las lágrimas de admiración y de amor.
  • Porque, al fin, será posible vivir una nueva vida a partir de entonces cuando sepamos la verdad completa.

Jesús está pidiendo a todos a rezar por las almas que mueran de shock que puedan estar en pecado mortal. Todo el mundo debe prepararse ahora. Jesús pide que todos pidan por el perdón de sus pecados antes del GRAN AVISO. 

ORACIÓN DE COMBATE DE SAN MIGUEL


San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.


Esta oración debes hacerla cuando sientas que el maligno te está atacando.

DEL CALDERO A LOS ESTIGMAS, ESTA SANTA APRENDIÓ A SUFRIR CON JESÚS

Anna Schäffer le dijo a Jesús: “Haz conmigo lo que quieras”
Los santos son joyas espirituales con historias que nos quitan el aliento. Saluden a una de esos extraordinarios santos: Anna Schäffer.
Anna Schäffer nació en una humilde familia obrera de Mindelstetten en Baviera el 18 de febrero de 1882. La tercera de seis hermanos, Anna fue una buena estudiante, trabajadora, de buenas notas. De pequeña sintió una profunda vocación a la vida religiosa, pero las circunstancias a veces se interponen en el camino y cambian nuestro destino.
El padre de Anna falleció con 40 años, cuando Anna tenía 14. Corría el año 1896. Anna ya trabajaba a tiempo parcial en una casa de Regensburg, pero ahora su familia había caído en la pobreza. Su sueño había sido el de entrar algún día en una orden religiosa, pero las circunstancias la obligaban a trabajar para ayudar a mantener su familia.
Pasó por varios empleos y por fin llegó a uno en un pub llamado Gameskeeper’s Cottage, en la ciudad cercana de Stammham. Una parte de las obligaciones de su trabajo era hacer la colada.
Las lavadoras de la época victoriana estaban diseñadas con un fuego inferior que hacía hervir el agua de la cuba superior. Estas máquinas tenían tubos de metal galvanizado que servían de tiro para ventilar el humo hacia el exterior del edificio. El tiro de la máquina que estaba usando Anna se soltó de la pared, así que Anna escaló al borde de la cuba para devolver el tubo a su posición. Perdió pie y calló dentro del agua jabonosa e hirviendo. De repente estaba sumergida hasta las rodillas en el caldero de agua hirviendo, así que sus piernas quedaron escaldadas.
Llevaron urgentemente a Anna al hospital. Nada de lo que intentaron consiguió ayudarla. La operaron más de 30 veces, todas con un dolor atroz, ya que tenían que rasgar la piel muerta para quitarla y poder vendar de nuevo las piernas de la muchacha. La dieron por perdida y los expertos supusieron que moriría de infección. Los injertos de piel no asentaban y Anna quedó inmovilizada.
Sin embargo, por alguna inexplicable razón, Anna se estabilizó y en tres meses le dieron el alta.
Los médicos locales, incapaces de ayudar a Anna, la enviaron varias veces a la clínica universitaria de Erlangen para recibir tratamiento. Pero fue algo que solo le trajo angustia, ya que los “expertos” experimentaban con varios tratamientos “nuevos” en su intención de ayudarla. Incluso rompieron a la fuerza las articulaciones de sus pies, varias veces, para liberarlos de su inmovilidad. El dolor que soportó debió de ser horrible.
Nadie podía hacer nada para ayudarla y su madre debía ahora cuidar de su hija hasta el fin de sus días. Anna se embarcó en una travesía de un dolor inimaginable diario, ya que sus piernas nunca sanaban. Las heridas abiertas y supurantes siempre estaban presentes.
Pero Jesús estaba en su vida sumándose a la devoción de Anna por la Santísima Madre. Anna Schäffer estaba a punto de inspirar a muchos más de los de su comunidad local.
Anna había hecho su Primera Comunión el 12 de abril de 1893. Por entonces había tenido un profundo encuentro con Jesús. No había hablado a nadie de ello, pero escribió una carta a Nuestro Señor diciéndole: “Haz conmigo lo que quieras (…) Quiero expiar y ser un sacrificio para expiar todo el deshonor y las ofensas contra ti”. Tenía 11 años y se estaba entregando a Cristo.
En 1898, Anna tuvo una visión en la que Jesús se le apareció como el Buen Pastor y le habló del sufrimiento que iba a padecer antes de los 20 años. Escribió que Jesús tenía un rosario en Sus manos y que quería que ella rezara con fe. En aquel momento Anna se asustó, ya que la idea de todo ese sufrimiento la aterrorizaba. Sin embargo, con el paso del tiempo, aceptó el sufrimiento como suyo y lo abrazó.
El 4 de octubre de 1910, Jesús se apareció diciéndole: “Te he aceptado como expiación por mi Santísimo Sacramento. Y en el futuro, cuando recibas la Sagrada Comunión, sentirás los dolores de mi pasión, con la que te he redimido”.
Aquel día Anna recibió los estigmas. Escribió que sentía el intenso dolor de la Pasión, que se incrementaba los jueves, viernes, domingos y los días festivos.
Se convirtió en una persona querida en la localidad y la gente empezó a venir de todas partes para escuchar sus palabras amables y reconfortantes. Todos los días se acercaba más y más a Jesús y a la Santa Virgen, a medida que Jesús unía el sufrimiento de ella con el suyo propio.
En 1925, Anna desarrolló un cáncer de colon que, por entonces, no tenía tratamiento alguno. El 5 de octubre de 1925 Anna recibió la Santa Comunión. Abrió mucho los ojos y dijo “Jesús, vivo por ti”. Luego cerró los ojos e inició su viaje hacia la casa del Señor.
Desde 1929, más de 15.000 milagros se han atribuido a la intercesión de Anna Schäffer. Solo en 1998, se informó de 551 milagros por su intercesión. Anna fue beatificada en 1999 por san Juan Pablo II y canonizada como santa por su compatriota bávaro, el papa Benedicto XVI, en 2011.

Santa Anna Schäffer, ruega por nosotros.

CONSAGRARME A MARÍA ME CAMBIÓ LA VIDA, Y PUEDE CAMBIAR TAMBIÉN LA TUYA

Mi noción herida de feminidad se ordenó, y los bloqueos y las distorsiones en mi mente y mi corazón comenzaron a desaparecer.
Con ocasión del centenario de la primera aparición de la Virgen María en Fátima, muchos católicos están festejando este evento especial consagrándose, o volviéndolo a hacer, al Corazón Inmaculado de María. Yo pertenezco a la segunda categoría de personas.
Tras haber animado mucho a mi amigo Mike a realizar una consagración mariana, decidí seguirlo en la Consagración de 33 Días al Corazón Inmaculado de María que terminó en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima.
¿Por qué? Porque consagrarme a María cambió completamente mi vida
Habiendo vivido mi juventud en los años sesenta y setenta, adquirí muchas ideas inculcadas en nuestra cultura por los movimientos e ideologías de aquella época, incluso nociones distorsionadas en base a las que 1) los hombres son fundamentalmente “puercos machistas chovinistas”, 2) la “igualdad” como mujer significa vencer al hombre en su mismo juego, y 3) la liberación sexual es la clave para la libertad y la felicidad personales.
Una noción herida de feminidad me formó como joven mujer, y fuertes rastros permanecieron en mi mente y en mi corazón cuando me convertí de adulta a Cristo y luego un “regreso” al catolicismo hace casi 30 años.
Esta malentendida comprensión de la feminidad surgió de varias formas en mi vida, desde el rechazo a someterme al “grupito de viejos del Vaticano” -consideraba que no era asunto de ellos decirme lo que tenía que hacer con mi vida sexual- a alimentar rabia y amargura hacia varios hombres que me habían herido.
Igualmente fuerte era el sentido de no querer ser como la Santa Virgen, que consideraba un tapete sin voz ni voto.
Adherir a la consagración mariana
Un amigo me habló de la Consagración Total a María de san Luis de Montfort y me prometió que consagrar mi vida a María me acercaría a Cristo.
Si acercarme a Cristo me atraía mucho, la idea de ser “sierva” de María (por citar el lenguaje de san Luis) no tanto. De cualquier manera, di un salto de fe y completé la consagración de 33 días, una historia que comparto en mi libro Mary’s Way: The Power of Entrusting Your Child to God.
Poco después comenzaron a verse frutos inesperados en mi vida, y los bloqueos y distorsiones en mi mente y mi corazón comenzaron a caer como fichas de dominó.
Lo primero que desapareció fue mi fuerte resistencia a la autoridad de la Iglesia, y por extensión a los hombres que componen su jerarquía. Luego, la práctica de la anticoncepción, y con ella mis objeciones aparentemente irresolutas a estar abierta a la vida. Desapareció, por lo tanto, mi decidida oposición a las doctrinas de la infalibilidad papal y la confesión sacramental, así como a los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción de María.
Casi milagrosamente, lo que antes me parecía ridículo comenzó a tener un perfecto sentido, y empecé a notar un cambio interior respecto a la consideración de mí misma como mujer, un cambio que conllevó una profunda sanación de mis heridas y mis pecados sexuales y a la libertad de la falta de perdón y la rabia en relación a varios hombres que había encontrado en mi vida.
Junto a esto, también se modificó mi percepción de María, que comencé a ver no sólo como formidable mujer de fe, esperanza y amor, sino también como la Mujer que todas las mujeres están llamadas a imitar, el ideal de la feminidad al que tantas mujeres se deberían adherir.
Es cierto que todo esto se produjo tras mi consagración a María, llevándome a un mejor amor por Cristo y la Iglesia. No hace falta decir que donde quiera que voy exhorto a las personas a consagrarse a María, usando la Preparación para la Consagración Total de san Luis de Montfort o una nueva versión de la consagración, 33 Days to Morning Glory del sacerdote Michael Gaitley.
El centenario de las apariciones de Fátima es el momento perfecto para unirse al creciente ejército de devotos de María, un ejército que será útil para la nueva evangelización de la Iglesia en el mundo.
¿Las gracias de la consagración mariana son sólo para mujeres o pueden beneficiar también a los hombres?
Dejaré que el e-mail de Mike, que realizó su consagración en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, hable por sí mismo:
Querida Judy:
Sólo un breve mensaje para decir que la gracia de una devoción más fuerte o más plena a santa María, la santa madre de nuestro Buen Señor, ha sido extremamente positiva para mi vida espiritual. Estoy muy agradecido a Jesús por este privilegio. Ahora la veo realmente como mi principal compañera de oración, mi directora espiritual santa y glorificada y mi propia madre.
Tenías razón: poner a santa María en el lugar que le corresponde, por decirlo de alguna manera, favorece un desarrollo significativo de nuestra relación con Cristo, su Cuerpo y su Reino.
Que el “Príncipe de la Paz” (Is 9,6) siga estando contigo y con tu querida familia.
Mike


HERMANO ALBERTO Y SANTA FAUSTINA: DOS VISIONES DE LA DIVINA MISERICORDIA

El Jesús Misericordioso en la visión de santa Faustina es divino, transfigurado; Jesús en la pintura del Hermano Alberto es increíblemente humano.
Como promotor, apóstol y testigo de la Divina Misericordia, el papa Juan Pablo II tuvo un incalculable impacto en el desarrollo de esta devoción. Fue Juan Pablo quien beatificó y canonizó a Helena Kowalska (santa Faustina), la visionaria de la Divina Misericordia a quien a veces se conoce como la “secretaria de Jesús”.
Son sobradamente conocidos el Diario de santa Faustina y la imagen pintada por Adolf Hyła con la leyenda Jesús, en Ti confío, cuyo original se encuentra en el santuario de Łagiewniki.
Sin embargo, la primera imagen de la Divina Misericordia (la primera más abajo) según se le reveló a Faustina fue pintada por Eugeniusz Kazimirowski, un graduado de la Academia de Bellas Artes de Cracovia. La pintura se realizó en Vilna en 1934 a petición del padre Michał Sopoćko, según las directrices de santa Faustina. La obra todavía se encuentra en Vilna, en el santuario de la Divina Misericordia. Según parece, sor Faustina quedó decepcionada porque la obra le hacía poca justicia a la belleza de “su” Jesús.
La monja no llegó a ver la segunda pintura, obra de Hyła (la segunda, abajo).
Polonia celebra ahora a san “Hermano Albert” Chmielowski conmemorando el centenario de la muerte del santo (25 de diciembre de 2016).
La imagen del Hermano Alberto no es en absoluto como las creadas a partir de la visión de Faustina. Sin embargo, la imagen de Alberto apunta a otra faceta de Jesús, la del Dios-hombre que permitió ser juzgado aunque era inocente, que realizó el camino de la pasión y la humillación solo para resurgir en gloria de entre los muertos.
Me refiero a la pintura titulada Ecce Homo, del santuario Ecce Homo de las Hermanas de san Alberto, localizado en el distrito Prądnik Czerwony en Cracovia.
Chmielowski comenzó a pintarlo en Leópolis, Ucrania, en 1879, cuando todavía no era el Hermano Albert. Llevaba consigo la pintura a todas partes, hasta que por fin se estableció en Cracovia. El Hermano Alberto nunca completó la pintura. Centrado siempre en el rostro de Jesús, lo contemplaba y lo corregía, una y otra vez…
En 1904, añadió unos cuantos elementos y donó la pintura al arzobispo católico griego Andrzej Szeptycki, de Leópolis. Fue el arzobispo quien se percató de que el manto rojo de Jesús tiene la forma de un corazón, gracias a lo cual toda Su figura ensangrentada y apaleada se convierte en el corazón y fuente del Amor hacia todas las personas.
El Hermano Alberto dio al arzobispo Szeptycki su pintura más importante y mística, una en la que había trabajado más de una década, durante un proceso en el que él mismo había cambiado. En este tiempo, había experimentado la Misericordia de Dios, sacrificado su propia vida al servicio de los pobres y los necesitados, a expensas de su propia carrera como artista. Con el tiempo, a pesar de su considerable talento, abandonó por completo la pintura.
El Jesús Misericordioso en la visión de santa Faustina, transfigurado, es una imagen que destaca su divinidad. Porta un halo alrededor de su cabeza y alza su mano derecha en gesto de bendición. Sangre y agua, indicativos de las fuentes de misericordia para los pecadores, brotan de Su corazón.
En la pintura del Hermano Albert, la imagen de Jesús destaca su increíble humanidad. La imagen muestra a un hombre mutilado sosteniendo un junco en lugar de un cetro real, con una corona de espinas que perfora sus sienes. Sus ojos están medio cerrados por el insoportable dolor y sufrimiento.
¿Qué falta en esta pintura? El artista no terminó el halo ni la mano. ¿Quizás seamos nosotros quienes debamos convertirnos en Sus manos, trabajando activamente por el bien de esas personas a quienes Cristo quiere acercarse y mantener cerca de Su corazón?
Etapas de un mismo camino
Según indica el papa Francisco, la adoración de la Divina Misericordia y la oración deben ir acompañadas de nuestras propias obras diarias de misericordia. Ecce Homo y Jesús, en Ti confío parecen ser etapas de un mismo camino.
Estamos llamados a continuar buscando en el prójimo la imagen de Dios, la de Cristo crucificado. Pasamos a Su lado en la calle, en el trabajo, en casa o al salir de la iglesia, quizás al volver de una peregrinación a Łagiewniki…
El Hermano Alberto nunca participó en peregrinaciones, aunque sí trabajó infatigablemente por los pobres, los huérfanos, personas con impedimentos en su desarrollo físico o mental, los que cargan con los grilletes de la adicción, las víctimas de la peste y la guerra, los ancianos, etc.
Su camino vital fue una inspiración para religiosos y religiosas de las dos congregaciones que fundó y, también, para Karol Wojtyła.
El futuro papa encontró inspiración en el Hermano Alberto y escribió una obra de teatro sobre él, Hermano de nuestro Dios. Como Chmielowski, Juan Pablo renunció a su carrera como artista (en el teatro) para consagrarse totalmente al servicio de los demás. Como Supremo Pontífice beatificó (1983) y canonizó (1989) al polaco Maestro de los Pobres.
¿Qué tienen en común el Hermano Alberto y sor Faustina? Juan Pablo II, Cracovia y la Misericordia
Chmielowski no experimentó ninguna visión, aunque su pintura es algo más que unas pinceladas sobre un lienzo. Sigamos la cronología de los acontecimientos.
El Hermano Alberto fallece de cáncer en 1916 en Cracovia. Por entonces Helenka Kowalska tiene 11 años. A los 17 quiere entrar en una orden religiosa, pero sus padres se oponen.
En junio de 1924 va a una fiesta en el parque Wenecja en la ciudad de Łódź, donde trabajaba por esa época. Mientras baila, ve a Jesús “como durante el Camino del Calvario”, en agonía, despojado y herido. Jesús le preguntó “¿Cuánto me queda por sufrir todavía […]?”. Impactada por esta experiencia y contra la voluntad de su familia, Helena toma una decisión que la pone en el camino de la santidad. ¿Tal vez fuera el Jesús que vio en el parque el Ecce Homo del Hermano Alberto?
No parece haber ningún rastro evidente de que santa Faustina se inspirara directamente en el Hermano Alberto. Sin embargo, ambos se han convertido en parte integral del mapa espiritual de la Iglesia.
Artículo traducido y adaptado de la edición polaca de Aleteia

5 MODALIDADES DE CHISME, EL MAL USO DE LA PALABRA

Hablar a la ligera de los demás puede causar grandes daños que ni siquiera imaginamos.
Una de las “categorías” de pecado que acostumbramos minimizar con más frecuencia es la de los pecados de la lengua o de la palabra. Sin embargo, tal vez la manera más común de pecar sea precisamente el mal uso de la palabra. Con gran facilidad, casi sin pensar, nos involucramos en chismes, rollos, mentiras, exageraciones, ataques venenosos y observaciones sin caridad.
Con la lengua, podemos esparcir el odio, incitar a los demás al miedo y la malicia, difundir desinformación, fomentar la tentación, desanimar, enseñar el error y arruinar reputaciones. No cabe duda de que podemos causar graves daños por medio del don de la palabra, con el que podríamos, por otro lado, hacer mucho bien.
Y también podemos causar estragos por omisión, ya que, con frecuencia, permanecemos en silencio cuando deberíamos hablar; dejamos de corregir los errores del prójimo cuando deberíamos abordarlos con la debida discreción y gentileza.
En nuestra época, el triunfo del mal está ampliamente amparado por el silencio de los buenos; por nuestro silencio como pueblo cristiano, incluso. Los profetas deben anunciar la Palabra de Dios, pero nosotros, muchas veces, encarnamos lo que dijo Isaías en el capítulo 56, versículo 10: “Sus vigías son ciegos, ninguno sabe nada; todos son perros mudos, no pueden ladrar; ven visiones, se acuestan, amigos de dormir.”
Bien decía Santiago: “Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto” (Stg 3,2). Es verdad que no todo el pecado de palabra es grave o mortal, sin embargo, podemos infringir grandes males con nuestro hablar: por eso, los pecados de la lengua pueden llegar, sí, a ser graves y mortales. Jesús nos advierte: los hombres tendrán que dar cuenta, el día del Juicio, de toda palabra ociosa que hayan dicho (cf. Mt 12,36).
Por ello, vamos a concentrarnos en un aspecto del pecado de la palabra que comúnmente llamamos “chisme”.
En una definición general, ese término puede aplicarse a comentarios triviales sobre la vida ajena, más aún cuando es considerada específicamente como pecado, el chisme consiste en hablar de alguien de manera injusta, mediante la mentira, la divulgación de asuntos personales o privados que no se refieren a nadie, excepto a la propia víctima del chisme
Generalmente, el chisme implica conversaciones inapropiadas y sin caridad sobre personas que no están presentes. Además, el chisme casi siempre añade errores y variaciones en la información que se transmite.
Santo Tomás de Aquino incluye el chisme en su tratado sobre la justicia (II, IIae 72-76) en la Suma Teológica, ya que, a través del chisme, perjudicamos la reputación de los demás. El Catecismo de la Iglesia Católica también incluye los chismes como materia del octavo mandamiento, el de “no darás testimonio falso contra tu prójimo”.
Con base en las diversas formas de injusticia en el hablar, identificadas por santo Tomás de Aquino, podemos mencionar varias modalidades de pecados de la lengua:
1 – La ofensa o injuria
Consiste en deshonrar a una persona, normalmente en su presencia y, con frecuencia, también frente a terceros. La ofensa o injuria es cometida de forma abierta, audible y generalmente motivada por impulsos de rabia y falta de respeto personal. Puede incluir insultos, malas palabras y hasta “malos deseos”.
En el día a día, no siempre nos damos cuenta de que la injuria es una forma de ataque a la reputación de la persona ofendida, pues, al contrario del chisme, que en general es hecho a sus espaldas, la injuria u ofensa es “hecha a la cara” de la persona, que, por lo tanto, tiene oportunidad de defenderse.
Incluso así, la injuria debe ser mencionada cuando citamos los pecados de la lengua porque camina codo a codo con la deshonra, perjudicando la buena fama de la víctima. Su esencia es muy cercana a la del chisme. Injuriar es un pecado que tiene la intención de causar vergüenza o deshonra personal. Hay formas más adultas y cristianas de resolver los malentendidos.
2- La difamación
Consiste en hablar mal del prójimo de manera injusta y a sus espaldas. Es menoscabar el buen nombre de alguien frente a terceros, pero sin que la víctima lo sepa. Este tipo cobarde de chisme impide que la persona de quien se habla pueda defenderse o aclarar lo que está siendo dicho a su respecto. Podemos mencionar dos modalidades de difamación.
a) La calumnia: Consiste en decir mentiras sobre alguien a sus espaldas.
b) La detracción o maledicencia: Consiste en decir verdades sobre alguien a sus espaldas, pero verdades que son perjudiciales para ese alguien y que los demás no tienen necesidad alguna de conocer. Se trata de información que, por más verdadera que sea, tiene el potencial de ofender innecesariamente la reputación o perjudicar el buen nombre de la víctima frente a los demás. Por ejemplo, puede ser verdad que fulano tiene ciertos problemas con alguna adicción, pero es una información que no necesita compartirse con cualquiera. Hay momentos, está claro, en que podría ser importante compartir ciertas verdades con los otros, pero solamente si fuera con personas que, por una causa justa, necesitan conocer esa información. Además, mejor sólo compartir legítimamente la información que es estrictamente necesaria, evitando un informe excesivo, motivado por la curiosidad fútil y mezquina.
3 – La murmuración-sabotaje
Podemos identificar un tipo específico de chisme que se parece mucho a la difamación, pero que tiene matices particularmente graves. Mientras que el difamador habla por la espalda con el objetivo de perjudicar la reputación de la persona ausente, el murmurador-saboteador es un chismoso que, además de hablar a las espaldas, crea problemas concretos en su víctima, llevando a las personas a actuar contra ella. Tal vez pretenda perjudicarla profesionalmente; tal vez su objetivo sea incitar reacciones de ira o incluso de violencia contra la víctima de sus intrigas. El hecho es que el chismoso que practica la murmuración-sabotaje quiere incitar alguna acción contra la persona de quien chismea. Esto va más allá del prejuicio de la reputación: en este caso, el intrigante pretende perjudicar, por ejemplo, las relaciones, la economía, la situación legal de su víctima, etc.
4 – La ridiculización
Consiste en hacer que las personas se rían de alguien, de alguna característica física o de comportamiento, manera de ser, etc. Esto puede parecer algo leve, pero muchas veces, es un tipo de rumor que se transforma en burlas o en palabras humillantes y ofensivas, que disminuyen a la persona o la deshonran dentro de la comunidad. En no pocos casos, la ridiculización se transforma en lo que hoy en día se conoce como “bullying”.
5 – La maldición o “malos deseos”
Es el deseo públicamente expresado de que una persona sea víctima de algún mal o sufra algún daño. El “mal deseo” puede o no decirse frente a la propia víctima; pero el hecho es que se trata de un tipo de pecado de la lengua que también provoca la deshonra de la víctima frente a terceros. El objetivo es maldecir a alguien, con frecuencia, es incitar a otros a tener rabia contra esa persona.
La seriedad de esos pecados
La seriedad de esos pecados de la palabra o de la lengua depende de una serie de factores, entre los cuales el alcance del daño cometido contra la reputación de la víctima, las circunstancias de lugar, tiempo y lenguaje usado y cuántas y cuáles personas oyeron los comentarios venenosos.
Uno de los tesoros valiosos de cualquier persona es su reputación, ya que en él reposa su posibilidad de relacionarse con otros y de involucrarse en casi todas las formas de interacción humana. Es muy serio, por lo tanto, perjudicar la reputación de alguien.
¿Cuándo es necesario hablar algo sobre alguien?
Es verdad que, a veces, necesitamos tener conversaciones sobre personas que no están presentes. Tal vez estemos en busca de consejos para lidiar con una situación delicada; tal vez necesitemos algún incentivo para lidiar con una persona difícil o tengamos que hacer una verificación legítima de hechos. Tal vez, especialmente en contextos profesionales, seamos invitados a evaluar a algunos colegas, funcionarios o situaciones.
En casos como esos, tenemos que limitar el objetivo de nuestras conversaciones a lo estrictamente necesario, abordando solamente las personas y hechos que de verdad necesitan ser abordados.
Al buscar consejo o incentivo, debemos hablar solamente con personas que sean de confianza y que puedan razonablemente ser de ayuda. Siempre que sea posible, debemos omitir detalles innecesarios, entre los cuales el nombre de la persona de quien estamos hablando. La discreción es la palabra clave también en las conversaciones necesarias sobre el prójimo.
Por otro lado, es importante saber que el sigilo extremo puede ser inútil y hasta perjudicial. Hay momentos en que las situaciones flagrantes necesitan abordarse de manera directa y bien clara. En este tipo de casos, tenemos que seguir las normas establecidas por Jesús en el Evangelio de Mateo:
“Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano” (Mt 18, 15-17).
En otras palabras, la discreción debe abrir espacio también a la trasparencia en determinadas circunstancias, como en las que una comunidad necesita tratar ciertas cuestiones de forma pública y clara.

El Salmo 141, 3 eleva a Dios esta plegaria:
“Pon, Yahveh, en mi boca un centinela, un vigía a la puerta de mis labios”.
Nosotros también podemos hacer oraciones como esta:
“¡Ayúdame, Señor! Mantén tu brazo sobre mi hombro y tu mano sobre mi boca. Pon tu palabra en mi corazón, de modo que, cuando hable, seas Tú, en realidad, quien habla por medio de mí. Amén”