miércoles, 28 de abril de 2010

UN EQUIPO DE CIENTÍFICOS ASEGURA HABER DESCUBIERTO EL ARCA DE NOÉ EN EL MONTE ARARAT


PIDEN QUE SE DECLARE LA ZONA COMO PROTEGIDA

Un grupo de investigadores asegura que ha encontrado el emplazamiento del arca con la que Noé logró escapar del diluvio universal que se describe en el libro del Génesis. Dicen estar seguros al 99,9%, pero ya ha habido otros antes en afirmarlo.

Un grupo de investigadores integrado por expertos turcos y chinos asegura haber localizado la bíblica Arca de Noé en el Monte Ararat, según informa la prensa turca.

Uno de los miembros del grupo, el documentalista chino, Yang Ving Cing, aseguró que han localizado una estructura de madera antigua a una altitud de 4.000 metros en el Ararat, situado al este de Turquía, cerca de la frontera con Irán.

El explorador, miembro de una organización internacional dedicada a la búsqueda de la mítica embarcación en la que Noé y su familia escaparon del Diluvio Universal, aseguró que los restos encontrados tienen una antigüedad de 4.800 años.

Casi seguros...
«No es cien por cien seguro que sea el Arca, pero sí pensamos que lo es al 99,9 por ciento», indicó Ving en declaraciones a la agencia turca Anadolu. «La estructura del barco tiene muchos compartimentos y eso señala que pueden ser los espacios en los que se ubicaron los animales», indicó.

También explicó que ha contactado ya al Gobierno turco para pedir que proteja la zona y poder iniciar las excavaciones y añadió que se solicitará a la Unesco que incluya esta región en su listado de patrimonio de la humanidad.

... aunque no son los primeros en decirlo
No es la primera vez que grupos de buscadores del Arca aseguran haber localizado la embarcación en el Ararat, la montaña más alta de Turquía, donde la Biblia narra que varó Noé cuando bajaron las aguas del Diluvio Universal.

En junio de 2006 un grupo de 14 exploradores aseguraron haber encontrado el arca en Irán y tan sólo a unos 20 kilómetros del Ararat se encuentra otro paraje candidato a contener la embarcación bíblica.
R.R./ReL

DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO


¡Qué dicha encontrarse nuevamente con el Señor, había vencido verdaderamente a la muerte!

Contemplaremos, paso a paso, un hermosísimo pasaje evangélico. Veremos a los apóstoles que, atemorizados, se escondían bajo llave. Veremos a Jesús que amorosamente se acerca a ellos y les anima. Veremos al apóstol Tomás que no se anima a creer en la Resurrección del Señor.

Cuando se está lejos de Jesús, o cuando se le desconoce, la vida de una persona se convierte en una angustia permanente. ¿Qué sucede cuando una persona que no cree en Dios se entera que ha de morir pronto por una enfermedad incurable? ¿Que sucede con una persona que no cree en Dios y pierde a un ser querido, o sufre un terrible accidente? ¿Acaso no se llena de angustia, de miedo, de duda? Pero, cuando verdaderamente se cree en Dios, la persona atribulada confía y no se angustia. Nuestro mundo de hoy vive angustiado todo el tiempo pues no conoce o no quiere aceptar a Jesucristo.

Contemplemos este pasaje evangélico que el apóstol San Juan nos transmite por medio de la Liturgia de la Palabra. Observemos, paso a paso, lo acontecido en aquella ocasión. Observemos a los protagonistas del pasaje y presenciemos personalmente lo ocurrido.

Era el día de la Resurrección. Era ya de noche. Los discípulos de Jesús, diez únicamente (pues Judas, quien había traicionado y vendido al Señor, se había quitado la vida; Tomás estaba ausente), se encontraban encerrados bajo llave en una casa. Estaban llenos de miedo por los judíos. Asustados, temerosos, no comprendían qué pasaba. Por la mañana, María Magdalena les había dicho que Jesús había resucitado, que ya no estaba en la tumba. Pedro y Juan fueron corriendo presurosos a ver el sepulcro, la tumba, donde habían depositado el cuerpo del maestro. Ellos no creían lo dicho por María Magdalena. Creían que el cuerpo había sido robado y temían que los judíos los maltratasen. Además, estaban tristes pues ¿de qué les había servido haber dejado familias, trabajo, fama y tranquilidad para seguir a Jesús durante tres años y haber terminado con la sentencia de muerte, ejecución y sepultura del maestro? Estaban desconcertados, atemorizados y tristes. ¡Pobres discípulos! Se sentían huérfanos.

Mas de pronto, en medio de esa comunidad atemorizada y encerrada bajo llave, el Señor se presenta amorosamente. ¡Cuál habrá sido el susto que ellos se habrán llevado al ver que un resucitado se les aparezca! Tres días antes lo habían enterrado muerto después de un suplicio horrible! Ahora Él se presenta en medio de ellos. Conociendo el Señor que estaban tan atemorizadas y que su aparición les iba a aumentar los temores, les dice amorosa y tiernamente: “La paz esté con Ustedes”. Ellos se tranquilizan. El Señor nuevamente les ayuda, pues les muestra las heridas causadas por los clavos en las manos, y la herida causada por la lanza en el costado. Entonces, esos discípulos que estaban llenos de miedo, de tristeza, se alegran de ver al Señor.

¡Qué dicha encontrarse nuevamente con el Señor! En esos momentos, reconocían que era verdad todo lo que les había dicho. Lo veían a Él resucitado, vivo. ¡Había vencido verdaderamente a la Muerte!

Seguramente San Pedro se abalanzó sobre el Señor. Le habrá abrazado y besado. Habrá llorado de alegría al ver a su maestro nuevamente. Las lágrimas habrán corrido nuevamente por sus mejillas, pero ya no de tristeza por la traición, sino de alegría por el reencuentro con el maestro amado.

Y el Señor, amorosamente, les vuelve a decir que la paz esté con ellos. ¡Qué encuentro tan maravilloso! ¡Único! Jesucristo resucitado y sus amados discípulos. El reencuentro después del dolor. La alegría después de la tristeza.

Él les habla, le conforta, les da muestras de cariño, junto con nuevas indicaciones. Les da de regalo al Espíritu Santo, y el poder de perdonar los pecados. Además de abrirnos las puertas del Cielo, de la vida eterna, además de haber muerto por todos los hombres, además de habernos amado tanto, Jesús sigue regalando cosas a sus amigos, a sus amados, a sus hijos.

¡Qué alegría! ¡Qué gozo! ¡Qué tranquilidad habrá sido el volver encontrase con el maestro! Los discípulos habrán recobrado vida después de tan duras penas sufridas.

Y el Señor se marcha… Los vuelve a dejar…

Cuando Tomás, el discípulo ausente, regresa, los compañeros le cuentan lo ocurrido. Pero él no les cree. Se imagina que el miedo y la tristeza les hacen ver fantasmas o algo así. Les dice: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. ¡Pobre Tomás! No creía. Aún pedía pruebas de lo que sus compañeros le decían. Él no comprendía cómo Jesús pudo morir de forma tan vil si era Dios.

Pasan ocho días más. Era el siguiente domingo, el primero después de la Resurrección. Ese día, sí estaba Tomás con los demás discípulos. El Señor se les vuelve a aparecer. Y amorosamente le invita a que meta sus dedos en las heridas, para que crea. Al instante el buen Tomás se arrodilla y le dice “¡Señor mío y Dios mío!” A lo que le responde el Señor: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que crean sin haber visto”. En ese momento, el Señor pensó en todos nosotros, que creeríamos sin que lo hubiéramos visto.

El Señor nos invita a creer a pesar de no haber visto. A creer en el amor infinito de Dios por nosotros. Y junto con toda la Iglesia en este Jubileo del Año dos mil. Nos invita a la conversión, a volver a Dios, a alejarnos de la vida de pecado. Recordemos que para esto ha venido Jesucristo, para rescatarnos del pecado y abrirnos nuevamente las puertas el cielo. Y, para ello, recordemos que espera que cada uno de nosotros libremente lo busque a Él.

No dejemos pasar el tiempo. Volvamos a la casa del Padre. Sigamos los caminos de nuestro Señor Jesucristo: Amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo. Si amamos realmente estaremos en el camino de la conversión, pues quien verdaderamente ama es quien imita a Dios, pues Dios es amor, nos dice el apóstol san Juan, y el mandato de Jesucristo es: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Por ello, la auténtica conversión del corazón es la imitación de Cristo amoroso, quien nos amó y se entregó por nosotros.

La Iglesia, por medio del catecismo, nos recuerda que cada persona, tú o yo, hemos de responder libremente a la invitación que Dios nos hace para creer. Esa respuesta muy personal de cada uno, es la fe.

Nos recuerda, también, que la fe no es algo nada más personal, pues no la habríamos recibido si no hubiese otras personas que nos la transmitieran. Por ello, es necesario que todos transmitamos a otras personas esa fe.

Recordemos que no es suficiente creer en Jesucristo para que alcancemos la vida eterna y nos salvemos. Es necesario que nuestra vida se transforme en una vida llena de obras de acuerdo a los mandatos de Jesucristo: obras llenas de amor a Dios y a nuestros hermanos los hombres.

La fe no llega así porque sí a los demás. Es necesario que haya otras personas que la lleven a los que no la conoces. Todos los cristianos, todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a transmitir la fe a los demás, empezando por nuestros hijos.

Nadie puede dar lo que no conoce. Por ello es necesario que conozcamos cada día mejor nuestra fe, para que la podamos transmitir a los demás, empezando por los de casa.
Autor: Pa´ que te salves

LA HORRIBLE PALABRA DOGMA


Los cristianos, los judíos y los mahometanos creen en el dogma: «No hay más que un solo Dios»

Es bastante típico de nuestra época confusa, llena de fuegos fatuos irreflexivos, el hecho de que la palabra dogma se haya convertido para muchos casi en un improperio. Se habla de postura dogmática y con ello se quiere decir postura ergotista. Se califica a una persona de dogmática y con ello se pretende expresar que es un testarudo obstinado. Se proclama con indignación que en la época actual no queda ya lugar para dogmas. Pero el mayor reproche va dirigido a las iglesias, acusándolas de dogmatismo extremado en sus doctrinas.

El maestro que nos enseña que dos por dos son cuatro nos está enseñando un dogma, un dogma aritmético. Naturalmente soy muy libre de desconfiar de él considerándole un testarudo obstinado y ergotista. Pero si quiero llegar a algún resultado en aritmética, no tendré más remedio que aceptar su dogma globalmente. Claro que en este caso resulta fácil de comprobar. En otros terrenos es a veces más difícil.

Pero el concepto de dogma no queda agotado con la traducción de la palabra griega. Un dogma es un artículo de fe o de doctrina, que es obligatorio aceptar si se desea pertenecer al credo o doctrina correspondiente, y la aceptación del dogma o de los dogmas es lo que constituye la calidad de socio. Y no existe ninguna doctrina - tanto si es religiosa como política o científica - que no tenga dogmas: No existe, ni puede tampoco existir, pues la falta de dogmas sería la libertad sin límites, y la libertad sin límites es la anarquía, es decir, lo contrario de una doctrina. Toda doctrina establece límites. El liberal tiene que creer en los principios del liberalismo, pues de lo contrario no será liberal. El cristiano, cualquiera que sea su confesión, deberá creer en Cristo, pues de lo contrario no será cristiano.

Los cristianos, los judíos y los mahometanos creen en el dogma: «No hay más que un solo Dios». Quien cree en quince dioses o en dos o en setecientos, no podrá ser ni cristiano, ni judío, ni mahometano. En todas las doctrinas existen cuestiones facultativas, que pueden aceptarse, pero que no es obligatorio aceptar. Los dogmas son simplemente aquellas cosas que estamos obligados a aceptar si queremos «pertenecer a ello», son el hueso duro del fruto y sin él no puede haber fruto.

La sangre es líquida, los tendones y músculos son elásticos, los tejidos son blandos, pero los huesos tienen que ser duros, si queremos caminar derechos.
Autor: Louis de Wohl

martes, 27 de abril de 2010

TESTIMONIO DE JORGE


Hno. José
Se dirige a Ud. alguien muy atormentado y muy infeliz. Trataré de ser breve para no aburrirlo.

Mi vida tenía todo para ser de lo más agradable y satisfactoria. Yo mismo me he encargado de que no sea así. Mi infancia fue en verdad feliz. Mi padre obrero y a su manera me quiso mucho. Mi madre con estudios universitarios siempre me inculcó la fe en Dios y me dio mucho cariño, aunque siempre tratando que yo hiciera lo que ella consideraba pertinente.

Apareció la lujuria muy temprano en mi vida y hasta la fecha ha sido la causante de todas mis angustias y todos mis pesares. Para darme seguridad en mi juventud, empecé con el tabaco, después con el alcohol y posterior a esto con la cocaína, a la cual estuve encadenado de los 32 años a los 40 más o menos. Acudí a todos los lugares donde había mujeres, tuve todas las novias y amantes que yo quise.

Me case hace 20 años y tengo ya casi un año de vivir con otra mujer que apareció en mi vida hace 18 años, nos enamoramos y llevé una doble vida todo ese tiempo. Ahora vivo con ella y con sus padres que ya están ancianos y que por supuesto estuvieron de acuerdo en que yo llegara a vivir ahí porque ella es la encargada de atenderlos y llevarlos a todos lados. Me quiere mucho, se desvive para atenderme, en fin si yo no tuviera conciencia seria muy feliz, he tratado de serlo... pero no puedo. Y no puedo porque tengo “Temor de Dios”, porque el Señor Jesucristo me ha dado tantas cosas, tantas señales, tantas oportunidades de vivir que me siento totalmente endeudado con Él.

La principal causa de que no he regresado a mi casa es que no sufra esta mujer, pero creo que ya le di gran parte de mi vida y ya le toca su parte de sufrimiento. Por otro lado mi mujer de la cual no le he platicado, es una buena mujer, trabajadora aunque muchas veces descuida a los hijos por su trabajo pero es lo único que le puedo reprochar y es la mujer que Jesús escogió para mi.

Hno. José, no tengo el gusto de conocerlo y sé perfectamente que me dirá que pida perdón a mi mujer y que vuelva lo mas rápido posible a mi casa, con mi familia.

Gracias por tomar en cuenta este correo y espero que rece por mi, para que la lujuria no me vuelva a llevar por otros caminos que no sean los de Dios.

Me llamo Jorge, soy medico, y sobre todas las cosas que me atormentan es no poder recibir debido a mis pecados la Eucaristía.

Le agradezco su atención y gracias de nuevo.
Jorge

Respuesta:

Creo que más debería reprocharte tu mujer que tú a ella, pero en fin, gracias al “Temor de Dios” se nota que tus intenciones de regresar son sinceras. Por si acaso el Temor de Dios no consiste en tenerle miedo por lo que te pueda Él hacer, sino es el temor de ofenderlo. Me alegra que extrañes la Comunión, pero primero arregla tus asuntos.

Tampoco te creas un dulce, un regalo, hacia la mujer que actualmente vive contigo. Ella, seguramente por falta de amor estuvo contigo, y si te vas no creas que quedará satisfecha solamente porque le diste algunos años de tu vida. Ojalá que ella pueda reiniciar una vida digna en el camino del Señor.

Por otra parte creo que tú sabes – por lo que leo – lo que tienes que hacer: Pedir perdón por todas partes, confesión y comunión.

Te deseo lo mejor para ti y tu familia y nosotros, los del grupo de oración, oraremos para que todo les vaya bien. Tengo tus datos.
José Miguel Pajares Clausen
27 de Abril 2010

MARÍA, NUESTRA MADRE, Y SUS DEVOTOS


El Alcázar de Toledo
Sucedió en la guerra civil española (1936-1939). La ciudad de Toledo había sido ocupada totalmente por los comunistas, pero quedaba por dominar el Alcázar de Toledo, que había sido la Academia militar para oficiales. Allí se refugiaron un total de 1.100 hombres con 800 mujeres y niños. Los atacantes los cercaron con diez mil soldados, pero no pudieron vencerlos. ¿Por qué? Los 1.100 hombres del Alcázar eran “soldados de María”, se habían consagrado junto con su coronel Moscardó a María y Ella, la vencedora de mil batallas, los defendió hasta el último momento. Humanamente es inexplicable cómo pudieron resistir 71 días de asedio. Pero María velaba por ellos. Organizaron el Rosario perpetuo, día y noche, ante la imagen de la Virgen. Dos veces al día se reunía toda la guarnición para rezar el rosario y así pudieron resistir a pesar de que dinamitaron el Alcázar con cargas explosivas subterráneas, a pesar de la falta de agua y de alimento y de que se acababan las municiones.

A los 72 días de asedio el General Franco les mandó ayuda y fueron liberados. Al ser preguntado el Coronel Moscardó cómo había sido posible vencer en lucha tan desigual, decía: “Preguntádselo a María. Ella era la Generala del Alcázar. Ella daba valor a nuestros corazones. Ella nos salvó”.

El Legionario y las Tres Avemarías
Ocurrió también en la guerra civil española. Un legionario rezaba todas las noches tres avemarías delante de sus compañeros. Éstos le decían: Tú dices que eres ateo y, sin embargo, rezas todos los días a la Virgen tres Avemarías. ¿Por qué? Y él contestaba: mi madre antes de morir me hizo prometerle que todos los días rezaría tres Avemarías a la Virgen y yo soy un hombre de palabra y lo cumplo. Una noche, a las dos de la mañana, se fue a ver al capellán del batallón y le dijo: Padre, presiento que voy a morir y necesito confesarme. Se confesó y con la conciencia tranquila se fue a dormir. Al día siguiente, una bala le traspasó el corazón. Las tres Avemarías le habían obtenido de María la gracia de la conversión.

Convertido del Comunismo
Douglas Hyde, famoso periodista inglés en su libro “Yo creí” cuenta su conversión después de 20 años como miembro activo del Partido Comunista inglés. Una mañana sucedió algo. Entré en una iglesia católica y me senté en el último banco. Entonces entró una joven de unos dieciocho años, pobremente vestida y no muy agraciada. Al pasar por mi lado vi la expresión de su rostro, parecía gravemente preocupada. Con paso decidido avanzó por el centro de la Iglesia hacia el altar, después giró hacia la izquierda, encaminándose a un reclinatorio en el que se arrodilló delante de una imagen de la Virgen María. Encendió una vela y echó unas monedas en la alcancía... Después de rezar un rato, cuando salía, miré su rostro. Su grave preocupación había desaparecido, parecía tranquila y, sin embargo, yo hacía meses y años que llevaba a cuestas el peso de la mía.

Cuando estuve seguro de que nadie me veía, me encaminé por el centro de la Iglesia, giré al lado izquierdo, eché unas monedas en la alcancía y encendí una vela, me arrodillen el reclinatorio delante de la Virgen e intenté rezar. Pero ¿cómo se rezaba? Yo no sabía rezar. Intenté recordar alguna oración dedicada a Ella de la literatura medieval o alguno de los poemas de Chesterton o Belloc. Pero fue inútil. Mientras tanto la vela se iba consumiendo, y no se me ocurría nada. Cuando salí, traté de recordar las únicas palabras que había pronunciado y casi me eché a reír. Era la letra de una música del año 20 de un disco de gramófono: “Oh dulce y encantadora dama, sed buena, sed buena conmigo”.

A los pocos días, el 17 de Enero de 1948, telefoneó al colegio de los jesuitas de su barrio y comenzó su preparación para bautizarse con su esposa y sus dos hijos.

San Alfonso de Ratisbona
En la Iglesia de San Andrés delle Fratte de Roma se lee en la capilla de la Virgen: “El 20 de enero de 1842 Alfonso de Ratisbona de Estrasburgo vino aquí judío empedernido. La Virgen se le aparecíó como la ves. Cayó judío y se levantó cristiano. Extranjero: lleva contigo este precioso recuerdo de la Misericordia de Dios y de la Santísima Virgen”.

Un amigo suyo, Teodoro de Bussieres, convertido del protestantismo, le había entregado una medalla “milagrosa” y una copia de la oración “Acordaos” de San Bernardo, para que la rezara todos los días. Aquel mismo día 20 de enero de 1842 su amigo Teodoro había escrito en su diario: “Alfonso sigue en su obstinación. Su espíritu siempre burlón, sus pensamientos completamente terrenos”.

A la una de la tarde se va a la Iglesia de San Andrés a rezar y se encuentra casualmente con Alfonso y le invita a entrar. Algo maravilloso pasó allí. Cuando su amigo extrañado se lo preguntó, le dijo: “Lo que tengo que decir, sólo lo puedo decir de rodillas”. Fueron juntos a ver al P. Villefort y, entonces, sacó su medalla y besándola dijo: “La he visto, la he visto. Estaba yo en la Iglesia hace unos minutos y me sobrecogió una turbación indecible. Todo el edificio desapareció de mi vista, vi un gran resplandor y en medio de aquel resplandor sobre el altar se me apareció erguida, espléndida, llena de majestad y de dulzura la Virgen María tal y como está pintada en la medalla y me sonrió, no me dijo nada, pero yo lo comprendí todo”. Actualmente Alfonso es un gran santo de la Iglesia: San Alfonso de Ratisbona, sacerdote.

San Pedro Celestino
Escribió: Recuerdo que, siendo niño de corta edad se me introdujo en el ojo derecho una astilla de madera. La herida que recibí fue tal que al cabo de poco tiempo no podía ver en absoluto. Los médicos diagnosticaron la mayor gravedad y dijeron que el ojo derecho estaba perdido irremisiblemente. Pero mi madre llena de confianza en la Santísima Virgen me llevó a una de sus iglesias en donde permanecimos toda la noche. Pues bien, a la mañana siguiente mi ojo estaba completamente curado y no había señal alguna de la herida.

Unidos por María
El diario francés La Croix del 12 de Septiembre de 1915 narraba el siguiente suceso: En el campo de batalla yacía gravemente herido un soldado francés y junto a él también gravemente herido un soldado alemán. El francés sacó con mucho esfuerzo un crucifijo que tenía en el bolsillo, lo besó y empezó a rezar el Avemaría en latín. El alemán también se unió y rezó con él el Avemaría. Después el francés le tendió su crucifijo, el alemán lo besó, se dieron la mano y así unidos y rezando murieron. Dos soldados enemigos, unidos por María, muriendo como hermanos.

Alexis Carrel
Fue un gran médico (1873-1944), premio Nóbel de Medicina. En su libro “Un viaje a Lourdes” narra el comienzo de su conversión al catolicismo. Fue a Lourdes y vio a una mujer, María Ferrand, moribunda. La trasladó sobre una camilla delante de la Gruta de la Virgen y de su corazón angustiado salió este deseo: “Quisiera creer. Virgen María, curad a esta muchacha. Haced que viva y haced que yo crea”. Y ante sus ojos asombrados ocurrió el milagro. Y escribió: “Eran las tres de la tarde cuando María Ferrand dijo: “¡Estoy curada!”. Se le dio una taza de leche y se recuperó. El dolor y la tumefacción habían desaparecido. Era una cosa imposible, acababa de realizarse un milagro”. Aquella misma noche se pasó un buen rato de oración en la basílica, pidiendo la fe que necesitaba y decía: “Virgen santa, mi deseo más grande y la meta de todas mis aspiraciones es creer, dadme la fe”. Y así, poco a poco, fue recuperando la fe perdida y se convirtió.

Milagros en Lourdes
El primer milagro reconocido oficialmente ocurrió el mismo año de las apariciones, en 1858. Un minero Pierre Bouriette de Pic du Jer, ciego del ojo derecho desde 1938 fue a rezar a la gruta y se lavó con el agua que había surgido milagrosamente y se curó. El Dr. Dozous que lo comprobó dijo: “Si un rayo hubiera caído a mis pies no hubiera sido mayor mi espanto”.

En 1945 se reconocieron 4.372 casos de curaciones, aunque hasta ahora, sólo 67 casos han sido considerados milagrosos o inexplicables para la ciencia, según la comisión internacional de médicos.

Otro de tantos milagros ocurrió el 2 de Junio de 1950 a Evasio Ganora, italiano, que desde hacía más de un año tenía la enfermedad de Hodkins, que ataca al sistema nervioso linfático. Después de meterse en la piscina fue instantáneamente curado.

Esto mismo podríamos decir de los grandes santuarios marianos del mundo. Donde la presencia de María se hace tan palpable que Jesús hace muchísimos milagros físicos y espirituales por intercesión de su Madre María, a quien como buen hijo no puede negarle nada, porque quiere hacerla feliz, concediéndole todo lo que pide. Por eso, se le ha llamado a María con razón la Omnipotencia suplicante.

Virgen de las Lágrimas de Siracusa
En este santuario hay una lápida con esta inscripción: “Aquí, con lágrimas durante cuatro días, (29 de Agosto al 1 de Septiembre de 1953) y después en todas partes, derramando continuos prodigios de curaciones, la Virgen María Madre de Dios, con admiración de todo el mundo abrió los abundantísimos tesoros de su Corazón misericordioso”. Una de las curaciones más importantes fue la de Miss Comunismo o Miss Unitá (órgano del partido comunista italiano) curada de meningitis tuberculosa. Conversiones importantes fueron las de los comunistas Vincenzo Mincella y Leopoldo Caminiti.

La Virgen del Pilar
En este Santuario de Zaragoza hay dos grandes bombas en sendas columnas del templo, recordando que en la guerra civil los comunistas quisieron destruir este santuario mariano, el más importante de España, y las bombas no explotaron. Allí María sigue manifestando su presencia con continuos milagros y conversiones.

Uno de los más grandes milagros ocurrió el 29 de Marzo de 1640 a Juan Pellicer, natural de Calanda (Zaragoza). Le había sido amputada una pierna hacía dos años y cinco meses y todos los días pedía limosna a la puerta del templo del Pilar y se ungía el muñón con aceite de la lámpara que ardía en honor de la Virgen. Aquella noche se despertó con los dos piernas enteras y parecía que le había sido colocada su misma pierna, ya que tenía todavía las cicatrices producidas por el mordisco de un perro.

Este milagro, llamado de la resurrección de la carne o milagro de Calanda, fue consignado por escrito en acto público por el Notario de Mazaleón y se encuentra este documento actualmente en el despacho del Alcalde de Zaragoza. El Arzobispo de aquel tiempo D. Pedro Apaolaza después de haber nombrado una comisión para investigar el caso, el 27 de Abril declaró: “Pronunciamos y declaramos que a J. M. Pellicer le ha sido restituida milagrosamente su pierna que antes le habían cortado”.

Iguales testimonios dieron grandes personajes de la época, como el Jefe de la Diplomacia española Gaspar de Bracamonte, Conde de Peñaranda, en juramento del día 9 de Mayo de aquel mismo año.

La curación de una Niña
Tuvo lugar el 24 de Diciembre de 1985 en el pueblo Fuente Barrios. Después de recorrer varios hospitales de Badajoz, Sevilla y Madrid el diagnóstico era encefalitis possarampionosa, tetraparexia, coma, deterioro progresivo, alteraciones del ritmo respiratorio y respiración atáxica. Estaba desahuciada. Los últimos meses había perdido los sentidos y la movilidad y vivía a base de oxígeno y suero.

Aquel día de Navidad, a las diez de la noche estaba su madre y una vecina, rezando el rosario por su curación como todos los días, cuando de pronto despertó como de un sueño profundo, se sentó en la cama y pidió de comer. Su madre le quitó las sondas, le trajo un plato de lentejas que se comió tranquilamente, después de meses que no comía absolutamente nada.

Este milagro fue publicado por todos los medios de comunicación de España.

Un pagano que se hizo católico
Un misionero jesuita escribía en la revista “Misiones Belges” un caso que él había conocido. Se trataba de un joven militar indio, teniente de una compañía. Su capitán Carlos Tonnerre era ferviente católico y con frecuencia le hablaba de nuestra fe. Un día le hizo prometer que iba a rezar todos los días las tres Avemarías para obtener la conversión de la Virgen María. Y así lo hizo. Una mañana fue muy temprano a la capilla católica para hablar con el sacerdote y hacerse católico. ¿Qué había sucedido?

La noche anterior había llegado muy cansado al Campamento y se echó a descansar en su litera, vestido como estaba, y se quedó dormido sin rezar las tres Avemarías acostumbradas. A media noche se despertó sobresaltado y encendió una linterna. No vio nada en especial, pero tenía la sensación de que no estaba solo. De nuevo se acostó para dormirse y se acordó de las tres Avemarías. Haciendo un esfuerzo se levantó y las rezó y en aquel momento se quedó espantado. Una serpiente muy venenosa aparecía por debajo de su almohada. Tuvo tiempo de agarrar su espada y cortarle la cabeza. Y dice: “Entonces, viéndome a salvo comprendí que debía mi salvación a la Madre de Dios y, postrado, recé otras tres Avemarías, tomando la firme resolución de abrazar la religión católica”.

El General Riego
Fue tristemente célebre por sus maldades. Cuando iba a ser ahorcado, mandó llamar a un sacerdote y le dijo: “Padre, mi vida entera ha sido un tejido de iniquidades. Pero cuando era niño mi santa madre me llevaba todos los días a la Capilla del Rosario de Santo Domingo de Oviedo (España) y allí, de rodillas, rezábamos juntos el rosario y desde entonces jamás he dejado un solo día de rezarlo, como se lo prometí a mi madre”. María le obtuvo en el último momento la conversión. Ella nunca se deja ganar en generosidad.

Un sacerdote apóstata
Jerónimo de Comtes fue un sacerdote que apostató de nuestra fe y se hizo anglicano. Él nos cuenta: “Nunca se me borrará de mi memoria el delicioso recuerdo de un domingo en que visité la Iglesia de Ntra. Sra. de las Victorias de París. Había entrado por curiosidad y con un poco de disgusto, pero me entraron muchas ganas de llorar y una amargura tan terrible que no sabía qué hacer. Levanté los ojos para mirar la imagen de la Virgen y un rayo de consuelo inundó mi alma. Allí comenzó la vuelta al seno de la Iglesia Católica”. Después se hizo religioso franciscano y murió como un santo.

Un ladrón arrepentido
En la ciudad de Chota (Cajamarca-Perú), un abigeo, ladrón de ganado, que era el terror de la comarca por ser también un matón, fue emboscado por un grupo de campesinos que le pegaron 20 tiros y lo dejaron moribundo. Su mujer lo llevó como pudo al hospital, pero los médicos no pudieron hacer nada por él. Su madre, que era una buena mujer, muy devota de María, corrió a buscar a un sacerdote, temiendo que muriera sin arrepentirse. El sacerdote de la parroquia pensó que, siendo tan gran pecador, era inútil. Pero tanto le insistió su madre que acudió. Al acercarse al moribundo éste le dijo: “Padre, confiéseme, quiero cambiar de vida”. Se confesó, se arrepintió y murió como un santo.

Y ahora podemos preguntarnos: ¿Cuánto habría orado su buena madre por él? Si no hubiera tenido tan buena madre ¿se hubiera salvado? Las oraciones de una madre nunca pueden se desoídas por Dios. Y las ORACIONES DE SU PROPIA MADRE MARIA ¿podrán ser desoídas? Por eso, podemos decir sin temor a equivocarnos: “Un fiel devoto de María nunca será defraudado en su esperanza de salvación”.

Y así como los niños gritan en los peligros espontáneamente, así nosotros debemos invocar a María en los momentos difíciles de nuestra existencia y Ella acudirá a socorrernos.

San Juan Bosco decía: “Repasad las páginas de la tradición cristiana, interrogad las historias del cristianismo en todos los reinos y países del universo y por doquiera encontraréis a María, viniendo en socorro de sus afligidos hijos”. La devoción a María es signo de predestinación. Que Ella sea tu guía y la estrella que te conduzca hasta Dios. Que sea para ti la Madre amorosa que te consuela y te lleva de la mano hacia JESÚS.

Que seas santo y feliz. Es mi mejor deseo para ti. Tu hermano y amigo,
Ángel Peña, agustino recoleto, O. A. R.
Libro: “Comunión de los Santos”

LA FELICIDAD ES INCOMPATIBLE CON LA MENTIRA


Del engaño y de la filfa no puede venir nada bueno. Nada.

Pensamos muchas veces que sí, que en esa puntual ocasión o en tal otra. Que es una oportunidad única, que es razonable no desaprovecharla o que ya no se volverá a repetir algo así en la vida.

En nuestra vida, tan vulgar, tan poca cosa. Una vez, una vez sólo. Que si las medias tintas, que si la verdad a medias (resulta que la verdad es siempre una exageración o depende del cristal con el que se mira). Que tampoco se nota tanto ni es para tanto, o que ya son manías de fastidiar el día. Que hay que ser práctico oye, sin tantas disquisiciones e historias, sin imponer nada a nadie. ¡La dichosa conciencia! Y se suele hacer de la vida, o al menos se intenta, una añagaza para salirnos con la nuestra. No, no con lo mejor o con la verdad o con lo bueno. Con la nuestra. Tampoco hay que darle tantas vueltas.

Nuestra voluntad del momento, eso es, y ya está. Mío. Mía. Esa es la felicidad que más fascina. Pero no. Lo que está mal está mal, y además nunca trae buenos resultados para el mañana, y ya no digamos para el alma. La mentira es sumamente volátil y sobre ella no se puede construir ni un atisbo de alegría. Ni de nada mínimamente serio.

¿Acaso no lo veis? La mentira es un avería moral, una estratagema del diablo (he mentado al diablo, horror, pero yo me tentaría el interior y borraría del mapa esa sonrisa socarrona). La mentira es una superchería que nos hace comulgar con ruedas de molino. Transigimos. Es más cómodo y además hasta podemos presumir de ello. Transigimos más todavía. ¿Somos hombres de mundo o definitivamente mundanos? Y seguimos transigiendo.

Ya se sabe, hasta puede llegar a ser un buen negocio. ¡La dichosa conciencia! Todos los hombres queremos ser felices, porque todos los hombres deseamos a Dios. En cuanto el deseo se trastabilla y se encabrita en la soberbia (que es la versión más pulida de la mentira) perdemos el norte de Dios y por lo tanto de la vida. El alma no puede vivir de mentiras, ni de espejismos, ni de conjeturas, ni de caricaturas, ni de viento. No puede ser vendida a la vorágine del placer y de la posesión, que es lo que prima.

Algo pasa por dentro. Algo nos pasa cuando rechazamos con premeditación la verdad y el bien. No puedo llegar a imaginar que ciertos hombres prefieran el Infierno. Ay, si fuéramos todos más sinceros con nosotros mismos, si tuviéramos reaños para reconocer que nuestra vida merece otros sueños, y no toda esta algarabía de idioteces.
Guillermo Urbizu

EL PERRO JUNTO AL RÍO


Tiene Esopo una fábula muy acertada.

Un perro que llevaba en su boca un gran pedazo de carne se acercó a un río, y se vio reflejado en el agua.

Pensó que era otro perro, y como no se veía el trozo de carne que él llevaba en su boca pensó que el del otro perro era mayor, y soltó el suyo para apropiarse del otro.

Resultado: perdió el que tenía y no consiguió el otro, que era un reflejo del agua, y el suyo se lo llevó la corriente.

Muchos confunden la verdad con imágenes ilusorias.

Hay quienes presentan bonitas imágenes para engañar a la gente, pero que son pura ilusión.

Hay que saber distinguir la verdad de las apariencias.

Si esto es importante en las cosas materiales, mucho más importante lo es en las verdades religiosas.

Hay personas que piensan por su cuenta en contra del MAGISTERIO OFICIAL DE LA IGLESIA.

Se ilusionan con su propia luz, pero ésa no es la LUZ DE CRISTO.

Como si el Sábado Santo, en lugar de encender nuestra vela en el cirio pascual, sacamos un fósforo y encendemos nuestra vela. No es lo mismo. No sería la LUZ DE CRISTO, como canta el sacerdote que lleva el cirio pascual.

Cristo es la LUZ VERDADERA que ilumina el mundo.

Y la LUZ DE CRISTO la lleva la autoridad legítima de la Iglesia Católica.
Jorge Loring, S.I.

AMOR DE DIOS INDIVIDUALIZADO


Para nosotros, en nuestra pobre mentalidad, el amor solo puede ser de dos clases: genérico o individualizado.

Encontrar el amor de Dios a uno mismo es la aventura más apasionante que a un ser humano le puede suceder. Es sentirse rodeado de amor y belleza por todas partes. Nada hay comparable, a sentir vibrar en el interior de nuestro ser, el pálpito de ese tremendo amor, que es la manifestación del amor de Dios al alma que suspira por el encuentro con Él. Nadie está marginado de sentir ese goce, está al alcance de todos, para lograrlo solo es necesario algo tan simple como desearlo, y cuanto más intenso sea este deseo, mas goce se obtendrá.

El desarrollo de la vida espiritual, es diferente a lo que ocurre en el mundo de la materia, en el que la obtención de algo requiere esfuerzos y sacrificios y no se siempre se llega a obtener lo que se desea. En el mundo del espíritu, solo basta con desear, para obtener lo que lo desea, no hay que pagar nada, no hay que sacrificarse en nada, si uno se quiere sacrificar lo hace no porque sea necesario hacerlo, sino porque a uno le apetece. El Señor nunca cobra el importe de las gracias que regala, en el mundo del lo espiritual todo es gratis y está libremente a nuestro alcance.

Nuestra mente, dominada por un lado por la influencia y las manifestaciones de la materia de nuestro cuerpo y por otro, por la mísera pobreza de ella misma, aunque nos creamos muy inteligentes, tiene la mentalidad de que no es posible amar individualmente, si amo a una persona intensamente, no puedo amar a otra con la misma intensidad. Ya estoy viendo que algún chistoso me puede replicar: me gustan tanto las mujeres que soy capaz de amar a varias al mismo tiempo y con la misma intensidad. Bien, a esto le respondo: tú no amas, tú lo que quieres es satisfacer tu libido y eso no es amor.

El amor para ser profundo requiere un sentimiento de individualidad, esta individualidad es la que nos ofrece el Señor que nos ama como desde luego nos ama como parte que somos del colectivo humano, pero sobretodo nos ama como ser individualmente considerado. Esto, a nosotros, no nos cabe en la cabeza, porque básicamente nuestro amor nace siempre de un ser limitado, tal cual somos todos y cada uno de nostros0, por lo que nuestro amor es también limitado. En el caso del Señor, Él es ilimitado absolutamente en todo, y su amor como expresión de su naturaleza, carece de limitación alguna.

Nosotros no podemos amar con la misma intensidad, ímpetu y pasión a dos personas al mismo tiempo. Para Dios esto no constituye problema alguno. Una madre o un padre manifiestan públicamente que aman por igual a todos y cada uno de sus hijos, pero todos sabemos que esto no es cierto, sin dejar de quererlos a todos siempre hay preferencias, preferencias estas, que no siempre son inmutables, pues hay épocas en la vida que varían, por múltiples razones. Generalmente estas razones, están muchas veces justificadas en razón de la correspondencia que tenga el hijo o la hija de que se trate. En el caso del amor de Dios, ocurre lo mismo que en el caso del amor paterno o materno, la correspondencia juega un importante papel, y Dios ama más al que más le ama.

En una reciente anterior glosa, escribía lo siguiente: El amor hemos de entenderlo en dos vertientes: una la del amor de Dios al hombre y la otra la del amor del hombre a Dios. En el primer caso el amor de Dios a nosotros está siempre plenamente garantizado. A este respecto Jean Lafrance escribe: “El fondo del ser de Dios, es el amor, y el deseo del amor es compartir… En una palabra el corazón de Dios se desborda en ternura para contigo lector, y los distintos amores que puedes conocer en la tierra (amor conyugal, maternal, paterno o amistad) no son más que un pálido reflejo de ese amor total que habita en el corazón de Dios”. Lo más importante que podemos decir sobre el amor de Dios es que nos ama no por algo que hayamos hecho algo para merecer su amor, sino porque Él, de forma totalmente libre, ha decidido amarnos. En el A. T. en Isaías amor de Dios es: “Eterno" (Is 54,8). “Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, más mi amor de tu lado no se apartará" (Is 54,10). “Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti" (Jo 31,3). Henry Nouwen escribe: “Somos amados desde la eternidad. Dios nos dice: "Te amo con un amor eterno”. Ese amor estaba ahí, antes de que nuestro padre y nuestra madre nos amaran, y permanecerá incluso después de que nuestros amigos hayan dejado de ocuparse de nosotros. Es un amor divino, un amor perdurable, un amor eterno”.

Por lo que hemos de añadir en razón de lo ya escrito, que el amor que Dios nos tiene, es un amor completamente individualizado a favor nuestro, nos ama como si cada uno de nosotros fuésemos la única criatura creada por Él. Nos ama de tal forma que si fuese necesario por ti lector que estás leyendo y por mí que estoy escribiéndote, el Señor pasaría gustoso una segunda y tercera Pasión y crucifixión y cuantas fuesen necesarias, para que tú o yo le amasemos. Correspondamos pues a este tremendo amor desinteresado, individual y eterno que Dios nos tiene, ya que ello nos puede producir ya aquí en esta vida un goce inenarrable, con solo desear el amor que gratuitamente se nos ofrece.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

SACERDOTE, EL MEDIADOR ENTRE DIOS Y SUS HERMANOS


Dos manos tiene el sacerdote al servicio de sus hermanos: una es para agarrarse fuertemente de Dios, la otra para tenderla a los necesitados.
Sube al altar más ricamente vestido que un Rey.
Sube más acicalado que un Príncipe.
Es más contemplado que un actor Célebre.
Hacia él se vuelven los Ojos y las Luces.
Hacia él humean los Incensarios.
Sea Hermoso o Feo, siempre es Hermoso.
Sea Alto o Bajo, siempre es Alto
.

Pero aun con todo esto, no se cruza, sin embargo, por el espíritu de sacerdote alguno, la creencia de que todos esos homenajes se dirigen a él, de ninguno se ostenta, ni se jacta, ni tira besos al público. El mismo esplendor de su casulla lo esconde.

Todo esto se debe a que el Sacerdote, es formado del mismo barro de todos los seres humanos, es escogido de la misma tierra donde crecen la flor y el espino, los buenos y los malos.

Pues dos manos tiene el Sacerdote al servicio de sus hermanos y hermanas: Una es para agarrarse fuertemente de Dios. La otra para tenderla a los necesitados.

El Sacerdote es el mediador entre Dios y sus hermanos; es mensajero de Salvación, es canal de Dios.

Para que el Sacerdote pueda cumplir bien su misión tendrá que estar muy bien enraizado en Dios para transmitir mejor la vida del dador de todos los dones.

Dios sigue necesitando de todos los seres humanos al servicio de los otros. Más aún necesita de Sacerdotes llenos de Fe, de Amor y Esperanza, que sirvan de cauce para que su Gracia circule y la Buena Nueva sea anunciada en un lenguaje actual, que valla acorde con los signos de los tiempos.
Autor: P. Ramón Suero Serrano

lunes, 26 de abril de 2010

ORACIÓN POR EL PAPA

Jesús, Rey y Señor de la Iglesia, en el Papa Benedicto XVI,
tu Vicario en la Tierra, quieres mostrarnos el camino seguro
y cierto que debemos seguir.

Creo firmemente que por medio de él,
Tú nos gobiernas, enseñas y santificas.

Concédeme la gracia de amar, vivir y propagar como hijo fiel
sus enseñanzas.

Cuida su vida, ilumina su inteligencia y fortalece su espíritu.

Concédenos que en torno a él, tu Iglesia se conserve unida,
firme en el creer y obrar y sea así el instrumento de tu redención.
Así sea.

COMO ENVEJECER SIN PONERSE VIEJO


«Se puede nacer viejo, como se puede morir joven» (Jean Cocteau)

«La edad no es un pretexto para hacerse viejo» (G. Slattery)

«Mi sueño es morir joven con una edad muy avanzada» (Jeanson)

«Envejecer es aborrecible, pero es la única forma de vivir mucho tiempo» (Sainte-Beuve)

«Debemos preocuparnos mas en agregar vida a los años, que años a la vida» (Víctor Hugo de Lemos)

«El buen lado de las cosas: por mas viejo que seas, puedes ser mas joven que nunca!» (Albert Einstein)

«Un hombre solo es viejo cuando sus disgustos reemplazan a sus sueños» (John Barrymore)

«Envejecer es ser capaz de ser mas joven durante mas tiempo que los otros» (Bernard Shaw)

«Envejecer es organizar la juventud a lo largo de los años» (Paul Eluard)

«Por el hecho de envejecer no se deja de reír; más dejar de reír, te hace envejecer» (Balzac)

«A los 969 años, Matusalén estaba tan bien conservado que le daban apenas 345!» (Tristan Bernard)

MAS ALLÁ DE LA MUERTE


El siquiatra y doctor en medicina y filosofía Raymond Moody es hoy famoso en todo el mundo a raíz de que, en los años 70, sacó a luz un libro “Vida después de la vida”, en el que narraba muchas de las experiencias que le habían contado sus pacientes sobre el más allá, cuando habían sido dados clínicamente por muertos. En la actualidad, este tema ha sido estudiado por numerosos investigadores de todo el mundo, cardiólogos, siquiatras, pediatras, anestesistas, sicólogos, teólogos, sociólogos y otros muchos especialistas médicos o estudiosos de otras disciplinas. Todos están de acuerdo en que estas experiencias son reales y que no son fruto de alucinaciones o de imaginaciones arbitrarias. Casi todas estas experiencias tienen muchos puntos en común, lo que les da cierta garantía de autenticidad.

Veamos lo que dice al respecto, con palabras textuales, el mismo doctor Moody:

He entrevistado a más de 3.000 personas, que cuentan experiencias próximas a la muerte y fueron dadas por muertas o incluso fueron declaradas muertas por sus médicos.

Estas personas dicen que, en el momento en que están a punto de morir, que muchas veces coincide con el momento en que sus corazones dejan de latir, experimentan un cambio espectacular de perspectiva. Les parece que dejan atrás su cuerpo físico y que flotan hacia arriba, hasta un punto por encima de sus cuerpos, por debajo del techo de la sala de urgencias o del quirófano o sobre el lugar del accidente. Ven claramente por debajo de ellos sus propios cuerpos físicos sobre una mesa de operaciones o entre los restos de un vehículo; y es frecuente que contemplen, al parecer, el trabajo del personal médico que intenta reanimarlos.

Al cabo de un tiempo, pueden tener la impresión de entrar por un paso estrecho que suelen describir como un túnel oscuro y, mientras avanzan por él, ven una luz brillante al final del mismo. Cuando entran en esa luz, los baña y los consuela una sensación de amor y de paz imposible de describir, un sentimiento de alegría inefable. Es frecuente que se encuentren dentro de esa luz con parientes suyos o con otros seres queridos que ya han muerto, como si vinieran para darles la bienvenida. Algunas personas advierten algo que consideran una frontera o un límite, que separa el mundo de la vida corriente de un reino que está más allá de la vida tal como la conocemos. Cuentan que esta zona de demarcación da la impresión de estar cargada de energía y de ser dinámica en el sentido de que ellos advierten que, si la atraviesan, no serán capaces de volver atrás...

Cuando estas personas se adentran en sus experiencias próximas a la muerte, pueden ser conscientes de una presencia amorosa y luminosa, de un ser de amor y luz que las acompaña a lo largo de una revisión panorámica y extraordinaria de sus vidas. En esta experiencia, se pueden manifestar todos los detalles de la vida, con vivos colores, mientras la presencia amorosa de luz les ayuda a comprender la vida que ahora, al parecer, toca a su fin. Es frecuente que, llegados a este punto, las personas no deseen regresar a sus vidas, pero que el ser de luz o sus seres queridos les hagan saber que no les ha llegado el momento de morir y que deben volver, porque les quedan cosas pendientes que realizar. O bien, se les plantea la posibilidad de elegir entre seguir adelante hacia el reino de la luz o regresar a las vidas que estaban viviendo
[1].

El elemento común quizás más increíble, de los relatos que he estudiado y con toda certeza el que mayor efecto ha producido en el individuo, es el encuentro con una luz muy brillante. Lo típico es que, en su primera aparición, la luz sea débil, pero rápidamente se hace más brillante hasta que alcanza un esplendor sobrenatural... Los entrevistados dicen que esa luz no daña a la vista ni deslumbra ni impide ver las cosas que los rodean... Todos afirman que es un ser personal y que tiene una personalidad bien definida. El amor y la calidez que emanan de él, hacia la persona que está muriendo, carecen de palabras para expresarse, pues ésta se encuentra totalmente rodeada y poseída por él, muy a gusto y totalmente aceptada en su presencia. Siente una irresistible atracción magnética ante este ser, una atracción inevitable... Poco después de la aparición, el ser comienza a comunicarse con la persona que está sufriendo la transición y pregunta: “¿Estás preparado para morir? ¿Estás listo para morir? ¿Qué has hecho en tu vida?”... Todos insisten en que la pregunta no se plantea en absoluto como condena. Todos están de acuerdo en que no dirige la pregunta para acusarlos o amenazarlos; pues, sin importar cuál vaya a ser la respuesta, siguen sintiendo la aceptación y el amor total proveniente del ser luminoso. La cuestión les hace pensar en sus vidas... Veamos algunos informes:

Oí a los doctores, cuando dijeron que había muerto, y comencé a sentir que estaba cayendo por aquella oscuridad. Todo era muy negro, salvo, a gran distancia, esa luz. Era muy brillante, aunque no muy grande al principio. Crecía conforme me iba acercando a ella. Trataba de llegar a esa luz, pues sentía que era Cristo. Inmediatamente, conecté la luz con Cristo, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo”...

Otro caso: Floté a través del techo hacia una luz blanca resplandecedora. Era muy hermosa y muy brillante, pero no me hacía daño a los ojos. Era una luz de comprensión y amor perfectos. A mi mente llegó el pensamiento: “¿Me amas?” Sospecho que la connotación de lo que la luz dijo fue: “Si me amas, regresa a la vida y completa lo que iniciaste en ella”. Durante todo este tiempo, tenía la impresión de estar rodeado por un amor y una compasión irresistibles...

Otro cliente dice: Sabía que me estaba muriendo y que nada podía hacer. Estaba fuera de mi cuerpo, no me cabía la menor duda, pues podía verlo en la mesa de operaciones... Entonces, vino esa luz brillante. Parecía un poco apagada al principio hasta que se convirtió en ese enorme haz. Era una tremenda cantidad de luz. Me daba calor y me invadió una cálida sensación. Era de un blanco brillante y amarillento. Tremendamente brillante... Luego me preguntó, si estaba listo para morir. Era como hablar con una persona, aunque no había allí ninguna. La luz hablaba conmigo sonoramente. Pienso ahora que la luz que me hablaba, comprendía que no estaba preparado para morir, que se trataba más de probarme que de otra cosa. Desde el momento en que la luz me habló, me sentí muy bien, seguro y amado. No es posible imaginar ni describir el amor que llegaba hasta mí. Era agradable estar con esa persona. Y tenía sentido del humor
[2].

La inicial aparición del ser luminoso y sus preguntas constituyen el preludio de un intenso momento en que el ser presenta a la persona una revisión panorámica de su vida... Es extraordinariamente rápida. Esos recuerdos de la vida se suceden unos a otros a gran velocidad en orden cronológico. Otros dicen que el recuerdo fue instantáneo. Sea cual sea la forma en que lo expresan, todos están de acuerdo en que la experiencia transcurre en un instante de tiempo terrestre. A pesar de la rapidez, mis informantes están de acuerdo en que la revisión, casi siempre descrita como una exhibición de imágenes visuales, es increíblemente vívida y real... Hasta las emociones y sentimientos, asociados con las imágenes, pueden ser experimentados de nuevo conforme van pasando. Algunos de los que yo he entrevistado, afirman que, aunque no pueden explicarlo, el hecho es que todo lo que habían hecho en la vida estaba en esa revisión: desde lo más insignificante a lo más significativo... Algunos lo identifican como un intento educativo por parte del ser luminoso
[3].

Elisabeth Kübler-Ross, siquiatra y doctora honoris causa por 20 universidades, ha estudiado veinte mil casos a través del mundo, de personas que habían sido dadas clínicamente por muertas y volvieron a la vida. Ella dice:

Nosotros podemos decir, después de todos estos años de recoger datos sobre experiencias fuera del cuerpo, cuáles serán los elementos comunes... Cuando dejamos el cuerpo físico, hay total ausencia de miedo, ansiedad o pánico. Experimentaremos una plenitud física y estaremos plenamente conscientes de nuestro entorno, sea en la habitación de un hospital o en la escena del accidente o en nuestra propia habitación, después de un ataque al corazón... Nos daremos cuenta de la gente que trata de resucitarnos o de la gente que trata de rescatarnos del accidente, etc. Esto suele ocurrir, cuando los médicos nos dan físicamente por muertos, ya que no hay signos vitales. En nuestro cuerpo espiritual, experimentaremos una totalidad, pues si nos amputaron una pierna, sentiremos que tenemos las dos o, si éramos mudos, podremos hablar o, si ciegos, podremos ver, o caminar, si éramos pacientes en silla de ruedas. En nuestro cuerpo espiritual, no hay dolores ni limitaciones físicas... Después serán conscientes de la presencia de otros seres a su alrededor, que los guían y les ayudan. Las Iglesias hablan de ángeles guardianes, otros los llaman guías espirituales. También sentiremos la presencia de seres queridos, que nos precedieron y están muertos. Nosotros no moriremos solos
[4].

Después que nos encontramos con nuestros seres queridos y nuestros ángeles, se pasa por el túnel. Algunos dicen pasar por un río o puerta. En mi experiencia personal, pasé por un paso de montaña con flores silvestres. Después de pasar el túnel, o el paso que sea, viene la luz. En presencia de la luz maravillosa e inolvidable, que la mayor parte de la gente occidental llama Cristo o Dios, nosotros somos envueltos en un amor incondicional, lleno de ternura y felicidad... Es un ser de total e incondicional amor. En su presencia, nosotros nos damos cuenta de lo que deberíamos ser y de cómo deberíamos haber vivido
[5].

El ser de luz es extremadamente brillante y cuanto más te acercas a Él más te abraza con el amor más grande e indescriptible que puedas imaginar. No hay palabras para expresar lo que se siente. Quien tiene esta experiencia cercana a la muerte, sólo puede ver esta luz por un momento, pues después debe retornar… En presencia de esa luz, llegarás a conocer que toda tu vida de la tierra era solamente una escuela para aprender ciertas lecciones especiales… En presencia de esta luz, tú debes mirar toda tu vida pasada hasta los más mínimos detalles e, incluso, las consecuencias de tus pensamientos, palabras y obras.

Durante la revisión de tu vida terrenal, te darás cuenta de que has desperdiciado muchas oportunidades para crecer en el amor
[6]. En ese momento nuestros guías o ángeles guardianes, nuestros seres queridos, que ya han muerto, estarán con nosotros. Nosotros hemos verificado esto sin lugar a ninguna duda y digo esto como científica. Siempre habrá alguien para ayudarnos en ese paso de la muerte al más allá. La mayor parte de las veces, es la madre o padre, el abuelo o el hijo que murió antes o también gente que tú conocías y no sabías que ya había muerto.

Una niña de doce años compartió conmigo su experiencia de felicidad al sentir que le salió al encuentro su hermano, quien la acogió con gran amor y ternura. El único problema era que no tenía ningún hermano; pero, al contárselo a su padre, éste se echó a llorar y confesó que ella sí tenía un hermano, que había muerto tres meses antes de que ella naciera, y nunca le habían hablado de él
[7].

Por otra parte, en el más allá, se acaban las limitaciones de este mundo, los ciegos pueden ver, los sordos oyen y los mudos hablan otra vez. Una de mis enfermas tenía esclerosis en placas, dificultades para hablar y sólo podía desplazarse en silla de ruedas. Lo primero que me dijo al volver de su experiencia fue: “Doctora Ross, yo podía bailar de nuevo”… Las niñas que, a consecuencia de una quimioterapia, han perdido el pelo, me decían después de una experiencia semejante: “Tenía mis rizos de nuevo”. Las mujeres que han padecido la extirpación de un seno, recobran su habitual normalidad. Todos están intactos. Son perfectos
[8].

Un ejemplo. Vicki era ciega de nacimiento y, a sus 20 años, como resultado de un ataque de apendicitis, tuvo una experiencia NDE, y otra, cuando tenía 22, por causa de un accidente automovilístico. Ella dijo que solamente en estas dos experiencias, ella pudo ver, como si estuviera sana; y pudo contar con claridad todo lo que vio. Observó las calles de la ciudad y todo le resultó nuevo y confuso. Tuvo un maravilloso sentimiento de libertad y de paz. Vio un campo iluminado, cubierto de hermosas flores, donde vio a dos niños que habían sido sus amigos, cuando estaba en la escuela de ciegos. Ellos habían sido retardados, pero aparecían llenos de vida y salud, sin sus limitaciones mentales. También vio allí a otras personas que había conocido en la vida, como a su abuela y a su cuidadora. Pero cuando quiso acercarse a ellas, una figura luminosa se lo impidió. Vicki cree que era Jesús, que a continuación, le hizo ver toda su vida como en una película... Después regresó a su cuerpo. Antes de estas experiencias, ella, como ciega, sólo tenía sueños de comer, tocar piano, cantar, gustar cosas y tocarlas, oír..., pero nunca había tenido sueños con percepciones visuales como las tuvo en estas experiencias del más allá.

Otro caso es el de Brad Barrows, que también era ciego de nacimiento y que fue entrevistado cuando tenía 33 años. Él cuenta la experiencia que tuvo a sus ocho años en 1968. Por efecto de una neumonía, se le paró el corazón durante unos cuatro minutos. Sintió que flotaba sobre el techo, vio su cuerpo sin vida y observó que podía ver todo como una persona sana. Pudo ver la nieve por los campos con perfecta claridad. Después pasó por un túnel y salió a un campo iluminado por una luz muy fuerte y hermosa. Allí oyó una música maravillosa que parecía alabar a Dios. Y encontró un ser de luz, del que emanaba un amor total, que le dijo que debía regresar
[9].

María Simma, la gran mística austriaca, dice que, cuando se le aparecen las almas del purgatorio, están totalmente sanas e íntegras. Las deformaciones o cicatrices han desaparecido. Dice: “Una vez se me apareció una persona que había sido muda en vida y me hablaba perfectamente. Aquellos que en esta vida debían ir en silla de ruedas, caminan perfectamente. Allá no hay silla de ruedas. Todas las imperfecciones físicas han desaparecido”
[10].

Como podemos ver, estas experiencias del más allá de la muerte son tan reales que marcan la vida futura de la persona y tienen un efecto transformador positivo. Entre los efectos positivos más frecuentes suele darse el no tener miedo a la muerte y saber que la tarea más importante de la vida es amar y hacer el bien a todos. Sin embargo, hay que aclarar que no todas las experiencias son positivas, aunque algunos investigadores sólo hablan de estos casos. También se dan, en una pequeña proporción, casos de personas que no han visto al ser de luz ni han sentido su amor y, en cambio, han vivido momentos de tristeza y angustia en un mundo oscuro y tenebroso, que muchos identifican como el infierno o el purgatorio.

Según una encuesta realizada en 1982 por George Gallup, ocho millones de norteamericanos habían tenido algún tipo de experiencia en el umbral de la muerte. Muchos sólo habían llegado a salir de su cuerpo y regresar sin experiencias más profundas. Otros, un 23%, habían tenido encuentro con otros seres, ángeles o familiares. Un 32% había tenido revisión de vida y había sentido el amor del ser de luz, que los cristianos suelen identificar con Jesucristo, otros como Dios, los musulmanes como Alá... Y solamente un pequeño grupo había tenido experiencias negativas.

Por supuesto que estos datos pueden ser relativos, pues los que tienen experiencias negativas, normalmente no quieren compartir su testimonio con otras personas y los ocultarán, haciendo así difícil tener una idea exacta de la realidad de sus experiencias. Lo cierto es que, aunque hay una mayoría de experiencias positivas, también hay otras negativas.

Ahora bien, tanto las experiencias negativas como las positivas son transformantes. Dios les da la oportunidad de seguir viviendo después de haber revisado su vida. Es una gracia extraordinaria de Dios para darles la oportunidad de cambiar de vida. Pero podemos preguntarnos: ¿Y los que no regresan y han tenido experiencias negativas? ¿Habrán rechazado la posibilidad de cambiar o aceptaron a Dios en el último momento?
P. Ángel Peña: Libro: Experiencias del mas allá

[1] Moody Raymond, Más sobre la vida después de la vida, Ed. Edaf, Madrid, 2002, pp. 15-16.
[2] ib. pp. 84-89.
[3] ib. p. 90.
[4] Kübler-Ross Elisabeth, On life after death, Ed. Celestial Arts, Berkeley, 1991, pp. 48-51.
[5] ib. p. 60-61.
[6] ib. pp. 16-18.
[7] ib. pp. 31-32.
[8] Kübler-Ross Elisabeth, La muerte: un amanecer, Ed. Luciérnaga, Barcelona, 2006, p. 32.
[9] Ring Kenneth, Lessons from the ligth, Moment Point Press, Needham, 2000, pp. 78-80.
[10] Simma María con Nicky Eltz, Fateci uscire da qui, Ed. Segno, Udine, 1997, p. 174.