lunes, 2 de diciembre de 2019

ESTO ES LO QUE EL PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI PIENSA SOBRE SITUACIÓN ACTUAL DE LA IGLESIA


Al cumplirse 50 años de la creación de la Comisión Teológica Internacional, organismo que colabora con la Santa Sede en el examen de las cuestiones doctrinales de mayor importancia y actualidad, el Papa Emérito Benedicto XVI envió un saludo en el que reflexionó sobre distintos temas de la situación actual de la Iglesia, como por ejemplo el debate de las diaconisas, la teología de la liberación, la falta de consenso en la teología moral y la labor de los teólogos.
En el texto publicado por el Vaticano a finales de noviembre y fechado el 22 de octubre de 2019, Benedicto XVI recuerda a algunos de los teólogos que sirvieron en esta Comisión como Henri de Lubac, Yves Congar, Karl Rahner, Jorge Medina Estévez, Philippe Delhaye, Gerard Philips, Carlo Colombo, “considerado el teólogo personal del Papa Pablo VI”, Cipriano Vagaggini, Hans Urs von Balthasar, Louis Bouyer, Marie-Joseph Le Guillou, Carlo Caffarra y Raniero Cantalamessa, entre otros.
El Papa Emérito también hace un recuento de algunos de los acontecimientos más importantes de estos 50 años y los desafíos que planteaba en Sudamérica la teología de la liberación.
También hace un breve repaso sobre algunos hitos de la teología moral en relación al sacramento del matrimonio, algunos desafíos en este tema que permanecen actuales como la falta de consenso; y comenta finalmente algunas de sus experiencias personales del tiempo en el que perteneció a este importante organismo creado en 1969.
A continuación, el texto completo del saludo publicado en italiano y traducido por ACI Prensa:
A la Comisión Teológica Internacional, en ocasión de su 50° aniversario, van mi cordial saludo y mi especial bendición.
El Sínodo de los Obispos como institución estable en la vida de la Iglesia y la Comisión Teológica Internacional han sido ambos dados a la Iglesia por el Papa Pablo VI para fijar y continuar las experiencias del Concilio Vaticano II. La distancia que se había revelado en el Concilio, entre la teología que se desplegaba en el mundo y el Magisterio del Papa, debía ser superada.
Desde el inicio del siglo XX se constituyó la Pontificia Comisión Bíblica, que de otra parte y en su forma originaria representaba ella misma una parte del Magisterio pontificio, pero luego del Concilio Vaticano II fue transformada en un órgano de consulta teológica al servicio del Magisterio, para proporcionar un parecer competente en materia bíblica. Según el ordenamiento establecido por Pablo VI, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe es al mismo tiempo Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional, las cuales sin embargo eligen a sus secretarios internamente.
Se quería evidenciar de tal modo que ambas comisiones no son un órgano de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hecho que habría podido disuadir a ciertos teólogos de aceptar convertirse en miembros. Por ello, el Cardenal Franjo Šeper comparó la relación del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Presidente de las dos comisiones; a la estructura de la monarquía austro-húngara: el emperador de Austria y el rey de Hungría eran la misma persona aunque los dos países vivían autónomamente uno junto al otro.
De otro lado, la Congregación para la Doctrina de la Fe pone a disposición de las reuniones de la comisión y de los participantes en ellas sus posibilidades prácticas y, para tal fin, ha creado la figura del Secretario Adjunto, que a veces también asegura los subsidios necesarios.
Sin duda, las expectativas ligadas a la neoconstituida Comisión Teológica Internacional en un primer momento, fueron mayores de lo que se podía realizar en el marco de una larga historia de medio siglo. Del primer periodo de sesiones de la comisión surgió una obra, “El ministerio sacerdotal” (10 de octubre de 1970), que fue publicada en 1971 por la casa editora Du Cerf de París, que fue pensada como subsidio para la gran reunión del Sínodo de los Obispos. Además y para el Sínodo mismo, la Comisión Teológica nombró un grupo específico de teólogos que, como consultores, estuvieron a disposición en la primera sesión del Sínodo de los Obispos y, gracias a un extraordinario trabajo, hicieron que el Sínodo pudiera publicar inmediatamente un documento, realizado por la comisión, sobre el sacerdocio.
Desde entonces eso ya no volvió a suceder. Rápidamente se pasó al desarrollo de la tipología de la exhortación postsinodal, que no es ciertamente un documento del Sínodo sino un documento magisterial pontificio que retoma del modo más amplio posible las afirmaciones del Sínodo de modo que, junto al Papa, sea también el episcopado mundial el que hable. [1]
Personalmente, me ha marcado de modo particular el primer quinquenio de la Comisión Teológica Internacional que bebía definir la orientación de fondo y la modalidad esencial de trabajo de la Comisión, estableciendo así en qué dirección, en última instancia, habría de interpretarse el Vaticano II.
Junto a las grandes figuras del Concilio –Henri de Lubac, Yves Congar, Karl Rahner, Jorge Medina Estévez, Philippe Delhaye, Gerard Philips, Carlo Colombo de Milán, considerado el teólogo personal de Pablo VI, y el Padre Cipriano Vagaggini– había aparte de la Comisión importantes teólogos que curiosamente no encontraron lugar en el Concilio.
Entre ellos, aparte de Hans Urs von Balthasar, destaca sobre todo Louis Bouyer que, como converso y monje tenía una personalidad extremadamente voluntariosa y, por su gran franqueza no gustaba a muchos obispos, pero fue un gran colaborador con un vasto e increíble saber.
Entró luego en escena el Padre Marie-Joseph Le Guillou, que había trabajado noches enteras, sobre todo durante el Sínodo de los Obispos, haciendo posible con este modo radical de servir y en sustancia, el documento del Sínodo. Desafortunadamente la enfermedad del Parkinson se lo llevó pronto diciéndole adiós precozmente a esta vida y al trabajo teológico.
Rudolf Schnackenburg encarnaba la exégesis alemana, con toda la pretensión que la caracterizaba. Como una especie de polo opuesto, llegaron a la Comisión André Feuillet y Heinz Schürmann de Erfurt, cuya exégesis era de una talla más espiritual. Finalmente debo mencionar también al profesor Johannes Feiner de Coira que, como representante del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, tenía un rol particular en la Comisión. El asunto de si la Iglesia Católica debía haberse adherido al Consejo Ecuménico de las Iglesias de Ginebra, como un miembro normal a todos los efectos, se convirtió en un punto decisivo en la dirección que la Iglesia habría debido tomar al concluir el Concilio. Luego de un encuentro dramático sobre el asunto, al final se decidió negativamente, hecho que indujo a Feiner y a Rahner a abandonar la Comisión.
En la Comisión Teológica del segundo quinquenio hicieron su aparición figuras nuevas: dos jóvenes italianos, Carlo Caffarra y el Padre Raniero Cantalamessa, que le dieron a la teología de lengua italiana un nuevo peso. La teología de lengua alemana, además de los miembros ya presentes, con el jesuita P. Otto Semmelroth, fue reforzada gracias a un teólogo conciliar cuya capacidad de formular velozmente textos para las diversas exigencias resultó ser muy útil a la Comisión y al Concilio. Junto a él saltó a la palestra Karl Lehmann, y una nueva generación, cuya concepción comenzó a afirmarse claramente en los documentos que se producían.
No es mi intención seguir con la presentación de las personalidades que trabajaron en la Comisión Teológica, sino ofrecer algunas reflexiones sobre los temas elegidos. Al inicio se afrontaron asuntos sobre la relación entre el Magisterio y la Teología, sobre los cuales se debe siempre seguir reflexionando necesariamente.
Lo que la Comisión ha dicho sobre este tema en el curso del último medio siglo merece ser nuevamente escuchado y meditado.
Bajo la guía de Lehmann se analizó también el asunto fundamental de la Gaudium et spes, es decir la problemática del progreso humano y la salvación cristiana. En este ámbito emergió inevitablemente el tema de la teología de la liberación, que en ese momento no representaba de hecho un problema solo de tipo teórico sino que determinaba muy concretamente, y amenazaba, la vida de la Iglesia en Sudamérica. La pasión que animaba a los teólogos era similar al peso concreto, también político, del tema. [2]
Junto a las cuestiones relativas a la relación entre el Magisterio de la Iglesia y la enseñanza de la Teología, uno de los principales ámbitos de trabajo de la Comisión Teológica siempre ha sido el problema de la Teología moral. Es tal vez significativo que, al principio, no estuviera la voz de los representantes de la Teología moral, pero sí la de los expertos de exégesis y dogmática: Heinz Schürmann y Hans Urs von Balthasar, que en 1974 abrieron con sus tesis la discusión, que prosiguió luego en 1977 con el debate sobre el Sacramento del matrimonio.
La contraposición de los frentes y la falta de una común orientación de fondo, que sufrimos hoy todavía como entonces, en ese momento se me hizo clara de modo inaudito: de una parte estaba el teólogo moral estadounidense, el profesor William May, padre de muchos hijos, que venía siempre a nosotros con su esposa y sostenía la concepción antigua más rigurosa. Dos veces él debió experimentar el rechazo unánime de su propuesta, algo que nunca antes había sucedido por lo que se echó a llorar. Yo mismo no pude consolarlo eficazmente. Cerca de él estaba, según lo que recuerdo, el profesor John Finnis, que enseñaba en Estados Unidos y que expresó la misma impostación y el mismo concepto de modo nuevo. Fue tomado en serio desde el punto de vista teológico, y sin embargo ni siquiera él logró alcanzar algún consenso.
En el quinto quinquenio, de la escuela del profesor Tadeusz Styczen –el amigo del Papa Juan Pablo II– llegó el profesor Andrzej Szoztek, un inteligente y prometedor representante de la posición clásica, que sin embargo tampoco logró crear el consenso. Finalmente, el Padre Servais Pinckaers intentó desarrollar, a partir de Santo Tomás, una ética de las virtudes que me parece muy razonable y convincente, y sin embargo tampoco logró consenso alguno.
Cuán difícil es la situación se puede evidenciar también por el hecho que Juan Pablo II, que tenía muy en el corazón a la Teología moral, al final decidió posponer el texto definitivo de su encíclica moral Veritatis splendor, queriendo esperar primero que nada al Catecismo de la Iglesia Católica. Publicó entonces su encíclica solo el 6 de agosto de 1993, encontrando para ella nuevos colaboradores. Pienso que la Comisión Teológica debe seguir teniendo presente el problema y debe proseguir fundamentalmente en el esfuerzo de buscar un consenso.
Quisiera finalmente destacar un aspecto del trabajo de la Comisión. En ella se ha podido sentir siempre más y siempre más fuerte también la voz de las jóvenes iglesias respecto al siguiente punto: ¿Hasta qué punto ellas están vinculadas a la tradición occidental y hasta qué punto las otras culturas pueden determinar una nueva cultura teológica? Fueron sobre todo los teólogos provenientes del África, de un lado, y de la India, del otro, quienes propusieron la cuestión, que hasta ese momento no había sido adecuadamente delimitada. E igualmente no ha sido delimitado como tema el diálogo con las otras grandes religiones del mundo. [3]
Para concluir debemos expresar una palabra de especial gratitud, a pesar de todas las insuficiencias propias del humano buscar e interrogarse. La Comisión Teológica Internacional, pese a todos los esfuerzos, no ha podido alcanzar una unidad moral de la Teología y de los teólogos del mundo. Quien esperaba esto nutría expectativas erradas sobre las posibilidades de un trabajo similar. Y sin embargo la de la Comisión se ha convertido en una voz escuchada, que en cualquier modo indica la orientación de fondo que un serio esfuerzo teológico debe seguir en este momento histórico.
Al agradecimiento por cuando se ha logrado en medio siglo, se une la esperanza de un ulterior y fructífero trabajo, en el cual la única fe pueda llevar también a una común orientación del pensamiento y del hablar de Dios y de su Revelación.
En lo que a mí respecta personalmente, el trabajo en la Comisión Teológica Internacional me ha dado la alegría del encuentro con otras lenguas y formas de pensamiento. Sobre todo ha sido para mí una continua ocasión de humildad, que ve los límites de lo que le es propio y abre así el camino hacia la Verdad más grande.
Solo la humildad puede encontrar la Verdad y la Verdad a su vez es el fundamento del Amor, del cual todo depende al final de cuentas.
Ciudad del Vaticano, Monasterio Mater Ecclesiae, 22 octubre de 2019
Benedicto XVI
Papa Emérito
** 
[1] Una excepción está constituida en cierto modo por el documento sobre el diaconado publicado en el 2003, elaborado por encargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y que debía proporcionar una orientación respecto a la cuestión del diaconado, en particular respecto a la cuestión de si este ministerio sacramental puede ser conferido también a las mujeres. El documento, elaborado con gran cuidado, no llegó a un resultado unívoco respecto a un eventual diaconado para las mujeres.
Se decidió  someter la cuestión a los Patriarcas de las Iglesias orientales, de los cuales sin embargo muy pocos respondieron. Se vio que la cuestión, en cuanto tal, era de difícil comprensión para la tradición de la Iglesia oriental así que este amplio estudio se concluía con la aserción de que la perspectiva puramente histórica no consentía llegar a una certeza definitiva. En un último análisis, la cuestión debía decidirse en el plano doctrinal. Cfr. Comisión Teológica Internacional, Documentos 1969-2004, Edizioni Studio Domenicano, Bologna 22010, 651-766.
[2] Me permito aquí un pequeño recuerdo personal. Mi amigo el Padre Juan Alfaro SJ, que en la (Universidad) Gregoriana (de Roma) enseñaba sobre todo la doctrina de la gracia, por razones para mí totalmente incompresibles se convirtió en un apasionado defensor de la Teología de la liberación. No quería perder la amistad con él así que esa fue la única vez en todo el periodo de mi pertenencia a la Comisión en que omití la sesión plenaria.
[3] Quisiera aquí destacar también un curioso caso particular. Un jesuita japonés, el Padre Shun’ichi Takayanagi, se había familiarizado de tal modo con el pensamiento del teólogo luterano alemán Gerhard Ebeling que argumentaba completamente sobre la base de su pensamiento y de su lenguaje, pero ninguno en la Comisión Teológica conocía a Ebeling tan bien como para permitir que se pudiese desarrollar un diálogo fructífero, por lo que el erudito jesuita japonés abandonó la Comisión ya que su lenguaje y su pensamiento no lograron encontrar un lugar en ella.
POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa

VATICANO: EL TÉRMINO “GÉNERO” SE REFIERE A LA IDENTIDAD SEXUAL MASCULINA Y FEMENINA


El Vaticano señaló que entiende el término “género” o “estereotipo de género” en razón “a las diferencias sexuales basadas en la identidad masculina y femenina”.
Así lo indicó la Santa Sede en un comunicado publicado este 2 de diciembre sobre la reunión de los ministros de educación de los estados de la Convención Cultural del Consejo de Europa, realizada en París (Francia) el 26 de noviembre.
El texto señala que ese día los ministros “adoptaron una declaración en la que se comprometen a que las escuelas garanticen, desde una edad temprana, la adquisición de las competencias digitales necesarias para vivir en una sociedad democrática, en particular las que promueven la formación de un espíritu crítico, la participación ciudadana y la responsabilidad ecológica”.
“Al adherirse al texto adoptado por la Conferencia, la Delegación de la Santa Sede emitió una declaración interpretativa, recordando una vez más que entiende los términos ‘género’ o ‘estereotipos de género’ como referidos a las diferencias sexuales basadas en la identidad masculina y femenina”, destacó el comunicado.
La ideología de género o enfoque de género es una corriente que considera que el sexo no es una realidad biológica sino una construcción sociocultural. Actualmente varios gobiernos intentan imponerla a través de la educación de los niños y jóvenes.
El comunicado resaltó también que “la revolución digital plantea nuevos retos para la escuela del siglo XXI: por un lado, ofrece nuevas y potentes herramientas; por otro, requiere con una urgencia cada vez más creciente identificar criterios éticos compartidos para formar a niños y jóvenes en la utilización de la gran cantidad de datos disponibles, aprovechando su potencial y conociendo al mismo tiempo los riesgos de manipulación asociados al tratamiento masivo de datos, así como los peligros derivados de la intrusión en la esfera privada y del ciberacoso”.
La Santa Sede, que es parte en la Convención Cultural desde 1962, estuvo representada en la Conferencia por el Nuncio Paolo Rudelli, y  por Mons. Yovko Pishtiyski, consejero de nunciatura.
En su discurso, Mons. Rudelli recordó el llamado del Papa Francisco en favor de una reconstrucción del pacto educativo, “basada en la interacción de todos los implicados en la educación, principalmente los niños y los padres, en la apertura a todas las dimensiones de la persona humana, incluyendo la espiritual, y en la participación activa en el bien común, que lleva a los jóvenes a cuidar de su comunidad, de su país y de la casa común que es el planeta tierra”.
Los ministros de educación también debatieron la propuesta francesa de crear un observatorio de la enseñanza de la historia en el Consejo de Europa.
Redacción ACI Prensa

¿CÓMO FORTALECER EL MATRIMONIO?, PSIQUIATRA ACONSEJA FORMAR ESTAS 12 VIRTUDES


El director del Institute for Marital Healing en las afueras de Filadelfia (Estados Unidos), Richard Fitzgibbons, señala que para poder mantener y fortalecer el matrimonio se debe trabajar en doce virtudes que ayudarán a las parejas a atravesar las dificultades que podrían destruir la relación.
En un artículo publicado el 25 de noviembre por el National Catholic Register, el Dr. Fitzgibbons ha trabajado con cientos de parejas católicas en los últimos 40 años. 
En su nuevo libro, “Hábitos para un matrimonio saludable: Una guía para parejas católicas” (Habits for a Healthy Marriage: A Handbook for Catholic Couples), el psiquiatra comparte doce virtudes para fortalecer los matrimonios:
1. Perdón
En el libro, Fitzgibbons comenta que perdonar “reduce el enojo”, y es un trabajo exigente para “dominar la irritabilidad”. Porque hay un esfuerzo en tratar de “comprenderse a uno mismo y a su cónyuge”.
2. Generosidad
“Conquistar el egoísmo a través del crecimiento en la entrega”, señala el psiquiatra. Hay que pensar “muchas veces al día, ‘nosotros, no yo’”.
3. Respeto
Esta virtud ayuda a superar la necesidad de controlar a los demás, y ayuda a “pensar en la dignidad del cónyuge y los hijos”, señala.
4. Responsabilidad
Fitzgibbons afirma que la responsabilidad acorta “la distancia emocional al comprometerse a proteger al cónyuge de la soledad, la ansiedad, la inseguridad y el egoísmo”.
5. Confianza
“Calma la ansiedad a través de la fe en la bondad y la protección de Dios y del cónyuge”, afirma. 
6. Esperanza
El psiquiatra señala que la esperanza “reduce la tristeza al confiar en un resultado positivo para los eventos y circunstancias de la vida, especialmente en la lucha con la soledad”.
7. Gratitud
Esta virtud crea confianza “a través de la apreciación de los dones que Dios nos ha dado” y ha dado al conyugue. 
8. Prudencia
Dr. Fitzgibbons señala que esta virtud “mejora la comunicación”, al ayudar a reconocer que decir o hacer en cada situación, y la manera de realizarlo. 
9. Templanza
“Restringe las compulsiones y la infidelidad al moderar la atracción de los placeres”, señala el psiquiatra, “al dominar los instintos y los deseos para que sigan siendo leales al cónyuge”.
10. Justicia
“Evita el divorcio al fortalecer a los cónyuges para que den lo que se le debe a Dios, a su cónyuge y a sus hijos”, comenta. “que es trabajar para enfrentar y resolver honestamente su personalidad y debilidades espirituales”.
11. Lealtad 
“Es un deseo inquebrantable de lo mejor para los demás”, señala. Ayuda a “reconocer que el único lugar en el que se realiza el auténtico amor humano y la sexualidad es en el matrimonio”.
12. Humildad
Fitzgibbons comenta que la humildad ayuda al autoconocimiento, al “proceso de abordar las debilidades adquiridas de los padres y los errores que interfieren con el amor y la felicidad conyugal”.
Redacción ACI Prensa


QUERER SANAR PARA AMAR MEJOR


Y tú, ¿todavía guardas resentimientos?

Por: Solange Paredes | Fuente: Catholic-link.com
Seamos honestos, ¿quién de nosotros no ha sentido alguna vez resentimiento? Una persona vino, nos hizo daño y se fue (o peor aún, no se fue sino que sigue en nuestras vidas, vive con nosotros ¡es familia! ¡Eres tú mismo!). En este video, Crystalina Evert nos da testimonio de lo que significó para ella pasar por el proceso de sanación con la ayuda del mejor médico, nuestro Dios. Un proceso largo, desafiante y hasta doloroso porque nos insta a abrir los ojos, a ya no ignorar nuestra realidad, a dejar de anestesiarnos por la rutina – esa misma de la cual nos quejamos y que, sin embargo, usamos como excusa para no encarar lo que hay en nuestro corazón.

Es este mismo adormecimiento social el que nos facilita ir almacenando dolor y resentimiento sin siquiera darnos cuenta, pequeñas cosas que se van apilando y que se van convirtiendo en heridas dolorosamente abiertas. Por supuesto, este apilamiento no puede ser eterno, esas mismas heridas que por cobardía decidimos ignorar, con el tiempo nos traicionan descaradamente y se hacen visibles, amargamente omnipresentes en nuestra vida, lo invaden todo: son heridas que destilan solamente enojo y desamor.

Es en ese momento que nos tenemos que preguntar: ¿Cómo nos hemos permitido llegar hasta ahí? ¿Por qué se nos hace difícil entender o simplemente perdonar a los demás, incluso a nosotros mismos? ¿Es que acaso desconocemos el amor de nuestro Dios? Ese amor que nos perdona cada vez que regresamos a Él arrepentidos. Ese Dios que nos enseña a orar diciendo: Perdona nuestras ofensas COMO TAMBIÉN nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt.6,12). ¿Cómo podemos ir a confesarnos teniendo rencor, guardando resentimientos? Recordemos que la misericordia de Dios no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo (Catecismo, 2862).

«El corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión» (Catecismo 2843).

¿Sentir dolor después de la ofensa? Por supuesto, ¡es natural! La palabra clave es dolor, no rencor. El dolor solo lo podrá curar ése quien es El Amor. No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión (Catecismo 2843). En efecto, en nosotros está tener la mínima decencia de entregarle a nuestro Señor nuestra intención de perdonar. Algo tan simple y honesto como decir: “Aunque ahora siento que no puedo perdonar, por amor a Ti, quiero perdonar” es todo lo que Dios necesita para actuar. Fue esto precisamente, lo que Crystalina hizo. Fue al Santísimo, estuvo en adoración y dejó en ese altar toda su carga. Así es como nuestro Dios, con ese verdadero amor de Padre, nos toma de la mano con paciencia, nos fortalece para que confrontemos nuestras miserias, nos muestra por fin aquello que está mal y lo cura…para siempre.

Igualmente, si las heridas fueron ocasionadas por nosotros mismos, tengamos presente una de las promesas de la Divina Misericordia: “Ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad” (Diario, 1541). Ahora pues, si contamos con un Dios que nos ama y se deleita en compartir con nosotros Su misericordia, y más aún, nos espera para perdonarnos por medio de la confesión y nos da Su propio corazón en la Eucaristía, ¿Cómo se entiende un católico que guarde rencor? ¿Que llene su vida con resentimiento? Sólo aquel que ha conocido el verdadero perdón de Dios, será capaz de perdonar. Y tú, ¿todavía guardas resentimientos? ¿Te has dado cuenta de lo que significa la confesión y todo lo que implica? ¿Hace cuánto que te has ido a confesar?

DINÁMICA:
En grupos se pueden discutir las preguntas formuladas arriba. y otra: Si el perdón es la cumbre de la oración cristiana ¿somos cristianos consecuentes con nuestra fe?

¿POR QUÉ Y CÓMO HACER LA BENDICIÓN ANTES DE TOMAR LOS ALIMENTOS?


Es un modo de hacer presente a Dios en medio de la jornada diaria.

Por: P. Evaristo Sada LC | Fuente: La-oracion.com
Uno de los momentos que más disfrutamos cada día es la hora de la comida. En cada comida podemos hacer memoria del amor de Dios que se ocupa de nosotros: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mt 6,26) y que hizo criaturas tan bellas, tan variadas y tan sabrosas para que nosotros las disfrutáramos. La comida puede ser un momento de alabanza o de pecado, de egoísmo y presunción o de generosidad, gratitud y de testimonio de la propia fe.

HACER MEMORIA DEL AMOR DE DIOS EN LAS COMIDAS Y BENDECIRLO
Es muy bello ver matrimonios, familias, grupos de amigos o personas solas rezar en un lugar público antes de comer. Para muchas familias o grupos de amigos es la única oportunidad de rezar juntos. Es un modo de hacer presente a Dios en medio de la jornada, de avivar la conciencia de que todos somos hermanos hijos del Padre eterno, de reconocer públicamente su bondad y de proclamar nuestra fe con alegría.

Jesucristo nos enseñó a pedir al Padre que nos dé nuestro pan de cada día. A Dios le pertenece el mundo y todo cuanto contiene (cf Sal 24,1) y como buen Padre provee a sus hijos de lo necesario para su sustento. Nosotros, al sentarnos a la mesa, reconocemos su bondad, le damos gracias, lo bendecimos y le pedimos nos bendiga y bendiga los alimentos que vamos a tomar.

Ojalá que se mantenga viva esta costumbre que ayuda a fundir de manera sencilla el amor humano y el amor divino, lo temporal y lo eterno, las criaturas y el Creador, los deleites de esta vida y el gran banquete que nos espera en la vida eterna.

JESUCRISTO NOS ENSEÑA A BENDECIR AL PADRE AL TOMAR LOS ALIMENTOS
 Para el pueblo judío la bendición antes de la comida es una expresión fundamental de su religiosidad. Jesús mismo nos enseñó a rezar al inicio de la comida; Él oró y dio gracias antes de la multiplicación de los panes: “Tomó Jesús los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los  panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos peces entre todos.” (Mc 6,41) Y también lo hizo en la última cena: “Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.” (Mc 26,26)

LA BENDICIÓN VA DIRIGIDA A DIOS
La bendición, antes que a los alimentos, va dirigida sobre todo a Dios. Podemos estar seguros de que Jesús lo haría a diario con José y María, también cuando visitaba a sus amigos en Betania, de camino en las posadas y en el campo con los apóstoles.

La gratitud nos sensibiliza ante los dones recibidos, aún aquellos que han sido resultado de nuestro esfuerzo. Podemos estar sanamente satisfechos de lo que hemos conseguido, pero reconociendo siempre que todo nos viene de Dios, que ha sido Él quien hizo prosperar las obras de nuestras manos. (cf Sal 89)

ORACIONES DE BENDICIÓN ANTES DE TOMAR LOS ALIMENTOS
Ofrezco estas cuatro oraciones de bendición de Dios y de los alimentos:
1.     Señor Dios, te damos gracias porque nos haces partícipes de tus maravillas; te alabamos por los dones de tu amor y te bendecimos por la amistad que nos concedes vivir en torno a esta mesa. Que esta comida en sencillez de corazón y en alegría sea profecía del banquete del reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 
2.     Bendícenos Señor y bendice estos alimentos que dados por tu bondad vamos a recibir, por Cristo Nuestro Señor.
 
3.     Señor, bendice estos alimentos que recibimos de tu generosidad. Da pan a los que tienen hambre y hambre de Dios a los que tienen pan.
 
4.     Bendícenos Señor, bendice los alimentos que vamos a recibir y a quienes los han preparado, da pan a quienes no lo tienen y concédenos sentarnos contigo en el banquete celestial.
Puede usarse siempre la misa fórmula o decir una oración espontánea. La oración espontánea ayuda a avivar la frescura y la autenticidad del encuentro con Dios y a no caer en la rutina. O primero puede hacerse la oración espontánea y en seguida la bendición ordinaria.

¿CÓMO SE HACE LA BENDICIÓN AL TOMAR LOS ALIMENTOS?
Cualquiera de los comensales puede pronunciar la oración de bendición. Ojalá que muchas veces la haga el papá, transparencia de nuestro Padre del cielo, protector y proveedor, sabiendo que la fuerza del testimonio ante sus hijos es de las lecciones más poderosas que puede dejarles para toda la vida.

En muchos hogares se tiene la costumbre de leer después de la bendición un versículo de la Sagrada Escritura. Para ello, hay mamás que se han dado a la tarea de imprimir 365 tarjetas con frases bíblicas y tenerlas al centro de la mesa, otros tienen una Biblia a la mano y la van leyendo progresivamente, teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos para leer pasajes adecuados en Adviento, Cuaresma y Semana Santa, Pascua y Pentecostés.

Al terminar de comer normalmente tenemos un momento de calma, a veces una larga sobremesa… Es buen momento para celebrar la convivencia tenida y el gusto de los alimentos recibidos y bendecir a Dios por ello. Antes de ponerse de pié puede hacerse una breve oración de acción de gracias o simplemente la señal de la cruz.