jueves, 1 de junio de 2017

PAPA FRANCISCO A JÓVENES PRESBÍTEROS: “SER SACERDOTE ES JUGARSE LA VIDA POR EL SEÑOR”

VATICANO, 01 Jun. 17 / 06:37 am (ACI).- El Papa Francisco animó a los sacerdotes jóvenes a “abrirse a las sorpresas de Dios”, a servirse de su creatividad para la evangelización y les recordó que su trabajo no es un trabajo burocrático, sino que “ser sacerdote es jugarse la vida por el Señor”.
El Santo Padre realizó esta enseñanza en la audiencia que concedió en el Palacio Apostólico Vaticano a los participantes en la Plenaria de la Congregación para el Clero.
En su discurso, el Pontífice reflexionó sobre la nueva Ratio Fundamentalis, documento aprobado por la Congregación para el Clero en diciembre de 2016 en el que se determinan una serie de normativas sobre la formación de los sacerdotes católicos.
Francisco recordó que “este documento habla de una formación integral capaz de incluir todos los aspectos de la vida, indicando de ese modo el camino para formar al discípulo misionero”.
En este sentido, destacó dos aspectos: “la fascinación por la llamada y la exigencia desafiante que ello comporta”. En concreto, trasladó sus pensamientos a los sacerdotes jóvenes, que "viven entre el entusiasmo de los primeros proyectos y el ansia por la labor apostólica, en la cual se sumergen con un cierto temor que es signo de sabiduría”.
Los sacerdotes jóvenes, dijo, “sienten una profunda alegría y la fuerza de la unión recibida, pero su espalda comienza a cargarse gradualmente por el peso de la responsabilidad, de los numerosos compromisos pastorales y de las expectativas del Pueblo de Dios”.
“¿Cómo vive todo esto un joven sacerdote?”, se preguntó el Santo Padre. “¿Qué es lo que lleva en el corazón? ¿De qué tiene necesidad para que sus pies, que acuden a llevar el feliz anuncio del Evangelio, no se paralicen ante el miedo o ante las primeras dificultades?”.
El Obispo de Roma quiso responder a estas preguntas con una frase: “¡Vosotros habéis sido elegidos, sois queridos por el Señor!”. “Dios os mira con ternura de Padre y, tras haber hecho que vuestros corazones se enamoraran, no dejará que vuestros pasos vacilen. A sus ojos sois importantes y tiene fe en que estaréis a la altura de la misión a la que os ha llamado”.
“Siempre me alegro cuando me reúno con sacerdotes jóvenes porque en ellos veo la juventud de la Iglesia”, insistió.
“Pensando en la nueva Ratio, que habla del sacerdote como de un discípulo joven, quiero subrayar, principalmente para los jóvenes sacerdotes, algunas actitudes importantes: rezar sin cansarse, caminar siempre y compartir con el corazón”.
1. REZAR SIN CANSARSE
“Para poder ser ‘pescadores de hombres’ tenemos que reconocer, primero, que hemos sido ‘pescados’ por la ternura del Señor”, explicó. “Nuestra vocación comenzó cuando, habiendo abandonado nuestro individualismo y nuestros proyectos personales en tierra, iniciamos el ‘santo viaje’, entregándonos a aquel Amor que nos ha buscado en la noche y a aquella voz que hizo vibrar nuestro corazón”.
“Si no permanecemos estrechamente conectados a Él, nuestra pesca no podrá tener éxito. ¡Rezad siempre, os lo recomiendo!”.
En este sentido, detalló la importancia que la oración tiene para todo sacerdote: “La oración, la relación con Dios, el cuidado de la vida espiritual dan alma al ministerio, y el ministerio da cuerpo a la vida espiritual, porque el sacerdote se santifica a sí mismo, y a los otros, en el ejercicio concreto del ministerio, especialmente predicando y celebrando los sacramentos”.
2. CAMINAR SIEMPRE
El sacerdote siempre está en camino, subrayó el Papa. “Nunca podrá sentirse satisfecho ni podrá apagar la inquietud saludable que le hace extender las manos hacia el Señor para dejarse formar y llenar”.
Por lo tanto, el sacerdote debe estar “siempre actualizado y permanecer abierto a las sorpresas de Dios”. En esa apertura hacia lo nuevo, “los sacerdotes jóvenes pueden ser creativos en la evangelización, frecuentando con discernimiento los nuevos lugares de la comunicación”.
3. COMPARTIR CON EL CORAZÓN
“La vida presbiteral no es un trabajo burocrático ni un conjunto de prácticas religiosas o una liturgia a la que asistir. Ser sacerdote es jugarse la vida por el Señor y por los hermanos, llevando en carne propia la alegría y las angustias del Pueblo, invirtiendo el tiempo en escuchar para sanar las heridas de los demás, ofreciendo a todos la ternura del Padre”, concluyó el Papa.

BONO, DE U2: “EL ÚNICO PROBLEMA QUE DIOS NO PUEDE SOLUCIONAR ES EL QUE TRATAS DE ESCONDER”

El cantante irlandés reflexiona sobre los salmos y sobre la vida cristiana y recuerda su viaje a Tierra Santa: "Aquí la muerte murió"
“Estuve en Jerusalén en una peregrinación con mi familia, y fui al Gólgota. Estuve ahí un rato a solas, donde la muerte murió. Pensaba eso: “Aquí la muerte murió””, ha reconocido Bono, el cantante de U2 en una serie de entrevista que ha concedido para hablar de los salmos y de la fe cristiana.
El irlandés reconoce que “la muerte ya no tiene poder sobre mí, como tenía a mis 14 años, cuando mi madre murió. Una parte de nuestra psicología está asentada sobre el miedo a la muerte. Dice la Escritura que ahora vemos como en un espejo pero entonces veremos cara a cara. Así que si sabes esto entonces la vida es más fácil. ¡No puedo esperar a verlo todo claro!”.
Bono ha participado en la serie de videos Bono & David Taylor: Beyond the Psalms, producidos por Fuller Theological Seminary, una institución evangélica con sede en California.
Reconoce que “lo más difícil que lo salmos te piden es honestidad. Leo la Sagrada Escritura y me encuentro, adúlteros, asesinos, egomaniacos… ¡como muchos de mis amigos! [risas]. Lo que hace David al marido de Betsabé es increíble… Hay tanta oscuridad ahí. Pero la gracia y la redención es lo se refleja en sus salmos después. Están marcados por la honestidad. No necesitamos complacer a Dios de otra manera que no sea siendo brutalmente honestos. Esa es la raíz de nuestra relación con Dios. El único problema que Dios no puede solucionar es el que tratas de esconder“.
Bono dice también que si hay algo que le haya enseñado los salmos es que “Dios escucha”, y que a quienes no tengan experiencia en ellos les recomendaría el salmo 82: “Es un buen comienzo. Dice: “Defended al débil y al huérfano. Haced justicia al humilde y al indigente. Liberad al débil y al pobre”. Esto no es caridad, esto es justicia”.
En este sentido afirma que “es increíble que cuando Jesús comienza su misión, cuando inaugura el tiempo de gracia del Señor, cuando dice que ha venido a dar la vista a los ciegos, etc., en realidad eso es justicia. No es caridad. Me gusta recordar aquí el salmo 9: “El Señor es el refugio del oprimido, su refugio en tiempos de peligro”; o el salmo 12: “Yo me levantaré por la opresión del necesitado, por el gemido del pobre”. Este es Cristo. Esa es la razón de Cristo. Es su manifiesto. Y debe ser también nuestro manifiesto”.

Artículo publicado originalmente por Alfa y Omega

COREA DEL NORTE TEME A LOS CRISTIANOS. POR ESO LOS PERSIGUE


La familia de Myoung Hee era cristiana, pero se lo había ocultado a su hija para protegerse del régimen de Corea del Norte. Como otros refugiados que huyen del país más cerrado del mundo, Hee descubrió el cristianismo cuando logró huir a China.

A Hea Woo le costó creer que su marido había muerto como cristiano. No lo era cuando, en los años 90, huyó a China. Allí se había bautizado, pero fue arrestado por las autoridades y devuelto a Corea. Murió seis meses después en prisión. Fueron sus excompañeros los que buscaron a Hea Woo para contarle cómo su marido había dado testimonio de su fe en medio del sufrimiento. Pronto, ella siguió sus pasos: huyó a China, y allí descubrió el cristianismo y se bautizó. En marzo, visitó España para participar en el Encuentro Nacional de Puertas Abiertas, una entidad evangélica que ayuda a los cristianos perseguidos, por ejemplo, haciéndoles llegar Biblias.
Myoung Hee sí procedía de una familia cristiana. Aún recuerda el día que su padre llegó a casa, pálido. Ese día descubrió que la familia era cristiana, y que su tío había sido ejecutado por ello. Por miedo, muchos creyentes norcoreanos ocultan la fe incluso a sus hijos. Hee no quiso saber nada de la religión de sus padres. Pero, con el tiempo, empezó a darse cuenta de que la vida fuera de Corea era muy diferente y, como a su alrededor cada vez desaparecía más gente, decidió abandonar su país y cruzar a nado el río Yalu hacia China.
Cada mes, cerca de un centenar de personas cruza esta frontera. Huyen de un país donde, según Naciones Unidas, «se han cometido y se están cometiendo violaciones sistemáticas, generalizadas y graves de los derechos humanos». «Creo que el nivel de opresión, control, lavado de cerebro y aislamiento de Corea del Norte no se ha alcanzado en ningún otro lugar del mundo», afirma a Alfa y Omega Johannes Klausa, director nacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada de Corea del Sur.
Líder en persecución
Toda la sociedad está organizada en torno al sistema songbun, que clasifica a los ciudadanos en función de su lealtad al régimen, y así determina su acceso a la vivienda, la educación o la alimentación. Cualquier sospecha de hostilidad es castigada con la muerte, a veces en ejecuciones públicas; o con el internamiento en campos de concentración, donde hay al menos 100.000 presos.
Corea del Norte está abonada a los primeros puestos de países que persiguen al cristianismo. Según la ONU, en el país puede haber entre 200.000 y 400.000 cristianos clandestinos, sobre todo protestantes. Rezar o tener una Biblia son causa de arresto.
Pyongyang –afirmaba la ONU en un informe de 2014– ve en los cristianos «una amenaza particularmente grave» porque la Iglesia es un lugar de interacción ajeno al Estado y su fe cuestiona el culto a la dinastía gobernante, que comenzó Kim Il-sung en 1948, siguió su hijo Kim Jong-il (1994-2011) y ha llegado hasta su nieto, Kim Jong-un, actual líder supremo. En todo el país hay 30.000 estatuas y retratos gigantes de ellos, y es obligatorio rendirles culto en cada hogar.
Sin embargo, añade Klausa, «en la era de los teléfonos inteligentes e internet, el flujo de información es más difícil de controlar, especialmente en las zonas fronterizas, y empieza a filtrarse algo de información. Así, el número de refugiados aumenta».
«Como si no fuéramos humanos»
Una vez en China, la vida de los huidos no es fácil. En este país viven entre 200.000 y 300.000 norcoreanos. Este país no los reconoce como solicitantes de asilo, y los trata como inmigrantes ilegales. En cualquier momento corren el riesgo de ser arrestados por policías chinos o por agentes norcoreanos que campan a sus anchas en la región noreste, limítrofe con Corea. Son devueltos a su país, y allí ejecutados sumariamente –una de las causas es el hecho de confesar el haber estado en contacto con cristianos– o recluidos en penosas condiciones.
Es el destino que corrió el marido de Hea Woo, y unos años después ella misma. Estando en China fue detenida y devuelta a Corea. Pasó diez meses en la cárcel, donde sufrió torturas. «Empecé a dudar de Dios. Entonces oí una fuerte voz: “¡Mi querida hija, estás caminando sobre el agua!”. Fue Él quien me mantuvo con vida» cuando las malas condiciones de vida en la cárcel la hicieron caer tan enferma que su vida corrió peligro.
De prisión fue enviada varios años a un campo de trabajo. Allí «cada día era una tortura»: trabajos forzosos, reeducación ideológica, y unas pocas cucharadas de arroz al día como todo alimento.
La deportación no es la única amenaza para los refugiados. Como muchos otros compatriotas, Myoung Hee cayó en manos de una mafia. «Fui vendida como esposa a un agricultor chino. No era tan malo como la mayoría. Tuve un hijo con él». Fue afortunada. Su destino bien podría haber sido el tráfico de órganos o una red de prostitución. Un día, descubrió que su suegra era cristiana evangélica. Empezó a ir con ella a sus reuniones clandestinas, se convirtió y decidió volver a Corea para compartir la noticia de su conversión con su familia, de cuya fe hasta entonces había renegado.
Pero fue detenida al cruzar la frontera. Su destino fue un campo de reeducación. «Nos trataban como si no fuéramos humanos –relató a Puertas Abiertas en un testimonio hasta ahora inédito–. Renuncié a la vida. Pero algo se agitaba en mi corazón. Era Dios. Estaba conmigo y no quería que tirase la toalla». Pudo escapar cuando fue trasladada a una prisión con menos seguridad. Después de visitar a su familia, volvió a huir a China para reencontrarse con su marido. Esta vez, toda su familia pudo trasladarse a Corea del Sur.
También Hea Woo vive en la actualidad en este país, que da asilo a unos 25.000 refugiados.
María Martínez López

Antes de desmantelar las armas nucleares…
Con muchos viajes y testimonios desgarradores a sus espaldas, el padre Philippe Blot no comprende la actitud de la comunidad internacional, que silencia el drama de los refugiados norcoreanos y «no reclama más que algunos cambios, sin cuestionar el statu quo actual» de Corea del Norte. Sin embargo, para el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Corea del Sur, Johannes Klausa, esta es «la mejor de todas las malas opciones. La guerra no puede ser una opción, y las sanciones no han funcionado». La reunificación parece inalcanzable de momento, aunque la Iglesia católica en el país sigue promoviéndola y rezando por ella. El 25 de este mes está dedicado a ello.
A pesar de la actual escalada del conflicto, Klausa espera del nuevo presidente surcoreano Moon Jae-in «una postura más suave» hacia el vecino del norte, en la línea del presidente Lee Myung-bak (2008-2013), de cuyo Gobierno Lee formó parte. «Es hijo de inmigrantes norcoreanos, y se puede decir que lleva en el corazón el tema de la reconciliación». Desde que accedió a la presidencia el 10 de mayo, «ha despachado enviados especiales a Estados Unidos, Japón, China y otros países» para abordar esta cuestión. La semana pasada, el presidente de la Conferencia Episcopal Coreana, monseñor Hygin Kim Hee-joong, entregó al Papa una carta del presidente en la que le pide apoyo y oraciones por la paz. Se ha contemplado que el dirigente pudiera pedir la mediación de la Santa Sede.
«Antes de desmantelar las armas nucleares –opina Klausa–, puede que tengamos que desmantelar las imágenes de enemigos y el odio dentro de ambas sociedades. A largo plazo esto quitaría poder al dictador, que solo sobrevivirá en el poder mientras su gente tema y odie a Occidente».
Fecha de Publicación: 31 de Mayo de 2017


¿DISPARIDAD DE CARACTERES EN EL MATRIMONIO?



Muchos matrimonios llegan a justificar la gradual separación entre ellos, y en ocasiones, hasta el divorcio por una “irreconciliable disparidad de caracteres”. La pregunta es si tener distinto carácter es realmente un problema gravísimo e insuperable para un matrimonio, al grado que justifique tirar la toalla e intentar emprender un, supuesto, proyecto biográfico nuevo en soledad.
Los cónyuges que piensan así no llegan a darse cuenta de la importancia que tiene para la vida matrimonial el conocimiento del propio temperamento, y el del cónyuge, pues de no hacerlo se enfrascaran en batallas que llevaran irremediablemente al desgaste y a la frustración.

El problema comienza con confundir carácter con temperamento. El temperamento, es algo natural con que nacemos, es la materia prima con la que habrá que trabajar a lo largo de toda la vida. No existe un temperamento mejor o peor, todos tienen características que explotar y otras que superar. Y por eso, el desear tener, o que el cónyuge tenga, otro temperamento es un sin sentido, es una batalla perdida.

Sin embargo, el conocer ese temperamento es lo que precisamente permitirá forjar el carácter a cada uno de los cónyuges. Gracias a que somos espíritus-encarnados, poseemos unas capacidades que nos distinguen como seres humanos y que nos permiten trabajar sobre el temperamento propio, entender el del cónyuge y, de este modo, alcanzar la tan ansiada armonía en la vida matrimonial.

Esto es así porque la voluntad es la facultad de querer o no querer cambiar ese temperamento, de decidir entre lo mediocre y lo mejor para la propia vida, y de quienes más amamos, entre lo bueno y lo malo, entre lo que forja nuestro carácter o lo destruye, y por lo tanto, posee la posibilidad de construir o destruir nuestras posibilidades personales y biográficas.

He aquí donde entra la madurez necesaria para el matrimonio. Solo una persona madura será capaz de responsabilizarse por su propio temperamento y de ser los suficientemente generoso para aceptar al cónyuge como otro yo, con el suyo y con el que también tiene sus luchas. Por eso, ambos deben de tener cierta madurez y equilibrio emocional para el matrimonio, que será posible distinguir desde el noviazgo por ciertos indicios en la bitácora biográfica del candidato para el matrimonio. Este autodominio suficiente para el matrimonio lo notamos en la resolución de una persona: en la fidelidad que muestra a sí mismo, a sus convicciones, valores y proyectos, a sus amistades y familia; a la lucha personal que entabla contra sus debilidades y en la adquisición de virtudes; que descubrimos como una fuerza interna difícil de definir, pero que inspira a quienes le rodean sentimientos de seguridad y confianza.

El forjar el carácter es una labor personal en la que han de empeñarse cada uno de los cónyuges. No es una labor fácil pero si necesaria para toda persona, si es que desea realizarse como tal. Es muy distinto encontrar el apoyo y compresión necesarios para emprender la lucha diaria en el propio cónyuge, que luchar constantemente en que éste cambie para que se adapte al propio gusto y forma de ser. Es distinto apoyase para alcanzar metas, sueños, proyectos personales y comunes mutuamente; que luchar infructuosamente contra el temperamento del otro, pues, por este camino no serán felices.

Las ventajas de conocer el temperamento mutuo, en el matrimonio, son:
– Llegar a comprender y justificar mejor al otro cónyuge.
– Darse un trato más justo, menos duro, mutuamente.
– Ser más pacientes al conocer los defectos y flaquezas, mutuas.
– Trabajar con más acierto en la perfección mutua, con benevolencia y amor.
– Ser más humildes al reconocer que lo bueno que tenemos, no es tanto virtud sino consecuencia de nuestro temperamento y que son dones que habremos que hacer redituar para los demás.
– Reconocer que cualquier temperamento es bueno y es un área de oportunidad para demostrar lo mucho que se aman.
– La disparidad de caracteres enriquece la relación con las potencias de cada uno y ofrece áreas de oportunidad para profundizar y acrecentar la intimidad conyugal.

Para conocer sobre los distintos temperamentos sugiero lean a Conrado Hock, en su libro “Los cuatro Temperamentos” (Apóstoles de la palabra), donde resume de forma amena y breve los temperamentos, además de incluir consejos para la vida espiritual para cada uno de ellos. Esto último es muy importante para los matrimonios, pues una persona con fe tiene motivos más elevados y profundos que lo motivan para alcanzar una relación de amor autentico y un perfeccionamiento personal mayor; que además, siempre redituara en beneficio de quienes le rodean en la familia y en la sociedad.

Sobre el carácter solo me resta decir que tener buen o mal carácter depende en gran medida de las virtudes que el cónyuge haya logrado dominar, pues las virtudes le ayudan a comportarse bien en toda circunstancia, es decir, a hacerle “buen cónyuge” en el sentido más verdadero y completo. Ningún cónyuge se hace buen cónyuge el día de la boda, es necesario que viva la vida matrimonial y sus dificultades para que tenga la oportunidad de hacerse, así mismo, buen cónyuge a través de la esforzada puesta en marcha de una serie de actitudes y hábitos conyugales buenos. De no hacerlo así, justificara sus vicios y dificultara o hará imposible la convivencia, conyugal y familiar, sana y positiva; convirtiéndose a sí mismo en víctima de sus propias actitudes que en principio lo harán un muy mal cónyuge, y tal vez, el causante de su fracaso matrimonial, por más que trate de justificarse y de poner la culpa en la “disparidad de carácter” con el cónyuge.

Un área en la que pueden trabajar para mejorar el ambiente en su hogar, independientemente del temperamento que tengan y el grado de construcción del carácter que hayan alcanzado, puede ser impregnando de belleza su vida, a través a actitudes como por ejemplo: Cooperar mutuamente para que su casa sea u hogar, es decir, un lugar agradable en donde estar, porque lo mantienen limpio, ordenado, luminosos, agradable y alegre.

Manteniendo el buen humor, a través de una vida sana y ordenada, conservando un espíritu deportivo ante las adversidades, es decir sin tomarse tan en serio a sí mismos.

Buscando ocasiones para disfrutar la compañía del cónyuge y celebrarla.

Convertir los momentos de ocio en momentos de convivencia tanto conyugal y como familiar, en otras ocasiones, que fomenten la unidad y la conversación.

Repartir las actividades necesarias para el mantenimiento del hogar entre todos sus miembros y convertirlo en un trabajo en equipo para beneficio y gozo de la unidad familiar.

Ser afables y empáticos con el cónyuge, hijos, familiares y amigos. Pero firmes en los valores que rigen, dan orden y orientan la vida personal, conyugal y familiar.

En fin son muchas las actitudes que el sentido común y la creatividad de cada quien podrá poner en marcha para mejorar el ambiente conyugal y familiar, en consecuencia.

Espero que este articulo sirva para que reflexionen antes de cerrar su corazón y su entendimiento a la bondad y belleza que todo matrimonio tiene y que solo espera salir a la luz a través de las actitudes generosas y positivas de los cónyuges, independientemente del temperamento que cada uno tenga.

Blanca Mijares


BENDICIÓN DEL AGUA FUERA DE LA MISA


Un elemento que gozó siempre de gran veneración en la Iglesia y constituye uno de los signos que con frecuencia usa para bendecir a los fieles es el agua. El agua ritualmente bendecida evoca en los fieles el recuerdo de Cristo, que representó, para nosotros la culminación de las bendiciones divinas. El, en efecto, que se dio a sí mismo el apelativo de «agua viva», instituyó para nosotros el bautismo, sacramento del agua, como signo de bendición salvadora.
La bendición y aspersión del agua se hace normalmente el domingo, según el rito descrito en el Misal Romano.

Cuando la bendición del agua tiene lugar fuera de la celebración de la Misa, el sacerdote o el diácono usarán el formulario que aquí se propone, de modo que, respetando su estructura y los elementos principales, adapten la celebración a las circunstancias del momento.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES
El celebrante empieza, diciendo: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo: Dios, que del agua y del Espíritu Santo, nos ha hecho nacer de nuevo en Cristo, esté con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

El celebrante, según las circunstancias, dispone a los presentes para la celebración de la bendición, con estas palabras u otras semejantes: Con esta bendición del agua, recordamos a Cristo, agua viva, así como el sacramento del bautismo, en el cual nacimos de nuevo del agua y del Espíritu Santo. Siempre, pues, que seamos rociados con esta agua o que nos santigüemos con ella al entrar en la iglesia o dentro de nuestras casas, daremos gracias a Dios por su don inexplicable, y pediremos su ayuda para vivir siempre de acuerdo con las exigencias del bautismo, sacramento de la fe, que un día recibimos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Luego uno de los presentes, o el mismo celebrante, hace una breve lectura de la sagrada Escritura.

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Juan. Juan 7, 37-39
R. Gloria a ti, Señor.
El que tenga sed, que venga a mí.
El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba: -«El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.» Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

LECTURAS ALTERNATIVAS
Isaías 12:1-6; Sirach 15:71-6; 1 Juan SA-6; Revelación 7:13-17 y 22:1-5; Juan 133-15.
ORACIÓN DE BENDICIÓN
Luego el celebrante dice:
Oremos.
Después de una breve pausa de silencio, el celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: Bendito seas, Señor, Dios todopoderoso, que te has dignado bendecirnos y transformarnos interiormente en Cristo, agua viva de nuestra salvación; haz, te pedimos, que los que nos protegemos con la aspersión o el uso de esta agua, sintamos, por la fuerza del Espíritu Santo, renovada la juventud de nuestra alma y andemos siempre en una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
0 bien:
Señor, Padre santo, dirige tu mirada sobre nosotros, que, redimidos por tu Hijo, hemos nacido de nuevo del agua y del Espíritu Santo en la fuente bautismal; concédenos, te pedimos, que todos los que reciban la aspersión de esta agua queden renovados en el cuerpo y en el alma y te sirvan con limpieza de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
O bien el celebrante dice:
Oh Dios, creador de todas las cosas, que por el agua y el Espíritu diste forma y figura al hombre y al universo.
R. Bendice y purifica a tu Iglesia.
Oh Cristo, que de tu costado abierto en la cruz hiciste manar los sacramentos de salvación.
R. Bendice y purifica a tu Iglesia.
Oh Espíritu Santo, que, del seno bautismal de la Iglesia, nos haces renacer como nuevas criaturas.
R. Bendice y purifica a tu Iglesia.
Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con el agua bendecida a los presentes, diciendo, según las circunstancias:
Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección.

R. Amén.

CUÁNDO SE PERDONAN MIS PECADOS, ¿SE PERDONAN PARA SIEMPRE?


Una vez recibida la absolución de los pecados éstos quedan perdonados. Cristo delegó su poder de perdonar los pecados en los apóstoles y sus sucesores. Una vez que hemos confesado un pecado éste se perdona y no hay necesidad de volver a recibir la absolución de nuevo, a menos que se haya pecado de nuevo en una nueva situación.
La precariedad de la condición humana nos persigue muchas veces. Luego de acercarnos a la misericordia de Dios en la confesión o sacramento de la penitencia es posible sentir una inmensa culpa por nuestros pecados. La fuerza del pecado es patente, e incluso luego de recibir la absolución podemos sentir que Dios no nos ha perdonado. Ante esta experiencia de miseria humana surge esta pregunta: ¿Es verdad que mis pecados se perdonan para siempre en la confesión? Revisemos brevemente los argumentos por los que podemos decir que el perdón de los pecados es para siempre.

Parece que los pecados no pueden perdonarse para siempre, porque es tanta la malicia que hay en ellos que atenta contra la bondad de Dios. Por ejemplo, dice San Agustín que “es tanta la malicia de aquel pecado (el que comete quien, después de haber conocido a Dios por la gracia de Cristo, lucha contra la fraternidad y se agita con el ardor de la envidia contra la misma gracia), que no puede soportar la humildad de la plegaria, aun cuando su mala conciencia le impela a reconocer y denunciar su pecado. Luego no todo pecado puede ser borrado con la penitencia.” (De sermone Domini in monte)

También Dice el Señor en Mt 12,32: Quien dijere una palabra contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este siglo ni en el futuro. Luego no todo pecado puede ser perdonado con la penitencia.

Pero, contra todo esto el Señor ha dicho: “No me acordaré más de todas las iniquidades que cometió.” (Ez 18, 22)

Santo Tomás de Aquino presenta las formas en que un pecado no puede absolverse y también el modo en que los pecados quedan perdonados para siempre. En suma, los pecados no pueden ser perdonados si:
1) no hay un verdadero arrepentimiento del pecador o
2) si se hicieron con una total plenitud de conciencia, y esto sólo lo pueden hacer los ángeles, que tienen una voluntad y conciencia que puede conocer mejor que la humana.

Así, la penitencia no los puede borrar. Si no hay un impedimento por estas dos razones los pecados se perdonan para siempre. Tomás fundamenta su argumentación diciendo que la penitencia (como sacramento o actitud) no está en contradicción con la misericordia de Dios. Dice Tomás que Dios puede dejar “vencerse” por el hombre si su penitencia es ordenada y quiere borrar su pecado. Además los frutos de la penitencia obran por eficacia de la Pasión de Cristo. En última instancia, la penitencia, que es una acción voluntaria humana, funciona gracias a la Pasión de Cristo, que es nuestra justificación.

“Dos son los motivos por los que un pecado no puede ser borrado por la penitencia. Primero, porque uno no puede arrepentirse de él. Segundo, porque la penitencia no lo puede borrar. Al primer caso pertenecen los pecados de los demonios y de los hombres condenados, los cuales no pueden ser borrados porque tienen el afecto obstinado en el mal, de tal manera que ya no les puede desagradar el pecado en cuanto a la culpa, sino sólo en cuanto a la pena que padecen. Por razón de la cual hacen una cierta penitencia, pero infructuosa, según las palabras de Sab 5,3: Haciendo penitencia y gimiendo con el espíritu angustiado. Por lo que esa penitencia no va acompañada de la esperanza del perdón, sino de la desesperación. Ahora bien, un pecado así no puede tenerle el hombre viador, cuyo libre albedrío es flexible al bien y al mal. Por lo que es erróneo que exista un pecado en esta vida del cual uno no pueda arrepentirse. En primer lugar, porque de esta manera desaparecería el libre albedrío. En segundo lugar, porque se rebajaría la fuerza de la gracia, capaz de mover a penitencia el corazón de cualquier pecador, según las palabras de Prov. 21,2: El corazón del rey está en las manos del Señor, él le dirige hacia donde le place.

Y es igualmente erróneo afirmar, con el segundo motivo, que un pecado no pueda ser borrado con una verdadera penitencia. En primer lugar, porque esto está en contradicción con la divina misericordia, de la que en Jl 2,13 se dice que es clemente y misericordioso, tardo a la cólera y está por encima de toda malicia. Dios, en efecto, sería vencido, en cierto modo, por el hombre si el hombre quisiera borrar un pecado y Dios no. En segundo lugar, porque esto rebajaría la eficacia de la pasión de Cristo, por cuya virtud obra la penitencia, como también los demás sacramentos, como está escrito en 1 Jn 2,2: Él es la propiciación de nuestros pecados, y no sólo de los nuestros, sino también de los del mundo entero.

Por consiguiente, se ha de afirmar en sentido absoluto que en esta vida los pecados pueden ser borrados por la penitencia.”

(Tomás de Aquino, Suma teológica, III, q. 86, art. 1, respuesta general)


GabrielGonzález Nares

JESÚS REZA SIEMPRE POR NOSOTROS


Papa Francisco en Santa Marta 28 de octubre 2016
El Papa habló de Jesús como la piedra angular de la comunidad cristiana que reza siempre por todas las personas.

Por: Rome Reports | Fuente: Radio Vaticana
PAPA FRANCISCO:
"¡Eso que le dice a Pedro, te lo dice a ti, y a ti, y a ti, a mí, y a todos: ‘Yo he rezado por ti, yo rezo por ti, yo ahora estoy rezando por ti’, y cuando viene al altar, Él viene a interceder, a rezar por nosotros. Como en la cruz. Y esto nos da una gran seguridad.”.

El Papa concluyó su homilía destacando lo importante que es confiar en que Jesús está siempre intercediendo por nosotros y acompañándonos. 

RESUMEN DE LA HOMILÍA DEL PAPA

"La piedra angular, partiendo de San Pablo es el mismo Jesús. Sin Jesús no hay Iglesia”.

"Jesús se fue al monte a rezar y pasó toda la noche orando a Dios’. Y después viene todo lo demás: la gente, la elección de los discípulos, las curaciones, la liberación de los demonios… La piedra angular es Jesús, sí: pero Jesús que reza. Jesús reza. Ha orado y sigue orando por la Iglesia. La piedra angular de la Iglesia es el Señor ante el Padre, que intercede por nosotros, que reza por nosotros. Nosotros le rezamos a Él, pero el fundamento es Él que reza por nosotros”. 

 "Jesús siempre ha rezado por los suyos, incluso en la Última Cena. Jesús antes de hacer algún milagro, reza. Pensemos en la resurrección de Lázaro: reza al Padre”. 

"En el Monte de los Olivos Jesús reza; en la cruz, termina rezando: su vida terminó en oración. Y ésta es nuestra seguridad, éste es nuestro fundamento, ésta es nuestra piedra angular: ¡Jesús que reza por nosotros! ¡Jesús reza por mí! Y cada uno de nosotros puede decir esto: estoy seguro, estoy segura, de que Jesús reza por mí; está delante del Padre y me nombra. Ésta es la piedra angular de la Iglesia: Jesús en oración”. 

"Pensemos en aquel pasaje – dijo el Papa al concluir – antes de la Pasión, cuando Jesús se dirige a Pedro, con aquella advertencia”.

 "Pedro… Satanás ha obtenido el permiso de zarandearlos como el trigo. Pero "yo he rogado por ti, para que no te falte la fe”:


"¡Eso que le dice a Pedro, te lo dice a ti, y a ti, y a ti, a mí, y a todos: ‘Yo he rezado por ti, yo rezo por ti, yo ahora estoy rezando por ti’, y cuando viene al altar, Él viene a interceder, a rezar por nosotros. Como en la cruz. Y esto nos da una gran seguridad. Yo pertenezco a esta comunidad, firme, porque tiene como piedra angular a Jesús, Jesús que reza por mí, que reza por nosotros. Hoy nos hará bien pensar en la Iglesia; reflexionar sobre este misterio de la Iglesia. Somos todos como una construcción, pero el fundamento es Jesús, es Jesús quien reza por nosotros. Es Jesús el que reza por mí”.