sábado, 9 de enero de 2021

EL ARTE DE ESCUCHAR

Escuchar es una Virtud Cristiana.

Por: H. Jordán Sánchez | Fuente: El Blog de la Fe

Cuando se trata de opinar, siempre nos gusta ser tomados en cuenta, en el interior pensamos que nuestras ideas son mejores a las demás, queremos ser escuchados. Esto nos lleva a no tomar en consideración a los demás, pues no se trata sólo de proponer ideas, sino de considerar los estados de ánimo, los diversos temperamentos y actitudes de cada persona. Es por eso que escuchar se convierte en una verdadera virtud cristiana que consiste en dejarse a uno mismo, dejar las propias ideas, los propios sentimientos y ánimos del momento para estar dispuesto a acoger las palabras del prójimo. Escuchar implica callar, y callar implica dejarse a sí mismo, dejar ese impulso egoísta y natural de querer ser escuchada a toda costa.

Así el arte de escuchar se ejercita en todo momento, con cualquier persona con la que hablamos y sólo si permanecemos unidos a Cristo podremos ir venciendo en cada momento ese impulso del egoísmo que nos impulsa a querer imponer ideas u olvidarnos de cómo puede reaccionar el otro ante mis comentarios. Así el escuchar pasa a ser un apéndice de la caridad, sólo el que ama a Cristo y por Él a sus hermanos será capaz de escuchar.

LA VIRTUD DE CALLAR

Es entonces cuando se aprende a callar por virtud, por amor al prójimo. El callar no excluye la sana discusión, necesaria siempre para discernir ante las opiniones, pero cuando dentro están las pasiones se corre el riesgo de excluir la caridad para hacer prevalecer el propio egoísmo; se cierra la mente, pero lo más triste, se cierra el corazón.

Callar por amor. Cuánto nos falta aprender esta virtud tan necesaria hoy en día. Si supiéramos callar por amor, evitaríamos discusiones innecesarias, críticas mordaces y comentarios hirientes. De esta manera saber guardar silencio no sólo es cuestión de prudencia, sino de amor cristiano, es la lucha de vencer el egoísmo y la soberbia cada día, de imponerse a las pasiones y propios estados de ánimo.

Saber hablar y saber guardar silencio, saber escuchar y acoger la opinión del prójimo, todas estas actitudes podemos vivirlas cada día, comenzando con la familia, pero también en la calle, en el trabajo o la oficina. Saber hablar, callar y escuchar no son sólo virtudes cristianas, sino que son también humanas, pero si actuamos siempre bajo el amor de Cristo el esfuerzo realizado toma un valor más trascendente, un valor para la vida eterna.

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