lunes, 25 de enero de 2021

MI ENCUENTRO CON EL COVID... COMO ESPECTADOR

 

Ayer tuve que acompañar a una persona a la emergencia COVID de una clínica en San Borja, realmente al estacionamiento de la clínica donde esperan pacientes y familiares. Es una zona con carteles que dicen que no hay camas, ni UCI, ni respiradores, y que la atención podría demorar seis horas.

La tensa calma que se vivía fue rota cuando trajeron a un señor cuya familia clamaba por su atención: lo único que obtuvieron es que los médicos lo declararan muerto. Allí, en el estacionamiento, en medio de todos y todas, en medio de caras de pavor y las lágrimas de una madre que acaba de ver a su hija de menos de 20 entrar sola a esa emergencia, de la hija que tenía a su madre y su padre adentro, de los pacientes COVID que se sentían mal y veían en el señor fallecido un posible futuro.

A partir de ese momento, la desesperación solo aumentó. No había tópicos. No había sillas en la sala de espera para atender a más pacientes. Una ambulancia no pudo bajar a un enfermo porque no había espacio ni siquiera oxígeno para quien ya venía conectado. Uno de los enfermeros en la ambulancia le dijo a la familia: “así son todas las noches ahora, nadie recibe a los pacientes”.

Cerca mío había una chica, menor que yo, a punto de colapsar sentada en el piso por no poder respirar, a pesar de la desesperación de la hermana.

A los desesperados familiares de dos personas le dijo el médico que “aquí solo vamos a poder medir la saturación y hacer una tomografía para ver compromiso pulmonar, pero no va a recibir mas ayuda.... no tenemos como, busquen en otro lugar o lleven a un médico a su casa”.

El veinteañero que espero más de dos horas sin ser atendido se fue a buscar otro lugar porque se iba sintiendo peor.

Así transcurrió la tarde y noche en una clínica privada. En un hospital, esto se multiplica por mil. Esta ya no es una segunda ola. Esto ya pinta como maremoto que nos va arrasar, sobre todo a los menores que se sentían intocables.

Anoche, cuando regresaba a mi casa en pleno toque de queda, me llevaba esos rostros... esa desesperación... esas imágenes difíciles de borrar.

NN

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