El símbolo de los Apóstoles y el de Nicea-Constantinopla ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia.
Por: Siervas de
los Corazones Traspasados de Jesus y María | Fuente: corazones.org
El Catecismo de la Iglesia nos explica por qué
tenemos un Credo (Rf. 185-197). Desde su origen, la Iglesia apostólica expresó
su fe en formulas breves y normativas para todos, quiso recoger lo esencial de
su fe en resúmenes orgánicos y articulados, destinados sobre todo a los
candidatos al bautismo.
Esta síntesis de fe no ha sido hecha según opiniones humanas, sino que se ha
tomado de toda la Escritura lo más importante, para dar en su integridad la
única enseñanza de la fe. A esta se le llama "profesión
de fe", y también se le llama Credo, ya que la primera palabra en
ella es "Creo". Se les denomina
igualmente "símbolos de la fe".
A lo largo de los siglos, en respuesta a las
necesidades de diferentes épocas, se han elaborado numerosos símbolos de
nuestra fe, por ejemplo:
-Los símbolos de las
diferentes Iglesias apostólicas y antiguas.
-El llamado símbolo de San
Atanasio
-La profesión de fe de
ciertos Concilios como los de Toledo, Letrán, Lyón, Trento, o de ciertos Papas
como la "Fides Damasi" o "El credo del pueblo de Dios, del Papa
Pablo VI"
Ninguno de estos símbolos compuestos en diferentes etapas de la vida de la
Iglesia puede ser considerado como superado o inútil. Nos ayudan a captar
nuestra fe a través de los diversos resúmenes que se han hecho.
Ahora paso a contestar la pregunta, sobre el por qué de
los dos que usted conoce y su diferencia:
Entre los símbolos de la fe dos ocupan un lugar muy particular en la vida de la
Iglesia, estos son: El símbolo de los Apóstoles y
El Símbolo de Nicea-Constantinopla.
El Credo de los Apóstoles o Símbolo de los Apóstoles, es el corto, es llamado
de los apóstoles porque es considerado con
justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles. Es el antiguo símbolo
bautismal de la Iglesia Romana. Su gran autoridad proviene del hecho de que es
el símbolo que guarda la Iglesia Romana, la que fue sede de Pedro, el primero
de los apóstoles, y a la cual él llevó a la doctrina común.
El Credo de Nicea-Constantinopla, es más largo por ser más explícito y lo rezamos todos los domingos en la Misa. Debe
su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios
ecuménicos, como su nombre lo indica respectivamente Concilio de Nicea año 325
y el Concilio de Constantinopla año 381. Sigue siendo hoy el símbolo común de
todas las Iglesias de Oriente y Occidente.
Recitar con fe el Credo es recordar nuestro Bautismo y entrar en comunión con
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es también entrar en comunión con toda la
Iglesia que nos transmite la fe y en el seno de la cual creemos.

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