La misión cristiana es un don para compartir, educar y comunicar la fe para entonces proceder a evangelizar la Palabra de Dios.
Por: Ramiro Pellitero | Fuente: Blog
Las misiones y los misioneros siempre han sido
importantes en el cristianismo. Más aún, son la vanguardia y el referente
primero de la evangelización. Al mismo tiempo, todos los
cristianos tenemos una misión. Esto significa nuestro nombre, “cristiano”, que
deriva de Cristo, el “ungido” por Dios para la salvación del mundo.
En nuestro tiempo se siguen manifestando los límites del hombre, a pesar de los
enormes avances de la ciencia y de la tecnología en el mundo de la
globalización. No es solo la muerte (el límite más claro y común), sino la
persistencia del hambre y las enfermedades, de la ignorancia, de las
injusticias, la imposibilidad de hacer todo lo que querríamos, por muy bueno
que nos parezca. Nuestra mente, nuestro corazón, nuestra capacidad de
trabajo y nuestro tiempo tienen sus límites. No somos Dios. Pero
además no funcionamos como sería quizá de esperar.
Decía Sófocles que el hombre está panta poros aporon, abierto a todas las
cosas, pero a la vez cerrado. En perspectiva cristiana observaba San Pablo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Rm
7, 19). Estamos “heridos” en nuestra inteligencia, en
nuestra voluntad y en nuestros deseos y actitudes. Y a esto habría que añadir
la confusión y manipulación de que somos objeto continuamente. Todo ello nos hace lentos para percibir la
verdad, el bien y la belleza. Y esto se muestra con frecuencia en la extraña
ceguera para percibir las necesidades de los otros, incluso de los más
cercanos. Y también para perdonar, como se puede ver en la película “El Cuarteto” (Quartet, D. Hoffman, 2012) (ver
trailer).
En el momento actual cabe subrayar tres aspectos: la
misión nos corresponde efectivamente a todos los cristianos, según nuestras
condiciones y circunstancias en la Iglesia y en el mundo; la misión cristiana
es un aspecto esencial de la educación en la fe; esta misión requiere hoy antes
que nada del testimonio y de la misericordia.
LA MISIÓN, O LA
EVANGELIZACIÓN, CORRESPONDE A TODOS LOS CRISTIANOS
1. Los cristianos hemos recibido la buena
noticia (el Evangelio) de que Dios nos ama y el encargo o la misión de
anunciarla al mundo. Cristiano significa ungido, como Cristo y en Cristo, para
esa misión. Como ha señalado el Papa Francisco, se trata de “un don que no se puede conservar para uno mismo, sino
que debe ser compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos
convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfermos” (Mensaje
para la Jornada Mundial de las Misiones, 20-X-2013).
Con esa buena noticia y la misión de anunciarla a todos, también tenemos los
cristianos el impulso y la energía para hacerlo, saliendo de nosotros mismos e
incluso, como nos insiste el Papa, yendo a las “periferias”,
especialmente a aquellas que no han tenido la oportunidad de conocer a
Cristo. “La fuerza de nuestra fe, a nivel personal
y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de
difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que
encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida” (ibid.).
Esta necesidad y su permanente actualidad la han percibido los santos de todos
los tiempos. Por eso existen las “misiones”, que
el Concilio Vaticano II quiso integrar en la gran y única misión cristiana, en
este compromiso evangelizador que nos compromete a todos, porque “los ‘confines’ de la fe no solo atraviesan lugares y
tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer” (ibid.).
EDUCAR PARA LA EVANGELIZACIÓN
2. Con otras palabras, “todos
somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos,
profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en
anunciadores de su Evangelio” (ibid).
Esta misión, la misión de los cristianos, no es simplemente un programa que
habría que lograr a un plazo más o menos largo, sino también un horizonte que
hemos de tener en todas nuestras actividades cotidianas, aquí y ahora. Con ello
llegamos a un segundo punto. En la educación de la fe es
esencial formar a los cristianos para su misión; para una misión que pueden y
deben llevar a cabo ya desde niños, entre los parientes y los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo y los
simples conocidos.
Ahora bien, la evangelización encuentra obstáculos fuera y dentro de la
comunidad eclesial. “A veces –reconoce el
Papa– el fervor, la alegría, el coraje, la
esperanza en anunciar a todos el mensaje de Cristo y ayudar a la gente de
nuestro tiempo a encontrarlo son débiles”. En otras ocasiones se piensa
que evangelizar es violentar la libertad; más bien sucede que si se lleva a
cabo con claridad y respeto, la evangelización es un servicio y un homenaje a
la libertad humana (cf. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 80). En un ambiente como
el nuestro, que destaca la violencia, la mentira y el error, es urgente que
resuene esta buena noticia.
EVANGELIZACIÓN, TESTIMONIO Y
MISERICORDIA
3. Tercero y último, la evangelización requiere
ante todo el testimonio de vida. La evangelización no es una apelación a seguir
o adherirse a una doctrina o unos intereses meramente humanos. Es una
proposición a la razón y a la libertad de las personas. Se trata de ayudarlas a
abrirse ante las necesidades materiales y espirituales de los otros, de modo
que se muevan a la compasión y al amor efectivo, con hechos. Y esto solo puede
proponerse con el testimonio (es decir, el ejemplo y la coherencia manifestados
en la vida y en las palabras) y la misericordia.
En efecto, el Evangelio de Cristo es “anuncio de la
cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación”. Hemos de ser
capaces de anunciar “que el poder del amor de Dios
es capaz de vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien”. En esto consiste la naturaleza misionera de
la Iglesia, y, por tanto, la misión de los cristianos: es “testimonio de vida que ilumina el camino, que trae
esperanza y amor” (Papa Francisco, Mensaje para la Jornada
Mundial de las Misiones, 20-X-2013; cf. también su Discurso al Consejo
pontificio para la promoción de la nueva evangelización, 14-X-2013).

No hay comentarios.:
Publicar un comentario