sábado, 28 de marzo de 2020

CIENCIA E HISTORIOGRAFÍA TIBETANAS


El mundo civilizado y en particular el mundo científico, tienen una concepción racional de la historia y, por tanto, busca llevar una cronología precisa, aspira a identificar pruebas a la hora de afirmar la veracidad de un hecho histórico y a evitar toda contradicción interna a la hora de relatar un hecho pasado.
La historiografía budista es todo lo contrario: es mitológica, no presta atención alguna a la cronología, está llena de palmarias contradicciones internas y no tiene ningún reparo en violentar abiertamente la razón, la evidencia o el sentido común, como se ve en el hecho de que no hay acuerdo ni siquiera sobre los trazos elementales de la vida del “Segundo Buda”, Gurú Rinpoché, cuya vida conoce diversas versiones: la versión “clásica” y otras dos muy diferentes: la versión Tibetana-Bön y un relato basado en crónicas indias y tibetanas tempranas, como admite H. Thompson, el devoto biógrafo del Gurú. A estos relatos, se debe sumar las inverosímiles y contradictorias (entre ellas) biografías del Gurú Rinpoché llamadas “tesoros” que, según la superstición budista, fueron inspiradas o dictadas por el mismo Gurú biografiado –lo cual se funda en que el Gurú dijo que él le daría un texto-tesoro  autobiográfico a cada generación-, las cuales son tan disparatadas que el mismo H. Thompson reconoce que no necesariamente son fieles a los hechos históricos e, incluso, advierte que los intentos de leer los “tesoros” como si fueran documentos históricos llevan por mal camino. Lo cierto es que el caos historiográfico es tan visceral que el Prof. F.A. Bischoff halla poca justificación para afirmar que Gurú Rinpoché haya alguna vez existido.
          Ante semejante alud de contradicciones internas, Jamgon Kontrul, cuyo sentido de la Historia –como admite Thompson- puede parecer caótico, pretende resolver pragmáticamente el problema, presentando los diversos relatos sobre el Segundo Buda dejando librado todo al gusto de cada lector. Todo es tan confuso que, como admite Thompson, la historiografía tibetana presenta al Gurú Rinpoché como estudiante de todos los máximos maestros, incluido Ananda, el primo de Buda.
          El budista H. Thompson, que trata de historiar la vida de G. Rimpoché, admite que los relatos más tradicionales del pasado tienen solo débiles huellas de lo que esperamos de las historias –una presentación objetiva, imparcial y verificable de los hechos. Estas carencias historiográficas del budismo son tan graves que H. Thompson admite que parecería que entre todos los grupos que se reúnen a los pies de Buda, el grupo de los historiadores será frecuentemente el que se vaya con las manos más vacías. Thompson confiesa que todo esto puede ser fuente de serias perplejidades para los modernos lectores. El tema es tan serio que, como reconoce Thompson, el budismo mahayana y el budismo tántrico jamás produjo siquiera un solo historiador o reportero entre sus grandes escolásticos o maestros de meditación. Thompson, candidateándose al manicomio, propone una solución a este problema: la conciencia budista está más allá de los confines de la historia humana, por ende es irracional esperar que el budismo se ocupe, más allá de un nivel elemental, de una verdad relativa, material e histórica.
          Pero, el nivel de irracionalismo anti-científico del budismo no se limita al campo de la historia, sino que se extiende a otras áreas, como la geografía y la cosmología, a tal punto que, según el budismo, hay incontables universos y muchas cosas absurdas más, como ser islas de ogros y dioses subterráneos. Hoy, los budistas quieren defenderse con frases como esta: «El Buda no vino al mundo a enseñar geografía». De todos modos, el mismo Thompson, budista convencido, admite que nadie cree en ninguna de las versiones de la cosmología budista, mas Thompson, ideologizado, no ceja de atribuirle al Buda «una elaborada versión del universo».
         El budismo es una mentira.
        ¡Que Dios nos libre del budismo!
 BIBLIOGRAFÍA:
Zangpo, N. (H. L. Thompson), Guru Rinpoché. His Life and Times, Snow Lion, New York 2002.

Bischoff, FA (1978). Ligeti, Louis, éd. “Padmasambhava is-il un personnage historique?". Colloque Csoma de Körös Memorial . Budapest: Akadémiai Kiadó: 27-33
Padre Federico
LOS DIOSES MALOS DEL BUDISMO TIBETANO
           Para el budismo tibetano, hay muchos dioses. Ahora bien, estas deidades son consideradas imperfectas, esto es, seres en vía de purificación y en proceso de alcanzar la iluminación. Por ende, son dioses viciosos, que, según la mitología tibetana, a menudo despliegan su furia contra los seres humanos.

1.- PRIMACÍA (E INEXISTENCIA) DEL BUDA

Como ya se dijo, Buda prima sobre todo el panteón de divinidades. Él es el-que-está-sobre-todos-los-dioses. Él no es como un dios, sino que es más que un dios. De todos modos, la visión budista es muy paradójica ya que, si bien Buda es más que todos los dioses, Buda no es nada. En efecto, la doctrina de la vaciedad, en la cual reside el mismo eje teorético-metafísico del budismo, es tan extrema que implica que nada (ni siquiera Buda) existe. Esto es, al fin de cuentas, para el budismo, Buda no existe. Y nunca existió.

2.- PERVERSIONES DIVINAS

          Los dioses budistas son viciosos. Por eso, el budismo tibetano permanentemente previene contra los dioses iracundos («wrathful deities») y exhorta a los fieles a que le rindan culto latreútico a estas perversas divinidades, pues de lo contrario, ellos piensan, éstas se vengarán terriblemente contra los pobres budistas.

3.- DIOSES TRANSITORIOS

          Ellos creen que los dioses budistas son dioses por un tiempo, luego del cual se reencarnan en otro tipo de ser (hombre, demonio, fantasma, piojo,…) según haya sido su comportamiento. De todos modos, en este caso, más que de “reencarnación”, habría que hablar de “conversión” ya que los dioses serían inmateriales (si bien los pintan de modo antropomórfico).
(Continuará…)
Que Dios nos libre del budismo.
Padre Federico Highton, S.E.
27/III/MMXX

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