lunes, 21 de diciembre de 2020

¿QUÉ TENDRÁ QUE VER EL ADVIENTO Y LA NAVIDAD CON MI IMPACIENCIA Y MI SED DE DIOS?

 Mi vida siempre ha estado llena de sueños e ilusiones. Recuerdo que desde chico siempre me visualicé cumpliendo algunas metas personales, familiares, académicas, laborales y por supuesto, sentimentales.

Sin embargo, muchos de esos sueños se han visto frustrados debido a mi impaciencia, a la desconfianza que pude haber tenido del plan de Dios tantas veces. Tal vez, esto también te suene familiar a ti.

Esto hizo que perdiera el control y cayera en una desesperación profunda, cuestionando mi persona, el mundo, mis relaciones y entre ellas, evidentemente, la que tenía con Jesús.

PACIENCIA, FE Y ESPERANZA

En una ocasión, al leer la Biblia me di cuenta de lo importante que es la paciencia: «Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración» (Rom 12, 12). En todo cristiano debe existir la convicción de orar para que Dios sea quien provea la paciencia ante cualquier situación en la vida.

Pero a pesar de orar, yo mismo sentía que no lograba ser paciente, es difícil esperar. Un día, hablando con un amigo sacerdote, me comentaba que el Señor no se maneja en el mismo tiempo que nosotros: «Para el Señor, un día es como mil años y mil años como un día» (2 Ped 3, 8).

Y es que sí, una cosa es nuestro tiempo (cronos) y otro tiempo es el de Dios (kairós). Él siempre se toma su tiempo para actuar y en este Adviento particularmente lo he comprendido.

Seguramente tú también, sabemos que ha sido un año difícil, en el que tal vez muchos planes se cancelaron o tomaron otro rumbo. La impaciencia y la frustración se apoderaron de nosotros y nos hicieron cuestionar hasta lo más profundo.

¿PERO QUÉ TIENE QUE VER TODO ESTO CON LA NAVIDAD?

Para Dios habría sido fácil de la noche a la mañana mandar a su hijo al mundo y ponerlo instantáneamente entre los hombres. Pero ¿cómo habría sido eso? Totalmente extraño para todos, sin preparación alguna, sin arar el camino, sin conocimiento de quién era Él.

Dios se tomó su tiempo, como en la creación, preparó el sendero para la llegada de Jesús, y eso mismo debemos hacer nosotros esta Navidad. Esperar, y esperar lo mejor porque es el Niño Jesús quien nacerá.

Será Él el que nos llene de la alegría que tanto nos hace falta y de la paz que tanto necesita nuestra alma. Este tiempo de angustia y espera eterna para que las cosas mejoren o vuelvan a la normalidad, también lo vivieron otros antes.

Pensemos en todos los que han tenido que esperar a lo largo de la historia. En aquellos que recorrieron kilómetros para ir a adorarlo, en los que predicaron entorno a su llegada y aceptaron su voluntad, por más imposible que pareciera.

Que esta Navidad nosotros podamos aceptar que después de estos largos días de espera, que parecen tan difíciles, siempre estará Jesús. ¡Él es nuestro lugar seguro, nuestra esperanza, consuelo y gozo!

Artículo elaborado por: Irwing Contreras Sánchez.

Escrito por Lector invitado

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