martes, 18 de enero de 2022

CUANDO HACE FALTA REZAR

Yo suelo rezar un salmo, el 120. Me encanta por su sencillez y la forma como nos enseña a confiar, sobre todas la cosas.

Hace algún tiempo quería escribirte. Escuché en un programa de televisión a una señora que contaba sobre su esposo, desanimado, sin fuerzas, porque no hallaba empleo. Pensé mucho en las dificultades que enfrentaba este buen hombre.

Como él, somos de barro y en alguna ocasión podremos astillarnos. Y vaya que todo cuesta en esos momentos. Es entonces cuando conviene recurrir a la oración. Y encontrarnos con Dios. Verlo a los ojos y dejarnos amar, con su amor tierno y profundo. Un amor singular, que no es de este mundo y que te llena de paz.

La oración es el mejor medio para acercarnos al Padre.

Yo suelo rezar un salmo, el 120. Me encanta por su sencillez y la forma como nos enseña a confiar, sobre todas la cosas.

Me levanto temprano, miro al infinito y rezo:

Levanto mis ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te aguarda a su sombra,
está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.

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