jueves, 15 de diciembre de 2011

LA ESTRELLA QUE LLEVA A BELÉN



Caminando con Jesús.
Tres sabios que conocían las escrituras, sabían que cuando Cristo naciera, una estrella se levantaría y los llevaría a Belén, a los pies del Señor, para adorarle.

He aquí que unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Porque nosotros vimos en Oriente su estrella, y hemos venido con el fin de adorarle. (Mt 2, 1-2)

I

Por las arenas del desierto inmenso vemos pasar una caravana extraña. Las siluetas de tres reyes a camello se recortan en la dulce luz de esta noche de ensueño. Es un cuadro simple: los pies en la arena, una estrella en el cielo. No hay más frente a los Magos. Arena y estrella.

Tampoco hay más delante de ti, amigo que caminas no sé adónde. Todo lo que no es para ti estrella, es arena. Y arena vendrá a ser, al pasar el tiempo: riquezas y fama, honores y aplausos, fincas y amores.

Nos quedamos buen rato viéndoles pasar, hasta que sus sombras se confunden con la noche en la lejanía. La estrella seguirá luciendo: para ti, para mí, cualquiera que sea el siglo en que vengas al desierto. Y en nuestro corazón quedará grabada la imagen de esos hombres. La estrella se verá siempre.

A sus espaldas dejan un mundo de recuerdos, un mundo de amores, un mundo de ilusiones… Allá muy lejos, en Oriente. Son sabios que conocían las escrituras y el curso de los astros. Sabían que, cuando Cristo naciera, una estrella se levantaría, y un día, mirando al cielo, la vieron salir. Al momento se decidieron a ir tras ella. Muchos la contemplaron, sólo tres la siguen.

Sin estrella, ellos nunca hubieran dejado su tierra, ni llegado a Belén, ni conquistado un puesto en la historia de los hombres. Sus figuras se hubiesen perdido con las de los demás, con las de aquellos que viven ordenados y tranquilos, siendo cada día muertos más lejanos.

II

Largo y complicado viaje con un fin exclusivo: adorar a Cristo. Nadie les llamó y ellos se han puesto en camino, dejan atrás mujeres, hijos, negocios pendientes. Cambian la comodidad de sus palacios orientales por la molesta joroba de un camello. Todo en sus vidas sirve a su ideal. Han iniciado un viaje que no saben cuánto va a durar. Y vencieron, con la generosidad de su proyecto, las críticas y censuras de los hombres importantes de su pueblo que, moviendo sus cabezas encanecidas, comentaban:
-“¡Qué locura! ¡Ponerse en camino por la sola fe en una estrella!”

Los mediocres se arremolinaban a su alrededor. Observaban, criticaban, y a ninguno se le ocurrió seguir también la estrella. Hoy, como ayer.

Les parece locura lo que se sale del adormecimiento cómodo y seguro de sus cosas de siempre. Para ellos lo importante es eso, y no lo dejan por nadie, ni siquiera por buscar al Señor. Eso que no quieren dejar es arena.

Las prudentes cabezas encanecidas, dentro de pocos años, serán otras tantas calaveras, blancas, peladas por el tiempo, rodando, ya sin nombre y sin vida, por un rincón oscuro de un cementerio. Y no lo sospechan. Hoy, como ayer.

La figura de los magos seguirá, sin embargo, perenne. Los siglos no pueden borrarla. Ella estará enseñando, al ritmo del paso de sus camellos, a los hombres de todas las épocas, cuál es el camino de los mejores. Seguir una estrella.

III

Han hecho caminos distintos, confundiéndose con los hombres, y después de atravesar parajes diversos llegarán a Belén, a los pies del Señor… «La vocación del cristiano que vive y trabaja en el mundo».

Por el camino de Damasco muchos hombres viajaron junto a ellos, a la vez y en la misma dirección. Sin embargo, sólo ellos llegarán, porque sólo ellos lo anduvieron siguiendo la estrella. A los demás, no les sirvió de nada aquel camino, porque para nada sirve algo si no nos lleva al Señor. Han seguido los caminos pisoteados por la Humanidad de todos los tiempos: por esos caminos se pierden los hombres cuando por ellos sólo persiguen sus cosas. En el caso de los Magos, los caminos se empalman para llevarles a Jesús, pues siguiendo la estrella se consigue que cualquier camino sea camino del Señor.

Seguir a una estrella es dejar atrás tantas cosas, Señor, tantas cosas buenas. Hoy, como ayer.

Es dejar atrás todo un mundo: una vida, con todos los nobles factores que la integran, que tan enraizados están en el corazón del hombre…, cuando son incompatibles con las exigencias de la estrella.

Pero seguir una estrella es también abrir los ojos y el corazón a una gran aventura, es caminar por la vida con una razón de ser, es penetrar lentamente en un mundo soñado, es ver cómo esa ilusión va haciéndose realidad en panoramas maravillosos, que se abren a cada paso. Y, sobre todo, Señor, en acercarse cada día más a Tí.

IV

Aún se ven las siluetas de los Magos en la lejanía, entre las brumas. Llegarán a los pies de Jesús y de María: éxito máximo de cualquier viaje.

Y en lo alto luce la estrella. ¿No la ves? ¿No la ves? ¿O no quieres verla? Hoy, como ayer.

J. A. González Lobato

CUENTO DE ADVIENTO



La mayoría lo conocéis; pero el evangelio de hoy me lo ha traído a la mente y me parece muy adecuado para este tiempo de Adviento.

Al meditar hoy el evangelio y encontrarme con la frase: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos" He recordado el cuento de Martín el zapatero:

Martín era un humilde zapatero de un pequeño pueblo de montaña. Vivía solo. Hacía años que había enviudado y sus hijos habían marchado a la ciudad en busca de trabajo.

Martín, cada noche, antes de ir a dormir leía un trozo de los evangelios frente al fuego del hogar. Aquella noche se despertó sobresaltado. Había oído claramente una voz que le decía: "Martín, mañana Dios vendrá a verte". Se levantó, pero no había nadie en la casa, ni fuera, claro está, a esas horas de la fría noche...

Se levantó muy temprano y barrió y adecentó su taller de zapatería. Dios debía encontrarlo todo perfecto. Y se puso a trabajar delante de la ventana, para ver quién pasaba por la calle. Al cabo de un rato vio pasar un vagabundo vestido de harapos y descalzo. Compadecido, se levantó inmediatamente, lo hizo entrar en su casa para que se calentara un rato junto al fuego. Le dio una taza de leche caliente y le preparó un paquete con pan, queso y fruta, para el camino y le regaló unos zapatos.

Llevaba otro rato trabajando cuando vio pasar a una joven viuda con su pequeño, muertos de frío. También los hizo pasar. Como ya era mediodía, los sentó a la mesa y sacó el puchero de la sopa excelente que había preparado por si Dios se quería quedar a comer. Además fue a buscar un abrigo de su mujer y otro de unos de sus hijos y se los dio para que no pasaran más frío.

Pasó la tarde y Martín se entristeció, porque Dios no aparecía. Sonó la campana de la puerta y se giró alegre creyendo que era Dios. La puerta se abrió con algo de violencia y entró dando tumbos el borracho del pueblo.
-“¡Sólo faltaba este! Mira, que si ahora llega Dios...” - se dijo el zapatero.
-Tengo sed- exclamó el borracho.

Y Martín acomodándolo en la mesa le sacó una jarra de agua y puso delante de él un plato con los restos de la sopa del mediodía.

Cuando el borracho marchó ya era muy de noche. Y Martín estaba muy triste. Dios no había venido. Se sentó ante el fuego del hogar. Tomó los evangelios y aquel día los abrió al azar. Y leyó: "Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestiste... Cada vez que lo hiciste con uno de mis pequeños, a mí me lo hiciste..."

Se le iluminó el rostro al pobre zapatero. ¡Claro que Dios le había visitado! ¡No una vez, sino tres veces! Y Martín, aquella noche, se durmió pensando que era el hombre más feliz del mundo..."

Pues eso es Adviento. Saber ver en cada persona a Dios. Saber acoger a cada hombre, porque Navidad es cada día, cuando nos damos cuenta de que Dios se ha hecho hombre en el Hombre...

Joan Josep Tamburini

PROFETAS



Los profetas siempre aparecen en tiempos difíciles; pero a sus contemporáneos les cuesta reconocerlos.

Un profeta es alguien que ve la vida distinta a como la ven los demás. Por eso se les trata de raros, cuando no de locos.

¿Cómo son los profetas?
Un profeta es un místico. Una persona de profunda oración, al que le gustaría permanecer en la soledad con su Dios; pero, precisamente, ese Dios le manda en medio de la multitud. El profeta no considera la mística como un narcisismo espiritual, sino como la fuerza que le empuja a entregarse a los demás.

Curiosamente, aunque el profeta es un enviado, nadie lo espera. Y los que sí lo hacen, esperaban otra cosa y no lo reconocen.

Nos han mostrado la figura del profeta como la de alguien que predica calamidades, destrucciones, desastres...Sin embargo el profeta es un enviado para "edificar y plantar" (Jr 1, 10). Viene a mostrarnos caminos nuevos, a señalarnos un mundo nuevo...

El drama del profeta consiste en que, cuando habla a los hombres en nombre de Dios no le escuchan; y por otro lado, ama tanto a la humanidad, que se establece como defensor ante Dios, de aquellos que ni le escuchan, ni le esperan y encima le persiguen.

¿Sabremos nosotros recibirlos y seguir sus caminos?

Joan Josep Tamburini

EL LADO POSITIVO DEL FRACASO



Una persona que siempre viajaba liviana (sin demasiado equipaje personal) era la hermana Frances Cabrini.

En marzo de 1889, cuando la monja de treinta y ocho años de edad abandonó el barco en la isla Ellis, estaba pensando en la tarea que la esperaba: ayudar a establecer un orfanato, una escuela y un convento en la ciudad de Nueva York. No estaba preocupada con ninguno de los problemas de su pasado, aunque había tenido muchos.

Francesca Lodi-Cabrini nació a los siete meses de gestación en la ciudad lombarda de San Ángelo, Italia, donde pasó su enfermiza niñez. A los seis años, tomó la decisión de ser misionera en China. Pero la gente se rió de su sueño. «Una orden misionera jamás aceptará a una niña que se lo pasa enferma la mayor parte del tiempo», le dijo, mofándose, su hermana Rosa.

A los doce años, hizo votos de castidad y cuando alcanzó la edad mínima de dieciocho, presentó una solicitud de incorporación al convento de las Hermanas del Sagrado Corazón. Pero fue rechazada debido a su mala salud.

Pero el rechazo no haría que la Cabrini se diera por derrotada en su sueño de ministrar en Asia. Empezó a hacer cuanto podía en su propia villa para desarrollar fuerzas y probar que valía.

Enseñó a los niños del barrio. Se preocupó de cuidar a los ancianos. Y cuando se presentó una epidemia de viruela, atendió a las familias y amigos hasta que cayó enferma. Después que se recuperó, volvió a presentar solicitud al convento. De nuevo la rechazaron.

Después de seis años, la Cabrini finalmente logró que la aceptaran en la orden. Pensó que eso la pondría un poco más cerca de hacer realidad su sueño de servir en China. Pero todavía tenía que experimentar muchos reveses adicionales. Sus dos padres murieron al año siguiente. Luego fue asignada a enseñar en la escuela local en lugar de allende el mar.

Cuando presentó su solicitud para incorporarse a otra organización dedicada a servir en China, la rechazaron. Pronto la asignaron a supervisar un pequeño orfanato en Codogno, un pueblo a no más de setenta kilómetros de su casa. Pasó allí seis frustrantes años antes que el orfanato fuera cerrado.

Cuando todavía soñaba con ir a Asia, una monja superior le dijo que si quería ser parte de una orden misionera, tendría que empezar una ella misma.

Eso fue lo que hizo. Con la ayuda de una media docena de niñas del orfanato, fundó en 1880 las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón. Durante los próximos ocho años estableció la orden en Milán, Roma y otras ciudades de Italia.
Trató de ir a Asia, pero el Papa León XIII puso fin a su sueño de ministrar en China. Le dijo: «No al Este, sino al Oeste. Usted va a encontrar un vasto campo de trabajo en los Estados Unidos».

En Nueva York ayudó a poner en funcionamiento un orfanato, una escuela y un convento.

Así fue como la hermana Frances Cabrini llegó a la isla Ellis en marzo de 1889. Su largo sueño de servir en Asia yacía en ruinas tras ella, en Italia, el único hogar que ella conoció. Pero no miró atrás. No permitiría que el pasado la mantuviera cautiva.

Por los siguientes veintiocho años se dedicó a la tarea de ministrar a la gente en América. Y para hacerlo, venció una multitud de obstáculos. Cuando llegó a Nueva York, le dijeron que los planes para el orfanato, la escuela y el convento habían fracasado y que lo mejor era que volviera a Italia. En lugar de hacerlo, solucionó los problemas que se estaban presentando y estableció lo que había planeado.

Sin importarle las dificultades que tuvo que enfrentar, continuó venciéndolos. Cuando murió en 1917 a los sesenta y siete años, había fundado más de setenta hospitales, escuelas y orfanatos en los Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra y América del Sur.

El impacto de la Cabrini fue increíble. Fue la Madre Teresa de su día con igual compasión, valor, tenacidad y liderazgo. Pero nunca habría hecho la diferencia que hizo si hubiera dejado que su pasado la mantuviera cautiva. En lugar de lamentarse por haber perdido su sueño y por los sufrimientos de su juventud, fue hacia adelante e hizo lo que pudo donde Dios quiso ponerla.

Mi esperanza es que usted pueda hacer lo mismo.

Maxwell, John C

Por qué dejar que las huellas del pasado y las cicatrices del rechazo te limiten. Tienes un Dios capaz de guiarte por nuevos senderos y hacer que tus sueños se hagan realidad. ¡¡¡Pruébalo!!!

Cierto día José tuvo un sueño y, cuando se lo contó a sus hermanos, éstos le tuvieron más odio todavía. Genésis 37:5.
Sus hermanos replicaron: ¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a someter? Y lo odiaron aún más por los sueños que él les contaba. Genésis 37:8.

DE ESE HOMBRE AL QUE SU MUJER LE HA DADO UNA PALIZA



El diario El Mundo de fecha 14 de diciembre recoge un titular que dice así: “Una mujer desfigura a su marido de una paliza, añadiendo debajo que la víctima requerirá de cirugía maxilofacial para recuperarse.

El cuerpo de la noticia informa de que los agentes de la Policía Local de Palma han detenido a Marta Isabel V.C. y su marido por un delito de lesiones en el ámbito familiar. En este caso, la mayor parte de las heridas las recibió Cristóbal M.A., de 37 años, que tenía una hemorragia en el ojo izquierdo, así como varios cortes y arañazos en la cara. Además, también presentaba heridas en los brazos. La gravedad de las heridas obligará al hombre a someterse a cirugía maxilofacial en el hospital palmesano de Son Espases.

Curiosamente, es Marta Isabel la que había llamado a la policía, para informar de que su marido le había pegado. Sin embargo, cuando la policía llegó a la casa se encontró con el dantesco espectáculo de un hombre con el torso desnudo y doblado sobre el fregadero, ebrio, que no dejaba de repetir ha sido por mi culpa, por mi culpa, y que tenía la cara llena de sangre a causa de los cortes y los golpes recibidosen grado tal que precisó el traslado al hospital de Son Espases para que le examinasen las heridas donde el médico le advirtió que tendría que recibir cirugía maxilofacial por la gravedad de los golpes recibidos.

Por cierto, ninguno de los protagonistas del episodio era español, sino que se trataba de dos colombianos, fenómeno, éste de la extranjereidad, recurrente en este tipo de delito (1).

Esto es parte de la triste realidad cotidiana en los hogares desestructurados que existen en España. Que en los más de los casos sea el hombre el agresor y la mujer la agredida no autoriza a nadie de decretar que un comportamiento es delictual sólo si lo comete el hombre y no si lo comete una mujer. Es más, estoy por decir que la proporción en la que el hombre comete un delito de violencia doméstica frente a aquélla en la que lo hace la mujer, ni siquiera es mayor que en otros delitos como, por ejemplo, atracos a mano armada, terrorismo, donde el índice de delincuentes masculinos muy probablemente sea aún más desproporcionado. ¿Y acaso sería de recibo plantear la despenalización del atraco a mano armada cuando quien lo comete es una mujer sólo porque las atracadoras a mano armada sean pocas?

La ley que rige el delito de violencia doméstica en España, mal llamada violencia de género, - las personas para empezar no tienen género, tienen sexo, y en ese tipo de violencia hay muchas más implicaciones que las estrictamente sexuales - es una ley llamada a pagar la deuda en la que incurrió el pesoísmo zapaterita para arropar con algún tipo de cobertura ideológica a un señor que llegó al Gobierno antes de tiempo (en realidad no debió llegar nunca), sin proyectos, sin equipos, sin conocimientos, sin estatura… y también sin ideología, más allá de una serie de pesadillas que sufrió cuando tenía 14 años y de las que con 51 seguía sin recuperarse.

Terminada esa triste etapa de la historia española, hora es de ir enmendando los muchos errores cometidos durante ella, uno de los principales la discriminación intolerable a los ojos del artículo 14 de la Constitución española que establece que todos los españoles son iguales ante la ley en que consistió crear un delito que sólo cometían hombres y no mujeres. Algo de lo que es buena prueba la noticia calentita que traigo hoy a esta columna.

(1) También intentaron convencernos de que la violencia doméstica era el comportamiento habitual del homo facha hispanicus bigoteatus, cuando en realidad el 75% de los delitos denunciados son cosa de extranjeros y de jovencitos muy progresistas nacidos en plena democracia.

Luis Antequera

CONSEJOS DE JUAN BAUTISTA PARA VIVIR EL ADVIENTO



Ya no se trata de preparar la tierra para acoger la buena semilla, sino de preparar un camino para que pueda, llegar a nuestra alma Jesús.

En el Adviento, la Iglesia nos pone la figura de san Juan Bautista, y con él otra nueva imagen. Ya no se trata de preparar una tierra capaz de acoger adecuadamente la buena semilla: se trata de preparar un camino para que pueda, por él, llegar a nuestra alma la Persona adorable del Señor.

Son cuatro las órdenes, los consejos o las consignas que san Juan Bautista - y la Iglesia con él - nos da:
· La primera consigna de san Juan el Bautista es bajar los montes: todo monte y toda colina sea humillada, sea volteada, bajada, desmoronada. Y cada uno tiene que tomar esto con mucha seriedad y ver de qué manera y en qué forma ese orgullo - que todos tenemos - está en la propia alma y está con mayor prestancia, para tratar en el Adviento - con la ayuda de la gracia que hemos de pedir -, de reducirlo, moderarlo, vencerlo, ojalá suprimirlo en cuanto sea posible, a ese orgullo que obstaculizaría el descenso fructífero del Señor a nosotros.
· En segundo lugar, Juan el Bautista nos habla de enderezar los senderos. Es la consigna más importante: Yo soy una voz que grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Y aquí tenemos, entonces, el llamado también obligatorio a la rectitud, es decir, a querer sincera y prácticamente sólo el bien, sólo lo que está bien, lo que es bueno, lo que quiere Dios, lo que es conforme con la ley de Dios o con la voluntad de Dios según nos conste de cualquier manera, lo que significa imitarlo a Jesús y darle gusto a El, aquello que se hace escuchando la voz interior del Espíritu Santo y de nuestra conciencia manejada por Él.

A cada uno corresponde en este momento ver qué es lo que hay que enderezar en la propia conducta, pero sobre todo en la propia actitud interior para que Jesucristo Nuestro Señor, viendo claramente nuestra buena voluntad y viéndonos humildes, esté dispuesto a venir a nuestro interior con plenitud, o por lo menos con abundancia de gracias.
· El tercer aspecto del mensaje de san Juan el Bautista se refiere a hacer planos los caminos abruptos, los que tienen piedras o espinas, los que punzan los pies de los caminantes, los que impiden el camino tranquilo, sin dificultad. Y ese llamado hace referencia a la necesidad de ser para nuestro prójimo, precisamente, camino fácil y no obstáculo para su virtud y para su progreso espiritual: quitar de nosotros todo aquello que molesta al prójimo, que lo escandaliza, que lo irrita o que le dificulta de cualquier manera el poder marchar, directa o indirectamente, hacia el cielo.
· El cuarto elemento del mensaje de san Juan Bautista es el de llenar toda hondonada, todo abismo, todo vacío. Los caminos no sólo se construyen bajando los montes excesivos, ni sólo enderezando los senderos torcidos, o allanando los caminos que tengan piedras: también llenando las hondonadas o cubriendo las ausencias. Este mensaje se refiere a la necesidad de llenar nuestras manos y nuestra conciencia con méritos, con oraciones, con obras buenas - como hicieron los Reyes Magos y los pastores - para poder acoger a Jesucristo con algo que le dé gusto; no sólo con la ausencia de obstáculos o de cosas que lo molesten, no sólo con ausencia de orgullo o con ausencia de falta de rectitud o de dificultades en nuestra conducta para con el prójimo, sino también positivamente con la construcción: con nuestras oraciones y con nuestras buenas obras y un pequeño - al menos - caudal, capital de méritos, que dé gusto al Señor cuando venga y que podamos depositar a sus pies.

El Adviento, además de la conmemoración y el sentido del Antiguo Testamento -de la tierra que espera la buena semilla-, además de la figura límite entre el Antiguo Testamento y el Nuevo - san Juan Bautista -, este Tiempo nos acerca más al Señor por aquélla que, en definitiva, fue quien nos entregó a Jesucristo: la Virgen. No sólo en el hemisferio sur entramos al Adviento por la puerta del Mes de María, sino que en toda la Iglesia se entra al Adviento por la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Y la Inmaculada Concepción significa dos cosas: por una parte, ausencia de pecado original y, por otra, ausencia de pecado para y por la plenitud de la gracia. La Virgen fue eximida del pecado original y de las consecuencias del pecado original que en el orden moral fundamentalmente es la concupiscencia, es decir, la rebelión de las pasiones, la falta de orden dentro de nuestra persona, el rechazo que nuestra materia y nuestros apetitos indómitos oponen a la reyecía de la voluntad y de la razón iluminadas por la fe, por la esperanza y por la caridad; iluminadas y encendidas y sostenidas por la gracia. La Virgen, preservada del pecado original en el momento mismo de su concepción y liberada de todo obstáculo, tuvo el alma plenamente capacitada desde el primer instante para recibir la plenitud de la gracia de Jesucristo.

Por lo tanto su fiesta de la Inmaculada Concepción, con ese carácter sacramental que tienen todas las fiestas de la Iglesia, ese carácter de signo que enseña y de signo eficaz que produce lo que enseña, nos trae la gracia de liberarnos del pecado y de vencer, de moderar, de sujetar en nosotros las pasiones sueltas por la concupiscencia, a los efectos de que nos pueda llegar plenamente la gracia; y naturalmente, si estamos en Adviento, para que pueda venir la gracia del nacimiento de Jesucristo místicamente a nuestra alma, el día de Navidad.

Por lo tanto, unamos a toda la ayuda que nos pueden prestar los patriarcas del Antiguo Testamento que desde el cielo ruegan por nosotros (ellos que tanto pidieron la venida del Mesías), unamos a la intercesión y a la figura sacramental de san Juan Bautista, unamos por encima de ellos la presencia de la Santísima Virgen en su fiesta el 8 de diciembre y en todo este tiempo, pidiendo bien concretamente el poder liberarnos del pecado, de todo lo que en nosotros haya de orgullo, de falta de rectitud, de falta de caridad con el prójimo, de ausencia de virtud; liberarnos de todo ello para que, cuando venga Jesucristo el día de Navidad, no encuentre en nosotros ningún obstáculo a sus intenciones de llenar nuestra alma con su gracia.

La perspectiva de un nuevo nacimiento del Señor, en nosotros y en el mundo tan necesitado de Él, tiene que ser objeto de una preocupación, de todo un conjunto de sentimientos y de actos de voluntad que estén polarizados por el deseo de poner de nuestra parte todo lo que podamos, para que el Señor venga lo más plenamente posible sobre cada uno y sobre el mundo.

Y si esto vale siempre, se hace más exigente en las circunstancias del mundo presente que desvirtúa precisamente lo que Jesucristo trajo con su nacimiento. ¡Qué necesario es que pongamos todo de nuestra parte para que Jesús venga a nosotros con renovada fuerza el día de Navidad y, a través nuestro, sobre las personas que están cerca, sobre la Iglesia y sobre el mundo!

Quedémonos en espíritu de oración, fomentando en nuestro interior el deseo de que las cosas ocurran según las intenciones y los deseos del mismo Señor.

El Adviento es una época muy linda del año. Después de las fiestas de Navidad y de Pascua, quizá es la más linda, porque es una época de total esperanza, de seguridad alegre y confiada. En ese sentido nuestro Adviento es más lindo que el del Antiguo Testamento: se esperaba lo que todavía no había venido, en cambio nosotros sabemos que el Señor ya ha venido sobre el mundo, sobre la Iglesia, sobre cada uno y entonces tenemos mucho más apoyo para nuestra seguridad de que ha de venir nuevamente, a perfeccionar lo ya iniciado.

Por otra parte, esa presencia del Señor en la Iglesia y en nosotros nos ha hecho ir conociendo a Jesús, amándolo y tratándolo con confianza; por tanto, este esperar su nuevo nacimiento tiene que ser mucho más dulce, mucho más suave, mucho más seguro, mucho más esperanzado (con el doble elemento de seguridad y alegría de la esperanza) que lo que fue la espera de los hombres y mujeres del Antiguo Testamento.

Quedémonos, pues, unidos con Jesús, conversemos sobre estos temas, preguntémosle qué nos sugiere a cada uno en particular para que podamos, desde el comienzo, vivir el Adviento del modo más conducente para obtener la plenitud de Navidad que Él sin duda quiere darnos.

Autor: P. Luis María Etcheverry Boneo

miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL ANACORETA SE ENFRENTA A UN DILEMA



Leía tranquilamente el Anacoreta cuando su joven seguidor se le puso delante y le preguntó a bocajarro:
-“¿Qué es más importante, lo humano o lo religioso?”

El anciano bajó lentamente el libro, en el que precisamente acababa de leer: "Para Jesús es más importante 'lo humano' que 'lo religioso'". Reflexionó unos instantes y respondió:
-Creo que es un falso dilema. Lo humano no tiene por qué oponerse a lo religioso. Hacemos una serie de asociaciones falsas

Volvió a detenerse para reflexionar. Luego añadió:
-Asociamos humano a mundano y religión a espiritual. Y la cosa no es tan simple. El evangelio no nos pide abandonar el mundo, sino la 'mundanidad'. Cada línea del evangelio nos muestra a un Jesús preocupado por el hombre, por curarle la lepra, hacer que camine, vea, darle de comer... En cambio lo vemos atacando a la religión cuando es mera fachada, puro ritualismo, cuando ignora al hombre

Miró sonriendo al joven y concluyó:
-“¿Sabes qué es lo más importante? Un hombre empapado de religiosidad. O, si lo prefieres, una religión empapada de humanidad. Que, al fin y al cabo, eso es la Encarnación...”

El Rincón del Anacoreta

EL ANACORETA Y LA SINFONÍA



A causa de una tormenta de arena, ambos solitarios estaban refugiados en la cueva del anacoreta.

Entonces dijo:
-Si todos tocáramos el mismo instrumento el mundo sería muy aburrido.

El discípulo pensó que el Anacoreta, a veces, decía cosas muy raras. Además, en la cueva no había ningún instrumento musical.

-Es más - prosiguió el anciano - pretenden que todos toquemos la misma nota. ¡Menudo dolor de cabeza!”

Seguía el discípulo interrogando con la mirada a su maestro.

Este sonrió y continuó:
-Esto es lo que pretenden los poderosos de este mundo. Y cuando digo 'poderosos' me refiero a todos: los que tienen el poder económico; los que tienen el poder religioso; los que tienen el poder político... Para ellos lo ideal sería que todo el mundo tuviera un pensamiento único, las mismas reacciones, los mismos gustos, y siguieran como corderos las mismas indicaciones.

Se detuvo un momento y añadió:
-La vida ha de ser una sinfonía. Instrumentos diversos y notas diferentes; así, entre todos, formaremos una bella melodía. ¿Te imaginas que el violín pretendiera que todos han de ser violines?... Y eso no es relativismo. Cada instrumento es importante y cada músico ha de amar el instrumento que toca. ¿Sabes cuál es el problema?”

El discípulo no supo responder.

-Que todos quieren ser directores... y al final no sabemos quién es. Hemos de aceptar al mismo director de orquesta. Si descubriéramos al Dios, al Uno, al Trascendente..., no importa el nombre que le demos cada uno, podríamos tocar entre todos la Gran Sinfonía de la Vida...”

Y volvió a guardar silencio...

El Rincón del Anacoreta

EL ANACORETA Y LOS "MALOS"



El Anacoreta estaba leyendo la prensa. Dejó a un lado el periódico y exclamó:
-“¿Por qué dividimos siempre la sociedad en dos? Buenos y malos. Ricos y pobres. Autóctonos e inmigrantes. Blancos y negros...”.

Mientras su joven seguidor lo contemplaba asombrado prosiguió.
-Lo curioso es que Jesús se inclinaba por los que nosotros rechazamos. Buscaba la oveja perdida; se rodeaba de leprosos, ciegos, cojos... Comía con estafadores y prostitutas...”.

Sonrió y concluyó:
-Siempre queremos mostrar nuestra superioridad sobre los demás. Nos colocamos del lado de los que creemos 'los buenos'. Así nos perdemos que Jesús se acerque a nosotros, porque el prefería los malos’...".

Y volvió a tomar el periódico y siguió leyendo...

El Rincón del Anacoreta

EL PESO DE LA SOLEDAD



Cuando llegan las fiestas de Navidad con sus luces, colores, reuniones familiares, promesas de paz y de bondad... hay personas que se sienten invadidas por un profundo sentimiento de soledad.

Aquellos a los que nadie invitará ni le hará un sencillo regalo. Quienes han sufrido un divorcio reciente o la pérdida de una persona querida a la que recordarán con más fuerza estos días... Personas que se sienten golpeadas por problemas personales, económicos, profesionales, físicos... Personas, sobre todo, que creen que nadie les tiende una mano, que el agujero en el que están inmersos es tan grande, que nadie los podrá sacar de él... Y, cada vez que intentan salir se ven más angustiadas e impotentes.

Cuando te sientas así, lo importante es no cerrar los ojos y encerrase en la cueva del dolor y de las lágrimas. Hay que seguir caminando aunque duela... Por muy tenue que sea, siempre hay una luz en el horizonte. Tampoco tienes que mostrar siempre la mejor de tus caras.

Yo veo a Jesús en dos momentos de terrible soledad. En el huerto de los olivos y en la cruz lanzando el grito desgarrador: "Dios mío, porqué me has abandonado".

Es muy legítimo sentirnos así..., pero Él no nos abandona. Siempre está a nuestro lado. Será aquella persona, que seguro encuentras, dispuesta a escucharte, a compartir tus lágrimas, callar y darte la mano... O aquella música, paisaje, lectura, que te levantará el ánimo... Si eres creyente sabes que Él, aunque te parezca ausenta, está junto a ti.

Nunca lo dudes. La noche pasará, lentamente, pero pasará. Mientras tanto, enciende una vela...la Luz, aunque sea vacilante, te acompañará...

El Rincón del Anacoreta

LAS MOSCAS Y EL PANAL



De un panal se derramó su deliciosa miel, y las moscas acudieron ansiosas a devorarla.

Y era tan dulce que no podían dejarla. Pero sus patas se fueron prendiendo en la miel y no pudieron alzar el vuelo de nuevo.

Ya a punto de ahogarse en su tesoro, exclamaron:
-“¡Nos morimos, desgraciadas nosotras, por quererlo tomar todo en un instante de placer!”

Toma siempre las cosas más bellas de tu vida con serenidad, poco a poco, para que las disfrutes plenamente. No te vayas a ahogar dentro de ellas.

Fábula de Esopo

Quien se deja guiar tan sólo por sus gustos, pudiera desbocarse en una vida de vaivenes y fluctuaciones de ánimo. Más bien, necesitamos, precisamente ahora que nos preparamos para ingresar a un nuevo año, meditar y tratar de dirigir nuestras vidas a alinearse más y más con los planes de Dios. De esa manera, aunque enfrentemos pruebas y algún descalabro, sabremos que vamos en la dirección correcta… camino a bendición (tanto personal como compartida con otros). Vamos, vamos, no seamos como las moscas… aprendamos de la fábula de hoy. Adelante y que el Señor les bendiga.

Raúl Irigoyen

Y he dicho: Os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que mana leche y miel. Exodo 3:17.
De los labios de la adúltera fluye miel; su lengua es más suave que el aceite. Proverbios 5:3.

NACIMIENTO E INFANCIA DE JESÚS



Pbro. Dr. Pablo Prieto
Puntos de meditación sobre el nacimiento e infancia de Nuestro Señor.

NO HABÍA SITIO EN EL MESÓN == El espacio y el tiempo son inventos del amor. Quien ama hace sitio, quien ama saca tiempo.

Delante de un bebé es imposible fingir. Ante una cuna el teatro del mundo suspende su función, y cada cual deja el personaje que representa para ser sencillamente quien es.

Y si esto vale para todo niño, ¿cuánto más para Aquel que HA SIDO PUESTO A FIN DE DESTAPAR LOS PENSAMIENTOS DE MUCHOS CORAZONES (Lc 2, 34-35)

Deja, por tanto, todas tus máscaras fuera del Portal y entra a cara descubierta: MIRADLO Y QUEDARÉIS RADIANTES Y VUESTRO ROSTRO NO SE AVERGONZARÁ (salmo 33, 6).

Y LO ENVOLVIÓ EN PAÑALES (Lc 2, 7) == María no sólo envuelve el cuerpo de Jesús, sino su biografía, desde el pesebre al sepulcro. Los pañales y la mortaja son los extremos de un único lienzo con que María abarca a su Hijo en el espacio y el tiempo, y lo mantiene en su corazón.

Y LO ENVOLVIÓ EN PAÑALES (Lc 2, 7) == Envolverlo es prepararlo como un regalo de Navidad. Con este gesto María anticipa y resume lo que será toda la vida de su Hijo: darse.

Pesebre: comedero de animales. A nosotros, toscos y rudos como ese buey y esa mula, Jesús nos dice: cómeme”.

Por debajo del arco del portalico se descubre a María, José y el Niño…” “Asómate a la ventana y verás…”; == Los villancicos hablan de asomarse al Portal como a hurtadillas, espiando tras las puertas, fisgando por las esquinas y ventanas, con una mezcla de curiosidad y veneración, ¿por qué será?

El montañero se asoma al abismo imponente; la chica, al balcón donde le aguarda su novio; el niño, ante el escaparate de las golosinas… Hay cosas demasiado grandes, hermosas y dulces para verlas de frente. Cuando están deslumbrados los ojos del corazón, los de la cara prefieren entornarse. Si nos asomamos es porque nos asombramos.

Beben y beben y vuelven a beber / los peces en el río / por ver a Dios nacer (villancico popular) == Me muevo a mis anchas en el río de la contemplación y nunca me canso. Me embebo del misterio de Belén, y esto que bebo aumenta mi sed de ver.

Ex carne salus, “de la carne proviene la salvación (aforismo teológico) == Comenzando su vida terrena Jesús dice sin palabras lo mismo que dirá al final: LA PAZ SEA CON VOSOTROS, PALPADME Y VED QUE SOY DE CARNE Y HUESO (cf. Lc 24, 36-39). La carne bendita de Nuestro Señor es la revelación de su presencia, la prueba de su identidad y la garantía de su paz.

SIENDO RICO SE HIZO POBRE POR VOSOTROS, PARA QUE VOSOTROS FUESEIS RICOS POR SU POBREZA (2 Cor 8,9) == Encarnarse es vestirse Dios un traje de mendigo y así ofrecernos el Cielo como quien pide una limosna.

OH, DIOS, RESTÁURANOS, QUE BRILLE TU ROSTRO Y NOS SALVE (salmo 79, 4) == Una sola mirada puede colmar una vida. Enséñame tu cara, Señor, y diré con el anciano Simeón: YA PUEDES DEJAR A TU SIERVO IRSE EN PAZ, PUES MIS OJOS HAN VISTO (Lc 2, 29). Porque verte es verme, y me veo viéndome ver: ¡la mirada de Dios se intercambia con la mía! En esta reciprocidad reside la salvación. Sin embargo no es posible si mi corazón no está tan limpio y dispuesto que aflore a mis pupilas: DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS (Mt 5)

UN ÁNGEL DEL SEÑOR SE LES PRESENTÓ, Y LA GLORIA DEL SEÑOR LOS RODEÓ DE LUZ (Lc 2, 9) == No sólo rodeó a los pastores, sino también a las ovejas, a los aperos, a las vituallas, a la ropa, a los matorrales y hasta las mismas piedras: ¡todo el mundo se transfigura con la llegada del Redentor! En Navidad celebramos esta divinización de lo humano, que nunca cesa desde entonces. Y adornando nuestra casa queremos colocar nuestra vida ordinaria bajo este haz luminoso de Belén: nuestra pobre purpurina recuerda el foco de gloria de los ángeles, que todo lo enciende.

GUSTAD Y VED QUÉ BUENO ES EL SEÑOR (Gustate et videte quoniam suavis est Dóminus, salmo 33, 9) == Los dulces que tomamos estos días contienen este mensaje. GUSTAD Y VED: porque ves después de gustar: primero saboreas la humanidad de Jesús para entrever luego su divinidad. No te contengas, pues, ante este Dulce de Navidad, que no empalaga, envuelto por las manos primorosas de María…