martes, 1 de noviembre de 2022

¿QUÉ DEBO HACER PARA GANARME EL CIELO?

Jesús nos invita a ser santos, a alcanzar el Cielo, pero ¿qué debemos hacer para lograrlo?

Por: Xavier Villalta A. | Fuente: Catholic.net

Sería fantástico que todos le hiciéramos al Señor aquella pregunta que un día un joven le planteara: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?" (Mc. 10, 17; Mt. 19, 16) ¿cómo me puedo ganar mi entrada al Cielo?

Dejemos que sean las Escrituras las que nos muestren lo que debemos hacer.

1.- CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS

A aquel joven Nuestro Señor Jesucristo le respondió así: "Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre" (Mc. 10, 19; Mt. 19, 18)... porque "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre" (Jn. 14, 21)

San Pablo nos recuerda el camino a seguir:

"Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.

Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias" (Gal. 5, 19-24)

Y lo acentúa:

"El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna" (Gal. 6, 8)

2.- CREER, PERSEVERAR HASTA EL FINAL Y OBRAR EN CONCORDANCIA A LA FE

Ante esto surge una escusa en mi mente: las tentaciones son muchas, y soy débil, ¿cómo podré lograr semejante hazaña?, ¿acaso no está escrito que "el adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 Pe. 5, 8)?... sí, eso es verdad, pero también está escrito que no sufriremos "tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito (1 Cor. 10, 13)" y aunque parezca que el león nos va a devorar, si acudimos a Él buscando su auxilio, saldremos victoriosos porque "Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?" (Rom. 8, 31)

Pero, entonces, ¿no vasta con creer?, ¿no dijo Nuestro Señor a Nicodemo "el que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Jn. 3, 36)?, sí, es verdad, lo dijo, y esto no contradice lo anterior, porque quien cree en alguien sigue todo lo que él ha enseñado, por lo tanto quien cree en Cristo Jesús sigue fielmente todas sus enseñanzas (aunque no seamos capaces de entenderlas completamente), no tan sólo las que nos sean más cómodas y fáciles, sino principalmente aquellas que nos cuesta más por nuestra propia debilidad, porque es en esa batalla, "la buena batalla", la que nos permitirá decir al final "he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe" (2 Tim. 4, 7), no me he "cansado de hacer el bien" (2 Tes. 3, 13), tendiendo siempre presente que sólo "Aquel que persevere hasta el final se salvará" (Mt. 10, 22).

Parte de los frutos de esa batalla son nuestras obras, obras que si son realizadas por amor a Dios no serán olvidadas por Él (Heb. 6, 10), y nos dará como recompensa la deseada vida eterna (Rom. 2, 6-7) y en el día del juicio nos dirá:

"Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver" (Mt. 25, 34)

Probaron vuestra fe gracias a vuestras obras (Sant. 2, 18).

3.- LA EUCARISTÍA

Finalmente, no me puedo olvidar de mencionar otro requisito para lograr el cielo, último en este escrito, pero no el menos importante, veamos que nos dice el Señor:

"En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre". (Jn. 6, 47-58)

Jesús mismo nos indica, en la noche que fue entregado, como podemos comer su carne y beber su sangre, dones que nos darán la vida eterna, ya que "Tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío. Asimismo tomó también la copa después de cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre" (1 Cor. 11, 23-25; Mc. 14. 22-25; Lc. 22. 19-20; Mt. 26, 26-27)

Eso sí, no podemos olvidar que el comer el cuerpo y beber la sangre de Nuestro Señor es algo muy serio, y que si lo hacemos inadecuadamente, sin el debido discernimiento (1 Cor. 11, 27-29) estaríamos negándonos la posibilidad de recibir aquella vida eterna prometida y en su lugar recibiríamos el más temido de los castigos.

Estos pasos no son los únicos, pero si los principales, iniciemos con ellos, y en nuestro peregrinar hacia el cielo anhelado Dios nos irá permitiendo descubrir aquello que aquí falte, pero sin olvidar nunca que las puertas del Cielo están abiertas gracias al infinito amor de Jesús por cada uno de nosotros, amor que nos probó en la cruz (Rom. 5, 8), sin esa entrega total y amorosa ninguno de nuestros actos lograrían los méritos necesarios para ingresar al cielo.

¿QUÉ PENSAR Y HACER ANTE LA MUERTE?

 ¿Morir es simplemente parte de la vida?

Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net

Si morir es cambiar de vida, de la terrena a la eterna, vale la pena pensar en ello, no evadirlo de la mente. Digamos primero que fallece un ser querido o cercano, y nos entristecemos. Con muy comprensible razón. Somos humanos y esta es la vida que conocemos; estamos acostumbrados a convivir o saber con vida a otras personas de nuestro amor o entorno. Y cuando alguien así fallece, sentimos de cerca el fenómeno de morir, y rezamos por ellas, por sus almas y por los corazones de quienes han perdido a un ser querido. Y eso está bien.

 Generalmente no es igual cuando pensamos en que a diario mueren muchas personas lejanas a nosotros, y entre ellas quienes consideramos no deberían morir, es decir que no estaban enfermas graves, por ejemplo. Pero por homicidios, errores médicos o descuidos o por accidentes mueren personas. Y en general, eso nos hace pensar que morir es simplemente parte de la vida, y quizás ni se nos ocurra una oración por ellas. Y esto no está bien.

Si muere alguien de buena voluntad, de esas almas que ama el Señor, juntos a nuestras oraciones está la sensación de que dicha persona ya está mejor, no sufre, ha sido recibida en el cielo. Y en nuestra tristeza de no tenerla ya cerca, tenemos como creyentes un consuelo: ya está con Dios. Y oramos por quienes se quedan o quedamos sin ella, y por más frases pensadas y dichas de que en otra forma, ya no visible, nos acompaña, no resulta por esos tristes momentos de mucho consuelo para nosotros.

Cuando quien sufre alguna grave enfermedad, a veces terrible, o está en situaciones de peligro mortal, muere, nos consuela que ha dejado de sufrir, y que además, ha ido al Señor a recibir su justo premio por las buenas obras que haya hecho en vida, esas que cuentan muy por arriba de las faltas y pecados. La justicia divina está hecha de amor.

Pero hay otras cosas que hacer cuando alguien muere, al detenerse sus signos vitales o está en agonía. Y ambas tienen que ver con la oración. Veamos. Alguien acaba de morir, o al menos eso se piensa cuando cae en el llamado paro cardiorrespiratorio. La realidad es que aún no ha muerto, la vida se le está acabando y eventualmente puede volver, como cuando los médicos logran recuperar el latido cardiaco y la respiración. ¿Qué orar entonces? Pues podemos pedir al Señor que le conceda el arrepentimiento de lo pecado, que pidan su gracia y el perdón, justo antes de caer en la muerte cerebral.

Cuando una persona cae en ese paro cardiorrespiratorio, no sabemos si está consciente su mente o no, solamente vemos que “duerme”, que no habla, pero la experiencia médica nos ha mostrado cómo “el muerto” o quien permanece en estado de coma, que no se pueden comunicar, sin embargo pueden tener la posibilidad de pensar, así que bien podemos pedir, como he dicho, que Dios le conceda en don del arrepentimiento final y la petición del perdón, y Él lo escucha.

De hecho, el suicida puede estar en este caso, de que al momento de morir pida a Dios perdón por quitarse el inmenso don de la vida, arrepentido, demasiado tarde para detener su muerte. Pidamos entonces por quienes están en el proceso fatal del suicidio.

Ante un caso de agonía, con mayor razón podemos pedir eso al Señor, que al agonizante le conceda el don del arrepentimiento y la petición del divino perdón. Es lo mejor que puede pasarle a su alma, encomendarse a la misericordia de Dios, para llegar perdonado a su presencia en la otra vida, a ser juzgado por lo que hizo u omitió hacer conforme a los mandatos divinos.

Y algo más: así como oramos por “nuestros” difuntos, debemos orar por los “otros” difuntos o moribundos, sobre todo porque muchos mueren sin que nadie o casi nadie pidan a Dios por su eterno descanso en su presencia. “Que en paz descanse” es una frase muchas veces hueca, de cortesía, pero debemos sentirla y decirla con intención de que el Señor le lleve a su seno y no al castigo eterno que Él mismo nos ha mencionado.

Así como oramos por las almas de los fieles difuntos, pidiendo para ellos la luz perpetua, recemos por los agonizantes, por los que por la razón que sea están a punto de morir o están muriendo. Dios escuchará y les concederá lo que pedimos. Y pensemos también que moriremos, y demos buen, profundo sentido a todas esas oraciones que incluyen una frase como “…y en la hora de nuestra muerte”, del Ave María. Cada alma que ha llegado al cielo en parte al menos por nuestras peticiones por su buena muerte, será un intercesor nuestro, por nosotros y por quienes son nuestros seres amados. Amén.

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Una gran fiesta en el cielo.

Por: P. Idar Hidalgo | Fuente: Catholic.net

Hoy, primero de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos. Para toda la Iglesia es una gran celebración porque hay gran fiesta en el cielo. Para nosotros es una gran oportunidad de agradecer todos los beneficios, todas las gracias que Dios ha derramado en personas que han vivido en esta tierra y que han sido como nosotros, con las mismas debilidades, y con las fortalezas que vienen del mismo Dios. Celebremos este día con un corazón agradecido, porque Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Hoy es un buen día para reflexionar todo el bien espiritual y material que por intercesión de los santos hemos obtenido y tenemos hasta el día de hoy, pues los santos que desearon la Gloria de Dios desde aquí en la tierra lo siguen deseando en la visión beatifica, y comparten el mismo deseo de Nuestro Señor Jesucristo de que todos los hombres se salven, que todos los hombres glorifiquen a Nuestro Señor.

LA IGLESIA HA INSTITUIDO LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS POR LAS SIGUIENTES RAZONES:

1.- Para alabar y agradecer al Señor la merced que hizo a sus siervos, santificándolos en la tierra y coronándolos de gloria en el cielo.

2.- Para honrar en este día aun a los Santos de que no se hace fiesta particular durante el año.

3.- Para procurarnos mayores gracias multiplicando los intercesores.

4.- Para reparar en este día las faltas que en el transcurso del año hayamos cometido en las fiestas particulares de los Santos.

5.- Para animarnos más a la virtud con los ejemplos de tantos Santos de toda edad, sexo y condición, y con la memoria de la recompensa que gozan en el cielo.

Ha de alentarnos a imitar a los Santos el considerar que ellos eran tan débiles como nosotros y sujetos a las mismas pasiones; que, fortalecidos con la divina gracia, se hicieron santos por los medios que también nosotros podemos emplear, y que por los méritos de Jesucristo se nos ha prometido la misma gloria que ellos gozan en el cielo.

Se celebra la fiesta de Todos los Santos con tanta solemnidad porque abraza todas las otras fiestas que en el año se celebran en honor de los Santos y es figura de la fiesta eterna de la gloria.

PARA CELEBRAR DIGNAMENTE LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS DEBEMOS:

1.- Alabar y glorificar al Señor por las mercedes que hizo a sus siervos y pedirle que asimismo nos las conceda a nosotros.

2.- Honrar a todos los Santos como a amigos de Dios e invocar con más confianza su protección.

3.- Proponer imitar sus ejemplos para ser un día participantes de la misma gloria.

Es importante en este día tan importante para toda la Iglesia detenernos a pensar en todo el bien que Dios ha dado a la humanidad por medio de tantos hombres y mujeres que fieles a la voluntad de Dios, fieles a su amor fueron testigos del Reino del Señor. La cantidad de santos, santas y mártires que dejaron una huella tan profunda en su paso por esta tierra que ni el tiempo ni los cambios de generaciones han podido borrar. Y si decimos que es de todos los Santos es porque también celebramos a tantos Santos y Mártires que Dios a querido tener en el anonimato, y que nosotros no conocemos por su nombre pero sabemos por la fe que están dando gloria a Dios.

Celebremos con gozo este día, y pidámosle a Dios Nuestro Señor nos conceda disfrutar en esta tierra de la protección de sus santos y que un día nos conceda estar con ellos para glorificarlo en su eternidad.

Que Santa María Reina de los santos nos conceda la alegría de servir con humildad a Dios esta tierra para verle y gozarle en la vida eterna.

MADRES Y MÉDICOS ESPAÑOLES ALERTAN DE UN BOOM TRANS AJENO «A LA REALIDAD»: «TIENEN OTROS TRASTORNOS»

 "EXISTE UN ‘BOOM’, UNA ECLOSIÓN DE ADOLESCENTES QUE RESUELVEN SUS PROBLEMAS ASUMIENDO QUE SON ‘TRANS’, CUANDO REALMENTE TIENEN OTROS TRASTORNOS", ALERTA CELSO ARANGO, DIRECTOR DEL INSTITUTO DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DEL HOSPITAL GREGORIO MARAÑÓN.

La disforia de género y el cambio de sexo ha dejado de ser algo exótico y lejano. La fuente de información ya no es un reportaje de algún caso avanzado que comenzó su tratamiento al finalizar la escuela en Wisconsin. Ahora está en los hogares de todo el mundo. De hecho, los especialistas admiten que actualmente existe "un boom trans" y que aunque cada vez son más quienes dicen tener disforia, es un incremento "que no puede responder a la realidad".

Sea fomentado o espontáneo, lo cierto es que incluso hay familias y madres víctimas de la transición comenzada por sus hijos -muchas veces alentada por internet o la escuela- que se han organizado para hacer frente a las desvastadoras consecuencias y a la ley que amenaza con asentar este fenómeno.

La periodista del diario ABC, Elena Calvo, ha entrevistado a algunas de estas madres pertenecientes a AMANDA, la  Agrupación de Madres de Adolescentes y Niñas con Disforia Acelerada cuyo objetivo es, a corto plazo, impedir la promulgación definitiva de la Ley Trans.

Una de ellas es Gema, madre de Irene (los nombres son ficticios por privacidad). Tenía tan solo 13 años cuando en 2020, en pleno confinamiento, anunció que pertenecía al género fluido. Poco después, que era un hombre.

La pequeña dejó de serlo para siempre. "Se cortó el pelo cortísimo, cuando antes se negaba a tocarse hasta las puntas, cambió su forma de vestir de manera radical", cuenta su madre. Conforme pasaron las semanas y acabó el confinamiento, supieron que lo que le sucedía a su hija era compartido por sus amigas de la infancia.

"Cuatro niñas que de repente tienen las mismas ideas y actitudes, que se cambian el nombre, se tratan en masculino y piden que las llamen en masculino… hay un elemento tremendo de contagio social y moda", alerta.

MODAS, ABUSO SEXUAL, AUTISMO...: LAS RAZONES Y CAUSAS OBVIADAS

También Clara, una madre de Gerona de una chica trans mayor de edad, interviene para relatar un frecuente fenómeno que envuelve a todo lo trans, y es que los médicos y especialistas eluden tratar problemas previos en los pacientes que afirman tener disforia de inicio rápido, como el bullying, acoso sexual o autismo. Su hija, como a muchos otros, sufrió acoso escolar, ansiedad o depresión, entre otros y "lo resolvió diciendo que quería ser un chico".

Cuando fueron a visitar a su médico de cabecera, encontraron a una sustituta a la que no habían visto antes. "Al salir de la consulta, mi hija me dijo que sí, que la doctora le había dicho que lo tenía muy claro y que era trans", afirma Clara. Una consulta había bastado para diagnosticar la necesidad del cambio de género sin tener en cuenta un pasado de abusos y traumas.

Ante la narración del siguiente paso de su hija, la hormonación, Clara muestra su preocupación por sucesos desgarradores propios de una distopía: niños que empezarán a hormonarse como quien se toma un caramelo, que empiecen las denuncias contra los padres, las operaciones quirúrgicas irreversibles de cambio de género…

Como Clara, Gema también asocia el cambio de género de su hija al abuso sexual: "Nos enteramos un año después y a raíz de esto empezamos a hilar y a entender qué pasaba. Y lo que ocurre es que hay una reacción a ese acoso sexual que ella resuelve diciendo que ser chica es un asco porque te pasan estas cosas y la conclusión es que quiere ser un chico. Y es su forma de verlo y sentirlo, porque ella realmente lo vive así".

En muchos casos, todo comienza con una aparentemente bienintencionada palabra de ánimo en los colegios y centros educativos. A la hija de Fátima le animaron a asistir a una charla transactivista. "En 4º de ESO se le inició un proceso de transición social sin comunicármelo y me he enterado tres años después, hablando con sus amigos y sus madres", asegura.

¿TRANSGÉNERO? "REALMENTE TIENEN OTROS TRASTORNOS"

Las madres no son las únicas que corroboran estos episodios de lo que parece ser una auténtica manipulación. También alertan de ello médicos y especialistas, como el psiquiatra Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón.

"Existe un ‘boom’, una eclosión de adolescentes que resuelven sus problemas asumiendo que son ‘trans’, cuando realmente tienen otros trastornos. La proporción respecto a los que sí es de 100 a 1", asegura a ABC.

Preguntado por la tasa de arrepentimiento en el tratamiento de quien padece disforia, explica que si bien las primeras personas con disforia de género fueron evaluadas exhaustivamente por los especialistas y en ellas el arrepentimiento era "muy infrecuente", hoy sucede lo contrario.

Lo preocupante, explica, "es lo que pueda ocurrir entre los jóvenes que dicen serlo y decidan medicarse solo por una moda transgénero y sin un buena evaluación previa", como fomentaría entre otros aspectos la aprobación definitiva de la ley trans, "alejada de la realidad, de lo que estamos viendo en las consultas".

Atestigua un alarmante incremento de las mismas, pues se ha pasado de ver uno o dos casos al año a tener un 20% de los ingresados en la unidad de hospitalización. "Esta explosión de casos no puede responder a la realidad", afirma.

ReL

¿ANTICUADO, EL PUDOR? TEÓLOGOS, PSICOANALISTAS Y FILÓSOFOS EXPLICAN POR QUÉ NO PASA DE MODA

 UNA VIRTUD QUE REFUERZA LA AUTOESTIMA Y LA INTIMIDAD CON OTROS Y CON DIOS

EL PUDOR TIENE CONSECUENCIAS MÁS ALLÁ DEL VESTIDO: ES UNA FORMA DE TRATO. UNA SOCIEDAD DONDE EL PUDOR ES RECONOCIDO COMO VIRTUD ELEVA EL RESPETO MUTUO. EN LA IMAGEN, UNA ESCENA DE 'SENTIDO Y SENSIBILIDAD' (ANG LEE, 1995), BASADA EN LA NOVELA DE JANE AUSTEN (1775-1817). LA ESCRITORA INGLESA DESCRIBE UNA SOCIEDAD DONDE EL PUDOR DEL ALMA ELEVA LA CONSIDERACIÓN DE LAS PERSONAS.

¿Ha pasado de moda, definitivamente, el pudor? En una sociedad donde la escasez de ropa es considerada un signo de libertad, parece que habría que contestar que sí. Y, sin embargo, un artículo en la publicación católica belga Cathobel sostiene el profundo arraigo de esta virtud en la naturaleza humana. "¿Y si el pudor no ha dicho aún su última palabra?", se interroga. Y responde con el parecer de algunos expertos:

EL PUDOR, AL SERVICIO DE LA LIBERTAD

Etimológicamente, el pudor remite a la “repulsión”. Solo posteriormente el término evoluciona para connotar un sentimiento de vergüenza. “Todas las referencias léxicas”, escribe la psicoanalista francesa Monique Selz, “apuntan a que la palabra ‘pudor’ proviene del latín ‘pudor’, derivado del verbo ‘pudere’, cuyo primer significado sería experimentar o inspirar un movimiento de repulsión, y que sería luego utilizado con el sentido de ‘causar vergüenza’”.

Para Monique Selz, es importante distinguir entre vergüenza y pudor: el pudor nos permite existir como seres singulares y ofrece un espacio privado, al abrigo de la mirada de los demás. La vergüenza surge más bien cuando se produce una intrusión en ese espacio.

Inès Pélissié du Rausas es doctora en Filosofía por la Universidad de la Sorbona y autora de numerosas obras, entre ellas ¡Por favor, háblame del amor!, dirigida a los padres para sus hijos jóvenes y preadolescentes. 

Ella sostiene que la vergüenza, cuando se convierte en una palanca para el pudor, puede tener un “valor positivo”: el pudor remitiría no tanto a la vergüenza de uno mismo como al deseo de ser respetado por el conjunto de todo lo que nos constituye como sujeto. La vergüenza nace entonces del riesgo que representa el deseo sexual, deseo que el sujeto puede suscitar, a riesgo de ser reducido a ese deseo. “La vergüenza aparece como el signo del respeto a uno mismo a través del respeto  que se demuestra al cuerpo en el acto mismo de cubrirlo”.

La actriz Jessica Rey se hizo célebre como una de los Power Rangers, es católica y defiende públicamente la castidad, la modestia y el pudor. En esta pequeña charla hace también esa defensa como introducción a la marca de ropa de baño diseñada por ella misma.

Inès Pélissié du Rausas escribe además: "El pudor, como deseo de 'proteger lo mío', remite a la conciencia de su propio valor que tiene quien lo experimenta... ¿No es acaso porque experimenta ese respeto a sí mismo, que el hombre siente vergüenza ante aquello que percibe que, de una manera o de otra, puede degradarle?... Percatarse de un riesgo, ¿no es una condición necesaria para preservarse de él? Pues bien, el pudor es precisamente la percepción de una especie de 'peligro' que amenaza el ser: la manifestación de un deseo -propio o del otro- que ya no se integra en la totalidad de la persona, sino que tiende a su autonomía, solo se interesa en el cuerpo".

En ese mismo espíritu, según el Catecismo de la Iglesia Católica, el pudor significa, en la persona, la conciencia de su dignidad: "Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre" (n. 2524).

PUDOR DEL ALMA

Ahora bien, para Inès Pélissié du Rausas, el pudor no es solamente del cuerpo. Tomando la expresión de San Agustín, ella evoca así el “pudor del alma”, que remite al “temor a la exteriorización de la intimidad”: se trata de "un temor que apela al respeto al propio yo, pues rechaza que sea expuesto, menospreciado y tal vez incomprendido aquello que pertenece a la intimidad de la persona... Indica que esa intimidad existe, y remite a lo más profundo de la persona".

La intimidad no se revela si no es en un clima de confianza, y el velo del “pudor del alma” solo puede caer cuando las personas están unidas por un profundo respeto.

Pero ¿qué es la intimidad? Lo íntimo es, en primer lugar, lo que solo me pertenece a mí; luego, lo íntimo es lo que solo nos pertenece a nosotros. Pascal Janne (profesor extraordinario en la Facultad de Psicología y de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Lovaina), la profesora Christine Reynaert (de la misma universidad) y la escritora Catherina Lamy-Bergot distinguen entre la intimidad intelectual, la intimidad emocional, la intimidad conyugal y familiar y la intimidad económica, por no citar más que algunas. Destaquemos que, para estos autores, la intimidad sexual no es sino una categoría entre todas las que constituyen la intimidad plena y completa. Ciertas formas de intimidad se reservan a la vida conyugal, otras, por el contrario, son características de la amistad o incluso del vínculo filial o fraternal.

La primera consecuencia del pecado de Adán y Eva fue ser conscientes de su desnudez, ante lo que sintieron vergüenza de sus cuerpos, mientras que antes de su rebelión contra Dios, esta no existió. 

PUDOR Y CASTIDAD

Además, el teólogo dominico Raphaël Sineux vincula el pudor a la castidad, esa virtud que hace posible "la unidad interior del hombre en ser corporal y espiritual" (Catecismo, n. 2337).

Esta unidad interior implica que se contempla el cuerpo en su vocación de ser santificado, y no con un espíritu de codicia y concupiscencia. El pudor “invita a vigilar los sentidos, y a prohibirles todo movimiento que no se justificaría como expresión de un afecto legítimo”, escribe el padre Sineux. El pudor es una especie de repulsión “que experimenta el alma ante todo lo que ofendería a la castidad”. El pudor es así de gran ayuda cuando se trata de restablecer al ser humano en su integridad primigenia, en esa unidad armoniosa a la que está llamado.

Estas distintas ópticas aclaran el pudor bajo muchos ángulos, permitiendo que salgan a la luz al menos tres razones de ser subyacentes: deseo de respeto, deseo de intimidad y de autonomía, y deseo de santificación. El pudor no tiene, pues, nada de arcaico. Al contrario, surge incluso para funcionar como una palanca de afirmación del individuo. La afirmación de sí mismo para por la capacidad de reconocer hasta qué punto el cuerpo no pude reducirse a su materialidad. Merece pues un respeto muy especial. Al mismo tiempo, el pudor puede materializar, a nivel de los comportamientos y actitudes sobre todo de la vestimenta, el estatus del individuo como sujeto singular, incluyendo una dimensión de intimidad. En fin, esta intimidad es el umbral  a partir del cual es posible la vida espiritual. La intimidad es entonces un espacio disponible para Dios, la apertura a una libertad que tiene a Dios como principio. ¿Por qué tendría entonces el pudor que parecer anticuado? 

Publicado en ReL el 9 de septiembre de 2018 y actualizado.

Traducción de Carmelo López-Arias.

ReL

CÓMO HACER FRENTE A LOS CONFESIONARIOS VACÍOS: UNA RÉPLICA A LAS 8 EXCUSAS MÁS COMUNES PARA NO IR

 EN UN SEMINARIO DIRIGIDO A REDESCUBRIR EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN EN ROMA, EL REGENTE DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, MONS. KRZYSZTOF NYKIEL SE REFIRIÓ AL ORGULLO, LA RESISTENCIA AL AMOR O EL RECHAZO A PEDIR AYUDA AL SACERDOTE COMO LOS PRINCIPALES ESCOLLOS A LA HORA DE CONFESARSE.

«YO HABLO CON DIOS», «ME DA CLAUSTROFOBIA» O «NO SÉ QUÉ DECIR» SON LAS MÁS COMUNES

Un secreto a voces de las últimas décadas es que los confesionarios están cada vez más vacíos. Los motivos y causas pueden ser muchos: los fieles dicen que el confesionario está vacío cuando pasan por una iglesia y los confesores que generalmente los fieles no acuden con frecuencia a la confesión.

Es el caso del polaco Henryk Hoser, anterior visitador papal en Medjugorje fallecido en agosto de 2021: tras una larga experiencia en París, Bruselas y Bosnia llegó a afirmar que "los sacerdotes en Occidente han dejado de confesar", en parte movidos por la convicción de que "la confesión es culpabilizar".

Otros, como el sacerdote converso Tim McCauley, presentan la otra cara de la moneda cuando afirman que si los fieles no frecuentan tanto la confesión es debido a que esta supone admitir que son malas personas y que han hecho cosas malas, pensar continuamente en los pecados cometidos hasta el punto de obsesionarse o bien por el miedo a ser juzgados.

Por eso, siguiendo el refrán de "a situaciones desesperadas, medidas desesperadas", también hay sacerdotes que salen a las calles estola al cuello y rosario en mano dispuestos a recibir a todo el que desee el sacramento de la reconciliación. Es el caso del napolitano Michele Madonna, que salió a las calles al ser consciente de que tras la pandemia "cada vez menos personas van a la iglesia para asistir a misa y acercarse al sacramento de la penitencia".

Precisamente hace unas pocas semanas, el arzobispo de Valladolid, Mons. Luis Argüello, invitó a los seminaristas a "llevar un distintivo y ser reconocibles, para que se vea en la plaza pública" y quien lo necesite pueda acudir. "En el tren, yendo y viniendo a Madrid, las personas que han querido hablar conmigo y confesarse se dirigían a mí porque me vieron", subrayó.

En todo caso, la cuestión de los confesionarios vacíos ha llegado al Vaticano, donde la Penitenciaría Apostólica ha organizado un seminario dirigido a "redescubrir" este sacramento.

En su conferencia, el regente de la Penitenciaría Apostólica, Mons. Krzysztof Nykiel, resumió las principales razones que da la gente para no confesarse y ofreció una breve respuesta a cada objeción.

Las diez objeciones que más siguen al "no me confieso porque…" entre los fieles son:

1º "…PUEDO HABLAR DIRECTAMENTE CON DIOS"

Tras explicar las bondades de la oración personal, el examen de conciencia o la propia petición de perdón por los pecados, Nykiel incluso afirmó que "no es imposible obtener el perdón incluso simplemente 'hablando directamente con Dios' en oración".

¿El problema? "Que nunca podemos estar seguros de ello. Y es precisamente en esta 'certeza' en la que radica la diferencia fundamental entre el perdón solicitado y esperado en la humilde oración a Dios y el perdón obtenido en la celebración del sacramento de la reconciliación", añadió.

En la confesión, continuó Nykiel, "el penitente que obtiene la absolución del sacerdote está moralmente seguro, por certeza de fe, de que sus pecados le son perdonados y no le serán imputados en el día del juicio. La diferencia entre una esperanza y una certeza vale todo el esfuerzo de la confesión".

2º "… PORQUE EL SACERDOTE ES, O PUEDE SER, MÁS PECADOR QUE YO"

El regente de la Penitenciaría reconoció que esto podía ser cierto en muchos casos de confesores que no estaban en gracia al recibir la confesión. Sin embargo, explicó que "la condición moral del sacerdote en el momento de la absolución sacramental es completamente irrelevante para la validez de la absolución".

Por ello, "renunciar a la confesión por la incertidumbre sobre la condición moral del confesor sería como renunciar a un tratamiento médico por la incertidumbre sobre la salud del médico".

Los sacerdotes también son humanos... ¡y por eso también se confiesan! Pero que cometan pecados no invalida el sacramento de la confesión a los fieles. 

3º "… PORQUE SIEMPRE CONFIESO LOS MISMOS PECADOS"

Y esta, lejos de ser una objeción, es para Nykiel "exactamente lo contrario", ya que "solo la humilde entrega de uno mismo a Dios implorando su misericordia hace posible vencer y luchar contra los vicios que pueden atar y a veces apoderarse de nuestras almas".

En este sentido, se refirió a dos grandes santos que hablaron al respecto. El primero de ellos, San Agustín, que afirmó que “Si derrotamos un vicio al año, pronto seríamos santos”. San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, afirmó igualmente que "Dios siempre nos perdona, incluso si sabe que volveremos a pecar. Así que cometer siempre los mismos pecados no es razón para no confesarse, sino al contrario, [es razón] para acudir al sacramento con mayor frecuencia y fidelidad".

4º "…PORQUE SOY UNA BUENA PERSONA QUE NO MATA A NADIE"

Este motivo, sin embargo, es más grave, ya que el no cometer pecados, que es un don de la gracia, podría convertirse en "un motivo de orgullo para creerse justo ante los demás o, mucho peor, ante Dios… Y nadie puede ser justo ante Dios".

Así, también destacó que “el sentido del pecado y la indignidad de uno ante Dios es siempre directamente proporcional a la proximidad de uno mismo a Dios: Los grandes santos siempre han mostrado sentirse grandes pecadores. Si no nos sentimos pecadores, probablemente todavía no seamos santos”.

También comparó a Dios con la luz y el calor para ejemplificarlo: "Cuanto más nos acercamos al 'sol de Dios', más intensamente sentimos el fuego ardiente de nuestro pecado y deseamos profundamente ser libres de él. Si no sentimos este deseo ardiente, probablemente aún estemos lejos del sol de Cristo”.

Refiriéndose a la excusa de no haber cometido ciertos pecados graves, preguntó: "¿No es un intento de autojustificación que acaba por prescindir de la salvación ofrecida por Cristo? ¿No se esconde un miedo a la realidad del yo detrás de esas máscaras? ¿Estamos seguros de que la única forma de 'matar' es privar [a alguien de] la vida física? ¿O matamos con palabras, con indiferencia y de tantas otras formas? ¡Pensemos en ello!".

5º "…PORQUE LA ÚLTIMA VEZ QUE LO HICE NO ME FUE BIEN"

También se dirigió a los que ya no se confiesan porque tuvieron una mala experiencia con un sacerdote que no estuvo acertado en sus palabras, que pudo haber sido poco empático o desproporcionado.

"Primero, debemos preguntarnos: ¿qué esperamos del sacramento de la reconciliación? Si nuestra expectativa está fuera de lugar o está mal dirigida, corremos el riesgo de ser decepcionados. La confesión no resuelve nuestro sentimiento de culpa ni resuelve todos nuestros problemas personales y espirituales. La absolución sacramental destruye el sentido del pecado, que es teológico y sobrenatural". Por eso, ante situaciones desagradables en una confesión aconsejó comenzar a hacerlo con otro sacerdote, pero en ningún caso dejar de hacerlo.

6º "… PORQUE NO ME GUSTA HABLAR DE MI VIDA PERSONAL CON OTRA PERSONA"

En este caso, Nykiel subrayó que un sacerdote no es cualquier otra persona, sino alguien a quien Dios ha conferido su poder para perdonar en la tierra. Por ello, aunque verbalizar y reconocer los propios pecados pueda ser difícil, recordó que "nos sentimos verdaderamente amados cuando todo lo que nos rodea es amado, no solo las cosas buenas o agradables que mostramos o cuando se creen las mentiras y las verdades parciales. Cuando las personas se presentan completamente ante Dios, se dejan amar plena y completamente por Dios".

7º "…PORQUE NO SÉ QUÉ DECIR"

Nykiel afirmó que si esta no es la más frecuente, es de las más comunes a la hora de retrasar la confesión, pero también de las más fáciles de superar: "Simplemente dígale al sacerdote: `Quiero confesarme, pero no sé qué decir. ¿Me puede ayudar?´". Asimismo invitó a aprender a hacer "un buen examen de conciencia" y a buscar "lo que realmente cuenta", un deseo sincero de "pensar en la verdad de la propia vida ante Dios".

8º "…PORQUE EL CONFESIONARIO ME DA CLAUSTROFOBIA"

Por raro que parezca, es una razón argumentada por algunos católicos para no acercarse al sacramento de la reconciliación. Por ello, Nykiel recordó que en algunos casos se puede prescindir o eximir del uso del confesionario. Sin embargo, alertó del empleo de esta y otras excusas que pueden ser triviales a la hora de confesarse como "no tengo tiempo, no me acordaba, o me viene mal la hora”

"El maligno tienta con tonterías” y no siempre ataca de frente a la hora de ofrecer dudas sobre la misericordia de Dios o el poder del sacramento, "sino que se aleja progresivamente de su celebración con aparentemente inofensivas trivialidades que, sin embargo, con el tiempo, terminan socavando tanto la práctica regular de la confesión como, Dios no lo quiera, la fe misma".

"La misericordia divina siempre nos espera; no huyamos de ella como niños traviesos, inventando excusas que nadie creería y, al final, nosotros tampoco", instó.

ReL

PATRIOTISMO RECTO Y PATRIOTISMO DESVIADO

 Es algo muy bueno que los que vivan en un país se sientan orgullosos del lugar donde Dios les hizo nacer. El patriotismo es bueno mientras no se caiga en la soberbia ni en el desprecio de los demás. Ojalá que todos amarán la población en la que viven, les gustara su región, y se sintieran muy a gusto en su nación.

Ahora bien, no pienso que España sea el mejor país del mundo. Es una nación más dentro de la familia de naciones del planeta, no es el centro del universo. Basta leer Memorias de Africa (nada que ver con la película) para asomarse a lo que una danesa puede llegar a amar ese continente. Vi un documental sobre Sudáfrica en el que el director, de un modo muy personal, mostró con sinceridad todos los problemas de su país, pero el mismo metraje mostraba problemas, pero el amor del director por su tierra. El cual había estado en muchos otros países, pero seguía amando su patria.

Hace poco vi otro documental sobre Argelia y lo mismo. El director reconocía los problemas de su país, pero lo amaba.

Hay un patriotismo malo y hay un amor a la tierra que es bueno. El patriotismo en sí es bueno, siempre y cuando uno considere las cosas con humildad; la humildad siempre es realismo. El patriotismo contra alguien siempre es malo. El patriotismo debe ser sereno, tranquilo. Es un amor a la patria del que es consciente de que de haber nacido doscientos kilómetros más allá su orgullo sería el de ser francés. La idea de la humanidad como una sola familia esa es la que, verdaderamente, más ilusión me produce. En mi caso más que el patriotismo por España, a la que quiero mucho, lo que más me entusiasma es la de un planeta en la que todos, realmente, nos sintiéramos hermanos y buscáramos la prosperidad de todos, sin egoísmos nacionales.

Todo esto no es incompatible con la idea de que pienso que cada nación debería crear una serie de edificios institucionales, ceremoniales del poder y cosas similares que ayuden a que sus ciudadanos se sientan orgullosos de su nación. Ya he explicado en post pasados que creo que Madrid podría crear una especie de barrio de edificios institucionales que se convierta en un atractivo turístico. Y cuando pienso en ese “barrio”, hablo de un proyecto para ser completado, ampliado y terminado en medio siglo como mínimo.

Hace una semana que pienso que Madrid debería tener un gran panteón nacional. Que sirviera para entierros de la gente normal y así sufragar parte de los gastos, pero que se convirtiera en el gran marco de los entierros de Estado. Esta idea la explicaré mañana. Aunque ya sabéis que cuando me da por perderme en mis fantasías arquitectónicas, ese anuncio es casi una amenaza.

P. FORTEA