martes, 1 de enero de 2019

ORACIÓN DE FIN Y PRINCIPIO DE AÑO


Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.
Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.
Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho y perdón por vivir sin entusiasmo.
También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.
En los próximos días iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.
Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.
Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.
Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.
Cólmame de bondad y de alegría para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de TI.
Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad.
Amén

Envió: Rosa María Legorreta

HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS


Francisco: «Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor»
El Papa ha celebra la primera Misa del año 2019 en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios.
(InfoCatólica) Homilía del papa Francisco en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, del 1 de enero del 2019
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores» (Lc 2,18). Admirarnos: a esto estamos llamados hoy, al final de la octava de Navidad, con la mirada puesta aún en el Niño que nos ha nacido, pobre de todo y rico de amor. Admiración: es la actitud que hemos de tener al comienzo del año, porque la vida es un don que siempre nos ofrece la posibilidad de empezar de nuevo.
Pero hoy es también un día para admirarse delante de la Madre de Dios: Dios es un niño pequeño en brazos de una mujer, que nutre a su Creador. La imagen que tenemos delante nos muestra a la Madre y al Niño tan unidos que parecen una sola cosa. Es el misterio de este día, que produce una admiración infinita: Dios se ha unido a la humanidad, para siempre. Dios y el hombre siempre juntos, esta es la buena noticia al inicio del año: Dios no es un señor distante que vive solitario en los cielos, sino el Amor encarnado, nacido como nosotros de una madre para ser hermano de cada uno.
Está en el regazo de su madre, que es también nuestra madre, y desde allí derrama una ternura nueva sobre la humanidad. Y nosotros entendemos mejor el amor divino, que es paterno y materno, como el de una madre que nunca deja de creer en los hijos y jamás los abandona. El Dios-con-nosotros nos ama independientemente de nuestros errores, de nuestros pecados, de cómo hagamos funcionar el mundo. Dios cree en la humanidad, donde resalta, primera e inigualable, su Madre.
Al inicio del año, pidámosle a ella la gracia del asombro ante el Dios de las sorpresas. Renovemos el asombro de los orígenes, cuando nació en nosotros la fe. La Madre de Dios nos ayuda: la Theotokos, que ha engendrado al Señor, nos engendra a nosotros para el Señor. Es madre y regenera en los hijos el asombro de la fe. La vida sin asombro se vuelve gris, rutinaria; lo mismo sucede con la fe.
Y también la Iglesia necesita renovar el asombro de ser morada del Dios vivo, Esposa del Señor, Madre que engendra hijos. De lo contrario, corre el riesgo de parecerse a un hermoso museo del pasado. La Virgen, en cambio, lleva a la Iglesia la atmósfera de casa, de una casa habitada por el Dios de la novedad. Acojamos con asombro el misterio de la Madre de Dios, como los habitantes de Éfeso en el tiempo del Concilio. Como ellos, la aclamamos «Santa Madre de Dios».
Dejémonos mirar, dejémonos abrazar, dejémonos tomar de la mano por ella. Dejémonos mirar. Especialmente en el momento de la necesidad, cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar a la Virgen. Pero es hermoso ante todo dejarnos mirar por la Virgen.
Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos. Se dice que los ojos son el espejo del alma, los ojos de la llena de gracia reflejan la belleza de Dios, reflejan el cielo sobre nosotros. Jesús ha dicho que el ojo es «la lámpara del cuerpo» (Mt 6,22): los ojos de la Virgen saben iluminar toda oscuridad, vuelven a encender la esperanza en todas partes. Su mirada dirigida hacia nosotros nos dice: «Queridos hijos, ánimo; estoy yo, vuestra madre».
Esta mirada materna, que infunde confianza, ayuda a crecer en la fe. La fe es un vínculo con Dios que involucra a toda la persona, y que para ser custodiado necesita de la Madre de Dios. Su mirada materna nos ayuda a sabernos hijos amados en el pueblo creyente de Dios y a amarnos entre nosotros, más allá de los límites y de las orientaciones de cada uno.
La Virgen nos arraiga en la Iglesia, donde la unidad cuenta más que la diversidad, y nos exhorta a cuidar los unos de los otros. La mirada de María recuerda que para la fe es esencial la ternura, que combate la tibieza. Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor, porque María jamás se señala a sí misma, sino a Jesús; y a los hermanos, porque María es Madre.
Mirada de la Madre, mirada de las madres. Un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos. Viviremos en la misma casa, pero no como hermanos.
La familia humana se fundamenta en las madres. Un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no de futuro. Madre de Dios, enséñanos tu mirada sobre la vida y vuelve tu mirada sobre nosotros, sobre nuestras miserias. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos.
Dejémonos abrazar. Después de la mirada, entra en juego el corazón, en el que, dice el Evangelio de hoy, «María conservaba todas estas cosas, meditándolas» (Lc 2,19). Es decir, la Virgen guardaba todo en el corazón, abrazaba todo, hechos favorables y contrarios. Y todo lo meditaba, es decir, lo llevaba a Dios. Este es su secreto. Del mismo modo se preocupa por la vida de cada uno de nosotros: desea abrazar todas nuestras situaciones y presentarlas a Dios.
En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la Madre es esencial. Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido.
Necesitamos confiarnos a la Madre. En la Escritura, ella abraza numerosas situaciones concretas y está presente allí donde se necesita: acude a la casa de su prima Isabel, ayuda a los esposos de Caná, anima a los discípulos en el Cenáculo… María es el remedio a la soledad y a la disgregación. Es la Madre de la consolación, que consuela porque permanece con quien está solo.
Ella sabe que para consolar no son suficientes las palabras, se necesita la presencia, y ella está presente como madre. Permitámosle abrazar nuestra vida. En la Salve Regina la llamamos «vida nuestra»: parece exagerado, porque Cristo es la vida (cf. Jn 14,6), pero María está tan unida a él y tan cerca de nosotros que no hay nada mejor que poner la vida en sus manos y reconocerla como «vida, dulzura y esperanza nuestra».
Dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados e indiferentes a todo.
Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad. Necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre.
Dios no prescindió de la Madre: con mayor razón la necesitamos nosotros. Jesús mismo nos la ha dado, no en un momento cualquiera, sino en la cruz: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27) dijo al discípulo, a cada discípulo. La Virgen no es algo opcional: debe acogerse en la vida. Es la Reina de la paz, que vence el mal y guía por el camino del bien, que trae la unidad entre los hijos, que educa a la compasión.
Tómanos de la mano, María. Aferrados a ti superaremos los recodos más estrechos de la historia. Llévanos de la mano para redescubrir los lazos que nos unen. Reúnenos juntos bajo tu manto, en la ternura del amor verdadero, donde se reconstituye la familia humana: «Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios».

7 DATOS PARA ENTENDER LA SOLEMNIDAD DE MARÍA, MADRE DE DIOS, LA “THEOTOKOS”


 “Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios”, dice la Constitución Dogmática Lumen Gentium (Num. 66) de la Iglesia.
Aquí 7 cosas sobre la importante "Solemnidad de Santa María, Madre de Dios" que se celebra cada primero de enero.
1.- CONCLUYE LA OCTAVA DE NAVIDAD
Con esta Solemnidad se concluye la Octava de Navidad, un conjunto de ocho días, desde el 25 de diciembre, en los que la Iglesia actualmente celebra el Nacimiento de Jesús.
En el Antiguo Testamento (Gen. 17,9-14) se puede leer que hace muchos siglos Dios hizo una alianza con Abraham y su descendencia cuyo signo era la circuncisión al octavo día después del nacimiento. El Hijo de Dios así también lo vivió y recibió en ese momento el nombre anunciado a la Virgen María.
“Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción” (Lc. 2,21).
2.- LA THEOTOKOS
Los primeros cristianos solían llamar a la Virgen María como la “Theotokos”, que en griego significa Madre de Dios”. Este título aparece en las catacumbas debajo de la ciudad de Roma y en antiguos monumentos de oriente (Grecia, Turquía, Egipto).
Los Obispos reunidos en el Concilio de Éfeso (431), ciudad donde según la tradición la Virgen pasó sus últimos años antes de ser asunta al cielo, declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios".
3.- CREADO POR LA FE
“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios” dice una de las antiguas oraciones marianas de los cristianos de Egipto del siglo III (tercero). Cabe resaltar que ese título de “Madre de Dios” (“Theotokos”) no existía y que fue creado por los cristianos para expresar su fe.
4.- ANTIGUA FIESTA MARIANA
La “Maternidad de María” es una de las primeras fiestas marianas que se dio en la cristiandad. Se dice que por el siglo V (quinto), en Bizancio, había una “memoria de la Madre de Dios” que se celebraba el 26 de diciembre, al día siguiente de la Navidad.
Poco a poco se fue introduciendo en la liturgia romana en un día de la Octava de Navidad y ya por el siglo VIII (octavo) se encuentran para esta conmemoración antifonales con el título de “Natale Sanctae Mariae”, así como oraciones y responsorios con los que se honraba la divina “Maternidad de María”.
5.- JORNADA DE LA PAZ
Con el tiempo, esta memoria de la Virgen fue desplazada para conmemorar la “Circuncisión del Señor”, pero se mantendría el acento mariano. En 1931 el Papa Pío XI la reestableció para el 11 de octubre con ocasión del XV centenario del Concilio de Éfeso y le dio una categoría equivalente a la Solemnidad actual.
Años después, en esta fecha, San Juan XXIII inauguró el Concilio Vaticano II (1962). Con la reforma litúrgica de 1969, la “Maternidad de María” pasó a celebrarse al 1 de enero, día en que se inicia el “calendario civil”. Un año antes, en 1968, el Beato Pablo VI instituyó para este día la Jornada Mundial de la Paz. Es así que el primer día del año se celebra a María y se ora por la paz.
6.- FUNDAMENTO DE DOGMAS MARIANOS
El título “Madre de Dios” es el principal y el más importante dogma sobre la Virgen María y todos los demás dogmas marianos encuentran su sentido en esta verdad de fe. Los otros dogmas marianos son que María tuvo una Inmaculada Concepción, Perpetua Virginidad y que fue llevada en cuerpo y alma al cielo (Asunción).
Asimismo, Nuestra Señora tiene los siguientes títulos: Madre de los hombres, Madre de la Iglesia, Abogada nuestra, Corredentora, Medianera de todas las gracias, Reina y Señora de todo lo creado y todas las alabanzas contenidas en las letanías del Santo Rosario.
7.- DECISIÓN DE LA VIRGEN
En noviembre de 1996 San Juan Pablo II explicó que “la expresión ‘Madre de Dios’ nos dirige al Verbo de Dios, que en la Encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina”.
“Pero ese título, a la luz de la sublime dignidad concedida a la Virgen de Nazaret, proclama también la nobleza de la mujer y su altísima vocación. En efecto, Dios trata a María como persona libre y responsable y no realiza la encarnación de su Hijo sino después de haber obtenido su consentimiento”, afirmó.
Redacción ACI Prensa

¡FELIZ SOLEMNIDAD DE MARÍA, MADRE DE DIOS!


Un nuevo año comienza y la Iglesia, cada 1 de enero, lo inicia celebrando la Solemnidad de “María, Madre de Dios” para pedir la protección de aquella que tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador. Conoce aquí cómo es que surge este título en honor a la Virgen y lo que hicieron los primeros cristianos para defenderlo.
La Fiesta de “María, Madre de Dios” (Theotokos) es la más antigua que se conoce en Occidente. En las Catacumbas o antiquísimos subterráneos de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Santa Misa, se encuentran pinturas con esta inscripción.
Según un antiguo testimonio escrito en el siglo III, los cristianos de Egipto se dirigían a María con la siguiente oración: "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita" (Liturgia de las Horas).
En el Siglo IV el término Theotokos se usaba con frecuencia en Oriente y Occidente porque ya había entrado a formar parte del patrimonio de la fe de la Iglesia.
Sin embargo, en el siglo V, el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, afirmando: “¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”.
Nestorio había caído en un error debido a su dificultad para admitir la unidad de la persona de Cristo y su interpretación errónea de la distinción entre las dos naturalezas – divina y humana – presentes en Él.
Los obispos, por su parte, reunidos en el Concilio de Éfeso (año 431), afirmaron la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo. A su vez declararon: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios".
Luego, acompañados por el pueblo y portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".
San Juan Pablo II, en noviembre de 1996, reflexionó sobre las objeciones planteadas por Nestorio para que se comprenda mejor el título “María, Madre de Dios”.
“La expresión Theotokos, que literalmente significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”, dijo el Pontífice.
“El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz”, añadió.
Asimismo, señaló que la maternidad de María “no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana”. Además, “una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra”, enfatizó San Juan Pablo II.
Para terminar, es importante recordar que María no es sólo Madre de Dios, sino también nuestra porque así lo quiso Jesucristo en la cruz. Por ello, al comenzar el nuevo año, pidámosle a María que nos ayude a ser cada vez más como su Hijo.
Redacción ACI Prensa

NUEVAS BLASFEMIAS Y ATAQUES A LA MADRE DE DIOS


Recientemente un señor, figura destacada de la Legión de María de la Argentina me escribió lo siguiente: «Los artículos que compartes son muy interesantes, pero te imagino mañana, tarde y noche elucubrando contra el Papa».
Curioso comentario, ya que el Fundador de esa asociación eclesial, en tiempos inmediatos al Vaticano II, escribió: «Estos son tiempos de una gran prueba para la Fe, la Iglesia está en lo que nosotros vemos como un profundo invierno, del que muchos piensan que sea una muerte… la Legión se mantiene fuerte en ese asalto a la Fe. La mayor razón para ello, es la devoción de la Legión a la antorcha de la Fe, que es María la destructora de toda herejía».
Pero este artículo no es para referirnos a dicha asociación eclesial.
Adelante la Fe, ha publicado de mi pluma -entre varios otros escritos- éstos en defensa de los dogmas marianos:
1. La «desorientación diabólica» de Lucía Caram,[1]impugnadora de la Virginidad Perpetua de la Madre de Dios, que acudió a a un programa televisivo para hablar de sexo con Risto Mejide entrevistador de lenguaje procaz, con el que hasta un hombre se sentiría incómodo y de quien es asidua entrevistada, donde afirmó: «que María estaba enamorada de José y que era una pareja normal, y lo normal es tener sexo».
2. ¡Salve María, llena eres de Gracia![2]respecto de un nuevo libro del Obispo de Roma, que contiene una entrevista de Marco Pozza, en el que habla de la Santísima Virgen María y explica la oración del Ave María. En ese libro-entrevista Jorge Mario Bergoglio da una interpretación humanista al misterio de la Encarnación, adulterando las palabras del Arcángel Gabriel afirmó: «¡La Virgen seguramente tendría ganas de decir al Ángel: “¡Mentiroso! ¡Me has engañado!”».
3. Única Inmaculada. [3] Sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, que declara que, por una gracia especial de Dios, Ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.
Dogma proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.
4. María Reina y la anti-mariología.[4] El marxismo apoyado en la pseudo teología auto denominada Teología de la Revolución, en su afán de servirse de cuanto le sea útil para los fines de la Revolución, ha buscado, y busca instrumentalizar también el culto mariano.
Nuestra Señora de Fátima le dijo a Sor Lucía: Mira hija mía mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes, tú al menos procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses seguidos en el primer sábado se confiesen y recibieren la sagrada comunión, rezaren una parte del rosario y me hicieren compañía meditando en los 15 misterios del rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte, con todas las gracias necesarias para su salvación».
«Cinco son las clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María».
La primera ofensa contra el Corazón Inmaculado de María es la negación de su Inmaculada Concepción; la segunda ofensa la constituyen las blasfemias contra su Virginidad Perpetua; la tercera es negar a la Santísima Virgen María como la Madre de Dios, y como Madre espiritual de toda la humanidad; la cuarta ofensa la constituyen las blasfemias de aquellos que públicamente tratan de inculcar en los corazones de los niños, la indiferencia y el desprecio y hasta el odio hacia nuestra Inmaculada Madre; la quinta ofensa contra el Corazón Inmaculado es la profanación de sus estatuas y sagradas imágenes, que son una manifestación de su presencia maternal.
Tres de las cinco ofensas versan sobre la negación de la verdad doctrinal y dogmática sobre Ella. El negar los dogmas y doctrinas marianas es la negación de su misma persona, de su mismo Corazón.[5]
I. NUEVAS BLASFEMIAS Y ATAQUES A LA MADRE DE DIOS
Este próximo pasado 21 de diciembre de 2018, el Obispo de Roma, dijo:
«Entonces, ¿quién es feliz en la cuna? Nuestra Señora y San José están llenos de alegría: miran al Niño Jesús y están felices porque, después de mil preocupaciones, han aceptado este don de Dios, con tanta fe y tanto amor. Están “rebosando” de santidad y, por lo tanto, de alegría. Y me dirás: ¡por la fuerza! ¡Son la Madonna y San Giuseppe! Sí, pero no creemos que sea fácil para ellos: los santos no nacen, se vuelven, y esto también es cierto para ellos».[6]
En otras palabras, Francisco, niega claramente el dogma de la Inmaculada Concepción, en contra de lo que afirma la fe católica: que, en el momento, sea éste cual fuere, en que el alma de María fue infundida por Dios en su cuerpo y hubo, por lo mismo, concepción propiamente dicha, recibió simultáneamente la gracia santificante, no careciendo de ella jamás, ni por una fracción mínima de tiempo.
Por su parte el Obispo de Porto (Portugal), Mons. Manuel Linda, negó la virginidad de María, la Madre de Dios, en una entrevista publicada el domingo 23 de diciembre por el sitio web portugués Observador.pt, en la que el prelado afirmó que nunca debemos referirnos a la virginidad física de la Virgen María. Sin más comentarios.
II. UNA BURLA BLASFEMA DEL SANTO ROSARIO
El jesuita James Martin,[7] conocido por sus continuos esfuerzos en favor del movimiento homosexual, publicó el 3 de diciembre, esta blasfema parodia del Santo Rosario en su página de Facebook:
«Queridos amigos: hace unos meses, recibí de la nada un regalo inusual: un rosario que invita a orar por una variedad de personas que sufren: niños no nacidos, víctimas de violencia con armas de fuego, refugiados y migrantes, víctimas del racismo, las personas LGBTY, así sucesivamente: un grupo por cada “decena”. He visto muchos rosarios como este, pero para mí este es lo más hermoso. … (No hace falta decir que también puedes usarlo con un rosario y misterios tradicionales). Fue un hermoso regalo que he guardado y usado. Y hace unas semanas, en la Enseñanza de la Familia Ignaciana, en Washington, DC, conocí a las maravillosas personas que estaban detrás de este regalo, Rebelión contemplativa“, y pude agradecerles… El rosario de los dolores modernos está disponible aquí (con una descripción más detallada de las intenciones relacionadas con cada decena) https://contemplativerebellion.com/…/rosary-of-modern-sorrow».
Esta es la «oración» que Rebelión contemplativa invita a repetir al rezo de la quinta decena:
«Oramos por una bienvenida a las personas LGBTQ en todas las iglesias, templos, mezquitas y sinagogas. Oramos por las parejas LGBTQ, sus hijos y familias extensivas. Oramos para que puedan ser apoyados y amados, con plena aceptación como personas verdaderamente creadas a imagen de Dios, una creación que Dios vio como “buena”, y que merecen vivir cada aspecto de la vida al máximo».
En las Quince Promesas del Santo Rosario, Nuestra Señora dice:
[La tercera]: El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
[La cuarta]: El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!
Fue al místico flamenco Pere Lamy -llamado por su obispo el otro cura de Ars– a quien le dijo Dios que la Primera Guerra Mundial tuvo tres causas: la blasfemia, el trabajo de domingo, y la profanación del matrimonio.
En Fátima, la Santísima Virgen confirma esa enseñanza cuando nos dice: la guerra es un castigo por el pecado.
San Luis María de Montfort, en el Secreto admirable del Santísimo Rosario nos recuerda la excelencia del mismo y sus fines:
«La Santísima Virgen reveló al Beato Alano que, tan pronto como Santo Domingo predicó el Rosario, los pecadores empedernidos se convirtieron y lloraron amargamente sus crímenes, los mismos niños hicieron penitencias increíbles y el fervor fue tan grande, por doquiera que se predicó el Rosario, que los pecadores cambiaron de vida y edificaron a todos con sus penitencias y su enmienda de vida» (n° 83).
«El Beato Alano de la Roche, el Padre Juan Dumont, el Padre Thomas, las crónicas de Santo Domingo y otros autores, que fueron muchos de ellos testigos oculares, refieren un gran número de conversiones milagrosas de pecadores y pecadoras después de veinte, treinta o cuarenta años en el mayor desorden, nada había podido convertirlos, y que se convirtieron por esta maravillosa devoción» (n° 114)
«Nos purifica del pecado» (n° 81).
«Como la devoción del Santo Rosario ha sido autorizada por el cielo con varios prodigios y aprobada por la Iglesia en varias bulas de los Papas, sólo los libertinos, impíos y espíritus fuertes de estos tiempos se atreven a difamar la Cofradía del Santo Rosario o alejar de ella a los fieles. En verdad que sus lenguas están infectadas con el veneno del infierno y que son movidas por el espíritu maligno; porque nadie puede desaprobar la devoción del Santo Rosario sin condenar lo más piadoso que hay en la Religión Cristiana, a saber: la oración dominical, la salutación angélica y los misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre» (n° 30).
Y en Fátima, la Madre de Dios confirmó enfáticamente en cada una de sus seis apariciones, la importancia de rezar el Rosario refiriéndolo a la salvación de los pecadores, la ruina de las almas en el infierno, las guerras y el futuro de nuestra época. Ella señaló al Rosario como la oración que salva.
El Padre Martin y Rebelión contemplativapromueven el rezo de la oración predilecta de María Santísima, para fines totalmente opuestos a los de Nuestra Señora, ergo, la «bendición» de la sodomía, la conformación de familias al margen del Plan de Dios, la fornicación, el pecado. Una verdadera blasfemia que pretende desnaturalizar el Santo Rosario llevándolo a una práctica impía.
III. THEOTOKOS, MARÍA ES LA MADRE DE DIOS
Todo el Antiguo Testamento tiene como columna vertebral una promesa de Dios: Y pondré enemistad entre ti (la serpiente)y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: éste te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar.[8]
María, todavía sin nombre, pero siempre María, es el personaje más importante del Antiguo Testamento, de cuya venida al mundo depende la venida del Mesías. Los profetas la cantarán, hasta señalando una paradoja que se va a realizar: que será la Madre del Mesías, y, al mismo tiempo, virgen, ya que Dios actuará en Ella de un modo especial y único, que no se repetirá en ninguna de las mujeres anteriores ni posteriores. El pueblo de Israel sueña con esta mujer que traerá al Mesías.
En el año 431, el Concilio de Efeso proclamó oficialmente que María es Madre de Dios:
«Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios».
El último libro sagrado, el Apocalipsis, resalta la función de María Santísima. En su capítulo 12 describe dramáticamente cómo defiende eficazmente a su Hijo que debe gobernar todas las naciones, contra el Monstruo.
Pero la lucha de Satanás contra la Madre de Dios, no termina con ese episodio: «se enfureció el dragón contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios mantienen el testimonio de Jesús».[9]
La Mujer del Génesis y del Apocalipsis, María Santísima, sigue siendo la protagonista, ya que el espíritu del mal la persigue en sus hijos que aún estamos en el mundo, siendo Ella la capitana en la lucha contra las fuerzas del infierno.
«Alégrate, oh Virgen María, porque tú sola has destruido en todo el mundo todas las herejías».
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[5] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Fátima y la gran blasfemia. https://adelantelafe.com/fatima-la-gran-blasfemia/
[8] GÉNESIS 3, 15.
[9] APOCALIPSIS 12, 17.