domingo, 4 de diciembre de 2016

¿QUÉ HACER CUANDO SIENTES QUE SE TE CAE EL MUNDO ENCIMA?


Cambia tu mirada, amplía horizontes.

Britt Knee-CC

Quiero dejar de complicarme la vida. Aunque es verdad que a veces son los demás, o las circunstancias del presente, o los fracasos y las pérdidas, los que parecen complicarlo todo. Pero tengo yo también mi parte de culpa.

Dejo de hacer cosas por miedo. Hago o digo algunas cosas y me arrepiento más tarde. No sé bien poner mis prioridades en la vida, marcar mis acentos, elegir mis opciones. Me angustio ante los imponderables que no controlo.

Intento yo lograr las cosas sin pedir ayuda a nadie, como si fuera capaz de todo. Me ofusco cuando la realidad no es la que yo quería. Me agoto al pensar que tengo que sacar yo solo todo adelante. Dejo de soñar cuando me ato al mundo y sus seducciones, no miro al cielo, miro la tierra.

Me aíslo queriendo ser feliz sin que nadie me moleste, sin que perturben mi paz. Me dejo abatir al comprobar mis debilidades, al sufrir caídas. Tropiezo y no encuentro fuerzas para levantarme de nuevo. Y me desanimo con la vida que llevo.

Tal vez por eso me gusta el Adviento, porque me da nuevas energías para luchar. Quiero una vida menos complicada. En parte depende de mi actitud. Para lograrlo tengo que creer en ese amor de Jesús que va conmigo y le da sentido a mi presente. Me levanta y me hace soñar. Y le da sentido a mi amor que sueña el infinito.

El otro día leía la historia de, una mujer enferma de cáncer en estado terminal, que se casó feliz a la edad de 21 años con Nick, de 23 años. Estaba muy enferma y a los cinco días de su boda murió. Vivieron su amor para el cielo.

Ver a una mujer tan débil y enferma casarse con una sonrisa en el rostro me da qué pensar. La felicidad se puede alcanzar, lo sé, por un tiempo en la tierra, no importa cuánto dure. Sé que es para siempre en el cielo.

Por eso tengo claro que no quiero dejar de amar esperando el momento oportuno que a lo mejor nunca llega. No quiero dejar pasar las horas y los días sin hacer nada. No estoy dispuesto. Quiero ponerme ya en camino.

Decía el papa Francisco sobre el Adviento: “Estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”. Quiero alargar mi horizonte, y no estrecharlo. No pensar en el final. Pensar en todo lo que puedo dar hoy.

Muchas personas hablan del final del mundo. A veces porque no están contentas con la vida que llevan y sueñan ya con su final en la tierra para todos. Otras veces porque les angustia la llegada repentina de Dios. A veces porque desean otra vida más plena, más feliz, que la que llevan.

No quiero dejar pasar el tiempo. Me pongo manos a la obra. Quiero vivir mi vida en plenitud. Quiero amar donde puedo amar. Necesito cambiar mi corazón en las manos de Dios. Yo solo no puedo cambiarme por dentro. Sólo Él puede.

Decía el padre José Kentenich: “Si el Espíritu Santo no nos enciende y colma interiormente, por más empeño que pongamos en el campo ascético, la cosecha que haremos será escasa. La pura ejercitación de la voluntad no nos ayuda. Hoy el hombre clama desde lo hondo por liberación y redención interior, y no logra alcanzar el objeto de sus anhelos. Queremos y deseamos las cosas del cielo, pero somos conscientes de que, a pesar de ello, continuamos siendo personas atadas a los instintos y apegados a lo terreno”[1].

No puedo cambiar solo tan fácilmente. Quiero cambiar actitudes y hábitos, pero fallo muchas veces en el intento. Me lo propongo. ¡Qué buenos propósitos saco en ratos de oración, cuando todo me parece evidente y claro, y creo tener fuerzas suficientes!

Pero luego en la acción fracaso, me asusta mi fragilidad. Me doy cuenta de dónde fallo. Sin que nadie me ayude a verlo, soy capaz de verlo yo solo. Creo que puedo tocar las cumbres, pero con tristeza compruebo que no soy capaz de cumplir lo que me he propuesto.

Quiero ser con los más cercanos tan alegre y servicial como lo soy cuando estoy fuera de casa. Quiero guardar la mejor sonrisa para mi familia cuando regreso a mi hogar. Me propongo volver a empezar de nuevo cada mañana.

Pero fallo y me desespero. No es posible, no hay conversión que valga. Parece que mi esfuerzo voluntarioso y esforzado no es suficiente para cambiar de verdad.

Quiero entregar mi vida en las manos de Dios, en su Espíritu Santo que todo lo transforma si yo dejo que actúe en mí. Quiero dejar que sea Dios el que cambie mi vida por dentro, yo no puedo hacerlo. Quiero que desate todos mis nudos. Que me haga más realista ante mis propósitos imposibles. Que me descubra lo que puedo llegar a ser si le digo que sí, que estoy dispuesto.

Necesito una verdadera conversión. Un cambio de mi mirada. Un horizonte más amplio. No quiero complicarme la vida. Quiero que sea más sencilla y fácil. No deseo sufrir por lo imposible. Ni ahogarme en las más pequeñas dificultades del camino.

[1] J. Kentenich, Envía tu Espíritu


MADRE INMACULADA


San Lucas es un maestro para describir los rasgos femeninos de las mujeres del Evangelio. Por eso nos hace un retrato preciso de la Virgen de Nazaret.

   Cuatro palabras nos describen su actitud espiritual: Escuchar, Acoger, Meditar, Vivir la palabra.

   La Virgen es una mujer que escucha la Palabra del ángel con toda atención y por ello las dificultades que encuentra en el anuncio divino. No solo oye; se deja interpelar por el mensaje que trastorna sus esquemas, sus valores, sus afectos y sus proyectos.

   Los medita. No recibe pasivamente la palabra. Es una persona con su libertad y la somete a juicio. Dentro de sus circunstancias personales y familiares se interroga y da vueltas en su interior hasta que la palabra ilumina la experiencia desconcertante.

   La acoge con valentía. No pudo percibir en aquel momento todo lo que le esperaba, pero sí en una perspectiva amplia. Como cuando tomamos una decisión importante. De lo contrario hubiera sido una respuesta en el vacío.

   La vive con generosidad. Toda la vida de la Virgen nos lo pone de manifiesto. Hasta llegar al Calvario, pasarán años y cien circunstancias que darán testimonio de que las palabras de la Anunciación fueron verdaderas.

   Esta persona tiene sus raíces en un amor entrañable que San pablo nos comunica en la segunda lectura de la Misa de este día. <<Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor>> (Ef 1,4) Primero fue el amor. Si esto es aplicable a todo creyente en Jesús, ¿qué amor puso en la configuración de su madre? Aquí está el secreto de su Inmaculada Concepción. Todo el amor de Cristo volcado sobre su madre. Si partimos de aquí cualquier don que encontramos en María, nos parece normal.

   La Iglesia ha percibido siempre la presencia de María en las páginas de la escritura. Ella no podía estar ausente. Donde el amor del Hijo se expresara, allí la presencia de la madre dejaba su huella.  

   En las primeras páginas del Génesis, a través de imágenes comprensibles se nos narra la creación y el pecado de nuestros primeros padres. Con dones preciosos reciben también, el más valioso de todos: <>. La prohibición de comer de un árbol fue una advertencia de lo que sería malo para el hombre: <>. Decidieron seguir sus propias apetencias y se encontraron con su terrible realidad. <> Afectaba a su realidad física, sobre todo a su realidad personal. El pecado había destruido su inocencia y con ello su mutua confianza. El señor no abandona al hombre a su suerte: “Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gn 3, 15) La tradición cristiana ha visto en estas palabras la presencia de María y su Hijo Jesucristo. Con su pasión y muerte nos redimió del pecado y nos dio vida eterna cooperando la Virgen Madre Inmaculada.

   De aquella raíz procedemos todos maculados por el pecado. ¿Qué haría Jesús con su madre? Si la Virgen hubiera nacido en pecado, Jesús lo hubiera contraído al nacer de ella. Pudo librarla del pecado y lo hizo: <>

  El pueblo ha resumido en una coplilla, aquello los teólogos tardaron siglos en discurrir: Según la iglesia declara: Sois el Espejo de Dios; Pues, si mancha hay en vos, A Dios le saldrá a la cara.
   Y le salió primorosa: Inmaculada. Implica la negación de todo pecado, siempre en libertad. El pueblo cristiano ha unido siempre este don con la orientación de la sexualidad. Ha tenido una gran clarividencia. La herida en este asunto es tremenda. Lo sabemos por experiencia personal y por las tragedias que crea a nivel individual, familiar y social. La presencia de la Virgen Inmaculada nos ha alentado en muchas luchas. Y su presencia realiza milagros en la vida de aquellos que quieren vivir fieles a Cristo.

   España e Hispano-América se distinguieron en la defensa de este don mariano. Nuestros reyes y nobleza. Nuestras Universidades no concedían sus títulos sin el juramento de defender la inmaculada. Se llegó hasta el voto de sangre: morir por defenderlo. Los dominicos, que por razones teológicas, andaban renqueantes tuvieron que sufrir algunas ironías sevillanas. El P. Medina era un teólogo importante. En la puerta de su Monasterio sevillano apareció un cartel con esta inscripción: Aunque lo niegue Medina Y su Padre Provincial, Sois concebida María Sin pecado original.


Julio Sáinz Torres

UN JUEZ ELABORA UN «DECÁLOGO PARA FORMAR DELINCUENTES»; HAGA ESTO Y SU HIJO ACABARÁ EN LA CÁRCEL


Emilio Calatayud

El juez Emilio Calatayud, que goza de gran prestigio y predicamento en el mundo judicial, ha elaborado un "Decálogo para formar delincuentes" para alertar a los padres de lo que no deben hacer si no quieren tener un hijo que acabe en prisión.

Un juez que ha juzgado a más de 17.000 menores
Emilio Calatayud, que es juez de menores de Granada (España), señala en su blog que "he juzgado ya a cerca de 17.000 menores, que se dice pronto. Pues si me piden que haga un balance diré lo que siempre digo: la mayoría no eran delincuentes. Habían cometido delitos pero no eran delincuentes. Entre esos 17.000 chavales había una treintena de asesinos o homicidas, un dato que demuestra que los casos más graves son muy pocos".

El portal Aleteia he recogido este interesante decálogo.

"Decálogo para formar delincuentes", por Emilio Calatayud:
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida, así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No le dé ninguna educación espiritual. Espere que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas graciosas.

4. No le regañe nunca ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejo de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes,… Hágaselo todo. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no le importe que su mente se llene de basura.

7. Dispute y riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño. Así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día en que la familia quede destrozada para siempre.

8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos, etc. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad lo que quieren es fastidiarle.

Siga los pasos al pie de la letra, ¡pero luego no se asuste de los resultados!


HAY QUE CAMBIAR



"Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea.  En su proclamación decía: “¡Convertíos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”
Juan era aquel de quien el profeta Isaías había dicho: “Una voz grita en al desierto:
‘¡Preparad el camino del Señor; abridle un camino recto!’ ”
Juan iba vestido de ropa hecha de pelo de camello, que se sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era langostas y miel del monte. Gentes de Jerusalén, de toda la región de Judea y de toda la región cercana al Jordán salían a escucharle. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.
Pero viendo Juan que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara, les dijo: - ¡Raza de víboras!, ¿quién os ha dicho que vais a libraros del terrible castigo que se acerca?  Demostrad con vuestros actos que os habéis vuelto a Dios, y no os hagáis ilusiones diciéndoos: ‘Nosotros somos descendientes de Abraham’, porque os aseguro que incluso de estas piedras puede Dios sacar descendientes a Abraham. Ya está el hacha lista para cortar de raíz los árboles. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo, ciertamente, os bautizo con agua para invitaros a que os convirtáis a Dios; pero el que viene después de mí os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Trae la pala en la mano, y limpiará el trigo y lo separará de la paja. Guardará su trigo en el granero, pero quemará la paja en un fuego que nunca se apagará."

Juan nos invita a preparar los caminos al Señor. ¿Cómo hacerlo? Convirtiéndonos. Cambiando nuestra vida egoísta en una vida vivida para los demás. Empezando por mirar lo que hacemos cotidianamente y dándonos cuenta de que pequeños detalles, pueden hacerla solidaria, unida a los demás. Basta eliminar las cosas superfluas que compramos. Darnos cuenta de que si uso más agua de la cuenta, dejando el grifo abierto inútilmente, hay personas que no tienen agua y han de hacer kilómetros cada día para tenerla. Que si malgasto la comida, otros no comerán hoy lo suficiente. Que si tengo vestidos que no uso, otros van desnudos o vestidos con harapos. Cambiar, es vivir reflexivamente, dándonos cuenta de la importancia de lo que hacemos en relación con los demás.

Juan nos pide que allanemos el camino. No sólo para que venga Jesús, sino también para que los otros puedan llegar a Jesús. ¿Ayudo o estorbo a los demás para que encuentren a Jesús?

Podemos caer en el error de los fariseos. Creer, que porque somos religiosos o sacerdotes o miembros de una comunidad de base, ya somos verdaderos discípulos de Jesús. Si no cambiamos, si no miramos cada día qué es lo que hay de malo, de insolidario, de egoísta en nosotros, no somos sus seguidores.
La voz de Juan, sigue resonando también hoy: Convertíos.


¿CUÁNDO NECESITAMOS A DIOS?



Una historia cotidiana que te ayudará a cambiar tu vida… para ser feliz y tener presencia de Dios en cualquier circunstancia.
Me llamaron para visitar a un joven en su casa. Era un caso distinto a todos los demás. Se llama… no importa el nombre, sí es vital su historia. No es la historia de todos pero si de muchos. No es fácil mirar al futuro teniendo 23 años y una columna vertebral partida en mil pedazos como consecuencia de un grave accidente.

No salía de su casa y es por ello decidí visitarlo, su hogar es una casa espaciosa, con un bien cuidado jardín a la entrada. La luz entraba tenue por entre las cortinas que, entreabiertas, daban la visión de otro jardín enorme, con árboles y flores, con piscina y una cancha de tenis bien cuidada. El silencio que allí reinaba era sepulcral. Nadie hablaba. En medio de la sala un joven fortachón, pelo largo, ojos apagados, sentado en una silla de ruedas, me miró, intentó sonreír, pero no pudo.

“Pablo…-me dijo- ¿para qué mi colegio, mi universidad, mis inicios de postgrado en Inglaterra? ¿para qué mis clases de fútbol, de ajedrez?.. Nunca me prepararon para caerme de una moto y quedar inválido. Mis padres decían: “Tenemos un hijo que va a ser nuestro orgullo. Tú serás el continuador de mi imperio y serás temido entre mis competidores, porque yo estoy te estoy preparando para ser un triunfador”…

Tenía todo…me faltaba una moto, también la tuve. La mejor: 750 centímetros cúbicos. ¡Una bala! Tuve la moto y con ello lo creí tener todo… Nunca tuve a Dios. No lo necesitaba. No estaba en mis planes ni en los planes de mi padre. Nuestra ruta era la del triunfo y Dios no estaba en el camino.

Un día había llovido toda la noche. La pista estaba mojada. Yo quise arriesgar y vivir el límite de mis posibilidades, pero… la moto rodó por el asfalto y me golpeé contra el suelo. Mi columna se partió en cien pedazos. Meses de hospital, recuperaciones, futuro incierto. Nunca me prepararon para esto. Se olvidaron de mí y me olvidé de mi alma.

Díselo tú a la gente. A mí no me van a creer. Simplemente descríbeme y mi imagen es la más clara necesidad de Dios.
***
Para ser un triunfador en la vida, hay que empezar, seguir y terminar en Dios. Sólo así, con un espíritu fortalecido en la fe, podrás sentirte un hombre triunfador.

Amigo lector, quise contarte retazos de un cuadro de la vida, tú serás ahora quien le dé color, luz e imagen. Las fuerzas están en tus manos. De ellas sacarás la imagen que tú quieras y que, por supuesto, más necesites.

Uno hace una casa para construir un hogar y, cuando llueva, si llegara a llover, tener dónde resguardarnos. Uno no tiene a Dios en su alma para cuando sufras un accidente, o te dé cáncer, o te despidan del trabajo… No. Tienes a Dios para ser feliz, Él te resguardará del peligro y, si te pasa algo, Él te dará consuelo.

Gracias por llegar hasta aquí. ¡Que Dios nos bendiga!


Padre Pablo Larrán García

NOS ACERCAMOS A TI, SEÑOR


Porque Tú antes has venido a nuestro encuentro, porque quieres caminar a nuestro lado.

Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

Son incontables los caminos que nos acercan a Cristo. Muchos están reflejados en el Evangelio, con sus escenas sencillas de encuentros decisivos.

Unos van a Cristo llevados por la curiosidad. Desean saber qué dice y qué hace este personaje venido de un poblado casi desconocido de Galilea.

Otros van a Jesús deslumbrados por su fama, tal vez con el deseo de pedir un milagro. Gritan, suplican, lloran, se ponen a los pies del Maestro. No dejan de insistir hasta que no consigan una curación, un milagro, un cambio profundo en sus vidas.

Otros desean ser saciados, recibir una ayuda material. Como las multitudes después de la multiplicación de los panes. Quieren tener lo suficiente, ser librados de la miseria, quizá incluso alcanzar la independencia política y social de los invasores romanos.

Otros van a Jesús como enemigos. Le tienden mil trampas, le acosan con preguntas, buscan cuál pueda ser su punto débil. Traman incluso escándalos o calumnias para acusarle. Viven envueltos en una ceguera mezquina: se fijan en todo menos en el Misterio de Amor y de Misericordia que Cristo trae con sus palabras y sus obras.

Algunos son puestos al lado del Señor casi por la fuerza, desde los mil dramas de la vida. Como aquella adúltera sorprendida en su pecado. Como aquel ladrón que fue crucificado al lado de un débil y humilde Rey de los judíos.

No faltan quienes llegan junto a Cristo sin saberlo, por esas “coincidencias” que parecen sin sentido y que cambian corazones y existencias. Como la samaritana, que busca un poco de agua y se cruza con el Nazareno. El vuelco de su vida es como el vuelco de tantos hombres y mujeres que, sin haberlo programado, un día vieron al Maestro.

También los niños se acercan a Jesús. Llevados por sus padres, o con esa inocencia que les hace sentirse felices al estar con Alguien grande y bueno. Se dejan bendecir, escuchan absorbidos sus parábolas, mientras el viento juega con la orla del manto de Cristo y algún niño observa atento cómo una golondrina viene y va entre los olivos.

Hoy también, después de 2000 años, nos acercamos a Ti, Señor. Quizá con el corazón sucio, como un publicano que se golpea el pecho en la parte última del templo. Quizá, no lo permitas, como el fariseo que se considera perfecto y digno de los primeros puestos. Quizá como un hombre débil, necesitado de esperanza, de amor, de consuelo.

Nos acercamos a Ti, porque Tú antes has venido a nuestro encuentro. Porque quieres caminar a nuestro lado, repartirnos tu Cuerpo, hablarnos con sencillez de cosas grandes, revelar el mucho Amor que nos tiene el Padre tuyo que es también el Padre nuestro...

LITURGIA FAMILIAR PARA ENCENDER LA SEGUNDA LLAMA DE LA CORONA DE ADVIENTO


REDACCIÓN CENTRAL, 04 Dic. 16 / 01:58 am (ACI).- Este domingo se enciende la segunda vela de la Corona de Adviento como signo de la preparación interior que cada uno realiza para recibir a Jesús con un corazón reconciliado. Aquí la Liturgia Familiar (oración) para encender la segunda vela y pedir al Señor que venga al hogar.
Se recomienda poner en un lugar especial la corona de Adviento con alguna imagen de la Virgen, crear un ambiente de recogimiento con poca luz, nombrar a un lector especial, así como a un monitor principal, que puede ser el papá o la mamá, y seguir la oración que se presenta  a continuación.
TODOS: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
MONITOR: Vamos a encender la segunda vela de nuestra corona. El Señor está cada vez más cerca de nosotros y debemos prepararnos dignamente para recibirlo en nuestros corazones. Hagamos un momento de silencio para elevar nuestra oración al Señor.
LECTOR: Lectura tomada del Evangelio según San Lucas:
"En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso será recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios".
MONITOR: Debemos preparar el camino del Señor y esto nos exige estar preparados interiormente para la venida de Jesús, para que lo recibamos con un corazón reconciliado, cada vez más convertido y transformado, capaz de amar y entregarse a los demás. Hagamos un compromiso concreto para esta semana que nos ayude a disponernos cada vez mejor para su venida. (Se deja un momento de silencio)
MONITOR: Mientras encendemos la segunda vela de nuestra corona cantemos:
HOY SE ENCIENDE UNA LLAMA (u otro canto apropiado)
(Una persona enciende la segunda vela mientras se entona el canto, de ser posible durante la segunda estrofa)
Hoy se enciende una llama en la corona de Adviento que arda nuestra esperanza en el corazón despierto y al calor de la Madre caminemos este tiempo.
Un primer lucero se enciende anunciando al Rey que viene preparad corazones allánense los senderos.
Hoy se enciende una llama en la corona de Adviento que arda nuestra esperanza en el corazón despierto y al calor de la Madre caminemos este tiempo.
Crecen nuestros anhelos al ver la segunda llama nacer como dulce rocío vendrá el Mesías hecho Niño.
Hoy se enciende una llama en la corona de Adviento que arda nuestra esperanza en el corazón despierto y al calor de la Madre caminemos este tiempo.
MONITOR: Elevemos ahora nuestras peticiones a Dios Padre y respondamos a cada una de ella: VEN SEÑOR JESÚS.
LECTOR: Te pedimos, Padre, por nuestra Santa Iglesia Católica que se prepara para la venida de tu Hijo, para que siempre tengamos fijos los ojos en Aquél que nos trae la reconciliación.
VEN SEÑOR JESÚS
Te rogamos por la paz en el mundo, para que en este tiempo de Adviento se viva con mayor intensidad el amor y la solidaridad.
VEN SEÑOR JESÚS
Te pedimos, Padre, por cada uno de nosotros, para que hagamos esfuerzos por caminar al encuentro del Señor Jesús, que es la "Luz del Mundo".
VEN SEÑOR JESÚS
Te rogamos también por nuestra familia, para que a ejemplo de la familia de Nazaret vivamos el amor mutuo y nos preparemos para la venida de tu Hijo.
VEN SEÑOR JESÚS
Te pedimos que Santa María aliente nuestros pasos en este Adviento, y sea Ella quien nos enseñe a crecer en confianza y esperanza en la venida del Reconciliador.
VEN SEÑOR JESÚS (se pueden añadir otras peticiones)
MONITOR: Acudamos a nuestra Madre para que nos obtenga abundantes gracias que nos ayuden a prepararnos, de la misma manera como Ella lo hizo, para recibir al Señor Jesús. Recemos junto un Ave María. Terminemos este momento de oración cantando LOS CIELOS Y LA TIERRA.
LOS CIELOS Y LA TIERRA EN TI SE ENCONTRARÁN,
MARÍA, DULCE ABRAZO QUE EL HOMBRE Y DIOS SE DAN.
1. Las viejas profecías que hablaban del Señor nutrían la esperanza de Israel: la flor que nacería de tierra virginal, un Hijo que sería el Emmanuel.
2. Quien hizo las estrellas al Ángel te envió, que fueras Madre suya te pidió. Dios Todopoderoso no quiso renunciar al gozo de acunarse en tu querer.
3. Los magos y pastores que fueron al portal hallaron en tus brazos a Jesús. Sabemos que a tu lado lo vamos a encontrar lo mismo en la alegría que en la Cruz.
MONITOR: Madre de la Esperanza…
TODOS: Ruega por nosotros.
TODOS: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Más información:


PAPA FRANCISCO: PARA ENCONTRARSE CON DIOS HAY QUE LIBERARSE DEL EGOÍSMO


VATICANO, 04 Dic. 16 / 06:27 am (ACI).- Como cada domingo, el Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus y comentó las lecturas de la liturgia del día. En esta ocasión, reveló lo que hay que hacer para alcanzar el reino de los cielos y encontrarse con Dios.
El Papa recordó que se celebra el segundo domingo de Adviento y explicó que “se trata de un anuncio gozoso: viene el reino de Dios, es más, está cerca, está en medio de nosotros”. “Este es el mensaje central de toda misión cristiana”, añadió.
Francisco se preguntó: “¿qué es esto del reino de los cielos?”. “Pensamos rápidamente en algo que respecta al más allá: la vida eterna. Cierto, el reino de Dios se extenderá sin fin más allá de la vida terrena, pero la hermosa noticia que Jesús nos lleva es que el reino de Dios no debemos esperarlo en el futuro: se ha acercado, de alguna manera está presente y podemos experimentar hasta ahora la potencia espiritual”.
“Dios viene a establecer su señoría en nuestra historia, en nuestra vida de cada día; y allá donde ella viene acogida con fe y humildad germinan el amor, la alegría y la paz”.
El Papa explicó también la condición necesaria para formar parte de este reino: “cambiar en la vida, es decir, convertirse”. “Se trata de dejar los caminos, cómodos pero astutos, de los ídolos de este mundo: el éxito cueste lo que cueste, el poder a cambio de los más débiles, la sed de riquezas, el placer a cualquier precio” y “de abrir el camino al Señor que viene: Él no quita nuestra libertad, si no que nos dona la verdadera felicidad”.
“Con el nacimiento de Jesús en Belén es Dios mismo que toma morada en medio de nosotros para liberarnos del egoísmo, del pecado y de la corrupción”.
Francisco manifestó que la Navidad “es un día de gran alegría también exterior, pero es sobre todo un advenimiento religioso por lo que es necesaria una preparación espiritual”. Por ello invitó a confesar “nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia” puesto que “en este sacramento experimentamos en nuestro corazón la cercanía del reino de Dios y su salvación”.
“La salvación de Dios es obra de un amor más grande que nuestro pecado. Solo el amor puede borrar el pecado y liberar del mal y solo el amor de Dios puede orientarnos hacia la vía del bien”. 

LA CONMOVEDORA CARTA DEL PAPA FRANCISCO A UNA NIÑA AGONIZANTE POR CÁNCER TERMINAL


ROMA, 04 Dic. 16 / 07:15 am (ACI).- El Papa Francisco ha capturado una vez más los corazones de todo el mundo, con una conmovedora carta dirigida a una niña italiana, que agonizaba a causa de un avanzado cáncer. La misiva fue hecha pública recientemente, tras ser leída en el funeral de la pequeña.
“Querida Paolina, tus fotos están en mi escritorio, porque en tu mirada tan especial veo la luz de la bondad y la inocencia. ¡Gracias por enviármelas!”, escribió el Santo Padre al inicio de su carta.
Francisco pidió a la niña que lea “esta carta junto con tu madre, y el beso que ella ahora te dará será el beso del Papa”.
Originalmente publicada en el sitio web italiano “Il Faro di Roma”, la carta tiene la fecha del 22 de septiembre, y está dirigida a Paolina Libraro, que a sus 10 años sufría de un cáncer muy avanzado.
La madre de la niña le escribió al Papa, pidiéndole su bendición y oración por su hija. En respuesta, el Santo Padre envió su carta junto a entradas preferenciales para su audiencia general del 26 de octubre, donde le daría su bendición en persona.
Sin embargo, Paolina, que es del sureste de Italia, de una ciudad llamada Massafra, estaba muy enferma y débil para viajar, y no pudo llegar al Vaticano. La niña falleció el 22 de noviembre y fue enterrada ese mismo día.
La Misa de exequias se realizó en la iglesia de San Leopoldo Mandic y fue presidida por el P. Michele Quaranta. Casi todo el pueblo asistió, incluyendo al alcalde de la ciudad, Fabrizio Quarto.
En su homilía, el P. Quaranta leyó la carta del Papa, en la que el Santo Padre le aseguraba a Paolina que “uno mis manos a las tuyas y a las de aquellos que están rezando por ti”.
“De esta forma haremos una larga cadena que, estoy seguro, llegará al cielo”, dijo el Papa Francisco en su carta, y le pidió a la niña que recuerde “que el primer eslabón de esta cadena eres tú, ¡porque tienes a Jesús en tu corazón! ¡Recuérdalo!”.
El Papa le pidió a Paolina que hable con Jesús no solo sobre ella, sino sobre sus padres, “que necesitan tanto ser ayudados y consolados frente a los difíciles pasos que están enfrentando”.
“Ciertamente serás muy buena sugiriéndole a Jesús qué puede hacer por ellos”, dijo el Papa, y le pidió a Paolina decirle también a Jesús “lo que debe hacer por mí también, mientras yo le recordaré lo que debe hacer por ti”.
“Te doy un abrazo muy fuerte y te bendigo con todo mi corazón, junto a tus padres y tus seres queridos”, dijo Francisco, y firmó él mismo la carta.
El Santo Padre es conocido por hacer llamadas personales y enviar mensajes a aquellos que lo contactan, a menudo para sorpresa de aquellos que reciben sus cartas o escuchan su voz al otro lado del teléfono.
También se sabe que Francisco lleva consigo en su bolsillo cosas que considera especiales o importantes, incluyendo un rosario y un Via Crucis de bolsillo.
Otra cosa que el Papa dijo que tiene en su escritorio, porque tocó su corazón, es una imagen que le dio un niño durante su viaje a la isla griega de Lesbos. En el dibujo se ve a muchas personas ahogándose junto a un barco volcado, mientras que el sol, encima de todo, llora lágrimas de sangre.
Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.