jueves, 1 de diciembre de 2016

¡CUIDADO! ESTAS SON LAS 5 FORMAS EN QUE EL DEMONIO TE TIENTA USANDO TU FE


Las acciones del maligno en contra de quienes están en el camino de Dios son variadas y creativas.
En especial toman la forma de corromper o desviar como se practica la fe.
Y no necesariamente que el fiel abandone lo que él supone que es la fe.
Hay dos formas, tentar para excederse en cómo vivir la fe, en el celo, o actuar por defecto, haciendo escaso el fervor, pero dejando a la persona que siga teniendo la sensación de que devota.
Lo que es bueno se destruye mediante “trampas piadosas” que si el fiel no está atento puede caer fácilmente.
De ahí la necesidad de iluminación para revisar como uno está viviendo su fe.
Leer también:
Primero veremos las estrategias más comunes del demonio en términos generales para luego pasar a las estrategias que maneja usando aparentemente reforzando nuestra fe. 
 LAS ESTRATEGIAS MÁS COMUNES DEL DIABLO
Un libro del Padre Louis J. Cameli, El diablo que no conoces, puede ser de gran ayuda en este asunto.
En el libro, el P. Cameli resume las tácticas del Diablo en cuatro categorías amplias.

1 – DECEPCIÓN
El diablo intenta engañarnos con muchas promesas falsas y vacías.
La mayoría de éstas se centran alrededor de la mentira de que estaremos más felices y más satisfechos si pecamos o negamos aspectos de la verdad.
Cualesquiera que sean los placeres pasajeros vienen con el pecado, y son sólo eso: pasajeros.
Un gran sufrimiento acumulado viene con casi toda la actividad pecaminosa.
Sin embargo, a pesar de esta experiencia, los seres humanos seguimos siendo muy crédulos.
Parecemos amar las promesas vacías y poner en ellas toda clase de falsas esperanzas.
El diablo también trata de engañarnos sugiriendo que introduzcamos todo tipo de complejidades en nuestro pensamiento.
Busca confundirnos y escondernos la verdad fundamental sobre nuestra propia acción.
Nuestras mentes no son muy astutas; nos encanta satisfacer la complejidad como una manera de evitar la verdad y / o inventar excusas.
Conspirando con el diablo, nos entretenemos con interminables complicaciones en nuestras mentes preguntando
“¿Pero qué pasa si esto?” O “¿Qué pasa con eso?”.
Junto con el diablo, proyectamos todo tipo de posibles dificultades, excepciones, o potenciales historias para evitar insistir en que nosotros (y / u otros) nos comportamos bien y vivimos de acuerdo a la verdad.
El diablo también trata de engañarnos con “el manejo e invención de palabras”.
El desmembramiento y el asesinato de un niño a través del aborto se convierten en “libertad reproductiva” o “elección”.
La participación en la sodomía se denomina ser “gay” (una palabra que significa feliz).
Nuestra fe luminosa y sabiduría antigua se llama “oscuridad” e “ignorancia”.
La fornicación se llama “cohabitación”.
La redefinición del matrimonio, tal como se conoce desde hace unos 5000 años, se denomina “igualdad matrimonial”.
Y así, a través de exageraciones y rótulos falsos, el diablo nos engaña.
Nosotros también fácilmente conspiramos llamando “bueno”, o “no gran cosa”, a lo que Dios llama pecaminoso.
Finalmente, el diablo nos engaña a través del volumen de información y con el uso selectivo de la misma.
La información no es lo mismo que la verdad, y los datos pueden ser reunidos muy astutamente para crear puntos engañosos.
Además, se pueden enfatizar ciertos hechos y cifras mientras se omiten otras verdades equilibradoras.
Y así, incluso la información que es verdadera en sí misma puede convertirse en un medio de engaño.
Los medios de comunicación y otras fuentes a veces ejercen su mayor influencia en lo que eligen no informar.
Haremos bien en evaluar muy cuidadosamente las muchas maneras en que satanás trata de engañarnos.
No creas todo lo que piensas o escuchas.
Aunque no debemos ser cínicos, debemos ser sobrios, buscando verificar lo que vemos y oímos y cuadrarlo con la verdad revelada por Dios.
2 – DIVISIÓN
Una de las oraciones finales de Jesús por nosotros fue que seríamos uno (cf Juan 17:22).
Él oró así en la Última Cena, justo antes de que saliera a sufrir y a morir por nosotros.
Un aspecto principal de su obra en la cruz era vencer las divisiones aumentadas por satanás.
Algunos argumentan que la raíz griega de la palabra “diabólico” (diabolein) significa cortar, romper o dividir.
Jesús ora y trabaja para reunificar lo que el demonio divide.
El trabajo del demonio de dividir empieza dentro de cada uno de nosotros, mientras experimentamos muchos impulsos opuestos.
Algunos nobles, creativos y edificantes; otros basados, en pecados y destructivos.
Tantas veces, luchamos dentro y nos sentimos desgarrados, como San Pablo describe en Romanos capítulo 7:
El bien que quiero hacer, no lo hago…, y cuando trato de hacer el bien, el mal está cerca.
Esta es la obra del diablo, para dividirnos en el interior.
Y como San Pablo expuso en Romanos capítulo 8, la obra principal del Señor es establecer dentro de nosotros la unidad del alma y del cuerpo, de acuerdo con la unidad de Su verdad.
El ataque del Diablo contra nuestra unidad interior, por supuesto, se derrama en muchas divisiones entre nosotros externamente.
Muchas cosas ayudan a conducir esta división y el diablo seguramente se aprovecha de todas ellas.
La ira, el resentimiento, el miedo, el malentendido, la avaricia, el orgullo y la arrogancia.
También está la impaciencia que desarrollamos tan fácilmente con aquellos que amamos.
Así como la noción errónea de que debemos buscar otras personas más perfectas y deseables en su lugar.
Esto lleva a muchos a abandonar sus matrimonios, familia, iglesias y comunidades.
Siempre en busca de la elusiva meta de encontrar personas y situaciones mejores y más perfectas.
El Diablo tiene un verdadero día de campo conectando una plétora de impulsos pecaminosos dentro de nosotros.
Su meta es siempre dividirnos dentro y dividirnos entre nosotros.
Haremos bien en reconocer que independientemente de nuestras luchas con otros, todos compartimos un enemigo común que busca dividirnos y destruirnos.
San Pablo escribe:
“Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6, 12).
Los hermanos en pugna se reconcilian cuando hay un loco en la puerta.
El primer paso es notar al maníaco y el segundo paso es dejar a un lado nuestras divisiones menores.
3 – DIVERSIÓN
Para todos nosotros, nuestro enfoque más crítico es Dios y las cosas buenas que nos esperan en el Cielo.
La fe, la obediencia a la verdad, el amor a Dios y el amor al prójimo nos guían en el camino hacia el Cielo.
El diablo hace todo lo que puede para alejarnos de nuestra única meta verdadera.
Tal vez lo haga al hacer que nos dejemos absorber de modo excesivo por las cosas pasajeras de este mundo.
Muchas personas afirman que están demasiado ocupadas para orar, asistir a la misa o buscar otras formas de alimento espiritual.
Ellos llegan a ser absorbidos por las cosas mundanas, que pasan, ignorando la realidad duradera que se avecina.
Las ansiedades y los miedos también nos causan distracción.
El diablo nos obliga a fijarnos en los temores de las cosas pasajeras mientras que descuidamos el tener un miedo apropiado del juicio que nos espera.
Jesús dice:
“No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).
En otras palabras, debemos tener una santa reverencia y temor dirigidos hacia el Señor.
Si hacemos esto, muchos de nuestros otros temores se pondrán en mejor perspectiva o desaparecerán por completo.
En este asunto del miedo, el diablo dice lo contrario: nosotros debemos temer las innumerables cosas que nos pueden afligir en este mundo pasajero y no pensar en lo más importante que nos espera: nuestro juicio.
En el corazón de toda diversión está el hecho de que el diablo quiere que nos enfoquemos en cosas menores para evitar concentrarnos en cosas mayores, como tomar decisiones morales y dar atención a la apropiada dirección de nuestra vida.
Debemos aprender a concentrarnos en lo que más importa y rechazar decididamente ser desviados por cosas menores.
4 – DESALIENTO
Como seres humanos, y ciertamente como cristianos, debemos tener grandes aspiraciones; esto es bueno.
Pero como con todas las cosas buenas, satanás a menudo trata de envenenarlas.
Con nuestras altas aspiraciones, a veces nos falta la humildad de reconocer que debemos hacer un viaje para lograr lo que es bueno o mejor.
Demasiado fácilmente, satanás nos tienta a la impaciencia con nuestro propio yo o con otros.
Esperando alcanzar nuestras aspiraciones no razonablemente rápido, podemos ser poco caritativos hacia nuestro propio yo o hacia los demás.
Algunos se vuelven desanimados consigo mismos o con otros y simplemente renuncian a la búsqueda de la santidad.
Otros renuncian a la Iglesia debido a las imperfecciones allí encontradas, como se encontrarán en cualquier institución con seres humanos.
El Diablo nos desanima con aspiraciones sin límites.
Siempre hay margen para el progreso; siempre podemos hacer más.
Cuando siempre podemos hacer más, es fácil pensar que nunca hemos hecho lo suficiente.
Y así el diablo nos desalienta, sembrando pensamientos de exigencias no razonables dentro de nosotros sobre lo que podemos o debemos ser capaces de lograr cada día.
El diablo también nos desalienta a través de cosas simples como la fatiga, fallas personales menores, contratiempos y otros obstáculos que son comunes a nuestra condición humana viviendo en un mundo caído con recursos limitados.
En todas estas formas, el diablo trata de desanimarnos, de hacernos querer renunciar.
Sólo un sentido de humildad debidamente desarrollado puede salvarnos de este desánimo de satanás.
La humildad – que es la reverencia por la verdad sobre nosotros mismos – nos enseña que crecemos lentamente y en etapas.
Y nos ayuda a reconocer que siempre tendremos retrocesos y que viviremos en un mundo que es duro y lejos de ser perfecto.
Con humildad podemos aprender a apoyarnos más en el Señor y confiar en su providencial ayuda, la cual crece en nosotros gradualmente.
5 FORMAS EN QUE EL DEMONIO TE TIENTA USANDO TU FE

1 – INSISTENCIA EN LA CARENCIA DE ORACIÓN
Esto toma el formato de un desaliento. Y una de las trampas es vivir obsesionado con la idea de que
“Si tan solo pudieras orar un poco más, Dios te dará lo que buscas”.
¿Cuál es el engaño?
Es que siempre podemos orar un poco más, pero nunca va a ser suficiente.
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Y siempre va a estar presente el estigma que nunca es suficiente y por eso no se obtiene lo que se busca.
Esto hace a la oración una carga, algo a lo que la persona se tiene que forzar más y más cada día, y aunque avance en más y mejor oración, siempre la meta va a estar adelante.
En cómo vivir que Dios es un capataz cruel exigiendo más  y más, oraciones más precisas, mayor devoción cuando se ora, etc.
Así la oración se convierte en un trabajo supersticioso en el que controlamos la cantidad de oración, la variedad de oración y la devoción y fervor con que la hacemos.
Pero Jesús nos aconseja que el Padre sabe lo que necesitamos y que debemos ponernos pacíficamente y sin presión en las manos de él.
Por tanto uno no debe pensar que sólo es necesario repetir constantemente palabras, acciones piadosas para comunicarse con Dios, adorarle y pedir su auxilio.
Lo importante es hacerlo con fe y si presión para cumplir un formalismo.
Con el tiempo y con nuestro perseverar en la oración vamos a ir mejorando, porque Dios no es un cruel tirano que exige secuencias interminables de ritos, sino hacerlo con fe y en paz.
2 – DISCRIMINACIÓN HACIA LOS DEMÁS POR LO QUE CREEN
El maligno también puede hacer de nuestras prácticas diarias un fenómeno de orgullo primero, de condecoración después y de discriminación posteriormente. 
El demonio puede tomar nuestros actos devotos como una cocarda, hacernos sentir un excesivo orgullo por ellos y construir una discriminación hacia los demás en base a ellos.
Puede tomar nuestra hermosa práctica de rezar el rosario, o asistir a misa todos los días, u otras devociones y lentamente incitar a desarrollar un sentimiento de superioridad, de elitismo, de orgullo.
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Del que presumimos y sobre la base que juzgamos a los demás que también están en el camino.
Así vamos desarrollando la idea que los otros son menos devotos porque no observan lo que nosotros hacemos.
Una de las formas que adopta esto es nuestro celo en las creencias. Tomamos al pie de la letra todo lo que suponemos que es devoto y lo queremos llevar hasta el extremo.
Y es en base a ello que criticamos a quienes no tienen devoción externa y fuerte hacia la Virgen María.
O no interpretan como nosotros que estamos en el final de los tiempos o que incluso no ven como nosotros vemos algunos signos como señales de que esos tiempos están presentes.
También está presente – y mucho por estas épocas – en la interpretación casi ritual y al pie de la letra de los mensajes que reciben algunos videntes.
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Algo así como si el vidente dijo que algo iba a pasar, entonces va a pasar.
Y esto se da incluso con los mensajes más legitimados como los de Fátima.
Por ejemplo podemos considerar que si el Papa no consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María muestra su ineptitud, su fracaso, e incluso se puede ver en esto una conspiración.
Entonces, se llega a un extremismo del todo o nada.
Y una de nuestras más importantes apariciones y guía en la interpretación de lo que vendrá se va transformando en una caja de desconfianza, de desunión, de fuente para criticar y denostar al Papa y los obispos.
Y sabemos que todo lo que trae desunión viene siempre del maligno, más allá de la fuente por la que se produce.
En el caso concreto de Fátima hay toda una corriente pie letrista que llega a denostar a papas e incluso a Sor Lucía por la consagración de Rusia, al punto que se trata signo que separa las buenas de las malas intenciones.
Es entonces de una manera sorprendentemente astuta del maligno para transformar lo que es bueno y religioso y corromperlo, a través de incitar que todo el que no cumple con determinados hechos esta corrupto.
Se puede creer en las apariciones opcionalmente y no obligatorio según lo que insiste la Iglesia, pero el maligno nos lo transforma en obligatorio, incitando nuestro orgullo y nuestro poder para criticar y endilgar a los demás su falta de cumplimiento con estos preceptos necesarios para nosotros.
3 – REDUCCIONISMO DE LA FE A CIERTOS ACTOS
Una forma por la que satanás nos mantiene a distancia de Dios es hacernos centrar en determinadas prácticas religiosas, reduciendo el accionar del Espíritu Santo a ciertas actividades.
Por ejemplo nos puede tentar con la idea de que ir a la misa del domingo es la base de nuestra religiosidad.
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O que las oraciones diarias, por ejemplo el Rosario, son la meta de nuestra devoción.
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En lugar de considerar estas cosas como la punta por la que se inicia y desarrolla nuestra relación con Dios.
Es como si sintiéramos que debemos hacer un check list de las cosas necesarias.
Y si no tenemos marcadas esas casillas no podremos considerarnos que cumplimos o que estamos en sintonía con Dios, cuando la base es construir una relación amorosa con Dios, para lo cual esos rituales son simplemente vías que conducen a ellos y no el fin y la demostración de ello.
Así, tales prácticas – que se viven como imprescindibles – se van convirtiendo en una forma de control, como si Dios pasara lista y nos controlara así.
Esto lleva a la tentación sutil de decir, “Señor, he hecho lo que tú me mandas, voy a misa los domingos, recito el rosario a diario”, como si eso significara estar en sintonía con Dios, o una fuente que le da al alma determinados derechos para exigir.
De esta forma, vemos como los requisitos que la Iglesia ha instituido como las puertas para que las almas vayan mejorando su relación con Dios, se van transformando en una especie de ritual de horarios y actos, de derechos y obligaciones, que no conducen a una relación más profunda con Dios.
4 – EL CELO RELIGIOSO TRANSFORMADO EN FANATISMO
El maligno también nos tienta corrompiendo nuestro celo religioso transformándolo en falta de caridad.
Por ejemplo esto lo podemos ver en la liturgia.
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El fiel puede considerar que la forma de celebrar la misa de la forma en que él considera adecuada es la señal de devoción.
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Y por el contrario, hacer la misa de la otra manera, es señal de falta de compromiso o corrupción.
Esto lo vemos en una especie de enfrentamiento que se da entre quienes prefieren la misa tradicional, a veces llamada tridentina, y los que prefieren la misa post conciliar.
Así la belleza de la liturgia, que seguramente existe en ambas formas litúrgicas, se transforma en un camino para demostrar nuestra superioridad y nuestra devoción, y lo que es peor, nuestra relación con Dios.
Por ahí se genera desunión debido a la falta de caridad con que juzgamos a los demás, tratándolos de trogloditas o de modernistas, de puros o indolentes, de anticuados o de superficiales.
5 – LA CARIDAD SIN VERDAD 
El maligno también puede hacer que nuestra “opción preferencial por los más pobres y débiles” sea una forma de dominación hacia ellos.
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Ya no somos nosotros los que estamos al servicio de ellos sino que su condición está al servicio nuestro, para demostrar nuestra devoción y mostrar a los demás nuestra supuesta caridad y misericordia.
Se construye así un paternalismo esclavizante que no trata a la personas como tales sino en relación a nosotros, es funcional a nuestras necesidades.
Y entonces se produce un conflicto entre las obras de misericordia corporales y las obras de misericordia espirituales.
Porque satanás puede mandarnos a hacer asistencialismo sin preocuparnos de las necesidades personales y espirituales de las personas a quienes vamos a servir.
O sea que vamos a vendar sólo sus heridas físicas en el hospital de campaña que le gusta al Papa Francisco decir sobre la Iglesia.
Una obra buena como la de acercarse a los más necesitados, que fue en definitiva una buena parte por la que Jesús vino a nuestra búsqueda, se corrompe, porque las virtudes deben trabajan en conjunto.
La caridad deber ser equilibrada por la verdad y viceversa.
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Sin verdad la caridad se transforma en beneficencia y asistencialismo, y ese es uno de los errores fatales que vimos en América Latina cuando el auge de las prácticas de la Teología de la Liberación.
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Que so pretexto de ir hacia los pobres para darles alimento físico, se olvidó de su espíritu.
Así es que el maligno toma una virtud y la aísla de las demás, e incluso la hace crecer desmesuradamente frente a las otras.
En definitiva vemos que satanás se las ingenia a para corromper a una persona que esté tanto en un banco de una iglesia como que trabaje en un burdel.
Nadie puede escapar a su tentación, porque él quiere nuestra caída en el infierno.
Y su actividad es difícil de detectar porque es sutil, ya que toma algo intrínsecamente bueno, y lo trata de corromper por exceso o por defecto.
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Y así se transforma en una caricatura de lo que en realidad debería haber sido.
Fuentes:

Foros de la Virgen María

LOS SIGNOS DE UNA VERDADERA PROFETA


 


Nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda (nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero todos la llamaban Bernardita.

Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo". Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. Un día ve unas ovejas con una mancha verde sobre la lana y pregunta al papá: ¿Por qué tienen esa mancha verde? El papá queriendo chancearse, le responde: "Es que se indigestaron por comer demasiado pasto". La muchachita se pone a llorar y exclama: "Pobres ovejas, se van a reventar". Y entonces el señor Soubirous le dice que era una mentirilla. Una compañera le dice: "Es necesario ser muy tonta para creer que eso que le dijo su padre era verdad". Y Bernardita le responde: ¡Es que como yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás tampoco las decían nunca!

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra Señora le dijo: "No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". Y así sucedió. La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.


Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Probablemente uno de estos secretos era que no debería recibir dineros ni regalos de nadie y el otro, que no hiciera nunca nada que atrajera hacia ella las miradas. Por eso se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.

Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. "Vaya ", le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.

Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? "Claro que sí" ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.


Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.


En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: "Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Sma. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores".

Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.

Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: "No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra".

Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.

Deseaba mucho volver a Lourdes, pero desde el día en que fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa, jamás volvió por allí. Ella repetía: "Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser vista. Cuando se ha visto una vez a la Sma. Virgen, se estaría dispuesto a cualquier sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es".


Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.

Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: "Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma". A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.

El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío Once la declaró santa.

Bernardita: tú que tuviste la dicha de ver a la Sma. Virgen aquí en la tierra, haz que nosotros tengamos la dicha de verla y acompañarla para siempre en el cielo.




PARA ENCONTRAR A DIOS HAY QUE TRATARLE


Un trato de corazón a corazón, fruto del amor y no de la costumbre, creando un ambiente de fe y amor.

Por: P Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net

Una mujer comenzó a ir con sus padres a Misa por costumbre. Después, al profundizar en la fe, vio que "empezaba a tener otro sentido, un sentido de compromiso, me sentí más implicada... descubrí el valor de la Eucaristía como un encuentro con Cristo..."

En nuestra sociedad actual, la asistencia a Misa depende de la costumbre del entorno familiar, de la fe que se ha recibido desde pequeños… y cuando se asiste a Misa por ejemplo en acontecimientos sociales o fiestas principales, incluso los que no saben "qué pasa ahí" sienten alguna motivación, el gusanillo de profundizar, pues no solo queremos vestirnos de fiesta sino que queremos participar en la fiesta, celebrarla. Como en las familias, que tienen un plato preferido para ciertas celebraciones. Queremos tener una relación viva y personal, maravillosa, con Jesús. Qué lástima, escuchar palabras y cantos, pero no gozar plenamente de las emociones estéticas en la música o en la belleza de las celebraciones, al no vivir la esencia de la Misa y de la comunión... Recuerdo un compañero de estudios que iba a la catedral de Córdoba a escuchar la Misa del domingo fascinado por la belleza de la liturgia y la música. Es difícil entender a Bach sin su fe, pues muchas composiciones están unidas a un sentimiento.

Hemos de conocer lo esencial de la vida. Muchas veces vamos por la vida buscando la felicidad, y no la encontramos... más tarde nos damos cuenta de que estaba allí al lado, en las cosas pequeñas de cada día, en las cosas obvias, que son las que olvidamos más fácilmente, y así nos va... Como el sentido religioso, el sentido trascendente de las cosas. Olvidamos las cosas que no proporcionan un inmediato beneficio práctico con la excusa de que "no sirven para nada", cuando son las que más sirven. Cuando faltan estas cosas, nos damos cuenta de que la vida no sirve para nada. Cuentan de una araña que se dejó caer por uno de sus hilos desde un árbol, para anclar los soportes alrededor de una rama y tejer su telaraña, esa malla que va engrandeciéndose con sucesivas vueltas, hasta completar su obra. Entonces, paseándose por su territorio, orgullosa de su realización, mira el hilo de arriba y dice: "éste es feo, vamos a cortarlo", olvidando que era el hilo por donde empezó todo, el que sustentaba todo. Al cortarlo, la araña desmemoriada cayó enredada en su red, prisionera de su obra. Así nosotros, encerrados en la obra de nuestra inteligencia o en el cuidado de tantas cosas... podemos olvidar la esencial, cuando cortamos el hilo de soporte. ¡No prescindamos de Dios! Es el soporte de todo lo invisible, los valores de amor y respeto a los demás, en definitiva, de la felicidad. Esta dimensión invisible de la vida. Si no, nos enmarañamos en cosas que nos hacen perder la libertad.

La necesidad de dar culto a Dios está en lo más profundo de nuestro interior (y cuando no le hacemos caso, se proyecta en forma de supersticiones varias, idolatrías de todo tipo, sectas variopintas pero peligrosas algunas de ellas, o una apatía brutal por la que no se ve sentido a nada...) Estamos en una época de "complejidad", en la que hay avances técnicos de todo tipo (en el campo científico, en el genético, en la informática...) y en medio del estado de bienestar, muchos de nuestros compañeros de viaje están prisioneros de la angustia ante el futuro, tienen miedo, incluso miedo a vivir. ¿Por qué tanta inseguridad? Porque quizá hoy se absolutiza el bienestar y éste no da respuesta al sentido de la vida, impide volar hacia arriba, mirar el cielo, en ese horizonte no hay Dios; es el gran ausente.

Todo ello causa el sentimiento de "insoportable ligereza del ser". En medio del pensamiento moderno que tiene tantas cosas buenas tenemos al hombre enfermo de frustración y un deseo de búsqueda de Dios, de ahí las profecías de que el siglo XXI sería "místico", porque es la única forma de recuperar el norte. Se intuye que la medicina es la misma: recuperar la idea de Dios, que sirve para cultos e ignorantes, enfermos y sanos, pobres y ricos...

Pero para hallar a Dios hay que tratarle, darle culto. Y no externo, sino que implique la conciencia, un trato de corazón a corazón, fruto del amor y no de la costumbre, creando un "espacio interior" en nuestra conciencia, solos ante el espejo ante el cual encontramos el sentido de la vida, la seguridad que nos falta.

La religión pertenece a las cosas importantes de la vida. Cuentan de un barquero que llevaba gente de un lado a otro de un gran río, y un día subió un sabiondo que empezó a increparle diciéndole: "¿conoces las matemáticas?" -"no", contestó el barquero. -"Has perdido una cuarta parte de tu vida. ¿Y la astronomía?" -"¿Esto se come o qué?", contestó el pobre. "-Has perdido dos cuartas partes de tu vida". -"¿Y la astrología?" -"Tampoco", dijo el barquero. "-¡Desgraciado, has perdido tres cuartas partes de tu vida!". En aquel momento la barca se hundió, y viéndolo que se lo llevaba la corriente, le dijo el barquero: -"¡Eh, sabio!, ¿sabes nadar?" -"¡No!", contestó desesperado. -"Pues has perdido las cuatro cuartas partes de tu vida, ¡toda tu vida!" Pues para quien va por un río, lo importante no es saber tantas cosas sino saber nadar. Así las cosas esenciales de la vida, muchas veces olvidadas, son saber quién soy, de dónde vengo y adónde voy, y descubrir el sentido religioso y -como dice el viejo refrán- al final de la vida el que se salva sabe y el que no, no sabe nada. Los peces se ahogan sin agua y los hombres se asfixian sin aire, así nuestra alma sufre asfixia si no tiene saciada esta sed de Dios, pues el corazón del hombre está inquieto y sin paz hasta que reposa en Él.

La religión es una experiencia personal de la que no podemos prescindir, es una necesidad. Y también es social, constituye una de las tradiciones no sólo culturales sino también basilares de la misma familia: la familia que reza unida permanece unida, dice el refrán. Ante una crisis familiar, para resistir ante las dificultades, es importante ver el cielo, recordar el sentido divino del contemplar el cielo.



Fragmento del Capítulo 1 del Libro "Mi Querida Misa. La belleza de la Eucaristía y del domingo"

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