martes, 1 de abril de 2014

USAMOS EL AMOR DE DIOS, COMO EL MANA EN EL DESIERTO...


Confiar en Dios es colocar todo y a todos en Su Misericordia y Providencia con completa seguridad.

 Confiar en Dios es tener la seguridad de que nuestro Padre Amoroso velará por nosotros y por aquellos a quienes nosotros amamos.

 El amor ha sido definido, analizado, explicado y justificado.

 Ha sido causa de guerras, contiendas, de heroísmo, martirio, pasión excesiva y amistades hermosas.

 El amor reúne a dos personas de temperamentos opuestos en el matrimonio y les permite vivir felizmente.

 Hace que los amigos se entiendan el uno al otro sin que haya necesidad de palabras.

 El amor es un sentimiento emocional a un nivel humano y una experiencia de fe a un nivel sobrenatural.

 Motiva nuestras voluntades y nos hace capaces de hacer lo imposible por el bien de su Reino.

 El amor llena y vacía a la vez. Nos hace tender la mano a Dios, listos para ser “podados” por Él sin importar lo que eso cueste. El amor calma el corazón adolorido y luego le hace sentir sed nuevamente.

 Cuando el deseo de Dios se ve aparentemente satisfecho por alguna alegría, aquella alegría aumenta nuestro deseo y deja que un sabor agridulce entre en nuestras almas.

 Deseamos su Presencia para llenar el vacío, pero lo percibimos más profundo cuando no lo sentimos cerca.

 Los que procuran vivir una vida espiritual, una vida interior, una vida con Dios en sus almas, realmente desean sólo una cosa y ésta es estar unidos al objeto de su amor: Dios.

 Las luchas de la vida diaria parecen estar dispuestas a ahogar esta vida interior y a arrebatárnosla de nuestro alcance.

 Mientras más intentamos vivir una vida de unión amorosa con Él, más dificultades encontramos. Nos encontramos con que el carácter de aquellos con quienes vivimos y trabajamos resulta ser un obstáculo para nosotros, Dios parece tan lejos, encontramos nuestra determinación de ser santos efímera y vacilante.

 Y para sumar más a nuestra angustia, leemos pasajes y pasajes de la Escritura en donde se nos exige el más alto nivel de unión de nuestras mentes y corazones.

 ¿No nos dice nuestra fe que Dios no puede pedir lo imposible y sin embargo no podemos n siquiera empezar a seguir el Mandamiento Nuevo?

 “Este es mi mandamiento:” nos dijo Jesús, “que os améis como yo os amo”

 “Como el Padre me ha amado, así los he amado yo” - (Jn 15:12, 9)

 ¡Jesús nos pide amar a nuestro prójimo tal como el Padre ama al Hijo!

 ¡Qué misión tan imponente, qué confianza la que Jesús nos tiene!

 La palabra “como” significa “igual a”, de la misma manera, pero encontramos tal diferencia entre nuestro amor y el de Dios.

 
EL AMOR DE LA
CRIATURA
EL AMOR DE DIOS
Finito
Infinito
Egoísta
Desinteresado
Limitado
Ilimitado
Vacilante
Constante

 
Muchos de nosotros usamos el amor de Dios, como el maná en el desierto.

 Tomamos lo que necesitamos en algunas situaciones particulares y luego nos marchamos por nuestro camino, podemos manejar las demás situaciones nosotros mismos.

 El alma contempla a Dios y ve santidad, luego se ve a sí misma y observa pecado, debilidad y fragilidades.

 Observa a su vecino y ve, casi siempre, ocasiones para practicar la virtud.

 Buscamos a Dios con nuestras súplicas de ayuda y la conciencia de su santidad refleja nuestra propia indignidad.

 El conocimiento de uno mismo que viene de nuestro encuentro diario con nuestro prójimo nos hace rebelarnos o sentirnos inferiores. Vamos corriendo en un triángulo interminable en el que pedimos ayuda, recibimos la fuerza para seguir adelante y nos abrimos a las necesidades de nuestros hermanos.

 Tememos el castigo de Dios y esperamos una recompensa por cualquier bien que logramos. En esta situación, es difícil ver el mensaje que Jesús nos dejó en el Evangelio. Aunque somos pecadores, esperamos que nuestro prójimo sea perfecto y que Dios sea misericordioso con nosotros.

 Hay una continua lucha de parte del alma por mantenerse siempre en paz, serena. El amor, como lo encontramos en Dios, parece lejos de nuestro alcance y la capacidad de amar a nuestro hermano como Dios lo ama parece una tarea imposible. Practicamos la virtud en grados que varían según la fuerza de los sentimientos adversos que encontramos dentro de nosotros.

 Se saca mucho provecho de esta etapa de la vida espiritual. Aunque parezca que corremos en una rueda de molino, rápido pero sin ir a ningún lugar, vamos ganando un conocimiento humano y sobrenatural de nosotros mismos. El conocimiento humano de nosotros mismos viene de la conciencia de nuestra debilidad.

 Por ejemplo, cuando sentimos impaciencia, esto se vuelve parte de nuestro estado físico. Reaccionamos según lo que sentimos. Sabemos que hemos ofendido a nuestro prójimo pero a menudo lo culpamos a él por haber hecho brotar nuestras debilidades.

 El énfasis en esta etapa está puesto en las debilidades de nuestro prójimo que nos hacen reaccionar de un modo defectuoso. Él se convierte en la causa y yo en aquél que sufre los efectos de aquella causa.

 Nuestras súplicas se elevan a Dios para que transformen a nuestro vecino y para que nos den la fuerza de soportarlo. El autoconocimiento en esta etapa tiende a depositar la mayor carga de culpa en el otro por nuestras propias acciones sobre los demás.

 Esto puede ser muy frustrante porque gastamos nuestro tiempo esperando que el otro mejore y tenemos la expectativa de que algún tipo de gracia nos haga indiferentes a todo lo que sucede a nuestro alrededor.

 Aunque corremos de un lado a otro en círculos, empezamos a tomar conciencia de lo inútil que es gastar tanto tiempo en circunstancias y disposiciones que salen de nuestro control.

 Cuando comprendemos que no podemos cambiar a nuestro prójimo, salvo con el ejemplo, entonces buscamos caminos nuevos en la oración, nuevos secretos de la vida espiritual que nos permitan salir adelante. Aquí empieza el trabajo del autoconocimiento sobrenatural.

 Cuando, en medio de algún fracaso para responder a las demandas del momento presente, recibimos una luz que nos hace vernos, ver la mano purificadora de Dios, ver el porvenir en medio de la confusión presente, entonces experimentamos el conocimiento sobrenatural de nosotros mismos.

 El énfasis cambia del prójimo hacia mí. Esto no sucede para que nos sintamos culpables o inferiores.

 Este conocimiento de uno mismo es el conocimiento del Espíritu de Dios y nos brinda el reconocimiento de nuestra debilidad, arrepentimiento, compasión por mí y por mi prójimo, la determinación de hacer las cosas cada vez mejor y un amor más profundo a Dios cuya gracia nos da la luz para conocer la verdad sin estremecernos.

 No hay ningún resentimiento hacia nuestro prójimo. Comprendemos que sin importar cual sea la causa, nuestro temperamento o nuestras debilidades son la razón verdadera que origina nuestra reacción a la adversidad.

 Nuestro vecino puede demandar que ejercitemos alguna virtud, pero somos nosotros los que optamos como responder a aquella demanda.

 Esto se ve claramente en situaciones en donde los involucrados son tres o más personas. La respuesta de cada uno será totalmente diferente. Uno puede enfadarse, otro ser indiferente y otro permanecer en la oscuridad como si nada estuviera pasando en absoluto.

 El conocimiento sobrenatural de uno mismo hace al alma capaz de sintonizar con las necesidades de los demás y al mismo tiempo la hace consciente de cual es la mejor respuesta para cada ocasión.

 Uno mira su alma como si fuera una tercera persona, evaluando honestamente sus debilidades, amando con el amor de Jesús y muriendo a sí misma para poder testimoniar el amor de Jesús por el otro.

 No hay ningún tiempo gastado en ocultarse de uno mismo o de nuestra culpabilidad bajo el esfuerzo constante necesario para ser buenos.

 El autoconocimiento natural tiende a optar por la autocompasión y el desaliento pero la aceptación honesta de las debilidades de alguien viene del Espíritu y da los frutos del Espíritu.

 El Espíritu se vale de nuestras debilidades y del esfuerzo que ponemos para aumentar nuestro deseo de Dios, para vaciar nuestras almas de aquel amor propio excesivo y crear una soledad que sólo pueda ser satisfecha por Dios.

 Estos tres efectos de deseo, vacío y soledad desarrollan en nuestras almas una verdadera se de Dios. Así, la cuarta bienaventuranza hace morada en el alma.

 “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciado”. (Mt 5, 6)

 Tener sed de Dios es desear estar con él con todo nuestro corazón. El dolor de sentirnos sedientos de Dios es purificador y a la vez fructífero, porque incrementa nuestra “capacidad de Dios”, de amar y de acoger la gracia.

 El alma se pone a punto y empieza a buscar formas y medios para adquirir un mayor conocimiento de Dios.

 Lee las Escrituras, realiza diversos actos de bondad, frecuenta los Sacramentos, reza más fervientemente y busca ocasiones para ser virtuosa. La devoción a la Eucaristía y a Santa María crece mientras el deseo del alma de Dios se hace casi irresistible.

 La humildad de corazón es una fuente continua de fuerza y el alma comienza a aumentar su confianza. En el pasado la vida de oración del alma era más una lucha contra nuestros pecados pasados y errores, contra las pruebas presentes, los sufrimientos y los acontecimientos del futuro.

 Pedir y reparar eran casi el único objetivo de la oración del alma hacia Dios. Sin darse cuenta, el alma va siendo cambiada poco a poco por el Espíritu y dirigida por caminos nuevos de oración y de unión.

 La Confianza, arraigada en la Esperanza, permite al alma ofrecerle su pasado, su presente y colocar su futuro en Dios.

 Confiar en Dios es colocar todo y a todos en Su Misericordia y Providencia con completa seguridad. Confiar en Dios es tener la seguridad de que nuestro Padre Amoroso velará por nosotros y por aquellos a quienes nosotros amamos.

 La confianza y la Esperanza liberan al alma del miedo y dispersan las nubes que tan a menudo hacen que la Fe se vuelva difícil.

 La fe, que es sólo un asentimiento intelectual a la verdad, puede hacer que un alma se sienta satisfecha, complacida porque todo está bien y no hay ninguna necesidad de crecer en algo que uno ya posee.

 ¿Será esta la razón por la cual tantos que profesan su Fe no avanzan en la vida interior?

 Una Fe Viva le da al alma la capacidad de ver a Dios en todo. Esto nos eleva por encima de nuestro nivel meramente sensible y nos permite “tocar” a Dios en nuestras vidas diarias. Las pruebas que aumentan la Esperanza nos hacen humildes y así purifican nuestra Fe.

 San Pablo nos asegura que la Fe “es la prueba de la existencia de las realidades que no se ven”. (Heb 11, 2) La capacidad de abstraer del momento presente la Presencia de un Padre Amoroso es una Fe viva. Cuando nuestras almas se hacen cada vez más conscientes de aquella Presencia crecemos en la Fe. Cuando la Fe se hace tan fuerte que ninguna adversidad puede apagar su crecimiento en el alma, entonces ésta se encuentra avanzada en el camino de amar con el amor de Dios.

 La Fe desapega al alma de aquella necesidad de recibir pruebas constantes de la Providencia de Dios y de su cuidado, de respuestas concretas a nuestros ruegos, y de la necesidad de recibir consolaciones.

 La Fe nos asegura Su consuelo y destruye en nosotros el temor a la sequedad y la desolación. El hombre de Fe cree por la Palabra de Dios y aquella Palabra da frutos de amor.

 Cuando la Esperanza ve el bien y la Fe ve a Dios en el momento presente, en uno y en el prójimo, el Amor es puro y desinteresado. Es un intercambio de amor entre el alma y Dios teniendo al prójimo como el receptáculo de la sobreabundancia de aquel amor.

 El intercambio de amor entre el Padre y el Hijo en la Trinidad es el Espíritu Santo. El Espíritu es poder: el Espíritu es el Amor.

 En el Bautismo comenzamos a participar en la Naturaleza de Dios. De una manera misteriosa la Trinidad pone su morada en nosotros.

 El Padre implanta la Esperanza en nuestra memoria y vive allí, el Hijo implanta la Fe en el Intelecto y vive allí y finalmente el Espíritu implanta el Amor en la voluntad y vive allí.

 Es importante entender que si alimentamos la memoria por la gracia con la compasión y la piedad hacia mí y hacia mi prójimo, la imagen del alma reflejará a Jesús de un modo más perfecto.

 La humildad y la mansedumbre liberan al alma de un excesivo apego a sus propias opiniones y dejándola abierta para poder ver al Padre en todas las cosas. Le da al intelecto la capacidad de discernir el Plan del Padre y prepara el terreno para que uno pueda realizar las decisiones correctas.

 Así como Jesús mantuvo sus ojos fijos en el Padre, así nuestra alma debería siempre buscar que es lo que Dios quiere de nosotros. Las Escrituras, la Iglesia, los Mandamientos y los Preceptos, todos iluminan al Intelecto para mover a la voluntad de modo que viva en el Espíritu, para que viva en el Amor.

 Jesús nos pidió conscientemente buscar el Plan del Padre, amar al Padre, amar a nuestro prójimo tal como el Padre lo ama, nos pidió hacer nuestra morada en Él así como Él hizo su morada en nosotros.

 Deberíamos esforzarnos por ser conscientes del maravilloso trabajo que se viene realizando en nuestras almas. Dios Padre está amando a Dios Hijo y ese amor mutuo, el Espíritu Santo, vive en cada alma como en un templo. La Trinidad realmente habita en un alma llena de gracia.

 Si nosotros fuéramos más conscientes de lo que pasa dentro de nosotros, si pudiéramos cerrar los ojos de nuestros sentidos lo suficiente como para alegrarnos al ver a Dios amando a Dios en nosotros, quizás comenzaríamos a absorber aquel amor y lo compartiríamos con nuestros hermanos.

 ¿Si el alma desarrollara el hábito de ser consciente de la presencia del Padre en ella, del Amoroso Jesús en cada ser humano que se encuentra, no daría acaso pasos gigantescos en su camino hacia la santidad?

 ¿No miraría a los demás con ojos nuevos y con un amor nuevo?

 ¿No trataría a cada uno como Jesús?

 ¿No entendería de un modo nuevo que todo aquello que ella hace a sus hermanos se lo hace a Jesús?

 Entonces, empezaría a amar realmente como Dios ama, su vida interior y exterior estaría centrada en Jesús, en el temor de Dios y estaría llena de amor.

 El alma que sigue de cerca la vida Trinitaria dentro de sí y modela su vida según ella, amará como Dios ama. Quizás una imagen pueda ayudar a comprender esta realidad.

 “Padre, que sean uno en nosotros como Tú en mí y yo en Ti.” - (Jn 17, 21)

 Las tres facultades del alma en gracia: la Memoria, el Intelecto y la Voluntad, disfrutan de la Presencia Divina. Mientras se conforma cada vez más con cada persona de la Trinidad, va siendo suavemente transformada.

 Un alma que vive en Dios al mismo tiempo que Dios vive en ella, puede abarcar a toda la humanidad en su corazón. Ama con el amor de Dios porque se ha vuelto una sola persona con el Padre.

 “Entonces entenderán”, dijo Jesús, “que yo estoy en el Padre y ustedes en mí y yo en ustedes.” (Jn 14, 20).

 Contemplemos con frecuencia las maravillas de un Padre y un Hijo que habitan en nosotros.

 Que nuestros corazones, rebosantes de amor, le den al Padre el gozo de poder amar a su Hijo en nuestros hermanos a través de nuestros ojos, nuestro tacto, nuestra preocupación, nuestra compasión y nuestros corazones.

 Al copiar este artículo favor conservar o citar este link.- Fuente: EL CAMINO HACIA DIOS - www.iterindeo.blogspot.com

Publicado porWilson f.

LA BELLEZA VALIENTE DE LA FE


Dar el paso cuesta. Pero, una vez dado, la certeza de que Cristo vive y actúa con su Espíritu consuela a los corazones.

Creer nunca ha sido fácil. Abrirse a un Hombre venido de Galilea, acoger un mensaje contra la lógica del mundo, enfrentarse a las potencias del mal, proclamar una ley de misericordia y perdón, confirmar la Buena noticia con la Sangre en el Calvario y la Resurrección la mañana de Pascua... Parecen provocaciones que superan los límites de la "prudencia" y del sentido común.

Pero así nació, hace 2000 años, la Iglesia católica. Acogió el mensaje del Maestro, predicó desde los techos, sufrió persecuciones, enseñó a perdonar al enemigo, promovió un nuevo estilo de vida, se puso al servicio de los pobres y los últimos...

El cristianismo presenta una belleza inaudita. Abre el mundo a Dios porque afirma que Dios vino al mundo. Ofrece la paz que recibe de Jesucristo. Enseña una doctrina única en la que se vislumbra un núcleo radiante: Dios es Amor, Dios es Trinidad, Dios es misericordia.

El mundo romano no fue capaz de entender aquella novedad. Encarceló y mató a cientos de creyentes. El mundo moderno tampoco comprende un Evangelio construido desde paradojas magníficas: perder la vida para ganarla, morir para vivir, dar para recibir, perdonar para implantar una justicia más completa.

Hoy, como en el pasado, es posible decir "creo" desde una valentía que viene de la gracia. Los mártires de todos los tiempos muestran hasta qué punto la fe sostiene a hombres y mujeres en el momento de la prueba. Sin que lleguen al derramamiento de su sangre, también da fuerzas a millones de bautizados que sufren discriminaciones, burlas, desprecios, entre los suyos y ante un mundo fascinado por engaños pasajeros.

Hay una belleza valiente en el mundo de la fe. Dar el paso cuesta. Pero, una vez dado, la certeza de que Cristo vive y actúa con su Espíritu consuela a los corazones y permite caminar, cada día, con un canto sencillo de gratitud, de esperanza y de alegría.

Autor: P. Fernando Pascual LC

MENSAJE DEL CIELO A NUESTRO GRUPO DE ORACIÓN “SÍ SEÑOR”


MENSAJE DEL CIELO A NUESTRO GRUPO DE ORACIÓN “SÍ SEÑOR” – VIERNES 28 DE MARZO 2014

HNO. JOSÉ: Inició la Teofanía rezando Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea….,

Sagrado Corazón de Jesús, en voz confío. Oh dulce Corazón de María, se la salvación del alma mía.

Luego rezó Crux Sacra, Sit Mihi Lux, Non Draco, Sit Mihi Dux, Vade Retro Satana, Num Suade Mihi Vana, Sunt Mala Quae Libas, Ipse Veneas Bibas (Todos también rezamos).

El Ángel Rosa del Corazón de Santísimo hizo la señal de su presencia.

HNO. JOSÉ: Bienvenida seas Rosa del Corazón de Santísimo, gracias por tu Santa presencia.

Que la Paz esté con ustedes…

TODOS: Y con tu Espíritu.

Buenas noches Grupo Sí Señor… Soy Rosa del Corazón del Santísimo.

HNO. JOSÉ: Bienvenida seas, Rosa del Corazón del santísimo, gracias por tu presencia.

ÁNGEL ROSA DEL CORAZÓN DE SANTÍSIMO: Se les pide que se pongan a orar.

Se les pide que tomen en serio el tiempo de Cuaresma, son 40 días… para la ORACION, la PENITENCIA, para tener a Dios cerca, para creer… creer realmente, si ustedes harían su trabajo como Cristianos realmente, no alcanzaría espacio para todas las personas a las que invitaran, en cambio… sus vidas no son un ejemplo de vida y los demás lo ven… Como puede ser éste servidor de Dios, si su vida está desordenada, si tiene vicios… éste es el momento de cambio, para que hagan una promesa de vida, que sea una PENITENCIA de vida, el verdadero cambio de ser Cristiano, ser como ÉL, no sólo en la FE, sino ser como ÉL realmente, en todo, por dentro y por fuera, pídeselo a Dios, un corazón grande como ÉL, una inteligencia como es el Señor,… EL REY DE REYES, se les pide mucha oración y acercarse al Santísimo, a los Sacramentos, la Confesión sincera.

¿Y qué haces por los demás? nuevamente sus manos están vacías, ¿Cómo se preparan para los tiempos oscuros? cada día se aceleran más los tiempos, duran poco las horas y es otro día, que haces para el día, en qué momento se acuerdan de Dios, ahora todos juntos que están ahí, con sus ojos cerrados… escuchen…

Oren, pidan perdón y den las gracias siempre… porque estás vivo… porque estás aquí, por tu salud, por tu enfermedad, por tus seres queridos, por todo lo que tienes… DA LAS GRACIAS

Acaso tú sabes lo que va a pasarte el día de mañana, acaso tú crees… que mañana va a ser fácil, ten confianza… SÍ, pero que haces tú a cambio, por los demás… viven en una burbuja, yo rezo, yo oro, yo voy a Misa, pero no vives lo que es ser Cristiano… a ustedes se les dice, se les enseña, se les habla… llegarán los tiempos en que no sabrán a dónde acudir, en que no escucharán palabra alguna y todo será silencio.

Ahora revístanse de la SAGRADA COMUNIÓN, porque eso los guardará para la vida eterna… y pidan de verdad el perdón, en éste momento para que puedan salir sanos y salvos, para que puedan ser librados de la maldad, arrepiéntete… arrepiéntete de todo lo que hiciste de malo, o lo que no hiciste, cambia realmente de adentro hacia afuera, se más amable, más humano, que es lo que Dios quiere para ti, ÉL con su infinita Misericordia… TE AMA Y TE PERDONA, siempre  lo hace, cada vez que caes, cada día que cometes errores… ÉL TE PERDONA, y un corazón arrepentido para DIOS ES BASTANTE, siempre te va a recibir, porque su Misericordia es infinita y su AMOR lo es más, es el Padre bueno que te recibe, tú también aprehende… se como ÉL, ten paciencia con los demás, con tus hijos, con tus familiares, una persona que vive en la GRACIA DE DIOS siempre vive alegre y feliz, ¿Por qué?... ¿Porque le va bien en la vida?... NO… porque vive a DIOS todos los días y Dios te da la Templanza, la Dulzura, la Sabiduría de vivir en alegría, pase lo que pase, digan lo que digan, siempre despiértate con una sonrisa y se amable a los demás, cuando tu veas ese cambio en ti, vas a ver que estás lleno y llena de Dios.

Empieza ya… con la Amabilidad y la Dulzura… así que ustedes en el nombre de Dios yo recibo sus peticiones, Él está aquí y te escucha, éste lugar está bendito, está lleno de Ángeles, aquí está su Señor, háblale directamente a Él, entreguen todas sus penurias, salgan libres, desátense de ésas cadenas, salgan libres.

Les dejo la bendición del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.

TODOS: Amén.

HNO. JOSÉ: Muchas gracias por tu presencia… Podemos ir en Paz.

TODOS: Demos gracias a Dios y a nuestra Madre Santísima.

Un aplauso para la Santísima Trinidad y a nuestros Ángeles.

Grupo Católico de Oración por los Enfermos – Si Señor

José Miguel Pajares Clausen

lunes, 31 de marzo de 2014

FRANCISCO LIBRÓ A 80 MUJERES



Armando Puente: «Es el Papa de la dignidad de la persona»

El Papa Francisco protegió y salvó cuando era el cardenal Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires a al menos 80 mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual, según cuenta el periodista argentino Armando Rubén Puente en su libro La vida oculta de Bergoglio (Libros Libres).

Se trata de "la otra lista" de Bergoglio, tal y como se refiere a ella el autor en su libro. "Logró hacer visible el problema de la prostitución, los proxenetas y la trata de blancas. (...) La ayuda de Bergoglio fue decisiva, porque escondió durante un tiempo en conventos o en pisos de personas de su absoluta confianza a mujeres en peligro", relata en el libro el titular de la ONG La Alameda, Gustavo Vera.

UN HOMBRE QUE ESCUCHA

Puente explica a Europa Press que si Bergoglio ayudó a estas mujeres es "por la dignidad de la personas" porque es "el Papa de la dignidad de la persona", un hombre que "escucha mucho para ayudar".

En este sentido, precisa que Francisco, cuando estaba en Argentina, también ayudó a parejas del mismo sexo que habían sido expulsadas de su parroquia. Según recuerda Puente, Francisco llamaba al párroco y tras decirle que había mantenido una conversación con la pareja, le pedía que no les cerrara las puertas, que no podían ser expulsados.

En todo caso, según precisa Puente, esto no significa que el Papa vaya a cambiar la doctrina porque "la ley es la ley" pero se muestra convencido de que Francisco va a seguir haciendo lo mismo que en Argentina: "Comprender las situaciones humanas" y "ponerse en la situación del otro".

DEL "DESTIERRO" AL "CORRALITO"
Entre los temas que aborda en La vida oculta de Bergoglio, también se recogen episodios de la historia de Bergoglio como el referido a su destierro a Córdoba, algo que el autor explica como "un problema de liderazgo en un momento dado de una compañía muy zarandeada en todo el mundo por conflictos y, en Argentina, por la crisis sociopolítica que vivía el país". Según añade Puente, Bergoglio es un hombre de "una fuerte personalidad" que por sus "dotes de liderazgo" despierta afecto y simpatía.

Sobre su papel para salir del corralito, Puente explica que, aunque Bergoglio tiene "una visión muy clara de que la jerarquía eclesiástica, los obispos y demás miembros no tienen que tomar medidas políticas", ante la situación "gravísima" económica y social que estaba viviendo Argentina, lo que hizo fue "apoyar, alentar a diversos sectores político-económico-gremiales para que tomaran una serie de acuerdos para poner fin a esa situación, para ayudar a salir de esa crisis".

BERGOGLIO Y LOS KIRCHNER
Asimismo, en el libro, Puente aborda la relación del Pontífice con el matrimonio Kirchner, primero con el expresidente Néstor Kirchner y después con su mujer, la actual presidenta Cristina Fernández. Según señala, Bergoglio piensa que la Iglesia tiene que defender la justicia, a los pobres, a los desempleados, a los perseguidos sociales y habló "muy fuerte" para denunciar la corrupción y las injusticias sociales, y eso "molestó" al gobierno lo que provocó unas tensiones que han durado diez años.

En cualquier caso, ahora, cuando la relación entre Cristina Fernández y el Papa parece haberse acercado tras tres encuentros, el último hace una semana en el Vaticano, Puente explica que el Papa está haciendo "unos esfuerzos muy grandes" para que la situación económica argentina, que está "deteriorándose", y la "pérdida de prestigio" de la presidenta "no desemboque en una especie de caos o conflicto" sino en una salida democrática.

Según añade Puente, este esfuerzo también lo está haciendo Francisco con Venezuela aunque de forma discreta y es lo que ha hecho siempre: invitar al diálogo, a escuchar al otro, a la comprensión.

DIEZ MIL GUERRILLEROS
En cuanto a la actuación de Bergoglio durante la etapa de la dictadura, el autor explica que el entonces provincial de los jesuitas tuvo que afrontar una situación "muy grave y delicada" en Argentina, con unos 10.000 guerrilleros de varios grupos, con una parte de la juventud argentina "encandilada" por la guerra revolucionaria. Bergoglio, según remarca Puente, "es un hombre que odia la violencia, el asesinato, el crimen" y por ello, trató de salvar a gente que era perseguida. Concretamente, salvó a un centenar de personas a las que protegió, escondió o ayudó a viajar a Europa.

A juicio de Armando Puente, cabe esperar "muchos e importantes cambios" en la reforma de la Iglesia en el sentido de volver a una Iglesia no dirigida desde Roma, horizontal en lugar de vertical. Esto lo demuestran, según indica Puente, las palabras del Papa Francisco: "Lo único que ha pasado este año es que me han cambiado de puesto, yo era obispo en Buenos Aires y ahora soy obispo de Roma".

UN NIÑO Y EL INFIERNO DEL PAPA FRANCISCO


Cuando el P. Luis González S. I. nos explicaba a jóvenes Sacerdotes los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, como preámbulo a la meditación del infierno nos contó el siguiente suceso acaecido a una familia, amiga suya.

Uno de los hijos pequeños había observado que su madre guardaba el azúcar en el armario que había encima de cocina. El ansia de comer el azúcar sin que su madre se enterara, le llevó a agudizar el ingenio. Un día, después de que su madre terminara de cocinar, cuando la plancha de la cocina estaba muy caliente, subido en una silla, intentó coger el bote del azúcar. Como no llegaba bien, tras varios intentos, dio con la mano en la plancha de la cocina. Se hizo una quemadura importante. Su madre le llevó al médico y con el tratamiento conveniente, curó.

Pasaban los días, y el niño seguía llorando. Al ser preguntado por su madre le respondió: “lloro porque no me duele y puedo intentar de nuevo coger el azúcar y quemarme”.

El Papa ha participado en la Reunión de Oración por las Víctimas de la mafia en la iglesia de San Gregorio VII, cerca del Vaticano. Tras escuchar los saludos y la larga lista de todas víctimas de la mafia, duró casi una hora, el Papa pronunció estas palabras: “Quisiera rezar con ustedes –y lo hago de corazón- por todas las víctimas de las mafias. También hace pocos días, cerca de Tarento, se ha perpetrado un delito que no ha tenido piedad ni siquiera de un niño. Pero, al mismo tiempo, recemos juntos, todos, para pedir la fuerza de ir adelante, de no desalentarnos, sino de seguir luchando contra la corrupción. Y siento que no puedo terminar sin decir una palabra a los grandes ausentes hoy, a los protagonistas ausentes: a los hombres y mujeres mafiosas. ¡Por favor, cambien de vida, conviértanse, dejen de hacer el mal! Y nosotros rezamos por ustedes: conviértanse. Lo pido de rodillas. Es por su bien. Esta vida que ahora viven, no les dará placer, no les dará alegría, no les dará felicidad. El poder, el dinero que ahora poseen de tantos negocios sucios, de tantos hímenes mafiosos, es dinero ensangrentado, y no podrán llevarlo a la otra vida. Conviértanse: aún es tiempo para no terminar en el infierno. Que es lo les espera si continúan por ese camino. Ustedes han tenido un papá y una mamá: piensen en ellos. Lloren un poco y conviértanse.”

Es un testimonio precioso que puede aplicarse a los verdugos de tantas víctimas inocentes como existen en el mundo.

Pero lo que ha hecho rechinar los dientes ha sido la regencia al infierno. Mentar al infierno en ciertos ambientes es como nombrar a la bicha. Por eso ha causado sorpresa esta intervención del Papa.

Varias veces he indicado que este Papa se entiende perfectamente desde los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Allí ha crecido y allí ha mamado su espiritualidad. Quizás sea una sorpresa para más de uno saber que san Ignacio la única verdad eterna que tiene meditación propia, al final de la primera semana, es la del infierno. No habla ni del juicio, ni de la muerte, ni de la gloria. Se añadieron a los Ejercicios porque complementan el sentido de la meditación del infierno. “… para que si del amor del Señor eterno me olvidare por mis faltas, al menos el temor de las penas me ayude a no venir en pecado.” (65)

No olvidemos que forma parte del depósito de la fe y que últimamente se recoge en los Grandes documentos de la Iglesia.: Concilio Vaticano II, L. G. nº 48d, Credo del Papa Pablo VI, nº 28, Catecismo de la Iglesia Católica nºs 1033-1037.

Por supuesto el texto del Papa sirve para los hombres de la mafia y para cuantos podemos encontrarnos en la hora de la muerte sin convertirnos al Señor.

El papa Francisco no nos está defraudando. Nos está alentando a una espiritualidad fuerte y profunda. Sin hipocresías y con una decisión entrañable por Jesucristo el Señor.