miércoles, 5 de septiembre de 2012

CONFIEMOS EN LA SABIDURÍA DE DIOS



La conversión de San Agustín no fue concedida a Santa Mónica hasta después de dieciséis años de lágrimas; pero también fue una conversión incomparablemente más perfecta que la que había pedido.
Es una verdad de fe que Dios dirige todos los acontecimientos de que se lamenta el mundo; y aún más, no podemos dudar de que todos los males que Dios nos envía nos sean muy útiles: no podemos dudar sin suponer que al mismo Dios le falta la luz para discernir lo que nos conviene.

Si, muchas veces, en las cosas que nos atañen, otro ve mejor que nosotros lo que nos es útil, ¿no será una locura pensar que nosotros vemos las cosas mejor que Dios mismo, que Dios que está exento de las pasiones que nos ciegan, que penetra en el porvenir, que prevé los acontecimientos y el efecto que cada causa debe producir? Vosotros sabéis que a veces los accidentes más importunos tienen consecuencias dichosas, y que por el contrario los éxitos más favorables pueden acabar finalmente de manera funesta. También es una regla que Dios observa a menudo, de ir a sus fines por caminos totalmente opuestos a los que la prudencia humana acostumbra escoger.

En la ignorancia en que estamos de lo que debe acaecernos posteriormente, ¿cómo osaremos murmurar de lo que sufrimos por la permisión de Dios? ¿No tememos que nuestras quejas conduzcan a error, y que nos quejamos cuando tenemos el mayor motivo para felicitarnos de su Providencia? José es vendido, se le lleva como esclavo, y se le encarcela; si se afligiera de sus desgracias, se afligiría de su felicidad, pues son otros tantos escalones que elevan insensiblemente hasta el trono de Egipto.

Saúl ha perdido las asnas de su padre; es necesario irlas a buscar muy lejos e inútilmente; mucha preocupación y tiempo perdido, es cierto; pero si esta pena le disgusta, no hubiera habido disgusto tan irracional, visto que todo esto estaba permitido para conducirle al profeta que debe ungirle de parte del Señor, para que sea el rey de su pueblo.

¡Cuánta será nuestra confusión cuando comparezcamos delante de Dios, y veamos las razones que habrá tenido de enviarnos estas cruces que hemos recibido tan a pesar nuestro! He lamentado la muerte del hijo único en la flor de la edad: ¡Ay!, pero si hubiera vivido algunos meses o algunos años más, hubiera perecido a manos de un enemigo, y habría muerto en pecado mortal. No he podido consolarme de la ruptura de este matrimonio:

Si Dios hubiera permitido que se hubiera realizado, habría pasado mis días en el duelo y la miseria. Debo treinta o cuarenta años de vida a esta enfermedad que he sufrido con tanta impaciencia.

Debo mi salvación eterna a esta confusión que me ha costado tantas lágrimas. Mi alma se hubiera perdido de no perder este dinero. ¿De qué nos molestamos?... ¡Dios carga con nuestra conducta, y nos preocupamos! Nos abandonamos a la buena fe de un médico, porque lo suponemos entendido en su profesión; él manda que se os hagan las operaciones más violentas, alguna vez que os abran el cráneo con el hierro; que os horade, que os corten un miembro para detener la gangrena, que podría llegar hasta el corazón.

Se sufre todo esto, se queda agradecido y se le recompensa libremente, porque se juzga que no lo haría si el remedio no fuera necesario, porque se piensa que hay que fiar en su arte; ¡y no le concederemos el mismo honor a Dios! Se diría que no nos fiamos de su sabiduría y que tenemos miedo de que nos descaminara. ¡Cómo!, ¿entregáis vuestro cuerpo a un hombre que puede equivocarse y cuyos menores errores pueden quitaros la vida, y no podéis someteros a la dirección del Señor?

Si viéramos todo lo que Él ve, querríamos infaliblemente todo lo que Él quiere; se nos vería pedirle con lágrimas las mismas aflicciones que procuramos apartar por nuestros votos y nuestras oraciones. A todos nos dice lo que dijo a los hijos de Zebedeo: Nescitis quid petatis; hombres ciegos, tengo piedad de vuestra ignorancia, no sabéis lo que pedís; dejadme dirigir vuestros intereses, conducir vuestra fortuna, conozco mejor que vosotros lo que necesitáis; si hasta ahora hubiera tenido consideración a vuestros sentimientos y a vuestros gustos, estaríais ya perdidos y sin recurso.

CUANDO DIOS PRUEBA

¿Pero queréis estar persuadidos que en todo lo que Dios permite, en todo lo que os sucede, sólo se persigue vuestro verdadero interés, vuestra verdadera dicha eterna? Reflexionad un poco en todo lo que ha hecho por vosotros. Ahora estáis en la aflicción; pensad que el autor de ella, es el mismo que ha querido pasar toda su vida en dolores para ahorraros los eternos; que es el mismo que tiene su ángel a vuestro lado, velando bajo su mandato en todos vuestros caminos y aplicándose a apartar todo lo que podría herir vuestro cuerpo o mancillar vuestra alma; pensad que el que os ata a esta pena es el mismo que en nuestros altares no cesa de rogar y de sacrificarse mil veces al día para expiar vuestros crímenes y para apaciguar la cólera de su Padre a medida que le irritáis; que es el que viene a vosotros con tanta bondad en el sacramento de la Eucaristía, el que no tiene mayor placer, que el de conversar con vosotros y el de unirse a vosotros.

Tras estas pruebas de amor, ¡qué ingratitud más grande desconfiar de Él, dudar sobre si nos visita para hacernos bien o para perjudicarnos! -¡Pero me hiere cruelmente, hace pesar su mano sobre mí!- ¿Qué habéis de temer de una mano que ha sido perforada, que se ha dejado clavar a la cruz por vosotros? -¡Me hace caminar por un camino espinoso!- ¡Si no hay otro para ir al cielo, desgraciados seréis, si preferís perecer para siempre antes que sufrir por un tiempo!

¿No es éste el mismo camino que ha seguido antes que vosotros y por amor vuestro? ¿Habéis encontrado alguna espina que no haya señalado, que no haya teñido con su sangre? ¡Me presenta un cáliz lleno de amargura! Sí, pero pensad que es vuestro divino Redentor quien os lo presenta; amándoos tanto como lo hace, ¿podría trataros con rigor si no tuviera una extraordinaria utilidad o una urgente necesidad? Tal vez habéis oído hablar del príncipe que prefirió exponerse a ser envenenado antes que rechazar el brebaje que su médico le había ordenado beber, porque había reconocido siempre en este médico muchas fidelidad y mucha afección a su persona. Y nosotros, cristianos, ¡rechazaremos el cáliz que nos ha preparado nuestro divino Maestro, osaremos ultrajarle hasta ese punto! Os suplico que no olvidéis esta reflexión; si no me equivoco, basta para hacernos amar las disposiciones de la voluntad divina por molestas que nos parezcan. Además, éste es el medio de asegurar infaliblemente nuestra dicha incluso desde esta vida.

ARROJARSE EN LOS BRAZOS DE DIOS

Supongo, por ejemplo, que un cristiano se ha liberado de todas las ilusiones del mundo por sus reflexiones y por las luces que ha recibido de Dios, que reconoce que todo es vanidad, que nada puede llenar su corazón, que lo que ha deseado con las mayores ansias es a menudo fuente de los pesares más mortales; que apenas si se puede distinguir lo que nos es útil de lo que nos es nocivo, porque el bien y el mal están mezclados casi por todas partes, y lo que ayer era lo más ventajoso es hoy lo peor, que sus deseos no hacen más que atormentarle, que los cuidados que toma para triunfar le consumen y algunas veces le perjudican, incluso en sus planes, en lugar de hacerlos avanzar; que, al fin y al cabo, es una necesidad de Dios, que no se hace nada fuera de su mandato y que no ordena nada a nuestro respecto que no nos sea ventajoso.

Después de percibir todo esto, supongo también que se arroja a los brazos de Dios como un ciego, que se entrega a Él, por decirlo así, sin condiciones ni reservas, resuelto enteramente a fiarse a Él en todo y de no desear nada, no temer nada, en una palabra, de no querer nada más que lo que Él quiera, y de querer igualmente todo lo que Él quiera; afirmo que desde este momento esta dichosa creatura adquiere una libertad perfecta, que no puede ser contrariada ni obligada, que no hay ninguna potencia que sea capaz de hacerle violencia o de darle un momento de inquietud.

Pero, ¿no es una quimera que a un hombre le impresionen tanto los males como los bienes? No, no es ninguna quimera; conozco personas que están tan contentas en la enfermedad como en la salud, en la riqueza como en la indigencia; incluso conozco quienes prefieren la indigencia y la enfermedad a las riquezas y a la salud.

Además no hay nada más cierto que lo que os voy a decir: Cuanto más nos sometamos a la voluntad de Dios, más condescendencia tiene Dios con nuestra voluntad. Parece que desde que uno se compromete únicamente a obedecerle, Él sólo cuida de satisfacernos: y no sólo escucha nuestras oraciones, sino que las previene, y busca hasta el fondo de nuestro corazón estos mismos deseos que intentamos ahogar para agradarle y los supera a todos.

En fin, el gozo del que tiene su voluntad sumisa a la voluntad de Dios es un gozo constante, inalterable, eterno. Ningún temor turba su felicidad, porque ningún accidente puede destruirla.

Me lo represento como un hombre sentado sobre una roca en medio del océano; ve venir hacia él las olas más furiosas sin espantarse, le agrada verlas y contarlas a medida que llegan a romperse a sus pies; que el mar esté calmo o agitado; que el viento impulse las olas de un lado o del otro, sigue inalterable porque el lugar donde se encuentra es firme e inquebrantable.

De ahí nace esa paz, esta calma, ese rostro siempre sereno, ese humor siempre igual que advertimos en los verdaderos servidores de Dios.

PRÁCTICA DEL ABANDONO CONFIADO

Nos queda por ver cómo podemos alcanzar esta feliz sumisión. Un camino seguro para conducirnos es el ejercicio frecuente de esta virtud. Pero como las grandes ocasiones de practicarla son bastante raras, es necesario aprovechar las pequeñas que son diarias y cuyo buen uso nos prepara enseguida para soportar los mayores reveses, sin conmovernos. No hay nadie a quien cien cosillas contrarias a sus deseos e inclinaciones, sea por nuestra imprudencia o distracción, sea por la inconsideración o malicia de otro, ya sean el fruto de un puro efecto del azar o del concurso imprevisto de ciertas causas necesarias.

Toda nuestra vida está sembrada de esta clase de espinas que sin cesar nacen bajo nuestras pisadas, que producen en nuestro corazón mil frutos amargos, mil movimientos involuntarios de aversión, de envidia, de temor, de impaciencia, mil enfados pasajeros, mil ligeras inquietudes, mil turbaciones que alteran la paz de nuestra alma al menos por un momento.

Se nos escapa por ejemplo una palabra que no quisiéramos haber dicho o nos han dicho otra que nos ofende; un criado sirve mal o con demasiada lentitud, un niño os molesta, un importuno os detiene, un atolondrado tropieza con vosotros, un caballo os cubre de lodo, hace un tiempo que os desagrada, vuestro trabajo no va como desearíais, se rompe un mueble, se mancha un traje o se rompe.

Sé que en todo esto no hay que ejercitar una virtud heroica, pero os digo que bastaría para adquirirla infaliblemente si quisiéramos; pues si alguien tuviera cuidado para ofrecer a Dios todas estas contrariedades y aceptarlas como dadas por su Providencia, y si además se dispusiera insensiblemente a una unión muy íntima con Dios, será capaz en poco tiempo de soportar los más tristes y funestos accidentes de la vida.

A este ejercicio que es tan fácil, y sin embargo tan útil para nosotros y tan agradable a Dios que ni puedo decíroslo, hemos de añadir también otro. Pensad todos los días, por las mañanas, en todo lo que pueda sucederos de molesto a lo largo del día. Podría suceder que en este día os trajeran la nueva de un naufragio, de una bancarrota, de un incendio; quizá antes de la noche recibiréis alguna gran afrenta, alguna confusión sangrante; tal vez sea la muerte la que os arrebatará la persona más querida de vosotros; tampoco sabéis si vais a morir vosotros mismos de una manera trágica y súbitamente.

Aceptad todos estos males en caso de que quiera Dios permitirlos; obligad vuestra voluntad a consentir en este sacrificio y no os deis ningún reposo hasta que no la sintáis dispuesta a querer o a no querer todo lo que Dios quiera o no quiera.

En fin, cuando una de estas desgracias se deje en efecto sentir, en lugar de perder el tiempo quejándose de los hombres o de la fortuna, id a arrojaros a los pies de vuestro divino Maestro, para pedirle la gracia de soportar este infortunio con constancia. Un hombre que ha recibido una llaga mortal, si es prudente no correrá detrás del que le ha herido, sino ante todo irá al médico que puede curarle. Pero si en semejantes encuentros, buscarais la causa de vuestros males, también entonces deberíais ir a Dios pues no puede ser otro el causante de vuestro mal.

Id pues a Dios, pero id pronto, inmediatamente, que sea éste el primero de todos vuestros cuidados; id a contarle, por así decirlo, el trato que os ha dado, el azote de que se ha servido para probaros. Besad mil veces la mano de vuestro Maestro crucificado, esas manos que os han herido, que han hecho todo el mal que os aflige. Repetid a menudo aquellas palabras que también Él decía a su Padre, en lo más agudo de su dolor: Señor, que se haga vuestra voluntad y no la mía; Fiat voluntas tua. Sí, mi Dios, en todo lo que queráis de mí hoy y siempre, en el cielo y en la tierra, que se haga esta voluntad, pero que se haga en la tierra como se cumple en el cielo.

LAS ADVERSIDADES SON ÚTILES A LOS JUSTOS, NECESARIAS A LOS PECADORES

Ved a esta madre amante que con mil caricias mira de apaciguar los gritos de su hijo, que le humedece con sus lágrimas mientras le aplican el hierro y el fuego; desde el momento en que esta dolorosa operación se hace ante sus ojos y por su mandato, ¿quién va a dudar de que este remedio violento debe ser muy útil a este hijo que después encontrará una perfecta curación o al menos el alivio de un dolor más vivo y duradero?

Hago el mismo razonamiento cuando os veo en la adversidad. Os quejáis de que se os maltrate, os ultrajen, os denigren con calumnias, que os despojen injustamente de vuestros bienes: Vuestro Redentor –este nombre es aún más tierno que el de padre o madre–, vuestro Redentor es testigo de todo lo que sufrís, Él os lleva en su seno, y ha declarado que cualquiera que os toque, le toca a Él mismo en la niña del ojo; sin embargo Él mismo permite que seáis travesado, aunque pudiera fácilmente impedirlo, ¡y dudáis que esta prueba pasajera no os procure las más sólidas ventajas!

Aunque el Espíritu Santo no hubiera llamado bienaventurados a los que sufren aquí abajo, aunque todas las páginas de la Escritura no hablaran en favor de las adversidades, y no viéramos que son el pago más corriente de los amigos de Dios, no dejaría de creer que nos son infinitamente ventajosas.

Para persuadirme, basta saber que Dios ha preferido sufrir todo lo que la rabia de los hombres ha podido inventar en las torturas más horribles, antes de verme condenado a los menores suplicios de la otra vida; basta, dije, que sepa que es Dios mismo quien me prepara, quien me presenta el cáliz de amargura que debo beber en este mundo. Un Dios que ha sufrido tanto para impedirme sufrir, no se dará el cruel e inútil placer de hacerme sufrir ahora.

HAY QUE FIAR EN LA PROVIDENCIA

Para mí, cuando veo a un cristiano abandonarse al dolor en las penas que Dios le envía, digo en primer lugar: “He aquí un hombre que se aflige de su dicha; ruega a Dios que le libre de la indigencia en que se encuentra y debería darle gracias de haberle reducido a ella.

Estoy seguro que nada mejor podría acaecerle que lo que hace el motivo de su desolación; para creerlo tengo mil razones sin réplica. Pero si viera todo lo que Dios ve, si pudiera leer en el porvenir las consecuencias felices con las que coronará estas tristes aventuras, ¿cuánto más no me aseguraría en mi pensamiento?

En efecto, si pudiéramos descubrir cuales son los designios de la Providencia, es seguro que desearíamos con ardor los males que sufrimos con tanta repugnancia.

¡Dios mío!, si tuviéramos un poco más de fe, si supiéramos cuánto nos amáis, cómo tenéis en cuenta nuestros intereses, ¿cómo miraríamos las adversidades? Iríamos en busca de ellas ansiosamente, bendeciríamos mil veces la mano que nos hiere.

“¿Qué bien puede proporcionarme esta enfermedad que me obliga a interrumpir todos mis ejercicios de piedad?”, dirá tal vez alguien. “¿Qué ventaja puedo obtener de la pérdida de todos mis bienes que me sitúa en el desespero, de esta confusión que abate mi valor y que lleva la turbación a mi espíritu?”. Es cierto que estos golpes imprevistos, en el momento en que hieren acaban algunas veces con aquellos sobre quienes caen y les sitúan fuera del estado de aprovecharse inmediatamente de su desgracia:

Pero esperad un momento y veréis que es por allí por donde Dios os prepara para recibir sus favores más insignes. Sin este accidente, es posible que no hubierais llegado a ser peor, pero no hubierais sido tan santo. ¿No es cierto que desde que os habéis dado a Dios, no os habíais resuelto a despreciar cierta gloria fundada en alguna gracia del cuerpo o en algún talento del espíritu, que os atraía la estima de los hombres?

¿No es cierto que teníais aún cierto amor al juego, a la vanidad, al lujo? ¿No es cierto que nos os había abandonado el deseo de adquirir riquezas, de educar a vuestros hijos con los honores del mundo? Quizá incluso cierto afecto, alguna amistad poco espiritual disputaba aún vuestro corazón a Dios.

Sólo os faltaba este paso para entrar en una libertad perfecta; era poco, pero, en fin, no hubierais podido hacer aún este último sacrificio; sin embargo, ¿de cuántas gracias no os privaba este obstáculo? Era poco, pero no hay nada que cueste tanto al alma cristiana como el romper este último lazo que le liga al mundo o a ella misma; sólo en esta situación siente una parte de su enfermedad; pero le espanta el pensamiento de su remedio, porque el mal está tan cerca del corazón que sin el socorro de una operación violenta y dolorosa, no se le puede curar; por esto ha sido necesario sorprenderos, que cuando menos pensabais en ello, una mano hábil haya llevado el hierro adelante en la carne viva, para horadar esta úlcera oculta en el fondo de vuestras entrañas; sin este golpe, duraría aún vuestra languidez.

Esta enfermedad que se detiene, esta bancarrota que os arruina, esta afrenta que os cubre de vergüenza, la muerte de esta persona que lloráis, todas estas desgracias harán en un instante lo que no hubieran hecho todas vuestras meditaciones, lo que todos vuestros directores hubieran intentado inútilmente.

VENTAJAS INESPERADAS DE LAS PRUEBAS

Y si la aflicción en que estáis por voluntad de Dios, os hastía de todas las criaturas, si os compromete a daros enteramente a vuestro Creador, estoy seguro que le estaréis más agradecidos por lo que os ha afligido, que por lo que le hubierais ofrecido en vuestros votos si os evitaba la aflicción; los demás favores que habéis recibido de Él, comparados con esta desgracia, no serán a vuestros ojos más que pequeños favores.

Siempre habéis mirado las bendiciones temporales que ha derramado hasta ahora sobre vuestra familia como los efectos de su bondad hacia vosotros; pero entonces veréis claramente que nunca os amó tanto como cuando trastornó todo lo que había hecho para vuestra prosperidad, y que si había sido liberal al daros las riquezas, el honor, los hijos y la salud, ha sido pródigo al quitaros todos estos bienes.

No hablo de los méritos que se adquieren por la paciencia; por lo general, es cierto que se gana más para el cielo en un día de adversidad que durante varios años pasados en la alegría, por santo que sea el uso que se haga de ella.

Todo el mundo conoce que la prosperidad nos debilita; y es mucho cuando un hombre dichoso, según el mundo, se toma la pena de pensar en el Señor una o dos veces por día; las ideas de los bienes sensibles que le rodean ocupan tan agradablemente su espíritu que olvida con mucho todo lo demás. Por el contrario la adversidad nos lleva de un modo natural a elevar los ojos al cielo, para, mediante esta visión, suavizar la amarga impresión de nuestros males.

Sé que se puede glorificar a Dios en toda clase de estados y que no deja de honrarle la vida de un cristiano que le sirve en una alegre fortuna; pero ¡quién asegura que este cristiano le honra tanto como el hombre que le bendice en los sufrimientos!

Se puede decir que el primero es semejante a un cortesano asiduo y regular, que no abandona nunca a su príncipe, que le sigue al consejo, que todo lo hace a gusto, que hace honor a sus fiestas; pero que el segundo es como un valiente capitán, que toma las ciudades para su rey, que le gana batallas, a través de mil peligros y a precio de su sangre, que lleva lejos la gloria de las armas de su señor y los límites de su imperio.

Del mismo modo, un hombre que disfruta de una salud robusta, que posee grandes riquezas, que vive en honor, que tiene la estima del mundo, si este hombre usa como debe de todas estas ventajas, si las refiere a Dios como a su divino Maestro por una conducta tan cristiana; pero si la Providencia le despoja de todos estos bienes, si le consume de dolores y de miserias y si en medio de tantos males, persevera en los mismos sentimientos, en las mismas acciones de gracias, si sigue al Señor con la misma prontitud y la misma docilidad, por un camino tan difícil, tan opuesto a sus inclinaciones, entonces es cuando publica las grandezas de Dios y la eficacia de su gracia, del modo más generoso y brillante.

Juzgad de ahí la gloria que deben esperar de Jesucristo las personas que le habrán glorificado en un camino tan espinoso. Entonces será cuando nosotros reconoceremos cuánto nos habrá amado Dios, dándonos las ocasiones de merecer una recompensa tan abundante; entonces nos reprocharemos a nosotros mismos el habernos quejado de lo que debería aumentar nuestra felicidad; de haber dudado de la bondad de Dios, cuando nos daba las señales más seguras.

Si un día han de ser así nuestros sentimientos, ¿por qué no entrar desde hoy en una disposición tan feliz? ¿Por qué no bendecir a Dios en medio de los males de esta vida, si estoy seguro que en el cielo le daré gracias eternas?

Todo esto nos hace ver que sea cual sea el modo como vivamos deberíamos recibir siempre toda adversidad con alegría. Si somos buenos, la adversidad nos purifica y nos vuelve mejores, nos llena de virtudes y de méritos; si somos viciosos, nos corrige y nos obliga a ser virtuosos.

Es extraño que habiéndose comprometido Jesucristo tan a menudo y tan solemnemente a atender todos nuestros votos, la mayor parte de los cristianos se quejan todos los días de no ser escuchados. Pues, no se puede atribuir la esterilidad de nuestras oraciones a la naturaleza de los bienes que pedimos, ya que no ha exceptuado nada en sus promesas: Omnia quacumque orantes petitis credite quia accipietis. Tampoco se puede atribuir esta esterilidad a la indignidad de los que piden, pues lo ha prometido a toda clase de personas sin excepción: Omnis qui petit accipit. ¿De dónde puede venir que tantas oraciones nuestras sean rechazadas?

¿Quizás no se deba a que como la mayor parte de los hombres son igualmente insaciables e impacientes en sus deseos, hacen demandas tan excesivas o con tanta urgencia que cansan, que desagradan al Señor o por su indiscreción o por su importunidad? No, no; la única razón por la que obtenemos tan poco de Dios es porque le pedimos demasiado poco y con poca insistencia.

Es cierto que Jesucristo nos ha prometido de parte de su Padre, concedernos todo, incluso las cosas más pequeñas; pero nos ha prescrito observar un orden en todo lo que pedimos y, sin la observancia de esta regla, en vano esperaremos obtener nada. En San Mateo se nos ha dicho: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura: Quaerite primum regnum Dei, et haec omnia adicientur vobis.

No se os prohíbe desear las riquezas, y todo lo que es necesario para vivir, incluso para vivir bien; pero hay que desear estos bienes en su rango, y si queréis que todos vuestros deseos a este respecto se cumplan infaliblemente, pedid primero las cosas más importantes, a fin de que se añadan las pequeñas al daros las mayores.

He aquí exactamente lo que le sucedió a Salomón. Dios le había dado la libertad de pedir todo lo que quisiera, él le suplicó de concederle la sabiduría, que necesitaba para cumplir santamente con sus deberes de la realeza. No hizo ninguna mención de los tesoros ni de la gloria del mundo; creyó que haciéndole Dios una oferta tan ventajosa tendría la ocasión de obtener bienes considerables.

Su prudencia le mereció en seguida lo que pedía e incluso lo que no pedía. Quia postulasti verbum hoc, et non petisti tibi dies multos nec divitas..., eccefeci tibi secundum sermones tuos: Te concedo de gusto esta sabiduría porque me la has pedido, pero no dejaré de colmarte de años, de honores y de riquezas, porque no me has pedido nada de todo esto: Sed et haec quae non postulasti, divitas scilicet et gloriam.

Si este es el orden que Dios observa en la distribución de sus gracias, no nos debemos extrañar que hasta ahora hayamos orado sin éxito. Os confieso que a menudo estoy lleno de compasión cuando veo la diligencia de ciertas personas, que distribuyen limosnas, que hacen promesa de peregrinaciones y ayunos, que interesan hasta a los ministros del altar para el éxito de sus empresas temporales.

¡Hombres ciegos, temo que roguéis y que hagáis rogar en vano! Hay que hacer estas ofrendas, estas promesas de ayunos y peregrinaciones, para obtener de Dios una entera reforma de vuestras costumbres, para obtener la paciencia cristiana, el desprecio del mundo, el desapego de las creaturas; tras estos primeros pasos de un celo regulado, hubierais podido hacer oraciones por el restablecimiento de vuestra salud y por el progreso de vuestros negocios; Dios hubiera escuchado estas oraciones, o mejor, las hubiera prevenido y se hubiera contentado de conocer vuestros deseos para cumplirlos.

Sin estas gracias primeras, todo lo demás podría ser perjudicial y de ordinario así es; he aquí por qué somos rechazados. Murmuramos, acusamos al Cielo de dureza, de poca fidelidad en sus promesas. Pero nuestro Dios es un padre lleno de bondad, que prefiere sufrir nuestras quejas y nuestras murmuraciones, antes que apaciguarlas con presentes que nos serían funestos.

PARA APARTAR LOS MALES

Lo que he dicho de los bienes, lo digo también de los males de que deseamos vernos libres. Alguien dirá que él no suspira por una gran fortuna, que se contentaría con salir de esta extrema indigencia en la que sus desgracias lo han reducido; deja la gloria y la alta reputación para los que la ansían, desearía tan sólo evitar el oprobio en que le sumergen las calumnias de sus enemigos; en fin, puede pasarse de los placeres, pero sufre dolores que no puede soportar; desde hace tiempo está rogando, pide al Señor con insistencia a ver si quiere suavizarlos; pero le encuentra inexorable.

No me sorprende; tenéis males secretos muchos mayores que los males de que os quejáis, sin embargo son males de los que no pedís ser librados; si para conseguirlo hubierais hecho la mitad de las oraciones que habéis hecho para ser curados de los males exteriores, haría ya mucho tiempo que hubierais sido librados de los unos y de los otros.

La pobreza os sirve para mantener en humildad a vuestro espíritu, orgulloso por naturaleza; el apego extremo que tenéis por el mundo os hace necesarias estas medicinas que os afligen; en vosotros las enfermedades son como un dique contra la inclinación que tenéis por el placer, contra esta pendiente que os arrastraría a mil desgracias.

El descargaros de estas cruces, no sería amaros, sino odiaros cruelmente, a no ser que os concedan las virtudes que no tenéis. Si el Señor os viera con cierto deseo de estas virtudes, os las concedería sin dilación y no sería necesario pedir el resto.

NO SE PIDE BASTANTE

Ved cómo por no pedir bastante, no recibimos nada, porque Dios no podría limitar su liberalidad a pequeños objetos, sin perjudicarnos a nosotros mismos. Os ruego observéis que no digo que no se puedan pedir prosperidades temporales sin ofenderle, y pedir ser liberados de las cruces bajo las que gemimos; sé que para rectificar las oraciones por las que se solicita este tipo de gracias basta con pedirlas con las condición de que no sean contrarias ni a la gloria de Dios, ni a nuestra propia salvación; pero como es difícil que sea glorioso a Dios el escucharos o útil para vosotros, si no aspiráis a mayores dones, os digo que en tanto os contentéis con poco, corréis el riesgo de no obtener nada.

¿Queréis que os dé un buen método para pedir la felicidad incluso temporal, método capaz de forzar a Dios para que os escuche? Decidle de todo corazón: Dios mío, dadme tantas riquezas que mi corazón sea satisfecho o inspiradme un desprecio tan grande que no las desee más; libradme de la pobreza o hacédmela tan amable que la prefiera a todos los tesoros de la tierra; que cesen estos dolores, o lo que será aún más glorioso para Vos, haced que cambien en delicias para mí y que lejos de afligirme y de turbar la paz de mi alma lleguen a ser, a su vez, la fuente más dulce de alegría. Podéis descargarme de la cruz; podéis dejármela, sin que sienta el peso.

Podéis extinguir el fuego que me quema; podéis hacer, que en lugar de apagarlo para que no me queme, me sirva de refrigerio, como lo fue para los jóvenes hebreos en el horno de Babilonia. Os pido lo uno o lo otro.

¿Qué importa el modo como yo sea feliz? Si lo soy por la posesión de los bienes terrestres, os daré eternas acciones de gracias; si lo soy por la privación de estos mismos bienes, será un prodigio que dará más gloria a vuestro nombre y yo estaré aún más reconocido.

He aquí una oración digna de ser ofrecida a Dios por un verdadero cristiano. Cuando roguéis de este modo, ¿sabéis cuál es el efecto de vuestros votos? En el primer lugar estaréis contento suceda lo que suceda; ¿acaso desean otra cosa los que están deseosos de bienes temporales que estar contentos?

En segundo lugar, no solamente no obtendréis infaliblemente una de las dos cosas que habéis pedido, sino que ordinariamente obtendréis las dos. Dios os concederá el disfrute de las riquezas, y para que las poseáis sin apego y sin peligro, os inspirará a la vez un desprecio saludable.

Pondrá fin a vuestros dolores, y además os dejará una sed ardiente que os dará el mérito de la paciencia, sin que sufráis. En una palabra, os hará felices en esta vida y temiendo que vuestra dicha no os corrompa, os hará conocer y sentir la vanidad. ¿Se puede desear algo más ventajoso? Nada, sin duda. Pero como una ventaja tan preciosa es digna de ser pedida, acordaos también que merece ser pedida con insistencia. Pues la razón por la que se obtiene tan poco, no es solamente porque se pide poco, es también porque, se pida poco o mucho, no se pide bastante.

PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN

¿Queréis que todas vuestras oraciones sean eficaces infaliblemente? ¿Queréis forzar a Dios a satisfacer todos vuestros deseos? En primer lugar os digo que no hay que cansarse de orar. Los que se cansan después de haber rogado durante un tiempo, carecen de humildad o de confianza; y de este modo no merecen ser escuchados. Parece como si pretendierais que se os obedezca al momento vuestra oración como si fuera un mandato; ¿no sabéis que Dios resiste a los soberbios y que se complace en los humildes?

¿Qué? ¿Acaso vuestro orgullo no os permite sufrir que os hagan volver más de una vez para la misma cosa? Es tener muy poca confianza en la bondad de Dios el desesperar tan pronto, el tomar las menores dilaciones por rechazos absolutos.

Cuando se concibe verdaderamente hasta dónde llega la bondad de Dios, jamás se cree uno rechazado, jamás se podría creer que desee quitarnos toda esperanza. Pienso, lo confieso, que cuando veo que más me hace insistir Dios en pedir una misma gracia, más siento crecer en mí la esperanza de obtenerla; nunca creo que mi oración haya sido rechazada, hasta que me doy cuenta que he dejado de orar; cuando tras un año de solicitaciones, me encuentro en tanto fervor como tenía al principio, no dudo del cumplimiento de mis deseos; y lejos de perder valor después de tan larga espera, creo tener motivo para regocijarme, porque estoy persuadido que seré tanto más satisfecho cuanto más largo tiempo se me haya dejado rogar. Si mis primeras instancias hubieran sido totalmente inútiles, jamás hubiera reiterado los mismos votos, mi esperanza no se hubiera sostenido; ya que mi asiduidad no ha cesado, es una razón para mí el creer que seré pagado liberalmente.

En efecto, la conversión de San Agustín no fue concedida a Santa Mónica hasta después de dieciséis años de lágrimas; pero también fue una conversión incomparablemente más perfecta que la que había pedido. Todos sus deseos se limitaban a ver reducida la incontinencia de este joven en los límites del matrimonio, y tuvo el placer de verle abrazar los más elevados consejos de castidad evangélica. Había deseado solamente que se bautizara, que fuera cristiano, y ella le vio elevado al sacerdocio, a la dignidad episcopal.

En fin, ella sólo pedía a Dios verle salir de la herejía e hizo Dios de él la columna de la Iglesia y el azote de los herejes de su tiempo. Si después de un año o dos de oraciones, esta piadosa madre se hubiera desanimado, si después de diez o doce años, viendo que el mal crecía cada día, que este hijo desgraciado se comprometía cada día en nuevos errores, en nuevos excesos, que a la impureza había añadido la avaricia y la ambición; si lo hubiera abandonado todo entonces por desesperación, ¡cuál hubiera sido su ilusión! ¿Qué agravio no hubiera hecho a su hijo? ¡De qué consolación no se hubiera privado ella misma! ¡De qué tesoro no hubiera frustrado a su siglo y a todos los siglos venideros!

UNA CONFIANZA OBSTINADA

Para terminar, me dirijo a aquellas personas que veo inclinadas a los pies del altar, para obtener estas preciosas gracias que Dios tiene tanta complacencia en vernos pedir. Almas dichosas, a quienes Dios da a conocer la vanidad de las cosas mundanas, almas que gemís bajo el yugo de vuestras pasiones y que rogáis para ser librados de ellas, almas fervientes que estáis inflamadas del deseo de amar a Dios y de servirle como los santos le han servido y usted que solicita la conversión de este marido, de esta persona querida, no os canséis de rogar, sed constantes, sed infatigables en vuestras peticiones; si se os rechazan hoy, mañana lo obtendréis todo; si no obtenéis nada este año, el año próximo os será más favorable; sin embargo, no penséis que vuestros afanes sean inútiles: Se lleva la cuenta de todos vuestros suspiros, recibiréis en proporción al tiempo que hayáis empleado en rogar; se os está amasando un tesoro que os colmará de una sola vez, que excederá a todos vuestros deseos.

Es necesario descubriros hasta el fin los resortes secretos de la Providencia: La negativa que recibís ahora no es más que un fingimiento del que Dios se sirve para inflamar más vuestro fervor. Ved cómo obra respecto a la Cananea, cómo rehúsa verla y oírla, cómo la trata de extranjera y más duramente aún. ¿No diréis que la importunidad de esta mujer le irrita más y más? Sin embargo, dentro de Él, la admira y está encantado de su confianza y de su humildad; y por esto la rechaza. ¡Oh clemencia disfrazada, que toma la máscara de la crueldad, con qué ternura rechazas a los que más quieres escuchar! Guardaros de dejaros sorprender; al contrario, urgid tanto más cuanto más os parezca que sois rechazados.

Haced como la Cananea, servíos contra Dios mismo de las razones que pueda tener para rechazaros. Es cierto debéis decir, que favorecerme sería dar a los perros el pan de los hijos, no merezco la gracia que pido, pero tampoco pretendo que se me conceda por mis méritos, es por los méritos de mi amable Redentor. Sí, Señor, debéis temer que haya más consideración a mi indignidad que a vuestra promesa, y que queriendo hacerme justicia os engañéis a vos mismo. Si fuera más digno de vuestros beneficios, os sería menos glorioso el hacerme partícipe de ellos.

No es justo hacer favores a un ingrato; ¡oh, Señor!, no es vuestra justicia lo que yo imploro, sino vuestra misericordia. ¡Mantén tu ánimo! Dichoso de ti que has comenzado a luchar tan bien contra Dios; no le dejes tranquilo; le agrada la violencia que le hacéis, quiere ser vencido. Haceos notar por vuestra importunidad, haced ver en vosotros un milagro de constancia; forzad a Dios a dejar el disfraz y a deciros con admiración; Magna est fides tua, fiat tibi sicut vis: Grande es tu fe; confieso que no puedo resistirte más; vete, tendrás lo que deseas, tanto en esta vida como en la otra.

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Fuente: EL CAMINO HACIA DIOS

Publicado por Wilson f

TU DESTINO, EN UN LIBRO CON TU NOMBRE


¡Dios diseño un destino especial para ti, y si buscas su presencia y voluntad, ese plan será desatado en tu vida!

La biblia dice: “Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro”. Salmo 139:16 Éste salmo nos revela que Dios tiene diseñado y controlado todos los aspectos de la vida de sus hijos.

David nos dice que Dios tiene un libro acerca de nosotros, donde están escritos detalles de nuestra vida, desde la formación de nuestro ser completo en el vientre, como todo el conocimiento acerca de nuestros sentimientos y pensamientos más íntimos.

El recibió una revelación completa de Dios como creador del hombre y también como artífice vital del destino de cada uno; y lo describe en este precioso texto:

“Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien. Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto, mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz. Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara”. Sal. 139:13-16 (NTV)

En el último verso nos dice: “Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara” Aquí está la clave acerca de nuestro destino en las manos de Dios, él nos conoció aun desde antes de la fundación del mundo, y sabía lo que habríamos de hacer, y como seríamos, es por eso que escribió en un libro personal con nuestro nombre, y determino cosas de antemano para nosotros. Ahora el punto clave está en que nosotros no siempre seguimos lo planeamientos de ese libro diseñado por Él. Si nosotros logramos hacer oraciones de este tipo: “Padre que se haga tu voluntad y no la mía”, “Padre te entrego este día en el nombre de Jesús” o “Dios te pido que me guíes y me enseñes el camino en que debo andar”; esta clase de oraciones se están refiriendo a que se cumpla lo que Él diseño previamente en su libro para nosotros, ¡¡todo está planeado ya, hasta el último detalle!!. Además nuestro nombre está escrito en el libro de la vida por creer en Jesús, que es un libro diferente, y lamentablemente aquellos que no quieren acatar el destino de Dios para ellos también será registrado en otros libros:

“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”. Apocalipsis 20:12

A veces no creemos que esto sea así, pero en el reino de Dios está todo registrado. En un momento el salmista hace una declaración interesante: “Semejante conocimiento es demasiado maravilloso para mí, ¡es tan elevado que no puedo entenderlo!” (Sal. 139:6), porque Dios nos creó a todos, y quiere lo mejor para todos (2 Pedro 3:9) Él interfiere de formas que no podemos entender bien, pero hay un punto en donde somos nosotros los que tenemos que decidir si obedecemos esa voluntad o hacemos la nuestra. Podríamos decir que tenemos delante dos libros, el que escribimos nosotros haciendo cosas equivocadas, y el que escribió Dios para nuestro bien, que se cumple al basarnos en la biblia (su palabra).

CÓMO CUMPLIR LO QUE ESTÁ EN ESE LIBRO

Tomar decisiones basadas en el temor de Dios, rechazar el pecado, movernos con la verdad, y no guardar resentimientos en nuestro corazón, y las convicciones que el Espíritu Santo nos va impulsado a realizar, éstas son las cosas que Irán desatando lo que está en el libro diseñado para nosotros, así cada decisión que tomemos será respaldada por Dios. En definitiva, nuestra vida se trata de una suma de momentos y decisiones. Aún así tendremos que enfrentar momentos difíciles, o personas que no nos entienden, hostilidades de todo tipo, vivimos en un mundo caído, y Dios se vale de ciertas circunstancias para formar nuestro carácter. Algunos piensan que formar el carácter se trata de transformarnos en seres “buenitos y pusilánimes” para que venga cualquiera y nos manipule o se abuse de nosotros. Pero necesitamos madurar en muchas cosas, por ejemplo en saber obedecer cuando él te está guiando, no importando lo que dirán. Muchas veces no percibimos que Dios nos usó, nos guió, y fue tan suave y natural que ni siquiera nos percatábamos de que era Él quién nos estaba usando. Pensábamos que éramos nosotros, pero era Él, el Señor de nuestras vidas.

“Qué preciosos son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios. ¡No se pueden enumerar! Ni siquiera puedo contarlos; ¡suman más que los granos de la arena!” (Sal. 139:17-18)

Por eso al poner nuestro corazón y vida en las manos del Señor, al adorarlo y ponerlo en primero lugar en nuestra vida, al buscarlo con las personas que Dios puso a nuestro lado, él se manifestará y te llevará de su mano, silencioso y sobrenatural, por el destino glorioso que ya trazó:

Algunos solo buscan a Dios solo si alguien “los presiona”, tal vez es necesario para los nuevos creyentes, por un tiempo, pero tenemos que ir a la madurez y no siempre tener comunión con Dios en forma “indirecta” o solo por medio de otro, es muy necesario lograr una relación íntima y personal.

Con mi esposa acostumbramos tener momentos especiales para buscar juntos al Señor, y poder recibir su guía, adorándolo y entregándole nuestra vida y familia para su gloria. Las cosas que quedan en nuestro corazón luego de estar en la presencia de Dios, las ponemos en práctica, y dan resultados sorprendentes.

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:20

Declaró que Dios te visitará, te hablará y guiará para que se ordene en tu vida todo lo desordenado, para que entres en un tiempo de madurez, para que puedas enderezar todo camino torcido y recorrer todo lo que Dios ha escrito en su libro maravilloso acerca tuyo.

Todo monte será allanado, toda barrera será quitada de tu vida, toda pobreza y enfermedad, que Dios nunca quiso para sus hijos, serán desechas en el nombre de Jesucristo. Amén.

Por Esteban Correa

A MI HIJO YA CRECIDO



Mis manos estaban ocupadas en el día; no tuve bastante tiempo para jugar los pequeños juegos que me pediste… no tuve bastante tiempo para ti.

Lavaba tu ropa, cosía y cocinaba; pero cuando me traías un libro de dibujos y me pedías que por favor compartiera tu disfrute, yo decía: un poco más tarde, hijo.

En la noche te metía en la cama todo asegurado, oía tus oraciones, apagaba la luz, luego de puntillas caminaba con suavidad hasta la puerta… me hubiera gustado permanecer un minuto más.

La vida es corta, los años pasan de prisa… Un niño pequeño crece muy rápido. Ya no está a tu lado, sus preciosos secretos a confiar.

Los libros de dibujos guardados; Ya no hay juegos que jugar. No más besos de buenas noches, ni oraciones que escuchar Todo eso es parte del ayer.

Mis manos, ocupadas una vez, ahora están quietas. Los días son largos y difíciles de llenar,

yo quisiera poder regresar y hacer, las pequeñas cosas que me pediste que hiciera.

Autor desconocido.

Mateo 19:14

Mas Jesús les dijo: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”.

DEL SEPTIEMBRE NEGRO QUE DIO NOMBRE AL GRUPO TERRORISTA QUE MATÓ A 11 ATLETAS ISRAELÍES HACE 40 AÑOS



Se cumple hoy el desgraciado 40 aniversarios de uno de esos eventos que no pasó por la historia sin dejar huella: el asesinato de once inocentes atletas israelíes masacrados por un grupo palestino denominado Septiembre Negro. En tan redondo aniversario como el de hoy, muchos nos hablarán del atentado, sangriento e injusto como lo son todos, algo de lo que, por desgracia, sabemos un poco en España.

La pregunta que me hago yo y que les propongo a Uds. tiene que ver con el mismo, aunque es algo tangencial: ¿pero qué demonios fue el desconocido Septiembre Negro que daba nombre al grupo terrorista que asesinó a los once atletas israelíes tal día como hoy de hace cuarenta años?

Septiembre Negro, en árabe aylūl al-aswad(1), (أيلول الأسود), el originario, el que da nombre al grupo terrorista, es el nombre de la mayor matanza de palestinos jamás realizada desde que existe el estado de Israel.

Todo ocurrió cuando tras una serie de secuestros de aviones de países occidentales realizados por la Organización para la Liberación de Palestina y otras organizaciones terroristas palestinas, el 16 de septiembre de 1970 se declara la ley marcial, y al día siguiente es asaltada la jefatura de la organización terrorista, y son atacados sus campos de refugiados en Irbid, Salt, Sweileh y Zarqa, en unos ataques que duraron once largos días de un negro mes de septiembre. Observadores del ataque declararon que los atacantes utilizaron una fuerza excesiva, y que no se practicó discriminación alguna entre civiles y militares.

El desgarrador balance de víctimas del Septiembre Negro ha sido imposible de fijar al día de hoy. Las fuentes más complacientes hablan de tres mil cuatrocientos palestinos; otras fuentes hablan de cinco mil, y Yasser Arafat llegó a cifrarlas en diez mil.

De resultas del Septiembre Negro, la guerrilla palestina se desplazó hacia el Líbano, un país con tres grandes grupos religiosos que era, hasta la fecha, un modelo de convivencia y prosperidad en la zona (data de entonces la metáfora que llamaba al Líbano “la Suiza de Oriente Medio”). Convivencia que, ni que decir tiene, conoció el final de sus días con la llegada de los palestinos, hasta convertir al país del cedro en el polvorín que es hoy y todos conocemos.

¡Ah, por cierto… olvidaba comentarles un pequeño detalle de escasa importancia! La matanza no la perpetró Israel, no. La matanza la perpetró Jordania: una Jordania preocupada por la creciente influencia que tomaban los palestinos a los que había permitido refugiarse en los alrededores de la zona de Cisjordania, desde la que, lejos de agradecer la hospitalidad jordana, estaban creando un estado paralelo que conspiraba contra el país anfitrión y al que atacaban con sangrientos atentados saldados con centenares de muertos. La respuesta de Hussein de Jordania contra sus hermanos de raza, lengua y religión fue tan virulenta que, al decir de los más maledicentes, muchos guerrilleros palestinos prefirieron traspasar las fronteras israelíes y entregarse a los judíos que esperar a ser detenidos por sus “hermanos” jordanos.

Poco después de ocurridos estos hechos, algunos guerrilleros de Al Fatah, -el grupo de Yasser Arafat-, y de otras organizaciones palestinas, crearon un nuevo grupo terrorista llamado Septiembre Negro, el cual, un buen día de 1972, hace hoy cuarenta años, perpetró la espantosa matanza del aeropuerto de Munich, de la que fueron víctimas unos pobres muchachos cuyo único crimen era haber trabajado duro para competir en unas Olimpiadas e intentar ser los mejores. No era la primera acción de los asesinos: antes, ya se habían tomado cumplida venganza en la persona del primer ministro jordano, Wasfi al Tal, al que asesinaron un 28 de noviembre de 1971.

¿A que no se acordaban Uds. de estos pequeños detalles de la historia? Y es que la historia nunca es fácil: a muchos les gusta dividirla en buenos y malos, en indios y vaqueros… pero la verdad es que casi siempre, ni los vaqueros son tan vaqueros ni los indios son tan indios. La historia es la que es, con sus luces y con sus sombras, con sus blancos, con sus negros y con su múltiple y rica gama de grises, y así tenemos que aceptarla.

¿Quién nos iba a decir que, después de todo, nadie ha matado tantos palestinos de una tacada como sus proclamados y autoproclamados “hermanos jordanos”? ¿Quién nos iba a decir que el principal enemigo que ha tenido el estado jordano y el que más cerca ha estado de hacerlo desaparecer, después de todo, no han sido sino sus proclamados y autoproclamados “hermanos palestinos”?

Luis Antequera

AMAR ES IMITAR



Existe un libro de espiritualidad que todos conocemos…, me refiero al Kempis de Thomas Hemerken de Kempis, que es posiblemente el autor más aceptado por todo los expertos en espiritualidad, que no es necesario que sean teólogos y muchas personas ya santificadas. No es la primera vez que escribo en estas glosas algo sobre el Kempis. Quizás sea en agradecimiento a lo mucho que le debo al contenido de este libro. Si alguno de los lectores no lo ha leído íntegramente, ¡por Dios bendito! no dejen de hacerlo y perseveren siempre en su lectura, porque sin darse cuenta, un día mirará para atrás y comprobara como ha quedado transformada su alma, pero siempre como en todo lo que se refiere al mundo de nuestras almas, con perseverancia y paciencia, porque nunca mejor que aquí, en este tema de la vida de nuestra alma, se puede aplicar el viejo dicho castellano: No se conquistó Zamora en una hora.

El primer punto, del primer capítulo del Kempis, nos dice: 1.- "El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá siempre luz a lo largo de su vida". (Jn. 8,12). Dice el Señor. Son estas palabras de Nuestro Señor, por medio de las cuales nos invita a que le imitemos en su vida y costumbres si queremos librarnos de la ceguera del corazón y ser alumbrados con la Verdad. Estas palabras del Señor con las que Thomas Hemerken abre su libro y les da categoría de lugar preferente, son también para mí, completamente trascendentes en nuestras vidas. Reiteradamente en los evangelios se recogen las palabras del Señor sobre la luz y con esa tendencia antropomórfica que todos tenemos, inmediatamente pensamos en la luz que pueden contemplar, los ojos de nuestra cara, pero no es a esa luz a la que el Señor se refiere sino a la luz que solo puede ser captada por los ojos de nuestra alma. No se trata de una luz material, como la que emana directamente del sol o por reflejo de la luna y las estrellas, ni de la luz que somos capaces de crear, primitivamente quemando leña, y más sofisticadamente con la energía eléctrica que alimenta las bombillas y otros artilugios, se trata de una luz espiritual.

Son los ojos de nuestra alma los que tienen que tener, la suficiente capacidad y sensibilidad, para huir de las tinieblas del odio y ver la Luz de amor que es el Señor. Porque de todos es sabido que Dios es amor y solo amor (Jn 4,16). Además claramente nos lo señala el Señor, cuando nos dice: “…, sino que tendrá siempre luz a lo largo de su vida". ¿Es que acaso le falta la luz, a los ojos de los que no aman ni siguen al Señor? Indudablemente es a la luz espiritual a la que el Señor se refiere, cuando dice que: “El que me sigue no anda en tinieblas...”. No hay duda el Señor nos habla de la luz del espíritu no de la luz material.

Pero… ¿qué hay que hacer pasa seguir al Señor? Si partimos de la base ya señalada y conocida, de que Dios es amor y solo amor, la respuesta es bien sencilla: Amarle. Y… ¿qué hemos de hacer para amarle? La respuesta es: Imitarle. El amor sobrenatural al igual que el amor humano, tienen ambos una serie de características propias y una de ellas ya señalada ampliamente por San Juan de la Cruz, es la semejanza, porque el amor asemeja al amante con el amado. Dice el refrán: Dos que duermen en un mismo cochón, se vuelven de la misma opinión, es decir, terminan pensando igual. El que ama imita, porque amar es imitar. Si amamos imitamos, porque la imitación quizás sea el mejor fruto que da el amor

En uno de los libros del grupo de los Poéticos y Sapienciales, se puede leer: “Todo viviente ama a su semejante”, (Ecl 13,19). Es por ello que Santo Tomás de Aquino nos dice: Dios nos ama en la medida en que Él encuentra su imagen en nosotros”. Y el mismo San Agustín abunda en esta idea poniendo en boca del Señor las siguientes palabras: “Si quieres imitarme, no sigas otro camino distinto del que yo he seguido”. Y también en otro de sus pensamientos espirituales San Agustín nos dice: “Toda la vida sobrenatural consiste para nosotros en convertirnos en Cristo,…” Y esa conversión solo se logra con nuestro amor a Él, y por consiguiente imitándole.

La imitación para que sea real, ha de ser total, aceptarla sin límite alguno, llegando hasta donde sea necesario. Y es este sentido Jean Lafrance escribe: “Todo hombre de oración está llamado un día u otro a seguir al cordero al Calvario, y con todos los Abel y Job de la tierra, para orar allí con lágrimas”. Porque imitarle es seguirle entregándose uno con todas las consecuencias que esta entrega pueda llegar a suponer, estando siempre preparado con para ofrecerle sin rechistar todas las calamidades que la vida nos pueda proporcionar. Hasta la posibilidad de una muerte violenta, por amor a Él, queda integrada en esta entrega que hay que hacer si es que como fruto de nuestro amor al Señor queremos imitarle.

San Pablo en su epístola a los filipenses, nos muestra su disposición sobre la muerte por amor al Señor, cuando nos dice: “Pero todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa de Cristo. Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia –la que procede de la Ley– sino con aquella que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe. Así podré conocerlo a él, conocer el poder de su resurrección y participar de sus sufrimientos, hasta hacerme semejante a él en la muerte…,”. (Flp 3,7-10)

El Señor, nos promete que si le seguimos, es que le amamos y si le amamos le imitaremos y siempre tendremos la luz sobrenatural necesaria en nuestra alma para recorrer el camino que él recorrió. En síntesis hay otro pasaje evangélico en el que el Señor, con otras palabras nos indica lo mismo cuando nos dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame. Porque quién quisiere salvar su vida, la perderá; pero quién perdiere su vida por amor de mí, la salvará, pues ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si él se pierde y se condena?” (Lc 8,23-25). Más claro, agua. Terminaré empleando sus propias palabras: “… el que tenga oídos que oiga”.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo

DERECHO A LA LIBRE ELECCIÓN: HOMOSEXUALIDAD VERSUS HETEROSEXUALIDAD



Llevo un tiempo ya acompañando, tratando y orientando a hombres maduros y jóvenes con problemas de atracciones homosexuales.

La verdad es que nunca lo busqué… Fueron ellos los que me buscaron a mí, yo entendí que no podía dejarles de lado, mi responsabilidad era y es ayudarles.

Por las observaciones que he ido haciendo y partiendo desde una concepción cristiana del hombre, quiero compartir con ustedes un descubrimiento, y es que LA HOMOSEXUALIDAD NO EXISTE. Más bien se trata de un concepto social que de una realidad intrínseca del hombre.

La homosexualidad no es equiparable a la heterosexualidad. La primera, no es más que una disfunción sexual. Los hombres sanos afectivamente y emocionalmente, no tienen impulsos homosexuales, sin embargo, los homosexuales sí tienen impulsos heterosexuales conscientes o no. Y es que no son más que heterosexuales con un bloqueo en la esfera afectiva y emocional de su persona.

Otro apunte es que LA HETEROSEXUALIDAD TAMPOCO EXISTE. Dios creó el hombre para la mujer y la mujer para el hombre, punto. Ese es el diseño original, recto. Pero esto no es “heterosexualidad” simplemente es “naturalidad”, no tiene nombre. ¿Por qué no tiene nombre? Porque el nombre se le da a las cosas para diferenciarlas de otras, el color “blanco” se llama así porque hay que diferenciarlo, de no existir otros colores, no habría que llamarlo “blanco”.

De la misma manera, somos nosotros que ante las desviaciones sexuales, hemos tenido que dar un nombre al diseño original: heterosexualidad.

Hay hombres que llevan una vida heterosexual, esposa e hijo, y luego acaban yéndose con un hombre. Es más habitual de lo que pensamos.

Pero, ¿Cuántos homosexuales dejan a su novio, se van con una mujer, se casan y forman una familia? Aún no los conozco, los únicos a los que esta posibilidad les es posible, son aquellos que pasan por la Terapia Reparativa. El hecho de que no haya igualdad en el trasiego de padre de familia a homosexual, y de homosexual a padre de familia, es un claro indicio de que no estamos hablando de simplemente un gusto sexual rodante.

Otro punto que quiero refrescar y que tengamos en cuenta es que, ¿Por qué sí es normal que un hombre que llevaba una vida heterosexual, finalmente acabe inverso en el mundo gay? Lo digo con conocimiento de causa. Conocí a un chico que tenía mucho éxito con las chicas. Tuvo infinidad de novias, promiscuo como él sólo, pero finalmente se decantó por los hombres. ¿Por qué ponen en duda que se pueda dar la misma situación al revés? Y sí, sí se pone en duda. ¿Nunca han escuchado eso de “Quien prueba repite…”? Declaración que suele ir acompañada con ironía que insinúa que quien ha llevado una vida gay, muere gay.

La verdad es que quien prueba la felicidad auténtica de vivir de acuerdo a lo que uno es con todas sus consecuencias, es decir, ser hombre, no solo repite, sino que permanece.

Otra pregunta para seguir pensando juntos, ¿Por qué un hombre casado, con inclinaciones homosexuales, ha de recibir ayuda para “aceptarse”? ¿Por qué no recibir ayuda para revertir esa situación? La verdad es que muchos lo están haciendo, de mi mano y de la mano de otras personas.

La pregunta la hago a modo de protesta, quiero que nos demos cuenta de la doble moral, y de lo grave que es negar a una persona la posibilidad del cambio y sus elecciones propias usando la mentira del que el cambio no es posible. Lo ideal sería, que ambas opciones, puedan coexistir, huyendo del totalitarismo ideológico.

Otra cosa, ¿Por qué la Seguridad Social debe costear una operación de reasignación de sexo? Para empezar, ya que tanto recurren al fraude en el que la OMS despatoligizaba la homosexualidad, ¿Por qué no decir que la Transexualidad, sigue siendo tratada como patología bajo el nombre de “disforia de género”?

Por cierto, tengamos en cuenta que invertir en la Terapia Reparativa, es más barato que en reasignación de sexo, que para los tiempos de crisis que corren no deja de ser un aspecto importante a tener en cuenta, nótese ironía.

Las preguntas tienen la intención de despertar conciencia hacia la preservación, promoción, y defensa del derecho a la libre elección sexual, y como no a la defensa de los profesionales, psicólogos, psiquiatras y también aquellos que estamos implicados en una tarea de acompañamiento de personas con problemas de identidad, AMS, (Atracción al mismo sexo).

Alberto Pérez

LA IGLESIA OFRECE VARIAS ALTERNATIVAS AL BOTELLÓN Y A LA JUERGA DESENFRENADA DE LOS VIERNES



Fines de semana en clave de fe.

Muchos centros juveniles de la Iglesia ofrecen otras alternativas para pasar las noches de los fines de semana. Desde ayuda a los necesitados pasando por la música rap o la danza.

¿Pueden los jóvenes divertirse sin riesgo los fines de semana? La Iglesia está convencida de que sí, de que puede haber una «movida» joven sin droga, ni alcohol, ni vandalismo y, además, por unos pocos euros.

Por eso ofrece multitud de alternativas de ocio. «La mejor seguridad la crean los salesianos», afirma un guarda jurado de Triana (Sevilla), que es testigo todos los viernes por la noche de cómo más de 500 jóvenes acuden a divertirse al colegio que los religiosos poseen en ese barrio. Convivencia, deporte, videojuegos, competiciones y juegos organizados son los ingredientes de la «movida» alternativa. «Lo que pasa es que se habla más de un joven que se emborracha que de 500 que no beben», afirma el salesiano Alfonso Francia.

Más de 10.000 jóvenes sólo en Madrid y en algunas de las ciudades de las dos Castillas, los seguidores de san Juan Bosco convocan cada fin de semana a más de 10.000 jóvenes. Teatro, juegos, pintura, danza, rap, música, excursiones y talleres variados, todos al gusto de los jóvenes, jalonan la oferta de los salesianos.

Pero no son los únicos. El Opus Dei cuenta con decenas de clubes juveniles diseminados por toda España, donde acuden miles de adolescentes y jóvenes. Allí pueden elegir entre tertulias, cine-forum, visitas a museos y exposiciones, debates, fomento de la lectura, informática, multimedia, guitarra y aeromodelismo, entre otras muchas actividades. Y varias diócesis españolas, como Zamora, Santander o Madrid organizan periódicamente adoraciones juveniles. Alternativas para todos los gustos, pues, para las noches de los fines de semana.

RECARGAS LAS PILAS ANTE EL SANTÍSIMO

Los jóvenes del movimiento Comunión y Liberación, fundado por Don Giussani en 1954, llevan a cabo desde hace años una iniciativa llamada «Bocatas». Consiste en reunirse durante las noches de los fines de semana en zonas marginales de Madrid para repartir cenas y dar conversación a los más desfavorecidos. Una experiencia que no se paga ni se cobra, pero en la que se da y se recibe. Por su parte, diversas diócesis españolas organizan una oración para jóvenes cada mes. Es el caso, entre otras, de Alcalá de Henares que, tras la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia, en 2005, comenzó a organizar la exposición den Santísimo cada viernes primero de mes. En ellas suelen juntarse más de un centenar de jóvenes. Para ellos, esta adoración supone un «recargar las pilas» para afrontar bien la semana.

Álex Navajas/ ReL

SE INICIÓ EN EL MUNDO LÉSBICO CON 15 AÑOS; A LOS 17 NO TENÍA GANAS DE VIVIR... PERO DIOS LA AYUDÓ



Doreena Paz

Y hoy, con 34 años, está a punto de casarse con un hombre tras sanar sus sentimientos homosexuales gracias a una terapia reparativa.

Se llama Doreena Paz, tiene 34 años, y hoy es una mujer muy distinta a la de hace 20 años. Cuenta en exclusiva para Religión en Libertad su inicio en el mundo lésbico con tan sólo 15 años y todo lo que ha vivido en el llamado mundo gay.

Hoy, después de realizar una terapia reparativa para sanar sus heridas emocionales, está a punto de casarse con un hombre. Éste es su impresionante testimonio:

MUCHAS PREGUNTAS SIN RESPUESTA DESDE NIÑA

«Mis recuerdos lésbicos comienzan ya a los 5 años. Recuerdo que me gustaba una vecinita de mi misma edad en aquel entonces y también me gustaban algunas nenas de mi barrio. La situación se extendió también para mis compañeras de escuela, con las maestras de turno.

»Fui criada la mayor parte de mi infancia en un colegio católico. Y si bien en mi hogar había problemas matrimoniales de mis padres, eso no me creaba conflictos con Dios.

»Fue al llegar a los 11 años cuando descubrí que me gustaban las mujeres. Pero lo confirmé recién al llegar a los 14 años. Tuve una crisis religiosa y de identidad bastante importante. Mis pensamientos iban y venían tratando de entender cómo era posible que yo naciera así, puesto que mis recuerdos de lesbiana eran de una edad muy tierna.

APARECE LA DEPRESIÓN

»No lograba resolver el conflicto. Para colmo, mis padres peleaban con una violencia sostenida casi todos los días. Pasaba mis días encerrada en mi habitación pensando en lo que me pasaba, de que si sólo a mi me pasaba lo que sentía, cuestionando a Dios hasta extenuarme. Mis notas se estampillaron. Era visible que padecía una depresión cósmica. Me acuerdo que se llamó a mis padres y les hablaron. Pero nadie tenía idea de lo que me pasaba. Le había insinuado algo a mi madre a los 12 años, pero ella pensó que se trataba de algo pasajero. Yo sufrí por meses en silencio, recluida en mi cuarto.

EL PSICÓLOGO Y LA "VARIEDAD SEXUAL"

»Hasta que me llevaron al psicólogo, por supuesto. Y el psicólogo, siguiendo la línea de todos los métodos psicológicos actuales, me dijo que lo que yo tenía era una "variedad sexual”, que era como una lámpara al revés, que seguía iluminando (no comprendo por qué mi sentido común no me dijo que ese ejemplo no era aplicable a todos los objetos: por decir, una olla al revés no sirve para olla). Y yo le creí. Y me sentí libre.

Después de eso pasé mi tiempo debatiéndome qué debía hacer. Me había enamorado de una compañera de la escuela. Y ella no iba a acceder a mí. Además, no tenía idea de cómo hacerlo.

CARÁCTER MASCULINO

»Cumplí 15 años. Y a mí se me hacía que ya era demasiado tiempo sin probar “el amor”. Además, podía sentir que mi personalidad se configuraba al carácter masculino: la audacia, la arrogancia, la palabra fácil, la temeridad, el pensar sólo en sexo...

»Claro que nadie podía decirme que era sólo un tierno pollito, tan vulnerable como cualquier niña de 15 años. Y que además era bastante ingenua e inocente.

ANTROS GAYS-LÉSBICOS

»Les mentía a mis padres acerca de mis salidas. Y dado mis rasgos físicos y robustez, fue fácil que pudiera entrar en antros gays-lésbicos. En aquella época se los mezclaba a todos en la misma bolsa, no como ahora que van separados.

»Yo ni siquiera había ido a una disco “normal”. No tenía idea de cómo eran. Y nunca había sido de andar mucho fuera de casa. Así que ir a esos lugares fue como lanzarme al vacío sin alas…

»Era notorio cómo yo podía ir tranquilamente a esos lugares sin que ni siquiera me pidieran el documento. Es más, al hacer las averiguaciones para dar con alguna disco alternativa, no tuve ningún problema. Me facilitaron el dato con un par de preguntas a personas concretas.

"ELLA 30 AÑOS... Y YO CON 15"

»Así fue como conocí a Martina. Ella tenía 30 años. Y yo 15, con todo lo que eso significa. Antes de eso había bailado con otras, pero no me atreví a nada más. Me sentía como un pez pequeño en medio de tiburones. Intuía cosas malas. Pero Martina parecía ser buena. De hecho, ella misma me advirtió que tuviera cuidado de otras, que sólo querían fiesta…

CON 15 AÑOS Y VIVIENDO CON MARTINA

»La situación en mi casa se tornó insostenible. Y yo, a mis 15 años, cargaba con una ingenuidad cercana a la estupidez; agarré mis cosas y me fui sin más, a vivir con Martina.

»Pero Martina no era tan buena como yo creía. Tenía un verdadero problema con el alcoholismo. Además tenía un amigo entrometido que no me caía bien para nada. Además Martina era celosísima. Con esos celos que te golpean y lastiman.

UNA RELACIÓN AL BORDE DEL SADOMASOQUISMO

»Yo pensaba que así era el amor entre mujeres. Es lo que me decía Martina. Pero mi relación con ella bordeó el sadomasoquismo. Y yo me fui distanciando más.

Caminaba por las calles pidiendo ayuda a Dios. No tenía quien más me ayudase. No sabía ni siquiera si me iba a ayudar. Me sentía muy por debajo de ser tan siquiera una criatura de Dios. Pero también en aquella época creía que Dios perdonaba cualquier cosa y que al fin y al cabo amar no podía ser pecado, aunque fuera amar a otra mujer. Yo sólo sabía que no tenía a quién más pedirle ayuda. Yo estaba aterrorizada. Todos los días vivía sin saber si viviría al otro día. Me alimentaba de miedo y lágrimas. Era una tortura en todos los ámbitos: física, emocional, espiritual…

CON 17 AÑOS Y SIN GANAS DE VIVIR...

»De pronto, a los 17 años, me sentía envejecida, sin ganas de vivir, enamorada pero con intensas ganas de separarme. Estaba cansada de tener marcas de golpes, de ocultarlos cuando iba a visitar a mis padres. También crecía en mí una rabia intensa por todo lo que me pasaba.

»Dos años y medio habían pasado y un día tuvimos una pelea bastante fuerte. Nos fuimos a las manos y luego ya fue con cuchillos el asunto. En un momento dado logré abatirla y en el ínterin escapé. Nunca volví a verla. Me fui con lo que llevaba encima.

MUCHO SEXO Y SÓLO SEXO, NADA DE AMOR...

»Volví con mis padres por un tiempo. Ya estaba emancipadísima para entonces. Luego nos mudamos a otra ciudad. Ya en aquel tiempo yo estaba bien rebelde con Dios, por todo lo que me había pasado, a pesar de que había logrado salir ilesa. Me prometí ser cínica con las mujeres y que mi vida sería sólo sexo.

»Muy pronto me descarrilé en gran desenfreno, saltando de mujer en mujer. Entre el alcohol y las drogas. Además me gustaba el “ambiente gay-lésbico”. Me habitué a los shows que se realizaban, de travestis y transformistas, del sexo casual en el mismo local bailable, de ese grupo de gente que te metía otra cultura en la cabeza: “Algún día habrá casamientos entre hombres y entre mujeres”; “Ya sentirán los heteros lo que es sentirse discriminados”; "¿Y por qué no podemos tener un hijo, con lo avanzada que está la ciencia, o cobrar una pensión o tener asignaciones familiares? ¿Es que ellos –los heterosexuales- se creen más que nosotros?”; “Hoy se burlan de nosotros. Mañana nos burlaremos de sus hijos”.

»“¿Por qué tenemos que estar sufriendo en nuestra adolescencia como si fuéramos una degeneración de la naturaleza?; ¿Por qué no hay psicólogos para nosotros que nos asesoren y nos alienten en lugar de que alcancemos un grado de depresión tal que nos queramos suicidar por el sólo hecho de ser gay?; ¿Por qué no salimos del armario ya en la misma escuela y poder ser libres sin sentirnos discriminados ni que nos golpeen por el hecho de ser gays?”.

»Y así, con todo lo que nos decían, veíamos a una pareja normal caminando con sus hijos por la calle y era rabia y envidia pura lo que se sentía. Algunos, a la salida de la disco, al ver alguna pareja de enamorados normales se exhibían aún más en modales, tirando besos y provocando; sobre todo al varón.

»Y así, sin bombo ni platillos, sin libros y sin protestas, te llenaban el corazón de una revolución con los colores del arcoíris; música electrónica y festivales rave.

"VOLVÍA A CASA CON EL CORAZÓN VACÍO..."

»A pesar de todo esto, no corrí tras ninguna manifestación, ni participé de ninguna marcha. Me gustaba ser solitaria. No tenía muchos amigos tampoco. Y por cada vez que salía sólo para arrancar a la noche algún cuerpo sediento, volvía a mi casa con el corazón vacío. En ese tiempo me dio por empezar a vestirme de negro.

"ME SENTÍA SOLA"

»Yo vivía sola para entonces (aunque hubo un tiempo que viví con una amiga, casi una hermana para mí). Y de camino a mi casa pasaba por una iglesia antigua. A veces me sentaba en el umbral, delante de las rejas…con más preguntas en mi corazón… que mi alma no se atrevía a formular. ¿Por qué no era feliz? ¿Por qué sentía que todo estaba mal si me decían que todo iba a cambiar, que seríamos libres al fin? Me sentía profundamente sola. Tenía 19 años.

UNA BODA CON OTRA MUJER

»Entonces conocí a Erika. Y Erika tenía una niña llamada Julieta. A mí me resultó como raro, diferente, conocerlas. Fue, no sé, encontrar la calidez de un hogar luego de tanto frío y cinismo. Pronto nos pusimos de novias y a los meses celebramos una pequeña boda entre amigos. Tras sendos anillos y promesas mutuas, nos fuimos a vivir juntas, las tres.

NIÑERA Y SIRVIENTA DE LA CASA

»Todo fue de maravilla los primeros 12 meses. Pero comenzó a suceder algo. Yo, además de nuestros amigos en común, homosexuales también, no era nada para el resto de sus amigos y conocidos normales. A través de los niños supe que para algunas mamás de las compañeritas de escuela de Julieta, que a la sazón tenía 8 años, era la sirvienta de la casa, en el mejor de los caso, la niñera cama adentro. Eso me fastidió bastante. Yo necesitaba que se me reconociera abiertamente, en sociedad... Lo peor es que Erika se tomó al pie de la letra el mote y pronto me vi siendo un ama de casa completa, niñera incluida. Pero yo amaba muchísimo a la niña. Pero sentía en mí la necesidad de ser madre. Y no sabía cómo resolver ese asunto sin serle infiel a mi pareja. Y no entendía mucho eso de la fertilización asistida.

"MI ALMA ME PEDÍA UN CAMBIO"

»Yo sentía que en mi relación con Erika comenzaba a haber grietas. Ella tenía 30 años y una niña de soltera. Y yo tenía 20 años y ni siquiera sabía qué iba a ser de mi futuro. Quería continuar estudiando. Mi vida no tenía que ser sólo lesbiana y de tener que oír hablar de revolucionar el mundo, de tener que escuchar siempre la misma conversación, casi cíclica, sobre cosas inmanentes, de chismerío barato y pellejería de farándula. Mi intelecto me pedía a gritos un cambio de tema. Y mi alma, ni hablar.

AMOR TRIVIAL EN EL MUNDO HOMOSEXUAL

»Para el año siguiente decidí cortar la relación. Para ser sirvienta y niñera, mejor que me pagaran. Pero no podía irme. Me faltaba un año para terminar algunos cursos que había hecho. Y no tenía a dónde ir. Fue un tormento vivir bajo el mismo techo, sentir todo el desamor de quien fue mi pareja. No podía creer que el amor fuera tan trivial en el mundo homosexual. Sentía una desilusión enorme. Podía sentir que todo lo que yo pensaba se destruía a mí alrededor, llenándome de terribles preguntas.

LA FALTA DE UN PADRE PARA LA NIÑA

»Julieta no conocía a su papá. Y yo, que además no interpretaba un papel muy masculino que digamos en la relación, no llegaba ni cerca a serlo. Pero cuando no estaba su madre, cada tanto le agarraba una tristeza enorme, que sólo yo sabía: ella extrañaba terriblemente a su padre. A un padre que no conocía. Y una tarde, esa tristeza fue tanta, que su cuerpito se convulsionaba de pena, sollozaba como para partir mil corazones, llamando a su padre. Y se durmió así en mis brazos.

LOS NIÑOS NECESITAN DE UN PAPÁ Y DE UNA MAMÁ

»Entonces, una frase se apoderó de mi cabeza, como si un elefante enorme entrara a una habitación, aplastándome contra las paredes: ESTO ESTÁ MAL. Los niños necesitan un papá y una mamá. Y esto es así, le guste a quien le guste. TODO ESTÁ MAL. La homosexualidad está mal.

SEPARACIÓN Y SALIDA DE CASA

»Ya me quedaban un par de meses para terminar los cursos. Con Erika comencé a discutir muchísimo. Y al final terminó echándome de su casa. Tuvimos un conflicto de bienes. Fue una separación muy problemática, que tardó en resolverse. Y yo la lloré por 5 largos años, a pesar de ser yo misma la que había cortado la relación.

LA ATRACCIÓN SEXUAL

»Volví a cambiarme de ciudad. Me fui a un pueblo tranquilo. Mis padres ya vivían allí hace muchos años. Me sentía cansada de la vida. Todo me parecía vano, sin sentido. Sentí que había perdido mis años en algo que evidentemente no podía terminar bien. Me refugié en el hogar de mis padres, esperando encontrar el sosiego que necesitaba. Pero también tiraba con fuerza en mí la necesidad sexual. Aún amaba a Erika, pero no podía deshacerme de la necesidad sexual… Y volví a ir a una disco gay. Pero ya no era igual. Algo había muerto en mí. Y sentí que ya no debía volver a frecuentar ese ambiente.

UNA VUELTA AL ESPÍRITU

»Comencé a leer la Biblia (mi madre tenía una). La leí y repasé varias veces. Y sentía que ahí había algo... en las palabras que leía, mi alma quedaba saciada. Vi orden en todo lo que se decía, nada era al azar. Todo estaba bajo la Divina Providencia. Y me pareció perfecto.

Comencé entonces a ir a la Iglesia. Me confesé y de ahí en más fui todos los domingos a Misa y participaba de las actividades parroquiales. La gracia actuaba sobre mí. Ingresé en la universidad y comencé una carrera.

VUELTA A LA VIDA ANTERIOR

»Pero cometí un error. Continué mi relación, en amistad, con Erika, epistolarmente. Y un día fui a visitarla. Y caí en los brazos de la lujuria.

»Para entonces tenía 25 años. Y para mí fue un golpe muy bajo. Sentí que no había remedio para mi lesbianismo. Tiré todo por la borda. Apostaté alevosamente. Volví a descarriarme terriblemente, en un desenfreno peor que el anterior. Ya no involucraba sólo a mujeres, sino hombres también. Crucé límites que nunca soñé. Mi alma se volvió una gran sombra oscura, junto con mi indumentaria.

UN ABUSO...

»Entonces pasó algo terrible. Me traicionaron. Abusaron de mí. Esa noche sentí que había muerto. Tardé mucho tiempo en sobreponerme. Al final del año, mi alma era una sola lágrima. Definitivamente no podía volver. Ese mundo no era para mí. Me sentía devastada. También sabía que el fantasma lésbico estaba muy vivo en mí. ¿Cómo podría hacer frente a eso?

... Y UNA GRACIA ESPECIAL

»Supongo que recibí una gracia especial, que me hizo tener una enorme fe en Dios, de que yo podría cambiar. Le pedí a Dios que me curara, que me ayudara a ser una mujer de verdad. Que si Él hizo el Universo, ¿por qué no podía volver a hacerme de nuevo? Tomé una decisión y me determiné a cambiar.

»Me alejé de todos, corté todo tipo de contacto con el ambiente homosexual. Me dediqué al estudio de la vida de los santos, de la doctrina y la teología. Continúe mi carrera como pude, hasta que, por razones de salud, tuve que abandonarla.

COMIENZA LA TERAPIA REPARATIVA

»Dos años más tarde, poco más, me metí dentro de un grupo de terapia reparativa para sanar la homosexualidad.

»Fui dando pequeños pasos, lentos, pero seguros... A los 30 años logré ponerme de novia por primera vez con un hombre, Horacio. Las cosas, desgraciadamente no funcionaron y al cabo de año y medio tuvimos que cortar. Luego conocí a otro muchacho, Demián, que vivía en una ciudad distante. Ese noviazgo fue corto. Él resolvió que no congeniábamos. Y me rompió el corazón.

Hasta tuve una crisis de fe por eso. Y estuve casi dos años muy triste. Continué rezando dolorosamente, a pesar de que no veía que las cosas mejoraran... Ese dolor sirvió para que se alejara de mí una enorme proporción del lesbianismo, quedando en mí residuos del vicio. Ya no tengo ningún interés de tener una relación lésbica ni afectiva ni mucho menos sexual con una mujer.

EN PAZ CON DIOS Y EN CAPILLA

»Actualmente mi salud ya no es lo que era. Estoy mucho más calmada y sosegada. Ya no me siento vacía. Me siento en paz con Dios. Estoy de novia con alguien que me quiere mucho y, si Dios quiere, pensamos casarnos. Sé que perdí muchos años de mi vida, pero aún no es tarde… Dios va delante… Siempre adelante, nunca perdiendo la esperanza...».

ReL