jueves, 5 de enero de 2012

EPIFANIA. LA MANIFESTACION DE DIOS AL HOMBRE


Los judíos [pastores y
gente sencilla] fueron conducidos a él por el anuncio del ángel; los magos [gentiles],
por la indicación de una estrella.
Estrella
esta que confunde los vanos cálculos y las adivinanzas de los astrólogos,
puesto que mostró a los adoradores de los astros que quien debía ser adorado
era el creador del cielo y de la tierra. En efecto, quien al morir oscureció el
sol antiguo, él mismo al nacer manifestó la nueva estrella. Aquella luz dio
comienzo a la fe de los gentiles, aquellas tinieblas fueron una acusación
contra la perfidia de los judíos.
¿Qué
estrella era aquella que jamás había aparecido antes entre los astros ni
permaneció después para que pudiéramos verla? ¿Qué otra cosa era sino la
extraordinaria lengua del cielo
aparecida para narrar la gloría de Dios y proclamar con su inusitado fulgor el
inusitado parto de una virgen, a la que había de suceder, una vez desaparecida
ella, el Evangelio por todo el orbe de la tierra?
Finalmente, ¿qué dijeron los magos al llegar?
¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? ¿Qué significa esto? ¿Acaso no
habían nacido antes numerosos reyes de los judíos? ¿Por qué tanto empeño en
conocer y adorar al rey de un pueblo extraño? Hemos visto, dijeron, su estrella
en el oriente, y hemos venido a adorarlo. ¿Acaso le buscarían con tanta
devoción, le desearían con afecto tan piadoso, si no hubiesen reconocido en el
rey de los judíos al que es también rey de los siglos? (San Agustín, fragmento sermón 201,1)

San Agustín se
plantea una serie de preguntas interesantes sobre la narración de la Epifanía.
¿Qué estrella había llevado a los Magos? ¿Qué dijeron los Magos al llegar?

Tal como indica
San Agustín, los pastores eran judíos sencillos, mientras que los Magos eran
gentiles instruidos. Dios se manifestó a ellos por medio de dos signos muy
interesantes: un Ángel fue quien llevó la buena noticia a los pastores,
mientras, una estrella fue quien dio la misma noticia a los Magos. Los Magos
llegaron sabiendo qué buscaban: al Rey de Israel, el pueblo elegido. Es
evidente, como indica San Agustín, que eran conscientes que el Rey de Israel
era también Rey del mundo y Rey suyo. La estrella les informó tanto del dónde,
como del cuándo y el Quién.

Dios nos habla
de forma personal a cada uno de nosotros. Algunos reciben la noticia de un
Ángel. A otros, es la ciencia la que le indica el camino. Pero en ambos casos
hay un elemento común: la humildad y la limpieza de corazón.

Los corazones
cerrados y las mentes llenas de soberbia, no son capaces de oír la “extraordinaria lengua del cielo
aparecida para narrar la gloría de Dios”. La misma estrella que guía a los
Magos, “confunde los vanos cálculos
y las adivinanzas de los astrólogos” que se creen sabios y
entendidos. Esto sabios de corazón cerrado y mentes llenas de soberbia, son
incapaces de entender que la Palabra que nace en nuestros corazones y acampa en
las mentes.

Ojalá podamos
decir nosotros, “Hemos visto su estrella en el oriente, y hemos venido a
adorarlo”, ya que significará que estamos dispuestos a adorar y aceptar al
Señor.

El texto de San
Agustín no dice nada de la vuelta de lo Magos. Avisados en sueños, deciden
volver por otro camino, a fin de evitar encontrarse con quienes desean la
muerte del Salvador. Todavía no era el tiempo de dar testimonio ante los
gentiles que no son capaces de oír el mensaje. Habrá que esperar al Bautismo de
Cristo para que Juan el Bautista proclame al mundo abiertamente:

«He ahí el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que
se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía,
pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.»
(Jn 1,29-31)

A partir de ese
momento, la Palabra se manifestará de manera completa a todos los pueblos.
¿Afecta la Epifanía al ser humano del siglo XXI? Quizás esta celebración haya
quedado oscurecida por la vorágine del consumismo navideño y de los regalos a
los niños. Pero la Epifanía de nuestro corazón no necesita de un día concreto.
Más bien deberiamos aspirar a que el Señor se manifieste en nuestra vida todos
los días del año.

Néstor
Mora Núñez

LOS MALOS HABITOS


Preparación para la muerte.
Impius cum in profundum venerit
peccatorum, contemnit.

El impío, después de haber llegado a lo profundo de
los pecados, No hace caso.

Una de las mayores desventuras que
nos acarreó la culpa de Adán es nuestra propensión al pecado.

De ello se lamentaba el Apóstol,
viéndose movido por la concupiscencia hacia el mismo mal que él aborrecía: «Veo
otra ley en mis miembros que... me lleva cautivo a la ley del pecado» (Ro., 7,
23). De aquí procede que para nosotros, infectos de tal concupiscencia y
rodeados de tantos enemigos que nos mueven al mal, sea difícil llegar sin culpa
a la gloría.

Reconocida esta fragilidad que tenemos, pregunto yo ahora: ¿Qué diríais de un
viajero que debiendo atravesar el mar durante una tempestad espantosa y en un
barco medio deshecho, quisiera cargarle con tal peso, que, aun sin tempestades
y aunque la nave fuese fortísima, bastaría para sumergirla?...

¿Qué pronóstico formarías sobre la vida de aquel
viajero? Pues pensad eso mismo acerca del hombre de malos hábitos y costumbres,
el cual ha de cruzar el mar tempestuoso de esta vida, en que tantos se
pierden, y ha de usar de frágil y ruinosa nave, como es nuestro cuerpo, a que
el alma va unida.

¿Qué ha de suceder si la cargamos todavía con el peso irresistible de los
pecados habituales? Difícil es que tales pecadores se salven, porque los malos
hábitos ciegan el espíritu, endurecen el corazón y ocasionan probablemente la
obstinación completa en la hora de la muerte.

Primeramente, el mal hábito nos ciega. ¿Por qué motivo los Santos pidieron
siempre a Dios que los iluminara, y temían convertirse en los más abominables
pecadores del mundo? Porque sabían que si llegaban a perder la divina luz
podrían cometer horrendas culpas.

¿Y cómo tantos cristianos viven obstinadamente en pecado, hasta que sin remedio
se condenan? Porque el pecado los ciega, y por eso se pierden (Sb., 2, 21).
Toda la culpa lleva consigo ceguedad, y acrecentándose los pecados, se aumenta
la ceguera del pecador. Dios es nuestra luz, y cuanto más se aleja el alma de
Dios, tanto más ciega queda. Sus huesos se llenarán de vicios (Jb., 20,
11).

Así como en un vaso lleno de tierra no puede entrar la luz del sol, así no
puede penetrar la luz divina en un corazón lleno de vicios. Por eso vemos con
frecuencia que ciertos pecadores, sin luz que los guíe, andan de pecado en
pecado, y no piensan siquiera en corregirse. Caídos esos infelices en oscura
fosa, sólo saben cometer pecados y hablar de pecados; ni piensan más que en
pecar, ni apenas conocen cuán grave mal es el pecado.
«La misma costumbre de pecar — dice San Agustín —no deja ver al pecador el mal que
nace.» De suerte que viven como si no creyesen que existe Dios, la gloria, el
infierno y la eternidad.

Y acaece que aquel pecado que al principio causaba horror, por efecto del mal
hábito no horroriza luego. «Ponlos como rueda y como paja delante del viento»
(Sal. 82, 14). Ved, dijo San Juan, con qué facilidad se mueve una paja por
cualquier suave brisa; pues también veremos a muchos que antes de caer
resistían, a lo menos por algún tiempo, y combatían contra las tentaciones; mas
luego, contraído el mal hábito, caen al instante en cualquier tentación, en
toda ocasión de pecar que se les ofrece. ¿Y por qué? Porque el mal hábito los
privó de la luz.

Dice San Anselmo que el demonio procede con ciertos pecadores como el que
tiene un pajarillo aprisionado con una cinta; Le deja volar, pero cuando quiere
lo derriba otra vez en tierra. Tales son, afirma el Santo, los que el mal
hábito domina.

Y algunos, añade San Bernardino de Sena, pecan sin que la ocasión les solicite.
Son, como dice este gran Santo (T. 4, serm. 15), semejantes a los molinos de
viento, que cualquier aire los hace girar, y siguen volteando, aunque no haya
grano que moler, y aun a veces cuando el molinero no quisiera que se moviesen.
Estos pecadores — observa San Juan Crisóstomo — van forjando malos pensamientos
sin ocasión, sin placer, casi contra su voluntad, tiranizados por la fuerza de
la mala costumbre (1).

Porque, como dice San Agustín, el mal hábito se convierte luego en necesidad
(2). La costumbre, según nota San Bernardo, se muda en naturaleza. De suerte
que, así como al hombre le es necesario respirar, así a los que habitualmente
pecan y se hacen esclavos del demonio, no parece sino que les es necesario el
pecar.

He dicho esclavos, porque los sirvientes trabajan por su salario; mas los
esclavos sirven a la fuerza, sin paga alguna. Y a esto llegan algunos
desdichados: a pecar sin placer ni deseo.

«El impío, después de haber llegado a lo profundo de los pecados, no hace caso»
(Pr., 18, 3). San Juan Crisóstomo explica estas palabras refiriéndolas al
pecador obstinado en los malos hábitos, que, hundido en aquella sima tenebrosa,
desprecia la corrección, los sermones, las censuras, el infierno y hasta a
Dios: lo menosprecia todo, y se hace semejante al buitre voraz, que por no
dejar el cadáver en que se ceba, prefiere que los cazadores le maten.

Refiere el P. Recúpito que un condenado a muerte, yendo hacia la horca, alzó
los ojos, y por haber mirado a una joven consintió en un mal pensamiento. Y el
P. Gi-solfo cuenta que un blasfemo, también condenado a muerte, profirió una
blasfemia en el mismo instante en que el verdugo lo arrojaba de la escalera
para ahorcarle.

Con razón, pues, nos dice San Bernardo que de nada suele servir el rogar por
los pecadores de costumbre, sino que más bien es menester compadecerlos como a
condenados. ¿Querrán salir del precipicio en que están, si no le miran ni le
ven? Se necesitaría un milagro de la gracia. Abrirán los ojos en el infierno,
cuando el conocimiento de su desdicha sólo ha de servirles para llorar más
amargamente su locura.

Publicado
por: Wilson

LA VIRGEN MARIA: MI ROSARIO PUEDE SALVAR NACIONES


Jueves, 29 de diciembre del
2011, a las 14:15 hrs.

Mi niña, rezar el santo
Rosario puede salvar naciones.
Mis hijos nunca deben
olvidar el poder de Mi Santo Rosario.

Es tan poderoso que
vuelve al engañador inútil. No
puede hacerle nada ni a ti o ni a tu familia cuando lo rezas diariamente.

Por favor pide a Mis
hijos que empiecen a rezar Mi Santo Rosario desde este día en adelante, con el
fin de proteger, no solo a sus familias sino también a sus comunidades.

El Rosario es el arma
más poderosa contra los malvados planes de destruir lo que pueda en estos, sus
últimos días, sobre la Tierra.

Nunca subestimen las
mentiras que él planta en la mente de las personas, con el fin de volver a Mis
hijos, lejos de la verdad.

Muchísimos, bajo su
influencia, iniciarán y darán la lucha en contra de la verdad de la gran
Misericordia de Mi Hijo.

Diciendo Mi Santo
Rosario, pueden proteger a estas almas de las mentiras.
Sus corazones podrán y serán abiertos si le hacen lugar al tiempo, para rezar
Mi Rosario.

Recen ahora por Mis
hijos para que abran sus corazones a la verdad. Recen también, para que todos
Mis hijos, encuentren la fortaleza para aceptar la Misericordia de mi Hijo.

Su amada Madre, La Reina
de los Angeles

TODO TIPO DE MISERICORDIA SERA MOSTRADA A AQUELLOS QUE NO AMAN A MI PADRE


Jueves, 29 de diciembre del 2011, a las 15:30 hrs.

Mi muy querida y amada hija, Mis
hijos en todas partes, serán despertados de un profundo y vacío sueño en breve.
Cuando ellos se despierten en el
GRAN AVISO, muchos estarán aterrorizados. A aquellos que estarán temerosos les
tengo que decir esto:
Agradezcan que estén siendo
despertados de la oscuridad.

Alégrense de que les esté siendo
mostrada Mi Luz de Misericordia. Si encuentran esto doloroso, entonces Yo les
imploro que soporten esta limpieza con humildad. Porque sin esta limpieza, no
tendrán vida eterna, la cual es su derecho.

Pídanme que les ayude durante estos
difíciles momentos y Yo les levantaré y
les daré la fuerza que necesiten.
Rechacen Mi mano Misericordiosa y
solo les será dado un corto período en el cual arrepentirse.

Habrá toda
clase de misericordia siendo mostrada a aquellos de ustedes que no amen a Mi
Padre. Pero sepan que su paciencia se está
agotando.

Habrá un gran Acto de Misericordia
siendo mostrado (el GRAN AVISO). Será cosa de ustedes que sean humildes y
supliquen por misericordia. No pueden ser forzados a hacer esto.

Recen para que si ustedes no pueden
con esta limpieza, que otros recen entonces por sus almas.

Nunca Me tengan miedo. Nunca
rechacen Mi mano salvadora. Porque sin
Mi ustedes son nada. No esperen a clamar por Mi amor cuando sea muy
tarde para ayudarles.

Su Salvador
Jesucristo

LA VIRGINIDAD NO HA PASADO DE MODA


El post anterior sobre la virginidad http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=19859
ha tenido especial repercusión entre
los lectores de ReL. Varios de ellos me han enviado colaboraciones interesantes
sobre el tema que, con mucho gusto, ofrezco a lector. Sin duda la cuestión de
la virginidad está de rabiosa actualidad.

El colaborador de esta página,
Miguel Rivilla, afirma en su amable comentario:
5000 jóvenes por la pureza sexual
Todavía
impactado por la noticia de los 3000 universitarios españoles que, según una
reciente encuesta, colocan a la Iglesia en último lugar de apreciación entre
las demás instituciones estatales, leo en ACI Prensa digital, una noticia del
mundo juvenil americano que reconforta y esponja el alma.
En la ciudad americana de Denver 5000 jóvenes se han comprometido públicamente
a vivir en castidad, con anillos y brazaletes que les identifican como puros
por elección.

Muchas veces se tilda a la Iglesia católica de ser anti sexo. Estos jóvenes
manifiestan no estar en contra del sexo, sino que proclaman, como cristianos,
que “hay un lugar y momento adecuados en el Plan de Dios para ello, que es el
matrimonio”.

El coliseo donde se había realizado la convención juvenil ovacionó ruidosamente
a John Ellis cuando gritó que “La virginidad es lo máximo y el Plan de Dios es
sexy”.

Un sacerdote acompañante animó a los miles de jóvenes a mantenerse castos y
les dijo que “si Dios no es lo primero en sus vidas, entonces este compromiso
es imposible de cumplirse”.

Este evento se debería divulgar por todos los medios para que sirviese de
estímulo a nuestros jóvenes para que no se dejen llevar por el sexo y depongan
su desafección a la Iglesia católica portadora de auténticos valores.

Una lectora:
Muy recomendable el artículo que se ha publicado: "Guapa, exitosa y virgen a los
treinta años"


Me parece muy oportuno, y lo leo con la esperanza que muchas sean las jóvenes
que estén interesadas en seguir el mismo consejo. Recuerdo que una compañera mía me dijo en una oportunidad: "No sabes lo
que te pierdes"
Y mi respuesta fue: ¿Y acaso tú sabes lo que te pierdes? Mira: tu sabes lo
que es estar casada (o tener un hombre) a partir de los 20 años, pero no
sabes qué es no haber tenido un hombre a los treinta, y eso lo sé yo, sé cómo
trabajan las hormonas y cómo controlarlas, etc, etc. Realmente ambas nos
perdimos la experiencia que ha tenido la otra, por eso no lo lamento, PORQUE
NADIE EXTRAÑA LO QUE NO CONOCE.
Su repuesta fue: - "NO puedo decir nada, tienes razón"
(Nora)

Ofrezco en
excelente comentario sobre la virginidad de una seguidora de Allah, que
aprecia considerablemente el llegar virgen al matrimonio, aunque en sus
prácticas y costumbres sean un tanto extremados. La virginidad no es “manía”
de los católicos.

Claro que si es importante mantenerse virgen hasta el matrimonio. Allah manda a
las mujeres que cuidemos nuestros cuerpos, y que lo ocultemos a la vista de
otros hombres que no sean nuestros esposos. La mujer virtuosa es devota y sabe
que su virginidad es sólo para su esposo Y no para otro hombre.
Sé que la carne es muy tentativa, en especial la nuestra hacia los hombres. La
carne tiende a ser débil pero, si te sometes a tu creador ten por seguro que el
Altísimo sabrá recompensarte la espera con un buen hombre quien sea tu esposo.
Ese hombre también sabrá recompensarte...
En mi caso, muy particular, yo soy virgen y deseo serlo hasta el día de la
primera noche de bodas con mi hombre. Soy virgen porque es por voluntad propia
- nadie me obliga -, y si he estado así por 17 años, yo creo que esperar algunos
años más al hombre indicado (mi futuro esposo) valdrá la pena. Además una mujer
que pierde su virginidad antes del matrimonio con un hombre que no sea su
esposo - me refiero a las que lo pierden por voluntad propia -, pierde su calidad
como mujer virtuosa, pues pasa a convertirse en objeto del deseo carnal sexual
del hombre, se ensucian y que mal fin tendrán!!!. Las mujeres musulmanes somos
virtuosas, somos devotas, sumisas, obedientes, pacificas, amables, y cuidamos
de lo que Allah mande que cuidemos - entre ellas nuestra virginidad -.
Yo deseo firmemente llegar virgen al matrimonio y entregarle a mi hobre lo que
he guaradado para él: entregarle lo que a él pertenece...
Por eso yo no deseo conocer a un hombre antes de matrimonio. Tal vez parezca
anticuada, media primitiva y "antimoderna", pero para mí vale mucho
mi cuerpo y mi pureza en estos momentos que un instante de placer carnal...
Además creo que uno de los regalos más bonitos y guapos que le puedes regalar a
tu esposo es tu virginidad ... Cuando el sello de Allah sea sobre los dos,
cuando tu hombre te descubra el velo, ya no habrá más que ocultar, eres tú y tu
hombre...

Por eso es recomendable que la mujer no pierda su virginidad antes de
matrimonio, pues se ensucia y ensucia la tierra. Y va contra las leyes de
Allah.

La virginidad es algo único e irrepetible, y sólo se entrega una vez en la
vida, y debes entregarlo al amor de tu vida. Se entrega por decisión propia a
tu esposo. Recuerda que valemos mucho, y no por un momento de calor pierdas la
razón y lo entregues al hombre no indicado. Vales mucho corazón y mereces
respeto.

Mil bendiciones te envíe Allah a ti y a tu familia.
Cuidate mucho, de mi muy humilde opion...samira.
---------------------------------------------
Nos dice Allahu Akbar:
La virginidad ahora no se le toma mucha importancia y relevancia, los
jóvenes la pierden como si perdieran un lápiz, y eso es gravísimo, la
virginidad sobre todo en la mujer es muy importante, un momento que de verdad
debe ser de importancia, cosa que hoy en día no es así. Para el hombre ha sido
mas fácil, sin despreciar, pero desde antes ellos la perdían es prostíbulos o
con sus amas de casas y no es tan grave, pero la mujer tanto como el hombre se
toman hoy en día este tema como un juego y no tan solo eso, si no que no ven
las consecuencias, como embarazos no deseados, enfermedades graves, infecciones
y tantas cosas mas que pueden pasar, sin cuidados tampoco, entonces...¿ que
estamos pensado? es algo que no se puede responder, miles de jóvenes hacen lo
mismo y es un tema que hay que parar ahora.

Y otro trabajo de
interés:
LA VIRGINIDAD NO HA PASADO DE MODA

Hoy en día, la virginidad es
presentada como algo pasado de moda. Se dice que ha perdido su razón de ser debido
a la libertad alcanzada por la mujer; que ya las vírgenes no existen, y que a
los hombres les importa más que sepan cocinar o tejer que si aún lo son o no.

A juzgar por los artículos y
entrevistas que aparecen en diarios y revistas y por la publicidad, la idea de
"la aventura de una noche" o el "sexo sólo para pasarlo
bien" tan visto en películas, ha llegado con fuerza a nuestro país.

Cuentan que para los muchachos es
tan fácil llegar a la cama con una amiga en la primera cita como tomarse una
bebida. Muestran el sexo-consumo como una más de las muchas ofertas que el
"mercado" ofrece hoy.

No hay que engañarse
Pero, ¿cuál es la realidad en
nuestro país? Una encuesta realizada por el programa Teen Star del Centro de
Estudios en Biología de la Reproducción (CEBRE), dice que un 18% de los jóvenes
de enseñanza media y un 31% de los universitarios han tenido una relación
sexual. Sin embargo, los investigadores insisten en que no es posible una
medición exacta porque muchos de los que no lo han hecho prefieren mentir a
pasar por pánfilos. Lo que sí está claro es que no son "todos" los
que están en ésa. Tampoco es cierto que la primera vez es como en las
películas.

Ni que nos convertimos en Leonardo
Di Caprio o Kate Winslet. Pero sobre todo, nadie quiere hablar del dolor de la
pérdida, de la desilusión y la sensación de vacío que se produce. Y prefieren
no saber qué significa la virginidad. La virginidad no es la cubierta de un
tabú, una atadura retrógrada o un límite a la libertad. Es la forma de guardar
lo único realmente propio: nuestra intimidad. Eso es lo más valioso que
tenemos. Y sólo vale la pena
entregarlo cuando está la certeza de
que el otro es el elegido para toda la vida en el matrimonio. Por ello, en las
relaciones casuales, se habla de "pérdida" de la virginidad, ya que
la entrega de la intimidad sin un compromiso implica dar algo muy profundo y
por ello, según psicólogos y expertos, deja huellas dolorosas y trae
consecuencias para el futuro. "Hay que tener claro que una parte de la persona
se entrega a otra y que nunca se devuelve", dice la psicóloga de CEBRE,
Pilar Sordo.

Sexo y
sexualidad.

Lo que ocurre actualmente es que el
sexo se ha ido separando de la sexualidad. El joven puede tener relaciones
sexuales, pero sin vivir plenamente su sexualidad. El sexo es sólo un aspecto
de la sexualidad humana, que va mucho más allá de la actividad genital. Ésta
abarca a toda la persona y a su relación con otra en forma íntegra. Así, lo que
se entrega al otro en la relación sexual es la propia intimidad; todo lo que se
es: física, emocional, espiritual, social e intelectualmente. Y eso sólo se
puede dar dentro de una relación de compromiso estable.

Pero en las relaciones sexuales
adolescentes lo que se busca es simplemente el placer físico. Andrea Huneeus,
profesora de biología y psicopedagoga, explica que nuestro actuar debe ser
integrado, pues la persona es una unidad de cuerpo y alma. "Cuando sólo se
valora la entrega lo físico, la persona se desintegra porque falta lo psíquico
y espiritual. Si no puede darlo todo, tampoco está preparado para entregar el
cuerpo".

Las consecuencias de esa
desintegración se hacen sentir. Hay miedo, culpa y sensación de vacío, de
desvalorización de lo hecho, de la otra persona y de uno mismo. El vacío
interior. Para los consejeros matrimoniales, Lorenzo y Carla Cintolessi, el
resultado de las relaciones sexuales adolescentes es el vaciamiento de la
persona. "Como no tiene sentido esta entrega a alguien que no importa,
queda un vacío. Y al final, termina desintegrándose como persona", dice
Lorenzo Cintolessi.

Pilar Sordo da el ejemplo de una
rosa: si cada uno saca un pétalo, al final, no queda rosa. "No puedo tener
relaciones sexuales con uno y con otro porque, tal vez sin notarlo, entrego lo
que soy y termino sin nada", dice. Este vaciamiento interior ha llevado a
muchos estudiosos a creer que parte importante de la sensación de desgano en la
juventud actual se debe a la pérdida de la ilusión que conlleva el tener
relaciones sexuales en la adolescencia. No tienen nada nuevo que probar y
carecen de metas.

Para el filósofo y profesor Allan
Bloom, gran parte del desencanto actual de la juventud se debería al comienzo
precoz de la actividad sexual. Pareciera ser que han vivido
experiencias tan fuertes que ya nada
les sorprende. El filósofo Jorge Peña comenta:
"Saltarse etapas, afrontar
experiencias sin la preparación del caso ni la madurez afectiva y espiritual,
parece que conduce a una inevitable pérdida de la capacidad de
entusiasmo".

Dimensiones
de la sexualidad.

La sexualidad tiene varias
dimensiones: física o de placer, unión y complementación con el otro, apertura
a la paternidad y trascendencia. En las relaciones sexuales adolescentes sólo
está presente la primera y a veces la segunda. La posibilidad de dar vida es
absolutamente rechazada y, por su naturaleza pasajera, tampoco puede ser
trascendente.

Aunque desde los años sesenta y con
la creación de la píldora anticonceptiva, se ha tratado de disociar la relación
sexual de la procreación, ésta, por naturaleza, es un componente indispensable
de la primera. La sexualidad humana es a la vez encuentro con el ser amado y
transmisión de vida. Por ello, biológicamente, no está siempre ordenada a la
procreación como en los animales, sino que también a la unión de la pareja. En
ambos aspectos se muestra el sentido de trascendencia de la sexualidad, ya que
todo amor verdadero busca la eternidad.

"Al conservar la virginidad se
protege la sexualidad", dice Andrea Huneeus, "Es como ver una
película en tres dimensiones. Si no te pones los anteojos para verla, se pierde
lo mejor que tiene".
AUTOR: valoralamor
FUENTE: http://www.valoralamor.com/

Si con todas estas aportaciones
hemos contribuido a que se valore positivamente la virginidad como algo
deseable y posible, habremos conseguido nuestro objetivo. Si no has leído el
post anterior, te recomiendo que lo hagas antes:
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=19859
Juan García
Inza

DE LOS ANGELES EN LOS ESCRITOS DE SAN PABLO


Probablemente
el primer estudio sobre los ángeles en el seno del cristianismo lo aborde San Pablo, cuyos escritos, a expensas
de lo que nuevas investigaciones puedan llegar a determinar, pasan por ser los
primeros del cristianismo, anteriores incluso a los de los primeros
evangelistas.

De hecho, ya en
la primera carta que escribe, la que dirige a los tesalonicenses, que puede
considerarse cronológicamente hablando como el primero de los textos canónicos,
realiza esta mención que se puede considerar como la más antigua mención
estrictamente cristiana a los ángeles:
“El mismo Señor
bajará del cielo con clamor, en voz de arcángel y trompeta de Dios, y los que
murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1Te. 3, 16)

Los grandes
tratados angélicos de Pablo son
sin embargo otros dos: la Primera a los
Corintios y la Carta a los
Hebreos. Existen menciones al tema también en las cartas que dirige a
los Romanos, la Segunda a los corintios, la de los Gálatas, la de los Colosenses, la Segunda a los tesalonicenses y una de las que dirige a Timoteo, lo que da para todo un
tratado.

Para San Pablo, que el demonio es un ángel
está fuera de toda duda:
“Y nada tiene
de extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (2Co. 11, 14)
Pablo reconoce
al menos, dos tipos de ángeles, príncipes y potestades:
“Porque en él
reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y vosotros alcanzáis la
plenitud en él, que es la cabeza de todo principado y de toda potestad” (Col. 2, 9-15; similar en Ro, 8,
38-39).
Aunque habla
también de unos terceros, los querubines:
“Encima del
arca, los querubines de la gloria que cubrían con su sombra el propiciatorio” (Hb. 9, 5)
Entra también
en la vieja cuestión de su número:
“Vosotros, en
cambio, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, la Jerusalén
celestial, y a miriadas de ángeles, reunión solemne” (Hb. 12, 22)
Y están más
cerca de lo que acostumbramos a creer:
“No olvidéis la
hospitalidad; gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Hb. 13, 2).
Pero si algo
debió de preocupar a Pablo en lo
relativo a los ángeles, fue el culto desmesurado que se produjo en algunas de
las primeras iglesias, por lo menos en la de Colosas al sudoeste de Asia Menor:
“Que nadie os
arrebate el premio por ruines prácticas y el culto de los ángeles, obsesionado
por lo que vio, vanamente hinchado por su mente carnal” (Col. 2, 18)
Y también en la
de Galacia:
“Pero aun
cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto
del que os hemos anunciado, ¡sea maldito!” (Gal. 1, 8)

La cuestión no
es baladí, y Pablo dedica toda
buena parte de su literatura a establecer el rango de los ángeles. Primero
respecto de Jesucristo, cosa que
hace en la Carta a los Hebreos.
Tras manifestar una duda inicial:
“En efecto, ¿a
qué ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y
también: Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo? Y nuevamente al
introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de
Dios. Y de los ángeles dice: Hace de los vientos sus ángeles, y de las llamas
de fuego sus ministros. Pero del Hijo: Tu trono, ¡oh Dios!, por los siglos de
los siglos; y: El cetro de tu realeza, cetro de equidad. Amaste la justicia y
aborreciste la iniquidad; por eso te ungió, ¡oh Dios!, tu Dios con óleo de
alegría entre tus compañeros. Y también: Tú al comienzo, ¡oh Señor!, pusiste
los cimientos de la tierra, y obra de tu mano son los cielos. Ellos perecerán,
mas tú permaneces; todos como un vestido envejecerán; como un manto los
enrollarás, como un vestido, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo y tus
años no tendrán fin. Y ¿a qué ángel dijo alguna vez: Siéntate a mi diestra,
hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies? ¿Es que no son todos
ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la
salvación?” (Hb. 1, 5-14)

Dentro del
mismo tema del rango de los ángeles, toca también Pablo su relación con los hombres, lo que hace por lo menos en dos
ocasiones. Bastante claro aparece en la aseveración que realiza a los
corintios:
“¿No sabéis que
hemos de juzgar a los ángeles? Y ¡cómo no las cosas de esta vida!” (1Co. 6, 3)
Más aún en la
que realiza a los hebreos:
¿Es que no son
todos ellos [los ángeles] espíritus servidores con la misión de asistir a los que
han de heredar la salvación [los hombres]?” (Hb. 1, 14)

Luis Antequera

NAVIDAD, CON HISTORIA


El
nacimiento en Belén... ¿historia o leyenda?

El Papa recalca el carácter histórico de la infancia
de Jesús, que muchos ven como relatos legendarios.

Benedicto XVI
presidió ayer la primera audiencia general de 2012 ante unos 7.000 fieles y
peregrinos, a quienes precisó que la fiesta navideña «celebra el hecho
histórico del nacimiento de Jesús en Belén». En la sala Pablo VI, recordó que
la Epifanía, el 6 de enero en el calendario latino, «nació como fiesta en
Oriente e indica un hecho, pero sobre todo un Misterio: Dios se revela en la
naturaleza humana de Cristo». Y añadió que «en la fiesta de Navidad se subraya
la ocultación de Dios en la humildad de la condición humana, en el Niño de
Belén. En la Epifanía, en cambio, se evidencia su manifestación, la aparición
de Dios a través de su propia humanidad».

Al hablar del nacimiento en Belén como un «hecho histórico», el Papa no sólo
reafirma la enseñanza tradicional de la Iglesia, sino que parece salir al
encuentro de autores que consideran los relatos de la infancia de Jesús como
leyendas poco creíbles. Benedicto XVI, al presentar la segunda parte de su
libro «Jesús de Nazaret», anunció su deseo de escribir una tercera parte sobre
la infancia de Jesucristo, por lo que podría estar reflexionando sobre estos
temas.

Hace pocos días, el cardenal Gianfranco Ravasi, del Pontificio Consejo para la
Cultura, un biblista que goza del aprecio del Papa como estudioso, escribió en «L’Osservatore Romano» defendiendo que
Jesús nació en Belén de Judá
, como especifican los evangelios de
Lucas y Mateo y cumpliendo la profecía de Miqueas, y no en «Belén de Galilea»,
una ciudad al norte de Nazaret, como proponen algunos exégetas. Ravasi señala
que, aunque el viaje de Nazaret a Belén de Judá es de 140 km, aún hoy las
embarazadas beduinas nómadas recorren grandes distancias en monturas. Además,
ni los judíos antiguos hostiles al cristianismo negaron que hubiera nacido en
Judea.

Explicaciones razonables.

Hay otros muchos temas navideños que pueden explicarse razonablemente: la
tablilla de astrología de Sippur (o Sippar) del Museo Estatal de Berlín recoge
la conjunción triple de Júpiter y Saturno en Piscis en el año 7 a. C en tres
ocasiones, distanciadas por unos meses, que pudo poner en marcha a los Magos de
Oriente, y al aparecer y desaparecer justifica su comportamiento. Y aunque el
historiador antiguo Flavio Josefo no habla de la matanza de los inocentes (20 o
30 bebés de Belén), es algo que encaja con la personalidad de Herodes y su
miedo a los rivales.

Pasajes navideños «con truco»

La estrella fue una conjunción
planetaria: Júpiter y Saturno se cruzaron tres veces el 7a.C en la constelación
de Piscis, algo que pasa cada 1.440 años.
La huida a Egipto pudo ser a la Franja
de Gaza, que pertenecía a Egipto desde que Antonio se la regaló a
Cleopatra. Está a tan sólo 35 millas de Belén.
El censo quizá no fue de Quirino,
sino del gobernador Saturnino, como cree Tertuliano 200 años después.
Los magos venían de Partia-Persia y
si Lucas no los menciona quizá es porque escribe su evangelio durante la crisis
en Armenia entre Nerón y los persas: teme que los cristianos parezcan ser pro
persas.

Pablo Ginés/La Razón

LA MATANZA DE LOS INOCENTES: HISTORIA O MITO?



Adoracion de los Magos
(Alonso Berruguete)

El 28 de diciembre resulta cada vez más frecuente leer o escuchar en los medios
de comunicación alguna alusión a la matanza de los inocentes, decretada por el
rey Herodes y conmemorada litúrgicamente en dicha fecha, desposeyéndola de
carácter histórico y convirtiéndola en un episodio más o menos simbólico.
El último comentario en ese sentido lo escuché el pasado miércoles en el
programa “Así son las mañanas” en la COPE. A uno de
los participantes en una tertulia acerca de las inocentadas le parecía un tanto
macabra la deriva que ha tomado esta celebración en el día de los inocentes a
pesar de recordarse “una leyenda” teóricamente referida a la muerte de miles
niños “que nunca ocurrió”.

La cuestión viene de lejos y tiene más importancia de la que a primera
instancia pudiera pensarse; en primer lugar porque en el trasfondo laten
aspectos como la propia historicidad, no solo de los relatos de la infancia o
del episodio de la adoración de los Magos - parable éste de la matanza de
los inocentes — sino de todos los Evangelios. Pero sobre todo, porque más que de
dificultades de carácter científico que impidan ratificar la veracidad del suceso,
nos encontramos, con la radical incomodidad que éste provoca. Y es que no deja
de ser acusado el contraste entre la religiosidad moderna — eminentemente
antropocéntrica — con el hecho de que el nacimiento del Hijo de Dios encarnado
vaya acompañado de un derramamiento de sangre que convierte en testigos de
Cristo a unos niños inocentes. El propio dramatismo de la escena ha inspirado
innumerables representaciones gráficas de los pequeños arrancados de los brazos
de sus madres, cayendo bajo los golpes de espada de los soldados de Herodes.
Podemos dividir en dos grandes grupos las objeciones a la historicidad de la
matanza: las más clásicas, de carácter “historicista” y las vinculadas a
posiciones que niegan la historicidad de los evangelios de la infancia desde
perspectivas que pudiéramos denominar “teológicas”.

Objeciones historicistas.

Las razones históricas aducidas se sostienen en el silencio de los
historiadores romanos y judíos y particularmente de Flavio Josefo, que tan
extensamente relata el reinado de Herodes en sus Antigüedades judaicas.
Quienes dan tanta importancia al silencio de los historiadores antiguos, caen
en el contrasentido de negar la validez histórica de una noticia transmitida
solamente por San Mateo, precisamente a quien la tradición cristiana considera
autor del primer Evangelio a partir de testimonios como los de Papías y San
Jerónimo. Sin olvidar la propia credibilidad histórica común a todos los
relatos evangélicos por su condición inspirada, podemos añadir que el Evangelio
de San Mateo enlaza con las fuentes de la primera comunidad cristiana en
Palestina y su autor fue discípulo desde los comienzos, de ahí su alto valor
como testimonio histórico que no cabe menospreciar a priori.
Por otro lado, la verdadera magnitud del suceso nos ayuda a entender que
prescindieran de él autores como Flavio, más atento a las vicisitudes que
afectaban a los protagonistas históricos de mayor rango.

Ciertos comentaristas antiguos proporcionaron cifras simbólicas y carentes de
cualquier fundamento histórico pero una atenta consideración de los hechos nos
sitúa mucho más cerca de la realidad. Belén en tiempos de Jesucristo era una
pequeña aldea que, más allá de su significado religioso como cuna de la estirpe
de David, carecía de cualquier importancia económica y política. Si pensamos en
unos mil habitantes (como parece deducirse de Miq 5, 2), cabe pensar en unos
treinta nacidos por año, de los que habría que descontar las niñas por lo que
hoy se coincide en pensar que los inocentes asesinados por orden de Herodes se
pudieron situar en torno a catorce. Tal vez algunos más en proporción, si la
población de Belén — como piensan otros — se situaba en torno a los dos o tres
mil habitantes.

Escasa importancia podía tener la muerte de unos pocos niños para aquéllos que
nos transmiten el carácter cruel y sanguinario del reyezuelo idumeo que no dudó
en aniquilar a cuantos pretendieron interponerse en su camino o disputarle el
trono, fueran éstos enemigos o parientes. Por ejemplo, cuando subió al trono de
Jerusalén, hizo matar a cuarenta y cinco partidarios de su rival Antígono, así
como a numerosos miembros del Sanedrín. Al final de su vida, ordenó que fueran
ejecutados unos notables del reino para que las gentes de Judea, lo quisieran o
no, lloraran su muerte.

Objeciones teológicas.

A pesar del escaso peso de las objeciones historicistas, en realidad éstas han
servido de apoyo a un cuestionamiento de mayor calado que viene a atribuir, de
manera general los Evangelios y más en particular los relatos de la infancia,
al resultado de una intensa y profunda elaboración teológica.
Al margen de cualquier referencia real, nos encontraríamos con proclamaciones
de la fe en Jesús propias de comunidades cristianas tardías pues la única
manera de justificar este proceso es retrasando arbitrariamente la composición
del Evangelio de San Mateo hasta los años 75-80 cuando su redacción, de acuerdo
con la sentencia más probable, puede situarse en torno al 50 (Cfr. PRADO, Ioh.,
Praelectionum biblicarum compendium, III, Madrid: Perpetuo Socorro,
1952, p. 23-24 y las Respuestas de la Comisión Bíblica sobre la cuestión).
Las objeciones pseudo-teológicas han sido propuestas de diversas maneras y con
mayor o menor radicalidad, pero todas parten de un argumento común: subrayar la
identidad entre el episodio que estamos comentando con un motivo legendario
presuntamente común a las infancias de los héroes. Ahora bien, de acuerdo con
los estudios de Salvador Muñoz Iglesias, de los paralelismos
propuestos el único atendible es el que relaciona el relato de Mateo con el del
Éxodo: “El relato canónico del Éxodo refiere que Moisés, el futuro
Libertador, fue librado del exterminio decretado por el Faraón, gracias a la
estratagema de la exposición en un cestillo de mimbres sobre las aguas del
Nilo. Posteriormente, siendo ya mayor, escapó por segunda vez de la muerte,
huyendo a Madian. Las tradiciones recogidas en el Targúm de Jerusalén, en la
Crónica de Moisés, en el Midras Rabbah y en las Antigüedades judaicas de Josefo
relacionan el decreto del Faraón con un sueño o con la predicción de un escriba
que anuncian el nacimiento de un Caudillo Libertador del pueblo hebreo”
(cfr. «Los Evangelios de la Infancia y las infancias de los héroes», Estudios
Bíblicos 16 (1957) 5-36; «El género literario del Evangelio de la Infancia en
San Mateo», ib. 17 (1958) 243-273).

Huida a Egipto (Jacopo Bassano 1538)

El primer Evangelio fue compuesto para una comunidad cristiana de origen judío
y por ello se subraya el cumplimiento de las profecías así como la reprobación
del viejo Israel. A largo de todo el Evangelio de la infancia, San Mateo
demuestra que Cristo cumple las profecías mesiánicas: es el hijo de David,
nacido de una Virgen en Belén, luz de las gentes y objeto de una gran
hostilidad de la cual saldrá finalmente vencedor. A la hora de transmitir el
episodio que estamos comentando, utiliza paralelismos que tienden a demostrar
que Jesús es el auténtico y definitivo salvador mesiánico, cuyo tipo y figura
fue el protagonista del Éxodo sin que los paralelismos obsten para la
historicidad de fondo al tiempo que las diferencias con el modelo avalan dicha
credibilidad.

De la historia a la Liturgia.

Podemos concluir recordando cómo los relatos evangélicos de la infancia de
Jesucristo contienen una narración de verdades fundamentales: su ascendencia
davídica, su concepción virginal, el nacimiento en Belén..., y, en última
instancia, su misma divinidad. Por tanto, la historicidad del conjunto, y la de
cada uno de los episodios de que constan, es algo que afecta al núcleo de la fe
misma; y ha sido constantemente afirmada por la Iglesia.
Por otra parte, esos relatos forman una unidad con los Evangelios respectivos,
y su historicidad está apoyada, en el terreno de la crítica, por las mismas
razones que la de dichos libros en su conjunto, lo que no impide precisar el
género literario de esos capítulos, para obtener así una mayor comprensión de
los mismos. Poco, sin embargo se puede avanzar por este camino más allá de
recalcar determinadas dependencias literarias sin que ello vaya en detrimento
de su carácter histórico.

Otra prueba de que la Iglesia lo ha considerado así, es la celebración de una
fiesta dedicada a estas primicias de los mártires de Cristo. Su origen está en
el norte de África, en el siglo V pasó a Roma, y desde allí se extendió al
resto de la Cristiandad quedando fijada durante la Edad Media en el 28 de
diciembre. Y con los versos inspiradísimos del Himno Salvéte flores Mártyrum,
canta la liturgia a estos niños, sin nombre ni rostro, que parecen alegrar el
Cielo con la eterna alegría de haberse acercado "ad Deum qui laetificat
iuventutem meam" — "al Dios que es la alegría de mi juventud"
(Sal 42).

Salve, flores de los Mártires,
que en el mismo umbral de la vida
fuisteis arrebatados por el perseguidor de Cristo,
cual rosas nacientes por el huracán.
Vosotros sois las primeras víctimas de Cristo,
los tiernos corderos inmolados
por Él, y jugáis, inocentes,
ante Su altar con la palma y la corona.

Angel David Martín Rubio

miércoles, 4 de enero de 2012

«LOS REYES MAGOS SON MELCHOR, GASPAR Y BALTAZAR, VAYA PREGUNTA MAS TONTA»



Los
grandes expertos no dudan



Algún que otro personaje de infancia traumática
anuncia todos los años una lista de «hechos» para demostrar que los tres
Reyes Magos ni eran tres, ni eran reyes, ni eran magos. Sin embargo, hemos
decidido consultar a los mayores expertos en tal cuestión, los niños, que
confirman que los Reyes Magos son «Melchor, Gaspar y Baltasar, vaya pregunta
más tonta».


Esta noche ha habido murmullos de pisadas reales en
las terrazas, en las ventanas, en los pasillos, en los salones... Murmullos de
caravanas de pezuñas, pasos breves de los pajes; niños que jurarían, que juran,
haber oído, con la respiración contenida y abrazados a las sábanas, el roce de
los mantos de armiños, el crujido de los picaportes bajo los dedos enguantados
y cubiertos de alhajas, el rechinar mágico de las puertas, un escalón que cede,
el viento en un canalón, una voz diferente, un susurro real, un relincho
lejano...

Esta noche, millones de niños, ante la amenaza del carbón o del olvido, han
prometido no levantarse, guardar silencio, no asomarse, dormir, soñar... Antes
del alba, quizá hace unos minutos, se han despertado antes que siempre y han
sentido que la casa estaba más silenciosa que nunca, que olía diferente, a un
aroma secreto; que las puertas del pasillo estaban cerradas y que algo mágico
había detrás de aquel silencio. Han sido millones de niños los que se han
acercado aullando al cuarto de sus padres, arriba, arriba, que han venido los
Reyes y todos en pie, sin zapatillas, vamos, vamos, todos en fila india por el
pasillo precintado en penumbras hasta la puerta del salón. Y ahí, un año más,
el padre se ha detenido prolongando la emoción unos segundos más, sólo unos
segundos. Ha girado la manilla muy despacio, ha asomado la vista por apenas una
rendija, ha vuelto a cerrar la puerta, se ha girado hacia sus hijos y ha
soltado un admirado: «¡ooohhh!». Y los niños, con la boca abierta como peces,
temblor en las piernas y el corazón a ciento treinta pulsaciones, no han podido
más. Los padres han cedido el paso y los pequeños se han asomado a un salón que
para los demás sería oscuro, no para sus ojos de gatos curiosos.Y ahí, encima
de los sillones, en el suelo, al lado de los zapatos relucientes, junto al cubo
de patatas vacío (¡los camellos, mamá, los camellos!), bajo las copas de
champagne apuradas... han encontrado los focos de emisión de ese aroma mágico,
los regalos traídos desde lejanas tierras por Sus Majestades los Reyes Magos de
Oriente.

Ajenos, distantes, a este encuentro único, breve y romántico de la inocencia
con la magia, una legión de historiadores con ganas de... se empeña año tras
año en publicar libros en los que se remueve el limo en el que se confunden y
enriquecen historia, fe, leyenda, tradición y mito hasta «demostrar» que «la
Epifanía es un invento», «no eran tres», «no eran reyes», «no venían de
Oriente», «no siguieron una estrella» y que, ¡oh!, «no eran magos».
La historia verdadera, los hechos ocurridos hace dos mil años (par de años
arriba o abajo) en lo que la Iglesia llama la Epifanía («presentación»), son
vagos y no concluyentes, pero son. Sabemos por el evangelista San Mateo que
«unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el
que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella en el
oriente y venimos a adorarle».

San Mateo no dice en ningún momento que fueran tres. El que primero lo concluye
así es el Papa San León, basándose en los regalos (estos sí, tres) que le
fueron ofrecidos a Jesús. Esta opinión fue compartida por muchos otros teólogos
cristianos de la Edad Media apoyándose en interpretaciones de textos bíblicos
como el Salmo 71,10 en el que se dice: «Los reyes de Tarsis y de las islas
ofrecerán presentes, los reyes de Arabia y Saba le traerán sus regalos, y todos
los reyes de la Tierra le adorarán». Tarsis, Arabia y Saba... tres.

En las representaciones artísticas de los primeros cristianos apenas se pueden
encontrar testimonios fiables, sobre todo considerando que las primeras
pinturas ornamentales en cementerios y lugares de culto cristianos no llegan
hasta más de trescientos años después del nacimiento de Cristo. Así, en la
representación de la Epifanía que se conserva en el cementerio romano de
Domitila, aparecen cuatro magos; en la conservada en el museo Laterano, tres; y
en una vasija recogida en el museo suizo de Kircher: ¡ocho! Aunque esto es
nada. Si nos basamos en textos asirios, la tradición añade nueve magos más,
hasta completar el número sagrado (y divisible por tres) de doce.

¿Cuál es la verdad sobre el número de magos que adoraron al Niño? Este
periódico ha consultado con un experto sobre la figura de los Reyes y que,
desde ahora y durante el resto de este reportaje, aclarará en exclusiva los
puntos más controvertidos de la Historia. Así, Ignacio Zubía, un donostiarra de
seis años, se muestra tajante sobre el número de magos que llegaron a Belén de
Judá: ¿Los reyes magos son cuatro, cinco, o doce, como dice la tradición
ortodoxa para sibolizar los doce días de la Navidad?
- Pues tres, claro.

Con esta declaración contundente, damos por concluido el espinoso asunto del
número y pasamos al de su categoría profesional. ¿Eran reyes y magos? No hay
dogmas en la Iglesia que obliguen a creer en que los hombres llegados de
Oriente eran de estirpe real, es más, es un asunto futil. Sin embargo,
Tertuliano (abogado cartaginés convertido al cristianismo en el 193 d.C.) así
lo cree, basándose en el mismo Salmo que hemos transcrito al tratar la materia
del número. Un detalle nimio, pero curioso, viene dado por el nombre hebreo
«Melchor», que se traduce como «rey de luz» o «rey blanco». Nada que objetar,
por tanto, a la interpretación de Tertuliano; como tampoco al asunto de si
eran, o no eran, magos. La palabra griega «magoi» es la referencia. No debería
traducirse directamente como «magos» en el sentido actual, sino como algo
parecido a un hombre sabio, capaz y dotado, perteneciente a una casta sagrada.

Jefe de los magos.

Probablemente ésta fuera la casta de los Medos, que mantenía sobre sus
territorios una influencia mucho más religiosa que política y que servían al
rey de Babilonia y todas las jerarquías persas como sacerdotes, incluso en
tiempos del nacimiento de Cristo (cuando el Imperio Parto dominaba el Oriente).
Hay una referencia explícita a un «mago» de estirpe real en la Biblia
(Jeremías, 39,3): «Todos los oficiales del rey de Babilonia entraron y
establecieron sus cuarteles en la puerta del medio: Nergal-Saresser, príncipe
de Samgar, oficial mayor...» Este «oficial mayor» es la intrepretación de la palabra
original «rabb-mag», que puede traducirse, directamente, como «mago en jefe» o
el primero de la casta de sacerdotes.
Zubía, por su parte, no tiene mayor problema en este asunto:
- ¿Son reyes y magos?
- Claro que son reyes, porque llevan coronas. Y magos, porque, porque... si no
fueran magos, ¿cómo iban a llevar los juguetes y el carbón a todos los niños? Y
lo saben todo.
- ¿Todo?
- Sí.
- ¿Les has visto alguna vez?
- Noooo... porque si estás despierto no vienen. ¡Ah, bueno, sí! Les vi una vez,
en el Palacio ese, eeeh... en el Palacio de San Sebastián. Hablé con el de la
barba marrón. ¿Con Gaspar? Sí. Y me dijo que sabía que era bueno y que sabía
que el nombre de uno de mis aitonas (abuelos) es José Miguel.
- ¿Y cómo lo sabía?
- Porque es mago.

Resuelta esta inquietud con éxito por nuestro experto donostiarra (inquietud
que ha derramado ríos de tinta en muchas editoriales, interesando a muy pocos).
La siguiente y difícil cuestión a plantear es su procedencia, el día de su
llegada y sus nombres. No hay duda de que venían de Oriente, tal y como ha
quedado escrito por San Mateo, pero, ¿de qué Oriente hablamos?

Oriente real

Antes hemos mencionado la «posibilidad» real de que los magos fueran hombres
sabios o sacerdotes medos al servicio del Imperio Parto, que se extendía por lo
que es ahora Irán y parte de Irak y Siria hasta Turkmenistán, y que disputaba
con Roma el control de Armenia. Con esta base, y para intentar establecer una
conjetura fiable sobre su procedencia exacta, hay que entender que los Reyes
(magos y tres) no llegaron a Belén hasta muchos meses (probablemente alrededor
de un año y medio) después del nacimiento de Jesús. Esto es lógico si tenemos
en cuenta que Herodes, asustado después de su encuentro con los magos al
comprender que se estaba cumpliendo la profecía de Jeremías: «Y tú, Belén,
tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las principales ciudades de
Judá, porque de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel», y la
profecía de Balaam: «Una estrella brillará sobre Jacob y un cetro brotará de
Israel», ordena la matanza «de todos los niños de Belén y de todo su
territorio, de dos años para abajo, según el tiempo que había calculado por los
magos» (San Mateo, 2,16).

Con esta base, la del tiempo transcurrido entre que los magos advierten la
«estrella» (Navidad) y llegan a Jerusalén a presencia de Herodes, es lógico
pensar que su viaje de ida tuvo una duración cercana al año. Así, y según el
ritmo de la caravana de camellos (animal más empleado en la zona para las largas
peregrinaciones), se puede concluir que la distancia más probable es la de
entre mil quinientos y dos mil kilómetros de distancia, lo que coincide con las
fronteras orientales del Reino Parto, más allá de la región de los Medos, al
norte de Persia.

Felices adaptaciones

El hecho de que la Epifanía se celebre el seis de enero (sólo 12 días después
de la Navidad) no tiene que ser un problema a la hora de creer en la Historia.
Las fechas de las celebraciones cristianas nunca han sido fechas reales, sino
que son afortunadas adaptaciones de otras fiestas paganas (el 25 de diciembre
era la Fiesta del Sol en Roma, día celebradísimo por los ciudadanos del
Imperio). Es más, las Iglesias de Oriente celebran el 6 de enero, y todo a la
vez, la Navidad, la Epifanía y el bautismo de Cristo. A finales del siglo IV,
las Iglesias de Occidente (primero la de Antioquía), «inventan» la Navidad. Su
principal responsable: San Juan Crisóstomo.

Este personaje es importante en la Historia de los Reyes Magos. Entre sus
escritos, el santo incluye las narraciones de un relator de la región de Ariana
(de los confines del Imperio Parto, de las mismas tierras que los Magos y, por
tanto, fuente de gran calidad) en las que se asegura que los Reyes volvieron a
su patria y fueron bautizados, dedicándose durante el resto de su vida terrenal
a la enseñanza de la fe en Cristo. Esta última visión tiene mucho de
legendario, sin más.

Gaspar y Gushanasaph

También sin más son los nombres reales de los Magos. La tradición cristiana, y
el martirilogio, les atribuye los de «Melchor, Gaspar y Baltasar». Otras
tradiciones, si acaso más directas, como la siria, les bautiza como «Larvandad,
Hormisdas y Gushanasaph». Da igual cómo se llamen, la verdad es que desde
mediados del siglo pasado, Sus Majestades, rescatados del Paraíso de Oriente,
deben bajar a la Tierra cada seis de enero. Su cabeza adornada con coronas,
envueltos en mantos de armiño, las manos enguantadas...
Sus nombres, por supuesto, no son materia de discusión para Ignacio:
- Y se llaman Larvandad, Hormisdas y Gushanasaph, ¿no?
- Noooooo. Son Melchor, Gaspar y Baltasar.
- ¿Y te traen regalos si has sido bueno?
- Sí, porque se lo manda el Niño Jesús, que es su jefe. Bueno, a los más
pequeños, a los que no saben, siempre les traen regalos; pero cuando eres un
poco mayor, si te portas mal, te traen carbón.
- ¿Y tú has sido bueno?
- Sí. Me he portado bien, aunque un poco de carbón no me importa, me gusta.
- Y tú, ¿qué les dejas a ellos?
- Roscón de reyes; aunque sólo un poquito, porque está tan bueno... Pero como
son magos, no les importa.
- O sea, que son tres.
- Sí.
- Y son Reyes.
- Sííí...
- Y Magos.
- Que sííííííí...
Lo ha dicho un niño de seis años («recién cumplidos») que esta noche se dormirá
muy quieto, atado por los nervios («¡que no estoy nerviosooo!»), y que mañana
se despertará envuelto en magia. No hay más que decir.

LA VIRGEN MADRE, «MADRE DE SU HIJO»


«El título de Madre de Dios es también hoy el punto de encuentro y la
base común a todos los cristianos, del que volver a partir para reencontrar el
acuerdo en torno al lugar de María en la fe»

El pasaje evangélico recuerda la base
real e histórica sobre la que se funda el título de Madre de Dios: «Cuando se
cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el
que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno de la madre». Pero es
Pablo quien, en la segunda lectura, nos ofrece la verdadera dimensión del
misterio: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido
de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley,
y para que recibiéramos la filiación adoptiva».

Madre de Dios fue en el origen un título que concernía más a Jesús que a la
Virgen. De Él nos atestigua que es verdadero hombre: «¿Por qué decimos que
Cristo es hombre, sino porque es nacido de María que es una criatura humana?»
(Tertuliano). Nos atestigua, en segundo lugar, que es verdadero Dios. Sólo si
Jesús es visto como Dios, es posible llamar a María «Madre de Dios».

Finalmente, de Jesús, atestigua que Él es Dios y hombre en una sola persona. Si
en Jesús humanidad y divinidad hubieran estado unidas en cuanto a una unión
sólo moral y no personal (así pensaban los herejes contra los cuales fue
definido el título «Madre de Dios», Theotokos, en el Concilio de Éfeso del año
431), Ella no podría ya haber sido llamada Madre de «Dios», sino sólo Madre de
«Jesús» o de «Cristo». María es aquella que hizo de Jesús nuestro hermano.
Eligiendo esta vía materna para manifestarse a nosotros, Dios reveló, al mismo
tiempo, la dignidad de la mujer. «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió
Dios a su Hijo, nacido de mujer». Si San Pablo hubiera dicho: «nacido de
María», se habría tratado sólo de un detalle biográfico; diciendo «nacido de
mujer» dio a su afirmación un alcance universal e inmenso. Es la mujer misma,
cada mujer, quien ha sido elevada, en María, a tal increíble altura. María es
aquí la mujer. Se habla mucho hoy de la promoción de la mujer, que es uno de
los signos de los tiempos más bellos y alentadores. Pero Dios nos ha precedido
mucho; confirió a la mujer un honor tal como para hacernos enmudecer a todos.
El título Madre de Dios nos habla, en fin, naturalmente de María. María es la
única, en el universo, que puede decir, dirigiéndose a Jesús, lo que le dice a
Él el Padre celestial: «¡Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy!» (Cf. Hb
1,5; Sal 2,7. Ndt). San Ignacio de Antioquia dice, con toda sencillez, que
Jesús es «de Dios y de María». Casi como decimos nosotros de un hombre que es
hijo de éste y de ésta. Dante Alighieri encerró la doble paradoja de María, que
es «virgen y madre» y «madre e hija», en un solo verso: «¡Virgen Madre, hija de
tu Hijo!».

El título Madre de Dios basta por sí solo para fundar
la grandeza de María y justificar el honor a Ella tributado. Se reprocha a
veces a los católicos que exageran en el honor y en la importancia atribuidos a
María, y en ocasiones hay que reconocer que el reproche no carecía de
fundamento, al menos por el modo con que aquello se realizaba. Pero jamás se
piensa en lo que hizo Dios. Dios fue tan allá al honrar a María haciéndola
Madre de Dios que ninguno puede decir más, «aunque tuviera - decía el propio
Lutero - tantas lenguas cuantas briznas de hierba hay en la tierra».

El título de Madre de Dios es también hoy el punto de encuentro y la base común
a todos los cristianos, del que volver a partir para reencontrar el acuerdo en
torno al lugar de María en la fe. Es el único título ecuménico, no sólo de
derecho, porque fue definido en un Concilio ecuménico, sino también de hecho,
en cuanto que es reconocido por todas las mayores Iglesias cristianas.

La oración mariana más antigua, Sub tuum praesidium, expresa la confianza y el
consuelo que el pueblo cristiano siempre ha sacado de este título de la Virgen:
«Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo
peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!».

Raniero Cantalamessa

ACTITUD HACIA LOS HOMOSEXUALES



«Es nuestro deber
comprender a quienes tienen este problema. Aceptar al homosexual significa
ofrecerle nuestra amistad desinteresada y ayudarle a que pueda afrontar su
situación, siempre con el fin de desarrollar su personalidad, a fin que
encuentre un clima sereno en el que pueda realizarse, para que pueda alcanzar
libremente la propia madurez en sus relaciones con Dios y el prójimo»

Sabemos por la
investigación científica que la homosexualidad es un fenómeno muy complejo que
desafía toda clasificación conforme a unas ideas rígidas y determinadas,
existiendo múltiples polémicas y discusiones sobre la naturaleza de la
homosexualidad. Para unos se trata de una desviación del comportamiento sexual,
mientras que otros la consideran una “variante”, una “preferencia”, una
“condición constitutiva”, un estilo de vida alternativo. Para quienes así
piensan, la homosexualidad ha de considerarse como una opción personal al mismo
nivel de la opción heterosexual.

El sujeto homosexual ha tenido con frecuencia una relación poco sana con sus
padres en la más tierna infancia. El homosexual se ve impedido, sin culpa suya,
a ir hasta el final del amor heterosexual, provocándose en consecuencia un
autoerotismo y una regresión. En la fase inicia descubre en un proceso doloroso
su diferente manera de ser. El homosexual no decide serlo, sino que se
encuentra que lo es. Le sigue la fase de la necesidad de satisfacción con
personas de su mismo sexo. Viene luego la fase de la recíproca toma de contacto
corporal. En la fase última hay desde relaciones homosexuales plenas hasta la
convivencia de parejas homosexuales. La experiencia dice que ésta dura varios
años sólo en pocos casos.

Podemos preguntarnos: ¿la homosexualidad o por lo menos la disposición a la
homosexualidad es en sí natural?; y ¿si es natural, y esa orientación en sí
misma no es inmoral, su ejercicio es inmoral?

Ante todo, recalquemos que el hecho de ser homosexual no pertenece al orden
moral. Las tendencias en cuanto tales no son objeto de valoración moral. No es
ni una “falta”, ni un “pecado”, ni un “vicio”: es un hecho. El sujeto que tiene
tendencias homosexuales no ha escogido tenerlas, y sería injusto
reprochárselas. Hay ciertamente que distinguir entre tendencia y conducta,
entre sentimientos y actos. Además, el tener una orientación homosexual no
significa que el sujeto quiera ejercer una actividad homosexual. Inclinación y
comportamientos están relacionados, pero no se identifican ni se implican
incondicionalmente.

Está claro que la homosexualidad se origina generalmente antes de que puedan
tomarse decisiones personales y conscientes, es decir no es una elección libre
que pueda ser cambiada fácilmente, aunque sí es posible salir de la
homosexualidad, si uno está muy decidido a ello y encuentra las ayudas
apropiadas. Por ello la condición homosexual no es en sí pecaminosa, aunque
constituye, sin embargo, una tendencia más o menos fuerte, una tendencia hacia
un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral.
La orientación homosexual forma parte de la personalidad de algunos individuos,
pero la persona humana es más grande, no se agota en esta orientación. Los
seres humanos, seamos homo u heterosexuales, hemos sido creados a imagen y
semejanza de Dios y redimidos por Cristo, por lo que todos tenemos la misma
dignidad personal. La persona es siempre más que su sexualidad o su
comportamiento. El error reside a menudo en considerar que la homosexualidad
define toda la identidad de la persona. Nuestro punto de partida no puede ser
sino nuestra aceptación de ellos como personas, intentar comprenderles y
solidarizarnos lealmente con sus sufrimientos y problemas, tales como son, de
tal modo que se sientan acompañados y no rechazados ni abandonados. Se trata de
tenderles puentes que ayuden a estas personas a sentirse integradas en una
comunidad de gracia y acogida, que intenta hacer presente la misericordia de
Dios hacia todos sus hijos. La persona homosexual tiene derecho a ser
respetada, ya que su dignidad personal y sus derechos se basan en el hecho de
ser seres humanos e hijos de Dios, no en su orientación sexual. “Es de deplorar
con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de
expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la
condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan
una falta de respeto por los demás, pues lesionan unos principios elementales
sobre los que se basa una sana convivencia. La dignidad propia de toda persona
siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las
legislaciones” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de
la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, nº
10, 1-X-1986).

La maduración de la sexualidad en el hombre y en la mujer, además de ser un
proceso biológico, es también un proceso psicológico, que necesita ser ayudado
y dirigido para que termine bien, es decir para que termine en una personalidad
integrada, libre y responsable. En ellos están debilitadas la autoconfianza y
la alegría de vivir, aparte de que con frecuencia las actitudes sociales hacia
esta condición crean una actitud de tensión, de marginación, que puede tener
efectos negativos profundos en el desarrollo de su personalidad y conducta,
pudiendo conducir a un deterioro del carácter que impida su integración
efectiva en la comunidad. No hay nada alegre en el estilo de vida homosexual,
que muy a menudo consiste en una búsqueda interminable de amor a través de
relaciones de codependencia. De hecho, entre los sujetos que tienen tendencias
homosexuales, parece que sólo una pequeña minoría no experimenta su situación
como una dificultad de la vida. Aquí se trata de ayudarle a encontrar su propio
camino para que pueda sentirse a gusto consigo mismo, aunque esto no suponga la
accesión a la heterosexualidad, que no hay por qué excluir a priori.
Comprender, aceptar y aprobar la homosexualidad son cosas muy distintas. Es
nuestro deber comprender a quienes tienen este problema. Aceptar al homosexual
significa ofrecerle nuestra amistad desinteresada y ayudarle a que pueda
afrontar su situación, siempre con el fin de desarrollar su personalidad, a fin
que encuentre un clima sereno en el que pueda realizarse, para que pueda
alcanzar libremente la propia madurez en sus relaciones con Dios y el prójimo.
Lo que no hemos de hacer es equiparar la homosexualidad con la
heterosexualidad, o considerar como bueno lo que es simplemente una anomalía
del instinto, si bien esta anomalía aún no tiene carácter moral.

Pedro Trevijano

LA PIEDRA FILOSOFAL



Hay, efectivamente, dos realidades: una efímera y otra eterna,
superpuestas, yuxtapuestas.


Cuando alguien preguntó a Kazantzaki por qué amaba
tanto a San Francisco, respondió:
«Lo amo porque su alma, a fuerza de amor, ha vencido a la realidad - lo que los
hombres privados de alas llaman "la realidad": el hambre, el frío, la
enfermedad, el desprecio, la injusticia, la fealdad, y ha logrado transformarla
en un sueño alborozado, tangible, más verdadero que la misma verdad. San
Francisco había encontrado el secreto que los alquimistas de la Edad Media
buscaron en vano: el secreto para transformar el metal más vil en oro puro.


Para San Francisco, la "piedra filosofal" no era algo inaccesible,
fuera del alcance del hombre; para encontrarla no era necesario quebrantar las
leyes naturales: la piedra filosofal era su propio corazón. Así, por este
milagro de alquimia mística, es como él ha sometido la realidad, liberado al
hombre de la fatalidad y transformado en él toda carne en espíritu. San Francisco
es, a mi ver, el gran general que lleva las tropas humanas a la victoria más
absoluta».


Hay, efectivamente, dos realidades: una efímera y otra eterna, superpuestas,
yuxtapuestas. Y la mayor parte de los humanos sólo ven la más superficial.
Acercaos a un hospital. Entrad en una sala con cinco enfermos afectados de la
misma dolencia. Seguramente encontraréis a tres de ellos acorralados por su
propia enfermedad. A uno, resignado a ella. A otro, sereno y quizá radiante.
¿Cómo? A fuerza de alma.


O preguntaos por qué, con el mismo sueldo, dos oficinistas uno vive feliz y sin
apuros y al otro no le llega la respiración al cuello. Y es que, efectivamente,
la piedra filosofal existe. No es un sueño romántico. Y es de fabricación
casera. ¿Qué cómo se fabrica? Cada uno debe encontrar su propia receta. Pero
podrían servir algunos de estos consejos:
- El primero y más importante es tener algún gran ideal para cuya consecución
lleguen a importar bien poco los fracasos y las dificultades.
- Tener fe en el futuro y confianza en la vida. Asumir cada día los problemas
de hoy en lugar de ponerse a sufrir anticipadamente por los que podrían tal vez
llegarnos mañana.
- Tomar y vivir la decisión de pensar mucho más en lo positivo y bueno que
tenemos que en las zonas negras que tendremos que cruzar. Hablar del bien; no
revolver los residuos de los fracasos.
- Creer descaradamente en el prójimo y preferir ser engañado una vez por él a
pasamos toda la vida desconfiando de todos (con lo que seremos perpetuamente
engañados).
- Dedicarse más a los problemas del prójimo que a los propios. Así se curarán o
mitigarán los dos.
- Amar sin preguntarse si nos lo agradecerán. Estar seguros de que, a la larga,
incluso en este mundo, el amor acaba funcionando y también nos querrán más de
lo que merezcamos.
- Despertarse cada mañana como recién nacidos. Colgar cada noche en el perchero
las preocupaciones de ayer y dormir olvidándolas.
- Sonreír, aunque no se tengan ganas. Sonreír, sobre todo, si un día se debe
decir algo amargo.
- Aprender de los niños, aprender de los santos.
- Dar tiempo al tiempo, sabiendo que las frutas maduran lentamente.
- No ser demasiado ambiciosos. Querer pocas cosas, pero quererlas
apasionadamente.
- Recordar al menos cuatro o cinco veces al día que tenemos alma y alimentarla
tanto como al cuerpo por lo menos.
- Hacer, si se puede, un trabajo que amemos. O si no, al menos, amar lo que
tenemos que hacer.
- Descubrir que casi siempre los disgustos que nos llevamos son mayores que los
motivos que los causaron.
- Creer en algo muy en serio. Luchar por ello. Seguir luchando cuando nos
cansemos. Seguir de nuevo cuando nos cansemos de seguir.
- Recordar que, al fin de cuentas, todos los trucos son trucos y sólo sirven
para ir descubriendo que será la gracia de Dios la que nos hará felices, porque
ésa y no otra es la piedra filosofal.
Autor: José
Luis Martín Descalzo