lunes, 15 de febrero de 2010

PASIÓN Y MUERTE POR AMOR


¡Qué pena que ya no nos conmueva y estremezca un crucifijo! A fuerza de verlo en tantas partes, ya nos hemos acostumbrado.

Con inusitada frecuencia desfilan hoy día por las pantallas de televisión episodios de dolor, de violencia y de muerte realmente aterradores.

Nunca podré olvidar las escenas que transmiten en los noticieros sobre la violencia de los secuestradores y narcotraficantes.

El dolor y tragedia en el terremoto de Haití.

Así mismo, quedarán para siempre impresas en la memoria de los que lo vieron, las imágenes de la aplicación de la pena de muerte a una mujer en la cámara de gas, televisada al mundo entero, desde los Estados Unidos, no hace mucho tiempo.

Lo más sobrecogedor y terrible, al estar viendo aquello, era saber que no había ningún truco ni montaje. No era cine o película. Era pura y cruda realidad. Y ante ella, cualquier sensibilidad mínimamente despierta, se ve presa de una tremenda sacudida y conmoción.

Al reflexionar en todo esto me ha asaltado el recuerdo otra ejecución. La más importante y trascendente de la historia.

Ocurrió hace ya bastantes siglos, por lo que no disponemos de ninguna filmación. Pero el carecer del video no importa tanto; sabemos que fue tan real como la que más. Tenemos a mano los documentos donde está recogida la historia de los últimos instantes de ese hombre-Dios ajusticiado en una cruz junto a dos malhechores, en el monte Calvario, a las afueras de Jerusalén.

¡Qué bien nos vendría a todos repasar de vez en cuando esas páginas del Evangelio cargadas de dramático realismo! Y hacerlo no con ojos miopes, corazón tibio o mente superficial; sino abriéndonos a ese misterio con toda nuestra capacidad humana de asombro, de admiración, de sobrecogimiento, de gratitud.

Mucho me temo que algunos de nosotros ya hemos sedado nuestra sensibilidad ante la pasión y muerte de Cristo. ¡Qué lástima que veinte siglos hayan erosionado y desfigurado tanto la imagen de ese cuerpo crucificado!

¡Qué pena que ya no nos conmueva y estremezca! A fuerza de verlo en tantas partes, nos hemos acostumbrado a pasear delante de él con apatía e indiferencia. Ya no nos lacera ese rostro abofeteado y cubierto de salivazos, esa frente bañada en sangre y ceñida de espinas, ese torso sembrado de llagas y hematomas, esas manos y esos pies perforados por los clavos.

Todo eso, junto a otros insondables sufrimientos espirituales y morales, lo padeció Cristo, siendo inocente. Él no había cometido maldad alguna y no hubo nunca en su boca mentira. Él pasó por el mundo haciendo el bien. Y fue apresado como un delincuente, escarnecido como un demente, ajusticiado como un criminal.

Como cordero al degüello era llevado... y tampoco él abrió la boca. ¿Por qué? ¿Por qué ese modo de comportarse tan escandalosamente impropio de alguien que es Hijo de Dios? ¿Por qué su pasión? ¿Por qué su muerte? Y, ¿por qué en la cruz?

La respuesta, en el fondo, es una sola. Porque amaba inmensamente al Padre. Porque amaba locamente a los hombres. Porque amaba y ama a cada uno de nosotros; y con un amor llevado hasta el extremo, hasta dar su vida colgado de un madero. ¿Quién no se conmociona al descubrir detrás de ese crucificado el amor infinito y personal de todo un Dios hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación?

Dejemos que la contemplación del amor de Cristo, manifestado en su pasión y muerte, toque nuestro corazón y haga brotar en él la decisión de corresponder con un amor al menos semejante.
Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma

¿QUÉ SON LOS CARNAVALES?


Estas fechas abarcaban y lo continúan haciendo desde el domingo antes del Miércoles de Ceniza hasta el primer domingo de Cuaresma.

Por más que uno inquiera - a no ser que se sepa latín - no es fácil averiguar el origen de la palabra carnaval. Lo cierto es que parece provenir de carnem levare que no es otra cosa sino la privación de alimentos, entre los cuales sobresale la carne.

De ahí viene Carna vale”, es decir, adiós a la carne. Pero ahondando en significados, creo que la palabra más exacta para traducir la esencia de los carnavales es ésta: Currus narvalis. Este carro naval hacía un bello paseo romántico en barco con ruedas. Llevaba como pasajeros a hombres y mujeres con máscaras. Al son de la música bullanguera bailaban, cantaban sátiras contra todo y contra todos - sobre todo contra las autoridades. Y tal era la bondad y felicidad que inundaba a ellos y ellas que no cesaban de arrojar dulces a lo largo y ancho de su recorrido.

Calendario. No cabe duda de que estas fechas tenían y tienen su calendario propio. Abarcaban y lo continúan haciendo desde el domingo antes del Miércoles de Ceniza (este año cae el 25 de febrero) hasta el primer domingo de Cuaresma. Vulgarmente se le conoce como el domingo de piñata. Piñata es una olla o vasija que contiene dulces que se cuelgan en lo alto para romperla a golpes con los ojos vendados.

Cuando se estudia el carnaval hay que reconocer que lo que está en el fondo de todo ello son las fiestas primitivas del comienzo del año (primavera).

En la cultura romana y en todos los territorios dominados por el gran Imperio, el carnaval se centraba en torno a las fiestas Saturnales, es decir, fiestas en honor al dios Saturno y al dios del pan (fiestas Lupercales).

Durante ellas predominaba el desorden civil, no había unas medidas tan duras y estrictas contra los desenfrenos morales. En todos sitios había cantos satíricos. No se prohibía nada durante estos días. Todo estaba permitido. De ahí que arreciaran las críticas contra los poderes instituidos, como la autoridad, el poder y la religión.

Debido a muchos excesos, ha habido a lo largo de la historia países que los han prohibido por miedo a venganzas y por sobrepasarse en los ataques contra los poderes.
¿Qué se resalta en el carnaval?
Hay tres elementos comunes a todos los, carnavales en las ciudades y pueblos en que se celebran.

1) Culto al cuerpo. Esto n es de ahora. Cuando vemos los carnavales de Río de Janeiro (al que por cierto el gobierno ha donado 40 millones de preservativos los jóvenes), o los bellísimos de Santa Cruz de Tenerife o los famosos de Cádiz, la exaltación del cuerpo aparece como exorno fundamental. Y el origen radica en las fiestas romanas. Los soldados imperiales elegían al más guapo y lo proclamaban rey por un día. Las cosas han cambiado pero el fondo sigue siendo prácticamente el mismo.

2) El disfraz. Al adentrarse en el estudio de las fiestas, es curioso observar cómo todas ellas tienen un origen basado en lo religioso. El disfraz, antes, era una forma empleada para librarse de la influencia de los malos espíritus. Y una forma de lograr este objetivo, era colocarse la máscara para que no reconocieran a la verdadera persona. Otros dicen, al contrario, que era un modo de congratularse con los espíritus poniéndose en el rostro máscaras que, de algún modo, pudiesen imitarlos. Así se veían libres de sus maleficios y obtenían su benevolencia.

3) Lo grotesco. Este tercer elemento es, sin duda, el que más se exalta. Se trata de una auténtica locura en la bebida, comida, ruptura con todas las normas y costumbres y todo ello en una atmósfera en que la alegría se pasa en muchas ocasiones por efecto de lo que se bebe y se come. Son unas fechas en las que impera el libertinaje, días en los que muchos sienten la necesidad de hacer lo que en otros momentos no lo pueden llevar a cabo.

La ridiculez tiene su expresión plástica en los monigotes representativos de alguien a quien se insultan, se quema y provoca la risa entre todos los que viven los carnavales. Aparte de estos tres elementos comunes a todos los carnavales, hay que añadir la estética del colorido en los vestidos, carrozas, los concursos de belleza y otras muchas actividades que promueven las comparsas y chirigotas. Su preparación dura muchos meses.

Se están introduciendo ahora hasta en las mismas escuelas. Pienso que cuando el arte se mantiene en sus cánones, la moral en su sitio y el respeto, estas fiestas que preparan a una Cuaresma de penitencia y abstinencia como camino a la glorificación de Cristo en la Pascua, son bellas. Y todo lo que se bello, loable y bueno merece la pena que el pueblo lo cultive hasta el extremo. Un pueblo sin alegría sana, es un pueblo triste, decía Demócrito.
Autor: P. Felipe Santos

domingo, 14 de febrero de 2010

CINCUENTA MANERAS DE AMAR A SU PAREJA


1. Primero ámese cada uno a sí mismo.
2. Empiecen el día abrazándose.
3. Desayunen en la cama.
4. Díganse te amo cada vez que se separen.
5. Elógiense en forma espontánea y sincera.
6. Reconozcan y festejen sus diferencias.
7. Vivan cada día como si fuera el último.
8. Escríbanse cartas de amor inesperadas.
9. Planten una semilla juntos y cuídenla hasta su madurez.
10. Salgan juntos una vez por semana.
11. Envíe flores sin razón alguna.
12. Acepte y ame a los amigos y la familia del otro.
13. Escríbanse notas que digan te amo y colóquenlas por toda la casa.
14. Deténganse e inhalen el aroma de las rosas.
15. Bésense sorpresivamente.
16. Disfruten hermosas puestas de sol juntos.
17. Sean sinceros al disculparse.
18. Sean indulgentes.
19. Recuerden el día en que se enamoraron, y reconstrúyanlo.
20. Tómense de las manos.
21. Díganse te amo con los ojos.
22. Permita que ella llore en sus brazos.
23. Exprésele que lo comprende.
24. Brinden por su amor y compromiso.
25. Hagan algo que los anime.
26. Permítale que ello lo dirija cuando esté perdido.
27. Ríanse de sus chistes.
28. Aprecien su belleza interior.
29. Hagan las tareas de la otra persona por un día.
30. Alienten sueños maravillosos.
31. Exprésense muestras de afecto en público.
32. Dense masajes amorosos sin restricciones.
33. Escriban un diario de su amor y registren momentos especiales.
34. Tranquilice los temores del otro.
35. Caminen descalzos juntos por la playa.
36. Pídale a ella que se case de nuevo con usted.
37. Responda con un sí.
38. Respétense el uno al otro.
39. Sea el mayor admirador de su pareja.
40. Dé el amor que su pareja desea recibir.
41. Dé el amor que usted desea recibir.
42. Muestre interés en el trabajo del otro.
43. Trabajen juntos en un proyecto.
44. Constrúyanse una fortaleza con mantas.
45. Colúmpiense tan alto como puedan en un columpio a la luz de la luna.
46. Hagan un día de campo dentro de casa en un día lluvioso.
47. Nunca se acuesten enojados.
48. Ponga a su pareja primero en sus oraciones.
49. Dense un beso de buenas noches.
50. Duerman muy juntos.
Mark y Chrissy Donnelly
1 Corintios 13: 4-8
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser".

¡FELIZ DÍA DE LA AMISTAD!


Si tienes un amigo ya eres afortunado. Él se alegrará cuando estés alegre y llorará el día que partas.

Tratar de recordar desde nuestra infancia a nuestros amigos es difícil, sobre todo si los has dejado de ver por largo tiempo. No estoy hablando de compañeros de estudios o compañeros de trabajo, estoy hablando de aquellos que nunca olvidarás por lo que algunas vez hicieron algo espectacular por ti; por ese amigo que quizá hasta la vida dio por ti; por ese amigo que tú maltrataste y así y todo siempre está contigo y te recuerda.

Yo tengo dos amigos principales, ellos son Jesús y María

¿Los conoces? Si los conoces ¿ya te acordaste de saludarlos?

Esos dos corazones sólo tienen amor por ti, y han dado su vida por ti; siempre estarán contigo en las buenas y en las malas aunque tú no hagas lo mismo.

¡SON VERDADEROS AMIGOS!
¡APRENDAMOS DE ELLOS PARA QUE NUNCA NOS OLVIDEN!

¡FELIZ DÍA AMIGOS!
José Miguel Pajares Clausen
14 de febrero 2010

¿QUÉ HACER CUANDO SU CÓNYUGE ESTÁ FRÍO?


¡Muchas veces hay enfriamiento en las relaciones matrimoniales y si no se cuidan resulta ser muy peligroso!

La causa principal del enfriamiento en un matrimonio suele ser la rutina. Ambos cónyuges caen en un estado de inconsciencia con respecto a la realidad de que el matrimonio es como un organismo vivo que necesita alimento y cuidado permanente. La corriente de la vida y las responsabilidades del diario vivir hacen que muchos matrimonios pierdan interés en mantener la relación. Lo más grave es que esta situación es generalmente inconsciente.

Otra causa común del enfriamiento matrimonial ocurre por conflictos no resueltos que van minando la voluntad de uno de los dos o ambos. Esos conflictos no resueltos producen una especie de resentimiento que si no se saca a la luz y se conversa, se va acumulando como carga en una bodega y llega el momento en que la persona tiene una sensación de cansancio y de asfixia y ya no quiere seguir compartiendo con el otro(a).

Frecuentemente ocurre que como consecuencia de los conflictos no resueltos, las constantes discusiones, uno de los dos recibe atención de una tercera persona y esa relación empieza a crecer aprovechándose de la negatividad en el matrimonio. En este proceso naturalmente el cónyuge que está cayendo en la infidelidad se va volviendo cada día más frío y más ausente en el hogar.

Cualquiera que sea la causa del enfriamiento de uno de los cónyuges o de ambos, la medicina es la misma: Deben ponerse de inmediato en campaña para defender el matrimonio. Esto implica un cambio de actitud inmediato. En vez de pelear, asumir una actitud de conciencia y buscar ayuda con un consejero matrimonial, hacer un curso para matrimonios, asistir a eventos para Matrimonios, etc. Por si solos va a ser muy difícil que puedan salir adelante. Por lo general cuando una pareja llega a ese punto de enfriamiento en su relación, ya no tienen la fuerza emocional para arreglar las cosas por si solos, ya que hay mucho resentimiento y además no tienen el conocimiento ni las herramientas para salir adelante. Necesitan buscar ayuda urgente.

Si uno de los cónyuges no quiere buscar ayuda y el otro si, el que tiene la actitud de arreglar las cosas puede buscar ayuda individualmente. Es bastante frecuente que cuando uno de los cónyuges aprende a manejar los conflictos y cambia de actitud con guía y soporte adecuado, el otro cónyuge nota el cambio y poco a poco se dispone a aceptar también la ayuda.

No dejen que el enfriamiento en la relación llegue a niveles muy profundos, porque entre mas distanciamiento se dé, es más difícil y costoso es el regreso. Si ha habido enfriamiento en tu relación matrimonial, reconócelo y busca ayuda de inmediato. Ora y pídele dirección al Señor para buscar la mejor ayuda disponible.Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. ¡CUÍDALO!
Luis y Hannia Fernández.

REFLEXIONAR Y ACTUAR ANTE UNA CRISIS MATRIMONIAL


En la actualidad existe una creencia típica de la modernidad que consiste en creer que la afectividad y la razón se oponen entre sí.

La identificación de la afectividad con la autenticidad es fruto de una sensibilidad posmoderna que rechaza la visión racionalista, según la cual la esencia humana y la conciencia formarían una unidad inseparable. Así vemos a cantidad de personas que se comportan como si su vida fuese un calidoscopio de vivencia sin continuidad ni relación entre ellas. Personas ordenadas y eficientes en trabajos que requieren el máximo autocontrol se abandonan en actividades con las que intentan conscientemente anular la propia conciencia o en las que se da cabida a impulsos destructivos de la persona en sí misma o de su continuo biográfico. Para estos seres humanos la autenticidad consistiría en reconocer lisa y llanamente que eso que llamamos identidad personal es un mito que debe abandonarse; lo único que existe es un deseo polimorfo, dirigido exclusivamente por el principio de búsqueda de placer. O para otros, más allá de las apariencias y de las formas de la tradición y cultura occidental se hallaría la verdadera realidad, cuya puerta de acceso son los sentimientos y la pretensión de sacar a la luz la propia autenticidad, liberándola de los escombros de normas y leyes que han sido arrojados sobre la subjetividad por siglos de educación y cultura, lo que equivaldría a considerar ese núcleo del yo como dotado de una bondad natural; por ello, el sentimiento, o la escucha atenta a las inclinaciones que brotan de la subjetividad, se convertiría en el guía para orientarse en el vivir cotidiano, independientemente de que ésta contenga comportamientos que los demás juzguen irracionales o inmorales.

Esta es una concepción del hombre que se nota incluso en las organizaciones políticas nacionales e internacionales y se caracteriza por un individualismo que infravalora la capacidad innata del hombre de desarrollarse y de abrirse a los demás. Esta concepción tiende a reducir al hombre a la mera dimensión biológica, se olvida de que el ser humano desarrolla su personalidad continuamente desde el instante de su concepción hasta la muerta, a través de un proceso de educación continuo y del ejerció de sus facultades superiores: la inteligencia y la voluntad que lo habilitan a autoposeerse, a ser libre y a ser capaz de comprometerse con una proyección biográfica responsable. Es decir, que la personalización incide en el perfil concreto que adquiere un sujeto gracias el modo de orientar su propia existencia, el hombre al mismo tiempo es y se hace.

Cada persona humana posee aptitudes concretas y diversas a las de los animales, que le distinguen y lo colocan por encima de todos los seres vivos, que deberá utiliza para actualizar el ser potencial que se encierra en sí mismo y en su matrimonio. Pero, la naturaleza humana está dañada por el pecado original y esto, en muchas ocasiones dificulta descubrir lo que debemos decidir para actuar y crecer como creaturas queridas por Dios y destinadas a su amor eterno. El hombre es materia apta para la virtud y para el vicio, y se puede moldear desde valores o contravalores gracias a la flexibilidad de la libertad y a su proyección biográfica. Por eso, la formación de una conciencia bien formada es una responsabilidad irrenunciable de cada quien, que permite el desarrollo de lo potencial y de lo posible del sujeto, según su naturaleza y dignidad.

La persona es aquel individuo distinto a cualquier realidad del entorno, que se caracteriza por ser de naturaleza racional y relacional. Es un sujeto vivo (no un objeto), que encierra en sí grandes realidades imprevisibles, pues rompe con todo programa o instinto. Es un quien (no un qué) que se vive desde su intimidad y desde donde percibe el mundo que le rodea, lo conoce, lo desea y lo asume como propio. Pero, además, lo trasciende pudiendo dar un sentido y un significado a lo que le rodea y a sus acciones que rebasa lo meramente bio-somático.

Por eso, es un error cuando a las personas y especialmente al cónyuge o a los hijos se les ve únicamente desde fuera pues se corre el riesgo de cosificarlos; hay que verlos como un acontecimiento dramático único e irrepetible, como un alguien que se vive como yo, con la misma dignidad y que siempre es novedoso pues es acontecer biográfico, con capacidad de iniciativa y una subjetividad tan rica de conocimientos, tendencias, sentimientos, etc. que es imposible que pase desapercibida. Las personas que forman nuestra familia son: un alguien, un yosemejante a , en los que nos descubrimos como valiosos y gracias a los que nos personalizamos a través de la convivencia amorosa, desinteresada y continuada por toda la vida. La familia es el único lugar donde se nos acoge por lo que somos y no por lo que tenemos o aportamos. En la familia se vive y se con-vive a través de un diálogo de amor inteligente y voluntario, en que cada uno se abre a los otros; acoge y es acogido, de forma natural, para formar una común-unidad interpersonal, que se perfecciona con la común-unidad con Dios. Esto es así porque, el origen de la persona se encuentra en Dios, hasta el punto que lleva grabada en su propio ser la imagen divina de relación interpersonal de amor, total, permanente, fiel, generoso y creativo de Dios. Pero, no sólo eso, al encarnase el mismo Dios en nuestra naturaleza humana ésta adquiere una dignidad superior que ha sido elevada para facilitar nuestra participación de lo divino. Y para los Bautizados se inaugura en la existencia humana tal novedad que lo divino se injerta en lo humano y en el hombre se inician relaciones teologales con Dios.

En consecuencia, la persona no puede actuar y ser tratada de cualquier modo. La condición personal del individuo no se puede guiar por la simple espontaneidad, menos aún por la fuerza de los instintos, sino que, tanto su índole “racional” como la libertad que se origina de su condición espiritual, y sobre todo, su calidad de “hijo de Dios”, imponen al hombre un tipo de conducta y reconocimiento, que exige un comportamiento que refleje la altura de su ser:

· Corpóreo-espiritual: con libertad, conciencia y afectividad iluminadas por la reflexión inteligente que descubre lo bueno, lo bello y lo verdadero; y de la voluntad que le permite alcanzar lo que le perfecciona y le acerca a su fin de amor...
· Inclinado al mal: por lo tanto, necesita estar alerta y no ser ingenuo, además de buscar los medios para superar tal inclinación (para los cristianos, los sacramentos).
· Con naturaleza social: que le permite comunicarse con los demás y llevar a la convivencia las exigencias que implica la dignidad personal del ser humano y superar el egoísmo individualista, para buscar el bien común.
· Ético: Las exigencias morales brotan de la propia estructura de su ser y no por imperativo de las costumbres, de la sociedad o de las religiones.
· Insertado en la historia: Por lo tanto, cuenta con el tiempo y su actuar para hacerse, para proyectarse.
· Con apertura a la trascendencia: Por lo tanto, quien intenta cerrarse en si mismo se empobrece. El hombre se siente religado a un ser superior al cual debe su existencia y al cual orienta su vida. Dios lo invita, lo convoca al amor íntimo con Él a través del seguimiento e imitación de Cristo que nos une a Él gracias al amor que le tiene al Hijo (por eso, entre más nos parezcamos y estemos unidos al Hijo, seremos más gratos a su vista).
· Con una dimensión sobrenatural del ser y de la existencia (en el bautizado): La vida del hombre comunicada con la de Dios, demanda un comportamiento que conduce a la trasformación en Cristo. Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2,20). Pero, que depende de la libertad de cada quien.

El matrimonio siendo una institución natural, se define como la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, que se considera sacramento entre los bautizados debido a su inserción en lo divino. La esencia del matrimonio consiste en la unidad en el ser, que surge del consentimiento libre de los cónyuges, por el cual el varón y la mujer se entregan y se aceptan en compromiso de amor para constituir un matrimonio y una familia, que implica la unidad y su proyección en el tiempo, que a su vez, facilitan la obtención de las riquezas del matrimonio: el enriquecimiento y cuidado mutuo entre los mismos esposos, y la de las nuevas vidas personales surgidas de su amor y de su desarrollo biográfico y su educación.
La constitución somático-psíquica del ser humano es de alteridad y complemento, de ahí que la vocación común del hombre y de la mujer sea el matrimonio. No es bueno que el hombre este solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada para él (Gen 2,18). La entrega total y para siempre, a imagen de la de Dios, contribuye a la felicidad de ambos. Porque, al ser una unidad de vida y amor, el matrimonio implica un programa completo de existencia humanizada. El amor auténtico entre marido y mujer, manifestado de varias maneras, por ser eminentemente humano, ya que va de persona a persona con el afecto de la voluntad, abarca y descubre el bien de toda la persona y por lo tanto, es capaz de enriquecer con una dignidad especial las expresiones del cuerpo y del espíritu y de ennoblecerlas como elementos y señales específicas de la amistad conyugal. Este amor que asocia lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, que se comprueba por sentimientos y actos de ternura, e impregna toda la vida y que por su generosa actividad crece y se perfecciona. Supera, por tanto, con mucho la inclinación puramente erótica, que, por ser cultivo del egoísmo, se desvanece rápida y lamentablemente. El amor en el matrimonio se debe expresar y perfeccionar singularmente con la acción propia de los cónyuges.

La afectividad es uno de los componentes inseparablemente unidos al ser corpóreo-espiritual del hombre. El ser humano es en su totalidad varón o mujer desde la realidad misma de su ADN, por lo tanto, la sexualidad es la condición orgánica y psíquica que caracteriza al ser humano en cuanto hombre y como mujer. El sexo en la persona afecta a lo más primitivo de la constitución orgánica, dado que ser macho o hembra se determina por sus genes y por lo tanto, lleva cargas muy altas de afectividad. Pero, la sexualidad se integra también en todas y cada una de las manifestaciones espirituales del individuo. Por eso, hay que armonizar la sexualidad con el amor, que a su vez, es su finalidad. Los elementos de la sexualidad humana que se integran en la unidad de la persona en el matrimonio son:
· La genética: nos dice que 44 cromosomas + 1 cromosoma X y 1 Y, es lo que constituye el sexo masculino. Y 44 cromosomas + 2 cromosomas X es igual a sexo femenino. El origen genético de la sexualidad se da desde la concepción y se mantiene durante toda la vida de la persona.
· La morfología: es consecuencia de la constitución genética, que produce una distinción en casi todos los miembros del cuerpo, que los hace complementarios y adecuados a su misión como varón y como mujer unidos a la finalidad procreadora inscrita en la misma sexualidad.
· Los instintos: responden a la necesidad de comunicar y perpetuar la especie pero, en el ser humano los instintos pueden reconducirse racional y voluntariamente.
· Lo racional: todo lo humano, hasta los instintos, está atravesado por la racionalidad y por lo tanto, los hombres viven y actúan de forma diversa a los animales, dando sentido a su vida y eligiendo o rechazando los impulsos y los deseos que se le presentan, para dar continuidad y perfección a su existencia.
· La voluntad y la libertad: el hombre dispone libremente sobre su actuar y por lo tanto, es responsable de las consecuencias que se deriven del mismo, que habrá de elegir también.
· Lo afectivo-sentimental: La sexualidad humana, dado que desde la genética tiene un sentido de complementariedad entre el varón y la mujer, va unida a los afectos y al amor, es una afectividad sexuada e inteligente que habrá que fomentar y acrecentar con las acciones de los cónyuges durante la vida del matrimonio y su desarrollo biográfico, favoreciendo la unidad que son.
· Lo placentero: la sexualidad va unida al placer: sensible y afectivo que supera cualquier disfrute humano porque por un lado, el placer sensible es tal que San Agustín decía que hace perder la racionalidad y por otro lado, ese placer es mayor y llega al nivel más alto posible para el ser humano debido a que va precedido y acompañado del amor profundo que se tienen los esposos, que logran el encuentro interpersonal y la autodonación y comunicación total en lo que son en esencia y no en lo que tienen.
· La procreación: de forma natural el ejercicio de la sexualidad se sigue por la procreación de un nuevo ser nacido del amor de los padres y de Dios, en el amor de una familia y de la creación, y para el amor interpersonal que incluye el humano y el divino.

Los cónyuges tienen la responsabilidad de sacar adelante este proyecto de amor de Dios impreso en su propia naturaleza y por lo tanto, posible de realización, con la ayuda de la Gracia, ya que lo eligieron libremente. Como cualquier proyecto que valga la pena, el proyecto conyugal implicará también esfuerzo, tiempo, dedicación, paciencia, compromiso, ilusión, dedicación, estudio, proyección de futuro, balances continuos, rectificaciones, alegrías, tristezas, logros y fracasos, muchos cuidados y previsiones. No es un proyecto que se deba dejar al azar o al destino o a las circunstancias de la vida, porque en él va implicada la felicidad presente y eterna de los esposos y de sus hijos, y tal vez de gente allegada a ellos que los tomen como modelo. Lo importante es no perder de vista la meta: la perfección a la que está llamado cada uno de ellos y su relación matrimonial. Conociendo estas dos realidades, se pueden elegir y poner en práctica todas las acciones que fomenten la unidad que son y la acrecienten; se trata de salir de sí mismos y de querer ser un bien para el otro. Es cuestión de hacerse cargo del propio destino y ponerse al timón del barco de la vida, que habrá de conducirnos a las profundidades del amor y de la plenitud, belleza, bondad y perfección que ofrece.
Blanca Mijares

BIENAVENTURADOS


«Llama la atención que San Mateo diga que este sermón tuvo lugar en el monte y estando sentado el Señor. San Lucas dice que lo predicó en un sitio campestre y de pie. En esto se manifiesta que San Mateo habla de un sermón y San Lucas de otro. ¿Qué importa el que Cristo repitiese alguna cosa que ya había dicho antes o hacer otra vez lo que ya había hecho? Aunque esto hubiese sucedido en alguna parte determinada del monte, se sabe que Jesucristo estuvo antes con sus discípulos cuando eligió doce de ellos. Después bajó, no del monte, sino de la misma cumbre del monte, a un lugar campestre, esto es, a alguna llanura del mismo monte en donde pudiesen caber muchos. Allí estuvo de pie hasta que la gente se reunió a su alrededor, y después, habiéndose sentado colocó cerca de sí a sus discípulos y en esta disposición dirigió la palabra lo mismo a sus discípulos que a la demás gente, pronunciando aquel sermón que refieren San Mateo y San Lucas con diversa forma pero igual en el fondo» (San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 19).

Cristo comienza su predicación hablándonos de la bienaventuranza, algo fácil de entender porque ¿quién no quiere ser feliz?

Las Bienaventuranzas son las diversas etapas de un camino que nos lleva a la cumbre de la perfección, sacándonos de la oscuridad del pecado y transportándonos a la contemplación de Dios.

En primer lugar, Jesús enseña que la felicidad del hombre se encuentra únicamente en Dios: Las cosas de este mundo no nos satisfacen... vamos buscando algo más grande. La verdadera felicidad se encuentra únicamente en Dios. La posesión de Dios colma las aspiraciones más altas de nuestra vida.

Después, nos indica los medios para conseguirla, que por ser tan opuestos a nuestro pensar humano, el mundo considera como inexplicables contradicciones.

El mundo llama bienaventurados a los que abundan en riquezas y honores, viven alegremente y no tienen ocasión alguna de sufrir. Por el contrario, Cristo nos ha propuesto las Bienaventuranzas para que detestemos estás máximas del mundo y nos estimulemos a amar y practicar las máximas de su Evangelio.

Termina prometiendo la felicidad a los que ponen esos medios.
Bienaventurados Jesús no promete la felicidad y la salvación a unas determinadas clases de personas que aquí se indicarían, sino a todos lo que le sigan y le imiten. Los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los de corazón limpio... no indican grupos distintos de personas a los que basta pertenecer para ser feliz, son más bien, diversas exigencias para seguir a Cristo.

Porque serán Los diversos premios que promete Jesucristo en las bienaventuranzas significan todos, con diversos nombres, la gloria eterna del cielo; aunque también son medios de llevar una vida feliz, cuanto es posible en este mundo.

Ahora se trata de elegir porque estamos a tiempo: Preferir eso que llamamos equivocadamente gozar de la vida, porque se tiene el goce transitorio de unas pasiones vergonzosas que terminan en el infierno. O realizar en cada uno de nosotros esas propuestas de las Bienaventuranzas y sentir un día la caricia paternal de Dios en las alegrías del cielo.

Jesús, al pronunciar ese sermón, sabía que ya algunas almas habían cumplido perfectamente este ideal de vida: en su mente estaba la figura de la Virgen María y de San José. Y sabía que otros muchos seguirían sus enseñanzas y serían felices para siempre (precisamente, el evangelio de las Bienaventuranzas se lee en la fiesta de todos los Santos).

Al Corazón de Cristo y a la intercesión de todos ellos nos acogemos: para que, recorriendo este camino de las Bienaventuranzas y sobre todo aprendiendo a ponerlas en práctica, merezcamos un día tener parte en la eterna felicidad.
Ángel David Martín Rubio

DÍA DEL AMIGO - 14 DE FEBRERO


Gracias a un argentino, el Doctor Febbraro, que tomó la llegada del hombre a la luna como un motivo de unidad mundial, cada año podemos celebrar este día junto con nuestros seres queridos, esto se ha ido extendiendo a más de 100 países del globo.

Esta conmemoración produce algunos síntomas propios de esa necesidad de comunicación que nos ataca en esta fecha, por ejemplo: la caída de los sistemas informáticos y telefónicos como consecuencia de los mensajes de texto; el derrumbe de los servicios de mail, como así mismo de otros servicios que hacen al acercamiento entre las personas. Las emisoras de radio aprovechan la ocasión para realizar sus promociones y atraer a los más jóvenes, y los lugares con espacios de reunión se ven colmados y reservados con varios días de antelación, sin que haya virus que aplaque esta tendencia.

Por estas latitudes se hace complicado circular en este día en particular, ya que todos salimos a la calle con nuestros amigos de la mano y queremos que la población entera nos vea, de ser esto posible. Sin dudas, la amistad es uno de los valores y sentimientos más importantes para el hombre. Somos gregarios por naturaleza, y es sumamente importante para cada ser humano, en reglas generales, poder pertenecer a un grupo determinado. Tener amigos es, sin dudas, una gran alegría y estímulo que hace de nuestras vidas dignas de ser vividas.

Lo curioso de este asunto, y que mueve esta reflexión, es el hecho de que la amistad requiere de cierta capacidad para hacer algo por el otro, ya que es inimaginable pensar en alguien egoísta como el mejor amigo de uno, ¿verdad? A ninguno de nosotros nos atraen las personas egocéntricas, aquéllas que solo piensan en sus propios deseos y necesidades. En contraposición, es reconocido por muchos sociólogos que estamos viviendo una de las épocas más egocéntricas y ególatras nunca antes vista. El narcisismo y el hedonismo nos invaden como una pesadilla y nos proponen un estilo de vida en donde solo importa MI imagen y MIS deseos. Esta tendencia o estilo de vida se contrapone con la idea que tenemos de la amistad que, como mencioné, requiere de cierta entrega hacia los demás. A la luz de esto, es positivo que haya tantas personas que puedan contar con un grupo estable de amigos con los cuales relacionarse.

Sin embargo, al analizar esto, hay un número en la ecuación que a mi me está faltando. Y me pregunto ¿cómo es posible que haya tanto conflicto en el mundo habiendo tantas personas que se llevan tan bien? Es casi lo mismo que preguntarse ¿cómo es posible que haya tantas guerras habiendo tantos millones de creyentes que proliferan por la tierra y que profesan una creencia? Y la respuesta a este asunto usted la está intuyendo junto conmigo: ni son todos tan amigos, ni son todos tan creyentes, obviamente.

Cuando nos referimos a la amistad, al amor, a creer en Dios, sin dudas estamos refiriéndonos a hechos más que importantes en nuestras vidas. Relegar estos asuntos a meros actos comerciales o costumbristas, es quitarles su valor intrínseco, y reducirlos a otro hecho comercial del cual debemos formar parte por costumbre. Si nos dejamos arrastrar por este mercadeo, que solo busca cosificarnos, perderemos el valor verdadero de la amistad, y solo será otra fecha en la que deberemos cumplir con otros, por obligación.

Tal vez sea un ejercicio para realizar en esta fecha, cuando estemos reunidos con nuestros respectivos amigos, tratar de ser honestos con nosotros mismos y poder determinar quiénes de esas personas son realmente amigos. A mi mismo me ha pasado, como a usted, tener que descubrir, no sin algo de dolor, que algunos de los que creía amigos eran solo aprovechadores del momento, tratando de sacar una tajada de algo que no existe. Algunos quizás sean más cómplices que amigos, solo el tiempo y la experiencia nos podrá abrir los ojos y los corazones. Lo cierto es que a esta altura de mi vida no puedo decir que tenga una gran cantidad de amigos, pero si puedo afirmar que quienes forman parte de ese núcleo exiguo son personas maravillosas, que me hacen ver luz donde no la hay, y esperanza donde solo había resignación. Sin amigos con quienes compartir la vida, en lugar de vivir estaremos reptando por este mundo sin un horizonte a lo lejos. Y si no hay un horizonte, ¿para qué caminar? Si efectivamente tiene amigos verdaderos, agradézcale a Dios semejante bendición, ya que para como se ven los acontecimientos mundiales…

No es poca cosa.
Y mientas escribía estas líneas pensaba en que todos queremos rodearnos con personas que nos respondan y estén en nuestra misma frecuencia. Y me pregunto ¿cuántos amigos tendrá Dios? ¿Se nos ocurrió alguna vez imaginar que tal vez Dios mismo quiera tener alguien en quien confiar, alguien a quien contarle sus cosas? A mi sinceramente me molestaría tener a un presunto amigoque me venga a pedir cosas constantemente, sin preguntarme si preciso algo, sin saber como estoy o que me pasa. Sin embargo, muchos de nosotros solo recordamos a Dios cuando algo nos falta, cuando tenemos alguna carencia. Tal vez en esta fecha podamos dedicarle un segundo a este asunto, y así consolar a un Dios que debe estar haciendo horas extras a la vista de como nos comportamos muchos de Sus hijos. Es solo una idea, se lo digo como amigo.
Ricardo Gómez

¿QUÉ CELEBRAS TÚ EL 14 DE FEBRERO?


Hay que rescatar un amor que dure, que resista, que no se rompa con el paso del tiempo.

El 14 de febrero se celebra el día del amor y la amistad. Lástima que una realidad tan hermosa se haya denigrado tanto. Porque hoy se llama amor a cosas sublimes y a cosas denigrantes. ¿Qué celebras tú el 14 de febrero?

Hay que rescatar el amor, ese valor maravilloso que existe en el mundo. Rescatar el verdadero amor en tantos noviazgos. Rescatar el auténtico amor en los esposos. Un amor que dure, que resista, que no se rompa con el paso del tiempo.

Y digo rescatar, porque se mezcla la perla con el barro, el egoísmo con el más puro amor. Y unos se quedan con el barro y otros se quedan con el amor. Por ello, hay que separar el oro del barro, hay que purificarlo. Porque el día que perdamos el amor, el día que no haya amor en la tierra, estaremos totalmente perdidos.

Todo depende de la fuente de ese amor, el corazón. Nadie da lo que no tiene. Si el corazón es limpio, si el corazón es puro, si el corazón está sano, el amor que de él proceda será auténtica perla, auténtico amor. Si el corazón está podrido, no podemos pedir que brote de él un amor auténtico sino puro egoísmo.

Preguntémonos: ¿Qué clase de amor es el que hay en nuestro corazón? ¿Dónde está el verdadero amor? Que me lleven allí, o me muero.
Autor: P. Mariano de Blas LC

sábado, 13 de febrero de 2010

EL TIEMPO QUE NOS RESTA


Nadie sabe el tiempo que le resta a uno para abandonar este mundo. Y sin embargo todo el mundo daría algo por saber cuándo se va a morir.

Hay personas que por razón de una enfermedad, los médicos le han asegurado que solo vivirá x años, pero sin tener en cuenta los patinazos que con su mejor buena fe estos profesionales se pegan, la realidad es que a los demás también nos dicen las estadísticas, que por término medio viviremos tantos años. Y aún en el caso de que rebasásemos el término medio, todos sabemos que nunca vamos a cumplir los 120 años.

San Agustín decía: Todo lo que tiene fin, es siempre breve, y nosotros tenemos un fin en esta vida que ya está marcado aunque lo ignoremos el cuándo. El paso del tiempo nos acerca a Dios, cada día que pasa estamos más cerca de Dios, porque bien es verdad que cada día, en cada momento nos acercamos a la muerte. La vida es una carrera hacia la muerte, decía San Agustín, pero detrás de la muerte está Dios esperándonos. La muerte es la puerta de la esperanza, porque tras ella lo que se espera se hará realidad.

El tiempo en una definición genérica es: La medida de la duración del movimiento de todo lo que está sujeto a mudanza. Pero pensemos de antemano, que lo que está sometido a mudanza es todo aquello que se comprende en el orden material. La materia siempre muere o perece; la física nos dice que la materia nunca perece, sino que solamente se transforma, pero la transformación es una forma de desaparición. En el orden del espíritu, reina el principio de la inmortalidad eterna.

Para nosotros el tiempo es como dogal que Dios nos ha puesto Para que seamos conscientes de que toda prueba tiene un principio y tiene un fin. Este dogal o servidumbre, tiene la función de impedirnos a los hombres, tener una noción exacta del pasado y del futuro. Ignoramos lo que pasará en el futuro, y en cuanto al pasado el propio tiempo transcurrido nos desfigura la realidad de lo que realmente ocurrió. Con el paso del tiempo, en la mente humana, la fantasía y la imaginación, van modificando a su conveniencia las vivencias almacenadas en la memoria, aceptándose las nuevas versiones como auténticas, y enterrándose las iníciales que son las auténticas. Y de tal forma se modifican, que incluso llegan a crearse situaciones que nunca existieron, y que a fuerza de repetirlas, la persona llega a auto convencerse de que si ocurrieron.

En la eternidad, el tiempo no existirá. Todo será siempre: presente pasado y futuro en un mismo momento o instante. Dios ha querido que esto fuese así, pues si tuviésemos una visión conjunta del pasado del presente y del futuro, seríamos eternos, y aquí hemos venido, a superar una prueba de amor a Dios. Aquí estamos de paso, y este paso nuestro por la tierra es completamente anecdótico. Porque... ¡vamos a ver! ¿Qué significan ochenta, noventa o cien años para la eternidad?, nada una minucia. Nosotros no hemos sido hechos para el tiempo, sino para la eternidad. Dios nos ha puesto este dogal del tiempo para nuestra santificación y este también tiene la función, de que ignoremos cual es la fecha en la que se acabará nuestra prueba. Solo en la eternidad, seremos libres de la esclavitud del tiempo. Nuestras ideas distorsionadas acerca de lo que es y representa la eternidad, o la infinitud, adquirirán una dimensión correcta y exacta, lo que nos permitirá comprender muchas cosas que ahora son enigmas para nosotros. Es entonces cuando seremos conscientes de ver o comprender la grandeza de Dios, y lo ridícula que es esta vida que en nuestra ignorancia tratamos de prolongar.

Dios nos ofrece la oportunidad de santificarnos de llegar a ser hijos suyos, y nos da un tiempo de paso por esta vida. Seamos pues cicateros con ese tiempo y no lo malgastemos. Escribe Fernández Carvajal: “El tiempo es un don de Dios; es una interpelación del amor de Dios a nuestra libre y decisiva respuesta. Debemos ser avaros del tiempo, para emplearlo bien, con intensidad en el obrar, amar y sufrir”. Debemos de ser avaros con el tiempo que nos resta, porque el tiempo pasado nunca vuelve, no existe una segunda oportunidad. Un antiguo proverbio persa, dice que hay tres cosas que nunca vuelven: la flecha tirada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida. Y los africanos disponen de otro proverbio que dice: El amanecer no llega dos veces al despertar de un hombre.

San Alfonso María Ligorio, escribía: Todo tiempo que no se emplea por Dios es tiempo perdido. Ahora es cuando tenemos la oportunidad de aumentar nuestra capacidad de amor a Dios, cuando se acabe nuestro tiempo, nos quedaremos tal cual, estemos en ese preciso momento. Al que haya forjado una gran vasija, Dios se la llenará igual que al que la haya forjado una pequeñita, pero el de la vasija grande tendrá más capacidad de gloria, que el de la pequeña. Siempre seremos saciados en lo que hayamos creado, pero si amando a Dios, somos ambiciosos, hemos de aprovechar el tiempo que nos resta en crear una gran vasija, este santo San Alfonso María Ligorio, nos pregunta: “¿Quieres ahora saber cual será tu casa en la eternidad?… Será la que merezcas; la que te fabriques tú mismo con tus obras.

Tomás de Kempis, también escribía: Ahora que tienes tiempo acapara todas las riquezas espirituales e inmortales que puedas y no te preocupes de nada, salvo de la salud de tu alma, y de las cosas de Dios. Se dirá: yo no puedo dedicar todo el tiempo a Dios, tengo que trabajar, estudiar, comer, y distraerme sanamente. Cierto, así es y Dios quiere que todo eso lo hagas, para ello te ha colocado en la vida con unas determinadas obligaciones. Lo que El quiere, es que todo lo que hagas, sea trabajar, estudiar, comer, o distraerte lo hagas siempre en función de Él, por Él, en Él y para Él. Así podrás prosperar en el camino hacia Él.

Solo tenemos una oportunidad, no hay posibilidad de reencarnación, tal como nos dicen que existen, las filosofías o religiones orientales, y sus adeptos occidentales. Ni en el Islám, ni por parte de los hebreos, ni por supuesto los cristianos, se aceptan estas teorías sin fundamento alguno, más nacidas del deseo de no morir y quedarse aquí para siempre que en mayor o menor medida más de uno tiene, que realidades que razonablemente se puedan aceptar. Sea poco o mucho, el tiempo que pensemos que nos queda, tratemos de aprovecharlo lo mejor posible. El minuto o la hora que se nos va, nunca más ha de volver. Empleemos nuestro tiempo en superar con la máxima nota la prueba de amor, para la que estamos aquí con nuestro dogal del tiempo puesto.

Quiero terminar esta glosa con unos antiguos versos españoles, que deben de hacernos meditar, estos dicen así:
Mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que vas a morir, mira que no sabes cuándo.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

CON MARÍA, CAMINANDO LA CUARESMA...


Toma tu cruz y sígueme”. Así, “tu cruz, no la ajena, no la que te gustaría, sino la tuya, la conocida, la que crees no merecer y que, sin embargo, te lleva a la eternidad.

Convertíos, y creed en el Evangelio”... repetirá una y otra vez, el sacerdote en la imposición de las cenizas. Convertíos.

-Pero ¿No se supone, Madre querida, que ya estamos convertidos? Digo, estamos aquí, en misa, creemos en tu Hijo, ¿por qué nos dice esto?”

Miro tu imagen, tu conocida y querida imagen, Señora de Luján, y te pido disculpas por mi ignorancia, pero mi amor a tu Hijo necesita respuestas....
-Hija querida, puedes preguntarme todo, todo lo que no comprendas, porque cada pregunta tuya, cada búsqueda de la verdad es una caricia a mi corazón entristecido. Y nada me hace más feliz que contestarte, mostrarte los caminos a mi Hijo, tomarte de la mano y llevarte a Él, pues muchas veces veo que no te atreves a caminar sola...”

Es cierto, María, muchas veces me quedo atrapada en mis miedos, mis dudas, mis ignorancias, pero me consuela saber que puedo extender mi mano en la plenísima seguridad de que siempre hallare la tuya.

-Para aclarar tu duda te digo que ese 'Convertíos' que tanto te descoloca es como una puerta para comenzar a caminar tu cuaresma...”
-“¿Mi Cuaresma, Señora?”
-, tu Cuaresma... como te hable un día de tu propio camino hacia la Navidad, debo hablarte ahora de tu propio camino de Cuaresma...”
-Explícame, Señora
Me quedo mirando tu imagen fijamente, me abrazas el alma y me llevas de la mano a los lejanos parajes de Tierra Santa...

Era invierno (Jn 10,22). El viento helado cala hasta los huesos, caminamos entre la gente y te sigo, sin saber adónde. De repente nos encontramos frente a las escalinatas del Templo de Jerusalén. Allí Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver como la gente echaba dinero para el tesoro (Mc 12,41) Nos vamos acercando lentamente, yo temo de que alguien advierta mi presencia...
-“No temas, nadie puede verte, solo Jesús y yo...”
Recuerdo muchas veces en que creí que nadie podía verme, y siento vergüenza por todos mis pecados escondidos...
-Señora ¿qué hacemos aquí?”
-Quiero que comiences a caminar tu cuaresma, y que la vivas tan plenamente como te sea posible
-Supongo que eso será muy bueno para mí
-No sólo para ti . Verás, si todo el dolor de esta cuaresma de tu vida, lo depositas en mi corazón, si vives tu tristeza, tu angustia y tu soledad como un compartir la tristeza y soledad de mi Hijo, entonces, querida mía, no sólo será beneficioso para tu alma, sino que yo lo multiplicaré para otras almas...”

Asombro, esa es la palabra que podría definir todos mis encuentros contigo... asombro; ante la magnitud de tu amor, ante la magnitud de la misericordia tuya y de tu Hijo... Asombro y alegría... una dulcísima alegría de saberme tan amada.
-Mira, hija, el rostro de Jesús...”
Contemplo el amadísimo rostro. Su mirada está serena, aunque inmensamente triste.
-“¿Por qué esta triste el Maestro, Madre?”
-Pregúntaselo hija, vamos anda...”
Confieso que me tiemblan las piernas y el corazón amenaza con salir de mi pecho pero, increíblemente, una serena paz me inunda el alma...
-Señor - y no encuentro palabras. Sí, todas las palabras que transito diariamente y cuyos rostros y voluntades creo conocer, todas las palabras con la que he justificado mis olvidos, parecen desvanecerse antes de que pueda atraparlas. Vuelan, como pájaros espantados, no se sienten dignas, comprendo entonces que sólo el amor es digno. Por fin, atrapo las más puras...
-Señor, déjame compartir tu tristeza...”
Oh, Señora mía, tu Hijo vuelve sus ojos mansos hacia mí y su mano se apoya en mi hombro.... mi alma se estremece ¿Quién soy yo, para merecer tal detalle de amor?
-“¿Por qué me pides eso?”
-Porque te amo, y no tengo nada digno para darte que te alivie - mi voz es apenas un susurro - Porque me amas y sé que estás pasando todo esto para que yo tenga vida eterna. Tú nos pides que carguemos la cruz y te sigamos, Maestro pero yo... ¡yo no sé cómo se hace eso!”
Y me deshago en llanto, y me siento pequeña, insignificante, tan pecadora e indigna que quisiera salir corriendo...pero ¿Adónde? Adonde iré, Señor mío, si sólo tú tienes palabras de vida eterna.
-Hermanita del alma - y tu voz mansa calma y disipa mis tempestades - si quieres seguirme, niégate a ti misma, carga con tu cruz de cada día y sígueme

Jesús me mira y su mirada traspasa todas las corazas con las que intento cada día disfrazar mi corazón. Quisiera que viese el paisaje que Él espera, no el que mi tibieza y olvidos construyeron neciamente. Pero ya es tarde para pretender eso… o no. Tu misericordia, Señor, es un torrente inagotable que puede sanar el corazón más destruido, el más olvidado, el más solitario.

Unos hombres se acercan. Probablemente sus apóstoles. Jesús se retira y María, que está a pocos pasos escuchando cada palabra, se acerca a mí. Tomándome por los hombros, me lleva a las afueras de la ciudad. Allí, en un reparo tibio doy rienda suelta a mi llanto...

Ella nada dice, sólo me mira con infinita ternura.

-Ay, Madre, Madre, ¡Cómo puedo ser tan torpe!. El Maestro es tan sencillo y claro para hablarme, que se supone debo entender ¡Pero no, no entiendo! ¡No sé como llevar a mi vida de cada día sus preciosísimos consejos! ¡Ayúdame, por piedad!”

Colocas delicadamente mi cabeza en tu hombro...¡Qué remanso para mi alma dolorida!...
-Hija, intentaré explicarte más detalladamente, no sólo para que comprendas sino para que te determines a caminar
-Te escucho, Madre, mi corazón tiene tanta sed de tus palabras
-Bien, comenzaremos por lo primero que te dijo Jesús: ¿Por qué me pides eso?. Él sabe que tú no le pedirías caminos si no fuese que el Espíritu te ha creado esa necesidad. Tú no amaste a Jesús y Él te escuchó, sino que Él te amó primero. ¿Comprendes la diferencia? Que tú le busques, le necesites, es una clara señal de que Él te ama. Luego te dijo las condiciones para seguirlo. Veamos esto parte por partes: ‘Si quieres seguirme. No se trata de que te acerques por interés de conseguir algo que deseas, porque te sientes sola y no encuentras nada mejor o porque se supone que debes hacerlo. Nada de eso. Se trata de que quieras y ese querer parte de una gracia del Espíritu que tu corazón escucha y acepta. Luego te dijo: ‘Niégate a ti misma. Allí te esta pidiendo que cultives, en lo más profundo de ti, la humildad y que la dejes crecer sin ahogarla con tu orgullo y vanidad
-Para ello necesitaré mucho oración, supongo...”
-Por cierto. Oración, pero oración que no es mera repetición de palabras. Puedes comenzar analizando tu actitud en la oración. ¿Cómo rezas? ¿Como el fariseo?. Te doy gracias porque no soy como los demás”, creyendo que tu fe es mejor o mas valiosa a los ojos de Dios que la de una simple mujer que reza cada día el rosario en la soledad de la parroquia, con una voluntad y constancia que tú no posees. Hija, intenta rezar como el publicano, que se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo: “Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador”. Renunciar a la tentación del aplauso, del halago. Renunciar a la vanidad de sentirse mejor que otros es difícil hija, mas no imposible. Cuando lo logras, las alas de tu alma se despliegan en vuelo límpido hacia cielos más altos
-Madre, madre... cuánto he lastimado el Sagrado Corazón de tu Hijo, cuánto necesito de su misericordia. Continúa, que en este punto ya no quiero el retorno...”
-Toma tu cruz y sígueme. Así, tal cual, hija. ‘Tucruz, no la ajena, no la que te gustaría, sino la tuya, la conocida, la que crees no merecer y que, sin embargo, te lleva a la eternidad. Sígueme pero ¿cómo piensas seguirle? ¿Rezongando y protestando por el peso de tu cruz, quejándote de que otros tienen cruces más livianas? ¡Cómo si pudieras tú ver el corazón sangrante o el alma doliente de tu hermano! ¿Le seguirás arrastrando la cruz para que deje marcas en la arena buscando la compasión de los demás?... Hija, debes abrazar tu cruz y amarla...”
-“¿Cómo se ama la cruz, Señora?”
-Se ama en aquél que te lastima con su indiferencia, en el que no te escucha, en la que te difama. Se ama construyendo cada día en tu familia aunque sientas que predicas en el desierto. Se ama sembrando, aunque sientas que el viento de la indiferencia arrastra la semilla. Tú nunca sabes si alguna quedó plantada y la misericordia de Dios hará que dé fruto, a su tiempo, cuando menos lo esperes. No temas la dureza del tiempo de siembra, piensa en la alegría de la cosecha... que llega, hija, llega, siempre

Tu voz dulce, segura y pura riega la aridez de mi alma, abre puertas cerradas por tanto tiempo y el sol de la luz de Cristo entra a raudales en los más recónditos espacios de mi interior. Caminar la cuaresma, vencerme, cargar la cruz. ¿Podré? ¿Cuánto tiempo durará en mí este deseo de caminar tras Jesús?
-Tanto tiempo como lo alimentes. La Eucaristía, Jesús mismo, te dará la fuerza, la constancia, la paz. Y yo estaré siempre contigo, para secar tu frente, para enjugar tus lágrimas, aún cuando no me veas, aún cuando me creas lejos. Siempre

Cae la tarde y el sol se esconde en el horizonte mientras yo me escondo en tu pecho en apretado abrazo. Cuando abro los ojos el sacerdote está por comenzar la ofrenda del pan y del vino. Miro tu imagen. Me sonríes desde ella. Un viento fresco entra por la ventana, el sol se termina de esconder en el horizonte y, por un exquisito regalo tuyo, siento que me continúas abrazando. Siempre.

Amigo que lees estas líneas. No temas recorrer tu propia Cuaresma, no reniegues de tu cruz. Cuando sientas que caes bajo su peso, levanta los ojos y verás la mano de tu madre, extendida. No le reproches nada, sólo tómala, y veras que tus heridas cicatrizan en medio del mas profundo amor.

Nota: Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.
Autor: Ma. Susana Ratero

viernes, 12 de febrero de 2010

UNA MUJER BELLA


Siempre preocupante y siempre vigente, el tema de la belleza está presente en la mujer en forma cotidiana, alude a los distintos matices que logran mostrar su personalidad, se refleja en sus cambios a través del tiempo, ignorando condiciones sociales, económicas o aquellas que junto a la fuerza de gravedad, marcan las distintas emociones vivencias que han colmado nuestro existir

Ya desde pequeñas nuestras madres nos incentivan en este rol femenino de mostrarle a papá qué lindo nos queda ese vestido, y lo aprendemos tan bien que luego lo utilizamos con la mayor sabiduría cuando nos lanzamos a la conquista del hombre. En esa relación la mujer busca disimular cualquier imperfección en su rostro o en su cuerpo, y mantiene su contrato cada vez más actual con Ovidio, uno de los primeros consejeros en un tema que nos hacen creer actual y que es la imagen corporal.

Ovidio tenía muy claro qué podría beneficiar a la mujer en su estética ya fuera alta, baja, gorda, flaca, con buena o mala dentadura etc. etc., amén de brindar su opinión generosa respecto a nuestra conducta en sociedad; volviendo a situarnos en esta época podríamos afirmar que tanto los maquillajes como el estilo de ropa por el que optemos los creemos importantes a la hora en que él nos mira. Pero ¿qué pasa cuando algún rasgo inarmónico (como una nariz muy afilada o una cintura grande por ej.) se transforma en segundos en un obstáculo insalvable, traumático, un obstáculo que de pronto se nos hace conciente y logra que nos sintamos feas, sin opciones para la conquista y el enamoramiento del otro, y en especial si al lado nuestro está la lindadel grupo que con su sola presencia ya nos quita posibilidades? En general nos batimos en retirada y con una angustia que nos oprime el pecho por eso de justo a mí me tocó ser yo.

No voy a referirme a la posibilidad de cirugías por dos motivos: el primero porque no están al alcance de todas, y el segundo porque la elección del profesional debe ser harto cuidadosa no solo por el peligro que pudiera correr nuestra vida sino también para no dejar nuestra personalidad en el quirófano e ingresar a la larga lista de representante del único modelo nasal y labial del doctor X, modelo por el cual es posible ver la cara de una persona y saber quién la tocó. Considero éstas ítems suficientes como para alejarme de un análisis del bisturí.

Retomando el tema de la fealdad, mi madre solía decir que la suerte de las feas las bonitas la desean, si bien no siempre es así creo que el tema de ser fea va más allá de la simple desarmonía de un rasgo que no es tan visible si resaltamos con cierto esmero los demás. Si nosotras reflexionamos sobre el tema podríamos acordar que los momentos de amarga fealdad que nos devolvió el espejo han sido ante situaciones de duelo, de fracaso, de crisis, de conflicto, de proyectos abortados, de crítica o de deslealtad o como se la quiera llamar siempre en referencia a estados emocionales que logran desfigurar el rostro más armónico y avejentar el cutis de mayor tersura. Entonces: ¿la fealdad dónde la ubico?

Hay que saber reconocer que el hombre puede ir tras de una figura sinuosa o un rostro impecable y sonriente de mujer, pero… el hombre busca algo más para que lo acompañe en la vida. Busca la belleza en la mujer. Busca su alma. Busca el deseo de crecer compartiendo un proyecto de vida que no se realiza con una boca bien rellena ni glúteos bien marcados, sino con el sentido de humanidad y pasión por la vida, la pasión que expone toda mujer a diario vibrando junto a los suyos, defendiendo no sólo economía sino ideas, valores y esencia.

Si nosotras sabemos tomar en cuenta la importancia de un bienestar interior, esa armonía surge en los sentimientos y trasciende en gestos y palabras, se asoma en su mirada y brinda nuevas significaciones a nuestra vida y a nuestro entorno.

Hablando de la belleza en referencia a la mujer y su pareja, invito a la observación sobre esas parejas que ya llevan años juntos donde se ve a los hombres que siguen muy unidos y enamorados de su mujer. En general tenemos la costumbre de elaborar juicios rápidos al respecto y considerar que siguen juntos por la costumbre, la comodidad y la comida rica que ella prepara, pero no le damos siquiera una mísera hojita de laurel a la inteligencia de esa mujer que aún en condiciones tan distintas físicamente a las que se conocieron, supo conservar ese delicado encanto que hizo a su marido enamorarse. Los hijos, si hubieron, ya han partido y la casa vuelve a unir a dos figuras que aún tienen mucho para decirse, tienen años de historia vivida para analizar juntos y para reír y llorar juntos, pero por sobre todo para vivir la felicidad de acompañarse mutuamente y crear su propio futuro en esa nueva etapa de su ciclo vital.

Pensemos en la creatividad de esa mujer que ha logrado que su compañero encuentre en ella siempre la misma gema, pero cada vez facetas distintas, siempre una nueva luz surgiendo de cada arista y allí está su poder de seducción que se desprende de un alma bella.

Entonces ¿dónde ubico la belleza? Indudablemente no la voy a encontrar sólo en el estante de los cosméticos, pero sé que definitivamente no la voy a encontrar junto a la mezquindad o la estrechez de miras del yo me amo, mira que linda que soy. Tengo el absoluto convencimiento que la belleza marca las puertas del alma y crece con el amor. Vayamos por ella…

Al decir vayamos por ella estoy aludiendo a la capacidad de la mujer en resignificar su vida, ser capaz de saltar por sobre el abismo de sus propias falencias, reconocerse y reparar y repararse en la necesidad de estar bien con el otro y con uno mismo. Estoy aludiendo a la urgencia de una cirugía estéticadel alma, a que sepamos de nuestro potencial, inagotable potencial del ser humano que le permite renacer en cada cambio, a no bajar nuestra autoestima pensando que la linda-linda siempre nos gana, estoy aludiendo a tener más fe en nuestro mundo interior, una fe que nos brindará un paso más seguro y elegante, con esa distinción que logra que un hombre nos siga con la mirada y diga qué bella es”…
Mirta Alicia Zangaro de Moisano