miércoles, 10 de febrero de 2010

ABREN CURSO ON LINE "LEE, COMPRENDE Y REZA ALGUNOS TEXTOS Y ORACIONES EN LATÍN"


¿No recuerda con exactitud las oraciones en latín? ¿No las conoció y ahora quiere hacerlo? Catholic.net en colaboración con la academia Vivarium Novum ha puesto en marcha un curso on line con este fin.

Catholic.net, en unión con la academia Vivarium Novum, anuncia un curso de latín impartido por la doctora Rosa Elisa Giangoia. El curso, que comenzará el 15 de febrero y concluirá el 6 de diciembre, tiene por lema «Lee, comprende y reza algunos textos y oraciones en latín», según han explicado a Zenit los organizadores.

«Obviamente Jesucristo no hablaba en latín», recuerdan. Ahora bien, tras la llegada del apóstol Pedro a Roma, la Iglesia fue adoptando cada vez más el latín, hasta convertirse en su lengua oficial. Asimismo, en la liturgia, en occidente, se sigue el rito latino, cuyo idioma original es el latín.

La metodología del curso prevé que cada martes el alumno reciba en su correo electrónico el tema correspondiente. Al mismo tiempo recibirá tareas que tendrá que comentar en un foro. Asimismo, durante todo el curso, contará con la tutoría de la profesora Rosa Elisa Giangoia (Cf. Consultorio virtual).

El diploma será otorgado por Catholic.net y la:
Accademia Vivarium Novum (Academia de humanidades y enseñanza de Latín y Griego).
El curso es totalmente gratuito para todo aquel que quiera estudiarlo. Para aquéllos que estén interesados no sólo en aprender, sino también en obtener un certificado impreso (diploma), deberán cumplir con las tareas de estudio y trabajo y abonar al final 15 dólares estadounidenses.
Religión en Libertad

EL PERRO FERNANDO


Cualquiera que haya visitado esta ciudad sabe que uno de los iconos de Resistencia es el Perro Fernando.
Un cuzquito blanco que vivió en los anos 50, tuvo un oído musical perfecto y es todavía, junto con las casi 500 esculturas de sus veredas arboladas, algo así como la representación simbólica de la capital del Chaco.

Dicen que su dueño fue un cantante de boleros que un día recaló en la ciudad y se llamaba Fernando Ortiz, aunque otra versión atribuye el nombre al patrono departamental: San Fernando, venerado por los primeros inmigrantes friulanos con el aditamento de la Resistencia. La leyenda dice que este alegre perrito se ganó la admiración y el amor de todo un pueblo por su excepcional oído musical.

No había fiesta de casamiento, cumpleaños, carnaval o concierto al que Fernando no entrara para sentarse junto a las orquestas, o a los solistas, y darles su aprobación meneando la cola o, tras parar las orejas ante el mas mínimo furcio, soltar gruñidos y hasta aullidos desaprobatorios. Y en las Navidades su presencia en una casa era siempre buena señal. Era fama que jamás se equivocaba, y los mismos músicos solían aceptar que, en el momento señalado por Fernando, en efecto habían pifiado una nota. Lo que los oídos humanos no advertían, el perrito, implacable, lo denunciaba. Y no había músico que se atreviera a impedir su entrada ni a expulsarlo, porque toda la ciudad confiaba ciegamente en su oído. Fernando fue como un gorrión de cuatro patas, popular y amado, y acaso por eso mi madre decía que de no haber sido Resistencia una ciudad de morondanga, otra que Edith Piaf.

Los fines de semana, inexorablemente, Fernando recorría fiestas a su antojo y obviamente sin invitación. Nadie disponía de su agenda, y su presencia era imprevisible. Pero era tal honor que llegara a un festejo que después, seguro, los organizadores o dueños de casa fanfarroneaban por la visita.

Yo era chico y casi todas las tardes acompañaba a mi papa al Bar La Estrella, donde los hombres charlaban y jugaban al truco o al tute, y todo el tiempo se escuchaban tangos y conciertos en la enorme radio que los japoneses ponían. Y ahí estaba, digno y sereno, escuchando atentamente mientras comía maníes bajo alguna mesa, o echadito al sol en las veredas amplias, el perrito que todos decían que habría merecido más que ninguno ser el icono de la RCA Víctor. Cuando llegaba el verano, los preparativos navideños se hacían en esas mesas deliciosamente organizadas: aquí los peronistas con Don Chacho Bittel y sus eternos ministros, algunos de los cuales fueron campeones de tute cabrero y otros en el arte de hacerse ricos a costa de todos. Allá los radicales del Bicho León, mirando al poder como algo siempre lejano.

Y junto a aquella ventana los socialistas, encabezados por el prócer chaqueño Guido Miranda, historiador y periodista. También se sentaban, a otras mesas, empresarios, contrabandistas, médicos distinguidos, abogados charlatanes y buscas de todo pelaje.

El Bar La Estrella era como un mercado persa y allí Fernando, el cuzquito melómano, recibía raciones que completaba en su diario vagar por otros bares como el Sorocabana, frente a la plaza, que era el mas lindo y hoy es un patético edificio que en cualquier momento puede ser demolido. Creo que fue la Navidad del ‘57, o el ‘58, cuando visito Resistencia un famosísimo pianista polaco, de apellido Paderewsky. Ofreció un concierto único en el Cine Teatro Sep, el mas importante de la ciudad, y por supuesto mis papas me llevaron.

La sala estaba repleta y Fernando se acomodó bajo el piano de cola (los organizadores siempre explicaban a los músicos visitantes la ineludible presencia del cuzquito) y a la vista de mas de mil personas se diría que Paderewsky y el comenzaron el concierto. Nunca olvidaré la impresión de aquel publico cuando, en medio de una sonata de Beethoven, de pronto Fernando se puso de pie alzando las orejas y soltó un gruñido.

Pareció que el mundo se detenía, pero Paderewsky, todo un profesional, siguió como si nada.

Sin embargo, hacia el final del concierto, nuevamente el perrito sacudió las orejas y miro fijo al pianista como diciéndole oiga, la esta pifiando. Entonces Paderewsky, con europea elegancia, detuvo sus manos, miro al perrito y le dijo, en duro castellano:
-Tiene razón, equivoque dos veces.

E hizo un dacapo y repitió la sonata, que le salio perfecta. El concierto acabó con una ovación, un par de bises y el discreto mutis de Fernando, que, se dijo después, tenia esa noche dos casamientos y un cumple de quince.

Cuando Fernando murió, toda la ciudad lo lloró desgarrada. Creo que fue en el ‘59, apenas iniciado el gobierno de Frondizi. Lo que recuerdo perfectamente fue el solemne entierro del animalito en la calle Brown al 350, en la puerta del entonces flamante edificio de una institución cultural llamada El Fogón de los Arrieros.

Miles de personas cubrieron la calle, las veredas y los balcones hasta más allá de las dos esquinas. Toda la ciudad estaba allí, despidiendo a su perrito. Después la vida siguió, como siempre sigue, pero esa Navidad ya no fue igual porque a la hora de los tangos no estaba el perrito de la ciudad para aprobar música y danza. Y para mi fue la primera Navidad en la que me faltó alguien que amaba. Hoy en Resistencia hay tres esculturas que evocan a Fernando. La que se supone mausoleo oficial esta todavía sobre la calle Brown. Otra está como escondida bajo un manto de chibatos en la avenida Ávalos, cerca del Club de Regatas. Y la tercera, que es la mas grande y pretenciosa, y que creo que inauguraron los milicos durante la dictadura, esta en una esquina de la Casa de Gobierno y frente a la Plaza. Curiosamente - así funciona el humor involuntario - tiene la cola alzada y apunta el culo hacia las ventanas de la gobernación.

Solo ahora advierto que han pasado mas de cuarenta años y este texto me parece triste. Debe ser la Navidad, que siempre lo llena a uno de nostalgias.
Mempo Giardinelli

OCHO Y VEINTICINCO


ECLESALIA, 08/02/10.- Las enfermeras de urgencia del Perpetuo Socorro, en Badajoz, le han preguntado a la coordinadora qué deberían de poner en el cartel de la persona que acababa de morir - suelen escribir siempre el nombre y los apellidos del fallecido -, y ella tras silenciarse y pensar un poco, les ha dicho que deben poner «ocho y veinticinco».

Es el único dato que aparece en la burocracia de entrada del paciente en el hospital esa mañana, sólo está tabulada la hora en que se inició el contacto con el enfermo. Lo habían recogido de la calle en la que estaba tendido y sólo; no hay nada que le identifique. Era un transeúnte que vivía en la calle, uno más de los que no sabemos absolutamente nada y que puede morir de frío. Un muerto anónimo en el desconocimiento de todos; sólo nos quedan sus huellas dactilares recogidas por la Policía para intentar localizar quién era. Probablemente no lleguemos a saber nada de él nunca. Murió cómo vivió, sin que nadie le echara cuenta; no estará en las noticias, y nadie se ocupará de su ausencia ni de su cadáver. Un caso que delata, una vez más en esta sociedad, la deshumanización.

Ha sido el hecho de vida que ha relatado Toni, una de las profesionales que participa en el grupo de revisión de vida en el que este año estamos tratando de adentrarnos en la reflexión acerca de la humanización de la sociedad desde las profesiones; estábamos tratando quienes son los que más sufren la deshumanización que se da en la sociedad y en los ámbitos profesionales. Claramente sufren más los más pobres y desprotegidos; cuando las estructuras se resienten y se deshumanizan, son los débiles los que se llevan la peor parte. Lo estamos viendo en esta situación de crisis que nos ha tocado vivir.

La riqueza de la reflexión ha estado en descubrir qué es y qué no es humanizar, y a quien enriquece este proceso cuando se da. Ha sido muy interesante darnos cuenta de que cuando vivimos con un espíritu humanizador en los ámbitos profesionales nos enriquecemos todos; el primer enriquecido es el mismo profesional, vivir desde las claves de la acogida, la escucha, la ternura, la confianza y la fe en el otro es curativo para el que lo ejerce y origina satisfacciones que de ningún otro modo se pueden lograr. Hemos recordado lo que dice Erich Fromm acerca de los que violentan y deshumanizan, que son personas frustradas en el amor: la violencia es el signo del amor frustrado. El horizonte que comenzamos a vislumbrar es la urgencia de la necesidad de recuperar la persona y ponerla en el centro del ser y el quehacer profesional; entender claramente que mi profesión se entiende desde la necesidad del otro y como el medio que tengo de relacionarme con él y enriquecerme en el ejercicio de un servicio que dignifica al que lo realiza y al que lo recibe. Es urgente volver a descubrir el bien interno de las profesiones, la razón de ser de las mismas.

En este punto nos hemos puesto a universalizar el hecho y no ha sido difícil descubrir las necesidades de humanización que se dan en nuestros entornos sociales y profesionales, quiénes son los que más sufren las consecuencias de la deshumanización cuando ésta se da en la Administración, o en los servicios públicos, o en los ámbitos profesionales concretos, así como en las empresas y otros trabajos especializados. Todo esto está siendo un primer paso de concienciación, deseamos entrar de lleno en el tema de humanizar nuestras profesiones, será apasionante seguir dándole vueltas y profundizando en la realidad para ver como sanarla y sanarnos a nosotros mismos.

Respecto al ocho y veinticinco no dejo de darle vueltas al tema de los transeúntes que deambulan por las calles y viven a la intemperie. Durante las navidades, los medios de comunicación nos han hablado de tres instituciones que estaban preocupadas por este tema: Cáritas estaba haciendo un estudio de todos los que viven en las calles en Mérida y Badajoz para responder a sus necesidades atendiendo a sus características y demandas, conozco el proyecto y voluntarios que participan y los felicito por el tema y el modo de agenciarlo; Cruz Roja también hablaba de que salían por las noches con voluntarios para hablar con ellos y llevarles algo caliente; el Ayuntamiento de Badajoz también decía estar preocupado y llevando a cabo acciones. Sin embargo “ocho y veinticinco” ha muerto sin nombre ni apellidos. Como mucha gente que colabora con una de estas instituciones, e incluso con las tres, yo lo hago con gusto, nos preguntamos: no sería mucho mejor que estas tres instituciones se sentaran juntas y se plantearan un proyecto común, que tuviera como centro a los pobres que están a la intemperie por encima de la identidad de cada una de ellas y que de verdad realizaran un planteamiento compartido que llevara a poner nombre y apellidos, desde la justicia y el compromiso, a todos los sin nombre. No estaría nada mal que el Ayuntamiento pacense liderara esta iniciativa de trabajo común y se lanzara de una vez por todas para propiciar el ejercicio de la ciudadanía a través de estas instituciones y su personal técnico y de voluntariado, dejando ese deseo de buscar glorias propias a costa de los que mueren sin nombre y apellidos.

Yo me quedo, como Toni, con el recuerdo de ocho y veinticinco y más de un día haré a esa hora un minuto de silencio para escuchar atentamente la vida y acercarme a cualquier persona anónima que pase a mi lado para preguntarle su nombre y decirle el mío, como ha contado Agustín que hizo con la persona que se cruzaba todos los días al venir de llevar a sus hijos al colegio, después de tres años ya se llaman por sus nombres cuando se saludan y se desean los buenos días.
José Moreno Lozada

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

CUANDO LA CATEQUESIS ATERRORIZA


ECLESALIA, 28/01/10.- Me cuenta un amigo cercano, creyente, formado teológica y pastoralmente y practicante, los problemas que tiene en la catequesis de Primera Comunión a la que asiste su hija.

Él se ha ofrecido de catequista, para impartir formación, para lo que sea... y se encuentra con la suspicacia del grupo de catequistas (voluntarias, que dan catequesis como favor personal al párroco, que solo leen en voz alta los libros llenos de propuestas y actividades que tienen como material de catequesis, sin más explicaciones, sin canciones), con la incompetencia del párroco (que reparte como material de Adviento a los niños hojas más cercanas al tiempo de Cuaresma, que se ha empeñado en formar un grupo de matrimonios y no tiene ningún seguimiento de las catequistas) y con una frustración terrible porque, una vez más, está en una situación de quiero y no puedo en la Iglesia.

Lo que ocurre es que esta vez no es él el que pelea, sufre, contesta, propone... no, es su hija de 9 años que ha enfermado tras el último desprecio de su catequista (que ve el interés de mi amigo como un ataque a su posición parroquial) y que sufre porque lleva tres años de catequesis, tratando de integrarse en un grupo que no es el de sus amigos del colegio. Han discutido mi amigo y su mujer, la hija más pequeña no quiere ni oír hablar de catequesis, está aterrorizada, no saben qué hacer porque la niña, un encanto, está mal...

Y yo le escucho, le acompaño en su pesar, le veo cada vez más harto y más desilusionado de la Iglesia que nos toca vivir. Y me pregunto, ¿esto quién lo arregla?

Si quien tiene voluntad, ganas y conocimiento no puede hacer nada (no le dejan hacer nada) y quien tiene la autoridad no deja hacer y se queja de que nadie le sigue en sus propuestas (ajenas a la realidad local), ¿qué futuro tenemos? Seguir tragando, enfermar, plantarnos, abandonar, estallar... o mantener la esperanza.

Vamos a elegir esto último, sin duda es lo más saludable para nuestra fe. La hija de mis amigos celebrará la Primera Comunión aunque ahora no sepan ni cuándo ni dónde ni cómo, se sentirá acogida en el grupo de amigos y amigas de Jesús y experimentará, como lo hace con sus padres y con su pequeña comunidad, que la Iglesia es muy grande y acogedora aunque no siempre podamos verlo en la parroquia que nos corresponde, aunque nos encontramos demasiado a menudo estas situaciones en nuestro caminar eclesial y comunitario.
Cristina Plaza

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

UN "MASTER" PARA NOVIOS, LA ÚLTIMA PROPUESTA DE BENEDICTO XVI


HABRÁ UN EXAMEN PREVISTO POR EL DERECHO CANÓNICO

El Papa propone un «itinerario de formación» de las parejas con vistas al matrimonio. El nuevo proceso de formación incluirá un examen de los novios, una catequesis sobre el matrimonio y un retiro.

Llega San Valentín con su amor de un día cuando, en realidad, los jóvenes lo que necesitan es conocerse mejor y descubrir - los esposos de largo recorrido lo saben bien - que el amor verdadero hay que cuidarlo y trabajarlo a diario. La Iglesia, que siempre ha mostrado interés por la formación de los jóvenes para la vocación matrimonial, prepara, a través del Pontificio Consejo para la Familia, un documento destinado a mejorar la formación de los que se van a casar.

Así lo hizo saber el pasado lunes Benedicto XVI, que adelantó que esas novedades incluirán un «examen de los novios, previsto por el Derecho Canónico», «una catequesis sobre el rito del matrimonio y su significado» y un «retiro espiritual». El vademecum, explicó el Papa, estará inspirado en la idea de Juan Pablo II, que afirmaba que dicha preparación «comporta tres momentos principales: uno remoto, uno próximo y uno inmediato».

«La preparación remota - dijo Benedicto XVI - tiene por objeto a los niños, adolescentes y jóvenes. Implica a la familia, a la parroquia y a la escuela, lugares donde se educa a entender la vida como vocación al amor, que se especifica más tarde en la modalidad del matrimonio y de la virginidad para el Reino de los Cielos», explicó. En esa etapa «debe emerger progresivamente el significado de la sexualidad como capacidad de relación y energía positiva que hay que integrar en el amor auténtico», subrayó.

Las etapas más importantes.
La preparación próxima - quizá la más descuidada, hoy por hoy - «está dedicada a los novios, y tendría que configurarse como un itinerario de fe y vida cristiana que lleve a un conocimiento profundo del misterio de Cristo y de la Iglesia, de los significados de la gracia y de responsabilidad del matrimonio. Es deseable presentar un camino de catequesis y experiencias vividas en la comunidad cristiana que prevea intervenciones de sacerdotes y expertos, parejas de matrimonios cristianos, en un clima de amistad y oración». Asimismo, explicó el Papa, hay que «prestar atención particular a que en esa ocasión los novios reaviven su relación personal con Jesús, especialmente escuchando la Palabra de Dios, acercándose a los sacramentos y sobre todo participando en la eucaristía», añadió. Por último, el Papa citó la «preparación inmediata» que tiene lugar en la «proximidad del matrimonio» e hizo referencia a una «catequesis sobre el rito del matrimonio», a un «retiro espiritual» y a una «atención al rito para que la celebración se perciba como un don para toda la Iglesia».

Un curso muy especial.
Gift & Task es una Fundación creada para contribuir a la promoción y defensa del matrimonio y la familia. «Vimos que había un vacío en la cuestión de formación de los novios, especialmente en las primeras etapas del noviazgo», explica Isabel Ortega, responsable del proyecto «Amor en Acción», que busca, a través del lenguaje del cine, «formar a las parejas de novios, guiados por profesionales del mundo de la psicología, la pedagogía, el cine y otras ciencias sociales». Hace apenas un año que comenzaron y por sus cursos ya han pasado más de 50 parejas, que incluso han escrito sus propios guiones y han filmado un corto.

Su página web cuenta con testimonios en vídeo de parejas que relatan su enriquecedora experiencia con vistas al futuro.
Mar Velasco/La Razón

EL DIFICIL ARTE DE LOS DISCURSOS


Platón explicaba, en unos de sus Diálogos, que una cosa es componer discursos y otra muy distinta es saber cómo usarlos de modo adecuado.

Un discurso se construye desde ideas. Si está hecho correctamente, expone un argumento de modo armónico, bien trabado, desde un adecuado conocimiento sobre el tema. Detrás de las palabras, se supone que existe buena intención y deseos de exponer de la mejor manera posible el argumento considerado.Pero no basta con eso. Porque un discurso no vale sólo si ha sido bien elaborado, sino, sobre todo, si está orientado oportunamente a los destinatarios.

En el pasado como en el presente ocurre que buenos discursos han terminado en un completo fracaso porque los oyentes (o los lectores) no tenían las disposiciones suficientes para acoger esos discursos, o porque quienes elaboraron esos discursos no encontraron la forma oportuna para presentarlos a un grupo concreto de personas.

Por eso el arte de los discursos, como notaron Platón, Aristóteles (en el mundo antiguo) y san Agustín (en el mundo cristiano), exige un profundo conocimiento de los corazones, de las personas, de sus situaciones existenciales, de sus estados anímicos, de sus miedos, de sus esperanzas, de sus dudas, de sus prejuicios, de sus problemas, de sus intereses, de sus anhelos más profundos.

Es difícil, desde luego, conjugar un buen dominio de un tema determinado y un buen conocimiento de las reglas de la exposición, de acuerdo con la psicología básica que permite descubrir qué discurso es adecuado para cada tipo de personas.Uno de los grandes retos del mundo de la comunicación consiste precisamente en eso: cómo encontrar las palabras aptas para cada corazón. Ese reto vale para cualquier forma de comunicación humana: desde la escuela hasta el programa televisivo, desde la orientación personal o la consulta psicológica hasta el diálogo entre amigos.

Vale también para el mundo de internet, con sus enormes posibilidades (la rapidez de información, la interactividad, la posibilidad de participar en chats y foros o de comentar noticias) y sus grandes riesgos.

El arte de los discursos ha sido, es y será siempre difícil. Pero vale la pena un esfuerzo constante por encontrar maneras con las que podamos conocer más y mejor a quienes nos escuchan, para que las palabras que les dirijamos se conviertan en un camino fecundo hacia el crecimiento en el saber, hacia el acercamiento a la verdad que todos anhelamos. Vale la pena tener un corazón abierto, enamorado, que percibe lo que ocurre en los destinatarios, y que busca siempre nuevos caminos para compartir eficazmente conocimientos que sirven, que unen, en el tiempo y en la eternidad.
Fernando Pascual

EL EMPUJE DECISIVO


¿Por qué somos tan débiles? ¿Por qué no ponemos en práctica ideales buenos? ¿Por qué dejamos que el pecado carcoma nuestras vidas?

Conocemos las normas y entendemos su sentido, pero a veces preferimos el capricho, decidimos vivir a nuestro aire.

Sabemos que existe un castigo para la injusticia, pero no faltan momentos en los que creemos que podremos evitar de algún modo las penas que merecen nuestras faltas. Creemos que Dios lo ve todo, pero ante un dinero fácil o un placer prohibido escogemos el mal camino, arriesgamos el futuro eterno.

Queremos, incluso, ser honestos, justos, buenos, pero el mal nos aturde de mil maneras y con facilidad dejamos de ayudar a un amigo para disfrutar de un plato de lentejas o de tantos gustos que nos ofrece el mundo en el que vivimos.

¿Por qué somos tan débiles? ¿Por qué no ponemos en práctica ideales buenos? ¿Por qué dejamos que el pecado carcoma nuestras vidas? ¿Por qué nos encerramos en pensamientos egoístas, en rencores destructivos, en avaricias que empobrecen nuestras almas?

Hace falta una fuerza enorme para vencer el peso del pecado, la energía de las malas costumbres, la corriente de un mundo desquiciado, el empuje de las pasiones desatadas. Esa fuerza sólo puede llegar desde una presencia superior, de una mano divina, de un Amor que no tenga miedo a mis miserias, de una Misericordia que pueda lavar mis faltas. Sólo la gracia vence al pecado.

Sí: sólo Dios nos permite romper contra la nube de mal que ciega los corazones de los hombres. Porque Dios es omnipotente y bueno, porque es Padre, porque no puede olvidar que somos hijos suyos, débiles y pobres, y por eso muy necesitados de su gracia.

Si recibimos a Dios, si le dejamos tocar nuestras almas y limpiarlas con el sacramento de la Penitencia, si lo acogemos presente y vivo en la Iglesia, si lo gustamos en la Eucaristía, si entramos en su misterio desde la Sagrada Escritura, recibiremos ese empuje definitivo que tanto necesitamos en el camino de la vida.

No faltarán momentos de fragilidad, no seremos invulnerables ante el pecado. Pero al menos habremos dado ese paso decisivo que separa al mediocre del cristiano verdadero. Seremos parte de aquellos esforzados que luchan, en serio, por entrar en el Reino de los cielos... (cf. Lc 16,16).
Autor: P. Fernando Pascual LC

LAS CLASES MEDIAS DE LA SANTIDAD


La santidad se nos presenta como una zarza incombustible, imposible no sólo para nosotros, sino incluso para cualquiera que viva en nuestras circunstancias.

Joseph Malegue - ese gran novelista cristiano que en España no ha sido ni siquiera traducido - dejó a medio escribir una novela cuyo título era el mismo que yo he puesto a este artículo. Y en ella -por los pocos fragmentos que se conocen- desarrollaba una idea ya varias veces apuntada en sus obras anteriores: que para profundizar en los fenómenos religiosos no hay que explorar sólo en el alma de los grandes santos, de los santos de primera, de los aristócratas de la santidad, sino que «las almas modestas contaban también; contaban además las clases medias de la santidad».

Nada más cierto. Porque tal vez estamos demasiado acostumbrados a trazar una distinción excesivamente neta entre la santidad y la mediocridad. A un lado estarían esas diez docenas de titanes del espíritu que tomaron el evangelio por donde más quemaba y realizaron una vida incandescente. Al otro estaríamos nosotros, los que vegetamos en el cristianismo.

Y ésta es una distinción, además de falsa, terriblemente desalentadora. Pensamos: como yo no tendré jamás el coraje de ser un Francisco de Asís, vamos a limitarnos a cumplir y a esperar que Dios nos meta al final en el cielo por la puerta de servicio. La santidad se nos presenta así como una zarza incombustible, imposible no sólo para nosotros, sino incluso para cualquiera que viva en nuestras circunstancias. Además, pensamos para agravar las cosas, los santos hacen milagros y nosotros ya tenemos bastante con no hacer pecados. La solución es la siesta. Pero, si abrirnos con más atención los ojos, vemos que además de los santos de primera hay por el mundo algunos santos de segunda y bastantes de tercera. Esa buena gente que ama a Dios, esas personas que, cuando estarnos con ellas, nos dan el sentimiento casi físico de la presencia viva de Dios; almas sencillas, pero entregadas; normales, pero fidelísimas. Auténticas clases medias de la santidad.

Quien más, quien menos, todos hemos encontrado en el mundo dos o tres docenas de almas así. Y hemos sido felices de estar a su lado. Y hemos pensado que, con un poco más de esfuerzo, hasta nosotros podríamos parecemos un poco a ellas. Y sentirnos que este tipo de personas sostienen nuestra fe y que, en definitiva, en su sencillez, son una de las grandes señales de la presencia de Dios en la Iglesia.

Yo he conocido a muchos de estos santos de tercera o segunda - empezando por mis padres - a quienes no canonizaría. Incluso me daría un poco de risa imaginármelos con un arito en torno a la cabeza y ellos se pondrían muy colorados si alguien se lo colocara. Pero, sin embargo, me han parecido almas tan verdaderas, que en ellas he visto siempre reflejado lo que más me gusta de Dios: su humildad. Creo que de esto se habla poco. Y, no obstante, yo creo que tiene razón Moeller cuando escribe que «el centro del cristianismo es el misterio de esta humildad de Dios». Es cierto: en el catecismo nos hablaron mucho del Dios todopoderoso y a veces llegamos a imaginarnos a un Dios soberbio, cuajado de pedrerías, actuando siempre a través de milagros y hablando con voz tonante. Pero la realidad es que, cuando Dios se hizo visible, todo fue humilde y sencillo. Se hizo simplemente un hombre a quien sus enemigos pudieron abofetear sin que sacara terribles relámpagos del cielo. Un Dios que es humilde en su revelación, hecha a través de textos también humildes, difíciles de interpretar, expuestos a tergiversaciones, mucho menos claros de los que escribiría un matemático perfeccionista. Un Dios humilde en su Iglesia, que no construyó como una elite de perfectos, sino como una esposa indefensa y mil veces equivocada, tartamudeante y armada con una modesta honda y unos pocos guijarros frente al Goliat del mundo. Humilde también en la tierra en que quiso nacer, en esa Palestina que ni es un prodigio de belleza física ni un paraíso de orden, una especie de Suiza del espíritu.

«El Señor de la gloria - escribe también Moeller - no ha querido ni el poder ni la nada, ni el trueno ni el silencio del abismo, pues el poder tiránico a la sombría nada son lo contrario del amor. El amor quiere la dulzura humilde y gratuita, no se defiende, ofrece de antemano su cuello a los verdugos y, sin embargo, es más poderoso que la muerte y mil torrentes de agua no podrán extinguir el fuego de la caridad. El amor quiere también la vida, la dulce vida; el amor da la vida y no la nada».

Por eso a este Dios humilde le van muy bien los santos humildes y pequeños, los santos del aprobadillo. Y es una suerte que nos permite no desanimarnos a quienes tenemos un amor de hoguera (¡o de cerilla!) y jamás llegaremos a su amor de volcán. Incluso el camino hacia Dios está muy bien hecho. Es como un monte al que hay que subir. Y tiene dos caminos: uno de cabras, que va en derechura desde la falda a la cima, escarpado, durísimo, empinadísimo, y un camino carretero, que sube también, pero en zig-zag, dando vueltas y vueltas en espiral hacia la cumbre.

Los santos, los verdaderos santos, suben por el de cabras, dejándose la piel en las esquinas de las rocas. Ellos lo dan todo de una vez, viven hora a hora en la tensión del amor perfecto.

Pero los demás temblamos ante ese camino. No porque no tengamos pulmones para ello - porque los santos no tienen mejor «madera» que nosotros, sino porque somos cobardes y le damos a Dios trozos de amor, guardándonos en el zurrón buenos pedazos de amor propio.

Naturalmente, a quien Dios le dé el coraje del camino de cabras, que San Pedro se lo bendiga y multiplique. Pero, en definitiva, lo que importa es subir, lo necesario es amar, aunque sea con un amor tartamudo. Y, entonces, bendito sea el camino carretero. Con la ventaja, además, de que, en cada vuelta del camino, el camino carretero se cruza un momento con el de cabras: son esos instantes de verdadera santidad que todos, por fortuna, tenemos. Hay incluso veces en las que -sobre todo en la juventud- nos atrevemos a hacer algún trecho por la senda de cabras, aunque luego regrese la flojera y volvamos a tomar el camino en espiral. Bien, lo importante es seguir subiendo, seguir amando, aunque se haga mal.

Lo que no hay que olvidar es que, al final de la escalada, cuando ya se está cerca de la cima, los dos caminos, el carretero y el de cabras, desaparecen. Y entonces ya sólo queda la roca viva. Por la que sólo se puede subir con guía. 0 llevados en brazos. Como Dios nos llevará a todos en el último repechón que conduce al abrazo en la muerte.
Autor: José Luis Martín Descalzo

martes, 9 de febrero de 2010

LA LUCESITA ROJA


Un amigo, arrebatado por la fiebre de la cultura, se dedicó a ver catedrales e iglesias, de reconocidos valores artísticos y obtener fotografías de ellas. La finalidad que tenía mi amigo, era la de editar uno de esos costosos y gruesos libros, que la gente solo compra para hacer regalos y que al final los excedentes de la publicación, que pueden alcanzar el 80% de la tirada, van a parar a la sección de saldos de algunas librerías o lo que es peor desde el punto de vista económico, a la Cuesta del Moyano, donde el libro se liquida todavía más barato.

Sospecho que la intención que subyacía en este trabajo de mi amigo, era también movida un poco por la vanidad de publicar su nombre en un libro de categoría. Aunque cara le iba a salir la broma, pues ya se sabe el dicho de que: De la pluma nadie se hace rico. Pero bueno, la intención de mi amigo mirada desde el punto de vista humano, era y es laudable porque siempre es mejor que dedique su tiempo a una labor constructiva, que no a malgastarlo en otras actividades inconfesables o al menos poco recomendables. Pero hay desde mi punto de vista, un pero a la labor de mi amigo, que luego explicaré y que no se la perdono.

Una tarde me contó, todas las maravillas que había visto, y como es un hombre culto y de gustos refinados, supo valorar, no sola la fábrica de los inmuebles de las catedrales e iglesias visitadas, sino también, el contenido en muebles de estos inmuebles. Y no solo se refería al mobiliario, sino a los ornamentos y vasos sagrados que en muchas catedrales, españolas y extranjeras, está expuestas en unos pequeños museos. El cincelado de la plata, la pedrería que adorna en muchos casos los ornamentos sagrados, las filigranas artesanales de las custodias, los cuadros y tallas de imágenes. Lo que sospecho que no llegó a ver mi amigo es el interior de los antiguos sagrarios, pues los viejos orfebres que los construyeron, se esmeraban mucho más en el interior que en exterior de forma que por dentro son mucho más trabajado que el exterior, pues para ellos, su fe les hacia comprender que era más importante los que Dios iba a ver en el interior, que lo que los hombres iban a ver en el exterior. Para los que carezcan de fe esto de esmerarse en el interior y no en el exterior, carece de sentido. Todas estas realizaciones de nuestros antepasados, a más de uno les han fascinado, pero desgraciadamente no han sabido ver más allá de lo que todo esto significa y en función de que fue hecho. Solo han sabido ver el continente pero no el contenido, o dicho de otra forma, han visto la cara de la materia pero no la del espíritu.

Aprovechando que mi amigo tomó aire para respirar, en sus apasionadas explicaciones, aproveche para interrumpirle y le pregunté: ¿Te fijaste en una pequeña luz roja que había en una retirada capilla? Y él me preguntó: ¿En qué catedral o a que iglesia te refieres; son tantas las que he visto? Le respondí: En toda catedral y en toda iglesia existe esa luz roja, que es la que nos indica la presencia de Dios sacramentado en su tabernáculo. Mi amigo se calló, y desvió la conversación.

Vivimos de espalda a la realidad. Entramos en la casa de Dios, y lo primero que hay que hacer es saludar al dueño de la casa, que da la casualidad que es el dueño de todo lo creado de lo visible y de lo invisible. En el mundo humano y natural, cuando vamos a una casa extraña o de un conocido, lo primero que hacemos es saludar al dueño o a la dueña de la casa, y no se nos ocurre la grosería de darle la espalda y ponernos a charlar con una tercera persona que nos acompaña, marginando al dueño o a la dueña de la casa.

Pues bien, en el orden sobrenatural podemos observar, la cantidad de gente que va a una boda, y amén de entrar en la iglesia y no ir a saludar al dueño de la casa, que se encuentra donde se halla la lucecita roja, todo el mundo se pone a saludar a todos los conocidos y si son desconocidos a preguntar a otro que de quién se trata y si se trata de las señoras, la principal obsesión es el traje de la novia y saber quien lo confeccionó. De la capilla del Santísimo, que se ocupen los curas que para eso están.

Tres cuartos de lo propio, ocurre si se trata de un funeral, aquí se aplica el principio que dice: El vivo al bollo y el muerto al hoyo. Lo verdaderamente importante es que los familiares del difunto, le vean a uno o a una, y si se llega antes de tiempo, hay la posibilidad de saludar anticipadamente a los deudos del difunto, y no tener que quedarse al rollo de la misa. En ambos casos se ocupa la casa de Dios, como si ella fuese una sala para realizar eventos.

Y todo esto ocurre, porque hemos perdido el sentido jerárquico en nuestras propias escalas de valores. Hace tiempo que nos hemos olvidado que la auténtica escala de valores, es aquella que está presidida por el Señor, porque nada hay ni habrá jamás, más grande que Dios, es triste que los mahometanos nos den lecciones de de respeto y amor a Dios, cuando constantemente están repitiendo la frase: Alá es grande.

Los hombres que construyeron esos inmuebles y muebles, que tanto fascinan a mi amigo y a muchos que no conozco también, no tenían nada que ver con nosotros. Ellos tenían una escala de valores sólidos e incombustibles, que les movían tanto a levantar por amor al Señor, esos monumentos que ahora se exhiben y se valoran solo por su valor cultural, como dar su propia vida si ello fuese necesario, por defender los sacrosantos derechos del Señor. A ninguno de estos hombres se le pasó por la cabeza, que las obras salidas de sus manos iban a ser más importantes, que Aquel por razón del cual, ellos las ejecutaron.

Señor, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos. Ignoramos quién eres, y lo que es peor, nos importa un comino saberlo y así nos marcha todo. Perdónanos Señor, no nos tengas en cuenta nuestros pecados.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

PATRIK TEILLIER: "TODOS PODEMOS RECIBIR EN LOURDES UNA CURACIÓN SI LA PEDIMOS CON FE"


HABLA EL EX PRESIDENTE DE LA OFICINA MÉDICA DEL SANTUARIO

El ex presidente de la Oficina médica del santuario de Lourdes, el doctor Patrick Theillier, asegura que «las curaciones físicas extraordinarias se han hecho raras», pero que todo podemos recibir una sanación física o espiritual si la pedimos con fe. Aprovecha para animar a acudir al Congreso Mundial de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas en Lourdes.

«Todos podemos recibir en Lourdes una curación si la pedimos y la esperamos con fe y perseverancia», afirma el ex presidente de la Oficina médica del santuario de Lourdes, el doctor Patrick Theillier. En un artículo que la revista France Catholique publicará este viernes, Theillier explica que esa curación «puede no ser tan espectacular como para ser considerada un milagro».

Sin embargo, «afecta de una manera profunda y duradera a la persona que la vive, en todo su ser, cuerpo, alma y espíritu». Y asegura que «estas curaciones son verdaderamente innumerables».

El médico explica que esto no quiere decir que no haya curaciones milagrosas -en Lourdes oficialmente se han reconocido hasta el momento 67-. «Estos milagros han sido necesarios en el inicio de la Iglesia -continúa-. En efecto, para que la fe aumente, debe ser apoyada por los milagros». Pero, se pregunta: «¿Acaso no necesitamos, más que hace 100 o 150 años, ser aliviados de sufrimientos morales y de las heridas de la vida, de orden psicológico-espiritual, que van más allá de la medicina.

Y responde: «Aquí es donde Lourdes responde a una necesidad muy actual, que seguramente corresponde más a su mensaje original». Según Theillier, «estos milagros, por otra parte, son mucho más grandes que los de los cuerpos pues son las almas las que regeneran y de estos milagros, mis queridos hermanos, os dais cuenta, si lo deseáis, a instancias de Dios», informa Zenit.

«Las curaciones físicas extraordinarias se han hecho raras», explica, ya que «Dios actúa en primer lugar por las mediaciones humanas, por la medicina y los médicos». En este sentido, el artículo explica el trabajo realizado en Lourdes para que los primeros en beneficiarse de estas curaciones sean los médicos.

Así, el santuario acogió, en los años 2005 y 2007, congresos-peregrinaciones que reunieron a más de trescientos médicos católicos de lengua francesa. Y este año, del 6 al 9 de mayo, acogerá el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), con el tema «Nuestra fe de médicos».

Theiller invita a los médicos de todo el mundo a ir a Lourdes en esa ocasión para «encontrarse con compañeros de todo el mundo, estuchar una serie de intervenciones sobre el tema del Credo en relación con los médicos y la medicina y hacer una peregrinación teniendo la ocasión única de vivir la curación que todos necesitamos».

«Mi esperanza en este momento es que numerosos médicos católicos que sufren mucho actualmente a causa de su fe, no se dice lo suficiente, vengan a encontrar al lado de Nuestra Señora consuelo y curación», afirma. «¡Hable con su médico, añade. «Como han mostrado los que han venido a Congresos anteriores, los médicos presentes podrán experimentar la misericordia de Dios en este lugar de gracias».
R.R./ReL

LA RESISTENCIA ALEMANA ANTINAZI PIDIÓ A PIO XII QUE SE PRONUNCIARA CON CAUTELA SOBRE HITLER


UN PRONUNCIAMIENTO EXPLÍCITO HUBIERA SIDO PERJUDICIAL

L´Osservatore Romano publicó un artículo en el que, a través de una serie de documentos históricos, se comprueba que la resistencia alemana antinazi pidió al Papa Pío XII no intervenir directamente contra Hitler; en una clara respuesta a los detractores del Papa Pacelli que lo acusan falsamente de haberse mantenido en «silencio» ante el holocausto.

El artículo escrito por el historiador y catedrático italiano Roberto Pertici, explica que el documento 242 que hace parte de una relación dedicada al Vaticano y Estados Unidos publicada en Milán en 1978, elaborada por Ennio Di Nolfo, da a conocer el testimonio del abogado católico bávaro Josef Müller, quien hacía parte de la resistencia alemana antinazi y que fue el contacto con la Santa Sede entre 1939 y 1940.

«Müller era parte de los servicios secretos alemanes (Abwehr)» que constituía «uno de los centros ocultos de la oposición anti-hitleriana. Fue enviado a Roma con una excusa, pero con la misión de tomar contacto con el entorno del Papa (en el que habían varios obispos alemanes) y hacerle saber a Pío XII del proyecto de la oposición alemana para derrocar a Hitler y construir una Alemania democrática», explica el artículo.

Las victorias de Hitler en Noruega y en Francia hicieron abortar la operación que sin embargó no impidió generar un contacto claro.

Müller fue arrestado en 1943 para luego ser conducido a un campo de concentración. Tras su liberación, por parte del ejército estadounidense el 5 de mayo de 1945, el abogado llegó al Vaticano el 2 de junio y escuchó al Papa Pío XII condenar enérgica y públicamente el nazismo, informa ACI.

«Pueden ver - dijo el Pontífice en aquella ocasión - lo que queda detrás de una concesión y una actividad del Estado que no tiene en cuenta los sentimientos más sagrados de la humanidad, que pisotea los inviolables principios de la fe cristiana. El mundo entero, estupefacto, contempla hoy la ruina» generada por los nazis.

En aquella ocasión el Papa Pacelli también recordó su aporte en la encíclica «Mit brennender Sorge» de 1937 que condena el nazismo y su mensaje radial de Navidad de 1942 contra la persecución nazi.

De todo esto y otros temas relacionados, Müller conversó el 3 de junio de 1945 con Harold H. Tittmann, el joven encargado de los asuntos estadounidenses ante la Santa Sede. Tras el diálogo envió un completo informe a su superior Myron Taylor, el representante personal del Presidente de Estados Unidos ante el Pontífice.

El informe de Harold Tittmann decía literalmente: «El doctor Müller ha dicho que durante la guerra su organización antinazi en Alemania había insistido mucho para que el Papa evitara cualquier declaración pública específicamente dirigida como condena contra los nazis, y había recomendado que las observaciones del Papa se mantuvieran entre los límites de las consideraciones generales», como efectivamente hizo Pío XII.

«El doctor Müller - proseguía Tittmann - ha dicho que fue obligado a dar este consejo porque si el Papa hubiera sido específico, los alemanes lo habrían acusado de ceder a las presiones de potencias extranjeras y eso habría generado más sospechas sobre quienes no eran católicos alemanes y hubiera restringido grandemente su libertad de acción en su labor de resistencia al nazismo».

Tittmann dice también que «el doctor Müller ha dicho que la política de la resistencia católica en Alemania era que el Papa debía mantenerse aparte, mientras la jerarquía alemana (los obispos) llevaba a cabo la lucha contra el nazismo al interior de Alemania, sin que las influencias externas se manifestaran».

Finalmente, en el relato del 3 de junio de 1945, Tittmann explicaba que «el Papa ha seguido este consejo durante toda la guerra». Müller pensaba que «el Papa ha decidido hablar ahora abiertamente contra los nazis porque las implicancias de sus denuncias son actualmente muy importantes y lo hace tomando en cuenta una gran cantidad de consideraciones».
R.R./ReL

LA JUSTICIA DE DIOS SE HA MANIFESTADO POR LA FE EN JESUCRISTO


Hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo".

Fragmento del Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2010. Lleva por título la siguiente afirmación de San Pablo en su Carta a los Romanos: "La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo".

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22). Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra "justicia", que en el lenguaje común implica "dar a cada uno lo suyo" (...) Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia "distributiva" no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde.

Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si "la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios" (De Civitate Dei, XIX, 21).

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas" (Mc 7,15. 20-21).

(...) Para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un "éxodo" más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado… por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).
¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la "propiciación" tenga lugar en la "sangre" de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la "maldición" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendición" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14).

Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de "lo suyo"? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo.

Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "más grande", que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica.
Autor: S.S. Benedicto XVI