lunes, 8 de febrero de 2010

HUMILDAD DEL SACERDOTE, HUMILDAD DE LOS FIELES


«En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento».

Así describía Benedicto XVI, en la carta enviada el 10 de marzo del 2009 a todos los obispos del mundo, la situación actual de la fe. Poco menos de un año antes, hablando a los participantes en el curso anual organizado por la Penitenciaría apostólica, había recurrido a expresiones afines, describiendo el «apagarse» de la práctica de la confesión, síntoma del difundido «desapego» que hay también en la Iglesia por este sacramento.

El hecho de recurrir a la misma imagen - la de «apagarse», del decaer - es de por sí elocuente. Se apaga el sacramento de la confesión cuando se apaga la fe. La causa del apagarse de la fe puede ser la libertad del hombre, cuando, como en le caso del joven rico, se dice no al atractivo amoroso de la gracia. Pero, en todo caso, frente al apagarse de la fe en amplias zonas de la tierra, lo que se requiere ante todo es la oración, visto que «cuando se trata de la fe el gran director de escena es Dios; pues Jesús ha dicho: ninguno viene a mí si el Padre mío no lo atrae». Decía el papa Juan Pablo I.

Constatado que la causa principal del apagarse del sacramento de la confesión es el apagarse de la fe, podemos añadir que uno de los motivos que ha contribuido al debilitamiento de la práctica de este sacramento ha sido centrar la vida de las comunidades cristianas más en acontecimientos que en la cotidianidad. Y la cotidianidad está hecha de oración («la pequeña oración de la mañana» y «la pequeña oración de la noche», como recordaba recientemente el papa Benedicto a los niños) y de perdón por nuestras faltas. «Quotidie petitores, quotidie debitores» (san Agustín). Debemos rezar todos los días, hemos de ser perdonados todos los días.

También el hecho de dejar de recordar la trágica posibilidad de cometer el pecado de sacrilegio cuando se recibe indignamente la comunión (cf. 1Co 11, 27-32) puede ser una ocasión más del apagarse de la práctica de la confesión. Constatamos con dolor que en el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica ya no se habla del pecado de sacrilegio que se comete sea cuando culpablemente se omite algún pecado mortal en la confesión, sea cuando se recibe indignamente, es decir, en pecado mortal, la comunión.

Cuando la acusación de los pecados es «humilde, entera, sincera, prudente y breve», como aprendimos de niños en el Catecismo de san Pío X, en el sacramento de la confesión, junto con el perdón, se recibe y se aprende también la gracia de la humildad. De este modo la confesión se vive como el sacramento de la humildad de los fieles que hace posible recibir dignamente el sacramento de la humildad del Señor, según la estupenda definición que el Papa ha dado de la eucaristía como «santísimo y humildísimo sacramento».

Pero también el sacramento de la confesión o penitencia, o reconciliación, como se le quiera llamar, es el sacramento de la humildad del sacerdote: En primer lugar, humildad porque es una actividad que luce poco, no hace brillar al cura como puede ocurrir con una liturgia brillante o un sermón "de campanillas", donde el sacerdote se puede lucir, por no hablar de los grupos, las dinámicas y otras actividades donde todas las miradas pueden estar puestas en él. En el confesionario no hay muchas miradas puestas en el ministro, sólo las del penitente, que no piensa tanto en el sacerdote cuanto en el perdón de Dios. Por lo tanto, además, humildad porque en este sacramento, quizás más que en los otros, se ve que él es un simple instrumento en las manos de Dios y no tiene gran espacio para originalidades o personalismos. Y por último, humildad porque el estar sentado en el confesionario sin que nadie te vea, esperando a que lleguen los penitentes - que a veces llegan y a veces no - requiere una gran ascética, que incluye sin duda la humildad del que no busca los resultados sino hacer la voluntad de Dios.

El ejemplo de humildad del sacerdote llama a la humildad de los fieles y les anima a acercarse a la confesión. Y, cuando por el contrario es el mismo sacerdote el que no parece darle importancia a la confesión y deja el confesionario cerrado como cosa habitual, haciendo que quien se quiera confesar tenga que buscar al cura por los despachos, a veces tarea ardua y que siempre compromete el anonimato del penitente, pues cuando por fin ha encontrado al cura ya media parroquia se ha enterado que "hay alguien que se quiere confesar", entonces se convierte la confesión en algo raro y poco a poco se apaga...

«La vida de Juan María Vianney transcurrió en el confesonario», decía el abate Alfred Monnin, que estuvo con el Cura de Ars durante más de cinco años y que luego sería su biógrafo. Hoy parece que los sacerdotes tenemos demasiadas ocupaciones para dedicar a esta actividad el tiempo abundante que requiere. Ojalá nuestro santo Patrono nos ayude a poner de nuestra parte todo lo posible para que este sacramento siga vivo en la vida de los fieles.
Alberto Royo Mejia

DECISIONES GRANDES, DECISIONES PEQUEÑAS


Si decido bien, si dejo que el amor dirija mis pasos, me habré convertido en un pequeño obrero en la gran misión de la misericordia.

Hay decisiones grandes que imprimen un rumbo decisivo en la marcha de la vida. La decisión por la carrera, por el trabajo, por el esposo o la esposa, por el modo de ahorrar, por la manera de organizar la casa... Cada una de esas decisiones configura buena parte de mi vida, orienta mi manera concreta de relacionarme con familiares y amigos, con conocidos y con extraños.

Otras decisiones son pequeñas. Parecen no tener importancia en el conjunto, porque se refieren a aspectos marginales o irrelevantes en la propia vida y en las vidas de quienes están a nuestro lado.

En realidad, cualquier acto mío influye en otros de maneras a veces insospechadas. Una sonrisa en la escalera puede cambiar el corazón de un vecino. Un gesto de gratitud al vendedor de fruta llega a ser la ocasión para que inicie una amistad sincera. Una carta o un mensaje electrónico a un profesor anciano llega a tener un valor muy grande para quien afronta los últimos años de su vida.

Es cierto que a la hora de tomar decisiones me miro muchas veces a mí mismo: qué me gusta, qué me funciona, qué me crea problemas, qué me descansa, qué rinde más. Pero también es cierto que las decisiones no afectan sólo la propia vida, sino que llegan a muchos otros, incluso a personas nunca conocidas.

Por eso vale la pena reflexionar a la hora de tomar decisiones no sólo según la lógica del gusto personal, ni según el beneficio inmediato, sino según la lógica del encuentro, de la ayuda, del servicio, de la solidaridad.

No somos islas que flotan en el universo sin relaciones. Somos, más bien, parecidos a pequeños puntos que influyen en otros y que son influidos por lo que los otros hagan o dejen de hacer.

Este día, estos momentos que tengo ahora ante mis ojos, pueden ser decisivos para un amigo o para un extraño. Está en mis manos la decisión (grande o pequeña) de lo que hago o de lo que deje de hacer.

Dios, para quien soy importante, ha puesto en mis manos tesoros de inteligencia y voluntad. Ahora espera y mira. Si decido bien, si dejo que el amor dirija mis pasos, me habré convertido en un pequeño obrero en la gran misión de la misericordia, habré colaborado un poco en el proyecto de Dios Padre que busca llevar amor a cada uno de sus hijos.
Autor: P. Fernando Pascual LC

SE DISPARA EL USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN POR LOS ADOLESCENTES


La Iglesia intenta llegar a la juventud en un mundo digital.

ROMA, domingo 7 de febrero de 2010 (ZENIT.org).¿Quién dice que la Iglesia no está al paso del mundo moderno? En su reciente mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, Benedicto XVI anima a los sacerdotes a comunicarse a través de los medios digitales.

En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: ‘¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!’”, comentaba el Papa.

Unos días antes de que se hiciera público el mensaje, el 21 de enero, se publicaba un estudio de la Kaiser Family Foundation que mostraba lo importante que es para la Iglesia el estar presente en estos medios de tan rápido desarrollo.

Generation M2: Media in the Lives of 8 to 18 Years Old (Generación M2: Los Medios en las Vidas de los de 8 a 18 años) ha sido la tercera de una serie de encuestas a gran escala de la fundación sobre el uso de los medios por los jóvenes.

Reveló que hoy los de 8 a 18 años dedican, en un día normal, una media de siete horas y 38 minutos al uso de los medios, lo que suma más de 53 horas a la semana. Pero esta cifra no es ni siquiera completa, puesto que muchos de ellos usan más de una forma de medio al mismo tiempo. Si el consumo conjunto de medios se cuenta de forma separada, dedican un total de 10 horas y 45 minutos al día.

El informe se basaba en una encuesta llevada a cabo con una muestra representativa nacional de 2.002 estudiantes de tercero a duodécimo grado de entre 8 y 18 años. Además, un subgrupo seleccionado de 702 encuestados llevó un diario de siete días sobre el uso de medios, que se usó para calcular las cifras de consumo.

Haciendo una comparación con la última encuesta llevada a cabo en el 2004 por la Kaiser Family Foundation, la cantidad de tiempo dedicado a los medios ha aumentado en los últimos cinco años en una hora y 17 minutos al día.

El informe identificaba la revolución en medios móviles y online como una de las principales causas detrás del aumento en el uso de los medios. En los últimos cinco años el tiempo dedicado a la lectura disminuyó ligeramente en comparación con el incremento de tiempo dedicado a los medios digitales.

Medios móviles.
El informe observaba que el adolescente medio lo primero y lo último que hace cada día es controlar su teléfono móvil. Otros desarrollos de la tecnología de los medios móviles han que, si bien la televisión se veía antes sentándose delante del aparato, ahora los programas están disponibles en un ordenador portátil y en otros dispositivos móviles.

Según el informe, el 20% del consumo de medios en el grupo estudiado tuvo lugar a través de dispositivos móviles, y casi una hora se dedica a contenido “viejo” como programas de televisión, que ahora son vistos a través del ordenador u otras formas de transmisión.

El consumo de medios por los jóvenes se ha facilitado al tener acceso a los mismos en sus dormitorios. No menos del 71% de los encuestados de entre 8 y 18 años tenían una televisión en sus habitaciones. Además, la mitad una videoconsola (50%) o televisión por cable (49%), y un tercio un ordenador (36%) y acceso a internet (33%) en sus habitaciones.

Además, en estos cinco años el porcentaje de los de entre 8 y 18 años que poseían un ordenador portátil ha subido del 12% hasta el 29%, mientras que los propietarios de un teléfono móvil han pasado del 39% al 66%. Lo que tenían un iPod u otro reproductor MP3 pasaron el 18% al 76%.

Una característica del uso de los medios por parte de los jóvenes, que ha revelado la encuesta, ha sido el enorme salto que tiene lugar una vez que alcanzan el grupo de edad de entre 11 y 14 años. Los jóvenes de este grupo de edad ven un aumento de más de tres horas al día en el tiempo dedicado a los medios – un aumento de cuatro horas al día en total si se cuenta el uso múltiple.

Este cambio significa que, en total, el grupo de edad de 11 a 14 años dedica 8 horas y 40 minutos al día al uso de medios, o cerca de 12 si se tiene en cuenta el uso múltiple. Como apunta el informe, esta exposición a los medios tiene lugar en un momento en el que están haciendo la transición a la adolescencia.

Preocupación.
El informe consideraba los diversos motivos de preocupación por el hecho de que los jóvenes pasen cada vez más tiempo usando los medios. En cuanto a la actividad física, la encuesta encontró que, al contrario de la creencia popular de que el uso de los medios sustituye al ejercicio, los jóvenes que más dedicaba tiempo a los medios pasaba un tiempo parecido haciendo ejercicio o siendo físicamente más activos que otros jóvenes que pasaban menos tiempo con los medios.

En el tema de los resultados académicos, las noticias no son tan buenas. Los niños que más usan los medios tienden a sacar notas ajustadas o pobres con respecto a los demás niños. Según los resultados de la encuesta, el 47% de los que más tiempo dedicaba a los medios decían que normalmente sacaban notas ajustadas o malas, comparados con el 23% de los que usan poco los medios.

Además, esta correlación entre el uso de los medios y las notas es constate cuando se tienen en cuenta factores como la edad, el sexo, la raza o la educación de los padres. Al mismo tiempo, los autores del estudio señalan que su investigación no puede establecer si hay una relación de causa y efecto entre el uso de los medios y las notas.

Al tratar la cuestión de la felicidad y el uso de los medios, la encuesta encontró que la gran mayoría de los jóvenes tienden a puntuar alto en un índice de contento. No obstante, quienes están menos contentos dedican más tiempo a los medios que aquellos que están más arriban en la tabla de contento. Como con el tema de los resultados académicos, el informe indicaba que no ha sido determinante si existe una relación de causa y efecto entre el uso de los medios y el contento personal.

Reglas.
Otra dimensión del uso de los medios por parte de los jóvenes que examinaba el informe era el tema del control de los padres. Para empezar, la encuesta encontró que muchos jóvenes viven en hogares donde la televisión está normalmente encendida durante las comidas, y suele dejarse encendida como trasfondo este viéndola alguien o no.

Se pidió a los estudiantes que informaran si sus padres fijaban reglas para las diversas formas de medios. La mayoría afirmó que no tenían ninguna regla sobre el tipo de contenido de los medios que podían utilizar o la cantidad de tiempo que dedicaban a los mismos. Una excepción fue que el 52% afirmó que tenían normas sobre lo que podían hacer con el ordenador.

Menos de la mitad – el 46% - afirmó que tenían reglas sobre lo que se les permitía ver en la televisión. Para los videojuegos y la música el porcentaje era del 30% y el 26% respectivamente.

En general, es más probable que los padres restrinjan el tipo de contenido que sus hijos pueden consumir que la cantidad de tiempo que dedican a consumirlo. Así, el 46% de los chicos respondió que tenían reglas sobre lo que podían ver en televisión, en comparación con el 28% que tenían reglas sobre cuánto tiempo podían verla.

Como era de esperar, las restricciones de los padres son más comunes para los grupos de edad más jóvenes. Sólo el 3% de los niños de entre 8 y 10 años afirmaron no tener ninguna norma, en comparación con el 30% de los de 15 a 18 años.

Además, los padres hacen cumplir las normas de modo más estricto a los niños más pequeños. En cuanto a los niños más mayores, la aplicación de las normas decae considerablemente. En los grupos más mayores sólo el 12% informó de que tenían normas sobre los videojuegos que podían jugar o la música que podían escuchar. Y el 26% tenían reglas sobre que podían o no ver en televisión.

En su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa expresaba su deseo de que los sacerdotes y los hombres y mujeres consagradas usaran los medios para permitir que el mensaje de Dios caminara por las autopistas del ciberespacio, de modo que Nuestro Señor pudiera llamar a la puerta de nuestros hogares y de nuestros corazones y entrar en nuestras vidas. Una nueva forma de responder al mandato de de Cristo de ir y predicar el Evangelio hasta los confines de la Tierra, sea física o virtualmente.
Por: el padre John Flynn, L. C.,

Traducción del inglés por: Justo Amado

¿QUÉ ES LA DISPARIDAD DE CULTO?


Dificultades en el caso en que el matrimonio sea entre una parte católica y otra no cristiana.

Se distingue entre matrimonio mixto estricto (matrimonio entre un católico y un cristiano no católico) y matrimonio dispar, a veces también llamado mixtoen sentido amplio (católico con un no-cristiano). El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1634, señala que para el caso de los matrimonios mixtos, la diferencia de confesión entre los cónyuges no constituye un obstáculo insuperable para el matrimonio, cuando llegan a poner en común lo que cada uno de ellos ha recibido en su comunidad, y a aprender el uno del otro el modo como cada uno vive su fidelidad a Cristo. Pero al mismo tiempo indica que las dificultades... no deben tampoco ser subestimadas. ¿Cuáles son esas dificultades? Ante todo, los esposos corren el peligro de vivir en el seno de su hogar el drama de la desunión de los cristianos.

En el caso en que el matrimonio sea entre una parte católica y otra no cristiana (disparidad de culto), se puede agravar aún más estas dificultades. Es evidente porque aquí tenemos no sólo divergencias en algunos puntos de la doctrina cristiana, sino incluso divergencias en la fe y en la concepción misma del matrimonio”. Piense, tomando el caso que usted me consulta del matrimonio con un cónyuge musulmán, en la dificultad que implica el que la otra parte del matrimonio no acepte ni el matrimonio monógamo, ni indisoluble, ni la igualdad sustancial entre el hombre y la mujer, ni el derecho a la educación cristiana de los hijos, y ni siquiera (en algunos casos) se permita la práctica de la religión. Como indica muy bien el catecismo, una tentación que puede presentarse entonces es la indiferencia religiosa.

Por este motivo, la Iglesia con sabiduría exige la licencia del ordinario del lugar (obispo o quien hace las veces de él) para la licitud del matrimonio mixto y la dispensa de disparidad de culto para la validez del matrimonio dispar. El fundamento de este requisito radica en el peligro para la parte católica de perder la fe y de que los hijos habidos en el matrimonio no sean educados conforme a las pautas doctrinales y morales de la religión católica. A estos peligros se añade que la diversidad de religión constituye un obstáculo para establecer el consorcio de toda la vida o la íntima comunión de vida que es el matrimonio, dadas las diversas concepciones sobre el mismo que tienen el contrayente católico y los que profesan otras religiones cristianas o no cristianas (Manzanares, Mostaza, Santos, “Nuevo Derecho Parroquial”, B.A.C., Madrid 1990, p. 458).
Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E

domingo, 7 de febrero de 2010

LA CRUZ DE CADA UNO


Todos tenemos nuestra cruz y la forma de llevarla y soportarla es el signo que nos marca, nuestro grado de amor al Señor.

Nadie está exento de soportar su cruz y si alguno cree que no la tiene, habrá que aplicarle las palabras del Santo Cura de Ars, que decía: La mayor cruz es no tener cruz. Fulton Sheen, también aseguraba que: Carecer de cruz le haría a uno sospechoso de carecer de la marca indeleble de pertenecer al rebaño de Cristo. De la cruz nadie se libra, y si alguno asegura que él no la tiene, que esté seguro que la tendrá y si ve que no le llega más vale que comience a preocuparse.

Todos pensamos que la cruz de los demás es más pequeña y llevadera que la propia. Esto me recuerda la historia, de un empresario con muchas posibilidades económicas, que todo el mundo pensaba que no soportaba cruz alguna, ya que no tenía problema alguno y se pegaba una gran vida, hasta el extremo, de que sus empleados le llamaban: el inmortal, porque era imposible que pasase a mejor vida. Pues bien él también tenía su cruz aunque nadie se la veía. Dios nos da a cada uno la cruz que más nos conviene, y que Él estima que podemos llevar para alcanzar una auténtica mejor vida, en una real inmortalidad. La cruz es un regalo divino que no sabemos apreciar, porque ella nos identifica con el Señor, y nos permite que el día de mañana si hemos sufrido con Cristo, con Él resucitaremos para la vida eterna. Y vuelvo a repetir: ¡Ah! de aquel, que carezca de cruz.

El Catecismo de la Iglesia católica, en su parágrafo 2015 nos dice: "El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf. 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas: El que asciende no cesa nunca de ir de comienzo en comienzo mediante comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce (S. Gregorio de Nisa, hom. in Cant 8).

Si de verdad queremos pertenecer al rebaño del Maestro, hemos de poner en práctica lo que nos dijo: “…, si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga. (Mt 16, 24). A nadie le prometió el Señor, un camino de rosas para alcanzar la vida eterna, pero también Él nos dijo que: Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera (Mt 11,29-30). La cruz aceptada es dulce de llevar, la cruz no aceptada es dura y amarga de llevar.

El Señor no le ofrece a nadie una vida de placeres y después la vida eterna. Nos ofrece sacrificio y sufrimiento, pero un sacrificio y un sufrimiento que puede llegar a ser gozoso ya en esta vida. Porque como escribe el teólogo dominico Garrigou-Lagrange: Bien llevada la cruz es una bendición grande de Dios, un signo de predestinación, pues nos conforma con Cristo profundísimamente, como se lee en la epístola a los romanos". “Si pues somos hijos de Dios, también herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con Él, para ser con Él glorificados (Rm 8,17). En la Cruz se encuentra la perfección de la virtud, el culmen de la santidad. De aquí que la cruz nos sea más necesaria de lo que ordinariamente pensamos. De ahí que San Pablo diga; Todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones(2Tm 3,12)”. Y San Agustín por su parte, también aseguraba que: Si, pues no sufrieres ninguna persecución por Jesucristo, ve si, tal vez, no has comenzado aún a vivir piadosamente en Cristo. Cuando empieces a vivir piadosamente en Cristo, entonces comenzará el prensarte. Prepárate para ser estrujado; pero no te seques, no sea que nada salga de la prensa.

Debe de ser tal importancia y lo es la cruz para nosotros, que el Cardenal Ratzinger aseguraba que: Una entrega de la Iglesia al mundo que supusiera alejarla de la cruz, no conduciría a su renovación, sino a su fin. El mundo ni nadie nos van a redimir del peso de nuestra cruz, solo el amor a Dios, puede hacer transformarnos ese peso en algo dulce, cuando uno quiere llegar a Dios por amor, y por amor a Él, se adquiere al deseo unir nuestras penas a las suyas. Santa Teresa aseguraba que: “…, el que arrastra la cruz de mala gana siente su peso, por pequeño que sea; pero que quien la abraza voluntariamente, no siente su pesadez, aunque fuera muy grande”.

El precio de la amistad con Cristo, nos dice el Kempis, es beber su cáliz: Bebe ávidamente el cáliz del Señor si quieres de veras ser su amigo y deseas tener parte con Él en la gloria”. “Y en cuanto a ti, estate pronto a sufrir tribulaciones y tenlas por suavísimos consuelos, porque no pueden compararse los sufrimientos de esta vida con la gloria futura, ni pueden merecerla, aún cuando tu solo pudieras tolerar todos los padecimientos juntos. Y sigue escribiendo Tomás Hemerken de Kempis: Cuando llegues al punto en que la aflicción te es dulce y te complaces en saborearla por Cristo, bien puedes entonces considerarte dichoso, porque has hallado en verdad el paraíso en la tierra.

Cuando el Señor invita a sus discípulos y a todos nosotros también nos invita a llevar la cruz siguiéndole a Él, no preconiza una defensa del sufrimiento. El sufrimiento que nos ofrece la cruz es necesario, porque sufrimiento, amor y purificación tienen siempre un misterioso nexo de unión. En revelaciones a Santa Rosa de Lima el Señor le manifestó a la santa, lo que está luego escribió: El divino Salvador con su inmensa majestad dijo: Que todos sepan que la tribulación va seguida de la gracia; que todos se convenzan que sin el peso de la aflicción no se puede llegar a la cima de la gracia; que todos comprendan que la medida de los carismas aumenta en proporción con el incremento de las fatigas. Guárdense los hombres de pecar y equivocarse: esta es la única escala del paraíso, y sin la cruz no se encuentra el camino de subir al cielo.

Nuestra cruz es la escala de que disponemos para ascender al cielo, cada pena, cada contrariedad, cada sufrimiento, es un escalón de la divina escala y cuanto más dura sea la pena, o el sufrimiento, mayor será el tamaño del escalón. Por ello si hay algo que el demonio odie, es la cruz que nos permite tener esta divina escala. Y cuanto más nos abracemos a nuestra cruz, más segura será nuestra santificación. El demonio muy bien sabe que Cristo le venció en la cruz, y fue también en la cruz donde Él nos redimió de las cadenas que nos tenían sujeto al demonio, por ello el demonio odia la cruz, porque ella nos aparta de él, y nos elevan a la intimidad con el Señor.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

EL NOMBRE MÁS HERMOSO


Amar hasta que duelapero el amor es lo que nos llena de felicidad el corazón.

En el mundo indígena, uno de los principios que constituyen el universo es el dolor.

Sin embargo los ojos de ese pueblo penetran en esta realidad sin miedo y la transforman en algo sublime.

Un guerrero miró a su hija recién nacida. Tan hermosa le parecía que no encontraba un nombre apropiado para ella. Todos le sabían a poco. Al fin decidió buscar lo más valioso del mundo y tomarlo como nombre para su primogénita.

Salió muy temprano, cuando aún era oscuro y pensó "Podría llamarla: Silencio, pues es hermosísimo"... pero comenzó el amanecer y el guerrero detuvo sus pasos y dijo: "No, la llamaré: Aurora".

Decidió caminar unas millas más y el día avanzaba mientras a lo largo de su camino el guerrero pensaba en llamar a su hija: "Luz, nieve, Flor, Cielo..." Y así recorrió grandes distancias y consultó a muchos hombres instruidos, hasta que finalmente encontró al más sabio de los hombres, que le dijo:
-“Tras esta montaña encontrarás a un pastor muy sencillo. Acércate a su casa, espera allí y verás lo más valioso del mundo...”

Apostado junto a unas rocas el guerrero esperó el momento fijando su mirada en la entrada de la casa. Al cabo de unos momentos se abrió la puerta y apareció una niña. El guerrero sintió un escalofrío. La pequeña estaba cubierta de lepra.

En unos instantes, tras la curva del camino, se escuchó la voz del pastor llamando a su hija. El guerrero vio cómo padre e hija se abrazaban y cubrían de besos. Y así, volviendo a su casa con lágrimas en los ojos, se dijo:
-“La llamaré Heoma-nae-sàn ("amor en el dolor").
Autor: P. Miguel Segura

sábado, 6 de febrero de 2010

CON MARÍA, Y UNA BARCA QUE SE ALEJA



Me tomas de la mano y me conduces a la orilla del lago, justo a tiempo para ver al Maestro y los discípulos subir a una barca y alejarse.

En la Misa de hoy se lee el Evangelio según San Marcos (6,30-34).

Lo escucho, Madrecita, refugiada en tu Corazón, pues por experiencia he aprendido que es el mejor sitio para escuchar a tu Hijo, para aprender sus enseñanzas y sacar el mayor fruto en mi propia vida.

Así pues, mirando tu pequeña imagen de Luján, el corazón se va a aquella casa, donde Jesús está con sus discípulos y los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer”…

Me acompañas, dulce Madre, me tomas de la mano y me sientas muy cerquita del Maestro, para escuchar su Palabra…

Cada palabra, cada mirada de Él, es bálsamo exquisito para mi alma dolorida. En un momento, al ver tanta gente, Jesús les dice a los discípulos: Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco. Se despide de nosotras y se aleja.

- ¿Adónde va, Madre? ¿Podemos seguirle?

Me tomas de la mano y me conduces a la orilla del lago, justo a tiempo para ver al Maestro y los discípulos subir a una barca y alejarse. Una honda pena me llena el alma. Jesús se aleja… se va… o lo que es peor, no puedo seguirle. Y las olas del lago marcan la distancia con acompasado canto en la orilla.

- Madre ¿Qué hago ahora?
- Aprende, hija, aprende. Mira las aguas ¿Qué ves?

Sin comprenderte aun y sin pensar un poco más allá de lo que tengo a la vista, te digo sorprendida:
- Pues agua, Madre el agua es solo agua
- No si la miras con el alma, hija. Vamos, atrévete, te sorprenderás.

Y de tu mano dejo a mi alma mirar con sus ojos. Y el agua ya no es agua. Las olas no son olas, sino que son… son todos mis miedos, mis olvidos, mis excusas, mis pecados. Todo lo que no me permite seguir a Jesús por donde va. Y mi alma gime en una pregunta:
- Madre ¿Qué hago? ¿Cómo paso por encima de todo esto? ¿Cómo torno en puente estas aguas turbulentas?

Me abrazas suavemente y me acaricias el cabello. Siente mi corazón inmensa paz. Siente mi alma que aun no se acabaron los caminos.
- No es un puente el único camino para llegar, hija. Además, en la barca se van las herramientas que necesitas para construirlo. No, no puedes hacer un puente.
- ¿No hay esperanza, entonces, Madre?
- Siempre la hay, querida hija, siempre Mira a tu alrededor.

Allí noto que les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos

- ¿Rodear el lago, Madre? ¿Ir por tierra siguiendo al que va por las aguas? ¿Cómo llegaré? Es demasiado lejos no podré, María, lo siento
- ¡Vaya, que pronto bajas los brazos!
- Es que conozco mis fuerzas y sé que no podré.
- Bien dices, hija. Conoces tus fuerzas, pero ¡Te aseguro que desconoces las mías!
- No te comprendo, Madre.

Y estiras tu mano segura hacia la mía, vacilante. Tu mano es segura, brillante, purísima ¿Cómo negarme a tomarla? Y la aprieto con todas mis fuerzas.

- ¿Lista? - me dices sonriente - Prepárate, hija mía, prepara tu alma para el milagro.
Y, antes que alguna pregunta turbase tan delicado momento, comienzas a correr por la orilla. Me llevas. Siento los pies ágiles y el corazón liviano. Conoces todos los atajos, todos los secretos del camino. La gente corre a esperar a Jesús y noto que, de tu Mano, voy más rápido. Y compruebo que eres el camino más corto, perfecto, fácil y seguro para llegar a Jesucristo.

Estamos a pocos metros de la barca. Jesús nos ve llegar. Tu, espléndida, yo, jadeante, asombrada, feliz… Las demás personas nos miran con asombro pues no comprenden cómo hemos llegado antes que ellos. Recupero el aliento mientras Jesús se nos acerca. Te abraza. Le hablas de mí. El Maestro me mira y se compadece.

Las palabras se me han volado… no hacen falta. Él conoce bien cada dolor, cada espina de mi corazón, cada pecado cometido.

El Maestro, entonces, se dispone a enseñarnos. Te sientas a mi lado, Madre, y das a mi alma el mejor de los consejos, el que repites a cada devoto tuyo: Haz todo lo que Él te diga

El alma se va serenando. Apoyo mi cabeza en tu hombro mientras le escucho. Cuando Jesús hace unos segundos de silencio, tú te apresuras a explicarme lo que no entendí.

Ya cae la noche, el sol se ha escondido por completo en la ventana de la parroquia. Ya no estoy sentada a la orilla del lago sino en el banco… pero aún siento Tu Mano entre las mías… Al mirarlas, veo con alegría que aun sostienen el Rosario, rezado antes de Misa…

Te había pedido abrazar al Maestro cuando terminase de hablar, pero temí no poder hacerlo por tanta gente que había a su alrededor. Pero recordé tus palabras: “¡Tu no conoces mis fuerzas!”. Y me diste el regalo del abrazo con Jesús. No a la orilla del lago, sino en la Eucaristía. Un abrazo de Corazón a corazón. Un abrazo lleno de palabras, de lágrimas, de caricias, de alivio para el alma.

Ahora sé que muchas veces sentiré que Jesús se aleja y unas olas de dolor, de olvido y hasta de pereza intentarán separarme de Él. Sé, Madre, que entonces deberé tomar tu Mano y correr contigo, porque Tú conoces todos los caminos para llegar a Él… todos los atajos, todos los secretos.

Amigo mío, amiga mía que lees este sencillo relato. Cuando sientas que las olas del dolor, del olvido, la indiferencia… o cualquier otra, te separe del Maestro, corre con tu corazón a los pies de María. Pídele te dé su Mano para seguir a Jesús. Ella es el camino más corto, fácil, seguro y perfecto para llegar al más ansiado de los destinos: El Corazón de Jesús.

Nota de la autora: Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.
Autor: Ma. Susana Ratero

viernes, 5 de febrero de 2010

NACIMIENTO DE UNA LEYENDA

TITANIC

Nacionalidad: Británica
Armador: White Star Line
Constructor: Harland and Wolff Yard (Belfast)
Puesta de quilla: 31 de marzo 1909
Botadura: 31 de mayo de 1911
Viaje inaugural: 10 de abril de 1912
Desplazamiento: 46.329 toneladas
Eslora: 269 metros
Manga: 28.2 metros
Planta propulsora: 29 Calderas "Huge", 2 máquinas alternativas de 4 cilindros de triple expansión y 1 turbina Parsons de baja presión.
Hélices: Dos laterales de 3 palas y una central de 4 palas.
Velocidad máxima: 25 nudos

La compañía naviera White Star se fundó en 1850, estando su flota formada por veleros que se dedicaban principalmente al comercio relacionado con las minas de oro australianas.

En 1902, la International Mercantile Marine Company, un trust naviero encabezado por el financiero norteamericano J. Pierpont Morgan, compró la compañía White Star, por unos 25 millones de dólares en oro, pasando a ser controlada, fundamentalmente, por intereses norteamericanos. Los barcos siguieron estando bajo bandera inglesa y las tripulaciones eran también de esa nacionalidad.

En 1904 asumió la presidencia y la dirección administrativa de la compañía, con pleno apoyo de Morgan, el financiero J. Bruce Ismay, de 41 años.

A su vez William J. Pirrie, presidente de los astilleros Harland & Wolff, pasó a ser uno de los directores de Mercantile Marine.

§ En 1907, en una fiesta celebrada en la mansión canadiense de William J Pirrie, Bruce Ismay propuso la construcción de dos grandes barcos (más adelante se agregó un tercero) que compitiesen con el lujo, tamaño y velocidad de los de las compañías rivales, especialmente la Cunard, que en ese año había botado los trasatlánticos Lusitania y Mauritania. Estos buques eran de 30.000 toneladas, con una eslora de 232 metros, potencia de 70.000 CV y velocidad máxima de 26 nudos.
§ Estos dos buques fueron construidos con un subsidio del gobierno inglés de 2,5 millones de libras esterlinas con la condición de que siempre fueran de propiedad británica y estuvieran a disposición del país en caso de guerra.

Los planos fueron aprobados en Belfast el 29 de julio de 1908 por Bruce Ismay y otros directivos de White Star. El plano general de la distribución refleja la arquitectura naval más moderna, incluida la división del casco en una serie de compartimentos teóricamente estancos.


También se aprecia la gran cantidad de espacio que ocupan las calderas y motores. La falsa cuarta chimenea no está conectada con las calderas de carbón, sino colocada por encima de la sala de turbinas. Su función era aumentar el prestigio y la estética del barco.


J. Bruce Ismay


Antes de empezar la construcción del Olympic y el Titanic se necesitó construir dos enormes gradas. Las gradas 2 y 3 sustituyeron a tres gradas más pequeñas.

El 31 de Julio de 1908 se firmó el contrato para la construcción, en los astilleros de Belfast, del Olympic, el Titanic y un tercer barco, el Britanic, que se agregó luego. El coste total de cada barco sería de 1.500.000 libras, es decir, alrededor de 7.500.000 Dólares. Esta cifra era impresionante para la época, si tenemos en cuenta que un operario del astillero ganaba 2 libras a la semana; es decir, 8 libras al mes o 96 libras al año. Y Edward J. Smith, capitán del Titanic, el oficial mejor pagado de la época, ganaba 1.000 libras al año. Las decisiones definitivas sobre el diseño, el equipamiento y la decoración, dependerán de J. Bruce Ismay.

El 31 de Mayo de 1908 se coloca la quilla Nº 401 en el astillero Harland & Wolff. Comienza la construcción del Titanic.

Para la construcción del Olympic y el Titanic se levantó un enorme pórtico de acero sobre las nuevas gradas. La estructura estaba equipada con un sistema de grúas, además de cuatro ascensores eléctricos, pesaba casi 6.000 toneladas y tenía una altura de 65 metros.

En aquellos momentos la mano de obra de H&W era de 15.000 personas, de las que más de 3.000 trabajaban en la construcción del Titanic.

En la planta de propulsión del Titanic, el vapor de escape de las máquinas alternativas se expandía mediante una turbina de baja presión que impulsaba la hélice central. Este sistema proporcionaba mayor potencia sin aumentar el consumo de carbón.

El 31 de Mayo de 1911 se bota el casco del Titanic. Presencian el hecho más de 100.000 personas. Es el objeto móvil (junto con el Olympic) más grande que jamás haya construido el hombre. Para que el barco se deslice por la grada del astillero se emplean 22 toneladas de sebo, jabón y aceite. La presión del casco sobre la grada era de 150 Kg. por cm2.

En Junio de 1911 la White Star Line y el astillero Harland & Wolff acuerdan una fecha para el primer viaje del Titanic: el 20 de Marzo de 1912.

Vivos sentimientos de alivio inundaron el astillero cuando, en 62 segundos, el Titanic pasó de ser una estructura de acero unida a tierra a un buque que flotaba en su entorno natural.

Sin sus motores, calderas, maquinaria, chimeneas, suministros y accesorios, el Titanic ya dominaba las aguas.

El 3 de Febrero de 1912 se vara el Titanic en el dique seco del muelle Thompson Graving, en Belfast. Algunos de los técnicos encargados del montaje final viven a bordo del barco.

El 2 de Abril, a las 06.00 horas, comienzan las pruebas de mar. Con ayuda de remolcadores, cruza el canal Victoria hasta Belfast Lough. Una vez en la mar se prueban de los diversos equipos, incluida la radio.

Se realizan pruebas de velocidad y maniobra. Se realiza un importante test de detención, para lo que se hace navegar al barco a 20 nudos, se paran las máquinas y se invierten a atrás toda. De esta prueba se desprende que el Titanic, navegando a esa velocidad, necesita aproximadamente dos millas para detener su arrancada.

Recordemos que cuando avistaron el iceberg, lo hicieron a unos 450 metros por la proa cuando el barco navegaba aproximadamente a 21 nudos, siendo por ello materialmente imposible que lo hubieran podido detener antes de la colisión.


Edward J. Smith era el capitán de más años en la White Star Line y, posiblemente, el oficial más experimentado en las derrotas del Atlántico Norte. Había estado al mando del Adriartic, otro gran trasatlántico del la compañía, y del Olympic. Tenia 38 años de experiencia en la White Star Line y poseía una excelente foja de servicios. Curiosamente, en todos sus años de carrera nunca había tenido ningún problema grave.

Reflexión:
Alguien dijo por ahí: Este barco ni Dios lo hunde. No se le puede estar echando la culpa a Dios por todos nuestros fracasos. El Titanic se hundió por una falla humana de mala vigilancia y mal cálculo al estrellarse con un Iceberg (Bloque enorme de hielo).

Si nosotros, que somos una creación más perfecta que el Titanic, porque hemos sido hechos por Dios, no vigilamos nuestra trayectoria por la vida y calculamos mal nuestros día, también nos hundiremos… y no será por culpa de Dios, sino de nosotros mismos, que no queremos esquivar el mal que se cruza por nuestro camino.

Tenemos más salvavidas que el Titanic… tenemos al Hijo de Dios que dio su vida por nuestra salvación. Si no nos aferramos a Él, será inminente nuestro hundimiento. Recuerda que Él es EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.

¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
José Miguel Pajares Clausen

SEGUIR EL CAMINO


La vida está hecha de caminos... caminos que llevan caminos que traen: sueños, alegrías, tristezas, amores, esperanzas.

De todas formas, nada viene o va sin camino. El camino es parte integrante de nuestras vidas…

Ya buscábamos recorrer caminos. Nuestros primeros pasos fueron entrenados... y perfeccionados para conquistar caminos… otros se pierden por el camino…

Unos tuvieron, todo para caminar... otros, mucha dificultad para llegar.

Y llegaremos al punto final. Ciertamente fuimos hechos para abrir caminos, romper barreras, ultrapasar límites y vencer…

Dios, en su infinita misericordia, no nos abandonaría en un desierto de incertidumbres. No nos dejaría a la deriva, condenándonos a un fin sin propósitos.

Él nos preparó un camino que nos llevara de vuelta a la casa...

YO SOY El CAMINO... LA VERDAD Y LA VIDA”. El autor de esta frase, es el autor de la Vida... Es el Alfa y el Omega. El Principio y el Final. El único camino que tiene el poder para cambiar el rumbo de nuestra historia. Es fuente de Vida para los que en Él confían.

Sigue los pasos de aquel que puede conducirte hacia un camino de paz...

El autor de la Vida.
Jesucristo

Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre, sino por mi
(Jesús - Juan cap. 14 verso 6)

Lámpara para mis pies es Tu palabra, es luz para mis caminos
(Salmo 119 - verso 105)

Los que esperan en el Señor, renovarán sus fuerzas, subirán como alas de águila, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán
(Isaías - cap. 40 verso 31)

EL GOZO DE LA ORACIÓN


Escribía Jean Lafrance diciendo: El que un día ha recibido la gracia de la oración, o el don de la plegaria, sabe muy bien que ha encontrado la perla preciosa del Evangelio y vende cuanto posee para comprar este tesoro oculto en el campo del Reino de Dios. Sabe por experiencia que es la fuente de la única dicha verdadera, de un gozo que puede compararse sin dificultad con la embriaguez espiritual de los apóstoles en la mañana de Pentecostés.

Y la pregunta es: ¿Y cómo podemos llegar a esa situación?, ¿cómo podemos gozar en la oración? Porque la realidad es que casi todos, nos tomamos la oración como una obligación que hay que cumplir, para poder quedar bien con Dios. ¡Naturalmente, los que quieran quedar bien con Dios!, que dicho sea de paso, no parece ser que tampoco sean muchedumbres. Lo suyo es adquirir el don de la oración, ese don tan maravilloso que Dios otorga, solo al que ve que va a saber aprovecharlo, porque Él no va derrochando sus dones a troche y moche como si se tratase de una tómbola. En la concesión de dones, Él empieza por poco y si ve que el alma le responde a continuación le da un don mayor que el anterior, y así pasito a pasito el alma se va elevando a su encuentro con Él. Pero ¡ojo! el don que se nos da y no aprovechamos, nunca más vuelve, porque ya nos dijo Él, refiriéndose al apostolado que: "No deis las cosas santas a perros ni arrojéis vuestras perlas a puercos, no sea que las pisoteen con sus pies y revolviéndose os destrocen (Mt 7,6). La mentalidad del Señor es no malgastar nunca nada, menos las cosas santas y en especial sus dones y gracias.

Siguiendo con Jean Lafrance, este decía: Siempre me ha impresionado una frase de San Juan de la Cruz. El alma no va a la oración para fatigarse, sino para relajarse. Y a él, no se le tenía precisamente por uno que favoreciese la búsqueda de consolaciones sensibles en la oración. Porque buscar el gozo en la oración no es perseguir los dones de Dios llamados consolaciones, si no perseguir el don de desear ardientemente orar, encontrase con Él, vivir loco de amor, para aprovechar cada segundo de vida disponible y dedicárselo a Él.

Para ponerse en el camino que nos lleve a esta meta, y empezar a desechar las distracciones que el demonio nos mete en la cabeza, lo primero de todo cuando vamos a orar, es comenzar por adquirir la presencia de Dios en nuestra mente. San Josemaría Escrivá compuso una acertada oración, para llegar a tomar presencia del Señor, que todos los miembros del Instituto la rezan cuando inician su contacto con el Señor. Dice así esta oración.
Señor Creo firmemente que estás ahí, que me ves, que me oyes.
Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracias, para hacer con fruto este rato de oración.
Madre mía Inmaculada, San José mi padre y Señor, Angel de mi guarda interceder por mí
.

Lo ideal desde luego, es entrar ante la presencia de Dios, ante una custodia en la que Él está allí en cuerpo y sangre mortal, con toda su humanidad y también con toda su divinidad esperándonos. Pero si esto no es posible, de la misma forma también se encuentra en el interior de un sagrario. En todo caso, Él siempre está a nuestro lado y echando mano de nuestra imaginación, que bien que la empleamos en otros menesteres no tan piadosos, podemos rezar esta misma oración de San Josemaría, para entrar en la presencia siempre existente del Señor. Esta oración puede rezarse no una sino todas las veces que sean necesarias hasta adquirir la plena convicción, de uno mismo de que está ante la presencia de Dios. La oración repetitiva tiene una enorme fuerza y así se la reconoce la Iglesia ortodoxa más que nosotros mismos. (Ver glosa: “Oración repetitiva” del 26-06-09).

La oración de San Josemaría, acertadamente comienza por una profesión de fe, pues no es necesario poner de relieve, que si no media la fe si no creemos, estamos perdiendo el tiempo. Se puede pensar, que si estamos rezando se da por supuesto que tenemos fe, y no es necesario manifestarla pero esto no es así, al Señor le encantan las demostraciones de fe. Piénsese, que los Evangelios, están llenos de milagros en los que el Señor, previamente a la realización de estos, pedía una declaración de fe de la persona que solicitaba el milagro y a la que le iba a beneficiar. Son palabras del Señor: Todo es posible para quien cree (Mc 9,23).

Después de la profesión de fe, San Josemaría nos hace pronunciar palabras de adoración y alabanza, porque todo lo que sea adoración y alabanza es machacar nuestro dichoso orgullo. Si hay algo que el Señor aprecie de verdad en un alma, es la humildad que es la antítesis del orgullo, que este es a su vez, el hijo predilecto de la soberbia. Soberbia y orgullo son dos poderosas armas que el maligno utiliza muy hábilmente en nosotros, causando estragos en las almas.

La solicitud de perdón para nuestros pecados, es también otra manifestación de humildad humana al igual que también lo es, el pedir que se nos otorguen gracias para sacar provecho de la oración. Tanto la solicitud de perdón como la solicitud de las gracias divinas son dos manifestaciones del reconocimiento de nuestra impotencia. El Señor ya nos dijo: Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. (Jn 15,5).

Termina la oración con una invocación a nuestra Madre celestial, pues ella es la mediadora universal de todas las gracias. A San José también, hemos de reconocerlo como padre de todos nosotros, pues si lo fue del Señor, nosotros somos también hermanos de Él. Y por último una invocación a nuestro Santo Ángel de la guarda, que es quien nos cuida como hermano mayor y amigo, una amistad que más tarde también nos perdurará en la eternidad.

El gozo y el deseo de acudir a la oración se irán poco a poco despertando en el alma humana, en la medida en que esta sea capaz de entrar y permanecer en la presencia divina constantemente. Las distracciones, y las oraciones vocales mecánicas, no pensando en lo que se dice sino con la mente en otros temas, se habrán acabado. Desde luego que esto no es cuestión de días ni de meses, sino el fruto de la perseverancia durante años.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

SIETE PALABRAS PARA SIEMPRE


Las palabras de Jesús son nuevas porque las pronuncia a cada corazón y a cada hombre en el hoy de la historia.

Jesucristo en la cruz pronunció siete palabras, tal como lo han testimoniado los cuatro evangelistas. Siete palabras, tres recogidas por Lucas, tres por Juan y una misma por Marcos y Mateo.

Las Palabras sobre las que vamos a reflexionar son nuevas, muy nuevas podríamos decir, porque Jesús las pronuncia a cada instante. Y no envejecen, porque las pronuncia a cada corazón y a cada hombre en el hoy de la historia. Son palabras para siempre. Sí, estas palabras históricas pronunciadas desde la cruz son palabras eternamente nuevas, y hacen a quienes las acogen y las viven hombres también nuevos.

Primera palabra: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
¡Qué diferente, qué nuevas se nos hacen, por contraste, las palabras de Jesús en el momento supremo de la cruz! Jesús nada sabe de venganza, no siente que ha perdido su dignidad filial, no pide ni promete castigos ni maldiciones. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Padre, perdona a todos: a los ladrones, a las autoridades judías, al gentío, a los transeúntes, a los soldados, a mis discípulos; perdona a todos: a los corruptos, a las prostitutas, a los hipócritas, a los desinhibidos, a los hutus y a los tutsis, a los serbios y a los kosovares, a los que construyen las armas y a los que hacen las guerras, a los genocidas y a los abortistas, a los que pecan de oculto y a los que lo hacen en público, a los criminales de profesión y a los que lo son sin que lo aparenten...

Segunda palabra: Te aseguro hoy estarás conmigo en el paraíso.
En el Antiguo Testamento se habla del sheol después de la muerte, ese lugar tenebroso, algo fantasmal y como lleno de sombras, bastante triste en que yacían las almas de los muertos. Muy lejos se está todavía de considerar el paso de la vida a la muerte, como el paso al paraíso, el lugar de todas las delicias y felicidades. La concepción judía sobre la resurrección estaba relacionada con el fin de los tiempos, no con el hoy con que Jesucristo la asegura: Hoy estarás conmigo en el paraíso. En la Torah se dice que es maldito quien cuelga de la cruz, puesto que eso significa que se trata de un criminal, de alguien que no ha cumplido la Ley de Dios y sus preceptos. Jesús acepta que su interlocutor es un criminal, pero no lo considera maldito, sino bendito, digno de gozar eternamente del paraíso; él es muy consciente de que no ha venido a salvar a los justos, sino a los pecadores. La novedad de esta palabra de Jesús requiere un corazón de niño, un volver a nacer por obra del Espíritu. Así es ahora el corazón de este hombre que de ladrón se ha convertido en niño: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey. También nosotros digamos: "Yo quiero ser como un niño". Y como niños escucharemos de labios de Jesús: Hoy estarás conmigo en el paraíso... Con Jesús, la vida, cualquiera que sea su circunstancia, es un paraíso, el único paraíso.

Tercera palabra: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Después dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre".
En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel es simbolizado por una esposa. "Te desposaré conmigo para siempre, te desposaré en justicia y en derecho, en amor y en ternura, te desposaré en fidelidad, y tú conocerás al Señor" (Os 2, 21-22). Pero, que yo recuerde, no existe el símbolo de una madre aplicado a Israel; el símbolo de padre y madre es aplicado a Yahvé únicamente. En el Nuevo Testamento la Iglesia, el nuevo Israel, es presentada por varios símbolos: ciertamente el de esposa (Ef 5,21-33) y el de hijo que puede llamar papá a Dios (Gál. 4, 6-7), pero también el de madre, como aquí en la cruz. María, la madre de Jesús, la mujer nueva de la historia, simboliza la Iglesia que nos engendra a la fe, a la esperanza y al amor de Dios. A su vez, el discípulo amado, representa a la Iglesia que día tras día vamos engendrando mediante la palabra y el sacramento. De modo que la Iglesia es madre como María e hijo como el discípulo amado. Cristo en la cruz regala a la Iglesia, simbolizada en María, un atributo de Dios: el ser padre, el ser madre de los creyentes, de la humanidad.

Hoy la Iglesia, desde su cruz y desde nuestra cruz, nos da a María, como madre y maestra de vida, como compañera de camino, como modelo de generosidad y de entrega, como símbolo de la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad de la Iglesia.

María simboliza y promueve la unidad porque todos los cristianos somos sus hijos; simboliza y promueve la santidad, con su amor y su ternura hacia su Hijo y hacia la voluntad del Padre; simboliza y promueve la catolicidad, porque es la nueva Eva, la madre de la nueva humanidad, a la que todos los hombres estamos llamados; simboliza y promueve la apostolicidad, con su presencia y su solicitud por los apóstoles como en el cenáculo en los días de Pentecostés. María es Iglesia. María hace Iglesia, engendra la Iglesia.

Cuarta palabra: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
En el libro de los salmos encontramos muchos que hablan de peligros, persecuciones, intrigas, malignidad humana... y de confianza en Yahvé que salva al que ora de todo ello. El salmo 22 pertenece a este grupo de salmos. Sobre él, como sobre un pentagrama, parece haber sido redactado el texto de la pasión de Jesucristo. Escuchemos algunos fragmentos: Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué no escuchas mis gritos y me salvas?... todos los que me ven se ríen de mí: Se encomendó al Señor, ¡pues que él lo libre, que lo salve, si es que lo ama!’... ...taladran mis manos y mis pies, puedo contar todos mis huesos, se reparten mis vestiduras, echan a suerte mis ropas".

Si nos fijamos en la figura de Job, los lamentos en su desgracia, son impresionantes a nuestros oídos: "Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: Ha sido concebido un hombre. Que ese día se convierta en tinieblas... Lo único que me quedan son mis gemidos; como el agua se derraman mis lamentos... No tengo paz, ni calma, ni descanso, y me invade la turbación" (Job 3,3-4.20-26).

Jesús es el último y supremo de entre los justos perseguidos. "El mismo Cristo, en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquél que podía salvarlo de la muerte" (Hbr 5,7). Pero es también el Hijo obediente y el sumo sacerdote que ofrece voluntariamente su vida para la salvación de la humanidad: "Fue escuchado en atención a su actitud reverente. Y aunque era Hijo, aprendió sufriendo lo que cuesta obedecer" (Hbr 5,7-9). Jesús no grita a su Padre que le libre de la muerte como el justo perseguido, Jesús no se lamenta de su estado desgarrador e inhumano al estilo de Job, Jesús grita al Padre el abandono que siente su alma, y el deseo de consumar hasta el final su sacrificio redentor.

Quinta palabra: Tengo sed.
En el Antiguo Testamento la sed está muy presente. Se nos habla del pueblo de Israel, sediento cuando marcha por el desierto, y que se queja de haber sido conducido allí para morir en él de sed (cf. Ex 17,1ss).

¡Cuánto mejor estaban en Egipto!

De sed se habla también en algunos de los salmos. Por ejemplo, en el salmo 41: "Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?" o en el salmo 68: "Los insultos me han roto el corazón y desfallezco; espero compasión, y no la hay; nadie me consuela. Me pusieron veneno en la comida, me dieron a beber vinagre para mi sed".

Jesús tiene sed, como junto al pozo de Jacob en Siquén, pero ahora ya no pide que le den de beber, como lo hizo allí cuando se dirigió a la samaritana (Jn 4,10-15). Jesús en las bienaventuranzas dijo: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mt 5, 6), y ahora el Padre, no los hombres, sacia misteriosamente esa sed de justicia de Jesús, es decir, de redención. Y al término del libro del Apocalipsis dice Jesús: "Si alguno tiene sed, venga y beba de balde, si quiere, del agua de la vida" (22,17), porque "el que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed" (Jn 6,35). Y el Apocalipsis no es sino el eco de unas palabras del Evangelio: "El último día, el más importante de la fiesta (fiesta de los tabernáculos), Jesús, puesto en pie ante la muchedumbre, afirmó solemnemente: Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba" (Jn 7, 37-38). Y en el gran momento del juicio final escucharemos estas palabras de Jesús: "Venid, benditos de mi Padre, porque estuve sediento y me disteis de beber" (Mt 25, 31-40).

Es nueva la sed de Jesús. No es sed del Dios vivo, porque esa sed está completamente saciada. No es tampoco la palabra de Jesús un grito de queja, de desesperación, de rebelión, como en el caso de los israelitas. Es sed real, sí, pero no sólo en su realidad física, sino sobre todo en su realidad más íntima y espiritual. Es sed de justicia, de redención por la sangre. Es sed que sólo el Espíritu Santo puede apagar en el corazón de Cristo y del cristiano. Es sed que no es suya, sino de sus hermanos los hombres, hecha propia por él en el calvario.

Sexta palabra: Todo está cumplido.
Ha ido a donde el Padre quería; ha predicado cuando, donde y por el tiempo que el Padre quería; ha hecho los milagros que el Padre quería; ha elegido a los hombres que el Padre le indicó; ha predicado la verdad y la justicia, como el Padre quería; ha vivido conforme a lo que predicaba, para agradar a su Padre; ha sufrido los tormentos indescriptibles de la pasión y de la cruz; ha cumplido las Escrituras. Ahora ya puede expirar como un soldado valiente que ha combatido el buen combate y que grita: ¡Adsum!

Séptima palabra: Padre, a tus manos confío mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo; no quede yo defraudado... Sé para mí roca de cobijo y fortaleza protectora... guíame y condúceme, por el honor de tu nombre... En tus manos encomiendo mi espíritu; tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás (Sal 31, 2-6).

Jesús, con este salmo, llama a Dios su roca y su fortaleza. Esa roca y fortaleza ya no es Yahvé, es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Hay una novedad radical: No es la relación de un vasallo con su rey, sino la de un hijo para con su Padre. No se abandona a las manos poderosas de Yahvé, el Señor de los ejércitos, el rey de las naciones, sino en las manos tiernas y benditas del Padre. Digamos también nosotros: Padre, a tus manos confío mi espíritu, mi vida entera, ahora en el tiempo de la lucha, luego en la eternidad del amor.
Autor: P. Antonio Izquierdo, L.C

LA IGLESIA NO ES ENEMIGA


Ver, juzgar y actuar.

Ver
Es frecuente leer y escuchar opiniones contra nuestra amada Iglesia católica. Se le descalifica y condena, no tanto con razones, sino trayendo a colación errores y deficiencias innegables del pasado y del presente. Nos quieren silenciar a los obispos, y tener libertad sólo ellos para ofendernos y desacreditarnos. Quisieran volver a la Constitución de 1917, cuando no se reconocía ni la existencia jurídica de la Iglesia. Se burlan de nuestras posiciones sobre moral sexual y de nuestra defensa de la vida y del matrimonio. No quisieran que recordáramos al pueblo lo que no es doctrina inventada por nosotros, sino Palabra de Dios. Premios Nóbel de Literatura, ignorantes de los géneros literarios y de los contextos en que se escribió, se burlan de la misma Biblia, como si fuera el peor libro, y Dios el más sanguinario. No dejan de caricaturizarnos. Nos consideran enemigos a vencer.

Juzgar
Ya Jesucristo nos advirtió que mucha gente no quiere escuchar su Palabra. Si a El, que es el Maestro y la Verdad misma, lo rechazaron, ¡con cuánta mayor razón nos repelen a nosotros! Si lo crucificaron a Él, que es Dios mismo, santo, perfecto, sin pecado, que hizo milagros portentosos, que demostró su sabiduría infinita, ¡qué nos espera a nosotros! No nos extraña, pues, que quienes son de este mundo pecaminoso, nos traten de silenciar, se burlen de nosotros, nos ofendan y nos amenacen con llevarnos a los tribunales civiles. Se atreven a citar aquello de que al César lo que es del César, pero olvidan la otra parte de que a Dios lo que es de Dios. Ni a Dios aceptan, mucho menos a su Iglesia, que les debe recordar que ellos no son dioses, para promover leyes y costumbres contrarias al camino de vida y felicidad que Dios nos enseña. Si se prescinde de Dios, la humanidad se derrumba.
San Pablo, en sus cartas a Timoteo, le advierte lo que debe hacer, frente a quienes, enemigos de la cruz de Cristo, propalan toda clase de doctrinas. Le dice: «Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas., en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a perfección tu ministerio» (2 Tim 4,2-5).

Al respecto, ha dicho el Papa Benedicto XVI: «El mundo - en la acepción que tiene este término en san Juan - no comprende al cristiano, no comprende a los ministros del Evangelio. En parte porque de hecho no conoce a Dios, y en parte porque no quiere conocer a Dios, para que no lo perturbe su voluntad, y por eso no quiere escuchar a sus ministros; eso podría ponerlo en crisis» (3-V-09). «La Iglesia, como la Virgen María, ofrece al mundo a Jesús, el Hijo que ella misma ha recibido como un don, y que ha venido para liberar al hombre de la esclavitud del pecado... La Iglesia anuncia por doquier el Evangelio de Cristo, no obstante las persecuciones, las discriminaciones, los ataques y la indiferencia, a veces hostil, que más bien le permiten compartir la suerte de su Maestro y Señor» (25-XII-09). «Es posible una sana colaboración entre la Iglesia y la comunidad política. No quiere de ningún modo sustituir a los responsables del gobierno; sólo desea poder participar, con espíritu de diálogo, en la vida de la nación, al servicio de todo el pueblo» (27-VI-09).

Actuar
La Iglesia no es enemiga a vencer, pues no pretende imponer el catolicismo a todo el país. Sólo pedimos libertad para exponer el Evangelio, para ofrecer a Jesucristo como único camino de verdad, de libertad y de vida plena. Este servicio no es tarea exclusiva de la jerarquía eclesiástica, sino de todo el pueblo de Dios, que debe ser profeta para denunciar lo que es contrario al Evangelio, y anunciar el camino de Jesucristo, como opción de vida para el pueblo. También los legisladores cristianos y católicos son Iglesia, y han de ser testigos del Evangelio en su servicio político.
Autor: Monseñor Arizmendi Esquivel