miércoles, 3 de febrero de 2010

¿QUÉ PROPONE LA IGLESIA ANTE EL DESEMPLEO?


Un grave problema de la sociedad que trae como consecuencia otros tipos de problemas.

El desempleo es uno de los problemas más graves de la sociedad y el origen de otros muchos conflictos personales, familiares, morales y humanos.

Un paro generalizado es un mal social, es un desorden moral, es un drama humano al que es necesario poner remedio con carácter prioritario. Todos estamos llamados a contribuir en la solución del problema, porque todos somos responsables de cuanto afecta a la comunidad humana a la que pertenecemos +(Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis (SRS), 38).

En la medida de sus limitadas posibilidades, la Iglesia promueve diversas iniciativas, tanto para el conocimiento y difusión de la doctrina social de la Iglesia como para contribuir positivamente a remediar el desempleo. Organizaciones e iglesias realizan una constante y meritoria labor de acercamiento a la clase trabajadora, ofreciéndole la doctrina social a la Iglesia y poniendo en marcha, con los limitados recursos de que disponen, sus programas de promoción de empleo y de formación ocupacional.

La comunidad cristiana está cerca de las personas que pasan por la dolorosa situación de desempleo o de inseguridad en el puesto de trabajo. Más allá de cualquier calificación laboral, de los grupos sindicales a los que pertenezcan, de las ideas que sigan o de la religión que practiquen, está su condición de personas, con una dignidad que tenemos que respetar y defender.

La misión de la Iglesia no es social, sino religiosa. Su función es la de predicar el Evangelio. Sin embargo, como Madre, se preocupa de todo lo que atañe al hombre. Con respecto al trabajo lo ha elevado a una categoría y dignidad muy altas, considerándolos un derecho del hombre, que lo hace más humano. En repetidas ocasiones ha instado a los gobiernos a que busquen por todos los medios hacer que este derecho se cumpla.
Autor: P. Clemente González

martes, 2 de febrero de 2010

¿DÓNDE ESTÁ DIOS? AL FINAL DEL "TODAVÍA NO"


La esencia de la existencia humana es la angustia o la inquietud.

La «caña pensante», ese monstruo oscilante entre el puro animal y el superhombre, este ser material, obediente a la ley de la gravitación universal y a la de la homeostasis…, ese ser que puede amenazar con su puño al propio Dios, este ser que es el hombre, es un ser esencialmente angustiado e inquieto.

Angustia no quiere decir desesperación, tristeza o dolor. Quizás pudiera decirse que el hombre es un ser nostálgico, pero no llega a ser del todo verdad. Lo que en cualquier caso se quiere decir es que la entraña del vivir humano es la insatisfacción. La divisa y bandera del hombre es: «Todavía no».

Es un «todavía no» cuando por primera vez un hombre toma en sus manos a su primer hijo recién nacido, y se restriega los ojos y se dice a sí mismo que no es verdad que ese cuerpecillo con ojos y boca y pies diminutos y frágil sea suyo. Rebosa de satisfacción y de perplejidad y de entusiasmo y de alegría, por muy fuerte que sea su carácter y por muy seguro que se sienta de sí mismo en todas las cosas de la vida corriente. Incluso es posible que ese hombre rotundo en secreto eche su lagrimita de puro anegado en felicidad. Pues bien, aún así, «todavía no», y él lo sabe. En medio de la satisfacción, la perplejidad, el entusiasmo y la alegría, experimenta también alguna ausencia en todo eso que vive. Envuelto en plenitud, la vive con conciencia de su no plenitud.

Completamente feliz, es consciente de que hay más, de que hay más vida y más felicidad. En el fondo de su experiencia, entrelazado en su felicidad, vive, sin menoscabo de la completa alegría, la fugacidad y la limitación. Quizás pueda llamársele «contingencia». Pero todo a la vez, sin que los opuestos resulten entre sí excluyentes, como si la felicidad tuviera manchas.

Nada odia más el secularismo que la vivencia de la finitud en la infinitud, de la esencial limitación de toda experiencia de plenitud. Como que nada debería odiar más un hombre que el intento de escamotearle la unidad insoluble entre angustia y felicidad en esta vida. El secularismo ofrece el engaño de la Serpiente, ese terrible eritis sicut dii, radical falsificación de la realidad de la vida, incluso de la de Adán y Eva en el Paraíso. La vivencia de la humanidad, aun antes del pecado, es la vivencia simultánea de la propia finitud y de la plenitud a la que está abierta. Adán y Eva conocían mejor que nadie, mejor que nosotros, el carácter angustioso o inquieto del vivir humano. El secularismo ofrece la infinitud del «seréis como Dioses» y luego, cuando se descubre el engaño, presenta otro, el del nihilismo, que es el encerramiento resignado del hombre en su finitud. Infinitud imposible, finitud inverosímil. El hombre en el mundo es el inquieto y angustioso agitarse entre la nada y el todo, entre la finitud y la infinitud.

«Todavía no» es la divisa del hombre. Es que la racionalidad animal contiene una apertura a la infinitud desde lo finito. Este es el caso del hombre. El secularismo quiere seducir al hombre, en primer instancia, con el señuelo de una infinitud perfecta (la de Dios mismo), pero al final no puede ofrecer sino la finitud de lo finito. Por eso hoy levanta ante los hombres el espantajo de la Madre Tierra, a quien pertenecen todos, en la que se disuelven todos.

Dicho en plata: lo más odioso del secularismo es que quiere apagar en los hombres la angustiosa e inquieta ansia de encontrar a Dios.
Escribe: José J. Escandell

ME PREGUNTAN POR QUÉ CREO


Fundamentalmente creo porque Dios me otorga Su gracia.

Esto no tiene vuelta de hoja. ¿Dónde estaría yo sin Él? ¿En qué arrabales del alma? Y por otra parte creo porque me da la gana. Me da la gana decirle a Dios que Le quiero y que me perdone, las veces que haga falta. Y que aquí estoy, aunque la pifie. Y por más que me devano los sesos no encuentro otra manera de ser feliz.

Feliz feliz, que conste, sin hacer el paripé. Me refiero a sentirme en Su compañía, a vivir el Evangelio en mis propias carnes. No hablo del libro o libros, hablo de Él, del Cristo. Comulgarle. Casi siempre me encuentra medio lelo o camino del Emaús de turno, cabizbajo, meditabundo, mohíno. Pero se hace el encontradizo, y lo que resulta más prodigioso: me habla. Tiene bemoles el asunto. Dios me habla.

Dicho así, parece que estás de coña o que hay razonables circunstancias psicológicas y eso. Pues no. No es resultado de ningún trance o sensibilidad predispuesta por mi parte. Yo sé lo que oigo. Es un lenguaje de consuelo y alegría, de amor contundente y diáfano. No hablo de incienso y agua bendita. Hablo de palabras que me toman por asalto en plena calle o haciendo fila en el banco, mientras miras los ojos verdes de aquella chica.

Me preguntan que por qué creo. ¿Cómo no creer en Alguien que da la vida por ti, día a día? ¿Cómo no creer en Alguien que me ha regalado la mía, y que la respira? Creo en Dios porque Lo tengo a ojos vista. Hecho hostia y belleza y familia. Su Providencia me lleva de la mano. Motivos de credibilidad tengo todos los del mundo. Desde que me levanto y le doy un beso a mi mujer y rezo una avemaría. Y escucho el tintineo de las cucharillas en el café con leche. O abro el correo. O leo unos versos de alguien o bebo un vaso de agua. Y veo cómo se posa la luz en las cosas, a manera de sacramento. Y veo imágenes y semejanzas de Dios en los rostros con los que me cruzo. Suyo es el poder y la gloria. Y mi alma. Y mi tiempo. Y la libertad con la que Le niego cuando se tercia.

Creo porque veo, ya digo, y amo. Y porque el mundo es un sortilegio de pureza. Y esa ternura divina que se me aparece entre unas margaritas, en un cuadro de Ramón Gaya o en el perfume de las sábanas limpias.
Guillermo Urbizu

EL DIARIO ISRAELÍ HAARETZ PUBLICA UNA COLUMNA EN DEFENSA DE PIO XII CADA VEZ MÁS APOYO A SU AYUDA A LOS JUDÍOS


Cuando aún no ha cesado la repercusión internacional del artículo del escritor francés de origen judío, Bernard-Henri Lévy, en defensa de Pío XII y su actuación durante la Segunda Guerra Mundial, el diario israelí Haaretz publicaba, en su edición del pasado domingo 24 de enero, un artículo del escritor americano independiente Dimitri Cavalli en la misma línea. El artículo ha sido publicado también en L´Osservatore Romano, en su edición de ayer.

Cavalli, escritor y editor independiente afincado en Nueva York, experto en Pío XII (actualmente prepara un libro sobre él) y cuyas columnas aparecen en diarios como el Wall Street Journal o el New York Times, afirma que «la campaña contra Pío XII está destinada al fracaso». «Sus detractores no tienen ninguna prueba para sostener su principal acusación: la de que guardó silencio, de que fue favorable al nazismo y la de que hizo poco o nada por ayudar a los judíos».

Para Cavalli, las pruebas que se tienen de aquel periodo hablan en sentido contrario, y recuerda que en 1933, aún Secretario de Estado, el cardenal Pacelli «ordenó al nuncio apostólico en Alemania ver qué podía hacer para contrarrestar las políticas antisemitas del nazismo».

Recuerda también que la encíclica Mit brennender Sorge, cuyo borrador fue obra de Pacelli, «fue considerada por los alemanes como una amenaza a la seguridad», hasta el punto de que cuando fue elegido papa, «Joseph Goebbels, ministro alemán de propaganda, escribió en su diario que el Führer consideró la idea de abolir el Concordato». «Durante la guerra, el Papa no se quedó el silencio: en numerosos discursos y encíclicas defendió los derechos humanos de todos», afirma Cavalli.

«Tras haber examinado atentamente el Mensaje de Navidad de Pío XII, la Oficina central del Reich para la Seguridad escribió que el Papa había repudiado el Nuevo Orden Nacional-socialista europeo, y que acusaba virtualmente al pueblo alemán de injusticia hacia los judíos y se hacía su portavoz». «Consultad cualquier libro crítico contra Pío XII y no hallareis traza alguna de este importante informe», acusa Dimitri Cavalli.

El escritor afirma también que durante la guerra, «encargados del Papa ordenaron a menudo a los representantes diplomáticos vaticanos en zonas ocupadas por los nazis y en los países del Eje que interviniesen en nombre de los judíos en peligro».

Recordando que hasta 1958 «muchas organizaciones y líderes judíos» alabaron la actuación del Papa, Cavalli reproduce una de esas intervenciones, la de Alexander Shafran, rabino jefe de Bucarest, en una carta al nuncio apostólico en Rumanía.

«Quizás sólo en un mundo al revés como el nuestro, el único hombre que, en el periodo bélico, hizo más que ningún otro líder por ayudar a los judíos y otras víctimas del nazismo, recibe la condena más dura», concluye Cavalli.
Inma Álvarez/Zenit

LA NATURALEZA NOS DA EL SEXO PARA QUE LO UTILICEMOS CON OTRA NIÑA, UN NIÑO O UN ANIMAL


CIUDADANÍA EN UN INSTITUTO DE CÓRDOBA

La plataforma de padres «Córdoba Educa en Libertad» ha hecho público que en una clase de Educación para la Ciudadanía de 3º de la ESO se ha intentado convencer de que la zoofilia y la homosexualidad son naturales.

Según ha denunciado la plataforma Córdoba Educa en Libertad, en el Instituto Maimónides de Córdoba, en clase de Educación para la Ciudadanía, para 3º de la Educación Secundaria Obligatoria, se ha intentado convencer a los alumnos de que «La naturaleza nos da el sexo para que lo utilicemos con otra niña, con un niño o con un animal».

Este ejemplo es el paradigma, según los denunciantes, de la manipulación y la imposición que se quiere realizar en la formación de los menores, a través de los planes de estudio oficiales de las controvertidas asignaturas cuyos objetivos, contenidos y criterios de evaluación deben hacer referencia a «la educación afectivo emocional, las relaciones interpersonales, la homofobia, la orientación sexual, los sentimientos y emociones, la ternura y la crítica de normas y valores morales aprendidos».

En definitiva, recuerdan lo objetores, contenidos de una «intensa carga ética moral e ideológica», motivo por el que, por ejemplo, el Tribunal superior de Justicia de Castilla y León ya ha expuesto en más de 200 sentencias que eximen a 500 alumnos de cursar estas asignaturas.
Nicolás de Cárdenas/ReL

ELEGÍ DEJAR EL ESTILO DE VIDA HOMOSEXUAL PORQUE ENCONTRÉ MI FUNDAMENTO EN DIOS


MICHAEL GLATZE DEJÓ DE SER GAY EN 2007

Michael Glatze, un antiguo homosexual que abandonó esas prácticas asegura que el sexo gay «es como caminar sobre las manos», es decir, usar mal los miembros del cuerpo. Desde 2007 explica cómo tomó la decisión y anima a otros gays a «buscar algo más alto, una sexualidad básica, humana, heterosexual», a pesar del acoso que sufre.

El periodista Michael Glatze anunció en 2007 que abandonaba la homosexualidad y que era un estilo de vida negativo. En Estados Unidos existe una intensa actividad «anti-exgay»: blogs y grupos que se dedican a seguir todos los pasos de las personas que públicamente han anunciado que renunciaban a la identidad homosexual. Publican cualquier cosa negativa o dudosa para arrastrar por el suelo la integridad ética (o psicológica) del exgay.

Por ejemplo, el blog ExGayWatch publicó que Glatze era culpable de criticar a Obama, de «acritud» contra la homosexualidad, de no ser muy famoso, de haber explorado el budismo y el mormonismo en su búsqueda de la verdad y de poner en FaceBook frases demasiado cortas. ¡Gravísimos pecados para los cazadores de exgays!

La madre de Glatze era cristiana protestante no denominacional; su padre, agnóstico. Él murió cuando Michael tenía 13 años. Ella murió cuando él tenía 19. Glatze estudió literatura y escritura. Con su pareja homosexual, Benjie Nycum, fundaron la revista de activismo gay joven «Young Gay America» y escribieron el libro «XY Survival Guide», infoprma Forumlibertas.

En 2007, después de una crisis personal originada en un problema de salud, Glatze abandonó la homosexualidad y declaró su cristianismo en el digital WorldNetDaily. Durante 2 años sufrió el acoso de los grupos «exgays», prefiriendo evitar la proliferación de declaraciones públicas. El pasado mes de octubre explicó en WorldNetDaily como ve el mundo después de dos años «fuera» del homosexualismo.

«He tenido gente llamándome loco, que he terminado pensando que es el peor insulto de todos, y otros diciendo que debería tener el sida, llamándome a casa para insultarme, amenazándome en la cara, diciendo que odian a la gente como yo, y mucho más», escribe Glatze. «Creo que mi salida pública de la homosexualidad desencadenó algún mecanismo porque fui muy honesto y porque, evidentemente, no estaba loco», añade.

«Sé un hombre»
Glatze explica que durante unos meses se hizo mormón, pero que después encontró una «hermosa familia de camaradería en una iglesia que cree en la Biblia, que no me deja un regusto de rebelión en los labios». «He salido con mujeres, con gran alegría para mí y para ellas, creo. Muchos se quejan constantemente: “Es que no me atraen las chicas, y ¡me atraen tanto los hombres!”. Pero no, no es así. Estás obsesionado con los deseos lujuriosos de un cuerpo caído, el cuerpo que, al final, se odia a sí mismo y odia la verdad. Sabes como salir, pero egoístamente no estás dispuesto. Prefieres esconderte bajo las sábanas de los abogados liberales que atacarán la verdad con acusaciones de homofobia, en vez de levantarte y ser un hombre».

«Vi personas que habían sido amigos teñir de negro su alma, con rayos en los ojos a medida que escuchaban mi historia, mirándome con un veneno demoníaco. He visto gente hablar de mí como un paria a mis espaldas, mandándome al ostracismo, empujando a todos a mi alrededor, hacia algún tipo de odio grupal».

«Sed fuertes»
A las personas que, como él, dejan la homosexualidad y son presionadas por su antiguo entorno o por el activismo homosexualista les dice: «Sed fuertes, hermanos y hermanas míos, sed fuertes, amigos, sed fuertes». «Elegí dejar el estilo de vida homosexual porque encontré mi fundamento en Dios, porque ya no necesitaba la aceptación de los que me rodeaban. Se volvieron contra mí, fui perseguido por los que habían sido mis amigos. Pero, al mismo tiempo, he seguido un nuevo yo por bosques oscuros, y he visto la más asombrosa belleza por el camino, he llegado con la mejor mentalidad, la más feliz que nunca pude tener, el mejor lugar que podría desear».

«Y así sigo. Tengo una vida normal. Estoy reconstruyendo lo que fue gravemente derribado. Tengo que dar gracias a Dios por eso. Y animaros, diciendo que es simplemente algo que la gente puede y debe hacer, abandonar el pecado y las prácticas y el estilo de vida de la homosexualidad y buscar algo más alto, una sexualidad básica, humana, heterosexual».

En su blog Glatze insiste: «Hacedme caso, da mucha más felicidad tener a Dios de tu lado. Para empezar, no odiarlo. Además, te sientes pleno. No tienes que mentirte y vivir en esa mentira de forma regular. Puedes amar de verdad a la gente con un amor sin fin, porque puedes darles el Amor de Dios, Aquel que es amor».

Y añade: «Jesús era tan puro, que el mundo no podía sino odiarlo. Vemos este fenómeno repetido en las vidas de muchos cristianos hoy, cuya pureza enfurece a los que se sienten amenazados. Conspiraron para matarle. Mataron al que vino a salvarles de su naturaleza pecadora».

Como «andar con las manos»
También afirma que «la homosexualidad y la heterosexualidad no son lo mismo. Las ramificaciones psicológicas de participar en el comportamiento homosexual es que, en tu conciencia silenciosa, sabes que participas en una actividad sexual solo por tu placer. Y abusas de la función natural de tus órganos sexuales metiéndolos en sitios donde no deberían estar. Es como caminar sobre las manos. Nadie que esté bien de la cabeza pediría cambiar toda la estructura social sólo porque un grupo de gente prefiere ir a todas partes caminando sobre las manos. Ni silenciaríamos las voces de quienes dicen lo obvio: no sólo que caminar sobre las manos está mal, sino que usar tus manos en vez de tus pies tiene implicaciones negativas».
R.R./ReL

FIESTA DE LA CANDELARIA - 02 DE FEBRERO


La festividad de hoy, de la que tenemos el primer testimonio en el siglo IV en Jerusalén, se llamaba hasta la última reforma del calendario, fiesta de la Purificación de la Virgen María, en recuerdo del episodio de la Sagrada Familia, que nos narra San Lucas en el capitulo 2 de su Evangelio. Para cumplir la ley, María fue al Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, para ofrecer su primogénito y cumplir el rito legal de su purificación. La reforma litúrgica de 1960 y 1969 restituyó a la celebración el título de presentación del Señorque tenía al principio: la oferta de Jesús al Padre, en el Templo de Jerusalén, es un preludio de su oferta sacrifical sobre la cruz.

Este acto de obediencia a un rito legal, al que no estaban obligados ni Jesús ni María, constituye una lección de humildad, como coronación de la meditación anual sobre el gran misterio navideño, en el que el Hijo de Dios y su divina Madre se nos presentan en el cuadro conmovedor y doloroso del pesebre, esto es, en la extrema pobreza de los pobres, de los perseguidos, de los desterrados. El encuentro del Señor con Simeón y Ana en el Templo acentúa el aspecto sacrifical de la celebración y la comunión personal de María con el sacrificio de Cristo, pues cuarenta días después de su divina maternidad la profecía de Simeón le hace vislumbrar las perspectivas de su sufrimiento: “Una espada te atravesará el alma: María, gracias a su íntima unión con la persona de Cristo, queda asociada al sacrificio del Hijo. No maravilla, por tanto, que a la fiesta de hoy se le haya dada en otro tiempo mucha importancia, tanto que el emperador Justiniano decretó el 2 de febrero día festivo en todo el imperio de Oriente.

Roma adoptó la festividad a mediados del siglo VII, y el Papa Sergio I (687-701) instituyó la más antigua de las procesiones penitenciales romanas, que salía de la iglesia de San Adriano y terminaba en Santa María Mayor. El rito de la bendición de los cirios, del que ya se tiene testimonio en el siglo X, se inspire en las palabras de Simeón: Mis ojos han visto tu salvación, que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones. Y de este rito significativo viene también el nombre popular de esta fiesta: la así llamada fiesta de la candelaria.

CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

Oh, Madre mía, Santísima Virgen de la Candelaria. Hoy de manera solemne y por la eternidad me entrego de corazón a ti suplicándote me lleves de la mano a Jesús. Ayúdame Madre a lo largo de toda mi vida y que por tu mediación camine en conversión, alcance la gracia del desprendimiento de mundo, carne y demonio así como de mí mismo. Virgen de la Candelaria, Haz de mí un horno ardiente, lleno del Espíritu Santo que me haga amar a Dios y al prójimo según la Voluntad Divina. En mi última hora aquel último minuto de mi paso por este destierro quiero amarte y abrazarte, concédeme la gracia de tu compañía en ese momento crucial de mi vida y que por tu poderosa mediación alcance la salvación del alma mía.

PETICIÓN A LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

Virgen Santísima María, en tu advocación de la candelaria, Madre de Dios y Madre nuestra que has querido mostrarnos tus grandezas bondades. Con profunda fe acudimos a Ti para reconocer lo fino de tu amor y pedirte confiadamente que nos socorras por tu Divina e infinita Misericordia.

Ruega, oh Madre celestial por nosotros tus hijos en esta vida y principalmente en los momentos de nuestra muerte. En esta novena que te ofrecemos, preparándonos con la confesión de nuestros pecados en el Sacramento de la Reconciliación, para purificarnos de nuestros pecados, y con estas oraciones, te pedimos de manera especial la siguiente gracia (Pedir la gracia que se desea). Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 1 de febrero de 2010

DEL INSÓLITO CASO DE LA TURCA QUE PARIÓ GEMELOS DE DISTINTO PADRE


Informa el diario turco Sabah de la turca que ha dado a luz unos gemelos cada uno de los cuales de un padre diferente.

Ocurre que la mujer en cuestión mantuvo relaciones el mismo día con su marido y con su amante, de resultas de las cuales, por un fenómeno extraño aunque ya reportado en alguna ocasión, quedó embarazada de los dos hombres al tiempo. La noticia es llamativa per se”. Yo, sin embargo, no quiero detenerme en el titular, sino más bien en las circunstancias que la han rodeado, no menos llamativas.

Ocurre, en primer lugar, que con la persona a la que la buena turca quería unirse, aquélla que le hace uno de los gemelos, no pudo casarse por serle impuesto el matrimonio con un hombre diferente, el que le hace el otro gemelo.

En segundo lugar, cuando gracias a la prueba de ADN se supo de la inverosímil paternidad de los gemelos, la decisión del juez no sólo consistió en retirarle a la madre la custodia del hijo que era de su marido otorgándosela a él, sino también la del que no lo era, enviado a una inclusa.

En tercer lugar, y para proveer a la seguridad de la interfecta, el juez se ve obligado a dictar varias órdenes de alejamiento. La primera, a la familia de su marido... hasta ahí, vaya. La segunda... ¡a su propia familia! Lo que aún ha de considerarse como una deferencia relacionada con el hecho de haber sucedido el caso en Turquía, porque de haber ocurrido en otros países islámicos, la mujer, convicta del delito de adulterio, más que protegida habría sido castigada, según el caso, a cien azotes o a muerte por lapidación.

No pretendo entrar a comparar unas civilizaciones con otras ni dictaminar cual es la mejor. Ahora bien, a todos aquellos hijos de nuestra civilización greco-cristiana que detestan cada uno de los pilares sobre los que se asienta, les pido que con el misma determinación con la que denigran la suya, critiquen lo que ocurre en otras que tan cercanas nos son, en lugar de evadir el debate apelando al necesario respeto de todas las culturas y civilizaciones, el mismo que ellos no observan cuando de la propia se trata.

Y para muestra un botón: trátase del caso de la progresistísima alcaldesa pesoíta y alianzacivilizacionista de la población tarraconense de Cunit, la cual intentó evitar la detención de un imam musulmán,
que había agredido a una correligionaria por el imperdonable delito de no llevar velo. Y todo ello, a efectos de no crear un conflicto social según declaró la alcaldesa.

¿Habría sido Vd., Sra. Alberich, "tan comprensiva y conciliadora" si en vez de tratarse del imam se hubiera tratado del párroco del pueblo, pongo por caso? Y otra cosa, Sra. alcaldesa: si un día el irascible imam de Cunit la emprende contra Vd. en lugar de hacerlo contra la pobre morita desvelada ¿prefiere que lo denunciemos o seguimos trabajando por no crear un conflicto social?
Luis Antequera

EL DOLOR DEL ALMA


El dolor del alma no se pasa con un par de pastillas.
Se requiere apagar de una vez la televisión y mirar a los ojos de la luz de aquellos que, dices, son vida de tu vida. En cuanto se descuiden te abrazas a ellos sin que se aperciban de nada. El oído firme en su pecho, sin perderte ni un latido, que es la voz más cierta del hombre que ama (o que vive). Así. Y después camina de forma elegante, con presteza y colores vivos. Acaricia el silencio de esos labios que te besan, y reza el amor que se despierta contigo. El dolor del alma es a veces un falso testigo, o un cúmulo de buenas intenciones dejadas de la mano de Dios, que espera desde hace siglos. Es gastar por gastar las monedas del tiempo, sin rumbo, cruzando las calles mojadas de lluvia y lágrimas furtivas. Cierra los periódicos y abre las manos al mundo, como un sacerdote que ofrece al cielo los mejores y más granados frutos. El dolor del alma no se calma con un par de copas, o con las compras de caprichos. Estás parado en el camino o sentado en el sofá de tu casa, o quizá trabajando en un lugar inhóspito de tu vida. Y sientes el vacío, o el hastío; sientes el rumor de los años en las ráfagas del viento o en el peso de la espalda. Cansa tanto desperdicio, tanta cantinela falsa. Quieres la verdad, la esencia; quieres flotar entre las olas que viste un día de junio en su vestido; quieres el poema que miras en ella; quieres que sea de luz la madrugada; quieres escuchar el silencio de las palabras… Duele el alma cuando vives a hurtadillas, cuando sólo lees libros y obsesiones, y dejas para luego a Dios, que no se queja.
Guillermo Urbizu

SOBERBIA Y HUMILDAD


Antes, ya hemos publicado una glosa titulada Humildad y soberbia”, en la que nos ocupábamos de la virtud por excelencia que es la humildad. Hoy le toca el turno al vicio también por excelencia que es la soberbia, fruto de la cual es el orgullo.

En la década de los años 60, la casa Seat puso en el mercado un pequeño coche utilitario que era el modelo 600 y que rápidamente se impuso, entre otras razones por su falta de pretensiones y su humilde modestia, y también porque fue el primero fabricado en España con posterioridad al año 36. Por otro lado, con anterioridad, en el año 1939, San Josemaría Escrivá publicó en Valencia la primera edición de su conocido libro Camino, que en su punto 600 hacía referencia a la soberbia diciendo: ¿…, soberbia? ¿De qué? El parangón cuando apareció el modelo 600 de la Seat, no se hizo esperar. Por supuesto que San Josemaría se refería al ser humano y no al modelo de coche que todavía no había aparecido.

La soberbia nos invade y nos domina, y lo peor que esta tiene es que no somos conscientes de ser soberbios. Llegamos a un restaurante, y nos encrespamos con el maître, si no nos da la mesa que nos gusta, montamos un número, para que los demás vean lo fuerte que pisamos, aunque sea por una tontería acerca de la calidad de algún plato, o la temperatura del vino. En la carretera o en la ciudad si nos multan por el tráfico, enseguida aunque estimemos que es justa la sanción, ponemos cara de pocos amigos y si se tercia, discutimos con el agente, o hacemos valer nuestra condición de Vip, para tratar de amedrantar al agente. Si hemos de soportar una cola, enseguida buscamos la posibilidad de evitarla en función de nuestra condición Vip. En un aeropuerto, en una estación, no podemos mezclarnos con la chusma, y enseguida preguntamos donde está la sala Vip. En el trabajo en la oficina, pobre de nuestros subordinados, si cometen el error de no hacernos la pelota. Y otras muchas más circunstancias significativas en nuestra conducta diaria. Y frente a esto cabe preguntarse tal como la hace San Pablo: “… ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué gloriarte como si no lo hubieses recibido?” (1Cor 4,7). Dios nos hizo de la nada, de la nada absoluta, hecho que nos conviene recordar de vez en cuando. Valemos mucho como obra de Dios, pero procedemos de la nada, y no tiene sentido enorgullecernos de nuestra suficiencia, que no nos pertenece.

Son muchas las definiciones que existen sobre la soberbia, pero empleando distintos giros y palabras y todas ellas nos viene a decir lo mismo. Así, la RAE define la soberbia como: Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. Para San Agustín, la soberbia es: El amor de la propia excelencia. La soberbia, nos dice San Agustín, ejecuta las mismas obras que la caridad, con la diferencia de que esta las hace para agradar a Dios y aquella para agradar a los demás, a fin de agradarse a sí misma. La caridad da de comer al hambriento y otro tanto también lo hace la soberbia, con la diferencia de que aquella lo hace por agradar a Dios y esta para agradar a los hombres.

El obispo Fulton Sheen escribe: La soberbia es un intento de convencer a otro de que somos, lo que nunca fuimos”. Y para él, el orgullo que es una consecuencia de la soberbia, es: La admiración desmesurada por uno mismo. Es un afecto excesivo en contra de la razón correcta por la cual el hombre se estima y desea ser estimado por otros por encima de lo que en realidad es. Para el obispo Sheen, el orgullo tiene siete frutos maléficos: El alarde o la auto glorificación a través de las propias palabras; el amor a la publicidad que es el engreimiento por lo que otras personas dicen de uno; La hipocresía que es la pretensión de ser lo que no se es; la testadurez que es el rechazo a creer que la opinión del otro es mejor que la propia; el desacuerdo o rechazo a abandonar la voluntad propia; y la desobediencia, o el rechazo a someter al propio ego a una ley superior. Y continúa el obispo Sheen diciendo que: El último estadio del orgullo, es darse sus propias leyes, ser su propio juez, su propia moral, su propio bien.

En este sentido y también en relación al orgullo la monja norteamericana Madre Angélica Allison nos dice que: El orgullo es la auto estimación excesiva que nos dispensamos desde que despertamos hasta que nos acostamos. Y que: Si claudicamos sistemáticamente ante el orgullo, acabaremos por creer que Dios es algo superfluo en nuestra existencia.

En los libros poéticos y sapienciales de las Sagradas escrituras y concretamente en el Eclesiástico, podemos leer: “…, el origen de todo pecado es la soberbia, y el comienzo de la soberbia del hombre es apartarse de Dios (Ecl 10,15). El mal es un árbol, cuyas ramas son los pecados u ofensas a Dios. A mayores ofensas mayores son las ramas. Todas las ramas nacen de un tronco único que es la soberbia, sea esta de los ángeles o de los hombres. La soberbia hecha sus raíces y se alimenta en el yo, en el deseos conscientes - caso de satanás - o inconscientes, de ser como Dios, de ser uno mismo superior a todo, lo cual genera el odio hacia lo que es superior, en este caso el odio de satanás a Dios. La soberbia genera odio, la humildad genera amor”. Para San Juan: Todo lo que hay en el mundo, es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida no viene del Padre sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1Jn 2,16-17). Y esta misma afirmación de San Juan en su primera epístola la tenemos también recogida en el parágrafo 2.514 del Catecismo de la Iglesia católica. El orgullo es el origen del primer desequilibrio en el hombre, el origen de todos los desequilibrios que hay en nosotros. Es el orgullo y no la carne y la sangre la que nos desequilibra; ella, es decir los pecados de la carne, no son más que una consecuencia del orgullo. El primer pecado es un pecado de orgullo.

Escribía San Francisco de Sales, el dulce obispo de Ginebra: No hay palabras para expresar la fuerza y la astucia de este demonio de la soberbia, ni el ingenio y la variedad de artimañas. Es una verdadera serpiente que ha nacido con nosotros, y quiere enredar en sus anillos y enconar con su veneno todas nuestras pasiones, las más santas y las más indiferentes, nuestros más secretos pensamientos y nuestras más rectas intenciones. Se alimenta con frecuencia de nuestras mismas virtudes, y trata de aprovecharse hasta de los dones más exquisitos de Dios. Si alguna vez parece adormecerse, es para introducirse con mayor comodidad en nuestras almas llenas de ilusiones; si se muestra, si se deja herir, es para triunfar con los mismos golpes que le asestamos. Escribe también la madre Angélica: La soberbia es un adversario muy sofisticado y su táctica más poderosa consiste en persuadirnos de que nuestro sentido del pecado y de la corrección es una regla perfectamente aceptable. La soberbia nos confunde realmente hasta el punto de no saber diferenciar entre el bien y el mal. Y el Santo cura de Ars en uno de sus sermones decía: Pero lo más triste y lamentable es que este pecado sume el alma en tan espesas tinieblas, que nadie se cree culpable del mismo. Nos damos perfecta cuenta de las vanas alabanzas de los demás, conocemos muy bien cuando se atribuyen elogios que jamás merecieron; más nosotros creemos ser siempre merecedores de los que se nos tributan.

Frente a este vicio y pecado padre y raíz de todos los demás, solo cabe oponerle la virtud madre y raíz de todas las demás virtudes: la humildad. ¡Pero ojo!, seamos siempre conscientes de que el más claro indicio de tener el orgullo arraigado, es creerse ser suficientemente humilde. Que Nuestra Madre bendita nos ilumine y nos ayude.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Juan del Carmelo

CUANDO SE PIERDE UN ALMA


Nuestra vida debe ser un permanente buscar a Jesús, porque para Él también es una búsqueda permanente de nuestra alma.

Dios tiene modos de hablarnos, sutiles, diálogos inefables que sólo el alma que los experimenta puede comprender. Todos podemos tener esos diálogos, sin palabras, con sentimientos que el Señor inspira en nuestro corazón. Hoy creí tener uno de esos diálogos mientras asistía a la Misa dominical. A veces se siente muy fuerte nuestra asistencia a Misa, más que otras, y hoy fue uno de esos días en que el Señor me tenía absorbido en meditaciones profundas. Le pedía perdón o le agradecía, le pedía ayuda o simplemente me dejaba acariciar por Sus suaves manos, que tocan el alma.

Así, mientras se cantaba el Santo antes de la Consagración, tenía los ojos cerrados y disfrutaba del momento que se aproximaba. De repente el sacerdote interrumpe el canto y la Misa, abro los ojos y veo a una madre desesperada junto a él. El sacerdote nos dijo a todos que esa madre buscaba a su niño de dos años, perdido. Ví en esos ojos, en ese gesto, el dolor y la preocupación. ¡Su hijo estaba perdido! En medio de una iglesia atestada de público, ella pensaba que quizás alguien se lo había llevado, quien sabe donde. ¡Mi niño, donde está mi niño!, gritaba desde lo más profundo de su corazón. De inmediato una mano se alzó entre la multitud, la madre corrió y pasó junto a nosotros con el niño en brazos. La odisea, breve dolor de madre angustiada, había terminado.

Todo culminó tan rápido como se había iniciado. Más sin embargo, yo supe de inmediato lo que Jesús quería decir a mi alma: esa madre me mostró cuan fuerte es el sentimiento de protección de un hijo, cuanta fuerza emana de una mujer que supo llevar en su vientre al que ahora esté perdido. El pensamiento estalló en mi interior como un rayo, porque el amor de esa madre, amor imperfecto de criatura, no puede compararse al Amor de Dios por cada uno de nosotros. Dios, infinito y eterno en Su Amor, Amor perfecto y puro, tiene un Corazón que ama mucho más intensamente que el de aquella madre, o el de cualquier otra madre. Pude ver en un instante el dolor que Dios siente cuando un alma, cualquiera sea, se pierde. El también estalla de dolor y horror cuando uno de nosotros se pierde, cuando nuestra alma se aparta de El rumbo a la oscuridad.

Jesús te ama, tú lo sabes bien. El te mira y desea que estés en Sus Brazos, abrazo espiritual que protege y alimenta. Cuando entregas tu alma al pecado, a la caída al fondo de los fosos insondables de la oscuridad espiritual, El quisiera detener todo lo que ocurre, interrumpir el curso de la historia. Que alguien levante sus brazos y diga: aquí está, conmigo, no te preocupes Señor. Pero no es así en el caso de nuestro abandono de Su protección, no hay brazos que se eleven, no hay quien te devuelva al nido de amor que El te ofrece. Jesús puede llamarte, gritarte a través de la prosperidad, o del dolor, o a través del envío de Sus mensajeros de amor, o con suaves caricias a tu corazón. Es tu alma la que debe optar, porque así es la Ley que El nos ha dado. Ley de libre albedrío, del ejercicio de nuestra propia voluntad. No hay modo de que el Señor te recoja nuevamente, si no eres tú el que torne la mirada hacia Su Rostro y le pida abrir Sus Brazos para volver ansioso a pedir perdón por el abandono. Como aquella madre que desesperada buscó y buscó a su hijo en medio de la multitud, así es que Jesús te llama y te invita a volver. Me dirás que tú tienes a Jesús en tu corazón, pero yo creo que las paredes del mundo se interponen a menudo entre tú y El. Ni siquiera los más grandes santos han sido capaces de estar con Jesús a tiempo completo, por lo que tú no puedes pretender ser totalmente fiel al Señor.

Nuestra vida debe ser un permanente buscar a Jesús, porque para El también es una búsqueda permanente de nuestra alma. Jesús nos busca, como esa madre en la iglesia, en medio de la multitud del mundo. Es una búsqueda que tiene que funcionar en dos sentidos. Desde el Señor, está garantizada, pero desde nosotros, es un interrogante de vida completa, un desafío diario. El Señor está allí, esperando que corramos a Sus Brazos. Por cada uno de nosotros, sin excepción, El lucha, busca. Nosotros, a veces lo recordamos, otras lo ignoramos, muchas veces lo traicionamos. Pero, ¿cuando estamos más felices que al estar en Sus Brazos, seguros de Su amistad?
Autor: Oscar Schmidt

FORTUNAS PRESTADAS


Cuando el enamoramiento recae demasiado en lo corporal, aquello ofrece poca consistencia respecto al futuro.

«Contemplaba su juventud y su belleza como algo que jamás fuera a agotarse. No comprendía aún que ningún amor debería apoyarse demasiado en la belleza. ¿Por qué nos negamos a admitir que la belleza y la juventud son fortunas prestadas? ¿Por qué imaginamos siempre que lo que nos encandila hoy nunca podrá convertirse en el peor de los desamores cuando llega el mañana
Nuestra boda no fue por amor. Fue una boda por simple enamoramiento. Esos enamoramientos que son sensaciones que provocan intercambios de certezas, besos, abrazos y un sinfín de intuiciones proclives así al egoísmo de creernos dueños del mundo, con derecho a imaginar maravillas perpetuas y un continuo esperar lo que, cuando llega, nos deja fríos. En aquella época yo no sabía hasta qué punto ese enamoramiento puede ser simple egolatría, ganas de ver en el otro lo que nosotros queremos ver, y que al imaginar lo que vemos, todo se nos vuelve atracción, necesidad de fundir nuestros deseos a los de la persona de la cual nos enamoramos. Y es que, en el fondo, lo que hacemos es enamorarnos de nosotros mismos. Veíamos aquello como una eternidad de novela bucólica, con cielos nítidos, siempre soleados, no exenta de pesadillas, de lobos acechando una manada de corderitos buenos, de turbiedades inesperadas, de cambios de humor»
Así rememoraba el protagonista de una novela de Mercedes Salisachs la historia del comienzo de su matrimonio. La historia de una decepción, de muchas frustraciones y egoísmos hasta llegar a comprender que la mayor parte de lo que nos atrae con la vista es sólo pura fachada, hasta comprobar que el atajo del deseo deja casi siempre un poso de insatisfacción, un triste sabor a desengaño. Eros, esa especie de minidios griego, mensajero del amor, heredó de sus padres una naturaleza contradictoria, que le hizo rico en deseos y pobre en resultados. A ese diosecillo travieso y juguetón le gusta llamar a nuestro corazón por medio de la belleza corporal, y esa llamada nos parece a veces irresistible. Luego vienen concesiones que no dan lo que prometen, que nos atraen pero luego echan a volar.

Desear a otra persona no es lo mismo que amarla, y el deseo, muchas veces, lo que en realidad pretende es utilizar, poseer, manipular. La fuerza del deseo, sobrecargada en nuestros días por el impulso de los omnipresentes mensajes eróticos, hace que la imaginación, la sensibilidad, la memoria del hombre actual estén condicionadas por un potenciamiento excesivo y enfermizo del deseo. Para descubrir la riqueza propia de la otra persona, para llegar a conocerla y a enamorarse de verdad de ella, y no simplemente desearla, es preciso un esfuerzo nada despreciable. Cuando el enamoramiento recae demasiado en lo corporal, aquello ofrece poca consistencia respecto al futuro, porque lo corporal es la parte más efímera de lo humano, la parte más volátil, la que más sufre el declive del paso de los años.

El verdadero enamoramiento lleva siempre a una dilatación de la personalidad, es un alegrarse más con la felicidad del otro que con la propia. Es meter al otro como protagonista fundamental de nuestro proyecto de vida. Queda entonces comprometida nuestra libertad, y eso siempre cuesta, porque significa renunciar a muchas cosas, porque el amor actúa como una fragua donde se templan nuestros egoísmos y nuestros deseos. Porque hay deseos nuestros que no son compatibles con ese amor, deseos que quizá hasta entonces eran buenos y legítimos pero ahora ya no lo son. En cualquier amor, una vez pasado el acné del primer enamoramiento, la clave del éxito está en ese doloroso proceso de purificación de los deseos. Se trata de una dura prueba, que sirve para foguear y madurar esa relación, que saca a la luz la calidad del material de que estamos hechos, y que sobre todo saca a la luz la realidad de nuestro empeño por mejorar. Si no se supera esa prueba, en el fondo nos habremos enamorado de nosotros mismos.
Autor: Alfonso Aguiló