Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles.
Por: P. Dolindo Ruotolo | Fuente: El Observador de
la actualidad
¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de
la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y en todo te irá mejor.
Cuando te abandones en Mí, todo
se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me
dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus
deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma: “Jesús,
yo confío en ti”.
Evita las preocupaciones
angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después, no estropees
mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con
libertad.
Abandónate confiadamente en Mí.
Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente: “Jesús, yo confío en ti”.
Lo que más daño te hace es tu
razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera.
Cuando me dices: “Jesús, yo confío en Ti”, no
seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero sugiere el modo
de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. Yo te amo.
Si crees que las cosas empeoran o
se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y
confía. Continúa diciéndome a toda hora: “Jesús, yo
confío en ti”.
Necesito las manos libres para
poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso:
agitarte, angustiarte, quitarte la paz.
Confía en Mí. Así que no te
preocupes, echa en Mí todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime: “Jesús, yo confío en Ti” y verás grandes milagros.
Te lo prometo por mi Amor.
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