Hace una semana, conocí
a una mujer que me contó todo lo que había hecho (todos sus esfuerzos) por su
hijo, el cual había caído y recaído (varias veces) en las drogas. Cuando uno ve
de lo que es capaz una madre, de su capacidad de perdón, de su amor constante,
es cuando comprendemos un poco lo que debe ser el amor de Dios por nosotros,
por mí y por ti.
Y nosotros no podemos compararnos
con el Amor Infinito. Dios es más que nosotros. Su capacidad de amor y de
perdón es incomparablemente superior a la nuestra.
Esta visión de Dios bajo el aspecto del padre de la Parábola del Hijo
Pródigo no debemos olvidarla. Sobre todo, los sacerdotes en el sacramento de la
confesión.
P. FORTEA
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