En el pensamiento materialista se hace necesario explicar la inteligencia con la única ayuda del cerebro. Esto no es así, pero conviene conocer las relaciones mente cerebro para ver la altísima función de este órgano y sus limitaciones.
En el
pensamiento materialista se hace necesario explicar la inteligencia con la
única ayuda del cerebro. Esto no es así, pero conviene conocer las relaciones
mente cerebro para ver la altísima función de este órgano y sus limitaciones.
Los estudios sobre el cerebro avanzan mucho actualmente, y como suele suceder
en los estudios científicos, al principio algunos piensan que es posible
comprender todo con el funcionamiento del órgano, pero al avanzar y descubrirlo
mejor se advierte que necesita de una potencia superior para actuar como de
hecho actúa. El cerebro es una estructura viva y abierta de tal manera que se
adapta según el actuar espiritual. Es evidente la conexión entre la conducta y
el estado del cerebro en las dos direcciones, pues muchas acciones se explican
sólo con el cerebro, y otras se explican porque el alma hace actuar al cerebro
de ese modo y no de otro determinado [1]. En esta dualidad unitaria mente cerebro
sigue siendo de actualidad el buen quehacer de Aristóteles que distinguió
cuatro causas (eficiente, formal, material y final) para conocer con mayor
perfección los efectos y la realidad. Si se intenta deducir el conocimiento
sólo con la causa material sería como explicar la pintura por la constitución
de la mano o del pincel, o como dice con crudeza el premio Nobel John Eccles:
“el «emergentismo» no explica nada. No es más que un nombre sin contenido real,
una etiqueta. Además, si lo que se pretende es reducir las características
humanas a «emergencia», se trata de un materialismo reduccionista
pseudocientífico e inaceptable: la ciencia no proporciona ninguna base para esa
doctrina”; luego añade con fuerza: “El materialismo es una superstición”. El materialismo,
si se lleva a sus últimas consecuencias, niega las experiencias más importantes
de la vida humana: «nuestro mundo» personal seria imposible”. Esto sólo para la
relación mente cerebro, pero, además, en el hombre hay más realidades que la de
pensar. “Los sentimientos, las emociones, la percepción de la belleza, la
creatividad, el amor, la amistad, los valores morales, los pensamientos, las
intenciones, la libertad… Todo «nuestro mundo», en definitiva. El materialismo
no explica el hecho de que yo quiera hacer algo y lo haga”[2].
El
estudio de la conexión mente-cerebro es importante para conocer al ser humano.
También para matizar mejor la unidad sustancial del ser humano, distinguiendo
lo que es corporal y lo que es espiritual, sin confundirlos. Esto es de gran
importancia en la medicina, y en la educación[3]. El cerebro es el instrumento
principal de la mente espiritual que lo usa. Al mismo tiempo le influye mucho
su normalidad o enfermedad[4]. Recordemos actualizándolas las cuatro causas
para entender el pensar y entender.
1.- La
causa eficiente del conocer es el acto de ser que constituye a la persona como
Luz.
2.- La
causa formal la inteligencia como potencia del alma que recibe la luz de su
intimidad y con ella ilumina y hace accionar todo el conocimiento, incluido la
acción cerebral y la de los sentidos.
3.- La
causa material es el cuerpo y principalmente el cerebro.
4.- La
causa final es conocer como el hombre es conocido por Dios según su propio ser
personal y natural.
Hablando
desde la ciencia, pero sin espíritu reduccionista “el cerebro no es una caja
oscura en la que entran determinados datos sensoriales y salen transformados en
datos de conducta, si no que es un órgano activo con capacidad de cambio
interno y dúctil a la voluntad del sujeto. Por tanto, la plasticidad neural en
el ser humano es fundamental a la hora de las diferencias que condicionan y
determinan el aprendizaje. Cabría preguntarse si esta capacidad es únicamente
dependiente de la materialidad genética de cada ser humano. Para ello habría
que estudiar seres humanos equivalentes desde el punto de vista genético. Es
experiencia común que las capacidades que los gemelos desarrollan no son
idénticas. La diferenciación va ligada al desarrollo de diversas funciones en
el cerebro. Por ejemplo, un gemelo puede dominar un idioma y el otro no, o
desarrollar una fobia y el otro no. Es decir, las redes neuronales desarrollan
conexiones diversas según la decisión personal de cada sujeto. De ahí la enorme
dignidad que radica en la persona humana, un ser que elige su destino, sin que
esté determinado por condicionamientos genéticos o biológicos. Especie capaz de
cambiar el propio sustrato neural de su pensamiento”[5].
Nos
parece de gran lucidez los estudios de la Dra. Lopez Moratalla apoyados en la
filosofía de Leonardo Polo. La tesis fundamental es que las facultades
cognoscitivas actúan liberadas del automatismo orgánico según una medible
inhibición; es decir que lo que en un animal con cerebro es siempre determinado
y sin cambio notables, lo que se llamaba instinto, en el hombre es cambiante
pues la mente es abierta y lleva al cerebro a tener inhibiciones de unas
funciones para que se utilicen otras.
Por otra
parte, el cerebro humano crece, cosa que no ocurre en los animales. “En tanto
que el crecimiento orgánico es ilimitado, el tiempo juega a favor del hombre
porque lo perfecciona, se desarrolla como hombre; mientras que al animal, por
el contrario, el tiempo le desgasta. Además hay que destacar que, al término
del crecimiento orgánico, el sistema nervioso es una unidad funcional que no
constituye un todo respecto de sus componentes. Es respecto de ellos una
organización “destotalizada” y por tanto admite una pluralidad de las
facultades”[6]. Crece por la acción de la unidad superior espiritual sobre el
órgano cerebral. El hombre no sólo pone en funcionamiento el superordenador,
podríamos decir, sino que puede hacer crecer ese ordenador y perfeccionarlo
materialmente.
Además,
existen funciones no ligadas al órgano, cosa imposible de explicar a un
materialista. “Las capacidades, como memoria, conocimiento animal,
comportamiento animal surgen y dependen de la integración de circuitos
neuronales. Descansan en la configuración de la materia, pero además, a cada
hombre le pertenecen potencias o facultades ligadas al órgano y por tanto
limitadas por él, como en los animales, y además otras facultades no
dependientes directamente del órgano. Y con crecimiento no limitado por la
configuración de la materia, sino con crecimiento por hábitos. La forma, en sentido
clásico, no se agota en configurar la materia. La forma “que sobra” de ese
configurar la materia es principio de actividades, de operaciones ligadas a la
materia organizada, a los órganos. El ser personal potencia, refuerza o añade
un plus de potencialidad, que le permite ser sujeto de actividades no ligadas
directamente a órgano; son las facultades espirituales: los conocimientos
intelectuales y las decisiones libres. Pues bien, Polo llama “sobrante formal”
a la forma natural del órgano, pues no se reduce a informarlo. Las facultades
propias del hombre están en un sobrante formal no sometido a condiciones
materiales, aquello que suele llamarse espíritu o libertad.
La
facultad inteligencia, que es espiritual, abre y amplia la capacidad operativa
del cerebro. La inteligencia actúa sobre lo que le da la sensibilidad interna o
imaginación, por eso existe un proceso de maduración de la sensibilidad interna
previa a la maduración física. El cerebro es plástico, no terminado nunca, sino
que su crecimiento es indeterminado y se eleva y refuerza liberándose de sus
solas funciones materiales. El desarrollo del cerebro tiene que ver con los
genes y el genoma, pero su operatividad sobrepasa las determinaciones que éstos
establecen. La limitación la pone el órgano, pero la operatividad es más libre
que la apertura de posibilidades que la masa cerebral ofrece. Más aún, ese
desarrollo depende también de las relaciones interpersonales afectivas. Es bien
conocido, que no acaba de construirse un cerebro adecuado, que no madura la
estructura orgánica misma, si la vida no es vivida en relación personal. No
solamente las emociones modulan la capacidad cognitiva, si no que incluso la
relación personal afectiva, por ejemplo, la atención que se dispensa al niño de
pocos meses permite que este desarrolle la lateralización de sus hemisferios
cerebrales, imprescindibles para una operatividad específicamente humana”[7].
Los casos de niños lobo que al acceder al mundo humano después de sobrevivir en
el mundo animal ha permitido comprobar que estos niños ni siquiera son capaces
de acceder al lenguaje a pesar de ser más mayores que los niños en entorno
humano.
Es decir,
las actividades no materiales cambian el cerebro que posee una capacidad más
allá de una máquina u ordenador, tiene plasticidad: “Esta plasticidad neuronal
que permite ir cerrando progresivamente circuitos neuronales, mantiene en el
tiempo la capacidad de aprendizaje. Es muy indicativo, el hecho de que el
período de la vida de cada ser humano en que el cerebro es un órgano plástico
es mucho más largo en el ser humano que para los individuos de cualquier otra
especie; y que ese desarrollo es gradual, con etapas en orden sucesivo de tal
forma que la plena manifestación de las facultades requiere un cierto grado de
desarrollo. Por ejemplo, se ha descrito la diferencia de la velocidad del
crecimiento del número de neuronas después del nacimiento entre los humanos y
otros primates. Así mientras los chimpancés tienen tras el nacimiento una baja
tasa de crecimiento del cerebro respecto al del cuerpo, los hombres mantienen
un rápido crecimiento del cerebro durante años y la relación del tamaño del
cerebro respecto al tamaño corporal es siempre unas 3,5 veces mayor”[8].
La
plasticidad del cerebro obliga a superar el materialismo que lleva al
determinismo; como si se pudiese encontrar una relación directa entre una
actividad neuronal y un pensamiento o un acto de voluntad. Con esta perspectiva
se abre un campo verdaderamente rico para entender la libertad y el
pensamiento, que engloba lo antiguo y lo nuevo en una síntesis enriquecedora.
El sistema nervioso es una unidad funcional en tanto que no totaliza sus
partes, o no constituye un todo respecto de sus componentes, si no que respecto
de ellos es una organización destotalizada y destotalizante. Es decir, es el
sistema de la apertura real que observada por los pensadores de todos los
tiempos, sin conocer el actuar cerebral. Lo que en el primate es siempre una
actuación repetitiva, en el ser humano existen variaciones que llevan al cerebro
a actuar de maneras muy diversas al servicio de un director superior. De esta
forma el cerebro se enriquece porque un motor inteligente le lleva a actuar de
formas nuevas y no repetitivas como en los seres no inteligentes. Es decir, el
cerebro ordenador es muy semejante en el hombre y el primate, pero el usuario
del cerebro humano consigue libremente que el suyo crezca y actúe de formas
novedosas e imposibles para una mera máquina. Veamos unos estudios recientes
sobre la relación mente-cerebro.
Como
término de comparación para ver la inmensa distancia que va de la mente al
cerebro baste ver un estudio de seres con un cerebro no muy distinto del
humano. “En la regulación del lenguaje participa una red que une poblaciones
separadas de neuronas que afecta crucialmente a estructuras corticales y a los
ganglios basales. Esta red de neuronas o sistema funcional del lenguaje
interviene en la integración de la información sensorial con el conocimiento
almacenado. La capacidad del lenguaje permite a las personas poder comunicarse
y relacionarse con sus semejantes así como tener una actividad intelectual, de
hecho el lenguaje es una exteriorización de la mente. En el lenguaje existen
dos parámetros fundamentales que son necesarios para que adquiera un sentido
completo: la comprensión y transmisión. Las ideas, pensamientos, opiniones,
sentimientos se deben poder trasmitir mediante sonidos o gestos siguiendo unas
reglas determinadas pero también deben ser comprendidas por aquel que las
recibe. Para poder expresarse mediante el lenguaje es necesario el sistema
nervioso y una estructura mecánica como los labios, la boca, la lengua y la
laringe que permitirán articular los sonidos y emitir las palabras. Los centros
corticales cerebrales que participan en la función del lenguaje se localizan en
tres áreas situadas en el hemisferio cerebral dominante. Entre un 90-95% de las
personas son diestras y tienen el hemisferio dominante en el lado izquierdo.
Las personas zurdas y ambidiestras tienen en un 70% el hemisferio cerebral izquierdo
como dominante, y del 30% restante, la mitad tienen representación del lenguaje
en ambos hemisferios y el resto tienen como hemisferio dominante el izquierdo.
De las tres áreas corticales dos de ellas son receptivas y la otra ejecutiva.
Las áreas receptivas son la 41 y 42 o de Wernicke, localizadas en el lóbulo
temporal relacionadas con la percepción del lenguaje hablado y la otra es el
área 39, en el lóbulo parietal, que se ocupa de la percepción del lenguaje
escrito. Estas áreas tienen una función integradora con las áreas receptivas
auditivas y visuales. El área ejecutiva se localiza en la región frontal y es
el área 44 o de Broca que es la que interviene en el habla motora.
Diversos
estudios han corroborado que el lenguaje es especifico de los seres humanos,
aunque diversos grupos de investigadores han conseguido que algún tipo de
animal, como los chimpancés, puedan manejar algunos signos para comunicarse
nunca han sido capaces acercarse a la complejidad gramatical del lenguaje
humano. En la Universidad de Nevada, Beatrice y R. Allen Gardner consiguieron
enseñar en 1966 a una pequeña chimpancé de 10 meses llamada Washoe unos 150
signos que aprendió relacionándolos con los correspondientes objetos. También
dio respuestas correctas a preguntas del tipo “¿dónde?”, “¿quién?”. Por primera
vez un chimpancé había conseguido dominar un lenguaje con el que podía hablar
con los humanos. Fue realmente sorprendente la capacidad de Washoe para
entender cientos de signos gestuales y combinarlos de una forma que sugería una
rudimentaria comprensión de la gramática. Sin embargo con este método no se
puede averiguar si el animal posee el dominio de la sintaxis, ya que sólo se le
enseña a relacionar el objeto con una imagen convencional o con un gesto. Un
niño de 3 años ya tiene ideas sobre el modo apropiado de construir frases, lo
cual no está nada claro en el caso de los chimpancés. Por otra parte la mayor
parte de estas experiencias se han realizado en un entorno humano sometiendo a
Washoe a un intenso proceso de aprendizaje artificial para ella.
“¿Puede
un antropoide crear una frase?” es el título de un informe de Terrace en
Science, 23 de noviembre de 1979: “Los antropoides pueden aprender muchos
símbolos aislados (como pueden hacerlo los perros, caballos y otras especies no
humanas), pero no muestran ninguna evidencia inequívoca de dominar la
organización conversacional, semántica, ni sintáctica del lenguaje”.
Investigaciones recientes parecen confirmar de que el lenguaje humano está
fuera de la capacidad de otras especies incluso. Las diferencias parecen ser
cualitativas por un tipo diferente de organización intelectual. Como afirma el
neurofisiólogo John Eccles, las esperanzas de enseñar un lenguaje simbólico a
los antropoides han sucumbido estrepitosamente. Comenta: “como observador a
distancia de los programas de entrenamiento del lenguaje en simios, tengo la
impresión de que las grandes esperanzas iniciales de poder ser capaces de
comunicarse con los simios a un nivel humano se han visto defraudadas. Parece
como si los simios no tuviesen nada de interés que quisieran comunicarnos, como
si no poseyeran nada equivalente al pensamiento humano”[9].
* Enrique
Cses,
Universidad
Internacional de Cataluña.
[1] Lopez
Moratalla. Clases La unidad neuronal y la influencia recíproca entre neuronas
[2]
Entrevista con Sir Jhon Eccles. Premio Nobel en Neurología a. 1996 en Arvo.net
[3] Las
dificultades al establecer un puente entre la realidad externa e interna han
conducido a algunos científicos como Penfield (1975), Popper y Eccles (1977) a
atribuir a la conciencia una cualidad inmaterial de tipo espiritual, y a
sostener que algunas partes de la corteza y el tronco cerebrales representan un
lugar de confrontación entre estos dos mundos. Esta visión retira el problema
de la conciencia del mundo científico y concluye en que el cerebro no da
explicación de sí mismo. Parte de los trabajos de investigación de Penfield y
la escuela de Montreal se dedicaron a la búsqueda de un sustrato anatómico
cerebral de la conciencia humana. Encontraron que presionando partes profundas
del cerebro, la zona del diencéfalo y el tronco cerebral, el sujeto perdía la conciencia,
y sostuvieron que ése era el lugar anatómico de origen de la conciencia. Es
curioso que este grupo encuentra la localización de la conciencia muy cerca de
la glándula pineal, el lugar donde Descartes la había situado. Es como si al
cerrar un ojo y no ver se dijese que se ve sólo por la actividad del ojo.
[4]
Natalia López Moratalla. En Idea cristiana del hombre. III Simposio
Internacional Fe Cristiana y Cultura Contemporánea. Eunsa,2002
[5] Maria
Gudín o.c. in fine
[6]
Natalia López Moratalla. En Idea cristiana del hombre. III Simposio
Internacional Fe Cristiana y Cultura Contemporánea. Eunsa, 2002
[7] o.c.
apartado 3
[8] ibid.
[9]
Muntané Sanchez. Mente y cerebro 2005 en proceso de edición
Octavio
Rico
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