Por gracia de Dios, hemos podido visitar hace unos días el Uruguay. Allí, con gran hospitalidad, nos alojó Mons. Arturo Fajardo, obispo de Salto y actual presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya.
De jóvenes habíamos leído en
algún libro el famoso milagro de la bilocación del Padre Pío de Pietrelcina, “a un sacerdote uruguayo", recordábamos, pero
nunca nos hubiésemos imaginado dormir y pasearnos por los mismos lugares en
donde el suceso ocurrió el 12 de Septiembre de 1941 y, menos que menos, rezar
frente a la tumba de Mons. Damiani, quien fuera el beneficiado de la visita.
Dejamos aquí, extractos de una carta dirigida por Margarita
Damiani Silveira a la revista “La Voz del P. Pío”,
sobrina del sacerdote que recibió la inesperada visita del padre Pío (los
resaltados son nuestros) que concuerda con lo narrado y confirmado muchas veces
por los estudiosos de este santo del siglo XX que aún asombra
hasta a los más incrédulos.
Que
no te la cuenten…
P. Javier
Olivera Ravasi, SE
“Soy Margarita
Damiani, tengo en la actualidad 83 años de edad y le escribo desde Montevideo,
Uruguay, donde resido. Tuve la gran dicha de conocer personalmente al P. Pío y
visitarlo asiduamente con mi familia. Fernando Damiani, mi tío y padrino, era sacerdote del clero. Fue cura
párroco de la Pquia. de Santa Lucía. Fue siempre un sacerdote de consejo por lo
cual muchas personas lo visitaban.
Más adelante Fernando llega a
ser un personaje dentro de la Iglesia Uruguaya, fue Monseñor Vicario General de
la Diócesis de Salto, estaba también muy vinculado al Vaticano pero nunca quiso
ser obispo, aunque en varias oportunidades quisieron darle esa investidura; sus
restos están en la Catedral de Salto.
En 1921 estando en Roma llegó
a sus oídos las gracias que Dios realizaba por intermedio de un fraile
capuchino en San Giovanni Rotondo. Él tenía una dolencia por la que había sido
desahuciado por los médicos, cuando llegó al convento después de haber conocido
al P. Pío éste lo bendijo y solo le dijo:
- “Ahora ve que te
vean los médicos” Estaba curado.
Después de unos años mi tío
volvió al convento de San Giovanni y estando allí estuvo muy enfermo,
buscaron al P. Pío y éste no aparecía por ningún lado. Cuando ya se sintió
aliviado el P. Pío apareció, entonces Monseñor Damiani le dijo:
- “Ay! padre
casi me muero y usted no estaba conmigo” a lo que el P. Pío contestó.
- “No, todavía no te
había llegado el momento de partir, cuando esto suceda yo voy a estar contigo y
vas a estar muy bien asistido”.
Estas sus palabras se
cumplieron muchos años después de la siguiente forma.
En Salto, uno de los
departamentos de Uruguay, en el año 1941 se realizaba un congreso vocacional.
Estaban allí concentrados sacerdotes y obispos de todo el Uruguay en el Palacio
Episcopal donde vivía Monseñor Damiani.
Una de esas noches Mons.
Barbieri (que fue después arzobispo de Montevideo y primer Cardenal del
Uruguay) escuchó unos golpes en su puerta y una voz que le dijo:
- “Monseñor vaya
a asistir a Monseñor Damiani que se muere”.
Corrió hacia el dormitorio de
mi tío donde vio entrar la figura de un fraile capuchino.
Monseñor Damiani se encontraba
en su cama, perfectamente arreglada, estaba agonizando y en su escritorio había
un papelito que decía “P. Pío San Giovanni
Rotondo: espasmos continuos del corazón me amilanan” (mi tío siempre
nos decía que él se comunicaba con el P. Pío por el ángel de la guarda).
Le dieron la santa unción 8
sacerdotes y los 3 obispos que estaban en ese evento y falleció. El P. Pío
cumplía su promesa: “Yo estaré contigo y vas a
estar muy bien asistido”.
Le llamó la atención a
Monseñor Barnbieri que en ese lugar no había ningún
capuchino y en esa época la orden Franciscana no estaba aún en
Salto.
Después de muchos años Mons.
Barbieri viajó a San Giovanni y quiso asegurarse por boca del mismo P. Pío lo
que había ocurrido. Le preguntó:
- “Padre, ¿Ud.
estuvo en Uruguay cuando falleció Monseñor Damiani? Porque tengo entendido que
usted nunca salió de San Giovanni”.
El P. Pío primero guardó
silencio pero ante la insistencia del Cardenal lo palmeó en el hombro y le
dijo:
- “Tú y yo lo
sabemos”.
Javier Olivera
Ravasi
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