LO VEÍAN COMO UN ACTO INHUMANO Y TRANSGRESOR DE PRINCIPIOS BÁSICOS
Los poetas, escritores de relatos
y novelistas estadounidenses han gozado a lo largo de los años de una cierta
libertad de expresión que les ha permitido llamar a las cosas por su nombre. En
general, proporcionan una visión moral más fiable que la que podemos esperar
hoy en día de los políticos y las celebridades de los medios de comunicación,
que se ven limitados por la corrección política. T. S. Eliot (1888-1965), Ernest Hemingway (1899-1961), William
Faulkner (1897-1962) y John Updike (1932-2009)
denunciaron firmemente, de distintas maneras, el aborto. Merece la pena revisar sus opiniones negativas
sobre este tema, como lo ha hecho Donald DeMarco en Catholic
Exchange:
ELIOT
En La tierra baldía (1922),
un extenso poema que describe una cultura de la muerte, Eliot, sin emplear la
palabra "aborto", es sin embargo
capaz de presentarlo como una desgracia indecible:
No puedo evitarlo, respondió con
cara larga, es por las píldoras que tomé para echarlo. (Ya tiene cinco y casi
se muere con el pequeño George.) El médico dijo que todo iría bien, pero no he
vuelto a ser la misma. Eres realmente tonta, le dije.
¿Para qué te casas si no quieres tener hijos?
HEMINGWAY
El relato breve de Ernest Hemingway titulado Colinas como elefantes blancos (1927) también se pronuncia contra el aborto
sin utilizar la palabra. Sin embargo, el autor John
Beaumont lo ha valorado como "el
argumento más persuasivo contra el aborto jamás escrito".
La historia de Hemingway está ambientada en España. Un estadounidense y su novia toman unas
copas en un bar mientras esperan el tren que les llevará a Madrid. La chica
comenta que las colinas lejanas parecen elefantes blancos. En el contexto de la
historia, los "elefantes blancos" simbolizan
la vida, los pechos y la naturaleza. Al mismo tiempo, simbolizan una pesada
carga financiera. El estadounidense, al que nunca se nombra, sigue sin
comprender. Ni siquiera ha visto nunca un elefante. Incapaz de pronunciar la
palabra "aborto", lo considera
simplemente "una forma de dejar que entre el
aire". Insiste en que es "una
operación terriblemente sencilla... ni siquiera es realmente una
operación".
Parece haber una distancia
insalvable entre los dos personajes. Ella quiere su amor; él quiere su
conveniencia. El hecho de que nunca se pronuncie la palabra "aborto" intensifica el dramatismo e
imprime en la imaginación del lector la naturaleza inconfesable del
acto. La conversación es
superficial, pero velada. "Déjalo", le
dice él. "Tú has empezado", replica
ella. Estas palabras tienen obviamente un doble sentido.
FAULKNER
El Premio Nobel de Literatura, William Faulkner, publicó dos novelas
en 1939 bajo el título colectivo de Las palmeras salvajes.
Se publicaron en forma de contrapunto: un capítulo
de Palmeras salvajes seguido de un capítulo de El
viejo; luego un segundo capítulo de Palmeras salvajes seguido
de un segundo capítulo de El viejo, y así sucesivamente.
En la primera historia, un médico
en prácticas se escapa con una mujer casada que es madre de dos hijos. Ella se
queda embarazada y le pide que le practique un aborto. En principio él se muestra reacio, pero finalmente
consiente. En la segunda historia, un presidiario que cumple cadena perpetua
recibe la orden de rescatar a una mujer embarazada víctima de la gran
inundación del río Mississippi de 1927. Encuentra a la mujer, la pone a salvo y
la asiste en el parto.
La ironía es evidente. El médico,
instruido y entrenado para asistir a la vida, realiza un aborto. El
presidiario, condenado a cadena perpetua, supuestamente incorregible
socialmente, asiste al nacimiento de la vida. La diferencia entre ambos no
tiene nada que ver con la educación o la adaptación a la sociedad, sino con la
posición de cada uno en relación con la naturaleza. El convicto no ha perdido
el respeto por la naturaleza, actitud que le permite ver el valor de la
nueva vida. El médico, en cambio,
se ha alejado de la naturaleza y, al hacerlo, ha puesto en riesgo su respeto por el matrimonio y por su amante. En consecuencia, como resultado de su
aislamiento gradual de la naturaleza, también ha perdido el respeto por su hijo
no nacido.
UPDIKE
John Updike, en su novela más vendida, Parejas (1968), utiliza el
aborto como acontecimiento y como símbolo. En la historia, Piet Hanema, que
está casado con Angel, ha sido promiscuo con otras mujeres y ha dejado
embarazada a una de sus conquistas, una mujer llamada Foxy Whitman, que exclama
que lo único que sabe es que quiere que esa "cosa deje de crecer dentro de mí".
En esta sórdida novela, para que
Foxy pueda abortar Piet debe entregar a su esposa a Freddy, que tiene acceso al
abortista. Foxy entra en pánico justo antes del procedimiento e intenta golpear
a la enfermera en el momento de la anestesia: ha
decidido tener el bebé, pero es demasiado tarde. Una transgresión moral ha
llevado a otra hasta que la muerte los ha envuelto a todos. El
comentario de Updike atestigua que un desprecio a la vida lleva a otro: "Una vez que se invita a la muerte a entrar, esta
deja las huellas de sus botas embarradas por todas partes".
El escritor, a diferencia del
filósofo, es capaz de emplear el drama. Mientras que la filosofía apela a la
razón, el drama apela a las emociones. Sin embargo, en manos de un buen
escritor, la emoción no está totalmente separada de la razón.
Así, puede ser persuasivo cuando escribe sobre una cuestión moral que puede no
ser vista claramente por quienes se limitan a seguir lo que está de moda.
LAS VIEJAS VERDADES
William Faulkner, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, habló de lo que se necesita para que un escritor
haga una contribución importante a la sociedad: "Debe
enseñarse a sí mismo que lo más básico de todo es tener miedo; y, enseñándose
eso, olvidarlo para siempre, sin dejar espacio en su taller para nada más que
las viejas verdades y las verdades del corazón, las viejas verdades universales
que, si están ausente de cualquier historia, la convierten en efímera,
condenándola: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión y el sacrificio.
Hasta que no lo haga, trabajará bajo una maldición". Con estas
palabras, Faulkner nos ha ayudado a pensar de forma realista sobre el aborto.
Traducido por Elena
Faccia Serrano.
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