Más vale el reproche de un sabio que la alabanza de un necio.
Por: P. Arnaldo Alvarado | Fuente: Catholic.net
Narremos
una historia. Se cuenta que un
grupo de ranas viajaba por el bosque y,
repentinamente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás
se reunieron alrededor; al percatarse de la profundidad dijeron a las dos ranas
que para efectos prácticos se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus
amigas y siguieron tratando de saltar y salir fuera del hoyo con todas sus
fuerzas. Las otras persistían que sus esfuerzos serian inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención al mensaje que las demás
decían y se rindió, esta se desplomó y murió. La otra rana continúo saltando
tan fuerte como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas gritaron a la superviviente
que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó
cada vez con más ahínco hasta que finalmente salió del hoyo. Cuando salió, las
otras ranas le preguntaron: "¿No escuchaste lo que te decíamos?" La
rana les dijo que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a
esforzarse más para salir del aprieto.
Esta historia contiene dos lecciones: La lengua tiene poder de vida y muerte. Una
palabra de aliento dirigida a alguien puede ayudarle a superarse. Una
palabra inapropiada a alguien que se encuentre en dificultades puede acabar con
él. Al parecer en esos momentos trances nos olvidamos de la solidaridad. Ante
una persona en dificultades lanzamos nuestros pareceres y la sepultamos más
abajo, dejando sobre ella el escombro de las críticas, chismes e ironías; las
sepultamos.
Tengamos cuidado con lo que decimos. Hoy se
habla mucho pero no se sabe de qué se habla. Todos quieren opinar por
todas partes, pero sin valorar los efectos. Los comentarios hirientes, las
críticas negativas, las palabras desalentadoras, los falsos testimonios,
calumnias y mentiras destruyen. Basta decir algo negativo de una persona para
destruirla. Peor aún si se trata de difusión de mentiras, calumnias, ideologías
o decir cosas para buscar intereses personales.
Mas grave todavía si aquello que se dice es
falso. La difamación es una injusticia y causa un grave daño a la persona e
instituciones; pues todos tenemos derecho natural a la buena fama.
Un secreto para ser leales: pensemos las cosas antes de hablar. Cuando estás
encendido por la pasión sosegate y pondera tus palabras. También conviene saber
con quién, cuándo y cómo hablar. No podemos hablar de temas muy personales con
cualquiera. Hay que buscar buenos consejos. No significa pérdida de libertad, más bien fortalecimiento y seguridad. Un ciego no puede guiar a
otro ciego. La Iglesia como experta en humanidad tiene un medio y es la
dirección espiritual. Allí se juegan muchas cosas buenas y positivas.
Aprovechemos esta ocasión. Pues “Más vale el
reproche de un sabio que la alabanza de un necio” sentencia la sagrada
escritura.
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