Los abuelos son capaces de curar las alas para emprender de nuevo el vuelo.
Por: María Teresa González Maciel | Fuente:
Catholic.net
“LOS ABUELOS SON UNA
DELICIOSA MEZCLA DE RISAS, CUIDADOS, HISTORIAS MARAVILLOSAS Y AMOR”
Todos los abuelos, sin excepción, son
recordados. Unos con grata memoria, otros de ingrato recuerdo.
Algunos abuelos dejan un
vacío en quienes están cerca o lejos de ellos, porque se definieron por un
estilo de vida, en el que manifestaron resistencia a convivir con los hijos de
sus hijos. Y es
probable que tampoco se dieron tiempo de convivir con sus vástagos.
Lo paradójico es que estos abuelos de ingrato
recuerdo, centrados en sus propios intereses, no pocas veces exigen, en su edad
avanzada, ser atendidos por hijos y nietos, sin que estos puedan lograr cumplir
con sus exigencias. Ellos en su comportamiento gustan de señalar los errores
que ven en sus nietos, los critican al mismo tiempo que expresan intolerancia
ante sus fallas.
Hay otros que a pesar de los años y el cansancio
se alegran en servir, escuchar, alentar, les gusta compartir sus conocimientos,
vivencias, valores, su fe. ¿Por qué? Lo más común es porque cuando fueron
padres vivieron una vida de entrega y amor. ¿Qué
sucede cuándo llega los nietos?, manifiestan un interés genuino por las
cosas que suceden en la vida de sus nietos. Saben ser amigos, confidentes,
consejeros, intercesores, al mismo tiempo que saben acompañar en los momentos
difíciles y procuran dar un cariño especial a cada uno de sus nietos, sin
distinción.
Estos abuelos cuando han sabido vivir con la
libertad y la guía de Dios, adquieren la sabiduría, visión de la vida, y las
virtudes que han pasado a formar parte de su esencia.
Ante este regalo que reciben de ser abuelos ellos deciden armar, consolidar, decorar el legado que dejaran a los suyos, dádiva que permitirá que su presencia nunca muera.
Piensan y aciertan al pensar que la propia vida es el mayor capital que se deja: herencia de amor, paciencia, firmeza, fortaleza, solidaridad, escucha, bondad.
Los nietos que han sido privilegiados con semejantes abuelos, a pesar de no
tenerlos cerca de ellos, fácilmente evocan en momentos tranquilos o difíciles
de su vida ese calor antiguo. Esos tiempos en que se acunaron en los brazos de
los abuelos que experimentaron la emoción de sentirse amados, valorados,
comprendidos. ¿Puede haber un mayor regalo para un
niño, un joven, una persona mayor?
De esta forma los abuelos se convierten, aún
después de alejarse físicamente, en motores que impulsan a ser mejores, en
oxígeno que nutre la vida en los momentos de dificultad. Basta rememorar sus
gestos, palabras, ternura para querer imitar sus estilos de vida, para llenar
el alma de gozo al traer a la memoria sus palabras de aliento y cariño.
Los recuerdos de los
abuelos son de los más entrañables, sólo se necesita traerlos a la memoria para
sonreír, tomar una decisión, cargar baterías, volver a sentir el apoyo y el
impulso, para vencer los propios retos que tiene la vida.
Los abuelos son capaces de curar las alas para
emprender de nuevo el vuelo, tienen el arte de secar las lágrimas, de sanar las
heridas, de sacar lo mejor y lo inimaginable de esos seres que son sus nietos. Los abuelos son el gran regalo que nunca nos
cansaremos de agradecer.
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