Resistencia
provida y pocos asistentes
El mayor evento
feminista anual de las Naciones Unidas ha quedado reducido a su mínima
expresión este año y las firmes posturas de la Santa Sede, los Estados Unidos y
otros países han supuesto un claro retroceso para la agenda abortista.
BM
(C-Fam/InfoCatólica) Cada año, miles de mujeres de
todo el mundo se congregan en la sede de la ONU en Nueva York para la reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer
durante dos semanas de conferencias, destinadas teóricamente a resolver los
problemas de las mujeres del mundo. Es una reunión en la que se intenta crear
una atmósfera festiva y triunfal, por tratarse del mayor evento
feminista mundial anual y el segundo mayor evento anual de la ONU.
Los grupos abortistas, que se encuentran entre los grupos feministas mejor
financiados y más visibles, controlan gran parte de la agenda de la conferencia
y, este año, se estima que 12.000 mujeres habían planeado asistir, para
conmemorar el aniversario de la conferencia de Beijing. La reunión de Beijing
en 1995 fue un hito en la política internacional para las feministas, ya que
consolidó la inclusión del aborto en la política de la ONU.
El lunes pasado, sin embargo,
la reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer tuvo
lugar con una asistencia muy reducida y apenas hubo aplausos tras las intervenciones de los oradores. Tampoco
se produjeron los abucheos habituales para apoyar el aborto e intimidar a la
Santa Sede u otros oradores provida. Los activistas y diplomáticos parecían
desorientados por la gran diferencia con sesiones pasadas. La decepción fue
palpable en el Salón de la Asamblea General. «Es un
marcado
contraste con las sesiones de apertura de años anteriores. Todos
podemos ver que falta algo. En este salón y en toda la ONU», declaró la
representante noruega ante la ONU y presidenta del Consejo Económico y Social,
Mona Juul.
El nuevo brote de coronavirus, COVID-19,
obligó a la Comisión a cancelar y posponer gran parte del evento anual. Aunque
estaba previsto que durase dos semanas, los Estados miembros de la ONU
decidieron que solo tuviera lugar la parte sustancial de la conferencia durante
una reunión de dos horas el lunes, con el fin de aprobar una declaración
política para celebrar el 25º aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial
sobre la Mujer, que tuvo lugar en Beijing en 1995. Sin embargo, nadie parecía estar celebrando nada.
Los funcionarios de las
Naciones Unidas y los gobiernos lamentaron que la mayor parte de la conferencia
anual se pospusiera o cancelara y, mediante eufemismos e
indirectas, se quejaron por la «resistencia» contra el «derecho» internacional
al aborto por parte de la
administración Trump y otros gobiernos de todo el mundo.
«El acceso de
las mujeres a los servicios de salud sexual y reproductiva está lejos de ser
universal», señaló el Secretario General de la ONU, Antonio
Guterres. «Debemos resistir contra la resistencia», subrayó, repitiendo lo que
ahora se ha convertido en una de sus frases características y una crítica velada contra la administración Trump y la política exterior
provida de Estados Unidos. Los gobiernos proabortistas y los
responsables de las Naciones Unidas están cada vez más frustrados con esa política
estadounidense que ha ayudado a otros países a expresar su oposición al aborto
en los debates de la ONU.
La Comisión de la Condición
Jurídica y Social de la Mujer aprobó finalmente una
declaración política que no incluía las expresiones clave favorables al aborto.
Al igual que en la declaración política anterior más reciente de la
Comisión, aprobada en 2015, se logró excluir el término «salud sexual y
reproductiva», que introduce el aborto de forma encubierta en las declaraciones
y medidas de las Naciones Unidas. Este año, sin embargo, algunos gobiernos se
mostraron especialmente críticos porque estas palabras clave no fueran
incluidas. Entre las naciones descontentas por el
retroceso del llamado «derecho» al aborto
se encuentran los países nórdicos, todos los Estados miembros y
aspirantes a miembros de la Unión Europea, quince países hispanoamericanos
conocidos como el Grupo de Santiago y Sudáfrica.
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