Debemos reconocer la
unión indisoluble entre doctrina y pastoral.
Por: Fernando Pascual | Fuente: Analisis y Actualidad
En el mundo católico, existe el peligro de
presentar la doctrina como algo que va contra la pastoral, o la pastoral como
algo independiente de la doctrina.
En realidad, pastoral y doctrina están siempre
en una relación estrecha, que se explica sencillamente por un hecho: no hay
doctrina que no tenga una dimensión práctica, y no hay pastoral que no dependa
de la doctrina.
Ciertamente, hay aspectos teóricos que llevan a
una mala pastoral. Entonces, el error no está en las aplicaciones, sino
precisamente en ideas equivocadas que adulteran y dañan la sana doctrina.
También hay errores pastorales que no surgen
desde una separación de la doctrina, sino que nacen de ideas (es decir, teorías
o doctrinas) equivocadas que se adoptan como “complemento”
o ayuda a la pastoral.
Por lo mismo, frente a la idea de que pastoral y
doctrina pueden corren por caminos separados, hay que reconocer simplemente sus
relaciones intrínsecas e irrenunciables.
Entonces lo que hace falta es preguntarse si una
doctrina es correcta, y si su aplicación responde a principios válidos. Lo
cual, para un católico, supone conocer a fondo la fe de la Iglesia e
interpretarla con ayuda del Papa y los obispos fieles.
No separar doctrina y pastoral, sino reconocer
su unión indisoluble, será el mejor modo de vivir la caridad que enseñaba el
beato Pablo VI en su encíclica “Humanae vitae”, cuando
recordaba cómo ambas dimensiones están intrínsecamente unidas:
“No menoscabar en nada la
saludable doctrina de Cristo es una forma de caridad eminente hacia las almas.
Pero esto debe ir acompañado siempre de la paciencia y de la bondad de que el
mismo Señor dio ejemplo en su trato con los hombres. Venido no para juzgar sino
para salvar (Jn 3,17), Él fue
ciertamente intransigente con el mal, pero misericordioso con las personas”.
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