Una historia peculiar sobre cómo la Virgen María
salvó de la indigencia, la orfandad y el suicidio a un exitoso desarrollador
web católico, fue relatada por su protagonista para dar a conocer el testimonio
de la acción de Dios cuando parece que se ha perdido toda esperanza, inclusive
la de seguir viviendo.
El desarrollador web de 30 años, Dimitri Conejo Sanz, creador de
iniciativas como Cathopic, Mater Coeli y actualmente Holydemia, relató en una
entrevista con ACI Prensa las diferentes etapas de su vida y cómo fue su
proceso de conversión.
A lo largo de su historia tuvo que sobrellevar el abandono de sus
padres, sobrevivir con su hermana en las calles de una ciudad rusa tras la caída
del comunismo, vivir por varios años en un abusivo orfanato hasta su adopción,
crecer y adoptar el libertinaje como modo de vida hasta, finalmente, ser
transformado por Dios y convertirse en un gran evangelizador.
Dimitri nació en una localidad pobre a 500 kilómetros de Moscú (Rusia)
el 27 de junio de 1989. Sus padres biológicos le pusieron de nombre Dmitri
Sóbolev, el cual cambiaría años después.
El joven católico contó que sus padres eran alcohólicos y que, “por su enfermedad”, lo abandonaron en las calles
junto a su hermana.
“Yo me dediqué a sobrevivir. Vivíamos en una
chabola a punto de caer. Recuerdo tener que ir a mendigar a un mercadillo con
mi hermana en brazos, que en ese entonces era un bebé. Como vivíamos cerca de
un bosque, me dedicaba en temporada de setas a recogerlas, también recoger
frutos silvestres o pescar. Fue supervivencia máxima”, relató Dimitri.
Luego de la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, Dimitri
recuerda que a principios de los años noventa “había
demasiada pobreza”.
“El comunismo dejó el país totalmente roto,
empobrecido y con muchos niños como yo: abandonados. Esa situación hacía que la
gente bebiera, se metiera en el alcohol, y mis padres biológicos eran fruto de
eso. Rusia tiene el clima muy frío y yo he llegado a ver gente muerta en la
calle. Bebían tanto que al final se tumbaban en el suelo y no despertaban
porque durante la noche se congelaban”, relata.
Dimitri explica que solo tiene recuerdos desde los 4 años y medio de
edad. Recuerda que a los seis años, una profesora lo encontró mendigando en el
mercadillo y lo llevó, junto a su hermana Marina, a un orfanato de la
localidad.
“Yo creía que el orfanato supondría un cambio
radical en mi vida, porque lo único que buscaba era poder comer con mi hermana.
Yo creía que al llegar al orfanato todos nos iban a tratar bien, que no iba a
haber broncas, que nadie nos iba a pegar como mi padre alcohólico, pero solo sucedió
por un mes, porque éramos la novedad”, lamentó.
“Al final –continuó–
la realidad del orfanato era completamente distinta
y empezaron los malos tratos. Muchas de las cuidadoras no estaban allí por
vocación real, sino por buscar un trabajo; nos maltrataban psicológicamente
diciendo que ‘esa sería nuestra vida, no seríamos nadie, nunca saldríamos de
allí porque nadie nos quería’.
Dimitri narra que así vivió durante 4 años hasta el inicio de la década
del 2000, cuando se enteró que él y su hermana serían finalmente adoptados. En
ese entonces, tenía aproximadamente 10 años.
“La primera vez que vi a mis padres me lancé a
ellos. Solamente con verlos ya sabía que eran mis padres, porque yo llevaba dos
años pidiéndole a Dios conocerlos. Cuando les vi fue la respuesta de Dios a mis
oraciones, en aquel tiempo en el que me escondía para poder rezar en el
orfanato, por estar mal visto”, narra Dimitri.
Luego de su respuesta, se le preguntó cómo sabía de la existencia de
Dios, quién le había enseñado y cómo decidió empezar a rezarle, debido a que no
había mencionado algo sobre el creador hasta este punto.
Dimitri explica que cuando tenía cerca de seis años e ingresó al
orfanato, no creía en Dios.
“Un día a los 7 años y medio, más o menos, un pope
(un sacerdote ortodoxo) vino a darnos una charla voluntaria sobre Dios. Fuimos
solo tres a esa charla y él nos habló de una Padre que nos amaba y estaba
siempre con nosotros”, comenta.
Al escucharlo, Dimitri se enojó al notar sus propias condiciones de vida
y pensó que Dios lo había abandonado. El pope
le pidió que se acercara después de la charla; Dimitri lo hizo y el religioso
le obsequió unas imágenes, unas velas y un libro azul. Luego le dijo que debía
rezar a Dios con mucha fe para que le conceda los deseos de su corazón.
“Así empecé a encerrarme al baño a rezar cada
noche, porque eso estaba de cierto moda mal visto”, dijo, y añadió: “Lo único que me traje del
orfanato a España fueron esos iconitos de los santos que me dio el pope y que
todavía los sigo teniendo”.
“Son como una reliquia”, aseguró.
A inicios de la década del 2000, Dimitri y Marina fueron adoptados por
Hubaldo (54) y Rosa (53), dos españoles católicos no practicantes.
Según Dimitri, una de las cosas que les sorprendió a sus padres fue que,
en su mesa de noche, colocaba a las imágenes de los santos.
“Luego de dos o tres años después de la adopción,
empezó a sentir que ya no necesitaba a Dios y que ya tenía todo lo que había
deseado: Que era tener una familia. A los 13 años rompí mi relación con Dios
por una historia de amor que ocurrió con una chica. Me enfadé y pensé que Dios
me castigaba. Hasta ese momento yo pensaba que había un Dios castigador”, contó.
Según Dimitri, desde ese momento tiró los íconos de los santos y empezó
a llevar una vida alejada de Dios y de la Iglesia.
“Fiestas, chicas, fumar de todo, escaparme de casa,
fui muy egoísta y mis padres sufrían”, dijo.
Pasaron los años y los padres de Dimitri decidieron llevar un curso de
cristiandad; al concluirlo, se convirtieron verdaderamente a la fe católica.
“Todos los años que estuve alejado de la Iglesia
ellos rezaron mucho por mí”, contó.
En el 2011, cuando tenía cerca de 22 años, Dimitri realizó servicio en
el ejército español por un periodo de dos años. Fue en aquel tiempo en el que
estuvo a punto de cometer suicidio.
“Una noche me di cuenta que seguía tan vacío como a
los 13 años cuando dejé a Dios de lado. Es decir, que en esos ocho años que
había estado alejado yo no había crecido en nada. Todo eso me llevó a querer
suicidarme. Yo había alejado a todos de mi vida”, relata.
Sin embargo, antes de intentar acabar con su vida, Dimitri recibió la
llamada de una amiga y una invitación inesperada.
“Justo cuando iba a cortarme las venas me acuerdo
de Dios y yo le digo: ‘Dios por qué estás en silencio conmigo’. Empecé a llorar
e inmediatamente me llama una amiga y me dice: ‘Dimitri te llamo para invitarte
a un cursillo de cristiandad’. En ese momento yo tiro la navaja y empecé a
reírme al darme cuenta de la tremenda estupidez que iba a cometer. Me di cuenta
que Dios me tendía nuevamente la mano y asistí al curso de cristiandad”, narra.
VOLVER A CASA
Luego de estar alejado de Dios aproximadamente ocho años, y haber
realizado el curso de cristiandad en el 2011, Dimitri comenzó a tener una gran
devoción a la Virgen María.
Un día, cuando reabrió el cajón donde había dejado las imágenes “de los santos” que le obsequió el pope en Rusia, descubrió que, en realidad,
quienes estaban representados en las estampillas eran figuras de la Virgen
Mar+ia.
“Ella estuvo desde el principio en mi vida y no me
había dado cuenta. Fue allí donde entendí que la Virgen actúa de tal forma que
siempre queda en segundo plano, porque el que siempre debe destacar es Jesús”, destacó.
“Cuando volví a casa (a la Iglesia Católica), me di
cuenta que lo que me llevó a hacer todo ese mal en mi vida fue una gran herida
a causa del abandono de mis padres biológicos. El tema es que los odié tanto
que les deseaba la peor de las muertes. Sin embargo, el Señor me demostró cuán
equivocado estuve al enseñarme que debía respetarles y dar las gracias por una
sola acción que realizaron: El darme la vida”, agregó.
Luego de tal descubrimiento, Dimitri cuenta que pasaron cuatro años en
los que, si bien iba a Misa los domingos y se sentía como “buen católico”, nunca se formó en la fe y, en el
fondo, no entendía lo que era realmente ser católico.
“Luego de tener una conversación con una amiga, caí
en la cuenta de lo lejos que estaba de Dios, que me había alejado sin darme
cuenta. Yo veía a un Dios castigador hasta que, de pronto, vi que Dios me amaba
con locura y empecé a ver mi vida como un auténtico milagro. Allí decido
volcarme completamente a Él y dejar mi vida anterior”, narra.
Luego de pertenecer a las Fuerzas Armadas Españolas entre 2011 y 2013,
Dimitri estudió Ingeniería de Telecomunicaciones. Allí descubrió que sus dones
estaban en el desarrollo web; por ello hizo un grado superior de desarrollo de
aplicaciones web y creó su propia empresa.
“Cuando dejé a Dios entrar en mi vida, empecé a
leer noticias y ver páginas web católicas, y me di cuenta que había mucha
necesidad de saber transmitir el contenido y, sobretodo, de implementar un buen
diseño y modernizar absolutamente todo, porque habían muchos sitios que se
había quedado muchos años luz atrás”, explicó
Dimitri.
Fue en ese momento, que se planteó que la Iglesia debería “estar a la misma altura” que el mundo y ser “profesionales en este sentido”.
“En la JMJ Cracovia 2016 me di cuenta que Dios me
llamaba a eso: A renovar la Iglesia en Internet, a través de proyectos de
evangelización de calidad, profesionales y comprometidos con la doctrina”, contó.
Dimitri dijo que de esa manera nació Cathopic, una plataforma de
fotografías católicas de calidad profesional totalmente gratuitas lanzada en
enero de 2017, donde además, cualquier fotógrafo podrá aportar sus propias
imágenes.
Más adelante, fundó Mater Coeli, “un
proyecto de agradecimiento a la Virgen” en el que cualquier persona,
desde cualquier lugar del mundo, puede prepararse durante 33 días para
consagrarse a la Madre de Dios siguiendo el método de San Luis María Grignion
de Montfort.
“Ahora tiene más de 3 mil consagrados, pero eso lo
hace la Virgen porque yo lo que hice fue crear un algoritmo matemático que
hiciera todos los cálculos. La gente se inscribe y yo no me entero”, contó Dimitri.
En la actualidad, el joven nacionalizado español está desarrollando una
nueva plataforma llamada “Holydemia” que
abarcará la formación católica remota para todo nivel y que se lanzará en los
próximos meses.
“Siento un gran llamado del Señor para meterme en
ese mundo. Creo que hay muchos cursos de formación, pero están dispersos. Creo
que los católicos no tenemos un centro de formación al que poder acudir y
formarnos en lo que queramos y con diferentes instructores”, explica.
Además de este proyecto, Dimitri empezó a formar parte del área de
Tecnologías de la Información del Grupo ACI, del que es parte ACI Prensa.
Al final de la entrevista Dimitri, contó con alegría que contraerá
matrimonio en los próximos meses. Antes de comprometerse, tuvo un proceso de “purificación” que duró más de un año, en el que
estuvo solo y en el que le pidió a Dios que lo preparara para el día en que
conocería al amor de su vida.
“Cuando acabé esa etapa de mi vida, Dios me
presentó a mi prometida y empezamos un noviazgo”, dijo.
También comentó que la relación con sus padres mejoró grandemente y hoy
es estupenda.
“Dios me parece un ‘crack’, porque lo tiene todo
tan bien pensado. Mi vida es un cúmulo de varios errores que Dios los convirtió
en algo perfecto. Si tuviera que ver mi vida en un plano general, diría que es
una obra maestra”, concluyó Dimitri.
POR DIEGO LÓPEZ
MARINA | ACI Prensa
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